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"¡Ah, los que no habéis llorado esta felicidad, llorad ahora vuestra pasada adolescencia, porque ya no sabréis amar como entonces! ¡Primer amor! Noble orgullo de sentirse amado; dulce sacrificio de todo en favor de la mujer querida; felicidad que recibíamos como un don de Dios; perfume para todas las horas del porvenir; flor guardada en mi alma; único tesoro que la envidia de los hombres no puede arrebatarnos; sublime delirio... ¡María! ¡Dulce amor mío! ¡Cuánto te amé!".
María
—Jorge Isaacs—
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