Capítulo 20.
Bajo las estrellas de París
tuve el placer de tomar tu mano,
bailar al compás de la música del piano,
deslizar mi mano a tu espalda baja
y desear aquellos labios rosados.
Bajo las estrellas de Paris
me permití tomar tus mejillas,
acercar mi rostro al tuyo
y finalmente hacer lo más impulsivo de mi vida.
—Frankie en una hoja de papel.
Frankie Howard.
—¿Estás bien?
Susurra Faith a mi lado mientras el ascensor subía lentamente con una veintena de personas aglomeradas en él. Daba gracias al cielo que la mayoría parecían ser personas mayores, sin embargo, había notado a un grupo de chicas que me echaban el ojo de vez en cuando y no era por ser un tipo guapo.
A lo largo de los años habíamos aprendido a distinguir el tipo de miradas:
1. Las miradas provocativas: te conozco, quiero tenerte, voy a tenerte.
2. Las miradas me pareces sexy: no te conozco, pero te quiero para mí.
3. Las miradas fanáticas: ¡Es Four Chips! ¡Ahhhh! ¡Mira, es Four Chips! Pequeña nota: tener cuidado con algunas, pueden ser fanáticas locas.
4. Las miradas no me importa un carajo: ¿Por qué esa niña le grita a ese tipo? Nota: Son las miradas que más duelen porque no conocen a Four Chips y además no consideran que soy guapo.
Esas chicas tenían la mirada número tres.
Sin embargo, las chicas parecían ser el menor de mis problemas en ese momento, la presión aumentaba en la parte baja de mi abdomen cada vez que subíamos un milímetro más.
—¿Frankie?
De nuevo, no digo nada, solo busco a tientas su mano y la tomo con fuerza para empezar a rezar.
Señor, yo sé que no hablo mucho contigo, incluso creo que no soy creyente y solo te nombro en vano cada vez que quiero soltar una maldición, pero protégeme de esta cosa horrorosa que los franceses decidieron tomar como atracción turística.
Cuando finalmente llegamos al primer piso de la torre empujo a la pareja de ancianos frente a nosotros y soy el primero en salir sin importarme la mirada de la viejita y su muy evidente maldición.
Quizás salir del ascensor fue mala idea cuando veo el escenario frente a mí. Los campos Elíseos, el arco del triunfo a lo lejos y la maravillosa vista de la ciudad parisina por la noche. Entiendo que para cualquiera era un privilegio, ¿para mí? Era la maldita tortura.
Odio Paris.
—Estás en un nivel ridículo del Candy Crush, resuelves crucigramas como distracción, eres disléxico, le tienes miedo a las alturas y ¡ah! Puedes escribir romance—hago todo lo posible por separar mi mirada de la mortal distancia que existe entre mí y el sólido suelo para mirar hacia la chica de ojos azules—. ¿Qué más tienes para contarme, Frankie?
—El sushi me parece una blasfemia, no sé en qué pensaban los japoneses en crear tal aberración.
—¡Ahora vas contra el sushi! ¿Algo más?
Me gustas.
Más no lo digo en voz alta.
Ella está analizándome con la mirada, como si quisiera descubrir cada oscuro secreto.
—Hoy estás extraño, ¿París causa ese efecto en ti? Olvidaba el hecho de que cada país pareciera causarte cambios.
Valientemente doy un paso más cerca del borde de la horrorosa torre para acompañar a Faith quien había empezado a avanzar. Bien, las vistas eran buenas, pero, ¿el viento? Odiaría tener el cabello largo en ese momento, aunque el viento ya estaba haciendo su trabajo de congelar mi trasero.
—La torre Eiffel me parece una blasfemia de la humanidad—Me doy cuenta cuando la pareja a nuestro me echa una miradita, una de confusión al escuchar mis palabras—. ¿No ves lo fea que es?
—Creo que te aterra lo lejano que estás del suelo.
—No puedo discutir ese punto.
—Pero no es eso. Estoy segura de que Austin está preocupado por tu silencio y piensas que has hecho algo malo—Es evidente mi sorpresa—. ¿Qué? Es obvio, estás callado y tú nunca paras de hablar.
Sonrío, tiene razón, soy parlanchín por naturaleza. Meto las manos en los bolsillos de mi chaqueta para tratar de buscar un poco más de calor.
—Hoy charlé con Penny—confieso con la mirada hacia el arco del triunfo.
El arco del triunfo es superior a la torre Eiffel.
—Oh.
—Solo besé a Penny una sola vez, aunque los chicos piensan que llegamos a mucho más que eso—Veo por el rabillo del ojo la sorpresa en ella. No puedo ofenderme, cualquiera pensaría que Penny y yo habíamos hecho más que solo un besito—. Sé que tengo mala fama y me consideran el prostituto de la banda, no te miento, he tenido mucho sexo.
—Gracias, no es que quisiera saberlo.
—Pero todos lo saben, renuncias a una parte de tu vida privada cuando entras al mundo del espectáculo, pero volviendo a Penny, solo tuve que besarla esa vez para saber que no éramos compatibles, al menos no de esa manera.
Y ella también lo supo, no éramos nada compatibles pero aunado a eso, yo solo tenía a alguien en mi cabeza en ese momento, Penny supo verlo, me sentí tan avergonzado cuando me preguntó en quién estaba pensando cuando la besé.
—Lo lamento.
—Yo no, ambos estábamos en la misma página y me gané a una amiga, mi mejor amiga—revelo y sé que la sorpresa sigue llenando a Faith, solo los chicos sabían lo muy cercano que me había vuelto a la neoyorquina—. La amo, la respeto y la quiero en mi vida, recordé esas cosas mientras veía la espantosa torre Eiffel desde mi habitación.
—Eso es muy bonito, Frankie, estoy segura de que ella debe apreciar tu amistad—Faith parecía de alguna manera enternecida.
Nunca le había provocado ternura a una mujer.
—Sentí aquella conexión una vez antes de Penny, con Janicka.
—Sé quien es, recuerdo que les enviaba cartas, fue casi su primer gran admiradora y luego... Bueno... Pasó lo que pasó, lo siento, sabía que eran unidos.
—Lo fuimos, traté de salvarla y no pude, supongo que Penny tiene razón cuando dice que siempre intento salvar a todo el mundo—Faith toma una de mis manos y la aprieta tratando de confortarme, mis ojos prefieren concentrarse en ese punto de nuestra unión antes que de las bonitas vistas de Paris —, incluso lo estoy haciendo ahora, quiero salvarte, quiero que todo aquel que te hizo daño sufra.
—Frankie...
—Hago cosas impulsivas todo el tiempo, ¿sabes?
Siento a Faith acercarse más a mí, pero esta vez cuando nuestras miradas se cruzan solo veo preocupación en su rostro.
—Frankie, ¿qué es lo que realmente te sucede?
Debes mantener la mente fría por un maldito segundo antes de hacer algo que realmente pueda manchar más las cosas, escucho la voz de Penny casi gritar las palabras.
—La primera vez que te vi pensé que eras preciosa—dos pequeños motes de color aparecieron en lo alto de sus mejillas—, pero tu mirada era tan triste, tenías miedo de todos y realmente me rompió el corazón que me odiaras.
—No te odiaba —susurra.
—Quizás no, pero lo sentí así, eras más expresiva con Mark y lo intentaste con Dustin, ¿pero conmigo? Huías de mí como si tuviera la peste.
—Me parecías el más guapo del grupo, por eso huía de ti.
La sensación de orgullo llenó mi pecho, pero no lo demuestro.
—Cuando cumpliste diecisiete te empecé a ver diferente—Impulsivo, sí, mucho. Faith se queda de piedra—, pero yo solo deseaba que me dieras una oportunidad, así como se la diste a Mark y a Dustin, que me hablaras, me sonrieras, nada más, solo eso me haría feliz. Y llegó el momento, era tu cumpleaños dieciocho, te regalé...
—Un bolígrafo, si, lo recuerdo, tenía una estrella azul en la punta. Chris lo tomó una tarde de mi mesa en un arranque de inspiración, cuando se lo pedí me dijo que lo había perdido, estaba avergonzado y yo furiosa.
—Luego golpearé a Chris por perder mi regalo.
—Me hiciste sonreír, lo recuerdo, no lo sabías, pero por ese entonces escribía mucho, mi terapeuta lo usó en mi favor para escribir mis pensamientos. Escribí mucho sobre ti—aquello llama mi atención, sabía que ahora escribía sobre mí en su diario, pero no me esperaba que lo hiciera en ese entonces cuando apenas me dirigía la palabra —, tenía... esta fantasía... Olvídalo, es estúpido.
—No es estúpido, dímelo.
El sonrojo volvió, pero era intenso, como el color rojizo de las manzanas de Dustin. Era tan anticlimático pensar en Dustin en estos momentos.
—Tenia esta fantasía... de que... tu habías sido mi primer beso—sonríe, mientras sus ojos se llenan de lágrimas, se encoge de hombros como si pensara que fuera algo absurdo.
—Faith...
—Pero no fue así, mi primer beso, odio pensar en eso, pero es verdad cuando dicen que el primer beso nunca se olvida—dice eso último con un hilo de voz.
Impulsivo.
Eres tan impulsivo, Frankie, piensa las cosas antes de actuar, me habían dicho muchas veces. Casi siempre me arrepentía de serlo.
Tomo sus mejillas y la acerco a mí, esta vez no estaba probando nada, no sería solo un roce de labios, me olvido de donde estamos, de quien soy, de quien es ella, de las consecuencias y me apodero de sus gruesos labios rosados, bebo de ella como la ambrosía de la que se jactaban los dioses de disfrutar, tomo cada pedazo de ella, veo los fuegos artificiales que jamás había visto a pesar de haber besado a cientos de mujeres.
Lo sabía, siempre lo supe, la única persona que me haría ver fuegos artificiales sería ella, mi Faith.
De nuevo actué por impulso, luego vendría el momento para arrepentirse, pero veía poco probable que alguna vez me arrepintiera de besar a Faith.
Dando un último suave beso en sus labios, me separo levemente de ella, aún con nuestras pelvis y frentes unidas como si fuéramos uno solo. Abro mis ojos, los suyos siguen cerrados, aprovecho ese minuto para beber de ella, esto no era solo cuestión de gustar, ya basta de ocultarme tras la verdad.
Estoy enamorado de ti, pero de nuevo, no lo digo en voz alta, en cambio digo:
—No fui tu primero, pero vas a tener cada uno de mis besos a partir de ahora, pequeña Faith.
Otra vez Frankie porque quiero y puedo jijijijiji y por supuesto para este momentazo <3
Espero que les guste :)
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