
¡CÁ.LLA.TE!
Meg se encontraba apedreando un árbol, intentando que cayera un fruto que Ezarel le había pedido para una poción. Los frutos que estaban en el suelo se encontraban reventados, podridos o mordidos y ya que el elfo le dijo específicamente que quería el fruto en perfectas condiciones, supuso que ninguno de esos le serviría. Por ello, le había tocado recurrir al bandalísmo.
Y ahí estaba ella, en la entrada del bosque, tirándole piedras a un pobre árbol, cuyos frutos estaban demasiado altos para poder alcanzarlos de forma correcta. Tal vez su familiar, Mini Minina Kitty, podría treparse al árbol y alcanzarlo, pero estaba explorando en quién sabe dónde.
Meg escuchó un ruido extraño, que la distrajo por completo de su objetivo, siguiéndolo llegó hasta un gran árbol hueco. Algo se movía dentro de un arbusto cercano a ella, sintiéndose intranquila pensó que quizás no había sido buena idea seguir el ruido, podría ser algún animal salvaje.
—¿Quién está ahí? —Su pregunta generó que el ruido en el arbusto se intensificara. Temerosa retrocedió para retirarse del lugar, sin embargo, su huida se vio interrumpida cuando salió el sujeto enmascarado, aquél que los había liberado de las celdas. Meg iba a decir algo pero él le hizo una señal de silencio.
(Imagen de Beemov)
Señaló el hueco de un árbol que estaba detrás de él, después le tiró a Meg el fruto que estaba intentando alcanzar. Ella lo atrapó sin problemas y lo revisó. Justo como ella lo necesitaba, en perfectas condiciones. Cuando alzó la vista del fruto para agradecerle al enmascarado, éste ya había desaparecido.
Qué sujeto tan extraño, pensaba Meg, se iba a retirar del lugar, pero recordó que él le había señalado el hueco del árbol. Un poco dudosa se acercó a ese lugar, inclinándose sobre el hueco extendió el brazo para coger lo que había dentro, cuando la sacó emitió un sonido de sorpresa al ver que era un trozo de cristal. Giro sobre sí misma buscando de nuevo al enmascarado, al no verlo por ningún lado, decidió irse lo más rápido que pudo al C.G.
Llegó a la sala de alquimia con la lengua afuera, le entregó el fruto a Ezarel sin decir una palabra, iba a salir de nuevo, pero él la retuvo.
—¡Ey, ey! ¿A dónde vas con tanta prisa? —Se acercó a ella.
—Encontré un fragmento del cristal —dijo con la respiración entre cortada, mientras se lo enseñaba al elfo —, se lo llevaré a Miiko —con una sonrisa salió de la sala rápidamente.
Meg le entregó el cristal a Miiko, quién quedó bastante sorprendida. Ella le explicó dónde lo encontró y qué estaba haciendo, omitiendo al hombre enmascarado, no le parecía prudente mencionarlo, lo más probable es que todos dudaran de ella si lo hacía.
Dejando a Miiko feliz por la situación se retiró del lugar a continuar con sus actividades.
A las cinco de la tarde, Kal se dirigió a la herrería acompañada por Meg y Chaz. En el lugar ya se encontraban los tres jefes de guardia. Respirando profundamente cuando entró al lugar, Kal se giró hacia Meg y Chaz.
—¿Acaso no les encanta el olor del acero fundido? —Ellos negaron con la cabeza. Ignorando a sus amigos, se dirigió a Valkyon —. Entonces, ¿cuál es el protocolo?
—Elige un arma —le señaló una mesa llena de objetos.
Kal se acercó a ella entusiasmada y empezó a observarlo todo.
—Ugh, nunca he sido muy buena con las alabardas —dijo mientras cogía una —, si mi oponente está cerca sí, pero ese no es su objetivo —volvió a ponerla en la mesa —¡Ohhh, que hermosa! Es una maza —la cogió y la estrechó entre sus brazos —, amo esta cosa. Es muy útil cuando tu oponente tiene chaleco antibalas o armaduras —la agitó como si fuera un bate de béisbol. Sonriendo volvió a dejarlo sobre la mesa —. Mira estos bellos sai. Definitivamente, es como Disneylandia para los degenerados, ¿cómo podré elg..? —Se interrumpió a sí misma y se dirigió a la parte de atrás de la mesa, en donde había una caja en el suelo con otro tipo de armas —¡Tienen nunchakus!
—¿Sabes manejar eso? —Le preguntó Valkyon.
—¡Pero claro que sé! Fue una pesadilla aprender a usar esto, me reventé la nariz un montón de veces y también se me partieron unos cuantos dientes, pero, nada grave eran de leche, así que no fue muy importante.
—Creo que debemos empezar por las "normales" —habló Nevra —. Ensayemos con la espada.
—Puedo quitarte la espada usando estos chacos —Kal empezó a moverlos por encima de su hombro.
—No, no, baja esa cosa. Coge una espada y salimos.
—¿No prefieres que usemos esos Bokken? —Le preguntó Kal, señalando unas espadas de madera —. Te puedo lastimar —le sonrió.
—No creo que eso suceda, ¡vamos!
—Está bien, está bien, Nevra. Solo quiero que sepas —Kal se acercó a la mesa y cogió dos espadas —, que a mi me enseñaron como si fuera un dimachaerus, ¿sabes lo que es eso?
Nevra se quedó quieto por un momento, mirándola con las dos espadas, tragó saliva y se giró hacia Valkyon.
—Yo creo que ella sabe manejar las espadas, deberíamos intentar con otra cosa para no perder el tiempo.
Valkyon se rió y puso su mano en la nuca de Nevra.
—Trae las espadas de madera Kal, vamos.
Todos se dirigieron hacia las mazmorras, pero se detuvieron unos niveles antes de llegar.
(Escenario del juego)
—Aquí podrán pelear, sin problemas.
Los demás se quedaron en las escaleras, dejando a Kal y a Nevra en el salón.
Kal tenía como ventaja sus dos espadas y entrenamiento, pero Nevra tenía su fuerza, sus habilidades sobrehumanas, experiencia y quién sabe qué más cosas. Pero, a pesar de eso y para sorpresa de todos, la lucha fue muy pareja, Kal lograba encuellar a Nevra, pero él lograba deshacerse de ella o viceversa. Ambos usaban todas las oportunidades que el espacio les brindaba para poder defenderse y esquivarse.
Valkyon dio por finalizado el encuentro, después de unos quince minutos.
—Bueno, eres buena con la espada —dijo Valkyon asintiendo.
—Valkyon, Valkyon, ¿cuándo entenderás que yo soy buena en todo y con todo? Dame cualquier arma, sino la he usado, aprenderé rápido a usarla — Kal se sentó en los escalones y se recostó sobre ellos —. ¿Por qué el elfo está tan callado? ¿No tienes nada que decir al respecto?
—Solo pienso en cómo convencerlos de que deben encerrarte —Kal lo miró risueña.
—Sí, mejor quédate callado.
—Yo pienso —dijo Nevra mientras se acercaba a ella con una sonrisa — que deberías ir a darte una buena ducha y luego subir para que ensayemos ese body shot.
—Lo siento, vampirito pervertido —le respondió ella haciéndole un mohín —, pero no estoy de ánimo para eso, los sátiros me patearon MUY fuerte. Pero, pregúntale a Meg, ella es experta en los bod... ¡AGHH! —Meg la pateó en el muslo.
—¿Qué. Te. Pasa? —Le habló entre dientes con los ojos muy abiertos y con una enorme y escalofriante sonrisa.
—Nada, solo digo que tú eres la mejor cuando de desnud...
—¡CÁ.LLA.TE!
—¿Me dices que no recuerdas lo que pasó en Canc...? —Meg se le tiró encima y le tapó la boca.
—Me estás confundiendo por alguien más. YA CÁLLATE —Meg le hizo señas con los ojos de que no dijera más por que la estaba avergonzando frente a los jefes, quienes miraban entre risas la situación. Kal logró quitar las manos de Meg.
—O sea que los vídeos en YouTube de ti lamiendo a esos bart...
—¡MALDITA SEA! —Volvió a taparle la boca a Kal quien no paraba de reír.
Chaz se acercó a ellas y levantó a Meg, con demasiada facilidad, para apartarla. Ayudó a poner en pie a Kal, quien seguía riéndose.
—Déjala en paz —le dijo entre risas Chaz y cogiéndola de la cintura empezó a empujarla para que subiera —. Te alejaré antes de que te maten —Meg subió los escalones de dos en dos y se hizo a su lado.
—Meg, yo sé que eras tú —insistió Kal, fastidiando a Meg —, recuerda que incluso compartimos a ese hermoso ale... —Meg se tiró sobre la espalda de Kal y de nuevo cubrió su boca con sus manos.
—No me bajaré hasta que estemos muy, muy lejos y aprendas a callarte.
Desde abajo los tres jefes veían como ellos subían las escaleras a tropezones, Kal llevaba a Meg en sus espaldas y Chaz iba detrás cuidando de que no se cayeran.
—¡Aún no terminamos! —Les gritó Valkyon desde abajo. Ellos se detuvieron y lo miraron.
—Apenas empezamos, humana —le dijo el elfo.
—Y aún nos faltan Chaz y Meg.
De un salto, Meg se bajó de la espalda de Kal.
—Yo no sé usar nada de armas —bajó las escaleras Meg corriendo seguida de Chaz —. Nada es nada, incluso me he cortado con los cubierto mientras como.
—Yo no soy tan torpe, pero tampoco sé nada de eso. Una vez intenté usar una navaja contra un ladrón y casi me apuñala él con ella.
—Sí, yo estaba ahí, tuvimos que huir.
Poniendo los ojos en blanco y suspirando pesadamente, mientras escuchaba los comentarios desesperados y patéticos de sus amigos, Kal se recostó con fuerza contra el pasamanos de la escalera, pero éste se rompió y ella siguió derecho. Sin saber cómo, logró sujetarse de los peldaños y con la fuerza de sus brazos, y motivada por el susto, volvió a subirse. Con medio cuerpo sobre las escaleras y medio cuerpo flotando vio como sus amigos seguían contándole a los jefes de guardia sus torpes anécdotas. Ninguno se había dado cuenta de que ella casi se mata.
—¡OÍGAN, PARTIDA DE SOPELOTES! —Les gritó a ellos enojada mientras terminaba de subirse. En cuanto la vieron, corrieron alarmados hacia ella —¿Con quién debo quejarme por esta situación? ¿A quién demando? —Sonrió sarcásticamente.
—¿Qué pasó? —Preguntaron varios a la vez.
—¡Sus instalaciones están podridas! —Les gritó — Me recosté sobre ese estúpido pasamanos y seguí derecho.
—Pero, ¿te caíste? —Le preguntó el elfo.
—¡Claro que sí, elfo estúpido!
Él se acercó al pasamanos y, asegurándose de no tocarlo, miró hacia el suelo.
—Yo no te veo allá abajo.
—Eso es solo porque soy genial y si no fuera por mi genialidad estaría allá abajo muerta, mientras ustedes hablaban estupideces. ¡Me habrían encontrado ya cuando los gusanos me hubiesen comido! —Finalizó completamente exasperada.
—¡Ay, la reina del drama nunca descansa! —Exclamó Chaz mientras se acercaba a ella, poniendo sus manos sobre sus mejillas, apretujándole la cara a Kal, le dio un sonoro pico en los labios y continuó: — ¡Cálmate, pendeja, que la hierba mala nunca muere!
—Y todos sabemos que tú eres la peor clase de hierba —finalizó Meg asintiendo con entusiasmo.
Chaz empezó a llevar a Kal escaleras arriba, poniendo su mano en su espalda baja, y Meg se acercó a ellos entrelazando su brazo con el de ella.
—Sí, Kal —continuó Chaz —, además todos sabemos que tu morirás con muchos espectadores. Nadie dejará que la gran Kal, heredera de la dinastía de los Severos, muera sin público.
—¡Aww, eso solo es un rumor! —Kal exclamó con una amplia sonrisa.
—Tranquila, así sea por medio de una ejecución publica, tendrás tu audiencia —le dijo Meg.
—Ustedes saben como bajarme los humos.
Nevra se acercó a ellos rápidamente y cogió del brazo a Kal.
—Con razón tan buen olor —le dijo él sonriendo —. Debes ir donde Ewelin, eso está feo y profundo.
—Aghhh —ella puso los ojos en blanco —, pero esto sí que me enfada. ¡Lame y cierra mi herida! —le tendió el brazo y lo agitó frente a la cara de él.
—¿¡QUÉ!? —Nevra soltó una carcajada.
—¿Eso no hace tu saliva mágica vampírica?
—¡Claro que no! ¿Quién dijo eso?
—Tss, no me sirves entonces —le dio la espalda y comenzó a subir las escaleras seguida de sus amigos. Quienes veían con desagrado su herida.
—Pero si quieres te puedo dar unas cuantas mordiditas.
Kal lo ignoró, pero Chaz se giró hacia él y le dijo:
—¿No te parece que ya es lo suficientemente letal? ¡Imagínatela con habilidades de vampiro!
—Deja de ser estúpido, Chaz —lo calló Kal sin detenerse, ni mirarlo —. Con una mordida no te transformas, ese no es el proceso.
—Bueno, ¿y tú cómo lo sabes? —Chaz se giró hacia ella y subió las escaleras para intentar alcanzarla.
—Hay algo que se llama biblioteca, deberías visitarla.
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