Titulo Alternativo: Una petición titulada: "Otro año para Denki"
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Tras un estudio meticuloso sobre las festividades, Denki había aprendido que el Año Nuevo había iniciado como una forma de despedir al invierno y dar la bienvenida a la primavera. Para entonces casi toda la nieve ya se había derretido y los restos que se negaban a marcharse terminaban convertidos en charcos de lodo negro.
Al parecer, era costumbre que el último día del año las familias lo dedicaran a una limpieza exhaustiva y a la preparación de la cena. Sin saberlo, Denki había adelantado la limpieza de su hogar y por eso había decidido darles a sus sirvientes el día libre.
Esa mañana se levantó temprano, se vistió con su ropa cómoda y salió de su cuarto para abrir las puertas que conducían al jardín. Ya no quedaban rastros de nieve, las ramas desnudas del árbol empezaban a mostrar sus pequeños brotes y el pasto café comenzaba a revivir. Denki extendió los brazos hacia el cielo que comenzaba a clarear y aspiro con fuerza.
Me encanta el olor de las mañanas.
—Buenos días, Alteza
—Buenos días, Fantasma —respondió él girándose para recibir a su Sombra— es el último día del año.
—Así es, Alteza.
—Pues será mejor empezarlo, ¿puedes buscar a los otros y decirles que vengan?
—Como ordene, Alteza.
Fantasma se marchó y Denki volvió a su habitación dando saltitos de alegría. Se sentía energético y feliz, independientemente de que aún le doliera el cuerpo de tanta práctica de baile. Kokane había sido generosa en darle un par de días libres para celebrar el final del año, aunque él tenía pensado dedicarle un par de horas a seguir practicando.
Las tres sirvientas y el mayordomo solicitaron permiso para entrar y al recibirlo se alinearon cerca de la entrada. Denki los miro uno a uno sin perder su sonrisa.
Le había costado trabajo enterarse de sus nombres porque no estaba seguro de si el Tercer Príncipe los conocía, había requerido tiempo averiguar sobre la vida de cada uno: Mizushima y Sayu eran una pareja joven que soñaban con casarse. La familia de Toka vivía a las afueras de la Ciudad Imperial y ella trabaja incansablemente para enviar dinero a su madre que estaba enferma y tenía que mantener a tres hijos. Ina era la más seria y tranquila de todos, no tenía familia más que un tío que vivía en la frontera y que solía escribirle ocasionalmente.
Cada uno de ellos trabajaba con mucho ánimo para hacer la vida de Denki más cómoda, y él quería agradecérselos.
—Pues este es el último día del año —dijo Denki con las manos quietas frente a él— ha sido un año raro, con muchos cambios y nuevas rutinas, pero me alegra saber que cada uno de ustedes se adaptó perfectamente. Ha sido para mí una alegría tenerlos conmigo.
—Es nuestro placer, Alteza —respondieron ellos al unísono y Denki se sintió feliz.
—Aún habrá más cambios, pero espero que podamos adaptarnos a ellos.
—Por supuesto, Alteza —repitieron cuatro voces simultáneamente
—En ese caso será mejor decirlas ahora. Debido a mi enfermedad el palacio decidió mantener un mínimo de personal para mi cuidado, haciendo que ustedes tuvieran que trabajar más por la misma paga, pero a partir de hoy cada uno recibirá un aumento en proporción a las labores que han estado desempeñando hasta el momento. También les daré un día libre a la semana para que hagan lo que quieran además de un periodo de vacaciones del que pueden disponer cuando quieran. Sé que no podemos dejar la casa vacía así que vamos a organizarnos para que cada uno pueda disponer de sus días libres de manera responsable.
Los sirvientes lo miraron con la boca abierta y Denki tuvo que hacer esfuerzos para no reírse.
—Sé que Sayu y Mizushima han pensado en casarse y me sorprende que no me hubieran pedido permiso antes porque lo tienen —la idea de que los sirvientes tenían que contar con el permiso de su señor para casarse era una de las costumbres de ese mundo que Denki aborrecía, pero sabía que era inútil tratar de disuadir a sus sirvientes de ignorarla— si después de la boda deciden vivir aquí podemos arreglar sus dependencias para que puedan tener un hogar, o en caso de que quieran adquirir una casa en el pueblo también lo podemos organizar y ustedes tendrían permiso para ir y venir cada día.
—Alteza —murmuró Sayu con expresión de asombro
—Lo mismo va para Toka e Ina, si en algún momento deciden casarse.
—Alteza —dijo Toka con voz temblorosa.
—El siguiente cambio que vamos a hacer es tratar de mantener nuestro salón de invitados limpio y a punto por si recibimos visitas. Una vez que la corte del Emperador vuelva quiero poder recibirlos sin tener que anunciarlo. También pretendo salir con frecuencia, así que me gustaría que el palanquín y todos sus accesorios estén listos cuando los pida, a veces no los ocupare y no quiero alborotos por eso. Quiero que las puertas del jardín se abran todos los días, y me interesa plantar algunos capullos cuando sea temporada para que tengamos una bonita vista con flores durante el verano; podemos discutir eso después, desde este momento y hasta dentro de tres días ustedes se encuentran oficialmente en tiempo libre.
—¡Alteza! —dijo Toka como si la idea fuera espantosa
—No los estoy corriendo, simplemente los estoy liberando de sus obligaciones por este periodo. Nada de preocuparse por mi comida, mi medicina, o la limpieza. Pueden bajar al pueblo a pasear, visitar a su familia o ir a donde les plaza. Si Ina quiere ir a ver a su tío puede pedirlo ahora porque sé que es un viaje largo.
Pero Ina sacudió la cabeza con expresión aturdida.
—¿Estás segura de que no quieres ir a verlo? —pregunto Denki con suavidad
—No —dijo ella y al darse cuenta de su tono duro suavizó su expresión y empezó a sacudir la cabeza con calma— quiero decir, mi tío es dueño de una taberna, si voy querrá ponerme a trabajar. Tal vez pueda ir después, pero no por ahora.
—Bueno, es decisión de cada uno y si cambias de opinión solo tienes que pedirlo. Ahora, vayamos con los regalos.
Avanzó hasta ellos y le extendió a cada uno un trozo de papel escrito con su puño y letra y marcado con su sello personal.
—Toka quería un vestido nuevo así que cada uno recibe un conjunto de ropa nueva, pero no quiero equivocarme con las medidas tienen que ir a la sastrería y entregar mi sello. El encargado podrá adaptar la ropa al tamaño de cada uno y después las enviará aquí.
Denki volvió al inicio de la fila y volvió a entregarles otro trozo de papel.
—Sayu quería una colcha así que hice un pedido para cada uno, están esperando que vayan a recogerlos.
Volvió al inicio de la fila por tercera vez para entregar la última de las papeletas.
—Ina quería un adorno para el pelo y Mizushima unas botas, así que les entrego una pequeña cantidad de oro para que puedan comprarse los adornos de pelo que quieran, o lo que necesiten. Es suyo para que lo gasten como deseen, esto es además de su salario, por supuesto.
Los cuatro sirvientes lo miraron con iguales expresiones de sorpresa y shock, pero Denki se dio la vuelta y miro a Fantasma.
—No te he dado papeletas a ti porque sé que no vas a cambiarlas.
—No necesita darme nada, Alteza.
—Eso es decisión mía, y como sabía que ibas a decirme eso te he mandado a confeccionar otro set de ropa, unas botas nuevas, otra espada y una daga, todo eso está guardado en uno de los cuartos de huéspedes donde Aizawa lo puso después de traerlo. Tu tarea será recogerlo y guardarlo en tu habitación; y tienes prohibido quejarte, rechazarlo o devolverlo... También te doy esto.
Extendió la mano sobre la que se exhibía un broche de oro en forma de rayo.
—Se supone que es costumbre que un Protegido ofrezca un detalle a su Sombra el día que finalmente se une a su casa —eso Denki lo había tenido que aprender ojeando en libros después de oír el tema en las barracas de los soldados—no tuve cabeza para pensar en eso mientras estaba enfermo así que no lo hice cuando debía, pero ahora te lo doy.
Sin decir más dio un paso al frente y le prendió el broche en la pechera de la túnica, donde resaltó como una gota de luz en contraste con el fondo negro.
—Se ve bien —dijo Denki, sonrió y le dedico una expresión radiante al resto— ¿y qué esperamos? Es día libre, ¡hay que salir!
—¡Espere, Alteza! —dijo Toka dando un paso hacia él.
—¿Qué pasa?
Ella miro al resto y tras un acuerdo silencioso se volvió hacia Denki y sonrió, un gesto trémulo lleno de respeto.
—Nosotros también le tenemos un regalo.
Denki parpadeó y las mujeres aprovecharon su silencio para salir corriendo con Mizushima detrás, solo se quedaron ellos, entonces Denki oyó la voz del sistema dentro de su cabeza.
< Atributo Especial Desbloqueado: Respeto. Barra de Relevancia actualizada>
<¿Qué? ¿Significa eso que ahora puedes decirme como aumentar mis puntos de Relevancia?>
<Para conseguir Relevancia un personaje debe tener profundidad, carácter y sentido. Profundidad: Creencias, moral, y valores. Carácter: Voluntad, personalidad y decisión. Sentido: Objetivos, impulso y futuro>
<¿Qué otros Atributos Especiales Existen?>
Pero el sistema volvió a quedarse callado. Denki estaba listo para insistir cuando por el rabillo del ojo vio a Fantasma y se dio cuenta que el muchacho miraba el broche en la pechera de su túnica casi sin parpadear. Los largos dedos de su mano acariciaban el borde en un gesto titubeante.
—¿No te gusta? —pregunto Denki inclinando la cabeza.
Fantasma lo miró, su expresión parecía indescifrable pero la emoción que inundaba sus ojos era sin duda algo parecido al deleite; saber que un detalle tan pequeño lo hacía feliz, hizo que el interior de Denki se llenara de una emoción densa y cálida que se expandía con lentitud.
La sonrisa de Denki creció mientras extendía la mano para palmear el broche. En su vida anterior solía ser muy táctil con sus amigos, pero en este mundo su posición como príncipe le impedía acercarse a las personas por temor a dar la impresión incorrecta, y la única excepción era Fantasma, que había perdido la costumbre de ir a pararse a la pared y que incluso había empezado a perder su aire de severidad y silencio.
—Me alegra como quedo —le dijo— no estaba seguro del diseño así que le pedí ayuda a Aizawa.
—Lo portare con orgullo, Alteza.
—¿Hay alguna forma de hacer que dejes de decir Alteza en cada frase? Es halagador, pero cansadísimo especialmente cuando lo tengo que oír en todos lados.
—Lamento oír eso, Príncipe.
—Eso es aún peor, pero ya que estamos hablando de nombres, ¿sería malo si empezara a llamarte Shinsou? Después de todo es el nombre que tus amigos en las barracas dicen cuando te hablan.
Denki se sorprendió cuando Fantasma perdió su aire relajado y la expresión en su cara se agravó.
—Les diré que paren.
—No, claro que no; no me refería a eso. Solo te pregunto si prefieres que te diga Shinsou en lugar de Fantasma.
—Como usted desee, Alteza.
Y volvemos con 'alteza' pensó Denki rodando sus ojos mentalmente.
—¿Está mal que te llame Shinsou?
—No, Alteza —pero aun negándolo Fantasma seguía pareciendo un poste rígido.
Denki suspiró, pero antes de que pudiera añadir nada las sirvientas volvieron y entre las tres extendieron una cobija de color blanco. No era vistosa ni excesivamente llamativa, pero estaba hecha de una tela buena y gruesa con pequeños patrones geométricos bordados en las orillas. Era obvio que ellas la habían hecho escogiendo sin duda la tela más cara que habían podido encontrar. La habían hecho para él ocupando tiempo de su descanso porque en ningún momento Denki recordaba haberlas visto descuidar sus labores diarias.
—No es... —empezó a decir Toka pero Denki la cortó adelantándose hasta deslizar sus dedos por el borde notando la suavidad de la tela y la delicadeza de los bordados.
—Es preciosa —dijo—. Gracias.
—Alteza —interrumpió Mizushima dando un paso al frente y extendiendo hacia él un paquetito de papel. Al desdoblar el papel, Denki encontró un pasador para el pelo; era pequeñito y discreto, pero indudablemente elegante. Un pasador que él había comprado con su propio dinero.
—Gracias —repitió Denki con la voz ahogada, entonces tosió, sonrió y dijo— bueno, pero que estamos esperando, ¡es día libre!, vamos, vamos, ¡vamos!
Las sirvientas se rieron, se despidieron apresuradamente y salieron a trompicones. Mizushima se inclinó respetuosamente antes de seguirlas.
—Ve a recoger tus cosas, Fantasma —dijo Denki llevando la cobija doblada hacia su cama con el broche del pelo encima.
Una vez que estuvo solo Denki observó los regalos en silencio.
La última vez alguien le había regalado algo había sido su madre, el día que cumplía quince años, el año antes de que muriera. Su regalo había sido una simple tacita de gelatina, que era lo único que podían permitirse entonces estando en la cama del hospital.
"No es mucho" había dicho ella con una expresión de afecto y dolor.
"Pero qué dices, es justo lo que quería" había dicho él antes de abrirla.
Había compartido la gelatina con ella y ese había sido el último recuerdo feliz de su estancia en el hospital. Por ese tiempo había empezado a faltar a la escuela así que no había recibido felicitaciones ni regalos de parte de sus amigos, poco después había abandonado por completo y no había vuelto a participar en ninguna celebración. De hecho, cuando volvió a tener amigos dejo de tener tiempo para salir con ellos.
—Alteza.
Denki se traga el nudo en la garganta y parpadea con fuerza, entonces mira a Fantasma.
—No me creo que hayas terminado de recoger tus cosas —dijo en broma.
—Todavía no empiezo, Alteza, pero antes quería darle esto.
Su regalo venía en una cajita de madera elegante. Dentro, Denki encontró un cascabel de plata pequeñito adornado con hijos de color rojo sangre. Era una preciosa delicadeza que pese a su aparente sencillez reflejaba su coste.
El nudo en su garganta volvió con fuerza.
—No es mucho —dijo Fantasma— pero... ¡Alteza!
Con la cajita entre sus manos, Denki cerró los ojos y se permitió llorar. Por su madre, por su vida, por todo lo que había perdido y las cosas que no se había permitido disfrutar. Por todos los regalos que su madre no pudo darle y los regalos que él ya no pudo compartir con ella.
—Lo siento, Alteza —dijo Fantasma cuando el llanto de Denki remitió, se había quedado inmóvil con la espalda tensa y una expresión miserable— debí escoger algo mejor.
La declaración lo hizo reír.
—Tu regalo es perfecto, Fantasma, gracias. Lo llevaré conmigo siempre —y para remarcar sus palabras, tomó el cascabel y uso el broche para colgarlo a su cinturón—. Listo, ¿ves? Es perfecto.
Le sonrió pese a sus ojos húmedos y a su nariz congestionada. Le sonrió tratando de hacerle entender que se sentía feliz y que su llanto no era de miseria.
Fantasma se limitó a mirarlo con una expresión indescifrable, entonces hizo algo rarísimo: Puso una rodilla en el suelo mientras apoyaba la mano izquierda sobre la otra. Entonces apoyó la mano derecha sobre el broche y dijo:
—Reafirmo mi juramento, Alteza. Le entrego mi honor, mi nombre y mi vida. Seré su Sombra y su Escudo. Su leal vasallo. De aquí hasta mi muerte.
En ese momento oyó el tintineo de las monedas que caen lo que significaba que alguna de sus barras había subido, pero Denki no prestó atención porque acaba de registrar las últimas palabras de Fantasma. No pudo evitar escandalizarse al oír lo de la muerte, dejo la cajita en la cama y dio un paso hasta sujetar el codo de Fantasma para levantarlo.
—No termines esa clase de juramentos diciendo que estás dispuesto a morir por mí —apretó el codo que tenía en la mano sin dejar de mirarlo a los ojos— ¿qué pasa después, eh? Te mueres y entonces quién me protege. ¿Te das cuenta? Estás diciendo que me dejarás solo. No. Absolutamente no. Te prohíbo que te mueras. Te prohíbo que te sacrifiques.
—Para mí es un honor morir en su lugar, Alteza.
—Esos son tonterías, ahora escúchame bien. Si no me dices aquí y ahora que no vas a cometer un estúpido sacrificio por mí bien voy a ir directo con Aizawa a pedirle otro Sombra que no tenga telarañas en la cabeza.
—Alteza...
—Ya estoy yendo.
—Pero, Alteza...
—Ya fui.
Se dio la vuelta y fue el turno de Fantasma para sujetarlo por el codo. No dijo lo que Denki quería oír.
—Yo soy Fantasma, soy su Sombra. No habrá nadie más.
—Entonces evita morirte —respondió Denki con calma— ahora, me has dato tu nombre. Lo oí. Significa que puedo escoger. Y de ahora en adelante te diré Shinsou.
Shinsou lo miró con curiosidad, una expresión que Denki veía ocasionalmente como si su Sombra no supiera como tratarlo. Entonces Shinsou hizo otra cosa rara, muy suavecito casi como si fuera un secreto dijo:
—Lo que haya sido ya no es.
Denki no consiguió recordar dónde había oído eso antes, pero en lugar de ponerse a pensar asintió, sonrió y le palmeo la mano a Shinsou.
—Que no te asusten los cambios, Shinsou. Ahora vamos, se acaba el día y quiero ir a visitar a Aizawa antes de que se acabe el año.
Se soltó y avanzó con resolución hacia la salida, con cada paso que daba el cascabel en su cintura tintineaba.
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