
3
No tardó en caer la noche, pero a Lee le parecieron milenios en vez de horas. Sentía que su cuerpo vibraba de la emoción, y casi le fue difícil entrar al terreno de los Hyuga sin ser visto; se apuró en varias ocasiones, pero tuvo suerte y los guardias no vieron ni su sombra. O era muy habilidoso, o ese Clan necesitaba más guardias… quiso sentirse orgulloso de sus propias habilidades, así que decidió no ahondar más en el tema y continuar su camino.
Sabía cómo llegar a la casa de su rival como si se tratase de la palma de su mano, habiendo ido miles de veces luego de misiones complicadas o sólo porque Neji no quería estar solo. Nunca hablaba de las cosas que los ancianos de su Clan hacían, aún así le había contado a su equipo que a veces eran más insoportables que Hiashi; tener a un invitado usualmente los repelía, y por eso Lee y Tenten nunca le negaban su compañía cuando tenían oportunidad.
Quizá a su amigo a veces le costaba expresar lo que pensaba o sentía, pero los tres adolescentes se entendían a la perfección de igual forma. Aunque él lo rechazara, Lee seguiría dándole todo su apoyo sin pestañear, pues por algo eran eternos rivales.
Aún se podía apreciar una tenue luz en una de las casas, en una ventana cubierta por cortinas; era la casa de Neji, quien probablemente estaba leyendo algo antes de dormir. El pelinegro golpeó el vidrio un par de veces, sosteniendo su ramo de tulipanes con emoción al escuchar movimiento viniendo desde dentro del edificio. Y allí pudo ver a su amigo, con el cabello enmarañado y los ojos entrecerrados del cansancio que tenía.
— ¿Lee? ¿Qué...? – musitó el Hyuga, perdiéndose entre sus propias palabras al ver las flores que Lee tenía entre las manos. Frunció el ceño, confundido, pero lo hizo pasar antes de que alguien lo descubriera afuera para que no le ocurriera nada malo.
Cayó el silencio entre los dos por unos instantes, y Neji asintió con la cabeza para cederle la palabra a su invitado inesperado.
— Mi querido rival, hay algo que quiero decirte. Primero, toma esto, – empezó a decir Lee, dándole el ramo de tulipanes y sintiendo una linda calidez en el pecho al ver la pequeña sonrisa de su compañero. — En nuestra misión del otro día, yo… Me di cuenta de algo. ¡Me gustas, Neji! Muchísimo.
Se arrepintió de haber dicho eso casi al instante, viendo que Neji se tensaba de pies a cabeza mientras su sonrisa desaparecía, soltando un suspiro de sorpresa al escuchar sus palabras. Dejó de mirarlo, actuando como si de pronto el suelo fuera lo más interesante del universo; aún así, el castaño se aferró a las flores como si su vida dependiera de ello, sus labios sufriendo de un ligero temblor.
Su idea no había funcionado. Es más, había hecho que su mejor amigo se sintiera incómodo con él, y quizá nunca volverían a ser tan cercanos como antes… pero era extraño que no tuviera respuesta alguna. Lee movió la cabeza al costado en un momento, observando que Neji se sentaba en su cama para mecerse de adelante hacia atrás sin decir nada en absoluto.
Ya lo había visto hacer eso un par de veces en el pasado, más cuando estaba cansado que cuando tenía todas sus fuerzas; el Hyuga no sabía qué hacer, y se movía un poco en un intento de calmarse a sí mismo. Tendía a esconder ese tipo de comportamiento en público, pero confiaba en su equipo lo suficiente como para dejar su cansina máscara de frialdad caer cada vez que nadie lo podría ver hacer pequeños gestos como ese.
Sin decir nada, Lee se sentó a su lado, extendiendo su mano en dirección a su amigo. Las palabras no eran necesarias; era una forma de pedirle permiso en silencio, y Neji tomó su mano con todo el cuidado del mundo, entrelazando sus dedos mientras seguía evitando su mirada. No sería capaz de hablar por el momento, así que el maestro del taijutsu decidió llenar el silencio con susurros, dispuesto a intentar comunicarse con su rival.
— ¿Estás molesto? – preguntó, y Neji negó con la cabeza, abrazando el ramo para tener los tulipanes sobre su pecho. — ¿Te puedo abrazar?
Otra vez le dijo que no en completo silencio pero, esta vez, se levantó sin soltarlo para nada. Fue a buscar un vaso para poner las flores para luego apoyar su cabeza en el hombro de Lee, suspirando una vez más. Se estaba empezando a calmar aún cuando seguía algo nervioso, jugando con los bordes de su remera sin decir nada.
Lo mejor que podían hacer en ese momento era esperar. Y cuando Neji ya se sentía preparado para volver a usar su voz, no perdió nada de tiempo, directo como siempre.
— Mi Clan es muy conservador. No podemos estar juntos, me matarán, – susurró, su mirada enfocada en la cara de Lee pero nunca en sus ojos. Parecía estar al borde del llanto, conteniendo sus emociones como era típico de él.
— Lo mantendremos en secreto, o… no sé. Me aseguraré de que no te hagan nada, – respondió el pelinegro con una sonrisa, apretando la mano de su compañero con cuidado de no causarle dolor. — No tenemos que hacerlo público si no quieres, ¿sabes? Somos ninja, no creo que escondernos sea muy difícil. ¡Te mantendré seguro, Neji!
Por primera vez en años, Lee vio un par de lágrimas caer por las mejillas de su amigo, y solo entonces le permitió abrazarlo. No hablaron mucho más después de eso, pero se hicieron compañía hasta quedarse dormidos el uno junto al otro una vez más, abrazados sin vergüenza en esa ocasión.
Hablarían sobre qué hacer en la mañana, cuando no estuvieran cansados y pudieran pensar mejor. Tener una relación era peligroso considerando lo homofóbicos que eran los Hyuga; al no pertenecer a la Rama Principal, Neji sufriría graves consecuencias si alguien se enteraba que estaba con un chico. Sólo con ayuda de Hiashi podía vivir como varón, y aún así lo trataban mal y algunos incluso le hablaban como si fuera una chica para hacerlo sentir peor. Debían pensar en una estrategia con cuidado, sabiendo que un paso en falso podría significar la muerte de uno de los dos.
Sus compañeros de equipo los respaldarían en lo que necesitaran, eso era seguro. Sólo eso era certero.
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