Capítulo 0: Aburrida perfección
Erick Pravus se despertó 10 segundos antes de que sonara el despertador, había estado practicando trasnocharse y despertarse temprano con tan solo su voluntad, debido a que este era el único reto que tenía a sus 18 años, y por culpa de eso su vida “perfecta” se empezaba a volver aburrida.
Se sentó sobre su cama, miró el despertador, lo había construido con ayuda de su papá a los cinco años y seguía funcionando con extrema precisión. El reloj marcaba las 5:30 am, lo que indicaba que tenía una hora y media para bañarse, vestirse y desayunar.
Se estiró un poco y soltó un gran suspiro. Acababa de conseguir el gran reto que se había impuesto, se suponía que era difícil ¿Cuánta gente podía decidir a que hora despertarse la noche anterior y cumplirlo al día siguiente sin ninguna clase de ayuda? Su padre lo había engañado de nuevo. No había sido tan difícil como se lo había hecho creer, ya que solo había tardado una semana en conseguirlo.
Erick miró por la ventana, el sol entraba con poca fuerza algo normal debido a la capa de neblina sobre la isla. Siempre era igual, excepto cuando llovía pero eso sucedía con muy poca frecuencia, lo que hacia del clima: otra cosa más en su vida predecible y aburrida.
Un pajarito de color amarillo y pico azul, voló hasta la ventana y empezó a golpearla de manera suave pero insistente ― Ya va, ya va… no se como haces para llegar exactamente cuando me despierto ― sonrió Erick mientras abría el primer cajón de su mesa de noche y sacaba una bolsa con semillas. Abrió la ventana y arrojó unas cuantas sobre la palma de su mano.
El pajarito se acomodó y comió dichoso. Habían repetido esto por ocho años y todo gracias a que de niño ayudó a su mama a curar unos pichoncitos que encontraron botados en la calle. Los cuidaron en la casa hasta que aprendieron a volar y desaparecieron en el horizonte, todos menos uno, Rascal como lo llamaba, siempre aparecía por la mañanas a exigir su desayuno.
Después de unos segundos el pájaro se dio por satisfecho, estiró sus alas y salió volando.
<Ese pájaro solo viene por la comida> pensó el joven mientras veía como su amigo desaparecía en la lejanía.
Erick vivía en el tercer piso de la casa, el nivel era completamente suyo. Lo había construido a los trece años, sobre el árbol más grande de la propiedad de sus padres y lo había conectado a la casa por medio de unas escaleras metálicas que uno de sus vecinos había botado al haber remodelado su granero.
Tendió la cama, abrió la puerta y bajó las escaleras.
En el segundo piso se encontraban: la alcoba de sus padres, con tapete, varios muebles y una cama enorme; el baño principal y su antiguo cuarto, ahora la biblioteca personal de la familia, con mas de 3’000 obras de distintos géneros e idiomas. Ahí se encontraba su padre, Gustav, sentadó en una enorme silla mecedora, leyendó y fumandó pipa. Otra vez, su padre se había levantadó antes que él; incluso, de niño alguna vez pensó que no dormía, pero eso era imposible y con la técnica que acababa de aprender era más que fácil desarrollar el hábito de levantarse antes de la madrugada.
Saludó con dos besos en la mejilla al lucido anciano y continuo su camino hacia la cocina. Preparo el desayuno: cortó y calentó distintos tipos de panes: de calabaza, de girasol, de trigo y de centeno; sacó del refrigerador varios embutidos y jamones, los cuales iban desde cerdo hasta ternera; sacó de la despensa mantequilla y diversas mermeladas y calentó un poco de café.
En realidad el y su padre no comían tanto pero Bertha, la criada, una mujer Austriaca que daba razón a sus kilos de más, tenia un apetito remarcable.
Erick arregló la mesa y llamo a su padre, cuando este bajó y se sentó, empezaron a comer.
― Veo que ya manejas el Auchenfru ― comento el anciano mientras le daba un mordisco a su pan favorito el Kürbiskernbrot, pan de calabaza.
― Pensé que seria más difícil ― respondió el joven desanimado ― Creí que el método pondría a prueba mis habilidades ― agregó mientras tomaba un pequeño sorbo de café.
Gustav suspiró, nunca pensó que el método educativo que Mabel había implementado con su hijo fuera tan perfecto. El procedimiento tenía una sola base, generar de manera subconsciente una personalidad narcisista, debido a que la historia había demostrado en más de una ocasión las grandes hazañas que otros humanos consiguieron gracias a esta patología. Alejandro Magno quien fue convencido por su maestro Aristóteles de ser hijo de Zeus y no de hombres, conquistó todo el mundo conocido en esa época y quien sabe que más habría logrado de no haber sido traicionado; o Napoleón Bonaparte, el emperador de los Franceses quien estando en el exilio, al contemplar el suicidio, por considerarse superior a cualquier otro hombre, ingirió una sobredosis de veneno que le provocó vómitos y espasmos evitando su muerte.
Sin embargo, tenían que evitar que desarrollara la personalidad de un tirano ya que la historia también había demostrado lo dañinos que estos podían llegar a ser para la humanidad: como Nerón, recordado como uno de los emperadores Romanos más viles de la historia; Benito Mussolini o Adolf Hitler de los cuales ni siquiera es necesario hablar y muchos otros malhechores que lograron grandes cosas, pero no para bien o con los métodos correctos.
Lo implementaron de manera brillante. Le inculcaron desde pequeño valores y principios naturales, compartidos y aceptados por todas las religiones pacifistas, aunque se notaba la gran influencia cristiano-budista.
Lo llevaban al hospital y al orfanato de la isla, y siempre le recordaban lo mismo: “como eres superior, tienes que cuidarlos y de igual manera a todos los que están por debajo de ti, incluyendo a tus enemigos”.
Le recordaban constantemente que no todos eran como el, por lo que sus acciones impactaban en mayor medida al mundo. Si algún amiguito mentía, se engañaba a si mismo y hacia quedar mal a su familia; sin embargo, si el mentía significaba que al mundo le era arrebatada la verdad y por lo tanto se distorsionaba la historia.
Y así el pequeño y crédulo niño, desarrollo una inteligencia tal que su padre le tuvo que poner la regla de sólo sacar puntaje perfecto en el 80% de sus exámenes, pero no paro ahí, sus habilidades deportivas, artísticas, musicales, etc. Se incrementaron de manera exponencial a través de los años. Tal fue el progreso del joven que sus padres se asustaron, habían creado un humano perfecto y eso no era posible; por lo que tenían que encontrar su defecto antes de que este se manifestara o de lo contrario…
Erick terminó su desayuno, lavó su plato y organizó la cocina. Había discutido con su padre las limitaciones que tenia en la isla y lo frustrante de no poder compartir sus dones con el resto del mundo. Si bien estas discusiones llegaban a extenderse varias horas esta vez hablaron unos pocos minutos, la próxima semana se graduaría y como habían acordado estudiaría en el extranjero.
<El hijo ideal, será que en verdad tengo al hijo ideal> se preguntaba Gustav mientras su hijo se despedía y salía camino al colegio. Si algo le preocupaba al anciano era los efectos que tendría el corrompido mundo exterior en su primogénito.
El único colegio de la isla se ubicaba colina abajo en la parte oriental de la costa. En el camino se encontraba la casa de su novia, Nicolle, no era la más bella pero Erick veía mas allá de eso. Creía necesario que su futura esposa fuera inteligente, ordenada, sociable y amena. Cualidades que no todas las caras bonitas reunían.
La hermosa joven lo esperaba en la puerta de su casa ― ¡Erick! ― grito emocionada y enseguida se lanzó sobre él. De inmediato, sus carnosos labios se unieron con los del poco sorprendido adolecente.
― ¿Me puedes acompañar a mi cuarto? se me ha quedado el cuaderno de mate ― dijo con una mirada picara la enérgica jovencita, mientras agarraba a su novio de la mano y lo arrastraba a su casa. Apenas ingresaron subieron las escaleras a gran velocidad, entraron a su cuarto y apresurada, Nicolle cerro la puerta ―Hagámoslo, mis papas no están ― susurro excitada. Lo volvió a besar, lo forzó contra la cama y entre más lo degustaba más necesidad sentía de estar con él, de sentirló, de ser uno.
Erick la aparto y se levanto ― Cuantas veces tengo que repetírtelo, mi futura esposa debe de llegar pura al matrimonio. Cada vez que haces esto me haces dudar ¿Que hubiera pasado de no haber sido tu primer novio? ¿Te habrías acostado con otro? ― interrumpió el joven de manera fría y seca. Una lagrima empezó a cruzar la mejilla de Nicolle, intentaba no llorar pero cada vez que su pareja le correspondía cualquier muestra de cariño sentía la necesidad de estar con él, esa sensación no se la causaba nadie más pero era imposible describirla.
No aguantó y empezó a llorar, Erick se compadeció había desarrollado una empatía casi sobrenatural por lo que aunque no entendía sus propios sentimientos podía vivir los de las demás personas y sobretodo los de su novia con quien había hecho pareja desde la infancia.
Se sentó al lado de su avergonzada novia, la abrazo, le dio un beso en la mejilla, dejo que apoyara la cabeza en su pecho y le empezó acariciar el pelo.
― Sabes que te amo, cuando vallamos al extranjero nos casaremos y haré todo lo que este a mi disposición para hacerte feliz ― le susurró el joven al oído ― ¿Todo? ― preguntó Nicolle más animada mientras le besaba el cuello, sus labios se encontraron.
― Todo ― respondió Erick dándole un prolongado y apasionado beso. Nicolle quiso insistir una vez más, pero antes de que se pudiera dar cuenta, su novio ya había abierto la puerta y con ambas maletas sobre su hombro izquierdo, la agarro de la mano y la hizo salir de la habitación. Bajaron en silencio y durante el resto del camino no hablaron pero ella no se sentía triste, caminar de la mano con el joven mas atractivo de la isla era un gran deleite cada mañana.
Al llegar al colegio se les acercaron los niños y niñas del jardín, que cada mañana los esperaban para hablar con Erick. Las conversaciones variaban desde su color favorito hasta que superhéroe ganaría una pelea y siempre antes de que sonara la campana que marcaba el inicio de las clases todos reían, jugaban y disfrutaban del momento, todos menos Nicolle que siempre veía ese instante como una interrupción al tiempo a solas que tenia con su novio. Al iniciar las clases y durante los recesos todas las demás estudiantes de los grados más altos empezarían a coquetearle de forma descarada a ¡su novio!
Con el sonido de la campana se despejó la entrada sur del colegio, Erick y Nicolle entraron al edificio de bachillerato y los saludos no tardaron en llegar ―Hola amor ― gritó una hermosa rubia que se lanzó sobre Erick quien la evadió de manera atlética.
― ¿Cuando te vas a cansar de esa zorra? ― preguntó de forma altanera una joven de cabello oscuro, ojos penetrantes y labios finos. Acompañada de dos de sus “amigas” una bajita y la otra grande y gorda, que reflejaban la más plena ironía de los estereotipos estudiantiles.
― Cuando empiece a hablar sucio ― respondió molesto el joven. De inmediato una sonrisa se dibujo en los carnosos labios de Nicolle, soportar tantos insultos y humillaciones valía la pena, las palabras de Erick le subían el autoestima de sobremanera.
Luego de un molesto recorrido llegaron a su salón, en el tercer piso del edificio. Ahí se encontraron con su amigos Yago; Lilia; Mitsuku; y los hermanos Nielsen: Klaus y Lars. Los asientos se podían escoger al comenzar cada jornada y después de los recesos. Por lo que sus compañeros les habían guardado asientos en la parte de atrás del salón. Todos tenían la misma edad a excepción de Lars que era un año menor; provenían de familias poderosas y adineradas que siguieron los pasos de los padres de Erick para conseguir una vida tranquila alejada de los medios de comunicación y las restricciones de gobiernos ignorantes.
En los últimos 20 años la isla había cambiado de forma drástica. Varias de las familias más poderosas del mundo vivían en la isla y una de estas se había ofrecido a velar por la clandestinidad de todos, los padres de Yago que manejaban el monopolio de inteligencia estatal de manera sencilla, casi irreal, lo lograron; si bien, tenían poder y contactos no lo abrían conseguido si la isla no reuniera las características que tenia, sobretodo la falta de utilidad para los gobiernos poderosos y la inexistencia ante los subyugados.
Debido a todos lo cambios que se empezaron a dar la familia Pravus, la mas respetada en Cielo Verde había velado por los derechos de los nativos a los cuales se empezó a tratar como iguales y empezaron a recibir gratuitamente todos los servicios que se instalaron en la isla.
Las clases, de la mas alta calidad comenzaron normalmente y Erick no podía evitar aburrirse, los temas ya se los sabia. No entendía por que los profesores repetían lo mismo que había en los textos, uno que otro daba ejemplos de más pero nada que en realidad importara. ¿Qué haría si la universidad no satisfacía sus estándares? Esto lo preocupaba o ¿que pasaría si no lograba ingresar por seguir la regla que su padre le había impuesto? ¿Por qué no podía sacar notas perfectas? De seguro eso sorprendería a cualquier universidad; además, equivocarse apropósito no le generaba más que frustración.
Un papelito cayó sobre su escritorio – Deja a tu novia y te hacemos triple... – rompió el papel ¿porque tenían que fastidiarlo todos los días? Otro papelito cayó, no lo quería leer, pero por educación se veía forzado; aunque, podría alegar que hacerlo en medio de la clase era mucho más maleducado pero la asignatura era aburrida y no quería hablar con ellas en el descanso. Lo tomó de las esquinas y lo abrió – Bueno, no la tienes que dejar veámonos… – lo botó, se levantó y pidió permiso de ir a la enfermería.
Salió rápidamente pero no hacia donde había dicho, si algo había aprendido era que los tontos no ingresaban con frecuencia a la biblioteca. Saludó a la encargada del lugar una anciana de más de 80 años que siempre era su cómplice cuando se trataba de escapar de las tediosas clases. Pasó por entre los estantes de libros agarró su favorito, aquel que sus padres odiaban: el príncipe, de Nicolás Maquiavelo. Se dirigió a una de las esquinas mas rebuscadas del lugar, se sentó y empezó a repetirse el libro; si algo le costaba entender era porque sus padres detestaban tanto el increíble libro que tenia en sus manos, lo leía y lo releía < ¿que se sentiría ser temido y no amado? > pensaba siempre que pasaba sus ojos por la obra y así el absorto joven pasó las horas de la mañana.
Un sonido desvió su atención, lo habían encontrado ― Hey Ñoño, ya estamos en descanso echémonos un picadito ― grito Yago ― me asustaron pensé que alguien mas me había encontrado
― ¿Una de tus admiradoras? ― Río Mitsuku y todos los presentes la acompañaron, Erick también sonrió y hasta se sonrojo pero fue de manera calculada. El comentario lo había molestado y aunque abría preferido contrarrestar el comentario sabia que los amigos tendían a molestarse entre si por lo que tenia que dejar pasar cosas como esas.
― No necesita ninguna admiradora ― respondió Nicolle agarrando de la mano a su novio y mientras era forzado a salir de la biblioteca Erick colocó en su lugar el libro que tan enigmático le parecía. Subieron a la azotea, la cancha de futbol se encontraba ahí por la falta de espacio. Se sentaron en las gradas y empezaron a comer. Lilia siempre traía para compartir, todos concordaban que los chef de su casa eran los mejores. Luego de quedar satisfechos empezaron a jugar Erick siempre era el portero, Yago delantero y Klaus y Lars jugaban de volantes. Los equipos siempre quedaban nivelados, sobretodo cuando Yago y Erick quedaban en equipos contrarios sus confrontaciones entre goleador y arquero eran increíbles.
Después del descanso continuaron las rutinarias clases. A la una salieron a almorzar, otra vez comida preparada por los chefs de Lilia y entre diversión, aburrimiento y monotonía llego la tarde. El grupo de amigos salió hacia la casa de Erick.
Él, Nicolle, Mitsuku y Klaus competían en ajedrez; mientras Lilia, Yago y Lars discutían con su papá sobre asuntos de política y economía. Uno que otro estudiante, acosadora o curioso llegaba a la casa y compartía con los demás.
Bertha atendía de manera esplendida, siempre tenía todo preparado para las reuniones post escolares de los jóvenes y últimamente se había esforzado de más, el pequeñín de la casa se iría pronto. Ya no podría seguir cumpliendo la promesa que le había hecho a Mabel en su lecho de muerte, eso la entristecía < el chico se puede cuidar solo, de eso estoy segura> pensaba cada vez que la asaltaba la melancolía.
Y así paso la semana, el día de la graduación había llegado.
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