xcvi.
❝ homesick ❞
por favor dejen comentarios o voy a llorar
omnisciente
Para Draco, el mes de marzo llegó más rápido de lo anticipado, ya que sentía que los días pasaban con más rapidez que en los años anteriores.
Aquella mañana hubo una pequeña junta en la mansión Avery con algunos integrantes de la Orden del Fénix debido al descubrimiento de Heaven un par de semanas antes.
Había resultado que su collar y el anillo que su padre le regaló en su "cumpleaños" creaban una especie de llave mágica que al ponerla sobre los diarios de Regulus Black, le daba color a páginas aparentemente vacías.
Draco no tenía ni idea de cómo era que Heaven había llegado a esa conclusión tan rápida, pero los había ayudado muchísimo en el horrocrux que llevaban buscando desde varios meses atrás.
Sin embargo, aún faltaba un diario, del cual nadie sabía su locación, y desafortunadamente era el más clave para por fin descubrirlo todo.
Draco estaba sentando en la alfombra, recargado de la parte inferior de uno de los sofás de la sala de estar con Hazel sentada junto a él, ya que compartían un empaque de galletas oreo's.
Incluso Nymphadora los acompañaba.
—¿Por qué Heaven no está aquí? —preguntó la metamorfomaga.
Hazel miró a Draco.
—No lo sé. Ha estado algo rara en los últimos días —dijo Hazel, tomando otra galleta—. Pero así es ella. Algunos días está bien, pero en otros, pareciera que ni siquiera está aquí.
Draco hizo una mueca. Seguía bastante preocupado por Heaven. No tenía ninguna idea de cómo ayudarla a sentirse mejor, y si era honesto, comenzaba a ser un poco difícil estar al tanto de sus cambios de humor. Porque como decía Hazel, Heaven podía estar extremadamente alegre en un momento, y en cuestión de segundos podría estar enojada arrojándole insultos a cualquiera que pasara frente a ella. Y todo se debía a la misma situación de siempre.
Era difícil aceptar que Heaven no estaba mejorando. Ni un poco. Pero por mucho que todos intentaran algo, nada parecía funcionar.
—Heaven está muy diferente —concordó Tonks—. Me duele mucho pensar en lo que sufrió por todo lo qué pasó en su familia —miró directamente a Hazel—. Ella era tan dulce, es decir, lo sigue siendo... pero ahora se siente un poco distante —hizo una mueca.
Hazel miró sus manos—. Me duele mucho verla tan cambiada desde esa noche.
Draco sintió un pequeño dolor en su pecho. Él no había conocido suficiente sobre Heaven antes de que la verdad en su familia saliera a la luz, así que no notó verdaderamente aquellos cambios de los que todos hablaban, pero le dolía igual que a los demás.
—Yo la admiro mucho por lo valiente y fuerte que es —habló el rubio por primera vez—. Porque a pesar de todo lo que sucedió, Heaven sigue intentando dar lo mejor de sí; siendo la mejor persona que conozco, y estando al pendiente de todos a su alrededor... yo no podría hacerlo.
Tonks sonrió—. Ya me habían contado lo loquito que estás por ella pero escucharte hablar así de Heaven, me dan ganas de llorar porque recuerdo que estoy más sola que un ojo de cíclope.
Hazel río, y Draco se sintió ligeramente avergonzado. ¿Acaso era tan obvio?
La respuesta llegó por sí sola cuando Heaven apareció en la sala de estar, con el cabello suelto, vistiendo con una falda negra de cuadros y un suéter color beige.
Draco fijó su mirada exclusivamente en ella, cómo si los demás allí hubiesen desaparecido.
Admiró su rostro sorprendido ante los presentes por varios segundos, pensando en que jamás conocería a alguien con aquellos mismos ojos verde olivo que lo hipnotizaban por completo, ni con aquella sonrisa que hacía que su corazón se derritiese en cuestión de segundos.
Sin embargo un momento después, sus propios ojos lo traicionaron cuando bajó su mirada a las piernas descubiertas de Heaven. Y por primera vez le agradeció a la primavera por su clima ligeramente cálido.
Hazel pareció notarlo porque lo pellizcó fuertemente en el brazo.
—¡Oye! —exclamó Draco—. ¿Qué te sucede?
Tonks rió, mientras que Hazel repitió su acción.
Heaven se sentó al otro lado de Draco luego de saludar a la mayoría de los presentes.
—Hola —le dijo Draco, tomándola del mentón para que lo mirara.
Heaven le dedicó una corta sonrisa algo forzada, y en cuánto vio a Bolita pasar cerca de ellos, lo tomó para acomodarlo en su regazo.
—¿Pasa algo? —le preguntó Draco en un susurro.
—Estoy cansada —respondió Heaven, acariciando a Bolita con delicadeza.
Draco se inclinó para besarle la mejilla, y Heaven aprovechó para recostarse sobre su hombro.
Hazel entrecerró los ojos—. Que asco me dan.
—Tú eres peor con tu novio —se burló Tonks y luego hizo una pausa, como si de la nada recordara algo—. ¡Los detesto! Yo no tengo a nadie —se dejó caer.
Hazel volvió a reírse mientras que Heaven se había inclinado hacia la pequeña mesa de centro que adornaba la sala de estar. Allí había un par de marcadores que ella había dejado la noche anterior, tomó el de color azul y comenzó a trazar corazones en la mano pálida de Draco.
El rubio sonrió, viendo a su novia bastante concentrada trazando los corazones, y finalizó escribiendo sus iniciales.
—¿Por qué lo borras? —le preguntó Draco.
—Olvidé que los tres tenemos las mismas iniciales y sería bastante extraño, ¿no? —alzó las cejas.
—Que horror —Draco hizo una mueca que hizo reír a Tonks.
—Vaya que sus padres se rompieron la cabeza al nombrarlos —hizo burla—. De seguro fue obra de James.
—Seguramente sí —respondió Hazel—. ¿Alguien dónde está Sirius?
—La última vez que lo ví, estaba robándose las galletas que horneó Anastasia anoche —respondió Draco.
—Quiero galletas —murmuró Tonks, y tanto ella como Hazel se pusieron de pie, emprendiendo su camino hasta la cocina, dejando al par de rubios solos por un momento.
Draco le tomó la mano de Heaven, revisando en donde también le trazaría corazones, y mientras acariciaba delicadamente el dorso de su mano, se encontró con la una cicatriz que siempre le había dado curiosidad.
Era una especie de linea recta no muy definida y aunque a simple vista no se lograba apreciar, al tocar se distinguía un relieve diferente en su piel.
—Nunca me has dicho que te pasó aquí —le preguntó en voz baja.
Heaven dirigió su mirada a donde Draco hizo referencia, y al recordar de que se trataba, rodó los ojos con cierta irritación.
—La profesora Umbridge —le respondió, haciendo una pausa—. Harry tiene la misma cicatriz pero la de él decía algo diferente.
Draco frunció las cejas—. ¿La profesora Umbridge?
Heaven asintió—. Creo que fue durante las primeras semanas del quinto año, se enojó porque Harry dijo que cierto mago tenebroso seguía vivo y luego cómo salí a defenderlo, también me tocó el castigo —volteó a verlo—. Cuando llegamos al castigo nos dijo que haríamos planas y hasta nos burlamos de la ridiculez que era, pero cuando comenzamos a escribir con las plumas especiales que Umbridge nos dio, nos dimos cuenta que cada palabra que escribíamos se grababa en nuestra piel. La verdad si fue bastante doloroso, pero no le dijimos a nadie. Nuestra salvación fue Madame Pomfrey quién nos ayudó a sanar la herida y que al menos la cicatriz fuera una línea y no la frase que teníamos que repetir —hizo una mueca.
—Sabía que Umbridge disfrutaba hacerles maldades, pero Heaven... eso prácticamente fue una tortura —le dijo Draco sonando bastante consternado.
—Si bueno, pero no es nada a comparación de eso —le respondió Heaven, señalando la marca tenebrosa tatuada en su antebrazo y que lograba distinguirse debido a que se había arremangado su suéter varios minutos antes.
Draco sintió la vergüenza recorrer su cuerpo, y rápidamente bajo sus mangas para volver a cubrirlas por completo.
—También fue bastante doloroso —confesó Draco, mordiéndose el interior de su mejilla.
Heaven le sonrió reconfortantemente, y le acarició el cabello con cariño, mientras que Draco le tomó la mano libre, y con el mismo marcador de color azul comenzó a trazarle estrellas y corazones alrededor de su cicatriz.
—Te quiero mucho —le dijo Heaven.
—Ya lo sé —le respondió Draco burlonamente.
Heaven lo empujó suavemente con diversión, y fue entonces cuando Hazel y Tonks regresaron a sus antiguos lugares acompañados de Sirius, quién legó y se sentó en el sofá del que todos estaban recargados, moviéndolos sin culpa.
—¡Oye! —exclamó Hazel, acomodándose el cabello.
—¿Por qué no son personas normales y se sientan en el sofá en lugar del suelo? —preguntó Sirius, inclinándose para revolverle el cabello a Hazel.
—¡Sirius! —exclamó nuevamente.
—La alfombra es más cómoda —respondió Draco.
Sirius alzó las cejas con diversión, y se sentó en medio de Draco y Heaven, ocasionando que se separaran abruptamente.
Tonks reía, negando con la cabeza, mientras que Hazel seguía quejándose por cómo la había despeinado.
—Eres odioso —le dijo Heaven, tomando a Bolita con cuidado.
Sirius arrugó la nariz—. Yo también te quiero, Heaven.
—¿Te sientes mejor? Isabella me contó lo de las hadas —le preguntó la rubia, intentando no reírse.
—Muy chistosa —dijo Sirius—. Pero mejor. Todo fue un accidente. A la hija de Nolan se le cayó una muñeca detrás de un arbusto, y sin querer pisé una.
—¿Pisaste un hada? —preguntó Tonks.
—¿Cómo sigues vivo para contarlo? —preguntó Hazel.
Draco en cambio, se reía.
—No fue nada divertido —el animago hizo una mueca—. Aún tengo cicatrices.
El resto volvió a reírse.
—¿Y cómo estuvo la junta de la Orden? Fue muy temprano y nadie nos avisó nada —dijo Hazel cruzándose de brazos.
—Normal —respondió Sirius—. Tonks llegó tarde y no se enteró de todo, pero realmente solo ha sido una dosis extra de frustración al no saber que hacer y tampoco tener idea de que es lo que sigue.
Tonks hizo una mueca—. Comienza a ser cada vez más cansado.
—¿Y qué hay sobre el Horrocrux? —preguntó Hazel.
Sirius echó la cabeza hacia atrás—. La información que tenemos hasta el momento está incompleta. Al parecer, falta un diario pero nadie sabe en dónde puede estar.
Heaven ladeó la cabeza, y miró a Draco, intentando recordar algo. Y de pronto, sus ojos brillaron ante el descubrimiento que había hecho, aunque en el fondo se sintió algo tonta por apenas haberse dado cuenta.
Heaven se puso de pie, llamando la atención de los demás.
—Creo que yo lo tengo —dijo sonando segura—. Pero no aquí.
Sirius frunció el ceño—. ¿Qué?
Hazel, Tonks y Draco la miraron igual de confundidos que Sirius.
—A inicios del curso anterior en Hogwarts, Dumbledore me pidió que buscara algo en la Sala de Menesteres pero nunca fue claro con las instrucciones... —hizo una pausa para mirar a Draco—. Y lo único que encontré fue una caja con un diario adentro pero sólo lo guardé porque no me dio alguna otra instrucción.
—Yo recuerdo eso —dijo Draco—. Por eso comenzamos a hablarnos.
Heaven asintió—. Nunca leí el diario. Mi mente estaba en otras cosas durante esa época, sé que lo llevé a casa en Navidad pero jamás volví a tocarlo, pero estoy segura de que debe estar allí.
—¿Y cómo sabes que ese diario? —le preguntó Hazel.
Heaven se encogió de hombros—. Tendría sentido el porqué me mandó a buscarlo.
—Supongo que tendremos que ir a buscarlo —dijo Sirius, poniéndose de pie junto a Tonks—. Le informaré a los demás.
—¿Podemos ir? —preguntó Hazel, con la esperanza de poder regresar a su hogar por al menos unos minutos.
—No —respondió Sirius, sonando bastante serio—. No creo que sea algo seguro.
—No es justo —repuso Heaven, cruzándose de brazos—. Yo debería de ir a buscarlo...
—No lo harás —dijo Sirius—. Le prometí a sus padres que cuidaría de ustedes, así que no es no.
Tonks hizo una mueca de incomodidad, y también en forma de disculpa por no poder hacer algo para llevarlas, saliendo detrás de Sirius para ir a dar el nuevo informe.
Hazel se volvió a acomodar sobre la alfombra, decaída ante no poder hacer nada.
—Estoy harta —dijo la pelirroja—. Todo el mundo hace algo para ayudar menos nosotras.
Heaven miró a su hermana en silencio y en seguida Hazel notó lo que estaba sucediendo.
—¿Estás pensando lo mismo que yo? —le preguntó, alzando las cejas con diversión.
—Sí —respondió Heaven, ladeando la cabeza—. Será rápido, volveremos mucho antes de que lo noten.
Draco miró de una a la otra—. No entiendo.
Hazel se puso de pie con ayuda de Heaven—. ¿Traen sus varitas?
Heaven asintió, y tiró de la mano de Draco.
—¿Quieres acompañarnos? —le preguntó.
—Heaven, no creo que sea buena idea —respondió el rubio.
—Eso no fue lo que preguntó, tarado —le dijo Hazel, dándole un empujón.
Heaven rió al ver la cara llena de indignación de su novio—. Ven con nosotras.
—Se van a meter en problemas.
—Que susto —se burló Hazel, liderando el camino para salir de la mansión.
Draco se detuvo en la puerta—. Por favor, piénsenlo un poco más. No es buena idea, y Sirius se pondrá furioso con ustedes.
—Con nosotros —lo corrigió Heaven—. Pero se le pasará, no te preocupes.
Draco soltó un quejido—. Detesto cuando se ponen muy Potter.
—¿Acaso tienes miedo, Malfoy? —se burló Hazel.
Draco rodó los ojos—. Sólo las estoy acompañando porque no me parece que vayan solas.
—No te necesitamos —dijo Heaven.
—Pero yo a ti sí —le respondió Draco—. Así que tengo que verificar que regreses sana y salva.
—Sigo sin entender como pasaron de molestarse a decir que se necesitan —se burló Hazel.
—Yo tampoco lo entiendo mucho —confesó Heaven, con una sonrisa burlona.
—Creí que estabas cansada como para hacer bromas —Draco alzó las cejas.
—Ya me siento mejor —Heaven se encogió de hombros—. Sé que finalmente haré algo que ayude con todo lo que está pasando. Eso me hace sentir bien.
Draco le tomó la mano, y los tres comenzaron a caminar más rápido para salir por completo del área protegida de la mansión, y poder teletransportarse sin que los adultos lo notaran.
Cuando por fin atravesaron el hechizo, Heaven se dio la vuelta para admirar la mansión desde lejos, pero gracias al encantamiento que la protegía, sólo se veía un valle rodeado de árboles.
Fue en ese momento donde sintió los nervios apoderarse de ella, pero no quería que Draco se diera cuenta ya que si lo hacía, era muy probable que las convenciera de regresar.
—¿Quién va a aparecernos? —preguntó Hazel.
Heaven miró a Draco—. ¿Podrías hacerlo?
—Es mejor que lo hagas tú —dijo Draco—. Tienes más familiaridad con el Valle de Godric que yo.
Heaven asintió lentamente, sintiendo como Hazel y Draco se sujetaban de ella con fuerza, y en cuestión de segundos, ya se encontraban en el punto de Aparición del lugar que la vio crecer.
Hazel miró a su alrededor, deslumbrada por lo abandonado que se veía el lugar, mientras que Heaven sintió que podría llorar ante la nostalgia. Llevaba meses sin estar allí, y el pensamiento de regresar junto a su familia se veía cada vez más lejano.
Draco aún le sostenía la mano con fuerza.
—¿Todo bien? —quiso asegurarse.
Heaven asintió—. Vamos, Hazel —hizo una corta pausa—. Debemos apresurarnos.
La pelirroja asintió, y volvió a liderar el camino para encontrar su —viejo— hogar. Después de la pequeña caminata que sólo duró un par de minutos, se encontraban finalmente frente a su casa, y aunque llevaban pocos meses lejos de allí, no parecía el hogar que recordaban.
El jardín exterior estaba tan descuidado que Heaven pensó en lo horrible que sería aquella situación para Lily. Las luces del interior estaban todas apagadas y realmente lucía como si nadie hubiese estado allí en años.
Se adentraron con cuidado, y una vez en la sala de estar, la familiaridad hizo que Heaven se sintiera bastante extraña.
Hazel se acercó a prender las luces, y una vez todo más visible, ambas hermanas sonrieron ante la nostalgia. La mayoría de sus pertenencias seguían allí, así como todos los recuerdos de su infancia y adolescencia.
—¡Mira! —señaló Hazel al pequeño ratón blanco de juguete, tirado junto a uno de los sillones de la polvorienta sala de estar—. Es Snowy, el ratón de Bolita.
Heaven giró la mirada encontrándose con la televisión, y de pronto se dio cuenta de lo mucho que extrañaba ver películas junto a su padre.
—¿Será prudente ir a mi habitación? —preguntó la pelirroja.
Heaven se encogió de hombros—. De todas formas tenemos que subir —le aclaró, girándose para tomar la mano de Draco.
—Debemos apresurarnos —sugirió el rubio.
Hazel asintió, y volvió a liderar el camino hasta las escaleras, mientras tomaba cualquier objeto que estuviera en su paso. Una vez arriba, la pelirroja corrió hasta la puerta de su habitación dejando a Draco y a Heaven solos en el pasillo.
—El día que vine con Sirius, no subimos —dijo Draco mirando todo alrededor—. La casa se ve pequeña por fuera.
Heaven frunció el ceño—. ¿El día que viniste con Sirius?
—Era secreto —alzó las cejas—. Un día vinimos a dejarle algo a tu padre, pero él no estaba aquí, y Sirius y yo tuvimos una buena charla.
—¿Por qué no me habías dicho? —fue Heaven quién alzó las cejas esta vez, demandante.
—Era un secreto —le respondió Draco, inclinándose para darle un pequeño beso en la nariz—. Ahora enséñame tu verdadera habitación, debe ser demasiado tú.
Heaven rió tirando de su mano para dirigirse a la habitación que tenía su nombre en grabado en la puerta. Cuando se adentraron, la rubia se recostó en su cama, cerrando los ojos y disfrutando de la comodidad por unos segundos.
En cambio Draco observaba todo a detalle. Los dibujos en las paredes blancas, el desorden en el escritorio y los diversos libros en la estantería.
Definitivamente si era muy Heaven.
—¿Y tienes alguna idea de en dónde puede estar el diario? —le preguntó Draco, girándose hacia ella.
Heaven se reincorporó, levantándose y caminando hasta el escritorio. Draco se dedico a observarla mientras rebuscaba en los cajones, y después de unos largos segundos, sacó la misma caja que encontró en la sala de menesteres, aún sellada con un hechizo.
—Es esta —le informó Heaven—. ¿Lo recuerdas?
—Algo así —le respondió Draco—. Recuerdo cuándo me llevaste los libros que le pediste a Remus. Fue en esa época, ¿no?
Heaven asintió—. ¿En ese entonces ya te gustaba?
Draco pretendió meditarlo por unos segundos—. Estaba en negación.
—Debió ser terrible enterarte que te gustaba una Potter —Heaven esbozó una sonrisa burlona.
—No tienes idea —Draco fingió rodar los ojos con fastidio.
Heaven dejó momentáneamente la caja sobre el escritorio para inclinarse sobre Draco para besarlo, pero su momento fue interrumpido por un fuerte estruendo en la planta baja de la casa.
Ambos se miraron con confusión, y Draco con una seña le pidió que se mantuviera en silencio. Heaven volvió a tomar la caja y con extrema precaución salieron de la habitación.
—Tal vez fue Hazel —susurró Draco, pero su esperanza se vino abajo cuando la pelirroja se asomó de su habitación con la varita en alto.
—¿Qué demonios fue eso? —preguntó la pelirroja en pánico pero en voz baja.
Los tres jovenes se miraron entre sí, y se quedaron en completo silencio por un segundo hasta que otro estruendo volvió a escucharse.
—¿Creen que sea alguien? —preguntó Hazel, luciendo ligeramente aterrada.
—¡Baja la voz! —exclamó Heaven un susurro.
Draco negó con la cabeza—. Les dije. Les dije que era una mala idea. Salazar, ¿por qué deben ser tan necias? —refunfuñó caminando hacia las escaleras.
—¿A dónde crees que vas? —Heaven lo jalo de su abrigo.
—A averiguar de dónde proviene el ruido —dijo Draco—. Quédense aquí.
Hazel volteó a ver a Heaven con una expresión que Draco no supo interpretar. A veces le asustaba las manías que ambas hermanas usaban para comunicarse y no ocupar ni una sola palabra.
—Iremos contigo —dijo Heaven.
—No. Es peligroso, y toda su familia me mataría si algo les pasa.
—¿Cómo sabes que es peligroso si no sabes que es lo qué hay abajo? —le preguntó Hazel.
Draco volteó los ojos—. Hazel, por una vez en tu vida podrías ocupar un poco de seriedad y sentido común...
—A ti es a quién le falta sentido común —le respondió la pelirroja.
—Hazel tiene razón. A este punto, ya saber que mientras más "no" nos digan, más hacemos lo que se supone no deberíamos hacer.
Draco suspiró con frustración—. Sí tan solo me hubieran escuchado hace un rato cuando les dije que era mala idea venir...
—Pero ya estamos aquí —lo interrumpió Heaven—. Y no podemos aparecernos desde este lugar, tenemos que salir de la casa.
—Bien —Draco hizo una pausa—. Vayan detrás de mi, y con sus varitas en alto. ¿De acuerdo?
Ambas hermanas asintieron, y con cuidado comenzaron a bajar las escaleras. Al parecer todo lucía despejado, pero el ruido no tenía algún sentido.
—¿Ya viste, Draco? Eres un paranoico no hay nada... —las palabras de Hazel quedaron en el aire, al reconocer a la persona que se había transformado frente a ellos.
Era el famoso traidor Peter Pettigrew.
Hazel y Heaven habían escuchado sobre él en los amargos recuerdos de sus padres y tíos.
Heaven sintió un escalofrío, y sintió el peligro en el que ahora estaban envueltos debido a su necedad. Tal vez Draco si tenía razón.
El hombre era bastante grande, y no necesariamente por su altura. Lucía desaliñado y sus ojos brillaban en una emoción que no era muy fácil descifrar.
Los tres dieron un paso hacia atrás cómo reflejo.
—¿Qué haces aquí? —le preguntó Draco, sosteniendo su varita en alto.
El hombre sonrió sombríamente—. Es lo que yo debería preguntarte a ti, niño. Apuesto que ni Bellatrix ni mi Señor conocen tus compañías. Ni siquiera tu padre, ¿no es así?
Heaven miró a Draco con confusión. ¿Cómo era que se conocían?
El hombre a no recibir alguna respuesta, siguió hablando:
—Cuando el Señor me asignó esta misión de vigilar el Valle de Godric creí que sería una gran pérdida de tiempo, pero ¿quién diría que encontraría oro puro aquí?
—¿Cómo te atreves a entrar aquí después de todo lo que le hiciste a mis padres? —exclamó Hazel con ira.
Heaven miró a Hazel, sin poder reaccionar bien debido a los nervios.
—Oh, Hazel. Mira cuánto has crecido, aún recuerdo estar bajo este mismo techo dándote golosinas a escondidas de tu madre.
Heaven vio a Hazel ponerse rígida.
—No te tenemos miedo —dijo la pelirroja, dando un paso hacia al frente.
Draco aprovechó para empujar a Heaven hacia atrás de él, protegiéndola con su brazo. Y de reojo notó como la puerta aún estaba bastante lejos de dónde se encontraban.
Peter sonrió burlonamente—. Serán el cebo perfecto para atraer a su hermano con mi Señor —dijo, mientras sacaba su varita—. Y supongo que será por las malas... ¡Stupefy! —apuntó a Draco primero, pero Heaven lo notó justo a tiempo para empujarlo con fuerza.
—¡Protego!
—¡Impedimenta!
Exclamaron ambas hermanas a la par, y el hombre volvió a su forma animaga.
—¿A dónde se fue? —preguntó Hazel con frustración mirando al suelo.
Heaven la ignoró, y caminó hacia Draco para ayudarlo a levantarse.
—Por Salazar, Heaven, ¿de dónde sacaste esa fuerza? —se limpió un poco de sangre de la herida cerca de su ceja, al parecer al caer se golpeó con la punta de un mueble.
—Perdón —murmuró Heaven—. No sabía que hacer, así que sólo te empuje —hizo una mueca.
—Debemos irnos —sugirió Draco, y Heaven asintió, yendo hasta Hazel para traerla consigo.
—No podemos irnos. No podemos dejarlo escapar... vió a Draco, será peligroso que...
El hombre volvió a surgir detrás de las escaleras, y con un hechizo separó a los tres adolescentes, enviándolos a diferentes partes de la habitación.
—¿A dónde creen que van tan pronto? —preguntó con un fingido tono de inocencia.
—¡Confundo! —fue Hazel quien lanzó el hechizo, pero rebotó en la pared.
—¡Confringo! —exclamó Peter, derrumbando la pared más cercana a Hazel.
—¡Hazel! —exclamó Heaven, poniéndose de pie para salir corriendo hacia su hermana.
—¡Petrificus Totalus! —Draco lanzó el hechizo a Peter, pero fue demasiado tarde. Él animago se había convertido en una rata nuevamente.
—Debemos irnos —volvió a presionar Draco pero Heaven ayudaba a Hazel a ponerse de pie. Al parecer se había herido en el tobillo.
—No debimos venir —murmuró Hazel.
Pero antes de que pudieran dar otro paso, Peter volvió a acorralarlos, tomándolos por sorpresa al desarmarlos y jalando de la muñeca Heaven hacia él.
—Llámalo, Malfoy —le apuntó a Heaven con la varita—. Sabes que yo no puedo hacerlo pero tú sí. Llámalo y no diré nada. Entrégalas al Señor Tenebroso y tu madre estará a salvo de cualquier castigo que puedan ponerle por tu traición... —hizo una pausa—. O le haré daño —miró a la rubia.
—¡Suéltala! —exclamó Hazel—. ¡Suelta a mi hermana! —quiso acercarse pero Draco la detuvo.
Draco se quedó paralizado. No quería aceptar ninguna de las opciones, pero su varita había caído al otro lado de la habitación. No tenía ni idea de que hacer o qué decir. Solo quería salir de allí.
—¿Acaso no escuchaste, Pettigrew? Suelta a mi hija —la voz de Isabella se escuchó desde la entrada principal del hogar.
Draco sintió que volvió a respirar. Isabella probablemente había notado la ausencia de los tres jóvenes y no dudó en salir a buscarlos, dando con ellos en el momento indicado.
—Isabella Avery —dijo Peter—. Te unes al festín. Que alegría verte, mi querida amiga.
—Déjala ir —le repitió la mujer.
El hombre sonrió falsamente, y finalmente soltó a Heaven.
—¿No te da vergüenza comportarte así cuando alguna vez te importaron? —espetó Isabella—. No quiero hacerte daño, Peter. Por la amistad que alguna vez tuvimos, vete y quédate en silencio. Sabes que tampoco te conviene decirle a tu Señor que se te escaparon las hermanas Potter.
—Lo siento mucho, Isabella...
—¡Desmaius! —se escuchó una voz masculina exclamar desde la entrada. Había sido Sirius quién lanzó el hechizo.
El resto observó como el cuerpo de Peter Pettigrew cayó al suelo, e Isabella tiró de ambas jóvenes a la salida con Draco yendo detrás de ellas.
Heaven tomó la caja que había terminado en el suelo cerca de las escaleras y la pared derrumbada.
Al salir, cerró los ojos y lo último que Heaven vio de su hogar fue la luz prendida en su habitación. Cuando volvió a abrirlos, se encontraba apenas aterrizando en el pasto del mismo valle que rodeaba la mansión de los Avery, y también con la mirada furiosa de Sirius Black.
—Estoy arruinado —Draco fue el primero en hablar—. Si va y le cuenta todo al Señor Tenebroso... mi madre correrá peligro.
Isabella en seguida miró a Draco con preocupación—. Tienes que irte. Debes ir con tu madre y elaborar una coartada. Si Peter te acusa de traidor... —hizo una pausa—. Debes irte.
Heaven se sintió aún más en pánico, y le tomó la mano con fuerza a su novio.
—Mantente a salvo, por favor —le pidió con la voz entrecortada.
—Sabes que puedes comunicarte a través de Nolan —le dijo Sirius—. Lo podrás encontrar saliendo de Wiltshire en caso de que necesites algo.
—No podrás venir pronto porque levantarás sospechas —la voz de Isabella sonaba llena de preocupación—. Esperemos que no diga nada, pero es mejor prevenirlo que lamentarlo, ¿si?
—Mantente a salvo —le pidió Heaven una vez más.
—Te lo prometo —la miró con una sonrisa triste—. Tú también, ¿si? Cuida mis pertenencias en lo que regreso. Será en menos de lo que piensas.
Heaven asintió, y lo abrazó fuertemente.
—Gracias por intentar protegernos, Draco —le dijo Hazel, después de que Draco y Heaven rompieran el abrazo—. Ten cuidado.
—Nos vemos pronto —dijo en general para luego desaparecer en un espiral.
Heaven se dejó caer al pasto, sintiéndose exhausta y finalmente procesando todo lo que había ocurrido en tan poco tiempo.
—Sé que no soy nadie para exigirles nada. Sé que me llaman "tío" y que técnicamente soy su padrino, pero al final del día, no soy nadie para ustedes... —Sirius sonó bastante serio. Heaven estaba segura nunca antes haberle escuchado aquel tono firme—. Aún así mi cariño por ustedes es del tamaño del universo... imagínense que los deje en la sala y cuando regreso ya no están. Busqué por cada rincón de la mansión y no había un solo rastro de ustedes.
—Sirius... solo queríamos...
Sirius interrumpió a Hazel—. Estoy hablando... ¡No había ni un solo rastro! Yo le prometí a su padre que cuidaría de ustedes cómo si mi vida dependiera de ello. ¿Cuántas veces más tendrán que ponerse en peligro para comprender la situación en la que están? ¡No pueden solo irse sin decir nada! ¡No pueden exponer sus vidas sólo porque creen que es lo correcto! ¿Y si algo les hubiera sucedido? Jamás me lo iba a perdonar a mi mismo.
—Perdón, Sirius. No fue nuestra intención —Hazel murmuró apenada.
—Ese es el problema, Hazel. No me mal entiendan, saben que las amo infinitamente y son lo más cercanas a unas hijas para mi, pero no valoran ni un poco el esfuerzo de los demás a su alrededor ponen para protegerlas. Las vidas que se arriesgan para que ustedes se encuentren sanas y salvas. Simplemente no lo ven.
Heaven desvió la mirada. Ni ella ni Hazel habían pedido esa protección de la que Sirius hablaba, llegó por las lamentables circunstancias en las que su familia se encontraba, pero otra parte de ella, también entendía su punto.
Se sintió mal por ello, y cuando se puso de pie, fue directamente hacia el animago para abrazarlo.
—Nosotras también te queremos, Sirius —le dijo—. Perdón si no lo demostramos lo suficiente.
—Jamás nos habías regañado en serio, y aunque es raro, agradezco mucho que hayas estado allí para salvarnos —Hazel se unió al abrazo segundos después.
—Prométanme que dejarán de ponerse en peligro —suspiró Sirius, dándose cuenta que Isabella lo observaba con orgullo e incluso admiración—. Ya una vez perdí a la única familia que quedaba, no me puede pasar de nuevo —murmuró, refiriéndose a Regulus, y ahora a toda la familia Potter, que ciertamente se había convertido en su nueva familia, junto a Remus, Isabella y Nolan -con su pequeña hija-.
—Lo prometemos —dijeron ambas hermanas a la par, y cuando por fin rompieron el abrazo, dirigieron su mirada a Isabella, quien con una seña les dio a entender que era momento de comenzar a caminar hacia la mansión.
—¿También estás molesta? —preguntó Hazel, caminando mientras arrastraba el pie, aún le dolía un poco por la lesión que sufrió varios minutos atrás.
—Por supuesto —Isabella alzó las cejas—. Pero creo que Sirius ha hecho todo el trabajo por mi.
—Lo lamentamos —dijo Hazel—. Ya no volveremos a hacerlo.
—Eso espero —Isabella suspiró—. Todo fue muy rápido y aún no terminado de analizar lo qué pasó allí... pero ¿encontraron el diario?
Heaven señaló la caja que había hechizado para que levitara en el aire y la siguiera.
Isabella notó el rostro lleno de preocupación de Heaven, y supuso el porqué se trataba de cierto rubio que debería estar llegando a su hogar.
—Todo estará bien, Heaven —le aseguró con un tono bastante reconfortante—. Ahora, vayamos dentro para terminar con esto de una vez —dijo refiriéndose al diario.
Heaven asintió, y le dedicó una cansada sonrisa. Conteniéndose de decirle que no podía asegurarle nada, pues todo seguía siendo sumamente peligroso para todos sus seres queridos, pero realmente esperaba encontrar una fuente de esperanza en aquel dichoso diario.
***
sin editar
nota de la autora;
primero que nada, ¿qué tal les pareció el capítulo? JAJJAJAJA a q no se esperaban todo ese drama 🤭
en fin, les traje un capítulo bastante largo (de aproximadamente 5,200 palabras) para compensar los dos meses que me desaparecí.
muchas gracias por su paciencia:( y nuevamente una disculpa pero estuve horriblemente atarantada por la universidad pero ya estoy en finales y espero que en las vacaciones pueda agarrarle el ritmo al fic nuevamente. (en especial porque esta a nada de llegar a su fin)
les recuerdo qué hay un grupo de WhatsApp por si gustan entrar, y que me pueden encontrar en tiktok e instagram como @/franciaxmalfoy <3
les prometo que nos leemos pronto!
all the love
francia💞
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