
Capítulo 73
Narra Kimi:
Éxtasis.
Y después del mismo, caí rendido sobre el cuerpo desnudo de Alex.
Sintiendo cada centímetro de su piel, rozando con la mía.
Inundándome del calor de su cuerpo.
Abrazándola, como si temiera que pudiera irse.
Y es que en realidad, me daba auténtico miedo que se fuera.
Hundí mis manos en su pelo, y me esforcé para sacar fuerzas, y colmarla de besos por todas partes.
—Kimi— susurró aquel angel que tenía entre manos.
—¿Hmm?— pregunté, sin separar mis labios de su cuello.
—¿Qué te pasa?— preguntó ella, bajito, pasando su dedo íncdice por mi espalda.
Paré por un momento.
¿Qué me pasaba? Era una buena pregunta, para la que no tenía respuesta.
¿Acaso se estaba derritiendo el Iceman?
No.
El iceman estaba ya totalmente derretido...
—Nada— intenté sonar convincente.
—A mí no me engañas, Kimi.
Besé sus labios con cuidado, pero no di ninguna respuesta más.
—A ver, cariño— dijo, y a mí se me estremeció todo el cuerpo —Chloe me ha contado que discutiste con Ricciardo—
Suspiré —No quiero hablar de ello— dije, apartándome de la chica y tumbándome boca arriba en el otro lado de la cama.
Ella se acercó a mí, y se tumbó apoyando su cabeza en mi pecho.
—Habla, Raikkonen.
Oír mi apellido de sus labios siempre me generaba una sensación que no soy capaz de explicar.
—No voy a dejarte ir, Alex.
—¿Y por qué iba a querer irme?
—Porque Ricciardo es más joven, más... Más todo.
—Pero no me tiene a mí.
—Pero te tuvo— hice una pausa —igual que puedo tenerte yo ahora—
—Es cierto— suspiró —y no me hizo sentir ni la mitad de lo que tú consigues hacerme sentir—
—¿En qué sentido?
—En todos— susurró, sentándose de repente a horcajadas sobre mi cintura.
La abracé, dejándola caer de nuevo sobre mi pecho.
Mi niña.
Mi amor.
Mi Alex.
¿Qué pasa, Kimi?
Te has enamorado como un adolescente.
Si ya lo decía Vettel...
Pero es que ella me hace tanto bien... Que no sabría qué hacer si la perdiera.
—Me dolió mucho todo lo que me dijo— susurré.
—¿Tan malo fue?
—¿No te lo ha contado Chloe?
—No ha querido entrar en detalles.
—Fue horrible, Alex.
Ella me besó la mejilla.
—Yo te prefiero a ti, Kimi.
—¿Y por qué?
No había llegado a entender qué podía haber visto aquella chica en mí; ella era tan todo, y yo tan... Nada.
—Porque contigo me siento segura, bonito, contigo puedo ser yo sin máscaras, sin disfraces...
Intenté decir algo, pero ella me puso su índice sobre los labios.
—Me haces sentir como una reina, Kimi.
—Es que eres mi reina.
Ella sonrió sonrojada, y una lagrimita se escapó por su mejilla.
—No llores, preciosa— dije limpiando la pequeña gota de agua con mi dedo pulgar.
—Nadie jamás me había tratado así, Raikkonen, nadie nunca me había hecho sentir tan especial.
—Mi niña, no te vayas nunca.
—No lo haré, lo prometo.
Nos besamos, como no lo habíamos hecho nunca, con mucha ternura, pero con necesidad a la vez.
¿Qué haría yo sin ella?
Cualquiera que me viera, el mítico Iceman, el hombre más frío de la parrilla, el escueto en palabras, el desagradable... Perdidamente enamorado de una niña, una niña que me hacía ser mejor cada día, porque eso lo tengo claro; mi esencia sigue y seguirá ahí, pero Alex me ha hecho ser mejor, más paciente, más tolerante, incluso más agradecido.
Y por eso mismo, solo puedo darle las gracias.
Tal vez Vettel llevara razón, porque si por mí hubiera sido, en aquel momento hubiera clavado la rodilla en el suelo, y tras pedirle matrimonio al amor de mi vida, me hubiera puesto manos a la obra a por los siete niños...
Me estaba volviendo loco, estaba claro, pero ¿Y qué?
Ella era la indicada, la persona con la que quería pasar el resto de mi vida, con la que por primera vez me planteaba formar una familia.
La quería más que a nadie en este mundo.
La quería tanto que dolía.
Y no podía callármelo más; verla mirarme a los ojos con esa sonrisilla suya me hacía sentirme el hombre más afortunado del mundo.
Renunciaría a todo, por una vida con ella.
Tomé aire, y me decidí a hablar, era el momento.
—Oye Alex— susurré en su oído, acariciándole el pelo.
—¿Sí?
—Tengo que decirte algo muy importante.
El rostro de la chica cambió a un gesto interrogante, y tal vez algo asustado.
—¿Pasa algo, Kimi?
—No, bueno, sí, me pasa algo.
—Ya sabía que no podía salir todo tan bien... ¿Qué pasa bonito?
No pude evitar sonreir ante su forma de referirse a mí.
—Me pasa que desde que te conocí soy otro, Alex, alguien mejor. Me tienes totalmente enganchado, no puedo imaginar perderte, no quiero, imaginar una vida sin ti. Eres mi pilar fundamental, me das fuerzas cuando ya no me quedan, me haces salir adelante. Y me da igual lo que vaya a decir nadie, cariño, porque me he enamorado de ti como un chiquillo, y me siento mejor que nunca; te amo, niña, te amo con toda mi alma.
Ella sonreía sin poder evitar llorar, no dijo una palabra, pero por el beso que me dio, pude intuír que aquello no podía ir mejor.
—Iceman— me llamó, cuando se le había pasado un poco el sofocón.
—¿Sí? Mi vida.
—Te amo— dijo, y justo después, abrazada a mí con todas sus fuerzas, se quedó dormida.
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