27.
Advertencias: drama y angst.
Minhyuk no dejaba de moverse por el pasillo, con el ceño fruncido mientras Changkyun, sentado en una de las sillas, balanceaba sus pies. Kihyun sonó la nariz de Yeji.
—¿Cuánto puede tardar? —preguntó Minhyuk, un poco demasiado fuerte.
—Media hora, Minhyuk. Hyungwon entró hace diez minutos —contestó Kihyun.
Minhyuk no parecía satisfecho con la respuesta, pero decidió callar. Su hermano menor tampoco se veía muy convencido en ese lugar, sin embargo, no dijo algo. Mamá parecía demasiado concentrado en que Yeji estuviera bien, considerando que acababa de salir de un resfrío demasiado fuerte.
Recién dos días atrás el resfrío de Yeji pareció amainar un poco, al igual que el doloroso celo de Kihyun. El omega tuvo que reprimir esos días de calor para cuidar de su pequeña cachorrita, y se notaba en esas marcadas ojeras que le había cobrado la cuenta. Ese día fueron todos al hospital donde Kihyun pidió las horas para el psicólogo con sus cachorros, y Hyungwon fue quien quiso ir primero.
—Deberíamos haber entrado todos juntos —volvió a decir Minhyuk.
El mayor lo pensó también, pero luego decidió que no era una buena idea. Si el psicólogo les preguntaba algo sobre su padre, los tres dirían cosas distintas y se pondrían a discutir. Primero quería una opinión general del hombre y recomendaciones para ir con un psicólogo especialista en terapia familiar. Si debía pagar por ello, Kihyun estaba dispuesto a hacerlo.
—Minhyuk, no seas tan sobreprotector —dijo Kihyun, con voz suave—, Hyungwon estará bien.
—Pero mamá...
—¡Deja de pasearte! —habló Changkyun—. Pones nervioso a mamá, y de paso a mí.
Minhyuk arrugó los labios en clara señal de estar en desacuerdo, pero terminó por ceder. Yeji estornudó y Kihyun volvió a limpiarle la naricita.
—Deberías descansar, mamá —dijo Minhyuk repentinamente—, mañana podría faltar al colegio mientras tú duermes, y yo cuido de Yeji.
—Minnie... —suspiró Kihyun—, no es necesario, de verdad. No es la primera vez que debo cuidar de un niño enfermo —sonrió de lado—. Tú también eras muy enfermizo cuando cachorrito, te la pasabas en cama.
—Fingía —replicó Minhyuk—, para quedarme contigo y que me cuidaras.
Kihyun soltó una risa ante la confesión mientras que Changkyun arrugó el ceño.
—Claro que lo sabía —el omega le pellizcó la mejilla a su hijo mayor—, a tu padre le hacía mucha gracia como fingías para quedarte conmigo.
Minhyuk puso mala cara ante la mención de Hyunwoo, pero no dijo nada porque su hermano menor le dio un codazo en el costado. No pasó desapercibido para Kihyun, sin embargo, agradeció el gesto silenciosamente.
—Estaba celoso de Changkyun y la atención que le dabas —admitió Minhyuk, haciendo un puchero.
—Todos estaban celosos de Kyunnie —dijo Kihyun—, hasta tu padre.
—Soy demasiado adorable y merezco atención —saltó Changkyun, orgulloso.
Mientras, al otro lado de la puerta, Hyungwon miraba por la ventana, en tanto el alto hombre escribía un par de cosas en su cuaderno. Se había presentado como Steven Fox, un alfa de piel oscura, cabello negro y ojos cafés. Cuando hablaba, sus dientes blancos brillaban con fuerza.
—¿Cómo definirías la relación con tus padres? —preguntó Steven, tranquilo y recostándose contra la silla.
A Hyungwon se le hacía algo extraño que el psicólogo fuera un alfa. Primero, porque en Corea la carrera de psicología era un área poco explorada, y segundo, porque si se estudiaba, solía ser liderada por omegas de familias privilegiadas que podían pagarla. Steven se veía relajado, amable y confiable.
—Con mamá... —comenzó a decir, algo receloso y dubitativo. Las preguntas anteriores fueron acerca de su edad, con quienes vivía, algunos hobbies que le gustara hacer—, mamá es quien nos cuida y protege. Él... Es decir... Es un poco complicado —parpadeó, pero Steven no habló, y lo interpretó como una forma de continuar—. Cuando tenía como catorce, era difícil. Vivíamos con papá también, allá en Corea, y mamá y yo solíamos tener muchos roces y peleas. Yo lo encontraba muy... muy sobreprotector, muy exagerado, y lo veía como... —se le hizo un nudo en la garganta—, lo veía como un omega que no sabía cuál era su lugar.
—Mamá siempre me mimó mucho —habló Changkyun, cuando fue su turno, y sin dejar de balancear sus pies en la nueva silla en la que estaba—, yo siempre fui su cachorrito mimado y caprichoso. Al inicio, pensé que se debía a que era el menor y estaba feliz en esa posición, pero más adelante, cuando... cuando me enteré de que mamá sufrió depresión luego del nacimiento de Minnie y Wonnie, supe que yo era su cachorrito porque me quiso enseguida. Porque yo era la prueba de que podía triunfar como un buen omega.
—Él dio todo por nosotros —narró Minhyuk, más tarde, y con la voz sonando algo enojada—, mamá jamás lloraba frente a nosotros si podía evitarlo, incluso cuando peleaba con Hyunwoo, nuestro padre. Siempre se esforzaba en que las cosas funcionaran bien, y si marchaban mal él las cubría como fuera. Él nos cuidó desde que éramos pequeños, nos hacía dormir y daba de comer, y a medida que crecíamos, estaba muy sobre nosotros. A veces, pensaba que se pasaba un poco, ¡pero no era así! Él lo hizo para cuidarnos.
—¿Y tu padre?
—Papá nos consentía —dijo Hyungwon, vacilante—. A mí me consentía mucho. Cuando vivíamos juntos, nos llevábamos muy bien y casi nunca teníamos discusión alguna. Nos podíamos entender sin problemas, y siempre que había alguna pelea con mamá, papá solía ponerse de mi lado. En ese entonces, yo salía con un chico y pensaba que estaríamos juntos para siempre, y papá estaba muy feliz de eso, de que hubiera encontrado un alfa de buena familia para mí. Yo lo quería hacer sentir orgulloso, sólo orgulloso a él, y a nadie más.
—¡Yo también era el cachorrito de papá! —afirmó Changkyun, pero su voz tembló—. Papá era bueno conmigo, él trató de que Woojin me quitara esa horrorosa marca. A pesar de todo... Es... —el chico parpadeó, sintiendo sus ojos llorosos—, yo sé que le hizo daño a mamá, sé que mamá pasó por algo horrible, pero... pero extraño mucho a papá también, y siento mucha pena por eso. Me gustaría verlo una vez más y darle un abrazo.
—¡Es una de las personas más horribles del mundo! —exclamó Minhyuk, enfurecido y molesto—. De sólo recordar lo que le hizo a mamá... Hyunwoo abusó de su poder, él violó a mamá, ¡él es un monstruo! No quiero verlo nunca más en la vida, ¡debería morirse! Así, mamá queda sin su marca y dejará de sufrir, podrá seguir adelante y ser feliz sin tener que estar atado a ese idiota.
Kihyun se puso de pie cuando la puerta se abrió, y Hyungwon tomó en brazos a Yeji, que se acurrucó contra su hermano de forma automática. Minhyuk salió con un mohín en su rostro, que pareció suavizarse al ver que todos le estaban esperando.
—¿Por qué no van a comprarse algo? —les dijo a sus hijos, sacando de su billetera veinte dólares—. Debo conversar con el doctor, así que espérenme fuera del hospital.
—Está bien, mamá —hablaron los tres chicos al mismo tiempo. Yeji agitó su manito en señal de despedida.
Kihyun los vio desaparecer por el pasillo, antes de voltearse hacia el doctor Fox. El hombre, mucho más alto y maceteado que él, sonrió con amabilidad y le hizo pasar al interior de la oficina. El omega le siguió, comenzando a mover sus manos de forma automática en una clara señal nerviosa.
—¿No les costó expresarse? —preguntó Kihyun, hablando en inglés enseguida.
—¿Con respecto al idioma? No —Steven se sentó detrás de su escritorio—, se manejan bien con el inglés. Ahora, ¿en cuánto a sus emociones? Changkyun es transparente en lo que siente, es al que más le gusta hablar. Hyungwon también habla bien, pero piensa mucho las cosas antes de decirlas. Minhyuk, por otro lado, es muchísimo más cerrado. No le gusta hablar demasiado de sus emociones.
—Es mi culpa —saltó enseguida Kihyun—, es muy parecido a mí en alguna forma, a Minhyuk le cuesta mucho expresarse, además de la crianza recibida allá en Corea...
—Kihyun —le interrumpió amablemente Steven—, ¿por qué te echas la culpa? Todos tus hijos se expresan de formas distintas porque son personas diferentes entre ellos, y también son distintos a ti. Si bien los criaste, son ellos quienes forman su propio carácter.
Kihyun no habló, escuchándolo en silencio y sintiéndose algo desorientado por sus palabras. Le costaba mucho aceptar lo que le estaba diciendo el psicólogo, porque él no lo veía de esa forma: prefería culparse y asumir el castigo, pues se le enseñó de esa forma. Él era el encargado de que sus hijos estuvieran bien, crecieran con los valores correctos y fueran buenas personas. Si ellos fallaban, significaba que Kihyun falló en su misión.
Steven no dejaba de mirarlo, y Kihyun bajó los ojos, avergonzado.
—Necesitan terapia de familia —recomendó el psicólogo—, y que sea pronto, Kihyun. Te daré recomendaciones con especialistas privados para que lo veas bien. Tus hijos... —lo pensó un momento—, son buenos chicos, ¿está bien? Pero han estado guardando muchas cosas por demasiado tiempo, y eso afecta la forma en que se desarrollan intra y extra-personalmente. Y por lo que puedo deducir por lo que me dijeron, tú también has pasado por mucho, y necesitas sanar junto con ellos. La familia es, sino el más importante, uno de los núcleos esenciales para el desarrollo de las personas. Yeji no debe crecer en un ambiente dañado y roto.
Cada palabra se sintió, de alguna forma, como una regañina dulce que un padre le daría a su hijo pequeño. Kihyun sólo era capaz de mirar al suelo, escuchándolo en silencio y tratando de no soltar las miles de excusas que pujaban por salir de su garganta. Sentía mucha culpa y vergüenza, con esa vocecita diciéndole que falló como omega y madre, y que sus hijos hubieran estado mejor sin él.
—Por ahora, recomiendo que seas claro con tus cachorros —prosiguió el doctor ante su silencio—, y les digas cómo te has estado sintiendo estos últimos meses. Ellos igual deben sincerarse contigo. No sigas guardándote las palabras, pues eso hace mucho daño, Kihyun —hizo una pequeña pausa—. Ellos te adoran, Kihyun, a pesar de todo. Eres lo más importante que tienen.
Esa frase fue suficiente para romperlo y el llanto ya no podía aguantarlo más. Antes de darse cuenta, las lágrimas salieron de sus ojos, cayendo por sus mejillas, y cubrió su boca con la mano para no soltar los sollozos de allí. De alguna forma, escuchar aquello de una persona ajena a la familia le afectó más de lo posible, haciéndose difícil que pudiera ocultar lo que le hacía sentir eso.
Es decir, él sabía que sus hijos le querían, pero hasta ese punto...
—Lo siento —tartamudeó, con la voz ahogada—, por dios, qué vergüenza...
—No pasa nada —habló Steven, sin perder la calma y con una expresión amable—, no tienes que pedir perdón por llorar, Kihyun. Es momento de que empieces a perderle miedo a las lágrimas, pues no hacen mal, ¿lo sabes?
Kihyun se rió entrecortadamente, todavía soltando un par de lágrimas mientras sorbía por la nariz. Las últimas dos semanas habían sido muy difíciles y no tuvo momentos para llorar como debía, tan concentrado en que su hija no enfermara más gravemente.
—Te enviaré un correo con los datos de distintos psicólogos que hacen terapias familiares —continuó Steven—, mientras, recalco la comunicación en tu familia. Deben volver a recuperar los lazos que se han debilitado estos últimos meses, y todos deben participar de ese proceso, incluso Yeji, ¿está bien?
Kihyun tartamudeó una respuesta, recibiendo el pañuelo desechable que el doctor le tendió, antes de escuchar otras recomendaciones más y despedirse del hombre. Salió de la consulta sin saber qué sentir exactamente, todavía un poco sensible por lo ocurrido y repitiéndose que no fue tan mal. Pudo haber ido cien veces peor.
Se encontró con sus cachorros en el exterior. Yeji, envuelta en mil capas de ropa, estaba de rodillas en la nieve que había sobre el césped, tratando de hacer una bola. Changkyun, a su lado, estaba colgado de Hyungwon y haciéndolo gritar mientras le metía nieve por el cuello. Minhyuk se comía un churro.
Fue a regañarlos enseguida, aunque sintió alivio de verlos actuando como siempre a pesar de todo. Incluso reprendió a Yeji por estar en la nieve, a lo que la niña respondió con un puchero.
—Hoy tienes mejor aspecto, Kihyun.
El omega se sobresaltó al escuchar la dulce voz de Mary detrás de él, volteándose para verla con una sonrisa de disculpa. Agarró un mantel para limpiar sus manos, pues estaba cortando las verduras para la sopa que haría ese día a los Liu.
—Lamento haber faltado tanto —dijo, luciendo algo afligido—, no pensé que el resfrío de Yeji...
—Oh, don't worry! —dijo Mary, riéndose antes de volver al coreano—. No estamos enfadados contigo por eso, ¡hay que cuidar mucho de los hijos! Me alegro de que ella ya esté mejor, y tú también.
Asintió con la cabeza, pensando en la visita que tuvo con el pediatra de Yeji, el doctor Jason. Cuando su cachorrita empeoró, la llevó enseguida con él a pesar del aroma a celo que lo envolvía, pero su hija siempre iría primero.
—Kihyun —le había dicho el doctor, serio—, es el lazo que tienes con Yeji. Tú y ella están conectados por un fuerte lazo de madre-cachorro, y si tú estás mal, ella también lo estará. Si Yeji estaba enferma antes, y ahora tú estás pasando un mal momento, su estado empeorará gradualmente, y viceversa.
Jason le dio otros medicamentos, pero insistió en enfocarse en el lazo de ambos. Al llegar a casa, le pidió a los cachorros armar un nido entre los cinco, y Minhyuk no tardó en adoptar su papel de alfa protector, liberando sus hormonas relajantes. Esa noche durmieron un poco apretados, pero fue su primera noche de sueño relajado en días. Al día siguiente, Yeji presentó una leve mejoría, e incluso dejó que los niños no fueran a clases, quedándose todo el día en pijamas.
Kihyun jamás dejaría que eso volviera a ocurrir de ninguna manera. Jamás volvería a descuidar ningún aspecto de cuidado con sus hijos.
En ese instante, Yeji estaba en el comedor, viendo la televisión y jugando con la pista de autos de Thomas.
—Gracias igual —contestó Kihyun—, cualquier otra persona... habría reaccionado mal si hubiera faltado tantos días a mi trabajo. Trataré de que no vuelva a ocurrir.
—Insisto en que no pasa nada malo —dijo Mary, antes de decidir cambiar de tema—. El cumpleaños de Jackie se acerca.
Kihyun lo tenía en mente. A pesar de que Jackie ya estuviera en la universidad y no viviera con sus padres, seguía pasando mucho por el hogar de los Liu y sus cumpleaños los celebraba allí. Cada vez que era uno de los cumpleaños de los niños, solían hacer una fiesta-cena con amigos y familiares. Kihyun trabajaba esos días durante toda la jornada e incluso hacía horas extra. Para su propia fortuna, Mary solía contratar algunos ayudantes que le echaran una mano en la cocina y la limpieza, pero Kihyun era quien solía tener más trabajo.
No es como si se estuviera quejando, porque en esas ocasiones especiales siempre le pagaban más por sus servicios. Eran esas situaciones en las que Minhyuk solía protestar por días, diciendo que no era justo que tuviera que trabajar más de lo debido.
—¿Ya tiene pensado lo que quiere hacer? —preguntó Kihyun.
—Jackie comentó que quiere que vayamos a Corea a ver a la madre de Huang —dijo ella, y Kihyun sintió su corazón deteniéndose—. Tal vez una semana estaría bien, incluso pensé en que podrías ir con nosotros.
—No —habló enseguida, y Mary se calló—, no, lo siento, señora Liu, pero...
—No te lo voy a imponer —habló la mujer—, aunque me gustaría que lo pensaras, Kihyun, nosotros te pagaríamos los pasajes y esas cosas.
—No —repitió, firme—. Señora Liu, de verdad lo agradezco, sin embargo, no creo que sea lo mejor —se tomó un momento vacilante—. No pienso volver a Corea nunca más.
Mary asintió, comentando unas palabras más antes de marcharse, y Kihyun fingió volver a su tarea de cortar vegetales a pesar de que su corazón ahora latía a mil por hora.
¿Volver a Corea? La sola idea le provocaba mareos, porque jamás consideró que eso fuera posible. A pesar de todo el dolor, de toda la melancolía, el pensamiento de volver parecía irrisorio y estúpido. ¿Cómo lo haría, cuando estaba tan bien allí? Si bien había momentos difíciles, tenía un buen trabajo. Era independiente. Sus cachorros podían estudiar lo que quisieran sin prejuicios.
Pero Hyunwoo...
La marca ardió con fuerza, una señal de que Hyunwoo estaba pensando en él. Por un instante, se sintió aturdido por el ardor, tan potente que tuvo que dejar lo que estaba haciendo para frotar esa zona, como si quisiera aliviar el dolor.
No, no iba a volver. Kihyun no volvería, ni aunque su vida dependiera de eso.
Lo primero que hizo Minhyuk cuando se pilló con Changkyun llorando, fue preguntarle qué pasó.
Lo segundo que hizo fue lanzarse sobre el alfa de un curso superior que se llamaba Dean, golpeándolo en la nariz, y un ruidoso crack resonó en medio del pasillo.
—¡Pelea, pelea, pelea! —gritaban todos los estudiantes, rodeando a los dos chicos que rodaban por el suelo, gruñendo, lanzando puñetazos y patadas, gritándose maldiciones.
—¡Come-perros! —se burlaba Dean, a pesar de tener su nariz sangrante—. ¡Chinos come-perros!
Minhyuk gritó por la ira, apenas entendiendo el inglés, pero sabiendo que lo que estaba escuchando era una cruel burla racista por parte de ese alfa mayor. A esas alturas, tres meses de haber iniciado las clases, los chicos se habían acostumbrado a las burlas de parte de algunos compañeros.
Aun con todos los gritos, podía escuchar el llanto de Changkyun y los gritos de Hyungwon para que se detuviera, sin embargo, no lo escuchó ni un poco. Minhyuk no dejaría que nadie se burlara de su hermano menor, no le importaba si le expulsaban de esa horrible escuela que odiaba.
Para separarlo de Dean, tuvieron que llegar tres profesores que lo pusieron de pie. Su camisa estaba desordenada, el ojo izquierdo le palpitaba con fuerza y su cara ardía, allí donde recibió rasguños y algunos golpes. El rostro de Dean no estaba mejor, con la nariz quebrada y sangrante, y un labio roto.
—¿Me pueden explicar qué demonios pasó aquí? —preguntó la directora, una omega alta y desagradable—. ¿Dean, Minhyuk, qué pasó? ¿Otra vez peleando?
Minhyuk gruñó, todavía enfurecido. No era la primera vez que se agarraba a golpes con Dean, cada semana tenían una nueva pelea, algunas más ligeras que otras. Dean parecía tener un particular gusto con molestar a Changkyun y eso lo enfurecía a más no poder, recordándole tanto a Woojin y el hecho de que Minhyuk no defendió a su hermano menor cuando Woojin comenzó a propasarse con él. Jamás volvería a dejar que eso ocurriera otra vez.
Los dos chicos terminaron en la oficina de la directora, que les puso una nueva anotación en sus hojas de vida y llamando a sus padres para que fueran a retirarlos. Dean recibió una semana de expulsión al ser quien provocó la pelea, mientras que Minhyuk iba a estar tres días fuera por participar de ella.
Mientras eso pasaba, Hyungwon suspiraba con cansancio, limpiándole las lágrimas secas a Changkyun en su rostro. Ambos estaban en el baño del colegio, pues las clases ya habían acabado y estaban esperando a su hermano mayor, que seguía en dirección.
—Dean fue muy malo —hipó Changkyun—, dijo que olía muy mal y que de seguro era por el perro que me comí —sus ojitos volvieron a llenarse de lágrimas—. ¡Es tan malo, Wonnie!
—Lo sé, Kyunnie —dijo Hyungwon, sacando el papel higiénico de su mochila que se acostumbró a llevar para ir al baño, y le sonó la nariz al niño como si fuera su mamá—, al menos se irá este año de aquí.
—Ya no lo soporto más —confesó el menor.
Hyungwon no contestó, porque siendo sincero, también sentía que las cosas eran demasiado difíciles para ellos en ese momento. Jamás pensó que eso pudiera ser posible, tan desacostumbrado a ese nuevo estilo de vida que llevaban. Allá en Corea jamás pasaron alguna necesidad, en el sentido de que papá les daba dinero si ellos lo pedían, y los estantes siempre estaban llenos de comida. Sin embargo, Hyungwon a veces veía a mamá sacar las cuentas de la luz, el agua, los gastos comunes y la comida, y lo veía morderse los labios y uñas en clara señal de ansiedad. No es como si pasaran hambre, pero debían contar con cuidado cada dólar que gastaban en cualquier cosa.
Hyungwon le dio un abrazo a su hermanito, queriendo calmarlo un poco más, y salieron del baño para ir a recepción. Iban llegando cuando vieron a mamá cruzar las puertas de la entrada del colegio, con expresión agotada y marcadas ojeras en su rostro.
—Mami —saltó Changkyun, yendo donde Kihyun para darle un abrazo por el costado.
—Hola, mi cachorrito —dijo Kihyun, revolviéndole el cabello. Los últimos meses su hijo menor había crecido varios centímetros, pronto sería más alto que él—. Hola, Wonnie.
Hyungwon también lo abrazó, tratando de no tocar el abultado vientre de Kihyun: ya pasaba los seis meses de embarazo. A pesar de eso, su pancita era relativamente pequeña en comparación a otros embarazos de seis meses, y la doctora Anderson le dijo que no era grave, pero que había poco líquido amniótico dentro de su vientre, lo que provocaba que se viera así.
—Supongo que Minhyuk sigue con la directora —comentó Kihyun, suspirando antes de darle un beso a cada uno en la frente y poniéndose a caminar.
—Mamá, fue mi culpa —dijo Changkyun, siguiéndolo—, él se metió en esa pelea por defenderme...
—Tú no lo obligaste a golpear a ese otro chico —respondió el omega mayor, pero no parecía decepcionado o molesto. Sólo se veía muy, muy cansado—. Menos mal esta semana tuve turno de mañana en el trabajo para poder venir...
Changkyun y Hyungwon tenían expresiones culpables en sus caras, sintiéndose mal por haber hecho que su madre tuviera que ir a buscarlos. Por lo normal, cuando Kihyun tenía turnos de mañana, salía a las cuatro de la tarde para irse a dormir y descansar un poco más. Ellos no solían molestarlo por eso, considerando su embarazo.
Kihyun entró solo a la oficina de la directora, donde Minhyuk seguía sentado. A Dean lo habían retirado ya media hora atrás, y el chico tuvo que salir para que su mamá hablara con la directora a solas.
—No es la primera vez que Minhyuk se mete en una pelea —habló la mujer, luciendo descontenta e inconforme en ese momento. Kihyun la escuchaba en silencio—, desde que llegó, tiene una actitud hosca con los profesores, y grosera y violenta con el resto de los estudiantes.
—Hablaré con él —dijo Kihyun, con la voz un poco temblorosa—, me siento muy apenado...
—El punto es —le interrumpió la mujer—, que si sigue así, no nos quedará más remedio que expulsarlo. No sólo su actitud es poco colaborativa y reprochable, sino también sus calificaciones son deficientes.
Kihyun frotó el puente de su nariz con agotamiento, sin estar algo sorprendido por lo que escuchaba. Ya se lo venía temiendo desde hace mucho, pues cada semana Minhyuk aparecía con una anotación de sus profesores criticando su mala actitud. Su hijo mayor no parecía demasiado acomplejado con la situación.
Conversó un poco más con la directora, antes de despedirse y salir de la oficina. Minhyuk estaba con sus hermanos, con Hyungwon limpiándole la sangre seca en su rostro con el papel higiénico.
—Vamos a casa —les dijo, agarrando la mano de Changkyun.
El regreso fue hecho en silencio por los cuatro. Los niños no sabían qué decir específicamente por lo ocurrido, sin querer llamar la atención para llevarse un regaño. Kihyun les dijo miles de veces que debían poner de su parte en ese nuevo colegio para que Servicios Sociales no cayeran sobre él, pero parecía que los tres hacían oídos sordos a sus palabras. No sólo Minhyuk solía meterse en problemas constantemente, Hyungwon también le replicaba a los profesores, mientras que Changkyun esquivaba a todos sus compañeros. Y las notas de sus hijos eran malas, por decir algo suave. La primera ronda de exámenes fue un fracaso para ellos, aunque no se veían muy preocupados por eso.
Llegaron al departamento en quince minutos, y lo primero que vieron los chicos fue el pequeño árbol de navidad sobre la mesa. No debía tener más de treinta centímetros. En poco más de una semana sería veinticuatro de diciembre.
—¿Mamá? —preguntó Changkyun, tímido, y apuntó al árbol—. ¿Lo compraste hoy?
—Al salir del trabajo —respondió Kihyun, sentándose en una de las sillas y quitándose los zapatos. Últimamente se quejaba mucho de sus pies hinchados—, no creo poder darles regalos, pero...
—No importa —se apresuraron en decir los tres—, no es necesario, no queremos...
—De todas formas, no es lo importante ahora —en ese momento, Kihyun parecía tener diez años más encima, tan agotado y triste por la situación—, veamos, ¿qué pasó allí, cachorritos?
Su pregunta hizo que los muchachos se sintieran más mal de lo que ya estaban. Su mamá no parecía con la fuerza suficiente de llamarles la atención, de gritarles y exigirles respuesta, como habría hecho años atrás. Cuando tenían problemas en el colegio, allá en Corea, Kihyun siempre actuaba estricto con ellos, y solía ser Hyunwoo el que lo tranquilizaba. Ahora, se veía algo desorientado y cansado.
—Mamá, fue mi culpa —repitió Changkyun—, Dean me estaba molestando y Minhyuk...
—¡Ese idiota no aprende! —se quejó Minhyuk, nervioso—. Le encanta molestar a Changkyun y si yo no lo defiendo, ¡nadie lo hará!
—Dijeron que, si sigues así, Minnie, van a expulsarte —habló Kihyun, sin levantar un poco la voz.
—¡Que lo hagan! —replicó Minhyuk, cruzándose de brazos—. Si no voy al colegio, podría trabajar y cuidar de ti para que no...
—No vas a trabajar —Kihyun endureció su voz, luciendo ahora enfadado—. ¿Cómo se te ocurre que yo te autorizaré a eso?
—Mamá...
—Y aunque lo hiciera —le interrumpió el omega mayor—, sería un gravísimo error por el que Servicios Sociales caerían encima de mí. Si ellos vieran que trabajas, no tardarían en quitármelos y enviarlos a un orfanato, y la bebé que viene en camino me la quitarían también.
—¡Pues tal vez deberían quitarte a esa cosa que tienes allí! —gritó Minhyuk, antes de cerrar su boca abruptamente. Hyungwon, a su lado, tenía una expresión atónita y Changkyun cubrió sus labios, sorprendido—. ¡Lo siento, mamá!
Kihyun sentía ganas de llorar en ese preciso instante, con un montón de emociones acumuladas por todo lo ocurrido ese día. El trabajo en el que estaba, donde debía estar de pie casi todo el día sin dejar de lavar el servicio del restaurante, la llamada de la secretaria del colegio, la bebé pateando incansablemente, la pelea de sus hijos, las palabras de la directora... El omega sentía que cada día era más y más difícil, y a veces, tenía la loca idea de volver con Hyunwoo a llorarle perdón y que le aceptara de vuelta.
Eso sería más fácil, pensaba en esos momentos de debilidad. Sí, sería mucho más sencillo contactar a Hyunwoo, llorarle y suplicarle si podía volver a su lado, sometiéndose a cualquier deseo que quisiera el alfa. Incluso si le pedía más bebés. Eso sería mucho más fácil, porque si bien sería humillado y usado, no tendría que hacer todo ese sacrificio que lo dejaba tan agotado y con el mundo encima.
Pero se forzaba a eliminar esa idea suicida. Se forzaba a ocultarla en lo recóndito de su corazón, llorando sólo cuando no había nadie a su alrededor y tratando de seguir soportándolo un día más. Una semana más. Un mes más.
Soltó un quejido cuando la bebé pateó, con tanta fuerza que sintió como si le hubiera movido un órgano. Por dios, qué estupidez.
Llevó su mano al vientre, y ese gesto bastó para que los ánimos se calmaran. Hyungwon le preguntó si se sentía bien, Minhyuk sugirió ir al hospital y Changkyun lo abrazó, como queriendo relajarlo. Los niños empezaron a insistir que fuera a acostarse en la cama, que ellos prepararían la cena y que descansara un poco más, que no debía sobre-esforzarse demasiado. Al final, lo terminaron arrastrando a la cama, y los gemelos decidieron ir a la cocina para cocinar. Changkyun se acostó junto a él.
—Minnie no lo dice en serio, mamá —le dijo Changkyun, apenado, y comenzando a hacerle un masaje a Kihyun en los pies—, es un idiota, pero no habla en serio.
—¿Crees que cometí un error? —preguntó Kihyun, adolorido—. ¿Piensas que debí abortarlo, cachorrito?
Changkyun mordió su labio inferior, con tanta fuerza que su mamá le llamó la atención. Se tomó su tiempo para pensar, antes de sonreír con debilidad.
—Habría sido más sencillo, creo —dijo Changkyun—, pero es tu decisión, mamá. Yo lo único que quiero... —vaciló un momento—, nunca dejaré de ser tu bebé, ¿cierto?
Kihyun se rió al escucharlo hablar, diciéndole que le diera un abrazo. El niño lo hizo con una sonrisita de felicidad, contento de que su mamá todavía pudiera reírse. Si podía reír, significaba que las cosas irían bien.
Para la cena, decidieron comer en el cuarto. Cuando Kihyun logró obtener el dinero del auto vendido y le pagaron su primer sueldo, arreglaron ese cuarto: compraron un camarote barato, pero ya usado, y lo instalaron al lado de la cama matrimonial, dejando sólo un mueble como velador. Al inicio, Kihyun consideró buscar un arriendo por ese sector, en un departamento o casa más grande para que, al menos, los cachorros pudieran tener su propio cuarto, pero haciendo cálculos, era demasiado pronto y los arriendos eran muy caros. Le dio mucha vergüenza pedirle a Jihyo usar el departamento, pero ella no puso reparo alguno. Incluso, su amiga sugirió que ella podía pagar los gastos comunes todavía, sin embargo, eso le parecía un abuso a Kihyun.
De todas formas, poco después de arreglar el lugar, vino un asistente social a visitarlo y corroborar que todo estuviera bien. Pasó la revisión con pocos problemas, hablando sólo que se estaba separando de su alfa y que su exesposo no quería hacerse cargo de los niños, por eso llegaron a Estados Unidos. Los niños apoyaron la historia y todo resultó relativamente bien, pero el hombre les dijo que volvería en dos meses más. Probablemente pronto les visitaría.
—Minhyuk —dijo Kihyun, mientras comían el arroz con pollo que los cachorros hicieron. Se les quemó un poco, pero estaba comestible todavía—, hablo en serio, por favor, bebé...
—Está bien —cedió el alfa, que antes fue regañado por Hyungwon durante casi una media hora—, trataré... Me esforzaré en que no vuelva a pasar, mamá.
—Gracias —Kihyun le revolvió el cabello—. Ahora, ¿necesitan ayuda con sus tareas? Saben que si necesitan ayuda para entenderlas, estoy aquí.
—Sí, mamá —repitieron los tres, a pesar de saber que no pedirían mucha ayuda, porque no querían molestar a Kihyun.
Pronto, comenzaron a hablar de como fue el resto del día. Mientras los escuchaba hablar, con Changkyun contando como una de sus compañeras gritó al ver una araña en mitad de la clase, pensó en la locura que sería volver.
Regresar, qué estupidez más grande. Kihyun no lo haría de ninguna forma, se las arreglaría para que las cosas funcionaran, incluso si se le iba la vida en el proceso.
—¿Cómo veías la relación de tus padres, cuando eras más pequeño?
La pregunta lo agarró un poco desprevenido, porque pensaba que ese día seguirían hablando de Kihyun y los cachorros.
Sandara, frente a él, esperaba una respuesta y Hyunwoo parpadeó para orientarse. Lo pensó varios segundos, haciendo ruidos con la boca mientras trataba de recordarse con menos edad, cuando era sólo un niño.
—Me hacía feliz —dijo, con la voz algo temblorosa—, yo los veía y pensaba... pensaba "eso es lo que yo quiero para mí, quiero todo ese amor". A pesar de que mamá a veces tuviera... tuviera momentos malos, la mayoría del tiempo sabía disimularlo bien. Es decir...
—¿Tu padre jamás la golpeó? —preguntó Sandara.
—¡No! —Hyunwoo saltó en su lugar—. Es decir, no puedo negarlo con seguridad. Ellos a veces discutían, pero parecían llegar a un consenso. Papá... Yo escuchaba lo que la gente decía de él —confesó, avergonzado—. Los padres de mis amigos, los vecinos, mis abuelos... Todos decían que papá era blando.
‹‹Es un alfa blando, jamás se ha impuesto a su omega. Le concede todos los deseos, deja que le replique. Esto no tendrá futuro si siguen así››, solía decir su abuela paterna, que era también alfa, y su esposa omega asentía con la cabeza.
Eso era lo más suave que solían decir. A veces, sus vecinos lo comentaban en voz alta y con más crueldad. Un alfa débil, un alfa que no se impone, un alfa que actúa como un omega. Cuánta humillación, ¿acaso no tenía vergüenza? Su mamá podía discutirle, podía negarse, podía actuar como alguien libre, y su padre aceptaría todo para hacerla feliz. Para que se quedara con él.
Hyunwoo pensaba que ellos se querían, que ellos se amaban. Que eran felices juntos.
—A veces, mamá despertaba de buen humor y esos eran los mejores días —continuó Hyunwoo—. Ella me ayudaba con las tareas, cantábamos y bailábamos juntos, y salíamos a comprar de la mano. Era esos días en los que pensaba que yo quería eso, que cuando tuviera a mi omega, quería un matrimonio como el de mis padres, e hijos a los que querer mucho. Algunos niños decían que yo era iluso.
Lo recordaba con claridad. Hyunwoo despreciaba a esos niños que se burlaban de él, porque venían de matrimonios destrozados, de omegas violentados y sumisos que vivían por sus alfas. Cuando él miraba a esas parejas, siempre se horrorizaba y pensaba que no quería eso para sí, que era monstruoso, que las cosas no debían funcionar así.
¿Cómo lo miraría ese pequeño Hyunwoo si se viera ahora? Podía sentir la decepción y el odio por sí mismo, por haber permitido que las cosas llegaran a ese punto.
—¿Y cuando ella se fue?
—Culpé a papá —tomó aire, sintiendo las lágrimas punzantes aparecer—, por dios, como lo odié. Pensé que fue su culpa, que él hizo algo. Luego, descubrí que ella se marchó por decisión propia, y lo odié más. Me dije... Papá fue bueno con ella, la amó, la respetó, y ella le pagó con eso. Papá fue un alfa distinto y terminó con ella marchándose. Pensaba que, si papá se hubiera impuesto, la hubiera obligado, se habría quedado con nosotros. Ya no quería un matrimonio así, porque vi frente a mis ojos como se separaron, mientras que esas otras parejas, llenas de violencia y con la dinámica esperada, seguían juntas.
Con la partida de su mamá, además, las burlas aumentaron y Hyunwoo tuvo muchas peleas en el colegio que le ganó semanas de expulsión. Nunca se caracterizó por ser violento, pero en ese momento, la ira estaba a flor de piel, la traición y la vergüenza de ser hijo de una omega que no supo cuál era su lugar.
—¿Lo has hablado con él? —la voz de Sandara se suavizó—. Sé que la relación con tu padre es difícil.
—Él todavía la ama —Hyunwoo sacudió su cabeza—, conserva todas esas fotos de su matrimonio, esos años de falsedad... Incluso cuando mamá se dejó marcar por su alfa, por su destinado.
Recordaba eso, que ocurrió un mes después de que mamá se marchó. Llegó del colegio, con el labio roto por una pelea en la que se metió, y encontró a su padre en el suelo del comedor, gritando por el dolor mientras su lazo y marca se rompía para siempre.
¿Cuáles eran las probabilidades de encontrar a tu pareja destinada? Pocas, por no decir que nulas. Muchos lo consideraban incluso una especie de cuento. Las parejas destinadas existían en una posibilidad de una en un millón.
—Debes hablarlo y soltarlo todo, Hyunwoo —dijo Sandara, seria—. Tu padre no es culpable de que tu madre se haya marchado, tal vez de lo único en que recae su culpa es de no haberte llevado a un psicólogo cuando eso ocurrió. Pero creo que ambos sabemos que los psicólogos no somos bien vistos en este país.
Sonrió con debilidad, asintiendo con la cabeza. Sandara era la primera psicóloga que conocía en toda su vida, pues casi nadie se inclinaba por esa carrera.
Conversaron un poco más antes de que su sesión acabara, y se marchó sintiéndose algo más ligero, lo que era un poco extraño en esa situación. Enero ya estaba acabando y, con eso, llegaría su cumpleaños pronto. Luego el de Kihyun. Pudo sentir la pena caer sobre él como un balde de agua fría ante la perspectiva de la soledad en esas fechas, sin acostumbrarse todavía. Ocurría lo mismo con los cumpleaños de los niños.
Sin embargo, un pensamiento fugaz apareció en su mente: viajar a Estados Unidos. ¿No era eso una idea loca? No para recuperar a Kihyun y su familia, sino para verlos. Sólo para verlos y asegurarse de que estaban bien. Podía verlos a lo lejos y ver si eran felices, y se iría sin que ellos supieran que estuvo en ese lugar. O quizás... quizás sólo conversar con ellos. Nada más.
Es decir, Hyunwoo quería más, pero sabía que ya no tenía ese derecho. Pedirlo se le hacía una sinvergüenzura enorme. Luego de todo lo que les hizo, ¿cómo les preguntaría si lo aceptarían de vuelta? Puede que incluso Kihyun hubiera encontrado a otro alfa que lo estuviera haciendo feliz.
Pensó, repentinamente, en el primer cumpleaños que pasó junto a Kihyun. Ambos llevaban saliendo cuatro meses y Hyunwoo cumplía los diecisiete años, y el omega le sorprendió con una foto de ambos, decorada con mucha dulzura.
—Para que la lleves en tu billetera —dijo Kihyun, con las mejillas coloradas—, ¡si no la llevas allí, me enfadaré mucho, Hyunnie!
Él sólo se rió, abrazándolo por la cintura y llenándole el rostro de besos. El omega se quejó entre risas también, pero aceptando todos los besos con una expresión de felicidad.
—La llevaré para siempre —contestó Hyunwoo—, ¡incluso después de que nos casemos y seamos mayores y viejos!
—¿Nos vamos a casar? —preguntó Kihyun, queriendo hacerse el rudo, pero su voz sonó llena de esperanza.
—Claro que sí —Hyunwoo volvió a besarlo—, nos casaremos y tendremos cachorritos y estaremos juntos por siempre, ¿no es una buena idea?
—¿No es muy apresurado un matrimonio? —Kihyun parecía algo preocupado.
—¡No! —Hyunwoo se volvió a reír, aunque pudo sentir un poco de temor en su interior—. Estoy muy enamorado de ti, Ki. Demasiado, demasiado, eres todo para mí, hermoso.
Pudo notar que Kihyun seguía un poco desconcertado, sin embargo, desvió la atención a otras cosas, y esa idea se esfumó en la mente de su novio.
Una vez llegó a casa, Hyunwoo sacó su vieja billetera del bolsillo de su chaqueta, y comenzó a observar todas las fotografías que tenía guardadas allí. Llevaba tres de tamaño carné, una de cada cachorro, que fueron sacadas cuando los matricularon años atrás en el colegio. Iban con sus cabellos bien peinados y tenían las mejillas rechonchas, y Hyunwoo no pudo evitar sonreír al verlas. Estaban muy pequeñitos.
Otra era una foto miniatura del día de su matrimonio. Kihyun llevaba un traje blanco, elegante y sonriente, con unas rosas blancas en la mano, mientras que Hyunwoo estaba con el traje negro. Ambos se veían muy jóvenes, y la sonrisa en su rostro se tambaleó al recordar la edad que tenían. Dieciocho años, unos adolescentes todavía. Cinco meses después, Kihyun anunció su embarazo.
Y detrás de esa foto...
Desgastada por el tiempo, estaba la fotografía que le regaló Kihyun. Era una selfie de ellos comiendo helado, con los dos sonriendo. Kihyun tenía su cabello teñido de azul, luciendo bonito, mientras que Hyunwoo lo tenía pintado de rojo. Fuego y hielo, qué bonita combinación.
Kihyun decoró la foto con pegatinas de corazón y un mensaje escrito a mano, en el reverso de la fotografía.
Gracias por quererme, Hyunwoo hyung. Quiero pasar el resto de mi vida contigo.
Ki.
Otra vez pudo sentir las lágrimas en sus ojos, y los frotó con fuerza para alejarlas de allí. Cada vez que lloraba, sentía enseguida un fuerte dolor de cabeza que no se calmaba con nada.
Volvió a guardar la fotografía con cuidado en la billetera, sintiendo el corazón doler por la melancolía y la necesidad de su familia.
Se puso a cocinar una vez se cambió de ropa, y cuando estaba sirviéndose en una taza para irse a la cama y comer allí, el timbre tocó. Frunció el ceño ligeramente, mirando la hora. Las siete de la noche, ¿quién le estaría molestando? Su padre fue a verlo el día anterior, además de que no solía tocar la puerta, pues tenía las llaves de la casa. Aparte de él, no podía imaginarse quién más sería. Tal vez algún vecino para pedirle un favor.
Suspirando, gritó que ya iba y dejó lo que estaba haciendo. Caminó hacia la puerta, abriéndola, y viendo primero el rostro afligido de Gahee.
—Hyunwoo —dijo ella, y el alfa sintió la tentación de cerrar la puerta en su cara—, necesito hablar contigo.
—¿Qué ocurre? —preguntó Hyunwoo, cansado.
—Mi hijo...
—Te lo he dicho mil veces —le interrumpió él, y la mujer calló—, no te metas en esto, fui yo quien autorizó la partida de Kihyun y los niños, Gahee.
—No te creo —la voz de ella sonó dura—, si hubiera sido por unas semanas, te hubiera creído, pero ya van casi tres años, Hyunwoo.
—Fue lo mejor para nosotros —replicó Hyunwoo—, no estábamos pasando un buen momento. De todas formas, ¿qué más quieres? No estoy para escuchar ninguno de tus sermones.
—Antes no me habrías hablado así.
No, Hyunwoo no lo habría hecho. Hyunwoo siempre usó a Gahee para que Kihyun cediera a sus caprichos, sabiendo cómo era la mujer. Uno de los peores errores que pudo cometer, y por el que también debía pedir perdón.
—Las cosas cambian y no quiero verte aquí.
—Llamé a la policía —soltó Gahee, y Hyunwoo se calló—. Les dije que sospecho que mi hijo se marchó de forma ilegal y...
—¡¿Por qué mierda hiciste eso?! —gritó, enfadado.
—¡Porque eres un alfa débil y manipulable! —respondió Gahee, altiva—. Igual a tu padre, ¡por eso Kihyun se marchó! ¡Si le hubieras enseñado cuál era su lugar, jamás lo habría hecho!
Fue una fortuna que la policía llegara en ese momento, porque Hyunwoo estaba que explotaba de la ira al escuchar esas palabras. Una fortuna para Gahee y una desgracia para Hyunwoo, que al parecer, iba a pasar la noche entera siendo interrogado por la partida de Kihyun y los niños.
Qué jodido día para vivir.
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