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The night we met.

¡Hola mis bonitos lectores! Lo admito, estuve burdamente evitando este capítulo porque fue el origen de toda la trama de Fly boy y tenía demasiada presión para escribirlo y hoy me planteé seriamente, ¿quieres pasar así tus pocas horas libres? ¿llorando por estos pixeles? y acá esta su respuesta, pero es que quería mucho sacarlo, ya, me sentí bien como quedo. Este fic sufrió muchas modificaciones desde su borrador original y lo amo tanto, no sé, me hace feliz. Muchas gracias a quien se tomo el cariño para leer.

El capítulo de hoy lo narra Ash. ¡Espero que les guste!

—Ash... —Me encogí bajo las frazadas—. Ya debes levantarte, se les va a hacer tarde.

—Quiero estar solo, anciano. —Max suspiró, sin moverse de mi lado. Sus zapatos pendieron hacia el soporte de madera y sus palmas se tensaron alrededor de un libro—. Gracias por tratar de animarme, pero ya ríndete. —Este era su décimo intento para que abandonase la habitación.

—¿Sí? —Las bisagras de la puerta chirriaron—. Pues te vino a ver la persona más bonita del mundo para que te sientas mejor.

—¡¿Eiji?! —Me levanté solo para encontrarme con el rostro de Shorter Wong.

—Me siento ofendido por tu favoritismo, pero te perdono. —Aunque traté de aventarle una almohada, la funda ni siquiera llegó hacia la alfombra. Estaba demasiado herido, carecía de fuerza para que me importara—. Amigo, ya debemos irnos.

—Pueden hacerlo sin mí. —Me volví a hacer un ovillo contra las sábanas—. Conocen las canciones a la perfección, Fish Bone es una excelente banda.

—No te hagas de rogar. —Negué, dejando que mi atención pendiese hacia un punto azaroso en el papel tapiz—. ¡Ash! —Parecía húmedo, la mugre había oscurecido levemente el patrón geométrico, me pregunté si se despegaría y me burlé de las horas que pasé mirándolo.

—No me estoy haciendo de rogar. —Me apreté el pecho, intentando cubrir el agujero que poseía en lugar de corazón—. Pero quiero estar solo. —Mi voz fue apenas un hilo debajo de las frazadas—. Por favor váyanse.

—Lo entendemos. —La puerta se cerró.

Acerqué mis rodillas hacia mi pecho y jugueteé con el arete, repasándolo entre mis yemas una y otra vez, era una obsidiana de imitación, me gustaba porque me recordaba a sus ojos. Negros, intensos e increíblemente brillantes. Siempre fui cauteloso cuando se trataba de la oscuridad, me remontaba a esa noche de Halloween donde me fui a esconder para espantar a Griffin, sin embargo...

—Eiji.

Él, quien me dijo que aunque el mundo entero estuviese en mi contra, él siempre estaría a mi lado.

Él, quien me dijo que se volvería loco si me perdía.

Él, quien me prometió que su alma siempre estaría conmigo.

Él, quien me dejó con un corazón quebrado.

Estrujé con fuerza las sábanas y tensé la mandíbula. Cuando cumplí nueve años, Griffin me llevó al zoológico para celebrar. Recuerdo haber observado a una pareja de pingüinos intercambiando piedras, me pareció curiosa la manera en que las empujaban casi con timidez hacia una especie de nido improvisado. Solo las arrastraron con sus patitas, bajaron el pico y formaron un corazón tras juntar sus frentes. Venían en mitades. Al preguntarle al encargado, él me explicó que estos animales eran conocidos por su incondicionalidad en el romance. ¿No era bonito? Elegían una sola pareja para el resto de sus vidas. El llanto me quemó la nariz, solo goteó contra la almohada. ¿Qué haría yo sin mi pingüino? Cuando hace un instante lo tenía entre mis brazos, tonteando y haciendo una infinidad de planes para entreverar nuestros destinos. Y ahora lo había perdido. Desde esa fiesta de Halloween no había podido dormir, comer, pensar o respirar. Él era mi oxígeno, mi razón de ser, mi otra mitad, mi alma entera y sin él yo...Apreté con nervio los bordes de la cama. No sabía cuántos días llevaba encerrado llorando, pero las lágrimas jamás se acababan. A veces me daba descansos en esta tortura, dejaba de gimotear para recordar lo mucho que lo adoraba y otra vez, esto me rompía. Debería estar bien.

Nunca le pedí un «para siempre».

Sino un «solo por ahora».

—¿Puedes hablar conmigo? —Shorter presionó su palma contra mi espalda, sus yemas se crisparon alrededor del cubrecama, como si quisiese arrancármelo para confrontarme, sin embargo, no lo hizo—. No has ido a los ensayos de esta semana. —Me levanté.

Medio muerto.

—Eiji terminó conmigo.

Medio vivo.

Me apreté el estómago, conteniendo una arcada. Aunque no había comido en días, sentía que vomitaría mis tripas si lo volvía a pronunciar. Los párpados me ardieron, sin embargo, me concebí demasiado agotado para distinguir si brotó pena o sangre. Divagué acerca del ruiseñor y la rosa, me pregunté si él me recibiría si teñía mi propia flor o acabaría en la basura.

—¿Qué dijiste? —Alcé el mentón, ido—. ¿Hablas en serio? —Los lentes se le habían caído a causa de la impresión, sus palmas se encontraban temblando entre las mías.

—Él... —No fui lo suficientemente fuerte para pronunciarlo otra vez—. Él se enteró de todo. —Me rompí.

—Ash... —Tirité, dejando que mi mejor amigo mitigase mis temblores con sus manos.

—Me odia. —Una infinidad de lágrimas pendió hacia mi mentón. A pesar de observarlas no las logré percibir, ya no sentía nada. Nada de nada—. Shorter, él me odia.

—Shh... —Él me sostuvo con ternura—. Estoy acá. —Me aferré a su espalda para terminarme de desmoronar.

No sabía lo mucho que dolería tener corazón hasta que él lo quebró. Claro que lo entendía, debió ser una mierda mantenerse al margen si hasta los desconocidos sabían acerca de los chantajes. Me reduje a una muñeca de trapo contra el hombro de mi mejor amigo, hundí mis uñas en mis brazos, la pena no tuvo final. ¿Cómo denunciar a ese pederasta si éramos lo mismo? Ambos asquerosos. Traté a Eiji como idiota, tomé de él para dejarlo sin nada, abusé de su apoyo incondicional, pero ni siquiera me detuve a pensar en qué tanto estas mentiras lo afectarían. Él siempre respetó mis límites, me amó con una paciencia sublime, me mostró la verdadera incondicionalidad. ¿Qué clase de escoria era para engañarlo? Solo quería aligerar su carga, era duro tener que confrontar al mundo entero solo, lo sabía. Pensé que si lo ayudaba con su papá, si lo facilitaba con una beca, si eliminaba las injusticias impuestas por el entrenador para que fulgurase su talento. No. Jamás fue desinteresado ¿verdad? Sino no dolería tanto dejarlo volar.

—No viste la cara de horror que me entregó. —Cerré mi palma alrededor del aro, no era el mío, sino el suyo, él me lo devolvió—. Parecía tan herido. —Me sobresalté ante la suavidad de este toque. Enfoqué mi atención hacia mi estante de libros, un mosaico con sus fotografías pendía alrededor de mis ostentosos manuscritos. La mandíbula me pesó a causa de la presión, mis pupilas se hallaban tan irritadas que temí llorar rosas. Pero tal vez si lo hacía mi ruiseñor volvería.

—Lo lamento.

—Yo también. —Sonreí, sin poder dejar de sollozar—. Seguramente le doy asco, no lo puedo culpar por no querer estar conmigo luego de enterarse de eso. —Las manos de Dino Golzine alrededor de mi cintura esa noche en el hotel, sus jadeos excitados contra mi oreja, mis piernas separadas alrededor de su cadera. Su pene, duro y mojado, por mi culpa—. Soy grotesco.

—¡No hables así de ti!

—Lo veo en mis pesadillas ¿sabes? Es como si estuviese otra vez en esa habitación pero no me pudiese mover, por mucho que grito él no se detiene. —¿Qué si duele? ¡Qué estupidez! No le importaba si sentía algo, ni siquiera era un ser vivo para él—. La única persona que me podía tocar sin que me diese asco era Eiji. —Me estrujé el pecho, sin importar la presión que ejerciese sobre este, las cicatrices seguían abiertas encima de mi piel.

—¿Te dijo que quería terminar?

—Me entregó su aro. —Dejé la pequeña obsidiana en el velador—. Luego de esa pelea fue más que suficiente. —No volvimos a hablar. No me profesé yo mismo durante esta conversación, parecía estar observando esta escena desde una esquina de mi cuarto, vacío.

—Las relaciones se acaban, es normal que esto se sienta así. —Negué.

—Sé que las personas no se mueren de amor y que es normal que las parejas terminen. —La tráquea se me cerró, la lengua se me secó—. Es una especie de duelo supongo.

—Lo es.

—Pero siento que Eiji es el amor de mi vida, Shorter. —Una conexión de almas pura a inquebrantable, tan inexplicable como preciosa—. Solo lo sé, no me preguntes cómo. —Una que no podría borrar por mucho que lo intentase durante el resto de mi existencia. Él construyó una casita en mi corazón para vivir dentro de ella, él usó una pértiga para mostrarme más allá, él fue plantando girasoles donde rompían las tormentas—. Es tonto ¿verdad?

—No lo es. —La expresión de mi mejor amigo fue pura comprensión—. Si te sientes de esa manera, creo que deberías hablar con él.

—Me odia. —Me interrumpió.

—No creo que te odie, probablemente se sintió demasiado herido luego de enterarse y necesitaba espacio para pensar. —Pero no me había enviado ningún mensaje durante estos días y cada vez que me miraba él parecía triste, realmente triste, me rompía el corazón aunque ya no me quedaba—. Ustedes son una pareja fuerte, pueden superar esto.

—¿Y si ya no me quiere? —Se lo pregunté despacio, casi aterrorizado.

—Estás siendo dramático. —Tal vez—. Amigo, no entiendo por qué te estás ahogando en un vaso de agua. —Porque debería haberlo visto venir, lo presioné hasta el borde de la locura. Fui egoísta y débil, le di miedo. ¿Miedo? No.

Le di asco.

Me doy asco.

—¿Podrías amar a un hombre que se prostituyó? —Cuando los recuerdos llegaban con una escalofriante vividez y ese aroma a Old Spice me revolvía las tripas, me quería arrancar la piel—. Sé lo que han empezado a decir de mí con la denuncia. —Parpadeé, vacío—. Yo me lo busqué ¿no? Fue mi culpa por provocar al cerdo y ahora me ando haciendo la víctima, soy patético. —¿Lo hice?

—¡Ash! —Seguramente, me aborrecía lo suficiente para sabotearme. Muy en el fondo sabía que no lo merecía, no estaba hecho para la felicidad.

Quizás miré a Dino Golzine y le di esa impresión deseable. Tal vez debí cambiarme de ropa antes de encontrarme con él en el hotel y quitarme el maquillaje. ¿Me acerqué demasiado cuando le hablé? ¿Usé un tono sugestivo? ¿Le toqué la mano por accidente? ¿Estaba implícito en la beca deportiva? Probablemente él vio lo que era y me trató como tal. Fue mi culpa, yo lo pedí, aunque gritase por ayuda y me orinase por el miedo. Yo lo quería.

—¿Puedo hablar con él? —Ni siquiera me di cuenta cuando Griffin abrió la puerta.

—Por favor, hazlo entrar en razón. —Shorter se levantó de la cama—. Te estaré esperando afuera, no arrojes todo tu esfuerzo por la borda.

No debería ser tan terrible. Ni siquiera alcanzó a ser una violación, fue solo un manoseo, habían personas que lo tenían mucho peor. Una denuncia no valía la pena, por muy anónima que fuese la facultad ya se hallaba enterada. Tal vez por eso se desligó de mí, debió parecerle grotesco ser rebajado a la puta de la puta. Debió ser realmente asqueroso saber dónde mis labios habían estado y recordar las veces que los besó. Me pregunté si me sentiría de esta manera para siempre y al mirar el hueco que pendía en lugar de corazón, supe que sí. Me aterrorizaba confrontarlo, aunque el último recuerdo que guardaba de él era la pelea que estalló en la fiesta, esos ojitos aún fulguraban amor debajo de tan desmesurado dolor. Si nos volvíamos a encontrar para cerrar. ¿Podría sobrevivir tras solo contemplar rechazo? No quería averiguarlo.

Era el señor amante y extrañaba a mi amante.

Ahora lo único que me quedaba era un «lo siento» muerto y...

—Aslan. —Traté de enfocar mi atención en Griffin, no obstante, me profesé varado. Varado, era una palabra curiosa, los botecitos de papel no tenían esa oportunidad, se hundían ante la tormenta.

—¿Cuándo llegaste? Pensé que te estabas quedando con el viejo. —Hasta mi padre empezó a arrendar un departamento cerca mientras lidiábamos con la denuncia—. Me pudiste avisar. —Pero no era para tanto ¿no? Yo lo pedí, debería retractarlo, tal vez si la quitaba y me quedaba quietecito una violación no sería tan terrible. No haría diferencia si esta ya no era mi piel.

—Me dijiste que habías hablado con Eiji.

—Y lo hice. —Apreté mis puños contra la sábana—. Solo... —Mis pestañas se marchitaron bajo una lluvia dorada—. No le pude contar todo. —¿Por qué los humanos anhelaban volar por el cielo? Recordé habérmelo preguntado cuando recién llegué a Nueva York—. Soy un cobarde. —Y supe que había encontrado la respuesta apenas lo vi saltar. Mi Eiji saltaba alto, más alto que nadie.

—Pasaste por algo duro, es normal que te sientas aterrorizado en estos momentos.

—¿Duro? —Reí—. Debí abrirle las piernas y quedarme callado. —Esa carcajada retumbó por una habitación desconocida—. Habría sido más fácil, así nadie estaría preocupado. —Me abracé a mí mismo, aborreciendo estas grotescas cicatrices que no parecían tener final—. Lo siento, Griff. —Ni siquiera supe por qué lo dije—. Ya no quiero seguir con esto adelante, retiraré los cargos.

—Aslan. —Él me acercó, empezando a trazar círculos en mi espalda, como cuando era pequeño y no podía dejar de gimotear porque no tenía mamá, era un ritual de sanación que él inventó—. Entiendo que tengas miedo pero debes seguir adelante con esto, hemos llegado muy lejos, casi lo tenemos en nuestras manos. —Sin embargo, los monstruos no se escapaban por dejar las luces encendidas y la magia no existía. Me levanté de la cama, iracundo.

—¿Debo seguir adelante? —¡Por favor! Él hablaba como si entendiese lo duro que era esta mierda. El vocalista de Fish Bone era una puta, nunca pedí esta atención, al final solo hería a quienes más amaba—. No tengo que hacerlo, puedo desistir. —Y sería fácil. ¡Sí! Probablemente los rumores se acabarían, Dino Golzine volvería a financiarme luego de una compensación, y Eiji...

Mi Eiji.

Nada de lo que hiciese me limpiaría ¿no?

—Es un dolor de culo tener que enfrentar a toda la facultad y sentirme avergonzado solo por existir ahí, me miran como si yo... —Volví a caer sobre la cama, rendido. Aunque lo golpeé, él no se apartó—. No hará la diferencia que hable, nadie más lo quiere hacer, no seré el primero.

—Esto que te pasó también le puede suceder a otras personas, Aslan. —La garganta se me cerró—. Por eso tenemos que ponerle un alto. —Me mordí la boca, tratando de contener mis sollozos, desesperado.

—¡No es justo que sea yo quien hable primero! —Goteé y goteé hasta quedarme vacío—. ¡No es justo!

—Eres patético. —Palidecí. —Estás llorando frente a mí para llamar la atención, eres tan molesto, por eso Eiji te dejó y papá te golpeaba.

—¿Qué?

—¿Para qué sigues fingiendo? Pusiste esa denuncia para sentirte menos sucio contigo mismo, pero a fin de cuentas fue tu culpa, por eso te estás acobardando ahora. Y ya estoy cansado de fingir que no me das asco Aslan. Me repugnas, igual que a Eiji, igual que a todos. ¿Al menos le cobraste al cerdo? ¿O tanto se la querías chupar?

—¿Griffin? —El llanto me quemó la piel, las piernas no me funcionaron, el hambre me mareó. Me sostuve la frente, me hallaba afiebrado, vomité contra la cama pero no salió nada.

Ni siquiera eres capaz de juntar tu mierda y desilusionas a la banda, lo arruinas todo siempre. —Mierda, me iba a desmayar—. Si hubiese sabido que serías tan débil mejor me muero en la guerra.

—¡Basta! —Me cubrí la cara, destrozado—. ¡Ya basta! ¡Lo sé! —Presioné los párpados, agotado, el hueco en mi pecho martilló demasiado fuerte, me hallaba sobrepasado—. Yo también me odio ¿sí? Odio no haberme sabido defender mejor y solo haberme quedado ahí recostado sintiendo su erección contra mi trasero, odio haberle tenido que mentir a Eiji cuando despertaba aterrado por las pesadillas, odio no tener el maldito control de mi vida y no haberlo sabido ayudar mejor, pero quería ser un buen novio y aligerar su carga.

—Aslan.

—Él hace tanto por mí...Solo quería verlo feliz, maldición, su papá se estaba muriendo y yo tenía el poder de salvarlo, ¿no habría sido peor no hacerlo? Me duele que sufra y al final yo lo hice sufrir. No lo sé, no sé nada, solo quiero echarme a morir en la cama y estoy cansado de que todos vengan a gritarme como si entendiesen una mierda de lo mal que me siento. Sé que doy asco, sé que fue mi culpa, sé que me lo merezco, sé que no valgo nada ahora.

—¡Aslan! —Griffin parecía genuinamente desconcertado con todo lo que acababa de decirle—. Dios... —Él me abrazó con fuerza, como si quisiese arrancarme el dolor para que dejase de sufrir—. Jamás pensé nada de eso, no debí presionarte sino te sientes listo, lo siento. —Me aferré a su espalda, pequeño.

—Estoy tan cansado de esto.

Finalmente me desbordé, no pude mantenerme más tiempo desconectado. Esto había pasado, era desgastante tener que enfrentar a una multitud que no sabía nada y pretender que no me importaba. Porque yo era un hombre se creían con el derecho a etiquetarme o a mofarse de mi novio. En el fondo sabía que lo mejor sería mantenerlo lejos.

—Perdón por presionarte.

—No. —Me aparté, apoyando mis manos encima de sus hombros—. No fue tu culpa.

—Ni la tuya. —Él me sostuvo de las mejillas antes de que pudiese ahogarme en este vaso de agua del tamaño de una galaxia—. Nada de esto es tu culpa.

—¿Entonces, por qué lo siento de esa manera? —Él suspiró, buscando las palabras correctas en esta tormenta.

—Porque eso era lo que Dino Golzine quería que sintieras. —Respiré otra vez—. Eres tan valioso, sé que debe ser duro lidiar con tantos ignorantes y más encima con la presión del director, pero jamás pienses que esto fue tu culpa. Él abusó del amor que le tienes a Eiji para chantajearte, no está bien.

—Pero... —Miré mis manos, aunque eran ásperas y grandes él me dejaba encajarlas entre las suyas, suaves a pesar de la pértiga y pequeñitas—. No soy lo suficientemente valioso para merecer esta preocupación. —Él sonrió, triste.

—Eres mi hermanito, a quien más amo en todo el mundo. —Su atención se enfocó en el arete sobre la cómoda, esa obsidiana que a Eiji se le veía tan bien yacía apoyada contra un libro—. Y si él te ama como creo que lo hace, piensa igual.

Pasé tanto tiempo atrapado en mi propia cabeza, con las burlas de la denuncia golpeteando mi celular, con la ruptura reproduciéndose una y otra vez, que me permití olvidarme de esto. Presioné los párpados y me di el valor para respirar. Estaba bien, no tenía que recoger todos mis pedazos a la vez, podía ir de a poco. Griffin tenía razón, no me podía permitir intimidar estando tan lejos. Racionalmente lo entendía, sin embargo, habían momentos de mayor vulnerabilidad donde me quebraba y quería que el mundo se detuviese porque era demasiado. Volví a ser yo un poco más.

—Eiji me hace falta ¿sabes? —No en el sentido de la dependencia. Claro que podría sobrevivir sin él y salir adelante—. Quiero arreglar las cosas. —Pero no quería, él era mi alma entera, con quien planeaba forjar un futuro y anhelaba apoyar sus sueños. Me costó pensar con claridad con tanto encima, era un golpe tras otro, tras otro, tras otro y ya paraba de contar.

—¿Lo invitaste a la batalla de las bandas? —Asentí—. ¿Entonces, qué te detiene?

—Él es la razón por la que no quiero ir. —Volví a inhalar tras arrancarme las espinas del pecho—. ¿Qué pasa si no va? —Eso me obligaría a aceptar que lo nuestro había terminado, el malestar era desmesurado para procesarlo—. ¿Qué pasa si lo encuentro y ya no queda amor en sus ojitos?

—Eso es algo que tendrás que confrontar tarde o temprano, Aslan. —Él me limpió el llanto con las yemas, fue dulce y aniñado, fue mi primera figura paterna—. No dejes que el miedo te paralice, han trabajado duro en Fish Bone para lograr esto, amas la música, y si este es tu sueño...

—Lo es. —Él se levantó de mi cama, alcanzándome su vieja guitarra desde la esquina, no esa fabulosa que compré con el dinero sucio del director.

—Es tu oportunidad para dar el primer paso. —Sino esa que era nuestra.

—Gracias por hablar conmigo, me siento mejor. —Me limpié, más calmado—. ¿Irás a apoyarme? —Griffin sonrió, abriéndose el cierre del polerón. Tumbé la mandíbula y enrojecí.

—Max y yo iremos con camisetas a juego.

—¡Griffin! —Esto me hizo sentir un poquito más compuesto.

Porque tenía razón.

Y era duro tener que recomponerme sin él. Ni siquiera le pude expresar lo importante que fue para mí, desde que lo contemplé surcar el cielo supe que él sería especial. Debí decírselo mucho más, debí repetírselo todo los días para que le quedase claro, debí llenarlo de besitos a pesar de sus cosquillas, comerme su natto sin protestar, sacarlo a más citas, llevarlo a la biblioteca pública solo para verlo sacar la lengua, fruncir el ceño e inflar las mejillas, ¡dios! sus pucheros, desearía haberlos grabado mejor, la forma en que estornudaba mi nombre y me convertía en mejor persona por su mera presencia, debí hablar con él la situación con el director, pero ya no hice nada de lo anterior. Por eso me había dedicado una eternidad a lamentarme sobre esto, como el pequeño pingüino que solloza sobre el cadáver de su pareja con un nido vacío, agita las alitas y arroja un alarido sin poder alcanzar la libertad perdida en un alba descolorida. Me parecía curiosa la manera en que Eiji se hallaba fascinado con mi nombre, cuando él era el amanecer que este girasol marchito buscaba. Por eso era tan duro despedirse, por eso era tan difícil no querer hacerlo. En el fondo, lo sabía.

Amaría a ese hombre durante el resto de mi vida.

—Shorter. —Luego de recoger algunos de mis pedazos salí hacia el comedor—. ¿Estás listo para patearles el trasero a las demás bandas? —Asearme y comer algo me despejó de sobremanera.

—¡Diablos, sí! ¡Esa es la actitud!

Si la relación entre nosotros iba a terminar.

—¡Vamos!

Todavía tenía una última cosa que decirle.

Si algo agradecía de Yut-Lung Lee fue la capacitación en moda que nos obsequió. Los vestuarios para la presentación eran increíbles: mucho cuero, mezclilla, tachas y colores. Eran roqueros pero elegantes. Me coloqué una polera rasgada con botines escarlatas a juego, una chaqueta de mezclilla que me hizo sentir genial, mucho más Ash Lynx con un toque de Kurt Cobain, y un pantalón blanco de tela brillante. El resto de la banda se puso algo similar en diferentes colores. De alguna manera nos las arreglamos para maquillarnos sin parecer payasos. El mismo delineador dorado que la víbora nos enseñó la noche de la tragedia, una sombra de ojos iridiscente, un tenue brillo sobre el arco de cupido y algunas estrellas pegoteadas en los mofletes para simular nieve. Me acomodé el cabello hacia atrás, dejando que esa pequeña obsidiana fulgurase, no era la mía, era la suya. Aunque lucían exactamente iguales...

No lo eran.

—¡Este lugar es gigantesco! —Bones se veía menos horrendo que de costumbre con una coleta—. ¿Tenemos que irnos a registrar?

—Ustedes encárguense de eso. —Shorter me abrazó por los hombros, él estaba vistiendo cuero de pies a cabeza—. Nosotros iremos a buscar dónde acomodar los instrumentos, nos debería tocar pronto. —Todos asentimos y acatamos.

El local del concierto era la cuna para la variedad, los diferentes sonidos crearon una sinestesia inefable dentro de mi cabeza, había un gigantesco escenario frente a las mesas, una infinidad de reflectores fluorescentes se hallaba pendiendo debajo del techo, una barra se topaba atiborrada de estudiantes pidiendo alcohol y chatarra. Las conversaciones eran amenas, los instrumentos yacían esparcidos por doquier. Lo busqué sin encontrarlo, me encontré pero no me estaba buscando, esto sería complicado.

—Parece que será una competencia reñida. —Shorter analizó a nuestros contrincantes con una seriedad desconocida, su entrecejo se hallaba tieso bajo los lentes de sol y su mandíbula fruncida—. Me estoy poniendo ansioso. —Le golpeé las costillas.

—Relájate, tú fuiste quien dijo que podíamos ganar ¿no? Además tocaremos tres canciones distintas.

—Pareces tranquilo, Ash.

—Claro que lo estoy. —Mentira, me estaba muriendo internamente, no obstante, debía continuar—. Llevamos meses ensayando y tenemos al mejor estudiante de la facultad de música de nuestro lado, la victoria está asegurada. —Él se ruborizó con sutileza, las tachas de su chaqueta relumbraron contra los focos, no llevaba polera pero sí un ridículo cinturón púrpura.

—El mejor hasta que tú te inscribas cuando se acabe el semestre. —Cierto, fue Eiji quien me impulsó para que buscase mi propia libertad, sin él seguiría varado, como esos barquitos de papel que pendían en mi corazón o las lágrimas de un pingüino en agonía en el Ártico—. Ahí me ganarás el puesto.

—Dalo por hecho.

¿Por qué no llegaba?

Ya empezaría la primera canción.

Nos quedamos en silencio observando a las demás bandas, cada una era diferente a la anterior, ni sus géneros ni sus estilos se asemejaban, sin embargo, la pasión era omnipotente en esta competencia. Sus letras eran irreverentes, sus mensajes inquebrantables, los acordes me electrizaron la columna vertebral mientras yo definitivamente no estaba buscando a esos ojitos cafés. Aunque me profesé aterrorizado por encontrarlo, lo único peor era no hacerlo.

Eiji Callenreese Okumura.

¿Dónde estaba?

—¡Eiji!

En medio de la multitud, con una vieja remera blanca y una chaqueta demasiado grande para ser suya, lo vislumbré. Perdí el aliento ante semejante belleza, cabello oscuro y esponjado, rostro fino, facciones de ensueño, ojos tan grandes que habían creado su propio universo de cándidas estrellas, pestañas por las que clamaba el insomnio, labios de tentación, aunque sabían diferentes cada vez que los probaba de alguna manera solo sabían a él. Me dolió el corazón por lo bonito que era. Me profesé mucho más cohibido a cuando le hablé por primera vez, esa noche en la bodega de deportes donde comprendí que los ángeles también sufrían mientras él perdía las plumas de sus alas. Necesitaba arreglar esto, debía darle una explicación.

Dijimos para siempre.

—El lince de Nueva York. —Un peso extra encima de mis hombros me impidió llegar hacia él—. Parece que finalmente resolveremos quién tiene más talento. —Alcé el mentón, teniendo mi primer encuentro oficial con Frederick Arthur.

—Parece que así será. —Los alaridos de la canción se profesaron lejanos sobre el escenario, lo único en lo que pude enfocarme fue en el carraspeo grotesco que escapó de su garganta—. ¿Necesitas algo conmigo? Porque llevo prisa. —Pero él endureció el agarre contra mi chaqueta.

—Sé lo que quieres hacer. —Él lucía tan bonito a la distancia, sus cabellos se mecían suavecito contra las luces mientras reía al lado de Yut-Lung Lee. Me dolió el alma verlo sin su aro, era una idiotez, no obstante, cuando esta pesadilla comenzó eso me hizo sentir menos solo—. No funcionará.

—¿Qué quiero hacer? Cuéntame. —Crucé los brazos y alcé mis espinas—. Me muero de curiosidad. —El niño perdido que no llegó a Nunca Jamás, el Peter Pan al que devoró el cocodrilo, el hijo negligente que desafío la violencia de papá—. Anda, dímelo a la cara. —Terminamos discutiendo en un rincón del local, cerca de las botanas y lejos de las luces.

—Planeas volver con el Fly boy pero no te funcionará. —Él golpeó mi nariz, despectivo—. Ya has hecho suficiente daño. —Me cabreó.

—¿Yo? —Porque si hubiese tenido la oportunidad para hablar bien las cosas, si él no se hubiese entrometido—. ¡Tú fuiste quien le dijo todo! ¡Ni siquiera me dejaste explicárselo!

—Tuviste meses para explicárselo, cobarde. —Apreté los puños y tensé la mandíbula—. Solo quieres hablar con él porque ya no puedes proteger más tus mentiras. —Él lo hizo sonar como si esto fuese tan sencillo, como si fuese lo más fácil del mundo explicarle a quien más amaba que estaba resistiendo para verlo feliz sin atribuirle la culpa cuando fue mi elección.

—Lo que pasa entre nosotros dos no es de tu incumbencia. —Él apretó mi muñeca y me empujó contra la pared, bajo el ajetreo de la canción nadie lo notó.

—Pero lo es. —Parecía un animal rabioso—. Porque me importa si le haces daño. —Carcajeé, asqueado. Aunque los reflectores se encontraban enfocados en el escenario, lo único que pude observar fue el rencor en esos ojos, violento y salvaje—. Él me importa de verdad.

—Tanto que acabaste lastimándolo a propósito para apartarnos. —Él sonrió, irónico.

—No seas tan narcisista, Lynx. —Él se apartó—. Pensé que conocía tu reputación como todo el resto de la universidad, pero parece que el amor realmente te vuelve ciego. —Ese fue un maldito gancho en el estómago. Miré mis botines, eran rojos y geniales, como esas converse que perdí en nuestra luna de miel. Su risa se escuchó tan linda cuando escapamos de Charlie. ¿De verdad lo había perdido?

¿Realmente se había acabado?

—También quieres regresar con él, Arthur. —Me demoré en decir esas palabras porque no quería que fuesen reales—. Estás aprovechando que nos apartamos. —Me dio rabia.

—Ustedes terminaron, no trates de suavizarlo. —Me dio impotencia—. ¿O acaso no recuerdas la gigantesca pelea que tuvieron en la fiesta? —Me dio pena. Alcé el mentón para contemplarlo, esa chaqueta era demasiado grande para ser de él pero no era mía. Fundí los cabos sueltos.

—¿Vino aquí para apoyarte? —Palidecí al musitar aquella posibilidad—. Él vino por ti. —No llevaba su arete, esa remera blanca no era de nuestra banda, ni siquiera me miró, ni siquiera...Quise vomitar.

—Vaya, al parecer no eres tan bruto, Lynx. —Por más que tratase de recordar la pelea no la podía procesar, habían escenas que se repetían en mi cabeza una y otra vez. Él llorando, él empujándome para que no le tocase la mano, él rompiéndose en miles de pedazos, él dejándome tirado.

—¿Por qué? —Había un nudo dentro de mi alma—. ¿Por qué tiene que ser así?

—Dicen que soy un cobarde, o que me he convertido en perro del director. —Mi garganta fue un desierto de rosas, los labios se me rompieron cuando los fruncí—. Pero todo lo hice para eliminarte de mi vista. —Tenía un agujero dentro del pecho que jamás cicatrizaría—. ¿Sabes por qué? —Bajé el mentón, vacío.

—Sí, pero no es culpa mía.

—Sí, sé que no pediste algo así. — En lugar de lágrimas, gotas escarlatas empezaron a escurrir. Solo cuando me palpé el corazón y encontré incrustada una espina en su lugar—. Por eso te odio todavía más. —Entendí que nunca fui la rosa en esta historia—. Te odio con toda mi alma. —Sino el ruiseñor.

—Tú terminaste con él y renunciaste a Fish Bone.

—Y tú me arrebataste ambas cosas. —El grupo en el escenario recibió una infinidad de ovaciones de parte del público antes de que se cerrase el telón—. ¿No te parece injusto? Cometí un error y cuando quise arreglarlo alguien ya había usurpado mi lugar.

—¿Crees que Eiji es una cosa?

—No pongas palabras en mi boca. —Esta confrontación fue letal, me saqué la espina, sosteniendo los pedacitos de mi corazón entre mis manos—. Además, al menos nosotros hemos sido capaces de conversar los problemas, tú se los escondiste porque lo considerabas una carga.

—¡No es verdad!

—Pero así se siente él. —Parpadeé, dolido—. Así lo hizo sentir tu amor.

—Pero... —Él parecía feliz lejos del escenario, lejos de mí.

—Suerte con tu presentación.

Mi Eiji...

Shorter me arrojó una mueca preocupada antes de que el telón se alzase. Las luces se profesaron demasiado calientes contra mi frente, mis botines se concibieron pesados contra las tablas, si hubiese cuidado de mis zapatillas favoritas me sentiría mejor, esas que él usó incontables veces para levantarse de mi cama e ir a tontear a la cocina, esas con las que él apenas me llegaba hasta el mentón y tenía que alzarse en la punta de sus pies para darme un besito. Si lo hubiese amado mejor...

—¡A continuación les presentamos a Fish Bone!

No pude procesar más que un palpitante dolor. El público clamó hambriento, mi hermano me sonrió en primera fila mientras Max grababa y Jim me animaba vacilante, mis piernas tiritaron cuando Kong nos dio la señal para empezar. Esta era la primera canción, debía ser especial. Lo busqué entre la multitud, él no estaba usando la chaqueta de béisbol que le solía prestar, su oreja se hallaba desnuda, otro hombre le estaba susurrando palabras de amor y haciéndolo ruborizar. Nuestras miradas se cruzaron y el tiempo se acabó, solía tenerlo casi todo de esta persona y ahora no poseía nada.

Quería regresar a la noche en que nos conocimos.

Empecé a cantar.

—No soy el único viajero que no ha pagado su deuda. He estado buscando un camino para seguir otra vez. Llévame de vuelta a la noche en que nos conocimos. Y entonces puedo decirme a mí mismo, qué demonios se supone que debo hacer. Y entonces puedo decirme a mí mismo, que no debo viajar a solas contigo.

Las luces estaban calientes, el pecho me dolía, los rasgueos fueron la sinfonía con la que me desmoroné sobre el escenario, pude escuchar a su corazón romperse al son de la batería, pude sentir cada nota despedazarme el alma. Cada palabra fue dolorosa, los reflectores eran infernales, el sudor me empapó la frente, la vida me pesó.

Eiji.

—Tenía la mayor parte de ti, ahora no tengo nada. —Me incliné hacia el micrófono—. Llévame de vuelta a la noche en que nos conocimos. No sé qué se supone que debo hacer, soy perseguido por tu fantasma. Oh, llévame de regreso a la noche en que nos conocimos.

Él me encontró cuando me hallaba varado en una espesa desolación, le obsequié mis primeras veces, mi alma entera, lo convertí en mi mundo y dejé de girar por él. Él fue la inspiración que encendió la palidez de mi corazón, a quien traté de proteger, aunque no fuese la manera correcta, aunque no debí dejarlo afuera, lo intenté lo mejor que pude. Fue graciosa la naturalidad con la que buscamos nuestros pedazos pero terminamos compartiéndolos. No obstante, él se lo llevó todo y nada podía cubrir ese vacío crónico que dejó dentro de mi pecho.

—Cuando la noche estaba llena de terrores, y tus ojos se llenaron de lágrimas. Cuando no me habías tocado aún. Oh, llévame de regreso a la noche en que nos conocimos.

Me rompió el corazón verlo desde el escenario, sus ojitos se hallaban cristalizados y su boca temblorosa, él se acarició la oreja para encontrarla desnuda, se hizo pequeño dentro de la chaqueta de alguien más. Me dolió mucho amarlo tanto y querer regresar atrás, si pudiese haría las cosas bien, si pudiese tener una sola oportunidad para...

—Tenía la mayor parte de ti, ahora no tengo nada. Llévame de vuelta a la noche en que nos conocimos. No sé qué se supone que debo hacer, estoy obsesionado con tu fantasma.

Él dijo que su alma siempre estaría conmigo.

—Oh, llévame de regreso a la noche en que nos conocimos.

Si pudiese le daría la mía antes.

Apenas la primera canción terminó corrí hacia él. ¿Qué se supone que debía hacer con todo esto? No quería ser dejado atrás junto a las fotografías en mi cuarto, la mantita que le compré porque le daba frío seguía pendiendo en mi cama, los planes que armamos se hallaban enmarcados en mi mente, el agujero en mi pecho seguía sangrando, tiñendo las rosas en espera de ser suficiente. Lamentaba haberle escondido tantas cosas, haberme desconectado durante estos días, sin embargo, no estaba listo para volverlo a mirar. Porque aunque él era la parte más hermosa de mí existencia, también era la que más me hería.

—¡Eiji! —Sentía su falta arrastrarse en cada moribundo palpitar.

—Ash... —Qué tanto había extrañado mi nombre hecho estornudo no lo supe hasta hoy—. Hola. —Sufrí mucho al ver su mano y no poderla acunar, me hallaba acostumbrado a tocarlo, el mero pensamiento de no hacerlo más me revolvió las tripas.

—Hola. —Tenía que arreglarnos, todavía podía hacerlo.

—Estuvieron muy bien allí arriba, aunque sabía que lo harían increíble. —Respiré, mirando sus zapatillas.

—¿Cómo has estado? —No quería vislumbrarlo a los ojos y saber si aún había amor fulgurando dentro de sus pupilas.

—Bien. —No me atrevía a darnos el adiós. Las parejas peleaban, era lo normal.

—¿Tu familia? —Pero esto...

—Mi papá falleció, Ash. —Esto parecía no tener arreglo—. Su funeral es en un par de días. —Solía tener la mayor parte de Eiji Okumura.

—¿Qué? —Ahora no tenía nada.

—Probablemente regrese a Japón. —Oh.

Si tan solo pudiese regresar a la noche en que lo conocí...

Iba a cambiar la canción a otra, pero literalmente cuando estaba sacando ese parrafo no pude porque a fin de cuentas el 90% del fic quedo hecho mientras la escuchaba, es "the night we met" de lord huron. Me recuerda mucho al AshEiji. Y solo para bajar la ansiedad, este es un fic fluff, no va a terminar en tragedia, es bien gay azucarado y feliz. Pero de todas maneras me da ansiedad escribir el capítulo final así que probablemete salga esta semana.

¡Cuidense!

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