Título Alternativo: ¡Los chicos guapos abruman a Denki!
[...]
Denki había tomado la preocupación de bañarse la noche anterior, así que cuando la sirvienta llego temprano con su jofaina de agua tibia lo único que tuvo que hacer fue remojarse la cara con suavidad para quitarse el sueño. Estaba listo para iniciar el día.
—Esa no es mía —dijo al darse la vuelta y ver la prenda que Saeko había escogido para él.
—Es una de las túnicas nuevas, Alteza.
Denki se acercó aun secándose las manos y contemplo la túnica con asombro. Era una pieza muy bonita. Una esplendorosa túnica en color verde; la tela había sido teñida de tal forma que mostraba un degradado sutil que iniciaba en la parte baja con un verde lima clarísimo e iba transformándose lentamente hasta terminar en el borde del cuello con un verde oscuro. Extendida sobre la cama era fácil ver el patrón de hojas que se habían bordado sobre la tela, formaban una enredadera que ascendía lentamente por la parte baja hasta fundirse completamente con los tonos más densos. Y aunque el tipo de bordado parecía simple, entre más lo miraba Denki iba notando las complejidades en cada una de las hojas.
Era un diseño que hacia pensar en el secreto que se esconde tras las cortinas vegetales que crecen en los jardines privados; y sin embargo, el conjunto de verdes, incluidos los bordes de las mangas amplias y el trozo de tela que hacía de cinturón –los cuales eran de la misma tonalidad que la base– combinaban tan bien que el conjunto evocaba la frescura de un prado en primavera. Un atuendo lleno de vitalidad que parecía ser la puerta de algo más.
Además, la tela era preciosa y tan suavecita que cuando Denki la toco no pudo evitar deslizar los dedos sobre ella.
—Es muy bonita, ¿estás segura de que está bien usarla para esta mañana?
—Por supuesto, Alteza. ¿Me permite cepillarle el pelo?
Denki asintió y se sentó en el taburete sin dejar de mirar la túnica mientras Saeko se daba a la tarea de deshacerle la trenza con la que dormía, cepillarle el pelo hasta dejarlo completamente lacio, esponjoso y brillante, para finalmente peinarlo. Para ello separo los mechones de pelo que le enmarcaban la cara y tras ellos hizo una trenza a un costado de su cabeza con la cual termino envolviendo la media coleta alta que le apretaba la cabeza. El resto de su pelo cayó como hilos de oro a su espalda mientras Denki bostezaba.
Finalmente, Saeko añadió uno de los tocados altos que habían sobrevivido a la purga y se lo afianzo al moño con varias horquillas pequeñas. Era una pieza de cristal claro con un marco metálico que lanzaba destellos esmeralda, y los pequeños pendientes de cristal que lo coronaban se agitaban entre sí, haciéndolo tintinear, cada vez que Denki se movía.
Parezco gato, pensó Denki recordándose que debía evitar los movimientos bruscos. Entonces fue el turno de vestirse. Primero la ropa interior, luego la capa interna para mantener todo en su lugar, y finalmente la túnica, cuyo cinturón Saeko afianzo con tanto entusiasmo que Denki se sintió tentado de pedirle que lo dejara respirar. Al terminar, Saeko fue a detenerse frente a él. No dijo nada ni hizo nada, se quedó ahí juntando las manos frente a ella como si orara, mirándolo con una expresión risueña y encantada.
—¿Me veo raro? —pregunto Denki que tenía ganas de inclinarse para rascarse una rodilla. Saeko no le contestó así que supuso que la respuesta era sí. Seguro que parezco una maceta de oficina—. Bueno, creo que tengo tiempo para ir a la biblioteca antes de desayunar, así que búscame cuando sea la hora.
—Lo siento, Alteza, ya es tarde. El guardia Noche ha dicho que él lo acompañara al comedor y ha pedido que lo espere en su habitación.
Denki se abstuvo de rodar los ojos.
—Lo esperare aquí, Saeko, puedes irte.
Ella se marchó con evidente renuencia y Denki espero hasta oír que sus pasos se desvanecían antes de tomar una decisión.
Pedir no es lo mismo que ordenar, se dijo, así que lo siento Noche, pero llegaré al comedor por mi cuenta.
Denki se prendió su cascabel al cinturón como siempre lo hacia y tras asegurarse que no había nadie en el pasillo, salió. Como quería evitar encontrarse con Noche decidió dar un rodeo, así que en lugar de bajar por la ruta de siempre tomo la dirección que lo llevaba a la biblioteca y de ahí seguir hasta el comedor.
El pasillo en el primer piso estaba vacío, lo que significaba que la gente que se hospedaba en esa ala del palacio ya se había ido a desayunar o no tenían intenciones de levantarse para ir a comer. Denki caminaba tranquilamente hacia su destino cuando vio al ratón salir del pasillo adyacente más cercano, tras lo cual corrió a esconderse bajo las largas cortinas que colgaban de la ventana a su derecha.
Lo cual era rarísimo porque era imposible que hubiera ratones en el palacio así que Denki avanzo hasta arrodillarse junto a la cortina, levantó el borde muy lentamente y antes que verlo lo oyó. Un gorgojeo diminuto, uno que le era familiar, por eso no se sorprendió cuando descubrió que el ratón era en realidad un Kaji. Una de las pequeñas salamandras de fuego que vivían bajo los hogares de la ciudad y a las cuales solía tentar con piezas de fruta cuando salía a leer en el jardín de su casa.
Desde que había llegado al palacio no había visto a ninguno pues durante las épocas tibias la mayoría de las salamandras emigraban a los bosques para volver únicamente durante el invierno. Si bien había algunas que se quedaban atrás era rarísimo verlas en los interiores.
—Hey —le dijo extendiendo su mano lentamente con la palma vuelta hacia arriba. Había tenido suficiente contacto con ellas para saber que no debía intentar agarrarlas—, ¿qué haces aquí chiquito?
Le tarareo un sonido delicado y eso hizo que la cabeza del Kaji se inclinara hacia un lado y luego hacia el otro, finalmente se acercó a la mano de Denki y la olfateó con decisión. Para su absoluta sorpresa el Kaji se subió a su mano donde se quedó agitando la cabeza sin parar. Era obvio que el animalito estaba familiarizado con los humanos, así que Denki se levantó y con absoluto deleite empezó a acariciar la cabecita de la criatura con el pulgar de su mano libre. Le encantaba la sensación de las escamas tibias contra su dedo y por la forma como el animalito gorgoteaba era claro que también apreciaba la atención.
—¡Hey! —dijo una voz y Denki se giro a tiempo de ver llegar a un hombre por el mismo pasillo por donde había salido el Kaji.
Al verlo Denki parpadeo porque ese era un hombre extremadamente apuesto. Casi tan alto como Shinsou con una constitución trabajada y atlética, y los pómulos más altos y perfectos que había visto en su vida. Llevaba además el larguísimo pelo rubio sujeto en un moño alto dejando a la vista sus orejas adorables y su cuello masculino. Era, sin lugar a duda, la foto perfecta para una revista de modelaje.
Su porte era majestuoso, recto como el tronco de un roble, con el pecho alto y la barbilla hacia arriba, tan impotente que resultaba indudable que era hijo de algún noble. También vestía como uno. Si bien utilizaba una especie de uniforme militar sin mangas, el cual era de un color rojo tan intenso que contrastaba magníficamente con su piel nívea, el corte y los detalles dejaban en claro que esa cosa había sido hecha a la medida y con mucho cuidado –los complicados grabados en las dos muñequeras largas que envolvían sus brazos como una segunda piel eran una clara muestra de ello–. Y aunque no llevaba un tocado en el pelo como él, portaba un arete largo en la oreja izquierda, una joya cristalina también en color rojo que destellaba al moverse. En pocas palabras, pese a su falta de joyas, su aspecto rezumaba riqueza.
Denki contuvo las ganas de cubrirse los ojos y ofrecer una reverencia. También tuvo que ahogar la sensación de absoluto bochorno que sintió al estar frente a él porque ese hombre era guapo y majestuoso; tenía poder, lo llevaba puesto como un escudo invisible y Denki era tan solo... bueno, él.
—¿Qué carajos estás mirando? —dijo el hombre tras una larguísima pausa. La pausa en la que Denki lo había mirado con sorpresa, admiración y repentino terror. Una pausa en la que ninguno de los dos había dicho nada.
En cualquier otra circunstancia su respuesta habría sido un balbuceo repentino, una excusa, una disculpa tal vez, pero este era un chico guapo –extremadamente guapo– y Denki había trabajado en bares durante muchísimos años lidiando con chicos guapos y absolutamente insoportables que no entendían las indirectas. Su lengua había aprendido a responder antes de que su cerebro alcanzara a considerar las consecuencias.
—Gracias por abrir la boca —dijo—. Me ha bastado oírte para entender que, aunque seas extremadamente guapo, en realidad eres como cualquier otro.
Era ciertamente agradable que el rudo –aunque guapo– hombre se mostrara repentinamente apabullado por su réplica. Su parpadeo incrédulo y la forma como tensó su boca provocó que Denki sintiera un ramalazo de placer que se esfumo tan rápido como llegó. Yo y mi boca, pensó con ira antes de moverse. Se marchó llevándose al Kaji que dormitaba entre sus manos e ignoró el grito de 'Hey' que oyó a su espalda, incluso apuró el paso esperando que el hombre se olvidara de él apenas lo perdiera de vista. Tenía la intención de dejar al Kaji en el jardín junto a la biblioteca antes de irse a desayunar y con suerte evitar cualquier otro desastre por culpa de los nervios.
—¡Hey! —repitió la voz detrás de él y Denki se giró sin dejar de avanzar. Su espanto creció al ver que el hombre guapo iba detrás de él.
¡Vete!
Devolvió su mirada al frente justo a tiempo, porque alcanzó a detenerse antes de estrellarse con la persona que iba saliendo de la biblioteca. Trastabilló, se enderezó y tuvo que alzar la vista para encontrarse con el hombre guapo frente al que se había avergonzado apenas un día antes.
—¿Estás bien? —pregunto el tipo.
¡NO!
—¡Hey! —repitió la voz detrás de él a lo que Denki rechino los dientes y se giró.
—¡¿Qué?!
—Eso es mío —respondió el otro, extendió una mano y tronó los dedos mientras emitía un silbido bajo. Con eso la salamandra que Denki tenía en las manos se desperezó, gorgojeo feliz y de un salto cubrió la distancia que los separaba. El animalito subió por el brazo extendido hasta llegar al hombro del extraño donde emitió otro gorgojeo.
¿Suyo?, pensó Denki que no se imaginaba a alguien llevando a los Kaji como si fueran mascotas.
—¿Quién es este? —pregunto el guapo hombre rubio.
—Se encarga de la biblioteca —respondió el guapo hombre de pelo bicolor—. ¿Qué haces aquí?
—Podría preguntarte lo mismo, nishiki.
Ambos parecían conocerse, pero Denki ignoró su conversación fascinado como estaba con el pequeño Kaji que se había acurrucado en el espacio que había entre el cuello del hombre rubio y su uniforme. Es su mascota, se dijo y eso prendió el foco en su cabeza. Solo había una persona en todo el mundo que llevaba un Kaji a todos lados.
¡NO! ¿qué carajos estás haciendo tú aquí?
Porque ahí frente a él se encontraba Katsuki Bakugou, Príncipe Heredero del Reino de Ka.
<¡Felicidades!> coreó el Sistema, tan oportuno como siempre aunque Denki lo ignoró, sus ojos fijos en los otros dos.
¿Qué ha dicho?
<Identificación exitosa>
¿Ha dicho nishiki?
<Subtrama opcional disponible>
Y entonces la realidad golpeó a Denki como si fuera un mazo contundente.
<¿El Príncipe está listo para escuchar los detalles?>
Nishiki era el apodo burlón que Bakugou utilizaba durante toda la novela para referirse a uno de sus rivales en la Academia, uno al que odiaba tanto como al Protagonista: Sho, el chico callado que no tenía a nadie. Solo el Protagonista sabía que en realidad ese era Shouto Todoroki, Tercer Príncipe del Reino de Ame.
<¡Felicidades!> coreó el Sistema por segunda vez.
Joder, pensó Denki dándose la vuelta con el espanto en el cuerpo.
<Identificación exitosa> continuó el Sistema.
—¡Espera! —dijo alguien
¡¿Qué están haciendo aquí?!
<Segunda subtrama opcional disponible> continuó el Sistema
—¡Hola! —fue la voz que se materializó en algún punto frente a él, un borrón con un uniforme tan rojo como su pelo.
<¿El Príncipe está listo para escuchar los detalles?>
<¡No!> gruñó Denki alejándose a toda velocidad deseando en voz alta que todo el mundo cerrara la boca para pensar.
[NA]
Bueno, Denki se mete en líos sin esfuerzo alguno. Nos vemos la semana que viene.
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