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Crimen y Castigo

-Creo que lo mejor es que me vaya - El castaño mantuvo su mirada fija en la puerta mientras terminaba de vestirse. Sabía que no era la decisión simple, pero era la mejor en ese momento.

-¡Kellen! - El moreno que había estado sentado detrás suya se levantó cual resorte y caminó hasta estar frente a él. Esta situación frente a él sin duda era el colmo.

-Escucha mi razonar Luka - El joven andrógino alzó sus manos a la altura de los hombros para evitar que su amigo comenzara a zarandearlo sin compasión - Y si estás en desacuerdo después de ello entonces lo discutiremos ¿De acuerdo?

-Bien - El italiano se cruzó de brazos molesto por aquel actuar, sin embargo, no dejó que la sangre se le subiese tan pronto a la cabeza - Pero más vale que tengas argumentos convincentes o buscaré la manera de hacer que te quedes.

-De acuerdo - La nube asintió con la cabeza antes de volver a sentarse en la camilla de enfermería que había usado en los últimos días, o más bien, en las últimas semanas. Realmente había hecho un desastre consigo mismo - Entonces...


Después de lo sucedido en el río las cosas habían mejorado ligeramente para el ruso. El trío de niños se había apegado a él cual patitos y no lo habían dejado solo ni a sol ni a sombra. Pero lo interesante fue ver a algunos adultos que habían presenciado su pelea con Marianne y Luka acercarse a dejarle algún obsequio. El menor de cabellos castaños fruncía el ceño cada vez que uno entraba, pero Kellen había aprendido a controlar sus rabietas mediante el uso de almohadas voladoras.

Su cumpleaños había sido celebrado en cama, pues sus heridas se habían agravado y debía estar en estricta vigilancia, pero aquello era lo de menos. Los tres menores habían preparado una pequeña celebración para él e incluso le habían horneado un pastel enorme con ayuda de su madre. Aquello lo había tocado hasta lo más profundo de su alma y lo había llevado al borde de las lágrimas.

Claro, estas cayeron cual cascadas cuando Trevor apareció con una gran caja envuelta en papel de regalo. El celebrado abrió con lentitud el obsequio, solo para encontrarse con un precioso vestido corto pomposo de color azul oscuro. Los presentes sonrieron al ver su reacción ante el regalo y el castaño no hizo más que agradecer por aquel cumpleaños tan maravilloso.

Sin embargo, él sabía que sería el último en esa casa.

La lluvia jefe había hablado con él luego de que despertara y le había planteado toda la situación al derecho y al revés. Luego había pedido su opinión y le había dicho que era su derecho tomar la última decisión, algo que no le había permitido la vez anterior. Pero ahora, su destino había sido colocado en sus manos y solo él podía escogerlo.

Su corazón le rogaba quedarse con su familia, seguir al lado de las pocas personas a las que consideraba parte de su territorio. Pero sabía que no debía ser egoísta y dejarse llevar solo por sus sentimientos y deseos. Él era el heredero de aquella casa y su deber era cuidarlos de cualquier peligro, incluso si eso significaba alejarse porque él era lo más peligroso del lugar.

Aun así, eso no significaba que su salvador iba a dejarlo ir con las manos vacías. Mucho menos que su madre iba a permitir que se fuese por su cuenta.


-La casa está en Pistoia - El azabache sacó un pequeño sobre manila y les mostró unas cuantas fotos a ambos castaños sobre su nuevo hogar - Es una casa rural y pequeña, pero seguramente será muy acogedora para ambos.

-Parece tener un campo bastante abierto - La mujer asintió satisfecha al ver el lugar y luego observó a su hijo para acariciar su cabello con amor - Será bueno para entrenar y mejorar tus habilidades.

-Son al menos 4 horas de ahí hasta esta casa - Trevor se mantuvo tranquilo mientras decía aquello. Estaba seguro de que no necesitaba convencer al niño, pero nunca estaba de más decir algunos puntos favorables de su nueva vivienda - Lo cual será bueno para ejercitarte Kellen.

-Estoy de acuerdo - El menor mantuvo su mirada en las fotos mientras analizaba todo lo que podía su futura morada. Si no le fallaba la memoria aquella casa era donde su jefe había crecido antes de ser quien era actualmente - No es muy lejos, pero tampoco muy cerca. Es un buen lugar.

-Sabes que si necesitas algo puedes llamar y no dudaremos en llegar - El varón mayor se levantó para poner una de sus manos en el hombro de su heredero a modo de consuelo. La decisión que había sido tomada no era fácil y sabía que era doloroso abandonar aquel lugar que tanto amaba.

-Sí señor - El joven andrógino se puso de pie lentamente y observó a ambos adultos con tranquilidad. No tenía que ser un genio para saber qué estaban pensando, pero aun así se sentía agradecido de que ambos lo quisieran tanto como para actuar así. Una voz se escuchó a lo lejos en su mente, pero cerró los ojos y fingió que no estaba ahí.

-Ahora, ve a despedirte de los chicos - La mujer también se puso de pie y acarició nuevamente su cabeza para luego empujarlo suavemente fuera de la sala. Un indicativo de que quería un momento a solas con el hombre para el que había trabajado por años - Nosotros nos ocuparemos de tu equipaje.


El último momento que Kellen pasó en esa casa antes de que dejase de vivir ahí fue demasiado emotivo. No estaban realmente lejos y en un automóvil tardarían poco más de media hora para visitarse, pero sin duda alguna ya no sería lo mismo. No habría pijamadas improvisadas a media noche, ni un cuarteto de niños corriendo libremente por toda la casa desde temprano. Ya no habría un Kellen que los cobijara por las noches ni un trío de niños colándose a una cama para calmar las pesadillas del mayor.

Aunque vivirían cerca, ya nada sería igual para ninguno de ellos.


-¡Regalo! - El infante de cabellos azules alzó sus brazos para ser cargado por el niño que se iba. Sus ojos estaban brillando por las lágrimas retenidas, pero hacía un gran esfuerzo por ser fuerte para sus hermanos.

-No es mucho, pero aquí tienes una foto con todos nosotros - La joven asiática sacó un pequeño marco de fotos de atrás de su espalda y se la extendió a su salvador. Sus ojos se veían más rojos de lo usual debido a las lágrimas derramadas horas atrás - Así no se te olvidará visitar.

-No puede olvidar visitar porque tiene que venir a entrenar - El de cabello castaño con puntas rojizas observó con brazos cruzados toda la situación. Podía no ser notorio, pero él era el más devastado con la partida de su mejor amigo. Para él todo esto era una injusticia.

-Me parece que alguien está demasiado triste porque ya no vivirás con nosotros - La niña le dio un par de golpes con su codo al muchacho del que estaba burlándose al ver la seriedad que mantenía en su rostro. Ese pequeño actuar le ayudaba a calmar un poco su tristeza.

-Theo sin duda alguna está llorando por ello - El moreno alzó una de sus manos para señalar al bebé que había comenzado a llorar y que había ocultado su rostro en la sección entre el cuello y el hombro de la joven nube.

-¡Deja de hacerte el insensible! - La pequeña tormenta se cruzó de brazos y miró con molestia al cielo. Estaba a segundos de lanzarle algún ataque para que fuese un poco más amable con ellos, por lo menos ese día.

-No soy insensible - Luka observó con falsa tranquilidad a su mejor amigo y a su hermanito. Si era sincero quizá si era un poco insensible, pero alguien tenía que mantenerse tranquilo en medio del océano de lágrimas - Solo estoy diciendo los hechos tal como son.

-Kel - Theo alejó su rostro de su escondite y observó con ojos llorosos al chico que estaba abrazando. Había pasado tantas cosas con él y ahora el seguir viviendo así se desvanecía frente a sus ojos - ¿Te irás mucho tiempo?

-Para nada - Kellen volvió a abrazar al niño y acarició sus cabellos justo como Marianne lo hacía con él. Podía suponer lo duro que era para Theo el separarse así de él luego de todo lo que había vivido en sus tiernos años de infante - Nos veremos pronto. Lo prometo.


Las despedidas siempre son lo más duro para los niños, sobre todo cuando deben decirle adiós a alguien que aman. Marianne observó con tristeza como los ojos de su hijo no mostraban la tristeza de su corazón, pero sabía que si él se derrumbaba ellos irían detrás. La pequeña nube tenía que ser fuerte para evitar que el resto se viniese abajo.

Los sentimientos ocultos fueron más que notorios cuando él y Luka se abrazaron para despedirse. Los puños apretados en ambas espaldas debido al dolor, las miradas llenas de sentimientos que no se revelaban, las palabras de despedida formales que no explicaban lo que realmente sentían. Ambos estaban con el alma rota, pero ninguno de ellos decía la verdad.

Una de sus manos tomó la de Kellen después de que se despidiera de sus amigos y luego caminaron hacia el auto que los llevaría a su nuevo hogar sin mirar atrás. Ella sabía que el castaño no cambiaría de idea repentinamente y rogaría quedarse, pues iba en contra de su resolución inicial. Aun así, si volteaba vería motivos para quedarse, y eso solo le haría más daño.

Al llegar a la casa notaron prontamente que esta era pequeña, pero se sentía bastante acogedora. Como había dicho Trevor, la casa era algo rústica e incluso podía considerarse algo antigua para la época, pero era suficiente para ellos. Con solo un nivel, una pequeña sala y comedor, una pequeña cocina, tres habitaciones y un baño. No era una casa de lujo, pero ahora era su hogar.

Las horas pasaron mientras ellos acomodaban todas las cajas de sus pertenencias. Al día siguiente la mujer debía ir al pueblo a buscar trabajo y a buscar una escuela cercana para su hijo. Podía seguir entrenando con los demás por ahora, pero tenía que comenzar a hacer una vida sin ellos.


-Todo listo mamá - El castaño apareció delante de la fémina cubierto de tierra y grasa. Había viso que el cercado alrededor de la casa no era suficientemente seguro y había tomado la iniciativa de arreglarlo por su cuenta.

-De acuerdo - Marianne sonrió agradecida de que su pequeño fuera tan diligente. Era sorprendente ver a alguien tan joven siendo capaz de hacer cosas que algunos adultos son incapaces de hacer - Toma una ducha y arréglate. Debemos saludar a los vecinos cercanos.

-Sí - La voz de Kellen era todo menos entusiasta. Si era sincero, no quería caminar y conocer a la gente del rededor. Pero era una medida preventiva que tenían que tomar para evitar problemas. Si algo pasaba podían correr a casas cercanas para evitar peligro.


Las visitas fueron hechas rápidamente. Debido al gran terreno que la casa poseía se tenía que caminar un poco para encontrar civilización, pero ninguno se quejó realmente de ello. Esa distancia era mejor para evitar que vieran los entrenamientos con las llamas.

Todos los vecinos parecían encantados con el nuevo dúo de recién llegados. La mayoría de ellos eran personas de tercera edad, así que veían al de ojos amatistas como un nuevo nieto al cual cuidar. Aquella actitud se debió a que, en cuanto llegaban a una nueva residencia, el pequeño siempre tenía un consejo o comentario sobre las viviendas y como hacerlas más seguras. Al final, volver a casa fue más cansado de lo previsto debido a que todos querían pasar más tiempo con el pequeño genio.

No pudieron regresar a su hogar hasta la noche y en cuanto llegaron fueron a sus cuartos inmediatamente. Desgraciadamente, esa noche fue fatal para el miembro mayor del cuarteto de niños. El varón pasó despierto la mayor parte con la excusa de arreglar su habitación pronto.

De cierta forma, aquello no era una mentira del todo. La habitación era cómoda y se sentía la calidez en cada una de sus paredes, pero su corazón no se sentía satisfecho del todo con aquel espacio. Principalmente porque su familia no estaba en ese lugar.

Aun así, debía ser fuerte y enfrentarlo por el bien de su amada familia.

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Adaptarse a la escuela fue la tarea más difícil en la vida de la joven nube. Los niños normalmente no tienen filtro en la boca y terminan diciendo estupideces que hieren los sentimientos, a veces sin intención y a veces con toda la intención del mundo. Nunca sabes realmente que quieren lograr con sus palabras.

Aun así, Kellen sabía que las burlas por su cabello largo y su apariencia de niña no eran bien intencionadas. Las niñas lo veían como un bicho raro mientras que los niños se burlaban y repetían palabras dichas por sus padres que seguramente sus pequeños cerebros no entendían.

Si era sincero, no le importaba las miradas de los profesores o de alumnos mayores debido a su apariencia. Era consciente de que la vida fuera de la casa de acompañantes sería dura, así que se tragó todos los insultos y amenazas que tenía listas. Él era mejor persona que ellos, y eso dejaba tranquila su consciencia.

Después de varias semanas en la escuela los niños habían comenzado a aburrirse de su falta de reacción debido a las provocaciones. No era divertido burlarse de alguien si esa persona no mostraba signos de haber entendido lo que pasaba. Con ello en mente, un niño con hermanos en grados superiores decidió ser un poco más violento.

Golpes, rasguños, moretones. No era algo a lo que el castaño no estuviese acostumbrado. Los entrenamientos para controlar sus llamas eran agotadores y mil veces más destructivos para él. Así que cuando el primer golpe llegó él no hizo nada. Observó con ojos aburridos al mayor que lo había golpeado antes de ponerse de pie como si nada y seguir con su día.

Le había prometido a Luka no meterse en problemas en la escuela, así que aceptó el primer golpe para que entendieran que eso no iba a dañarlo como querían y se fueran de una vez. Sin embargo, parecía que no entendían su sentir, porque quisieron golpearlo una segunda vez. Esta vez se movió para que el niño se golpease contra el suelo inmediatamente.

Notó la ira en los ojos ajenos, aun así, no le importó en lo más mínimo que eso ocurriese. Él no era alguien que pusiese las mejillas libremente para que las golpearan a gusto. Si querían golpearlo, entonces tendrían que enfrentarse a las consecuencias.

Una hora después estaba sentado al lado de Marianne en la oficina del director para hablar sobre la pelea unilateral. Su mirada inocente y su complexión física hicieron que el hombre no creyese las palabras de los otros niños para nada. Eran cinco chicos mayores contra un pequeño niño de primaria. Era obvio que solo querían hacerlo sentir mal.

Madre e hijo agradecieron la buena voluntad del director por proteger al menor y luego se retiraron a su hogar. Durante el camino la voz de la fémina inundó los oídos del menor sobre las mil y un cosas que debía hacer para que no volvieran a atraparlo en el acto. En situaciones normales una madre habría regañado a su hijo, pero ellos no eran personas normales. Eran mafiosos, y como mafiosos debían defender su honor.

Luego de ese día la vida escolar del mafioso más joven comenzó a calmarse. La gente que se burlaba de él ahora le tenía miedo y aquellos que seguían molestándolo terminaban misteriosamente en el hospital. Poco a poco él pasó a ser una noticia vieja, y eso fue lo mejor.

Pero, un día, volvió a ser tema de conversación y mucho más que antes. El chico y su madre habían desaparecido de la nada y no había rastro alguno sobre ellos. Desaparecieron como si hubiesen sido fantasmas desde un principio. 

Nadie en ese pueblo sabría la verdad jamás. Y no volverían a saber del niño andrógino hasta muchos años después.

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El día escolar había acabado finalmente y Kellen regresó a su hogar con una sonrisa en el rostro mientras tocaba sus largos cabellos. En los últimos meses había comenzado a parecer aún más femenino que antes debido a los peinados que su progenitora le hacía. Pero el niño de hebras castañas era plenamente feliz debido a que estos representaban el tiempo que pasaba con su amada madre. Eran la prueba fehaciente de que ellos eran felices.

Desgraciadamente nadie con conexión a la mafia puede ser feliz por siempre.

Cuando llegó a su casa notó que la puerta no estaba cerrada como usualmente, además estaba ligeramente torcida. Aquello activó sus alarmas y decidió rodear la casa por fuera primero para verificar si había alguien en la zona. Una vez que confirmó que ninguno de sus sistemas de seguridad se hubiese activado y que todo estuviese despejado decidió ingresar a su residencia por una ventana trasera y no por la puerta principal. No podía ser descuidado.

Dejando de lado la puerta, el resto de su hogar estaba intacto. No había nada fuera de lugar y no había nada que denotara que alguien estuvo en esa casa antes que él. Eso encendió aún más sus alarmas y lo hizo preocuparse. Marianne era buena en todo, menos en ordenar la casa. Ella dejaría todo hecho un desorden jurando que había algún orden en medio del caos.

Así que ver la casa limpia y pulcra activó sus sentidos y su necesidad de correr fuera del lugar. Pero alguien había entrado y probablemente tenía a su madre consigo. Si quería salvarla, tenía que encontrar a la persona que había ingresado sin permiso.


-Maldición - El cuerpo del menor comenzó a temblar mientras pensaba en posibles soluciones. Pronto la voz que había comenzado a rondar en su cabeza comenzó a resonar nuevamente, pero esta vez era más amable que antes "Trevor sabrá que hacer. Si contacto con él todo estará bien. Solo tenemos que..." 


Todos los pensamientos se detuvieron cuando el menor sintió un piquete en el cuello. Su cuerpo comenzó a temblar mientras caminaba para alejarse del lugar. Tenía que llegar a su habitación para contactar a la lluvia, por el bien de su madre tenía que.

Su cuerpo cayó al suelo debido a la inconsciencia inducida por el ataque que no supo prevenir y maldijo su suerte una vez más. ¿Por qué siempre le pasaban estas cosas a él? ¿Por qué la mala suerte nunca lo abandonaba? No pudo sentirlo, pero su cuerpo fue levantado del suelo como si nada y luego procedieron a llevárselo lejos.

Otra cosa que no notó fue que, al caer, el marco con el collage de fotos cayó también, rompiéndose en pedazos. Justo como el futuro que le aguardaba debido a ese día.

La mafia jamás es amable con aquellos que tratan de permanecer inocentes. Eso, Kellen lo aprendería por las malas.

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Hola. El milagro de navidad apareció sorpresivamente.

El capítulo de esta vez es más corto, pero la inspiración no apareció por mi puerta para alargarlo más. Sin embargo, el final del relato está próximo a pasar y finalmente veremos a Kellen tratando de matar a Xanxus.

Nos leemos pronto y, ¡Feliz Navidad a todos! Que pasen buenas fiestas con sus familias.

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