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Capítulo 1

NOSOTROS
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Londres. 06/Dic/2015
Christine

Mire mi reflejo en el espejo, la sombra café claro cubría de forma escasa mis parpados, el rímel de mis pestañas hacía que mis ojos lucieran más grandes. Mi vestido no ayudaba para nada a mi piel pálida, todo lo contrario, parecía gasparín. Y qué decir de cómo se me veía el vestido, no me gustaba para nada, ni el estilo, ni el corte mucho menos como me lucía.

No estaba feliz, a pesar de que muchas personas pensaran que era el día más feliz de mi vida no estaba feliz por razones muy sencillas.

Mi futuro esposo ni siquiera me ama, con dificultad hemos entablado conversación desde que nos conocimos. Es más, ni siquiera nos conocimos de una forma muy romántica como en las películas de romance cursi. No, claro que no, eso solo sucede en las películas, en mi caso conocí a Erik por papá, creo que mi padre y él se conocen porque trabajan en el mismo lugar o algo así comentó cuando me lo presentó, no hice muchas preguntas y tampoco me dijeron mucho. Solo sé que una noche llegó a casa para una cena a la cual papá lo invitó. Recordaba a la perfección ese día.

—¿Y quién es el invitado? —interrogué con curiosidad a la vez que observaba como papá ponía la mesa.

—Es un compañero del trabajo de tu padre— respondió mamá, asentí levemente a la vez que me acercaba a mamá para darle el vaso de agua que me había pedido. Ella lo tomo. Papá nunca invitaba a sus compañeros de trabajo a casa, mucho menos a cenar con nosotras, así que sí, estaba muy curiosa por eso.

—Y... ¿Por qué viene? ¿No tiene familia o algo? —papá volteo a verme con cara de pocos amigos haciéndome saber que eso exactamente era verdad.

—No, Chrissy, no tiene familia. Me cae muy bien, por eso vendrá— asentí levemente. El timbre de la puerta resonó por toda la casa, los tres nos miramos.

—Yo abro—me ofrecí alegremente a la vez que me ponía de camino a la entrada, ninguno dijo nada al respecto. Alise mi vestido antes de abrir la puerta.

Tuve que alzar la mirada para observarlo, ya que era mucho más alto. Me quedé sin habla al verlo, era bastante guapo. Sus ojos eran bastante azules, tanto que me recordaban al mar mediterráneo, su mandíbula cuadrada estaba perfectamente limpia, al parecer recién rasurado, sus pómulos estaban marcados. Su cabello estaba perfectamente peinado.

Por Dios, es muy guapo.

—Hola— me forcé a hablar y sonreírle de manera amable. Me dio un atisbo de sonrisa.

—Hola, Buenas noches—

Su voz. Dios mío. Hasta su voz era atractiva.

—¿Erik? —pregunte recordando como dijo mamá que se llamaba. Asintió. Me hice a un lado para que pasara.

Esa noche no pude evitar sentirme atraída por él, por la forma en la que hablaba, en la que se movía y lo cortes que era.

Esa noche inevitablemente quedé flechada por Erik Sadler.

Y ahora dos años después estábamos a punto de casarnos en una boda no tan bien organizada y con poco tiempo de anticipación. No era la boda que deseaba, ni siquiera sabía si Erik me quería.

La puerta se abrió de golpe y vi a mi madre a través del espejo.

—Te vez hermosa, Chrissy— se acercó a mí y me abrazo por la espalda. Su abrazo fue tranquilizador para mi pobre alma de perro chihuahueño.

No respondí ante su halago, simplemente le di una sonrisa.

Mis nervios amenazaban con apoderarse de mí, no obstante, puse en práctica mi respiración pausada como la psicóloga me había enseñado.

Erguí la espalda y tomé una respiración profunda hasta llenar mis pulmones. Retuve la respiración por tres segundos.

Uno.

Dos.

Tres.

Solté el aire que retenía en mis pulmones y repetí la acción durante unas cinco veces más, cuando por fin contuve mis nervios me puse los tacones.

Mi madre me apresuro para salir de mi cueva, recordándome que la impuntualidad no se ve bien ni siquiera en una novia, así que por órdenes de mi madre salí. Ella conducía de camino a la iglesia, papá ya estaba en ella esperándonos. Tuve que hablar con mamá sobre algunas cosas irrelevantes durante el camino para poder contener mis nervios. Charlamos del clima, de la contaminación y del medio ambiente.

Exactamente cinco minutos después llegamos a la iglesia. Enseguida salió mi padre, con un traje color negro y sin corbata.

Se acercó a nosotros y me tomo la mano.

—Mi Chrissy, tan hermosa como siempre— beso el dorso de mi mano y me abrazo para darme un beso en la mejilla. Le di una media sonrisa y me quedé en silencio, ¿Qué podía decir? Si todo esto lo estaba haciendo por él. Mi madre entro antes que nosotros.

—Estoy seguro de que tienes un gran futuro con Erik— murmuró mirándome con sus ojos azules, idénticos a los míos. Hablaba con una seguridad que no cualquiera tiene y aunque quería decirle que yo no pensaba lo mismo que él me contuve.

—Estoy segura de que sí— mentí y le di una sonrisa. No, no estaba segura de nada de esto, pero la idea de quedarme sola y solterona por el resto de mi vida no me ayudaba.

Tome la última bocanada de aire antes de comenzar a caminar del brazo de papá hacia adentro. La iluminación era un poco más opaca, pues el clima de Londres no beneficiaba en nada. Aun así, no había flores ya que no me gustaban, solo había unos hermosos moños de seda azul pastel que decoraban toda la iglesia.

Mi respiración decidió marcharse cuando vi a Erik. Llevaba un esmoquin negro, sencillo, pero le quedaba muy bien y ni hablar de todo lo demás, su cabello azabache se encontraba perfectamente peinado hacía atrás, su mandíbula era tan perfectamente definida y una escasa barba de pocos días la cubría.

Pase saliva mientras los minutos se volvían eternos y cada vez parecía que el pasillo se hacía mucho más largo.  

—Respira—murmuro papá con calma. Solo le di un asentimiento y respiré un par de veces como lo había hecho en la recepción hace rato.

Los minutos se volvieron segundos, y aunque fueran segundos se me pasaban demasiado lento tanto que parecía que estaba en cámara lenta. 

Por fin llegamos al altar, el padre parecía muy entretenido con esto. Papá me entrego a Erik, quien tomo mi mano suavemente. Mi piel se erizo y los nervios se aplacaron un poco en vez de aumentar, aun así, mi corazón latía con desenfreno, tuve que pensar en gatitos para calmarme y no me diera un ataque de asma.

Mordí levemente mi labio y tomé una bocanada de aire. Cuando el padre dio inicio a la ceremonia Erik soltó mi mano y ambos nos acomodamos. Mientras el padre hablaba no podía prestarle atención, mi mente solo divagaba en cómo sería mi futuro con Erik, no lo conocía lo suficiente como para saber que tan bien nos llevaríamos compartiendo una casa.

Él no es el tipo de hombre que deja ver mucho de él a los demás, es tosco y elegante al mismo tiempo si es que eso se puede, es serio y asocial, posiblemente me iba a casar con un sociópata no lo sabía, pero de eso se trata ¿No? no, la verdad es que no.

—Erik, ¿Aceptas a Christine Davinson como tu legitima esposa para amarla y respetarla hasta el fin de los tiempos? —interrogó el padre. Él me dio un leve apretón en la mano, tuve que alzar un poco la cabeza para verlo perfectamente, sus ojos fríos no parecían cambiar por nada, ni por nadie.

—Acepto— respondió. El padre giro hacía mí.

—Christine, ¿Aceptas a Erik Sadler como tu legitimo esposo, para amarlo y respetarlo hasta el fin de los tiempos? —interrogó nuevamente el padre ahora mirándome a mí. Asentí.

—Acepto— respondí.

Me pregunto cómo es que podemos pararnos aquí y prometer algo como si no estuviéramos mintiéndonos a nosotros mismos y a Dios.

—Los declaro marido y mujer, puede besar a la novia— los nervios resurgieron como un balde de agua fría cayendo sobre mí en pleno invierno. Erik me dio una cálida sonrisa, tal vez la primera o la segunda sonrisa que me ha dado desde que nos conocimos. Se acercó a mí de forma tranquila.

—No tenemos que hacerlo sino quieres— murmuró de forma apenas audible. Su mano ascendió por mi mejilla y me acarició suavemente. Mi respiración se atascó en mi garganta bajo su tacto, en ese momento desee abrazarlo y fundirme en sus brazos.

Me encogí de hombros sin saber que responder. Me arme de valor y rebusque las palabras correctas.

—Se supone que es una boda— murmuré de la forma en la que lo había hecho él. Su mirada se suavizo nuevamente.

—Bien— murmuró y se acercó a mí. Mi corazón latió con tanta fuerza dentro de mí pecho. Sus labios acariciaron los míos con una suavidad apenas perceptible.

Sus labios danzaron con los míos y escuchamos aplausos de fondo.

Dios. Realmente besa bien, sino fuera porque sé que no siente nada por mí podría haber pensado lo contrario. Segundos después nos separamos. Mis mejillas enrojecieron al verlo a los ojos, sus bellos ojos azules.

Bastante bien para ser un matrimonio sin amor.

Tal vez él no me quería, pero yo a él sí y eso me bastaba, por ahora, por lo menos para hacer feliz a papá. 

Y esperaba algún ser feliz, como mi madre lo es con mi padre.

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Londres. 2017.
Christine

El despertador fue causante de que despertara tan temprano, sentí como Erik se levantaba de la cama y como cada mañana comenzaba a arreglarse.

Busque a tientas mi teléfono sobre la mesita de noche y antes de que pudiera encenderlo una mano envolvió la mía sobresaltándome. Claramente el único que podía tomarme la mano era mi muy atractivo esposo. Aun así, casi nunca lo hacía, pero los momentos en los que pasaba mi corazón se detenía.

—Chris, no quiero de desayunar, sigue durmiendo, tranquila— murmuró y sentí como beso mi mejilla. Mi corazón latió rápidamente y simplemente asentí. Erik cubrió mi cuerpo con el edredón y me acomode nuevamente para dormir. A pesar de tener dos años casados no podía evitar sentir mariposas cada que me daba un simple beso en la mejilla.

No tarde mucho en quedarme totalmente dormida.

Mi alarma sonó a las nueve en punto de la mañana. Lo primero que hice fue darme una ducha con agua tibia. Luego de eso fui a la cafetería que había a dos calles de aquí para comprar algo para desayunar, ya que después de eso haría unos pasteles que me pidieron unas vecinas.

En la cafetería compre una ensalada y una malteada de fresa. En cuanto regresé a la casa comencé a desayunar tranquilamente entre el silencio de la casa. Me encontraba tan tranquila estando sola, que era normal en mi vida.

Cuando terminé de desayunar comencé a preparar la mezcla para los pasteles, uno iba a ser de chocolate y el otro de vainilla.

Me puse mi delantal color lila y me hice una tranza casi perfecta. Me coloque la redecilla para aplacar mi cabello.

Mezcle huevos, mantequilla, leche, vainilla y polvo para hornear. Los ingredientes secos con los secos y los líquidos con líquidos. Batí y mezclé durante aproximadamente una hora.

Para media mañana ya tenía los moldes llenos de la mezcla en el horno. Hice la mezcla para el betún con un sabor especifico y colorantes que no amargaran la mezcla.

Para la hora de comida ya estaba decorando los pasteles, primero el de chocolate y luego el de vainilla, cada uno pulcramente decorado.

Cuando terminé de decorar cada uno los cubrí con unas tapaderas de cristal para ir a ducharme y prepararme algo de comer. Me apresure a quitar toda la harina de mis manos y parte de mi rostro.

Un rato después me puse ropa cómoda dispuesta a ir a hacer ejercicio antes de ir a comer.

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Rusia
Adler

El frío aire invernal golpeaba mi cuerpo sin piedad. Me apresure a entrar al edificio antes de que el frío calara aún más en mis huesos. Nunca terminaría de acostumbrarme al frío clima de Rusia. Entre en el edificio y me dirigí hacía el último piso, donde me esperaba mi jefe. Fui directo a la sala de reuniones.

Ahí dentro todo estaba perfectamente organizado, planos de un lado, planos en el otro extremo, cada uno marcado con diferentes colores, colores con códigos que cada uno de nosotros ya conocíamos a la perfección.  Los analistas salieron de la sala dejándonos solos, a Frederick el director general de la EISS, Román el director general de RISS y a mí.

—Muy bien, ya que por fin llegas, Ghost, podemos comenzar. Misión Rey Rojo. Objetivo: Ozkard Almstedt, cuarenta años, sueco y jefe de la Mafia Sueca— comenzó Frederick a dar la información que necesitaba. Desde donde nació, hasta donde vive actualmente.  Mientras que, en algunos momentos, Román complementaba esa información con algunos datos importantes y sumamente necesarios.

—Ozkard quiere terminar con la SISA y quiere comenzar con la EISS y RISS, no sabemos con exactitud qué es lo que planea, así que queremos que investigues que es lo que pasa y luego nos informaras, cuando finalmente terminemos con la investigación lo entregaras—

No sonaba tan complicado, pero detrás de cada orden que sonaba sencilla había un arduo trabajo para nada sencillo y muy riesgoso.

—Necesitamos que lo investigues, aprendas todo lo que puedas de él, para luego llegar a la segunda fase.

» Te relacionaras con él, formaras parte de su organización y te ganaras su confianza y nos informaras lo que pasa. Cuando lleguemos a la fase tres le pondremos una trampa y ahí es donde lo atraparemos. Te daremos tu identidad, un lugar para que te quedes y todo lo que necesites— asentí levemente.

Cuando ambos terminaron de especificar e informar cada aspecto que necesitaba saber para esta misión. Miré con atención cada uno de los archivos que me dieron, hice énfasis en algunas de las cosas las cuales creí importantes y necesarias.

—¿Y cuál es el tiempo estimado que durara la operación? —interrogué mientras apartaba los archivos más necesarios para esto, clasificados de una forma específica que suelo usar muy a menudo.

Ambos se quedaron en absoluto silencio. Como si esa fuera una respuesta válida. Yo necesitaba una respuesta con un aproximado de tiempo el cual duraría, necesitaba darle un buen pretexto a mi esposa por mi ausencia.

—Necesito una respuesta — exigí apoyándome en la mesa de cristal. Ambos volvieron a mirarse mutuamente, como si uno necesitara la aprobación del otro.

—Aun no nos tenemos un aproximado, debemos reunirnos nuevamente para terminar de pulir el plan, todo eso el fin de semana, el lunes por la mañana tendrás todo lo que necesitas saber en tus manos— informó Frederick mientras se levantaba se su silla y recogía las capetas, apartando las que yo había seleccionado.

—Por ahora podrás tomarte lo que queda del fin de semana, el lunes en la EISS se te informara sobre todos los detalles— asentí a modo de respuesta. Dimos por terminada la reunión y regrese a mi hotel para recoger mis cosas y tomar un vuelo de regreso a Londres.

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Londres

Llegué al departamento, todo estaba en penumbras y en absoluto silencio, claro eran las doce de la noche dudaba que Chris continuara despierta. Cerré la puerta con cuidado de no causar algún ruido molesto para ella. Deje mis cosas en el sofá de dos plazas. Solté un suspiro y me quité la chaqueta dejándola en el mismo lugar.

Me quité la cadena que pendía de mi cuello, saqué la sortija de bodas de ella y me coloqué nuevamente. Me quite los zapatos y los tome para llevarlos a la habitación sin hacer ruido.

Entre en absoluto silencio, todo estaba oscuro. A estas alturas ya ni siquiera necesitaba ver por donde caminaba, tenía perfectamente medida el área de la cama y por donde podría pasar.

Me senté en el bordó de la cama y comencé a desabrochar mi camisa. Sentí un leve movimiento en la cama y giré un poco la cabeza para percatarme de que Chris se estaba despertando.

—¿Erik? —murmuró aun adormilada. Terminé de quitarme la camisa y me acosté sobre la cama.

—Sí, soy yo, tranquila, duerme— murmuré en el mismo tono pacífico y quieto. Solo escuche un leve sonido de afirmación por su parte y nuevamente se acomodó a intentar dormir. Estaba demasiado cansado para levantarme a quitarme el pantalón de vestir, así que simplemente me acomode sobre la cama, muy cerca de Chris, tanto que el olor de fresas del shampoo de su cabello llegaba a mis fosas nasales.

Solté un leve suspiro y simplemente esperé a que el sueño se apoderada de mí.

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Por la mañana sentí varios movimientos en la habitación incluso antes de que abriera los ojos. Era sábado por la mañana, seguro que Chris estaba acomodando su ropa. Cada mañana de cada sábado lavaba y doblaba su ropa antes de empezar con sus actividades normales.

Por lo general lava su ropa y va al gimnasio, desayuna, y si no tiene nada más que hacer ve películas románticas. También algunas veces cenamos juntos.

Abrí los ojos lentamente acostumbrándome a la escasa luz gracias a que las persianas seguían cerradas, estiré mis brazos lentamente. Me levante de la cama y busque a Chris con la mirada. No la encontré por ningún lado y eso que nuestra habitación no era gigantesca.

Me levanté de la cama y fui por ropa para darme una ducha y bajar a desayunar. Abrí la puerta de baño, me dirigí directamente a la ducha, terminé desvistiéndome y me di una ducha rápida. Cuando salí me vestí con ropa cómoda, luego de eso fui a la cocina. 

Ahí me encontré con Chris, llevaba ropa de gimnasio y no sabía si había llegado o recién iba. No repare en su atuendo.

—Buenos días— le salude. Ella levanto la mirada y me dio media sonrisa claramente fingida. Convivir con ella durante estos años me había hecho conocer un poco más de ella, además, su lenguaje corporal me decía mucho.

—Buenos días— respondió tranquila. Nuevamente bajo la mirada a su teléfono, como si no le importara mi existencia o mi presencia. Saqué mi teléfono de mi bolsillo y miré la hora que era.

10:30 am.

Ya había regresado del gimnasio.

—¿Ya desayunaste? —le cuestione guardando mi teléfono nuevamente. Otra vez su mirada se encontró con la mía, la calma y la quietud parecía ser su mejor amiga y tenía que serlo sino los ataques de asma terminarían con ella.

—No— respondió.

Me levante del banco. Ella se quedó en silencio observándome.

—Ven vamos a desayunar— propuse mientras me acercaba.

Ella negó con la cabeza alejándose. Fruncí el ceño confundido. No era la persona más cariñosa ni amorosa, pero me gustaba pasar tiempo con ella.

—Tengo que ir a darme una ducha, arreglarme y tardare mucho— comentó despreocupada encogiéndose de hombros, claramente declinando la idea de ir a desayunar juntos. Okey, rara vez salimos, ¿pero hoy que deseo salir con ella me estaba despreciando?

—Pensé que después podríamos ir a London Eye, pero si no quieres— ella soltó un bufido molesto. No comprendí que fue lo que hice para molestarla, así que me atreví a preguntar.

—¿Qué es lo que pasa? ¿Qué te molesta? —cuestione confundido cruzándome de brazos. Ella negó con la cabeza, como si no tuviera remedio alguno o fuera la persona más idiota del mundo, o más bien el hombre más idiota del mundo, porque tratándose de mujeres todo es complicado, eso lo había descubierto con ella. Nunca creí que una mujer fuera tan complicada hasta que ella llegó a mi vida o más bien al revés, yo fui el intruso en su vida.

—Anoche íbamos a cenar— su molestia fue evidente y aunque intento esconderla no lo logro. Me di un golpe mental y si ella pensaba que yo era el hombre más idiota pues si lo era, porque no recordé que cenaríamos juntos.

—No lo recordé, tuve una junta de trabajo hasta tarde, perdón, sé que mereces más que eso Chris, de verdad perdón— respondí sincero mientras me acercaba a ella. Tome una de sus manos, intento alejarla y yo me comprometí en mi papel de esposo preocupado.

—Erik, dime la verdad— bien esto sonaba como la típica pregunta que hace cada mujer y Christine ni siquiera merecía hacerme esa pregunta, ni a mí ni a nadie porque nadie vale lo suficiente para una mujer como ella —¿Hay alguien más? ¿Por eso llegas tarde o no llegas? —interrogó mirándome, sus ojos se cristalizaron un poco y me sentí mal, porque no merecía esto, tantas mentiras, nada de esto es lo que ella merecía.

Merece más, merece alguien que pueda darle todo lo que quería y no algo a medias.

—Si me lo dices lo comprenderé, no tienes por qué ocultarlo, al final de cuentas hemos sido amigos desde hace años— termine de acercarme a ella. Negué con la cabeza y tomé su rostro entre mis manos, limpié algunas de las lágrimas escurridizas que bajaron por sus mejillas algo sonrosadas y me sentí mal al hacerla llorar.

—Escúchame perfectamente, Christine, te juro que no hay nadie más, eres y serás la única mujer en mi vida— murmuré cerca de su rostro. Su respiración se volvió irregular. —¿Entendido? —asintió. Sus ojos bajaron inevitablemente a mis labios, mi mirada bajo a los suyos y me obligue a no mirar más allá de sus labios, no podía caer en la tentación que ella significaba para mí.

Tragué duro, no podía alejar la mirada de sus labios y ella tampoco de los míos.

Pero había un hilo invisible que nos atraía y cada vez que tirábamos de un lado parecía que se recortaba acerándonos más el uno al otro.

Tome una profunda respiración y con todas mis fuerzas me aleje de ella para no besarla. Si me dieran un dólar por cada momento como este seguramente ya sería millonario. 

—Iré a ducharme— comentó rápidamente mientras se iba sin perder tiempo y sin dejarme decir nada.

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Little Venice, Londres. 06/Dic/2019.
Adler

—Muy bien, no abras los ojos— murmuré detrás de ella. Podía ver su nerviosismo emanando por sus poros, así que me asegure de tranquilizarla antes de que le diera un ataque de asma por mi culpa.

—Respira profundamente, no es nada malo, es todo lo contrario— comenté poniendo mis manos sobre sus hombros en un intento de tranquilizarla, no obstante, dio un pequeño salto, sorprendida por mi acción. Me dio un leve asentimiento, observé la casa una vez más, tan perfecta como Chris la deseaba.

Inevitablemente tiré un poco de ella hacía atrás, pegando su cuerpo más al mío, su respiración se volvió irregular, su cuerpo respondía al mío inevitablemente, en un acto de reflejo tensé la mandíbula. Dejé de pensar en eso y pensé los dibujos de Chris.

Recuerdo haber encontrado todos esos dibujos mal hechos, pero que sabía que deseaba.

—Bien, extiende la mano— pedí y saqué las llaves de mi bolsillo. Ella extendió su palma dejándola al aire. Deje las llaves sobre su mano. Cerró su palma y toqueteo la llave con las yemas de sus dedos.

—Abre los ojos— pedí. Me puse a su lado esperando a ver su reacción. Vi la confusión arribar en su rostro, entorno la mirada entre las llaves que descansaban en su palma y la casa que había frente a nosotros. Giro la cabeza hacía mí, de verdad lucía muy confundida.

—¿Qué es esto? —cuestiono y trago duro —¿Es lo que creo que es? —interrogó mirando la casa frente a nosotros. Le di un asentimiento a modo de respuesta. Ella soltó un chillido totalmente emocionada y sin avisar me abrazo con fuerza enredando sus brazos en mi cuello. Me quedé estático, sin saber cómo responder.

Esa fue la primera vez que había recibido un abrazo en tanto tiempo, demasiado diría yo, normalmente yo la abrazaba para calmarla o pedir perdón por mis constantes faltas a las cenas, pero era raro que alguien me abrazara a mí. Inevitablemente envolví mis brazos en su cintura pegándola a mi cuerpo.

—Dios, Erik— murmuró alejándose de mí, una bella sonrisa adornaba su rostro. Me quedé en silencio esperando a que dijera o hiciera algo, no obstante, aún estaba sorprendida.

—Vamos, entra— señale la casa con la cabeza. Ella asintió mientras comenzaba a caminar hacia la casa, la seguí. Había escuchado decir a Chris que Little Venice era un lugar tranquilo, el cual siempre le había gustado, así que tuve que investigar durante semanas si era el lugar perfecto que Chris pensaba y pues tan perfecto no es, no obstante, si es tranquilo y mejor que la zona donde vivíamos antes.

Chris abrió la puerta, no obstante, antes de entrar paso por mi lado detallando la fachada color gris claro casi blanco, las ventanas de cristal de la segunda planta y la puerta de ébano.

Regreso a mi lado y entro a la casa. Entre detrás de ella y encendí las luces.

Las luces blancas iluminaron el recibidor. Al lado izquierdo de la entrada estaban las escaleras que daban al segundo piso con el barandal de cristal, como Chris quería. Unos cuatro metros adelante estaba el sofá de tres plazas, una pequeña mesa y una televisión frente al sofá. Una pared dividía el comedor y la cocina. Seguí a Chris hasta allá, ambos estábamos en absoluto silencio, aunque podía ver en su rostro una sonrisa y el brillo de sus ojos.

Entramos al comedor y la cocina, al fondo estaba una pared de cristal con puertas corredizas para salir al patio. En el centro de la habitación había una mesa para cuatro personas, enfrente la encimera con bancos y atrás de la encimera estaba la cocina perfectamente equipada con el horno, la estufa, el refrigerador, el lavavajillas y claro ya tenía todas las cosas que Chris podía necesitar si quería hornear.

Pasamos de la cocina y subimos a la segunda planta, la habitación era de lo más normal, una televisión, cama Queen size, baño y armario. Luego estaba la biblioteca que era mía claramente ya que ella odia la lectura.

Cuando por fin terminamos de ver la casa volvió a abrazarme con fuerza. Estábamos sentados en la cama.

—Muchas gracias— murmuró escondiendo su rostro entre el hueco de mi cuello y sentí unas leves cosquillas gracias a la cercanía de sus labios.

—Feliz aniversario— murmuré a forma de respuesta, ella sacó la cabeza del hueco de mi cuello y me miró con una pequeña sonrisa culpable.

—Creí que no lo recordarías y no te compre nada— murmuró apenada. Aleje algunos mechones de cabello de su rostro.

—No te preocupes— murmuré mirándola por algunos momentos.

—Te horneare un pastel, de chocolate— sonreí y sentí unas enormes ganas de besarla por lo tierna que es.

—Me parece justo— ella asintió. Sabía que Chris estaba feliz de estar aquí, de que por fin tuviéramos un lugar para ambos, donde no tenemos que compartir elevador, lidiar con vecinos desastrosos y lo mejor de todo era espacioso, cada uno podía estar en cualquier área de la casa.

Pasamos unos minutos más ahí y luego tuvimos que regresar al departamento para empacar todas nuestras cosas.

Mientras acomodábamos nuestras cosas ella escuchaba música con sus audífonos y yo hacía lo mismo, cada uno estaba absorto en su mundo.

Como siempre.

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