40

Si había algo que Chloé tenía demasiado claro era el hecho de que no perdería un poco más de su orgullo al iniciar una carrera tras Lara para darle alcance y decirle una cuantas cosas cara a cara, así que caminaba tras la alfa con pasos relativamente agigantados, dejando entrever lo muy enfadada que se encontraba con cada rotundo paso, el cual resonaba como si el más profundo eco lo acompañase.
— ¡Tú, maldita insolente! —gritó Chloé a todo pulmón con evidente furia en su tono de voz, llamando la atención no solo de Lara, sino también de algunos integrantes más de la manada que se encontraban relativamente cerca de ella— ¡Acabaré alcanzándote tarde o temprano, así que deja de intentar huir como la maldita cobarde que eres!
Aquellos lobos que ya de por sí eran curiosos por naturaleza, no tardaron mucho más en prestar absoluta atención a los gritos de Chloé, deseosos de averiguar qué cosa tan grave hizo Lara para que una de las dos alfas líderes de la manada se encontrase en ese estado. Pues, aunque Chloé tenía un carácter muy difícil de sobrellevar, era muy complicado que perdiera su paciencia hasta tal punto.
— Continúen a lo suyo, señores —comentó Fidel con diversión, realizando gestos gráciles con sus manos como un acompañamiento más a su actitud— Está todo bajo control.
No obstante, lo que podía decirse bajo control pues como que no era totalmente cierto. El chico tuvo que detener bruscamente sus propios pasos para evitar estamparse contra la espalda de Chloé, quien también detuvo su andar al ver cómo Lara, completamente enfurecida por cómo había sido llamada, cambió su destino para encaminarse a la alfa y así poder encararla.
— ¡Repite lo que acabas de decir si tienes huevos! —gritó Lara a escasos centímetros del rostro de Chloé— ¡Vamos, tú que se supone que eres la valiente! —prosiguió— ¡Repíteme lo muy malditamente cobarde que soy para que esta vez sí pueda golpear tu rostro de niña buena!
« ¡Pero no retrocedas, estúpida!
¡Lo estabas haciendo muy bien, joder! »
Refunfuñó Fidel en su mente, un tanto histérico.
— Mejor seguid caminando —comentó el chico entre pequeñas risitas nerviosas— No queréis dar un espectáculo con todos estos lobos cotillas presentes, ¿verdad?
Fidel se dio por contestado cuando ambas alfas lo ignoraron para continuar su disputa cara a cara con mayor intensidad y es que estaban tan concentradas en sí mismas que ni siquiera pudieron sentir la presencia del beta, mucho menos percatarse del hecho de que las estaba siguiendo hacia donde quiera que estuvieran yendo.
— ¡Pues por supuesto que voy a repetírtelo! —gritó Chloé en respuesta, dejándole ver un leve rastro de color dorado en sus iris— ¡Voy a repetirte que eres una maldita cobarde porque tengo los suficientes huevos como para hacerlo, porque se me pega la maldita gana de hacerlo y porque esta cara de niña buena puede partir la tuya en el momento en que se me pegue la real gana de hacerlo!
Entonces, una vez satisfecha con el resultado, esperó pacientemente a que el primer golpe por parte de Lara llegase y, por muy raro que pudiera parecer, no respondería con otro golpe de vuelta, pues, por muy descontenta que estuviera con la reacción de la alfa, nada podía borrar el revoltijo de sensaciones de su alma, cuerpo y mente.
— Chicas, insisto —añadió Fidel a regañadientes— Lara, ¿por qué no vuelves a iniciar la marcha hacia tu casa, si lo estabas haciendo tan jodidamente bien?
— Como si realmente pudieras partirme la cara en el momento en que se te pegue la real gana de hacerlo —escupió Lara con amargura, soltando pequeñas carcajadas carentes de humor— Tú no me conoces en lo absoluto —le acusó, dejándole ver sus iris completamente dorados— No sabes de lo que soy capaz de hacer, ni de lo fuerte que soy —prosiguió— No sabes una mierda sobre mí, así que no te creas tan valiente diciendo que vas a golpearme cuando quieras porque jamás lograrías nada; no lo permitiría.
El chico emitió un pequeño suspiro cargado de cansancio.
No sabía el motivo, pero le dolía no ser escuchado; le dolía ser ignorado.
Si Chiara o su padre estuvieran en su situación, ya habrían puesto el grito en el cielo para llamar la atención de ambas y las habría mandado a discutir en algún lugar más privado, lejos de las miradas curiosas de terceros, quienes estaban saciando su aburrimiento con aquel digno espectáculo.
— Mira, solo voy a darte la razón en una sola cosa de las tantas estupideces que acabas de decir, bonita —comentó Chloé en respuesta, regalándole una mirada cargada de veneno— No voy a lograr nada porque ni siquiera voy a hacer el intento de golpearte —prosiguió— Y mira que ganas no me faltan, eh —argumentó— Pero, a diferencia de ti, yo no estoy negando lo que he sentido y es eso lo que no me permite ponerte una mano encima.
De una forma totalmente involuntaria, el cuerpo de Lara se tensó al escuchar aquellas palabras, pues lo que menos deseaba en ese momento era recordar aquel revoltijo de sensaciones que, sabía, se trataban de una completa estupidez. Como le hizo saber a Alana y a todos los que se encontraban allí presentes, a ella no le gustaban lobos de su misma naturaleza, así que mucho menos podría gustarle una alfa como Chloé. Pero, joder, el hecho de ser llamada bonita por esa misma alfa provocó que una corriente eléctrica viajara directamente a su entrepierna.
— Si eso te ayudará a dormir esta noche, entonces no me golpees —comentó a regañadientes, apretando fuertemente sus manos en puños— Pero, a cambio, te pido amablemente que me dejes en paz.
Sin nada más que decir de su parte, Lara volvió a emprender el rumbo hacia su hogar y, como era de esperarse, Chloé la imitó, pisándole los talones.
— Pues, ni aunque me lo pidas amablemente, voy a dejarte en paz —comentó Chloé en respuesta— No hasta que te disculpes.
«Venga.
Avanzamos un paso y retrocedemos tres»
Pensó Fidel, histérico.
Efectivamente, Lara volvió a girarse para poder encarar a Chloé una vez más.
— ¡Dime por qué malditamente tendría que pedirte perdón ahora, joder! —gritó, histérica— ¡No sé si es que eres una niñata caprichosa que está acostumbrada a que todo el mundo obedezca tus estúpidas órdenes por miedo o qué, pero te digo desde ya que conmigo no vas a lograr lo mismo!
— ¡Merezco una maldita disculpa porque me has llamado monstruo cuando no lo soy! —gritó Chloé, depositando pequeños golpecitos con su dedo índice sobre el torso de Lara— ¡Yo no soy un monstruo y quiero que te quede bien claro que el hecho de tener unas preferencias sexuales no me hace serlo! —insistió— ¡Me parece una total falta de respeto que hayas llamado así a millones de personas, no solo a mí, cuando solo queremos que nos dejen vivir en paz y nos dejen vivir el amor a nuestra maldita manera!
— ¡Y a mí qué me dices! —insistió Lara— ¡Yo no puedo cambiar el mundo, niñata! —prosiguió— Y yo también quiero dejarte algo muy claro —espetó a regañadientes, bajando el tono de voz— Sigue pensando de esa manera y acabarás igual que el resto; tirada en algún lugar del bosque desangrada por un cuchillo de plata y una paliza digna de una tortura —escupió con veneno— Pero, ¿sabes que es lo que más te va a doler? —prosiguió, soltando carcajadas carentes de humor— Lo que más te va a doler no será el cuchillo de plata, ni la paliza —aclaró— Lo que más te va a doler va a ser ver cómo otros diez cazadores más matan a tu pareja frente a tus ojos y saber que tú no puedes hacer nada porque ya estás con un pie en el otro lado —aseguró— Pero, ¿sabes algo más? —inquirió— Al menos tú podrás estar agradecida de que no eres un omega, porque la mayoría de ellos sufren mucho más antes de acabar con ellos en el nombre del amor.
Lara aún no sabía lo que era sentir lo que acababa de relatar, más estuvo a punto de descubrirlo en el pasado y, para más inri, su mejor amigo ya no estaba allí para poder decir lo mismo.
— Para mí fue solo una advertencia y vaya que lo capté —finalizó Lara— Te aconsejo que lo reconsideres tú también —advirtió— Puede que creas que eres invencible por tener mucha fuerza y ser una de las guerreras más letales, pero cuando te acorralan entre diez o más miserables que han sido entrenados para hacer daño, nadie tiene la menor oportunidad; esto es la vida real, no un cuento donde el héroe o la heroína consigue salvar a su pareja acabando con todos a la vez, viven felices por el resto de sus días y comen perdices.
Solo entonces, Fidel comprendió que había escuchado más de lo que le concernía, lo que provocó que comenzara a sentirse extremadamente incómodo y descontento, lo que le llevó a tomar la decisión de no seguir a las alfas cuando éstas volvieron a emprender el rumbo hacia lo que parecía ser el hogar de Lara. Para él, oficialmente, su misión había finalizado y si resultaba que ese par acababa teniendo sexo en algún lugar público pues, bueno, no sería la primera vez que sucedía un caso como ese; que Chiara se las apañara como pudiese, pues él regresaba a su hogar.
— Esta manada ha sido dirigida durante generaciones con valores de respeto, lealtad e igualdad para todos, sean de la naturaleza que sea y amen a la naturaleza que les plazca —comentó Chloé, visiblemente incómoda— ¡Mi manada jamás delataría a ninguna pareja! —gritó, perdiendo nuevamente la razón— ¡Solo intentamos proteger a las personas que desean ser felices!
— No voy a discutir más contigo, Chloé —comentó Lara con seriedad sin detener sus pasos— Los cazadores se están dando cuenta de que cada vez más lobos viajan desde las grandes ciudades para ocultarse en vuestras manadas —aclaró— Será cuestión de tiempo que la vida de todos, los que se ocultan y los que ayudan a ocultar, peligre.
Emitió un pequeño suspiro de alivio al percatarse de que su hogar estaba a unos escasos pasos de ella. Descansaría un poco, tomaría una reconfortante ducha y comenzaría a recopilar todos sus enseres para abandonar la manada a primera hora del día siguiente, tal y como le hizo saber a Chiara, pues ahora que su vida había dado ese giro de trecientos sesenta grados en tan solo unos minutos, no se sentía cómoda siendo una integrantes más.
— Éste todavía sigue siendo mi hogar por el momento, así que estoy en todo mi derecho de finalizar esta absurda conversación aquí —comentó mientras introducía la llave para desbloquear la cerradura y así poder acceder a la vivienda que tenía contada las horas como de su propiedad— Supongo que es ahora cuando debo darte las gracias por acompañarme hasta casa, pero aquí acaba todo —insistió, mientras hacía el amago de cerrar la puerta frente a las narices de otra alfa enfurecida— Ha sido un placer conocerte, Chloé.
— ¿Eso es todo? —inquirió Chloé, sintiendo cómo lava comenzaba a recorrer sus venas, mientras detenía la acción de Lara— ¿Ya está? ¿Vas a rendirte así de fácil?
— Sí, eso es todo —comentó Lara en respuesta, emitiendo un pequeño gruñido de puro disgusto— No sé qué mierda has sentido tú, pero yo no he sentido nada más que repulsión ante tu tacto y ante el mínimo pensamiento de que tú fueras mi pareja destinada —prosiguió— Pero después recordé un dato muy importante y es el hecho de que nadie que decide estar con otro lobo de su misma naturaleza es porque sea su pareja destinada —aclaró— La Diosa Luna no enlaza a lobos de la misma naturaleza, Chloé —insistió— Probablemente la conexión que sentiste fue con Alana al rozar vuestras manos de forma accidental, pero te aseguro que yo no soy tu pareja destinada.
Efectivamente, la Diosa Luna no enlazaba a lobos de la misma naturaleza. Pero una tierna y delicada omega podría hacerlo en un futuro no muy lejano, cuando su transformación finalmente hubiera llegado.
Entonces, un pequeño duelo de miradas cargadas de furia se desató entre ambas alfas. Y, como era de esperarse, ninguna de las dos deseaba perder, así que ni siquiera se atrevían a pestañear, temerosas de que ese simple y automático acto las hiciese quedar inferior ante la otra.
— Que te jodan —escupió Chloé con veneno.
Entonces, y sin previo aviso, la alfa reunió toda la fuerza que poseía sobre la puerta que tan tozudamente Lara se estaba empeñando en cerrar frente a sus narices, logrando agrandar un hueco por el que logró meterse en el interior de la casa y, una vez cerrado a cal y canto tras ella, se abalanzó sobre Lara, atacando sus labios sin restricción, ni compasión alguna.
Lara, por su parte, emitió otro pequeño gruñido mientras correspondía su beso de una forma un tanto rígida, manteniendo sus manos hechas puños a cada lado de su costado en una negación de sucumbir a la tentación de tocar a Chloé más allá del beso que estaban compartiendo. Más, en algún punto de su autocontrol perdido, acabó depositando sus manos sobre las mejillas de Chloé, obligándola así a profundizar el beso, hecha una furia al sentir que Chloé solo estaba jugando con ella con esa intención de beso infantil e inmaduro que le ofreció desde un principio.
— Eh, eh, eh —comentó Chloé con burla mientras se separaba de la alfa y limpiaba los restos de saliva que descansaban sobre sus magullados labios al toparse descaradamente con los afilados colmillos de Lara hasta en un par de ocasiones— Ya veo que mi tacto y mi saliva te dan mucho asco, bonita —prosiguió, riendo de forma escandalosa al percatarse del estado en el que se encontraba la alfa— Mira, si te tengo jadeando en la espera de más —prosiguió, mirando los ojos ámbar de su contraria— Deberías guardar esos colmillos, porque ahora mismo me estás causando la impresión de que me quieres comer y todo.
— Deja de decir estupideces y regresa aquí —gruñó Lara con molestia, haciendo el amago de acercarse a Chloé para iniciar otro apasionado beso.
No obstante, por cada paso que Lara avanzaba hacia ella, Chloé retrocedía otros tantos hacia la salida de la casa, más que dispuesta a abandonar aquel lugar lo antes posible.
— Que te lo has creído, idiota —gruñó Chloé mientras le daba la espalda para poder alcanzar la puerta— Supongo que es ahora cuando debo darte las gracias por invitarme a tu casa, pero aquí acaba todo —imitó sus palabras— He comprobado que mi cercanía te causa suma repulsión, así que prometo que ya no te molestaré más —prosiguió, burlona— Ha sido un placer conocerte, Lara.
Sin embargo, Chloé no pudo siquiera llegar a alcanzar el pomo de la puerta cuando Lara ya la tenía acorralada contra la madera, su espalda rozando la fría textura y su pecho rozando la ardiente piel de la otra alfa.
— Que te jodan, niñata —imitó ahora Lara, justo antes de tomar sus labios en otro fogoso y apasionado beso— Que te jodan.
Chloé, más que encantada, correspondió su beso mientras intentaba de una forma totalmente inútil mover a la alfa para salir del atosigamiento que su acorralamiento contra la puerta le estaba causando, sintiendo que perdía cada vez más sus estribos al percatarse de que, así como hacía unos minutos atrás consiguió superar la fuerza de Lara, ahora no podía hacer nada para contrarrestar la situación, lo cual odiaba muchísimo porque en esa posición se sentía inferior y, hasta cierto punto, un tanto sumisa ante Lara.
Aquella engorrosa sensación se intensificó cuando Lara terminó de extinguir cualquier tipo de lejanía entre sus cuerpos, presionándose más contra ella hasta el punto de hacer de sus diferencias de altura un tanto significativas.
Comenzó a sentirse pequeña; comenzó a sentir que todo su coraje y su mal carácter se iban al traste porque Lara parecía estar superándola en intensidad de feromonas que estaban causando que sus piernas se debilitaran más y más, así que supo que debía poner aquella absurda situación bajo control lo antes posible si no quería terminar con su orgullo pisoteado una vez más, no ahora cuando ella tomó ventaja del deseo que causó en su contraria.
— ¡Apártate, maldita sea! —exclamó, molesta— ¡Aléjate de mí ahora mismo si no quieres que lo haga yo por las malas!
Obviamente, Chloé solo estaba tirándose un farol con eso de que la apartaría por las malas si Lara no daba su brazo a torcer, pues ya lo había intentado de una forma más disimulada y no tuvo éxito alguno.
— ¿Se puede saber qué narices te pasa? —inquirió Lara mientras se alejaba, mirándola con un poco de confusión en su expresión— No hacía falta rasguñarme de la forma en la que lo has hecho, maldita sea.
Instintivamente, Chloé dirigió su mirada hacia los brazos de la otra alfa, de donde parecía provenir un potente rastro de olor a sangre, encontrándose, efectivamente, con unos arañazos un tanto profundos sobre la piel desnuda de la alfa de los que brotaban sangre a borbotones. Al parecer, Chloé había perdido tanto la razón que acabó dejando escapar sus muy afiladas uñas de su parte animal y acabó rasguñando los brazos de la alfa, presa del pánico.
— Y-Yo... —comenzó a decir, verdaderamente arrepentida por lo que acababa de hacer— L-Lo siento muchísimo.
Lara emitió otro gruñido de puro disgusto mientras negaba levemente con su cabeza en un intento de quitarle un poco de importancia al asunto.
— Mejor márchate ya —espetó con rudeza mientras se perdía entre la penumbra de su hogar para dirigirse a algún lugar en específico— No seré yo quien se interponga en tu misión de mantenerte alejada de mí, ahora que has comprobado el asco que me produces realmente.
Chloé comenzó a caminar tras la alfa mientras le insistía en el hecho de que no sabía lo que había sucedido con ella; que simplemente se sintió incómoda con la posición en la que estaba y que fue por ese mismo motivo por el que reaccionó así.
— No pasa nada —volvió a decir Lara por décima vez mientras atravesaba su pequeño dormitorio para adentrarse al único baño que tenía aquella vivienda unifamiliar que fue designada como suya al no tener una pareja o niños con los que convivir, pues las viviendas más espaciosas estaban reservadas para aquellas personas que sí podían aprovechar aquel amplio espacio de la mejor forma posible— Ya no tengo nada, solo voy a retirar la sangre antes de que se seque y sea más difícil retirarla.
— Está bien —comentó Chloé en respuesta, permaneciendo en el dormitorio de la alfa para poder saciar su vena curiosa y poder así echarle un breve vistazo al espacio— Lo siento —se disculpó una vez más, mordiendo fuertemente su labio inferior para tratar de contener el sonoro jadeo que amenazaba con salir de sus labios— Madre del amor hermoso, creo que mi vena neurótica está a punto de reventar viendo este desastre, ¿cómo puedes tener tu cuarto de esta manera?
«Genial, ni siquiera me es nada y ya me está regañando. Como para aceptar que fuera mi pareja destinada»
Refunfuñó Lara en su mente.
— Paso muy poco tiempo aquí —aclaró Lara, batallando con los últimos rastros de sangre— La mayor parte del tiempo estoy haciendo alguna guardia o entrenando para no perder reflejos —prosiguió— Además, es mi cuarto y tengo todo el derecho de tenerlo como me plazca —refunfuñó— Maldita sea —gruñó con molestia al percatarse de que sus rasguños realmente no habían cicatrizado como realmente tendría que haber ocurrido— ¿Tus garras tienen alguna especie de veneno o qué? —inquirió, observando sus heridas con suma curiosidad— ¿Alguno de esos extraños potingues que Ezra fabrica con hierbas que nadie sabe de dónde las saca?
Entonces, su respiración se atascó con brusquedad al ver cómo Chloé, como si de un pequeño cachorrito tímido e indefenso se tratase, asomaba ligeramente su cabeza a través de la puerta con su ceño ligeramente fruncido por tal acusación. ¿Cómo pretendía que tuviera veneno en sus garras? ¿Qué sería lo siguiente? ¿Veneno en su saliva para matar a sus enemigos a base de fogosos besos?
— ¿Todavía no han cicatrizado? —inquirió, un tanto desconfiada.
— No —comentó Lara en respuesta, mostrándole sus heridas aún sangrantes— ¿Realmente posees veneno en tus garras?
— ¿Cómo mierda voy a tener veneno en mis garras, idiota? —inquirió Chloé en respuesta con evidente tono de obviedad— No es por nada, pero no es muy normal que no se hayan curado ya.
Entonces, fue el turno de Lara para mirarla con un deje de ironía reflejándose en sus iris.
— Anda, no me digas —comentó Lara a regañadientes, volviendo a meter sus brazos bajo el agua fría para intentar ayudar a su organismo a acelerar el proceso de curación— No sé, es la primera vez que me pasa una cosa como ésta.
— Quizá sea la Diosa Luna que te está advirtiendo sobre que ya va siendo hora de que ordenes tu cuarto, ¿tú qué opinas? —inquirió con burla— Debería ser un delito ser tan desorganizada —refunfuñó, volviendo a echarle un vistazo al espacio— Chiara debería establecer una nueva norma sobre el mantenimiento de las viviendas.
Lara emitió un pequeño suspiro de puro cansancio, cerrando la llave del agua al ver que aquella estrategia no estaba resultando ser eficaz para curar sus heridas. Además, ¿qué necesidad había de ser tan insistente con sus métodos de organización y limpieza?
— ¿Quisieras ser mi novia? —inquirió Lara a regañadientes mientras apagaba la luz del cuarto de baño e ingresaba nuevamente en su desastrosa habitación— No lo sé, así al menos tendrías un motivo para regañarme del modo en el que lo estás haciendo.
— Claro y tengamos un hijo ya mismo para consolidar nuestro amor —se quejó Chloé, lanzándole el primer almohadón que pilló— Déjate de tonterías y prueba a curar los rasguños con tu saliva antes de que lo pongas todo perdido de sangre.
— ¡Eso mismo iba a hacer ahora, niñata! —exclamó, molesta— Además, eres tú la que está hablando puras tonterías —refunfuñó— Es mucho más probable, dentro de los límites más improbables de todas las probabilidades existentes, que seas mi novia a que tú y yo tengamos un hijo —aclaró— No sé si te has dado cuenta, pero las matemáticas fallan para eso de un óvulo y un espermatozoide.
Chloé tomó un segundo almohadón y se lo lanzó, esta vez con mucha más fuerza.
— ¡Para de desordenar mi habitación, niñata! —gritó Lara, perdiendo la paciencia— ¡Bien que te quejas de mi desorden, pero bien que estás tirando todos los almohadones al suelo!
— ¡Deja de gritarme y cúrate los rasguños de una maldita vez, idiota! —gritó Chloé de vuelta mientras se encaminaba con suma furia hacia los almohadones que previamente había tirado para recogerlos y volver a colocarlos sobre la cama— ¡Ya está! —chilló— Si te hacía ilusión saber que he vuelto a dejar tu cuarto como estaba, enhorabuena.
Lara le regaló otra mala mirada antes de iniciar su propia curación con su saliva, la cual debía cicatrizar al cien por ciento aquellos incómodos rasguños. Más, por más saliva que gastaba sobre ellos, más parecían empeorar y más sangre parecían dejar escapar.
— Pues nada —gruñó molesta mientras volvía a ingresar al baño para volver a meter sus brazos bajo el agua— Parece que la Diosa Luna me está advirtiendo sobre que hoy voy a morir desangrada por unos arañazos hechos por una niñata insolente —refunfuñó a regañadientes— Cuando creía que mi vida ya es demasiado patética, siempre hay algo más absurdo que me hace saber que siempre puede serlo un poco más.
— ¿Se puede ser más exagerada? —inquirió Chloé con molestia mientras se adentraba al baño también— ¿Cómo mierda vas a morir desangrada si son unas pequeñas heriditas de nada? —insistió— Si te gusta llamar la atención solo dilo y podré seguirte la corriente para que te quedes contenta.
— Oh, perdóname por preocuparme por mi salud —refunfuñó Lara en respuesta— ¿Se puede ser más insensible con la persona a la que habrás matado con esas garras?
Chloé emitió un pequeño suspiro, decidiendo deliberadamente ignorar a la alfa, pues sabía que entrar en aquel estúpido juego infantil solo le haría perder más de su valioso tiempo. Así que, sin previo aviso, tomó los brazos de la alfa para sacarlos del agua y, sin pensarlo tan siquiera dos veces, pasó su cálida lengua por cada uno de los rasguños que ella misma provocó.
Lo hizo de una forma tan lenta y delicada que, para cuando quiso finalizar su ardua tarea, Lara tenía un problema más grave que la negación de su cuerpo para cicatrizar sus heridas por sí solas.
— Creo que la explicación más conveniente para esto es que yo sigo siendo la única verdaderamente joven —comentó con burla al ver que su saliva sí surtió efecto— En cambio, mi hermana y tú simplemente creéis que seguís derrochando juventud.
Su expresión jovial y bromista murió en el mismo instante en el que levantó su vista y se percató de la forma en la que Lara la estaba observando detenidamente, sin siquiera parpadear. Por primera vez en su vida, Chloé se sintió como una linda y delicada presa que sería cazada sin el mayor remordimiento por la más feroz loba.
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