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[Capítulo HunHan]

Eran cerca de las dos de la madrugada y Lu Han seguía leyendo y buscando cosas acerca de demonios desde hacía unas tres horas. Por suerte tenía un lugar en su casa para poder leer tranquilo, algo así como su biblioteca privada. Sus padres no solían estar mucho en casa por lo que se sentía más tranquilo. Ninguno de ellos sabía sobre lo que su hijo podía hacer, pero sí sobre la fallecida abuela.

Mientras Lu Han leía, Se Hun estaba a su lado anotando todo lo que le decía. Se veía muy centrado e interesado por el asunto, era algo nuevo para él. Le parecía todo una locura, sobre todo porque ahora creía en cosas que nunca se había imaginado creer.

El bolígrafo que sostenía en su mano se desplazaba con rapidez sobre la hoja, no quería que se le escapara nada. Tenía varias cosas anotadas según él, pero para Lu Han eran pocas.
El castaño se veía un poco frustrado ya que no creía tener la información necesaria. La situación era muy compleja y, si no lograba hallar lo que debía, podía estar seguro de que el plan se iría a la mierda.


—No logro encontrar nada que sirva—dejó otro libro apilado sobre los demás y recostó su cabeza en la mesa—¿Cómo se supone que lo atraparemos? No es nada fácil, si esto sale mal nos va a matar a todos.


Se Hun arrugó su frente intentado encontrar un modo de solucionar ese gran problema.

Llevar a cabo la expulsión de un demonio del cuerpo humano, según lo que Lu Han leyó, no era lo más complicado. Pero debía tener información acerca de lo que ese ser diabólico era, mucho más allá de ser calificado como demonio. Se veía que era fuerte, muy poderoso.

Quedando unos pocos libros sobre la mesa, Lu Han les dio un pequeño vistazo. Se Hun mientras, seguía pensando.


—Sedante—dijo después de cinco minutos. Miró a Lu Han con una sonrisa de satisfacción.


—¿Qué estás diciendo?


—Mi madre trabaja en un laboratorio. Podría conseguir algo de eso.


Lu Han, por un momento, quiso negarse a ello. No era una mala idea, pero sí era un riesgo. A pesar de que con su presencia Yoon Gi se debilitaría, no podía fiarse del todo. Además, debía mantener a salvo a Se Hun. Si le llegaba a pasar algo no podría perdonárselo. 


—¿Y cómo conseguirás eso? Te vas a meter en problemas.


Se Hun se acercó al castaño y lo rodeó con un brazo por sus hombros. Su rostro se mantuvo con una pequeña sonrisa, creía poder salirse con la suya sin ningún problema.


—No te preocupes, aunque no lo creas soy muy precavido —mientras decía esto, apoyó su barbilla sobre el hombro de Lu Han—, ya he hecho este tipo de cosas y nunca me descubrieron.


El cuerpo del castaño se tensó; tener a Se Hun tan cerca de su rostro, sintiendo su aliento y escuchando su voz casi susurrándole, era algo que nunca se imaginó que sucedería. Para Lu Han, el otro siempre le pareció un chico serio, distante y muy frío. Que estuviera siendo, de alguna manera, algo cálido con él, lo ponía ansioso.

La mirada tímida de Lu Han fue en busca de la otra. Ambas se mantuvieron fijas, pero con lo que parecía ser diferentes emociones. Las ganas del castaño por poder tocar aquellos labios que tanto deseó lo volvían loco. Los segundos pasaban y no podía alejarse de él. La oportunidad estaba ahí, para aprovecharla.

Lu Han cerró los ojos y, queriendo esperar a que Se Hun hiciera algo, se quedó en esa posición por un momento, el cual le pareció eterno.


—Lu Han, ¿estás bien?—la voz de Se Hun le dio la señal de que nada ocurriría. Por ello, abrió sus ojos y giró su rostro lentamente para volver a la lectura.


—Sí, sólo pensaba...


Después de eso, el ambiente dentro de ese cuarto se volvió silencioso. Lu Han leyó otro par de libros más mientras que Se Hun, rendido por el sueño, se quedó dormido en el sillón.

El sol se asomaba entre las grises nubes que acechaban con una próxima tormenta. Eran las seis y media de la mañana y el primero que abrió los ojos y se desperezó fue Se Hun.

El rubio observó a su alrededor y se fijó en la hora. Se levantó y se estiró debido a la mala postura en la que durmió en ese sillón. Después de un largo bostezo, caminó hacia Lu Han. Éste se había quedado dormido con la cabeza apoyada sobre el libro. Su rostro se veía impecable y con un aura angelical que removió los pensamientos en la cabeza de Se Hun. Pasó una mano por sus cabellos castaños y trató de despertarlo.

Lu Han se veía profundamente dormido, por lo que despertarlo no iba a ser tan fácil. Pero a pesar de eso, Se Hun notó que los labios del chico se habían curvado hacia arriba. Se imaginó que estaría soñando y se arrepintió de querer levantarlo.


—Se Hun...—lo escuchó decir en voz baja y algo ronca.


El otro levantó las cejas y apartó su mano de los suaves cabellos castaños. Dio la vuelta para tomar su chaqueta y colocársela.


—Debo irme—le habló, sabiendo que había despertado.


—No, no te vayas —Lu Han frotó con fuerza sus ojos y se levantó de la silla. Corrió hacia Se Hun y lo agarró del brazo—Es peligroso que estés solo, Yoon Gi intentará matarte.


Se Hun chasqueó su lengua fastidiado. Tenía razón, debía cuidarse de aquel demonio y Lu Han eran su única protección. Pero aun siendo así, se sentía algo mal porque el otro tuviese que estar al pendiente de él todo el rato.


—Lo sé, pero...


—Nada de peros, no puedo dejarte solo.


Por nada del mundo Lu Han dejaría a Se Hun en campo peligroso; el lobo estaba al pendiente de la oveja y si se descuidaba, acabaría siendo comida.

Aparte de eso, ir a clase ese día no le entusiasmaba a ninguno de los dos, pero debían hablar con Ji Min y contarle sobre lo poco que habían encontrado y anotado. Lu Han, en sus otras lecturas logró hallar algo interesante sobre demonios: una lista de todos ellos.

Escribió los nombres de todos éstos y fue descartando algunos. No le fue nada fácil, y saber que había varios lo volvió un poco loco. Necesitaba hablar con Ji Min y preguntarle ciertas cosas para descubrir quién era realmente aquel ser demoníaco.


—¿Lograste encontrar algo más?—preguntó Se Hun interesado.


—Sí, el último de los libros tenía lo que buscaba.


—No puedo creer que leyeras tanta cantidad en tan pocas horas—la expresión en el rostro de Se Hun era de pura admiración y asombro.


—No los leí por completo, sólo busqué en los capítulos que me parecían tener más relación con todo.


Las mejillas del castaño se sonrojaron levemente. No iba a negar que le encantaba cuando Se Hun se veía sorprendido por la forma en la que hacía las cosas. Parecía ser un admirador. Y como el rubio se sorprendía de él, también Lu Han lo hacía al ver lo diferente que era cuando no estaba metiéndose con alguien. En el fondo no era para nada ese matón que golpeaba e insultaba. Nunca comprendió por qué ese chico actuaba de esa forma. La primera vez que lo conoció se presentó ante sus ojos como alguien tímido, un tanto distante, pero se podía mantener una conversación con él de lo más banal. Siempre creyó que sólo aparentaba ser una mala persona, simplemente para imponer miedo. Y eso debía de venir por parte de su padre. El señor Oh nunca la cayó muy bien; tenía una particular forma de tratar a las personas, de hablarles despectivamente como si fueran sus subordinados, por ello Lu Han prefería evitarlo cada vez que iba a casa del chico.

Alguna vez tuvo la gran curiosidad por preguntarle acerca del hombre que lo crió, de por qué era un tipo tan malhumorado o por qué trataba a los demás como basura. Nunca logró preguntarle y sacarse sus dudas. Se Hun siempre hablaba de que su padre era un hombre exitoso, un gran empresario, pero nunca hablaba más allá de lo profesional. Y todos a su alrededor creían que era un hombre al cual se debía respetar.


—Siempre te admiré—dijo Se Hun de repente, posando una mano sobre el hombro del castaño—.Eres una buena persona, Lu Han—sonrió triste—Nunca entendí por qué quisiste formar parte de todas las cosa que hice junto a Kris. Todas esas cosas malas...


—Eso suena a arrepentimiento—Lu Han sintió esas palabras totalmente sinceras. Estaba en lo cierto en creer que Se Hun no había escogido ser quien era por su propio medio, quizás su padre le había metido cosas en la cabeza.


—¿De verdad?—el otro asintió—Bueno, quizás lo esté.


Los minutos pasaban y el sonido de la aguja del reloj moviéndose era lo único que se escuchaba mientras mantenían silencio. Se Hun se sentó en el sillón y se apoyó con los codos sobre sus rodillas, soltando aire por su boca.


—¿Y por qué lo haces?— Lu Han se sentó a su lado, esperando escuchar a que hablara con él.


— Mi padre me dijo que si quería tener éxito en la vida, debía ser alguien como él—comenzó a hablar, mirando hacia un punto fijo en el suelo—, imponer poder, miedo y dejar que los otros se vean humillados y atemorizados cada vez que el apellido Oh se escuche. Le creí e hice todo eso reflejándolo en la violencia. Y era cierto, todos me temen en la escuela, nadie se atreve a decirme una sola palabra que llegue a molestarme... Pero ya no lo veo así, desde que pasé estos pocos días contigo Lu Han.


—Es bueno que te des cuenta de eso—el castaño lo miró fijamente y le sonrió, a pesar de que él no lo estaba mirando a la cara—En realidad nunca creí que tu verdadero "yo" fuera así.


—Así que crees que me veía como un flojo aun mostrando esa faceta tan agresiva, ¿eh?


Se Hun rio y miró a su compañero; incluso él mismo sabía que era bastante blando y que, si su padre nunca le hubiese metido esas ideas en la cabeza, sería un alumno ejemplar y trabajador, amado por todos, no temido.


—No, no eres un flojo, simplemente escuchaste e hiciste caso de las palabras equivocadas.


—Eres un sabelotodo, Lu Han— volvió a reír y lo rodeó nuevamente con un brazo—.Me agrada que seas mi amigo, pero...¿Podrías contestar a mi pregunta?


Aquellos ojos lo miraron nervioso. No podía decirle la verdad, algo le decía que no era el momento para confesar lo mucho que le gustaba hacía un tiempo. No quería perder a Se Hun tan rápido porque no tenía idea de su reacción y no quería que fuera negativa. Si llegaba a serlo, aquel chico no querría saber nada más de él, se alejaría y por lo tanto estaría presentándose como la segunda oportunidad de Yoon Gi para ser asesinado. No, definitivamente no era el momento.


—Porque sabía que no eras mala persona—sólo le respondió aquello y, seguido, se levantó apresurado y empezó a guardar sus libros para clase—Date prisa, desayunemos y vayamos a la escuela.



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