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Capítulo dos

Tan pronto como se marchó de casa de Malcolm, dirigió su camino por las oscuras calles de Sydney, irónicamente por la conversación que había tenido hace un rato con él, hacia un bar, cualquiera que pudiera atrapar vivo a esa hora no tan nocturna. Tanto jugo lo estaba enfermando, necesitaba beber algo peligroso, pero tampoco un vaso de whisky, se le antojaba algo más como un cóctel, dulce y fresco como los labios de una chica de La Habana.

Y claro que no le mencionó ni una palabra al respecto a su amigo o sino habría querido que lo llevara con él, y a ese tierno enano de ojos verdes y flequillo no se le podía decir que no.

Sólo tuvo que caminar unas cinco cuadras y, aplastado entre dos tiendas de ropa como un sándwich de suave pan de molde y una botella entera de vodka en medio, estaba el bar de conejitas que había discutido con Malcolm. ¿Por qué no? Estaba desesperado, ni siquiera había pensado en las chicas sexis caminando por ahí con Speedos, la palabra "bar" fue suficiente para arrastrarlo allí adentro.

La puerta no rechinaba, estaba hecha de un delgado vidrio polarizado, no dejando a los desinteresados ver la magia que había adentro. Luces de neón en cada pared, tan brillantes que parecía que las lámparas del techo no eran necesarias.

Todo tenía un tono morado, bueno, sería porque las paredes eran moradas, aún así, Bon estaba flipando. Tratando de lucir normal y no asombrado para nada, ya que la indiferencia era sexy, según él, se sentó en una de las sillas giratorias junto a la barra, que parecía estar de adorno ya que no pudo divisar a ningún barman detrás de ella, lo único que vio fueron a aproximadamente diez chicas corriendo como locas con trajes que apenas les cubrían las partes necesarias para no ser detenidas por indecencia pública, accesorios de conejita y bandejas de camarera.

Antes de que pudiera procesar todo el jaleo (que más que lo encontrara extraño, o provocador, le daba risa) que sus ojos estaban presenciando, ya se le había acercado una de las conejitas, que pareció haber salido de un campo de repollos porque las diez que vio anteriormente seguían allí, era como un auto de payasos. Tenía una pequeña libreta en mano y un lápiz de pasta negro, o algún color oscuro, creía, ¿por qué todo en los bares extravagantes debe ser tan oscuro, mareante y jugar con tu cerebro? Ya ni se acordaba de qué color era su propia ropa, y su visión no le ayudaba.

Se le ocurrió mirar a la chica a la cara, cosa que casi le da un puto infarto. No lo podía creer, ¿era al hermano de Mal al que estaba viendo ahí? No... Vamos, quizás era una chica que se tenía la cara similar, Angus era muy bien parecido, pero no había manera de que... Digo, la luz ultravioleta del bar apenas dejaba ver bien.

-Hola, ¿quisieras... Digo, ¿le traigo algo?

No sabía si sus oídos lo estaban traicionando, o su cerebro estaba confundido con tanto ruido de fondo, es que no estaba seguro de conocer bien cada mínimo detalle de su voz, pero podría jurar que era una voz de chico y extrañamente similar a la que le gritaba desde su habitación a Malcolm que "un rato más" cada vez que éste le ordenaba que le devolviera su guitarra.

Le echó una mirada a su pecho para confirmar que no fuese una chica y subió lentamente devuelta a su cara.

Sonrió como un maldito zorro.

-Sí, tráeme un vaso con leche.

Oh, puto desgraciado.

-No tenemos eso-rió un poco y le sonrió extrañado-.

No era muy elegante con las palabras, usaba el vocabulario de un chico adolescente, justo como el hermano de Malcolm. O, bueno, eso asumió Scott de dos frases que escuchó de él y eso quería creer.

-Está bien. ¿Qué cócteles tienen? ¿Algo fresco para la noche? Hace un poco de calor aquí-lo miró directamente a los ojos y bajó su mirada hacia sus labios, detalle que el contrario no notó-.

La verdad era que Scott no tenía idea de lo que hacía, el supuesto Angus se veía demasiado bien en un traje de conejita, lo estaba embriagando antes de siquiera probar el alcohol.

-Creo que tenemos Blue Hawaii, ese creo que estaría bien para ahora-sugirió con una pequeña sonrisa seductora-.

Era tan bueno en su trabajo, en ser seductor.

Oh, bebé, tú harás que me sienta azul.

-Me gusta como suena eso... ¿Cuál es tu nombre, dulzura?

-Lola-pronunció sin reparos, algo nervioso, con una voz oscura y marrón-.

-L-O-L-A, Lola. La-la-la-la, Lola.

Anotó "1 bluhwai" en su libreta y se marchó rápidamente a una especie de cocina, se preguntó por un momento por qué había una barra entonces si el bartender no iba a servir las bebidas. Scott disfrutaba la vista, esas piernas flacas realmente se veían bien envueltas en malla, casi al desnudo. Su pelo rebotaba justo como el que vio en casa de los Young, y su figura se veía mucho mejor en ese traje, quería tomarlo de la cintura, sentarlo en su regazo, acariciar ese cuello envuelto en corbata con sus labios y tirarla para acercar los de él...

Rápidamente volvió con su bebida y lo hizo salir de su trance erecciónico. En circunstancias normales, Bon se habría sentido salvado al finalmente ver un poco de alcohol que pudiese consumir sin meterse en una pelea, ¿pero cómo no se iba a olvidar de eso cuando tenía supuestamente al maldito hermano de Malcolm atrapado y colgando por su cola de diablo? O... ¿Conejito?

-¡Muchas gracias, pequeña!-exclamó con una sonrisa pícara-

La conejita pareció estremecerse un poco al comentario, carcajeando levemente como una chica colegiala. Le dejó su bebida en la mesa, dejando su bandeja completamente libre y liviana para su brazo, y se marchó rápidamente. No dijo nada, lo único que emitió fue un distintivo ruido con sus brillantes zapatos negros de tacón no muy pronunciado.

Fue una corta interacción, pero Bon no podía dejar de pensar en eso, quedó hipnotizado, se veía demasiado bien para ser un chico. Qué mierda, ¿eh? Los setentas son locos.

-Lola...-susurró y llamó en vano, no hubo respuesta-

Y, ¿había ganado la apuesta? Parecía más o menos que sí, faltaba confirmación por parte del actor principal, si es que éste hubiese de confesar y Bon tuviese el valor suficiente para preguntarle algo así. Algo lo detenía de contarle las buenas nuevas a Mal, por alguna razón prefería mantener ese pequeño secreto para él y nadie más, bueno, tal vez para él y Ang.

Tenía una erección, mierda, como deseaba llevárselo a casa, como lo deseaba a él, más que a nada en el mundo, incluso más que al alcohol. Incluso si era algo pasajero, pero no lo creía, no quería que Angus se fuera de su mente, jamás.

Angus, A-N-G-U-S, Angus, en su bar con su champaña que sabe a Coca-Cola.

Esa experiencia fue lo más romántico que había vivido, podía escuchar las guitarras calmarse y desaparecer como cuando la canción terminaba.

Esto te pasa por estar sobrio.

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