
🍁1🍁
Seokjin recuerda perfectamente el día que conoció a Kim Namjoon.
Apenas llegaba a los ocho años, y para ese entonces la timidez limitaba todos sus movimientos. Vivía en una pequeña casa junto a sus padres, ambos eran campesinos comerciantes en la manada; muy alegres, amorosos y divertidos. Un alfa y una Omega ejemplares a su punto de vista.
Se crió entre frutas, vegetales y tierra. No era bueno socializando y le horrorizaba la idea de abandonar su hogar o el huerto que poseía su familia.
Las pocas personas que lo conocían terminaban encantadas con su persona, pues decían que lo que más resaltaba en él era su cabello rubio, ojos almendrados, las bonitas facciones de su rostro y su carácter amable y educado.
Seokjin se caracterizaba por ser un chico muy tímido. Odiaba tener que salir de su casa o de la Huerta de ser necesario, era pésimo entablando conversaciones y se reservaba a decir lo necesario. Su vida iba en torno a las verduras, frutas y tierra; libros, los pasteles de su madre y lo más importante, ser un buen chico para que sus padres no tuvieran problemas con él.
Todo iba bien en su estilo de vida, pasaba las mañanas y tardes ayudando a limpiar la casa, revisando la cultivos si aún no tenían cosecha y después se encerraba en su cuarto a leer un poco. Dejar su rutina era algo a lo que no estaba acostumbrado, y por eso, es que terminaba siendo tan frustrante cuando algo no iba a lo ya programado.
Hasta que llegó aquél día en el cual tuvo que acompañar a su padre a dejar algunos pedidos alrededor de la manada. La idea no le agradaba del todo, pero a insistencia de su madre, no halló más remedio que ir.
Al lado de su padre mientras este empujaba una carreta, él iba tarareando una pequeña melodía mientras hacían su recorrido. Ya habían completado gran parte del trabajo, solo unas cuantas entregas más y volvería a su casa a leer un libro y dormir un poco.
-¿Que te parece si esta noche preparo un poco de pastel de arándanos cariño?- El hombre apreció como el rostro de un pequeño seokjin se iluminaba al hacer mención de uno de sus postres favoritos.
-¡Suena increíble papá!-El pequeño alzó sus brazos en señal de euforia y dio pequeños saltitos.
-Entonces terminemos de entregar esto y volvamos a casa- El hombre sonrió con Suficiencia al ver a su cachorro tan feliz y entusiasmado. Seokjin era la luz de sus ojos y por ningún motivo quería ver a su hijo triste. Además, estaba al tanto de la incomodes y apatía que le producía dejar la cabaña.
La impaciencia casi podía con el niño, de hecho ya saboreaba aquél pastel, con aquella pequeña motivación que su padre le dio. Así que solo un poco más y ya.
Llegaron a su último destino y como siempre hacía, en cuanto su padre tocaba la puerta él corría a esconderse detrás de sus piernas. Siempre tenía que enfrentarse a las caras raras que la gente hacía en cuanto lo veían. Siempre decían lo lindo que era y odiaba cuando se acercaban a tocarle la cabeza o apretarle las mejillas.
No esperó en cuanto abrieron la puerta, encontrarse con un hombre grande e intimidante, de hecho, no estaba seguro pero su intuición le decía que aquél sujeto desayunaba alacranes, además ¿¡era acaso eso una cicatriz en su rostro!? Agarró con fuerza la pierna de su padre, se estaba asustando. Por esa razón trató de esconderse lo mejor que pudo para no ser visto.
-¡Oh! Minhyun- Escuchó que el hombre le dijo a su padre- Es bueno verte otra vez.
-Ha sido un poco ajetreado este último tiempo Dong, incluso estás más... Grande desde la última vez que te vi.- respondió su padre con alegría.
-Ser el general de la manada no es un cargo sencillo, mucho menos si tenemos a Jeon respirando sobre nuestro cuello siempre.
-Bueno, el hombre tiene una pequeña obsesión con la guerra, además es escalofriante- Escuchó decir a su padre-. Aunque no lo cuestiono, al final es un buen líder para la manada.
-Es complicado- Escuchó decir al hombre- Sus métodos no son los mejores, de hecho, temo un poco por su cachorro.
-¿Tiene un hijo?- para ese punto, Seokjin ya había perdido el hilo de la conversión.
-Oh si, de hecho aún es bastante pequeño.
-Oh, que lastima por el niño entonces- escuchó decir a su padre.
-Todos esperamos que se presente como alfa. No sabemos que puede ser de él si llega a ser omega.
-Es su hijo, no puede ser tan desalmado.
-A penas tiene cinco, pero he visto como lo trata. Yo no sería capaz de hacer lo mismo con Namjoon.- por la forma en la que el hombre hablaba, parecía que estaba feliz, sin embargo, aquél porte tan dominante no dejaba de aterrarlo.
-¿Tu cachorro?- La pregunta fue respondida con un asentimiento de cabeza. Al parecer el hombre se enorgullecía de su hijo.- Eso es genial- volvió a replicar su padre- oh, lo había olvidado, mira, te presento a Seokjin. Vamos hijo, saluda- El menor se rehusaba a mostrarse. Estaba muy nervioso, de hecho, su cuerpo entero temblaba cual hoja.
En cuanto fue puesto en frente del hombre, bajó la cabeza totalmente avergonzado y con ganas de salir corriendo.- Mucho gusto, señor- dijo lo mejor que pudo, a la vez que realizaba una reverencia.
-Así que Seokjin- dijo el hombre-. Es un gusto chico, estoy seguro que mi hijo y tú van a poder llevarse bien.
Simplemente asintió porque pensó que solo se quedaría hasta ese punto, hasta que escuchó lo siguiente.
-¿Porqué mejor no se quedan y hablamos?- sugirió el hombre- Hace mucho que perdimos contacto Minhyun y me gustaría aprovechar este tiempo libre.
-Tal vez sea una molestia- dijo el hombre avergonzado.
-No, no, claro que no. De hecho, es un placer tenerlos aquí- Dong sonrió en grande al hombre en frente suyo-. Ustedes trabajan duro y se ganan la vida de manera honrada con sus cultivos. Gracias a ustedes y otros ciudadanos podemos comer tan cómodamente.
-Yo... ah...- el alfa veía a su hijo, quien parecía algo perdido.- claro, por qué no.
-Excelente- aplaudió el hombre-. Mi esposa salió a hacer algunas diligencias así que no podrás conocerla en esta ocasión.-Minhyun ingresó a la vivienda seguido del niño, quien veía curioso todo. Habría sido todo más sencillo si su padre hubiera declinado la oferta- Seokjin, chico. Sería bueno que vayas al cuarto de Namjoon, no creo que quieras estar inmiscuido en charlas aburridas de adultos. Está en el segundo piso. Es la única puerta blanca.
Bastante cohibido, el niño aceptó cuando su padre le dio el permiso de ir. No estaba seguro de qué hacer. Él no ha tenido amigos en el transcurso de su corta vida y ciertamente, le da algo de nervios tener que enfrentarse a alguien de probablemente su misma edad.
Tal como lo dijo el hombre. Al llegar a segundo se encontró con tres puertas cafés y al final del pasillo a la izquierda, la única puerta blanca.
Vaciló a penas estuvo al frente. No era buena idea estar en ese lugar, pero su padre no lo entendería y menos ahora que se veía tan feliz hablando con ese hombre.
Tenía dos opciones: La primera, tocar la puerta y conocer al niño como cualquier otra persona haría, para así no quedarse solo tanto tiempo. La segunda, quedarse sentado en los escalones hasta que su padre terminara su productiva charla y evitar la vergüenza de presentarse ante un desconocido.
Si tan solo hubiese traído un libro, la segunda opción habría sido elegida sin pensarlo dos veces.
Suspiró al verse incapaz de estar sentado en los escalones tanto tiempo. Con toda la valentía que le quedaba se puso frente a la puerta y preparó los nudillos para tocar como su madre le había enseñado.
Uno, dos, tres golpes.
El sonido de movimiento al otro lado de la puerta hizo que empezara a juguetear con sus manos al sentir que se hacía cada vez más fuerte. Unos segundos después un niño unos centímetros más bajo que él abrió la puerta. Su cara llena de confusión lo asustó, había olvidado que era un desconocido.
-¿Quién eres y qué haces en mi casa?- Observó como el niño frente a él se cruzaba de brazos y lo miraba molesto.
¿Qué se suponía que debía hacer? ¿Acaso iba a pegarle por invadir su hogar?
-Kim Seokjin. Es bueno conocerlo.
-Kim Namjoon- estiró su mano al notar que el niño estaba temblando-. Es bueno conocerte también Kim Seokjin.
La sonrisa afable de Namjoon calmó por completo los nervios de Seokjin.
-Tengo siete años y sueño con ser como mi papá- Seokjin estrechó la mano contraria con algo de desconfianza y trató de sonreír-. Ahora tu, dime tu edad y que quieres ser cuando seas grande. Mi madre dice que es importante pensar en tu futuro.
-Bueno, tengo ocho años y deseo abrir una tienda donde mis padres y yo podamos vender lo que cosechamos en nuestra huerta. También quiero vender flores, las flores son bonitas- soltó el rubio sin pensar. Cada vez que soñaba con eso sus ojos se iluminaban y Namjoon se dio cuenta de eso.
-Lo son- el niño le seguía la idea al mayor. Imaginó algo lindo en cuanto Seokjin se lo describió-. Aunque hyung debería agregar adornos, esos también son bonitos.
-No sé hacer adornos- dijo haciendo un puchero.
-Mi padre dice que con práctica todo se puede, aun somos pequeños y tenemos mucho tiempo para aprender- dijo el menor con entusiasmo-. Yo puedo ayudarte hyung y entonces crearemos una gran tienda, tú venderás y yo cuidaré, porque seré un grandioso general que protege la vida de los demás.
-Apenas nos conocemos Kim, no puedes ir hablando a la ligera- soltó Seokjin, viendo toda la emoción en las palabras del niño al que acababa de conocer hace menos de diez minutos.
-Nunca hablo la ligera hyung, a pesar de tener siete años soy muy inteligente, papá me lo dice siempre y yo le creo. Además estoy seguro que seremos amigos.
La confianza con la cual el niño hablaba le daba escalofríos, a diferencia de él, que a duras penas podía decir algo sin trabarse el niño hablaba muy confiado. Aquello le daba una sensación reconfortante, por lo que sonrió chiquito ante lo que el pelinegro dijo.
-Como digas Namjoon.
El nerviosismo del mayor se disipó más rápido de lo que pensó inicialmente. El niño que acababa de conocer era mucho más amable y divertido de lo que creyó.
Ese mismo día jugaron, hablaron de cosas sin sentido; desde sus colores favoritos hasta la clase de libros que les gustaba leer. Se llevaron muy bien y sintieron aquella conexión desde que entraron en confianza, hasta el momento de partir para el mayor.
Seokjin recuerda haber vuelto a casa y hablar emocionado con sus padres sobre su divertido día con Namjoon, el cómo jugaron y hablaron sobre sus cosas favoritas y las que odiaban, jamás había hablado tanto en su vida como esa noche. Como su padre lo prometió comieron del delicioso pastel de arándanos de su madre y tuvieron un gran tiempo familiar.
No volvió a ver a Namjoon hasta un año después.
Recuerda esos tiempos con añoranza, tristeza y melancolía. El tiempo jamás podría traer de vuelta ni a el lindo, travieso e hiperactivo chico que conoció en su niñez, mucho menos a sus padres. Lo perdió todo en un chasquido pero también ganó en ese tiempo la compañía y el cariño de un pequeño chico que lo acompañaba hasta ahora.
Conoció a Jungkook cuando tenía once y este apenas llegaba a los ocho. Se hicieron amigos con algo de esfuerzo luego de que Namjoon los presentara, el pequeño pelinegro era arisco y muy serio para su edad, de hecho parecía más un pequeño soldado que un niño. No hablaba demasiado, no expresaba sus emociones correctamente y sobre todo, no era capaz de controlar aquel instinto de alerta en el cual se la permanecía constantemente.
No supo la razón de su comportamiento hasta ver a todo lo que era sometido constantemente.
Junto a Namjoon hicieron hasta lo imposible para ganarse su entera confianza. Eso solo sucedió cuando ya tenía quince y la catástrofe sucedió, Jungkook ya tenía doce y desde ese momento tuvo la completa lealtad de ese chico el cual desde siempre lo vio con cariño disfrazado de frialdad.
Aquél suceso se convirtió en un ganar-perder a su punto de vista. Se ganó a Jungkook, pero perdió a sus padres y la amistad que mantenía con Namjoon se fracturó de un momento a otro sin razón alguna. No lo entendió nunca, y hasta el sol de hoy sigue aquella incógnita en su cabeza.
En su mente el haberse presentado como omega fue el problema, sin embargo, recuerda perfectamente que todo siguió normal hasta unos días después cuando las cosas se empezaron a tornar extrañas.
¿Qué habrá causado que llegaran hasta este punto?, se preguntaba Seokjin mientras recogía las fresas ya maduras de su huerta. Aquella era una pregunta que rondaba constantemente en su cabeza a pesar de ya no querer saber más de ese alfa.
Desde la reunión en la casa de su Taehyung bebé no se había atrevido a salir de su casa, si quiera para ir a ver su tienda, la cual estaba más que seguro que estaba siendo atendida con diligencia por los hermanos Kim. Sentía algo de vergüenza por el espectáculo creado por Namjoon y él mismo, además de la tristeza que sentía al recordar las palabras de ese estúpido hombre.
Era tan egoísta e injusto que de solo recordarlo quería golpearlo.
Namjoon no era consiente de todo el daño que le había causado por años. Unas simples palabras que probablemente no fueran cumplidas no iban a arreglar su situación.
Entró a su vivienda luego de ya tener todas sus fresas bien organizadas y listas para llevarlas a comerciar. Estaba cansado y solo quería tomar una siesta como lo estuvo haciendo los días anteriores, no estaba de ánimo para algo diferente y dudaba que lo estuviera por un tiempo.
Maldijo en cuanto su puerta fue golpeada. Iba a ignorar los golpeteos y subir al segundo piso, no quería visitas, sin embargo, estos se volvieron más insistentes al punto de ir a abrir solo para golpear a quien sea que quisiera derribar su puerta.
Con enojo camina hasta la puerta principal y respira hondo, tratando de mantener la compostura aunque le fue imposible al tener los insistentes golpes a tan corta distancia.
-Que carajos te...- carraspeó y se abstuvo de insultar en cuanto vio quien era la persona al otro lado- Eunwoo.
El beta llevaba una bolsa y una sonrisa triunfante al ver que logró hacer que Seokjin abriera, ya le había pasado con anterioridad ser ignorado por el omega al no sentirse bien emocionalmente.
Desde ese día que llegó y lo encontró llorando en los brazos de Jungkook no habían hablado demasiado, de hecho, lo único que hizo fue consolarlo a tal punto que Seokjin terminó dormido en sus brazos, el omega se encerró en su casa después de su partida y hasta ahora no había conseguido hablar correctamente con el rubio, pues no sabía la razón por la cual el chico estaba tan decaído.
-Hola Jinie- saludó extendiendo la bolsa al rubio.
-No te esperaba.
-Lo sé, he estado viniendo pero siempre me ignoras.
-No he estado de ánimos estos días.
-Me he dado cuenta, y no lo digo por tu aspecto o porque te encontré llorando sobre Jungkook el otro día, para nada.
Seokjin esboza una pequeña sonrisa y abraza al beta en frente suyo, su abrazo es correspondido con rapidez y no demora en apoyar su cabeza en el hombro del beta.
-Lo lamento Woonie, es solo que ha sido difícil para mí estos días.
-Sabes que podemos hablar de ello, no soy el mejor dando consejos Seokjin, pero puedes confiar en mí.
El problema es que Seokjin no confiaba en nadie, a excepción de Jungkook, desconfiaba de todos y las razones solo se habían organizado en cuanto fue creciendo y hasta ahora. Le daba miedo salir herido como siempre.
-Creo que podemos hacerlo en otro momento Eun.
El beta entendió que no habría otro momento, pero no quería presionar al omega pues de alguna u otra manera se terminaría enterando.
🍁🍁
Hola solecitos :3
Bueno, empezamos con el Namjin después de un tiempo, espero que les guste mucho ^^
Soy muy floja, pido perdón 😔✊ estaré más activa estos días o eso espero.
Any.💜💜
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro