
O1
Thimotee
Tres de la mañana, yo seguía dando vueltas en mi cama, en pocas horas debía estar en el colegio temprano y allí estaba, pensando en las palabras de Chris antes de que el timbre sonara y saliera corriendo a clases.
Había intentado ir tras él, pero estuvo huyendo todo el día, gasté mi saldo llamándole y tenía como trescientos mensajes míos en WhatsApp, me preocupaba mucho, y me dolía también, aunque lo entendía.
Joder, ¿como no iba a entenderlo? Había estado dándome señales que yo no captaba, estaba siendo un idiota hiriéndolo por completo, y no quería hablarme.
¿Y si lo perdía? ¿Y si no me hablaba jamás? No podía perderlo, no quería, lo necesitaba, lo a...
— ¿Hola? —contesté al número desconocido, podría ser un imbécil jugándome una broma, pero preferí eso a entrar en otra crisis existencial a media madrugada.
—Hola, ¿eres Thimotee Charles? —inquirió una voz femenina, yo asentí.
Tienes que hablar, idiota.
Oh, cierto.
—Si, ¿qué ocurre? Son las tres de la mañana, ¿es importante? —pregunté, la chica en el otro lado de la línea bufó.
—Amigo, no sé si para ti sea importante, pero parece que sí. Aquí hay un chico, ¿como te llamas, niño? —habló la chica, luego oí un arrastrado Christopher a lo lejos— Christopher, mira, está ebrio hasta los cabellos, y estamos afuera de un bar. Tenía tu número en el bolsillo, y sinceramente me da pena dejarlo solo acá porque se ve destrozado.
Joder, joder, joder.
Maldita sea, Christopher, se supone que el que hace cosas estúpidas aquí soy yo.
—Mierda, ¿afuera de que bar? —cuestioné levantándome de mi cama, listo para ir a llamar a papá para avisarle e ir corriendo.
—Nighthard, hermano. Hagamos algo, me das tu dirección y lo llevo a tu casa, porque no creo que su madre quiera verlo así, está como para desinfectar un hospital con todo el alcohol que tiene dentro.
Vale, era una completa locura darle mi dirección a una completa extraña, ¿y si Chris no estaba con ella y solamente quería entrar a mi casa a robar? Yo estaba facilitando su trabajo. Pero por otro lado, mi mejor amigo de toda la vida estaba en las afuera de un bar a media madrugada.
Genial, y todo por mi culpa.
Después de darle la dirección a la desconocida, ella me dio su nombre.
—Soy Samantha Murphy, por si acaso —se presentó antes de colgar la llamada.
Salí de la casa lo más silenciosamente que pude, dejando la puerta abierta para que no se me hiciera difícil adentrar a Chris a mi casa.
Esperé por un largo rato, hasta que un deportivo negro se estacionó frente a mí y una bonita pelinegra salió del asiento del piloto, haciéndome señas para que la ayudara con Chris, así que eso hice, caminé hacia la puerta del copiloto que fue abierta por ella, donde encontré a mi mejor amigo durmiendo en una extraña posición, con el cabello desordenado y usando una camisa negra manga corta.
A leguas se notaba que estaba congelándose, era diciembre, por el amor al cielo.
—Estás hecho un desastre, Christopher Declan Hubert, si tu madre se entera de que estás aquí así va a matarme —lo regañé, él hizo un puchero.
—Es cupla de Thim, a él le gusta Haether —susurró, yo mordí mi labio inferior—. Tengo frío, quiero su suéter, pero él se lo dio a ella, y yo muero conlagedo... ¿conlejado?
— ¿Dijo todo eso en el camino? —le pregunté a Samantha, ella negó.
—Ni una palabra.
—¿Cómo mierda le vendieron alcohol si tiene cara de niño pequeño?
—No tengo idea, supongo que están acostumbrados a alcoholizar jovencitos para lucrar, son unos irresponsables —se quejó, yo asentí mientras trataba de sacar a Chris del auto—. Déjame ayudarte.
Fue más fácil cargarlo hasta la habitación y dejarlo sentado en mi cama, salí hacia el jardín donde la pelinegra me esperaba recostada en su auto.
—Muchas gracias por traerlo, en serio, Chris no suele salir y mucho menos a bares.
—No hay problema, como te dije, se veía destrozado. También me pasó, sólo que yo no tuve quien me llevara a la casa de mi mejor amiga. De cualquier forma, se ve que es un chico dulce, cuida de tu mejor amigo —sonrió entrando a su auto.
—Oh, claro que lo haré, y le daré tu número para que te escriba, aunque dudo que lo haga, apuesto a que mañana amanece avergonzado hasta por existir.
—Tal vez —rió—. Nos vemos, Thimotee.
—Adiós, Samantha.
Esperé a que arrancara y cuando lo hizo entré a casa, cerré las puertas y luego fui a mi cuarto, donde Chris dormía con medio cuerpo fuera de la cama.
—Levántate, debes darte una ducha, hueles a un chico con alcoholismo —hablé mientras lo ayudaba a sentarse—. No puedes ni con tu propio cuerpo, amigo.
—Shh, quiero domir —se quejó, rodé los ojos quitándole el suéter y posteriormente la camisa.
—Anda al baño y termina de desvestirte para que te duches, te prepararé un té —asintió con pesadez y yo salí a la cocina, rebusqué entre los sobres de mamá y encontré un té de manzanilla, que tal vez serviría para algo.
Cuando estuvo listo fui a la habitación, Chris aún no había salido del baño por lo que me preocupé, así que toqué la puerta con mis nudillos.
—Hermano, ¿sigues ahí? ¿aún respiras? —inquirí.
—Si, tal vez. No... No hay toallas, no quiero salir así.
—Pero si ya te he visto des... Olvídalo, te paso una —busqué entre mis cosas y le pasé una que había lavado anteriormente, obviamente mirando hacia otro lugar para no incomodarlo—. Tienes el té en la mesa de noche y ropa en la cama, saldré un momento —oí un pequeño "okay" antes de salir del cuarto.
¿Debería decirle a Heather? Digo, era mi novia, tenía que decirle algo tan repentino. Pero si Chris sabía que le dije se molestaría, y claramente no me lo diría.
Para él era fácil guardarse sus palabras, sus sentimientos, sus ideas, lo cual a la larga le hacía daño.
—Thimotee, ¿por qué estás aquí a esta hora? Son... no lo sé, ¿las cuatro de la mañana? —habló mi padre caminando hacia mí— ¿Y por qué hueles a alcohol? Thimotee Glenn Charles, no me digas que estás tomando de mis botellas otra vez.
— ¿Qué? No, es solo qué... —busqué una excusa, pero antes de hallarla Chris salió de mi cuarto con el cabello mojado, vistiendo un suéter y un pantalón de algodón color gris.
Bueno, ahí estaba mi excusa.
—Hola, señor Charles —saludó Chris con la mirada baja.
—Hola, Christopher... Bueno, ya entiendo, aunque yo creía que quien llegaba a media madrugada a la casa del otro era Thim. En fin, me quedan pocas horas para dormir, mañana les doy su regaño o lo que sea —encogió los hombros y luego volvió a su habitación.
— ¿Estás listo, Chris? —inquirí, él asintió aún mirando hacia abajo— Hey, no tienes por qué avergonzarte, me has visto en peores condiciones. Rulitos, no estás en tus sentidos, ¿qué te parece si te acuestas y duermes por un rato? Porque si no vas a clases tu mamá te va a matar.
Asintió nuevamente y entró a la habitación, entré tras él viendo como se acostaba en la cama, haciéndose bolita en el lado de la pared.
Sonreí de lado y me acosté también, boca arriba, esperando a que el sueño me atacara de golpe y que mi mente no decidiera vagar por lugares recónditos.
Fue una sorpresa cuando una mata de cabello castaño se apoyó en mi pecho, abrazándome delicadamente.
—Soy todo un desastre, pero aún así me gustas —susurró, yo sólo acaricié sus rizos oscuros.
—Chris —lo llamé, pero él no contestó, y me di cuenta de que se había dormido porque su respiración se volvió más regular—. Creo que también me gustas.
(...)
i'm backs, bebus.
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