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Capítulo 4 ["Salida de campo": Peón G7 A G6]

La mañana era fría y la luz atravesaba con timidez la fina capa de neblina en la ciudad, denotando que acababa de amanecer. Un Audi cruzó el vacío parqueadero de Prodigy y se estaciono en el lugar mas alejado de la entrada. Erick bajo con tranquilidad y se alegró al ver que todavía no había llegado nadie, podía continuar leyendo por quinta vez "Mi Lucha" de un autor despreciado por las atrocidades que cometió. Y aun así, sabiendo que las acciones de su sexto autor preferido eran reprochables se veía encantado por las reflexiones de este, por lo que no tardo en perderse en la lectura de su libro. En físico, no descargado; nadie podía enterarse que le gustaba un libro como ese, no podía dejar que su perfecta reputación se dañase ni que surgieran dudas o chismes.

Pasó una hora y empezaron a llegar vehículos de tan altísima gama como el primero. Erick guardo el libro en el bolsillo especial de su mochila de algodón y espero a los molestos saludos que se repetían día tras día. Una de sus compañeras tras despachar a su chófer se le acerco y lo saludo. Erick le sonrió y la beso en la mejilla, eso siempre dejaba calladas a las mujeres; por unos segundos.

Las inspecciones de campo eran monótonas y aburridas, tendría que pasar dos días y una noche entre simplones; sonriendo en medio de sus conversaciones banales. No le podía interesar menos la vida amorosa de estos o sus sueños, simples y mediocres. Los que sueñan, son los que no hacen las cosas; y eso le causaba curiosidad ¿Porqué la gente del común se desgastaba soñando y no haciendo?

― ¡Hermano! ― gritó Francesco al ver a Erick y empezó a caminar hacia ellos.

― Volamos la casa por completo ― estiró sus brazos para mostrar la magnitud de lo sucedido.

―Me costó una fortuna arreglar el problema.

― Pues casi me matas― intentó bromear Erick.

La joven a su lado soltó una pequeña risa ―Fue una pasada, ¿no Erick?

Erick sonrió ― La casa paso a mejor vida.

En ese instante Francesco estallo en carcajadas y empezó a relatar como la explosión lo había tomado por sorpresa. Se encontraba teniendo sexo con una estudiante de primer año en el primer piso cuando la casa exploto, la onda expansiva los botó a ambos de la cama y quedaron llenos de heridas. Luego, empezó a relatar sobre las sumas de dinero que tuvo que entregar a los policías, bomberos, al hospital e incluso a los vecinos para que hicieran como si nada sucedió.

― Tienes suerte de que tus tíos controlen los medios ― sonrió la joven.

Francesco se torno serio y le hizo un gesto para que los dejara a solas, está miro a Erick un poco confundida y este le sonrió, la volvió a besar en la mejilla y le dio un empujoncito para que se alejara. La fémina se fue encantada y Francesco volvió a estallar en carcajadas.

―Hermano, un día encontraras una mujer que te ponga en tu lugar. Créeme, no todas son chicas de una noche ― le guiño el ojo.

Erick rió por el comentario, pero de lo absurdo de este ¿Una mujer que lo capaz de colocarlo en su lugar? A duras penas le podían hablar.

― Tengo que decirte algo ―Francesco cambio de tono.

Erick se sorprendió, pues muy rara vez veía a su amigo preocupado.

― Cuéntame.

― Hackearon mi software para los antifaces.

Erick casi se cae de la sorpresa, lo que le estaban contando era gravísimo; pues podría exponer su naturaleza fría y brusca.

― Dame tu Tablet ― ordenó de forma tajante.

El avergonzado estudiante se la pasó, su vista se clavó en el suelo. Erick empezó a digitar en la pantalla 4D y su tez reflejo que había dado con el perpetrador.

― Fue un profesional... ―Francesco se puso pálido.

― ¿El... el... gobierno? ― preguntó con voz temblorosa.

― No, pero lo hizo para infiltrarse en la fiesta.

― ¿Destruiste la base de datos?

Francesco sonrió.

― Lancé el hardware por la ventana de mi cuarto.

Erick se relajó, le devolvió la Tablet a su amigo.

― Si me hubieras dejado programarlo esto no habría pasado.

El despreocupado joven, que a pesar del frío vestía pantaloneta le sonrió.

― Y entonces no tendría el control.

Erick le devolvió la sonrisa, era una de las pocas personas con sentidos agudos.

― Cambiando a algo menos importante. Mis tíos ni se enteraron de lo de la fiesta, alguien más evito que los medios llegaran; pero no importa ya llegaron las nenas... ―alcanzó a decir Francesco mientras llegaban varias de las mujeres del curso.

Sus palabras calaron en Erick, era totalmente anormal que algo como eso sucediera; cualquiera podría darse cuenta. Y por eso mismo recordó, por qué no veía a Francesco como a un amigo, era muy descuidado a veces y eso era inaceptable. Entre los saludos y besos empezó a pensar en el misterioso Hacker que definitivamente tenía que estar relacionado con la falta de los medios en la desastrosa fiesta.

*

Nathalie salía de la ducha con una sola toalla cubriendo su delicado cuerpo, se lanzó sobre su cama y empezó a digitar en su ordenador holográfico. Había intentado hackear de nuevo el programa de los amigos de Alexander y no lo había conseguido. Intuía que se habían dado cuenta del rastro que dejo a propósito, pues al colarse en su fiesta quiso resaltáales sus fallas en la defensa de la información y por consecuencia habían cerrado el acceso a su base de datos.

Y ahora como en muy pocas ocasiones, lamentaba su decisión, quería conocer la identidad de aquel chico que la había salvado; que había rechazado besarle.

Su inseguridad estallo y lanzo el ordenador contra la cama. Ella era una mujer de ciencia, no de fiestas, pero nunca se había imaginado que al armarse de valor e intentar dar un beso se lo negarían. No estaba acostumbrada a que le negaran las cosas, y lo peor de todo era que no podía contárselo a sus hermanos; tratarían de matarlo y si no, obligarían al joven a estar con ella.

Y eso no era lo que quería ¿Cuando llegaría su príncipe azul? ¿Acaso no existía un hombre a su altura?

*

El despegue del Hippox desato una oleada de aire que revolvió el sedoso pelo de Erick. El enorme helicóptero, lujoso y práctico a la vez, era la versión del jeep para los viajes aéreos. El apuesto joven se recostó para relajarse, se encontraba en medio de Alexander e Isabel; una rubia de descendencia latinoamericana, la tercera mejor en la clase.

― Jóvenes ― llamó un hombre mayor de rasgos fuertes, el sonido de las hélices había disminuido y ya podía dar las indicaciones necesarias para la inspección de campo.

― Como ya saben, nos dirigimos al extremo occidental de la civilización...

A Erick lo inundaban unas inmensas ganas de colocarse los audífonos y empezar a leer, acompañado de música; pero un alumno ejemplar siempre atiende al profesor, así halla repetido lo mismo una y otra vez durante el ultimo mes.

―... las precauciones de seguridad deben ser muchas. Es bien sabido que las maquinarias para estabilizar el clima son bastante peligrosas si no se tiene el cuidado necesario...

Erick bufó internamente, no se atrevería a hacerlo de frente; todos sus compañeros eran niños y niñas mimados por papá y mamá. Las instalaciones obviamente eran seguras, Prodigy no se arriesgaría a un escándalo como el de Chin Mae. Una pequeña descarga eléctrica le atravesó el cuerpo, esta salida era una perdida de tiempo; aun necesitaba descubrir quien había matado a su amigo y el por qué lo habían matado. La verdad no podía quedar en el olvido, él no podía quedarse sin saberla.

―...acuérdense de siempre andar en grupo. Y finalmente; espero que aprendan bastante, todo buen líder debe saber como trabajan sus subordinados: las condiciones en las que lo hacen, las maquinas que utilizan, las herramientas que tienen y por supuesto sus capacidades. De esta manera no cometerán el error de pedirles más de lo que pueden ofrecer, pero podrán potenciar su productividad y hacerlos crecer tanto personal como profesionalmente, lo que se traducirá en mayores ingresos.

El profesor terminó su discurso y se volvió a sentar. Se encontraba frente a Elisa, le sonrió a Erick y se acomodó para dormir, el viaje seria largo.

*

Tras 6 horas de vuelo se encontraban ya en el continente Americano, habían seguido derecho sin parar en ninguna de las urbes neo industriales que se empezaban a esparcir alrededor de las ciudades que durante la gran catástrofe disponían de búnkeres de máxima seguridad.

El enorme Hippox se encontraba volando por un valle árido, el pasto era amarillento y la tierra rojiza; solo se podían ver unas pocas montañas en el horizonte. Y encima de una pequeña colina, se encontraba la nueva e innovadora planta para la estabilización de la magnetosfera. Si los "norteamericanos" estaban en lo correcto, pronto los magne-estallidos serian cosa del pasado.

―Muy bien jóvenes, apenas aterricemos nos encontraremos con el señor White, el dirige esta planta. Algunos de los criados nos llevaran a las habitaciones, pueden elegir a gusto; ¡sin embargo! Nada de compartir el cuarto con personas de diferente sexo.

Se escucharon pequeñas risas.

― ¿Me escucho bien señor Francesco? Ya fue suficiente el problema que tuvimos en las costas africanas. No volveré a dejarme engañar por sus insensatas palabras.

Y el helicóptero aterrizó. Las barandas que cubrían las salidas del Hippox se replegaron y simples pero estables escalones de color plateado aparecieron en su lugar. Todos los estudiantes empezaron a recoger su equipaje para 20 minutos más tarde; luego, de la bienvenida del señor White y un jugo de naranja para amenizar el insoportable calor; escoger sus cuartos.

Erick cargaba su mochila en un solo hombro, mientras caminaba por los simples pero a la vez lujosos pasillos de la sorprendentemente agradable instalación. Lo abría disfrutado de no ser por sus compañeros, que se comportaban como niños en una excursión escolar; él rubio se lamento internamente al pensar de nuevo las características de la salida de campo, estaban en una excursión escolar.

Al final termino compartiendo cuarto con Alexander y Francesco; podría ser peor, Alexander era reservado e inteligente, no molestaría; pero Francesco era otro cuento. El apuesto Italiano de seguro montaría algún escándalo por la noche.

*

El día había sido tan aburrido como Erick predijo, se pasaron toda la mañana adentro recorriendo el lugar; y por la tarde, ante la mirada del inclemente sol, visitaron las sencillas pero vitales maquinas que ayudaban a regular la magnetosfera. Mañana visitarían los laboratorios y el reactor de plasma, terminando con la perdida de tiempo. Solo un poco más y podría retomar su investigación en el asunto del maletín.

Empezaba a atardecer y Erick, aprovechando que la brisa se tornaba refrescante. Decidió salir a leer en una pequeña colina a las afueras de la instalación. Todo marchaba bien, hasta que se dio cuenta de un grupo de vehículos se dirigía hacia donde se encontraban; no habría supuesto interés alguno para locuaz joven. Pero la apariencia de esos destartalados y rearmados vehículos de la edad de la niñez, no suponían nada bueno.

¿Bandidos? ¿Ladrones? ¿Serias posible que hubiera rebeldes en una zona donde enviaban los hijos de familias importantes?

No había tiempo para pensar, cerró el libro y empezó a correr hacia la planta donde se quedaban. Agarró su celular y oprimió su pantalla.

― Un grupo de ladrones se dirige a la planta. Son 7 camionetas en mal estado, los 10 guardias supondrán una defensa muy leve. Tenemos que evacuar cuanto antes.

Volvió a tocar la pantalla 4D de su celular y se lo guardo en el bolsillo. Llego apenas se escondió el sol, los estudiantes discutían en los pasillos mientras el señor White insistía en que las instalaciones eran seguras.

―No hay tiempo que perder, los guardias aguantara un máximo de 5 horas ― Erick interrumpió la discusión apenas mostrando un poco de cansancio.

Se había tomado la molestia de grabar lo que vio con sus lentes de contacto, nadie podía negar lo que sucedía y ahora tenían que salir de ese lugar para evitar riesgos innecesarios.

― Joven, esta instalación cuenta con los más avanzados equipos de seguridad. Unos pocos bandidos no podrán hacer nada.

― ¿Y si son rebeldes? ― Interrumpió Alexander, él se había encargado de reunir a todos en el pasillo principal. Ahora más que nunca sus amigos lo necesitaban.

― En esta zona no hay rebeldes, el ejercito se aseguro de limpiarla antes de que se dieran los permisos para construir esta planta.

― La cual pertenece en un 46% a Nathan Smith, el actual alcalde Nueva York... Siguiendo las fechas...

White no dejó terminar a Isabel.

―Jovencita, no hay nada de que preocuparse, pero si quieren pueden pasar la noche en el sótano; esta diseñado para aguantar incluso ataques rebeldes.

―Henry no de rodeos, las fechas concuerdan― Lo interrumpió Erick de forma tajante, sorprendiendo incluso a sus compañeros.

―Si lo que dice Isabel es cierto y tenemos en cuenta las fechas de las elecciones, el reporte de los militares y la construcción de este lucrativo lugar...― prosiguió Alexander.

―Además de las conmociones familiares del alcalde Smith...― añadió Erick para denotar a donde querían llegar sus compañeros.

― El reporte fue arreglado para poder construir la planta antes de que acabaran las elecciones y así asegurarse la alcaldía.

― ¡Por dios! ― exclamó el anonadado profesor que no había pronunciado palabra alguna durante toda la discusión.

― Que las fechas coincidan no quiere decir que lo que ustedes dicen sea cierto ― aseveró White, secándose el sudor de la frente con un pañuelo blanco.

― Pero un email del alcalde pidiéndole al coronel al mando de esta división de norte américa que de si da un informe positivo recibirá acciones como bonificación; además de los registros de informes militares similares, que tomaron más seis meses; y el informe de esta área que tardo en completarse una semana. Podríamos demostrar en un juzgado fácilmente todo lo que acabamos de concluir.

Todos quedaron en silencio ¿Cómo había podido averiguar todo eso tan rápido?

― ¡No tenemos tiempo!, le puedo conseguir más información si es necesario. Pero tenemos que evacuar las instalaciones de inmediato. ― Arremetió Erick sin importarle todas las miradas que caían sobre el.

―E...es... esta bien ― alcanzo a decir White cuando de repente se escuchó una fuerte explosión.

La fortísima onda expansiva toteo los vidrios de las habitaciones, las lámparas en los pasillos y uno que otro dispositivo de los estudiantes. La oscuridad lo ocupo todo, cuando la impresión paso los gritos de susto no tardaron en llegar.

Casi al tiempo, en las paredes aparecieron marcas fluorescentes que indicaban el camino de evacuación. El profesor, Erick, Alexander e Isabel tardaron unos minutos en instaurar calma y orden para enseguida dirigir a todos hacia el Hippox y salir del lugar.

― ¡Mierda! ― gritó Francesco. Se encontraba caminando agarrando su brazo izquierdo; se lo había lastimado protegiendo a una de sus amigas. Probablemente una fractura.

― ¿Que paso? ― le preguntó Erick, caminando delante de los demás estudiantes.

― Volaron el Hippox, la explosión de hace unos segundos fue contra nuestra única forma de escap...

Erick no lo dejo terminar, pues le asesto un puñetazo en la mandíbula. Francesco cayó al suelo con violencia y los gritos y el pánico que estaban a punto de aflorar se ahogaron de inmediato.

― ¡Escúchenme bien! Aquí hay un sótano seguro que nos mantendrá a todos a salvo. Incitar el pánico solo colocara nuestras vidas en peligro ― asevero Erick con tono autoritario.

― Isabel, Alexander, Francesco y ustedes 5 ―señaló a otros cinco estudiantes ― quédense aquí conmigo un momento, tengo una idea para ganar tiempo.

― White, lleve a mis compañeros al sótano ― ordeno el joven de ojos verdes.

El regordete hombre que vestía un traje de lino blanco asintió con la cabeza y se adentro en los pasillos. Los estudiantes lo siguieron apresurados con el asustadizo profesor que miraba de reojo a los alumnos que se quedaban pero que no se atrevía a ordenarles que se dirigieran al sótano con ellos.

Al cabo de unos minutos quedaron solo nueve estudiantes en oscurecidos pasillos de la problemática instalación.

― Por todos los cielos, jamás te vuelvo a ayudar en uno de tus planes Erick ― balbuceo Francesco con el labio morado y una clara marca del golpe de hace unos segundos.

― Lo siento, me deje llevar por el momento ― intento disimular arrepentimiento, pues Erick lo había golpeado con toda la intención de lastimarlo. No solamente actuación, simplemente no desaprovecharía la oportunidad de golpearlo en la cara.

―Perdonado, perdonado; más bien explícales todo para que dejen de hacer caras extrañas.

― Necesitaba una manera de mantener el orden, y cuando la razón no funciona la fuerza es necesaria.

Todos parecieron entender, ya que con la mirada preguntaban como había ideado todo.

― Le mande un mensaje para que dijera eso. A estas alturas, juzgando por la explosión; salir en un helicóptero tan grande es un suicidio. No se si sigue ahí o no, pero lo más seguro es esperar en el sótano a que llegue la ayuda.

― ¿Y para que nos necesitas, señor genio? ― pregunto Isabel molesta, había deducido todo al instante; no necesitaba que le explicaran como a una niña pequeña.

― Encárgate de los empleados con ellos 2 ― señalo a dos de los cinco estudiantes que había elegido ― Si no se esconden en las mismas instalaciones de máxima seguridad, como nosotros, morirán a manos de los rebeldes.

― Esta bien ―Contestó la hermosa joven bajando unas escaleras cercanas como si conociera las instalaciones por completo. Los dos estudiantes la siguieron apurados.

Alexander también había deducido las intenciones de Erick desde el principió, el mismo estaba dispuesto a llevar acabo su propio plan de no ser porque este se le adelante. No estaba de acuerdo con la exhibición de fuerza bruta pero la prioridad era mantener el orden, y gracias a ese golpe sus compañeros se encontraban a salvo. Erick podía generarle una mala sensación pero indudablemente era un genio que visualizo la situación, las posibles situaciones y la mejor decisión a seguir en pocos segundos. Por eso mismo siempre le ganaba en ajedrez.

― ¿Nos podrías decir cual es tu grandioso plan? ― pregunto Alexander sacando su celular para terminar de hackear la red de seguridad del lugar.


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Hola, espero les haya gustado este capítulo.

Afortunadamente la escena que no quiero escribir no apareció en este capítulo, pero lo más posible es que aparezca en uno de los próximos dos capítulos.

Acuérdense de votar y comentar.

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