
⛓20. Tortura como el infierno⛓
Acababa de cumplir tres meses ahí dentro y ahora solo se escondía de esos tipos que querían reclutarlo para que estuviera con ellos.
Y que por muchas razones, no podía ser posible.
Kim SeokJin no podía estar en la banda de Chae Hyungwon si quería seguir con vida, y vaya que quería seguir así.
Ahora se dirigía a los teléfonos para hablar con su novio y jefe, necesitaba hablarle sobre lo que estaba ocurriendo con esos tipos para evitar cualquier tipo de mal entendido que se pudiese generar, ya saben, para prevenir que lo asesinara.
De camino hacia el pasillo donde estaban los teléfonos, accidentalmente chocó con un chico, un chico que conocía a la perfección.
Mal momento, no estaba de humor para pelear.
— Fíjate por donde vas, Kim. — Le reclamó con enfado. — ¿O acaso quieres que te corte la puta cabeza?
— No molestes, Park. — Le respondió sin detenerse, tenía que hacer una llamada importante.
Al llegar a una de las cabinas, marcó rápidamente al único número que grabó en su memoria en cuanto lo encontraron para encerrarlo en ese lugar.
— ¿Ya casi? — Preguntó a penas contestaron del otro lado de la línea. — Dime que ya puedo hacerlo, por favor...
— Seokjin, ¿Sabes que esto es un riesgo para mí? — El mencionado rodó los ojos. — Si te encuentran a tí, nos encuentran a todos.
— No seas pesimista. — Pidió en un susurro, mirando al rededor. — No nos van a encontrar, solo por favor, quiero salir de aquí. — Y escuchó un suspiro, sonrió en automático.
— Esta bien. Pero espera dos días más, ¿Si? — Jin asintió aún sabiendo que no lo veían. — Aún nos faltan unos detalles más, pero nada tardado.
— Mañana te llamo, entonces. — Avisó.
— Nos vemos pronto, Jinnie. — El mencionado sonrió. — Te extraño.
— Wow~ ¿Tanto como para decírmelo? — Jugueteo. — Yo también te extraño, cariño. — Susurró con la voz apenas audible.
— Tonto. — Seguido de eso y una pequeña risa, se escuchó movimiento del otro lado de la línea. — Llámame mañana, ¿Si?
Después de una apresurada despedida, Jin colgó el teléfono y se dirigió hacia la cocina, donde se le había asignado trabajo, con el cual estaba muy satisfecho.
¿Porqué? Porque era el lugar ideal para hacer sus... Trabajos.
Y de camino hacia allá, nuevamente, y desafortunadamente, se encontró con Jimin. Quien ahora lo veía más que enojado mientras se acercaba a él.
Genial, cuando no debo llamar la atención, este estúpido quiere pelear.
— Kim, eres un hijo de puta. — Le reclamó en cuanto estuvo frente a frente. — Te dije que no te estuvieras metiendo en mis putos negocios. Si quieres vender tu culo, no lo hagas con mis clientes. — Jin frunció el ceño con confusión.
— No se de que me hablas, idiota. — Le dijo empujándolo levemente para separarlo de él. — No estoy cobrando por dejar que me follen, ¿Entiendes?
— No me refiero a eso, puto imbécil. — Aclaró con furia. — Estás metiendo mierdas a prisión y te estás robando a mis clientes. — Jin comprendió, sonrió con burla.
— Ah, Jimin. Lamento que las personas en este agujero sepan diferenciar la calidad de las personas en que confían y que ahora vengan conmigo. — Le respondió con superioridad. — Escucha cariño, ellos vinieron a mi por su propio pie, si te dejaron tendrán sus razones, y no me pondré a pelear contigo por algo tan insignificante como eso. Si te molesta tanto, mejora tus servicios y déjame seguir trabajando a mí. No molestes. — Y sin dejar que el menor respondiera, dio media vuelta y continuó su camino hacia su empleo.
Pero una vez más, sintió que que le seguía los pasos, y sabía de quien se trataba.
— Kim SeokJin. — Lo llamó.
— Ya te dije que no, Chae. No me interesa. — Le dijo sin siquiera mirarlo.
— Creo que te acabas de meter en líos, Kim. — El mayor frunció frunció ceño. — Con Jimin. — Aclaró. — Mira, eres probablemente la persona más inteligente en este lugar, pero fuiste un tonto al discutir y humillarlo frente a todos.
— No lo humille, solo le dije la verdad. — Aclaró. — Y en todo caso, ¿Qué te importa? Déjame tranquilo de una puta vez.
— Jimin querrá vengarse, SeokJin. — Le habló un poco alto en cuanto Kim se alejó. — Lo conozco, y se de lo es capaz de hacer, así qué... Deberías de pensarlo de nuevo.
Y sin más, Hyungwon se alejó, dejando a Jin en un mar de pensamientos.
¿Qué tan peligroso podía llegar a ser ese enano? Por favor, no pretendían que le tuviese miedo o algo por el estilo, ¿No?
Dejando todo de lado, continuó con su actividades como normalmente lo hacía, tenía que pasar desapercibido esos días y no meterse en problemas, estaba a menos de cuarenta y ocho horas de salir de ese agujero y no lo iba a arruinar causando que lo metieran a aislamiento, claro que no.
Al sonar la última alarma del día, que notificaba que había llegado la hora de dormir, se dirigió al baño, hizo sus necesidades, lavó sus dientes y se dirigió a la celda dispuesto a dormir.
Pero su sueño fue interrumpido a las tres de la mañana, porque ahora algo tapaba sus ojos y solo forcejeba con la persona responsable de eso, quedando totalmente inmóvil en cuanto lo golpearon fuertemente en el abdomen.
Sintió que fue arrastrado hasta algún lugar, donde poco después le quitaron la venda de los ojos, y se topó con nada más y nada menos que con la figura de Park Jimin frente a él.
Dios, ¿Cómo había sido tan estúpido? Bajó la guardia en el peor momento posible e ignoró las advertencias de Hyungwon.
Miró fijamente a los ojos del menor, esa mirada estaba totalmente transformada, derramando odio como dos llaves de agua, pero también había cierto brillo de emoción que, siendo honestos, le causó muchos escalofríos en todo su cuerpo.
Y hubiese preferido sentir solo escalofríos esa madrugada, porque jamás olvidará todo lo que Jimin le hizo sentir.
Por que los rumores eran ciertos, Park Jimin torturaba como en el infierno.
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