No parece una cárcel.
No, de verdad que no.
Van a paso acelerado a la enfermería.
No es paso acelerado. No lo es básicamente por que no es ni paso.
Lance tiene sus brazos alrededor del cuello del asiático.
Muerde su labio y lame estos. Sólo consigue con eso robarle más cordura al asiático y un dulce y morboso gruñido.
Lance termina entrando en uno de esos habitáculos. Su culo choca contra la camilla.
El asiático sólo puede clavar sus dedos en los huecos que crean sus pómulos.
El cubano jadea entre beso y beso.
Sabía que podría encenderlo.
Lo sabía.
Le tiene calado.
Le tiene.... le tiene calentito.
Le tiene delante suya, con sus piernas pegadas en las ajenas.
Lance sólo puede separarse a coger aire y auparse en la camilla. Coge de la chaqueta a Keith y le acerca a su boca. No le besa. No le da ese privilegio. No ahora...
-Mándame...
-¿Qué?... -susurra el coreano despertando del trance en el que ha caído por los besos del cubano.
-Mándame... -susurra mientras coge su mentón con sus dedos. Ladea su rostro y besa al asiático con lentitud.
El asiático sólo puede cerrar sus ojos y apoyar sus manos en la camilla. El cubano sonríe y con esa misma malicia que le caracteriza, lame sus labios e introduce muy lenta y tranquilamente su lengua en su boca.
Keith suelta un ronroneo que eriza la piel a Lance.
No le queda otra.
Separa de nuevo sus labios y baja sus manos al pantalón de Keith.
-Eh eh... donde vas... -susurra el asiático.
-Lo sabes de sobra... -murmura contra su boca. Keith niega.
-No no... Lance... - el cubano sonríe y peina el cabello de Keith. Sus manos frenan allí abajo. El castaño deja una risa joven y tonta en su boca. Mira los labios del coreano y sonríe. Keith tiene el ceño fruncido. -De que te ríes...
-Nada... -murmura. Acerca su rostro al suyo de nuevo.
Rodea con sus piernas su cintura. No va a escapar de él.
No piensa permitirlo.
Ladea su rostro y echa hacia atrás su cuerpo. Keith le sigue con el mismo. Acaba colocado entre sus piernas.
Unas manos bailan en la curva de unos muslos.
Son las de Keith.
Eso le pone a Lance aún más.
Lame por trigésima vez sus labios y mira sus ojos.
-Abre... abrelas... -susurra Keith. El cubano muerte su labio. Las abre ligeramente para que tenga mayor espacio en ellas.
-Si, daddy... -susurra Lance en su oido.
Y allá va su poca cordura.
Es en una camilla donde la ropa empieza a sobrar.
Es en una camilla de enfermería donde Keith termina agarrando la cintura de un chico de piel canela.
Es en una simple camilla con papel deshechable donde Lance se abraza al cuello de Keith entre gemidos y sudor.
El collar de Lance se ha adherido a la piel de su pecho, igual que su cabello a la de su frente.
Keith se mueve dentro de él como si hubiera nacido para ello. Se mueve con rapidez y a la vez lentitud.
Con fuerza y con cuidado.
Con rabia y con ganas.
Incluso tal vez con curiosidad.
Lance no aguanta más sentado ahí. Abrazando al coreano, se echa hacia atrás y deja que su espalda choque contra la camilla. Sigue comiendo su nombre.
Le gusta como suena. Es sexy. Muy sexy.
¿Que a quién le gusta y le suena sexy? A ambos, que más da.
Lance clava sus uñas y agudiza la voz al sentir como toca cierto puntito. Mierda.
Le va a volver loco.
-No grites... -jadea el asiático. Lance alza su cabeza y muerde su labio.
Y es en un arrebato erótico y a la vez un poco desesperado cuando Keith coloca la palma de su mano en la boca de Lance.
Y eso les enciende a ambos aún más.
Tal vez Keith tarda en explorar la sexualidad pero... y qué. No tiene prisa.
Acaban el orgasmo entre papel y la ropa de ambos.
Tener que salir de allí es lo peor.
Keith simplemente no puede mirarle a la cara.
Lance sólo puede sonreír victorioso.
Dirige sus ojos al asiático.
-Oye, vamos, no muerdo... -dice en una risa dulce. Keith mira al cubano y frunce el ceño.
-Tienes que volver a la celda... es tarde... - el cubano sonríe y empieza a vestirse. Keith no puede ni mirarle. Frunce el ceño y mira el suelo.
La ha cagado.
Lance se presenta delante suya.
Con la sonrisa que le caracteriza, coge el rostro de Keith y planta un beso.
-No ha estado nada mal... -murmura.
-Ha sido un error...
-Ya ya... -murmura cerca de su boca. -Pues vaya errores más buenos cometes tú... -susurra sonriendo. Keith sólo puede desviar la mirada. -Acompañame a la celda... -dice acariciando sus brazos.
No puede evitar caer a sus encantos.
Va detrás suya, mirando a su alrededor.
¿Huele a sexo? Reza por qué la respuesta sea no.
¿Tiene cara de orgasmo? Porque ha llegado a él y no quiere que se entere nadie. Sólo Lance... y por que ha sido con él con quien lo ha tenido.
Llegan a la celda 112 - V.
Lance entra en silencio con una ligera mueca adolorida. Más teatro.
Gira su rostro y sonríe al coreano.
-¿No podemos volver mañana a enfermería? -susurra con una sonrisa. Keith frunce el ceño. -Necesito que me examinen más... -susurra con una sonrisa.
Keith niega y mira al suelo.
Deja que la celda se cierre sola. Una vez entre rejas se acerca a él.
-No. Mañana duerme tranquilo. -Lance sonríe entre los barrotes. Se apoya en ellos y ladea suavemente su cabeza.
-Necesito que me examinen. De verdad. Mañana volveré a ir... -susurra. Keith se gira y emprende camino hacia la cabina de vigilancia. Debería estar allí.
-¿Ni un "buenas noches"? -murmura entre los barrotes, con las manos sacadas entre ellos.
-A dormir, McClain. -Keith mira de reojo al cubano.
No llega a oírle. Sólo lee sus labios.
-Si, daddy...
Siente casi esas palabras en su oido.
Se le pone la piel de gallina.
No va a poder dormir tranquilo.
No cuando se le han grabado sus gemidos en la cabeza.
Lance se da la vuelta cuando ve su culo desaparecer al girar la esquina.
Se mete en su litera y mira el techo. Suspira y cierra sus ojos.
Folla como imaginaba, piensa.
Va a dormir muy muy a gusto.
Calentito como una moto, pero a gusto.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro