Capítulo 6.
¡Hola mis bonitos lectores! Siento que he estado ausente esta semana y me quema, así que hoy traje la actualización como se debe. El capítulo de hoy lo narra Ash.
Muchas gracias a las personas que se toman el cariño para leer.
¡Espero que les guste!
Varado en un océano de memorias deshechas, la luna me juró que no podía amar a nadie.
Los primeros rayos del sol me matizaron de juventud, acaricié mis párpados con pereza antes de moverme, el colchón crujió cuando un peso extra se deslizó desde las sábanas hacia mi inexistente cordura. Mirar hacia abajo fue mi condena. Ahí estaba la razón de mis delirios, dormitando sobre mi pecho, el amanecer besó sus pestañas para que estas se viesen aún más negras, sus labios fueron la voz de la tranquilidad bajo el alarido de mis latidos, él se encogió antes de que me pudiese levantar. Me llevé la mano hacia la cara, un golpe de vergüenza me quemó hasta la nariz con la nostalgia del verano. Fue imposible no sonreír frente a tan sublime imagen.
Su cabello se meció contra mi mentón cuando me dejé reposar sobre este, el roce fue suave, esponjoso pero abrumador, el perfume que él desprendió fue intoxicante. Maldición, llegué al punto de inflexión donde ya no lo podía disimular, no obstante, no era mi culpa. Eiji Okumura era el cuadro más adorable que alguna vez se debió pintar. En la estridencia de mis palpitaciones supe que ya no me podía engañar, realmente me gustaba un hombre, uno tan terco como dulce, suspiré, mientras no estuviese en Cape Cod daría igual. Él estaba conmigo ahora y eso era todo lo que importaba.
—Se nos va a hacer tarde. —Con mis yemas acaricié la punta de su nariz, que él se aferrase con fuerza a mi cintura me robó la razón. Era injusto que él me sedujese sin siquiera despertar.
—Cinco minutos más. —Su voz escapó adormilada, sus párpados temblaron antes de volverse a relajar, él se restregó para que la sangre me hirviese.
—Vaya, no sabía que me deseabas tanto, onii-chan. —La ferocidad con la que se pintaron sus mejillas delató su regreso a la realidad.
—Ash... —Encontrarme con esas obsidianas fue mortífero—. Perdón, yo... —Él trató de alejarse, sin embargo, la vergüenza lo paralizó.
—Al parecer alguien durmió bien anoche. —Verlo con el ceño tenso y el orgullo herido fue una calada repleta de satisfacción—. No te culpo, después de todo estabas entre mis brazos.
—Fue un accidente. —Él me dio la espalda para disimular la humillación. Ser tan lindo era pecado.
—Yo dormí bien porque estabas aquí. —La torpeza en esa confesión lo incitó para que quedásemos de frente—. Me cuesta conciliar el sueño sin Griffin, aunque este lugar es acogedor es raro no tenerlo acá. —La ternura en esa expresión floreció en mi vientre. Esto se estaba saliendo de control.
—Suenas bastante apegado a él. —Mi mejilla se hundió sobre la almohada.
—Lo soy. —Contemplarlo de tan cerca fue sofocante—. Esa era una de las razones por las que no quería venir a Nueva York. —Nuestras piernas se enredaron con nervio bajo las sábanas.
—Eso es lindo. —Él estiró su mano para acomodarme el cabello detrás de las orejas, la electricidad en ese instante me robó la vida—. Deberías invitarlo a verte cuando juegues béisbol. —Me acerqué a él—. O cuando toques en tu siguiente presentación. —Aunque nuestras narices apenas se rozaron sobre el cojín ambos enrojecimos.
—Tú también deberías ir. —Por la violencia impregnada en su respiración supe que él estaba tan nervioso como yo.
—¿Con la chaqueta que me diste para ser tu porrista personal? —Asentí—. Eres codicioso.
—Un poco. —Mis yemas delinearon sus facciones—. Pero solo cuando se trata de ti. —Mirarlo fue extraño.
—Ash... —Una infinidad de emociones cuyo nombre no pude descifrar se agolparon dentro de mi pecho. Lo único que supe fue que anhelaba estar más cerca de él.
—Yo puedo ser tu animadora cuando saltes. —Las cortinas se mecieron con pereza, nuestras piernas terminaron de enredarse, él frunció la boca—. Gritaría más fuerte que nadie cuando anuncien al Fly boy en la pista.
—No te ofendas, pero serías una porrista fea. —El descaro de su carcajada consiguió que mis cejas temblaran—. No funcionaría.
—Bien, entonces puedo ser tu enfermera, la víbora me dijo que sueles resfriarte cuando te estresas. —El rostro me ardió, al parecer mi corazón no me respetaba lo suficiente para evitar que hiciese el ridículo frente a él.
—No te enfades. —El colchón tembló cuando él se relajó—. Tienes razón, serías una enfermera muy guapa, incluso podrías tener un nombre bonito como Barbara, serías toda una rompecorazones. — La humillación me consumió tras otra risa.
—Te burlas ahora pero serías la envidia de toda la facultad. —Mi chasqueo de lengua suavizó su mirada—. Eiji... —Éramos dos niños dando nuestros primeros pasos en el amor—. Hoy debemos ir a hablar con el director o no alcanzaremos la competencia a tiempo. —El ambiente cambió, cada uno de sus músculos se tensó bajo las frazadas, el tiritar en sus pupilas fue un campo minado.
—Lo sé. —Él acomodó su palma contra mi pecho.
—¿Tienes miedo?
—Sí, me aterra que me fuercen a renunciar cuando amo tanto saltar la pértiga. —El espanto en esas obsidianas opacó su determinación—. Pero si vas conmigo me siento más seguro. —Aquella confesión jugó con mi cordura y abrió una jaula cuya llave perjuré perdida—. Si Yut se entera de que te elegí sobre él irá a asesinarte. —La electricidad en el ambiente fue tan tangible como el sudor en mis manos.
—Es un riesgo que estoy dispuesto a correr por ti. —Cubrirse con las sábanas fue en vano, el rubor ya había matizado todo su rostro. Esto no se parecía en nada a la admiración o a la amistad.
—Bueno, entonces regresaré a dormir. —Que encantadora podía ser la terquedad.
—No trates de evitarlo. —En un intento para que él se levantase lo empecé a mover por la cintura—. ¡Eiji Okumura, te estás comportando como un niño! —Resbalándome por el forcejeo lo atrapé bajo el colchón. Los nervios me paralizaron, una de mis palmas se hundió contra el plumón, la otra quedó sobre su espalda, el magnetismo entre nuestras miradas no dejó espacio para el aire. Que adictivo.
—Yo... —Su respiración se aceleró bajo mi agarre—. Entiendo, no lo evitaré más. —Él miró mis labios antes de tragar ansioso, su atención vaciló para ahogarse en mis ojos.
—Eiji. —Su expresión fue una disonancia entre el temor y la expectación.
—¿Si?
—No puedes imaginarte las ganas que tengo de besarte ahora. —Estas emociones eran peligrosas. La rosa que floreció en un campo de guerra no debía buscar la calidez de un girasol—. ¿Puedo? —Los resortes del colchón crujieron cuando él enredó sus brazos alrededor de mi cuello.
—¡Chicos, el desayuno está listo! —Max Lobo dejó escapar un grito cuando entró al cuarto, él se cubrió el rostro con fuerza—. ¡Perdón! No sabía que ustedes... —Las orejas le enrojecieron—. ¿Usaron condón? La protección es importante.
—¡Viejo! —El aludido chocó contra la puerta cuando trató de retroceder—. ¡Vete de acá! —Tomé un cojín para estamparlo contra su cabeza.
—Cierto, les daré privacidad. —Él parpadeó tratando de incorporarse a la realidad—. Espero que hayan sido responsables. —El crujir de las bisagras rompió la magia de la tensión. Cuando volví a enfocarme en el japonés él parecía a punto de explotar por la vergüenza.
—Le dejé una impresión terrible. ¿Cómo lo miraré a la cara ahora? —Que él se escondiese dentro de mi pecho fue el gesto más adorable que pudo tener, mis manos se deslizaron por su espalda, las chispas me llenaron el corazón.
—Lo superará. —Qué curioso, aunque debería aterrarme que el periodista me delatase con el hombre que se emborrachaba en lugar de ser papá, no lo estaba—. Pero tengo hambre, así que levantémonos. —Lo único que me importó en esos instantes fue memorizar la belleza de lo etéreo.
—Bien. —Sus palabras se congelaron cuando me volvió a mirar—. Me acabo de dar cuenta de que tus pestañas también son rubias. —La curiosidad fue tan dulce como infantil, sus dedos presionaron con gentileza el dorado, sus labios dejaron escapar un suspiro perplejo.
—Ahí abajo también. ¿Quieres acompañarme a la ducha para comprobarlo?
—¿De verdad? ¡Vamos! —La mente me dejó de funcionar ante esa reacción, la violencia con la que latió mi corazón me mataría—. Era una broma. —Él rodó los ojos antes de salir de la cama—. Pero sí iré a bañarme primero que tú. —Este chico me había convertido en un desastre, que sensación más aterradora.
¿Así de bien se debía sentir que él me gustase?
Debería frenarlo, sin embargo, Eiji Okumura era perfecto en toda la extensión de la palabra, eso incluía el mosaico entre sus imperfecciones y complejos. Esto era como un tornado carente de lógica que devastaba mi corazón, sabía que me traería problemas, en el fondo no era más que un niño cuya infancia fue robada quien necesitaba ser aceptado, no obstante. ¿Cómo detenerlo cuando él ya había saltado mis muros con esa pértiga? Que sensación más paralizante.
La mañana se esfumó como espuma de mar entre mis dedos, luego de despertar al resto de la banda Max arregló la sala para que todos pudiésemos desayunar en el suelo. Por más que traté de sacarlo de mi cabeza fue inútil. Él estaba ahí, toda mi cordura se había impregnado con esas obsidianas. Tal vez no era más que un mocoso hormonal esperando el rechazo de su primer...¿Enamoramiento?
—Así que chicos... —La mueca que me regaló Shorter Wong me revolvió las entrañas, tuve un mal presentimiento—. Escuché que ustedes estuvieron aplaudiendo toda la noche, si ya saben a lo que me refiero. —El periodista se atragantó con un vaso de jugo a mi lado.
—¡Shorter!
—¿Qué? Es la verdad, deberías sentirte orgulloso por haberte estrenado. —Todo el rostro se me incineró ante semejante humillación, no pude mirar al japonés al haber perdido mi dignidad—. Se nota que se traían ganas, estuvieron coqueteando todo el concierto.
—Yo no entiendo. —Fue Bones quien chilló—. ¿Eso qué significa? —Alex se frotó el entrecejo mientras terminaba de tragarse unas tiras de tocino.
—Bueno, cuando dos personas se quieren mucho estas necesitan expresarlo, así que... —Yut-Lung Lee fue el héroe que silenció al guitarrista al meterle una tostada dentro de la boca.
—No quiero tener una imagen mental tan desagradable cuando estoy desayunando. —El azabache desprendió veneno cuando musitó aquello—. Además tú no eres quien para hablar. —Era irónico vislumbrar un sonrojo tan potente en un hombre repleto de descaro.
—Ahora sí les doy una pésima impresión a todos. —Observar como Eiji se había convertido en un ovillo de vergüenza me removió el alma, era injusto que él se viese así de lindo hasta en estas circunstancias.
—No es verdad. —Electricidad pendió cuando acaricié su espalda—. Aunque quizás el anciano me envíe de regreso a Cape Cod por tener esta clase de amigos. —El de mohicano ni siquiera me escuchó, él había quedado embobado por el bailarín.
—Si te mandan de regreso llévame contigo, no soportaría vivir esta humillación solo. —Nuestras manos se rozaron sobre la alfombra.
—Me gusta cómo suena ese plan. —La sonrisa que compartimos llenó la atmósfera de magnetismo—. Mientras este contigo supongo que no me importa a donde vaya. —Sonreí, me encantaba que sus manos fuesen tan pequeñas, aunque se encontrasen maltrechas por la pértiga estas parecían haber sido hechas para encajar con las mías.
—A mí también. —O quizás fui yo quien se hizo para complementarlo a él.
—Si necesitan privacidad podemos terminar de comer en el cuarto. —Antes de que pudiese responderle al guitarrista los ojos de Max Lobo me quitaron el aire. El tinte en su expresión fue tan extraño como desconocido, él casi parecía orgulloso del espectáculo que estaba presenciando. Pero ser una aberración familiar no merecía esa clase de cariño, ¿verdad?
—Nosotros ya nos vamos. —Porque eso sería para Jim Callenreese de ahora en adelante: un bastardo maricón.
—¿A dónde exactamente? —La saña con la que Yut-Lung Lee me miró cuando tomé al moreno fue violenta.
—A hacer cosas... —El más alto suspiró.
—Que no se te olvide que tenemos un ensayo en la tarde, no puedes faltar por nada del mundo Ash Lynx. —Asentí antes de agarrar mi chaqueta.
—¿Solo nos quedamos acá? —Fue graciosa la constipación con la que el periodista me miró.
—Son prácticamente familia, mi casa es su casa. —Antes de que alguien pudiese reclamar nos esfumamos.
Varado en el cielo la luna me soltó para que mi corazón chocase contra el suelo y se partiese en dos.
—Sabes que Yut nos matará cuando se entere de que le mentimos, ¿verdad? —Aunque la universidad quedaba a varias cuadras del apartamento el tiempo era una oda para la fugacidad a su lado.
—A ti no te hará nada, eres su mejor amigo, pero ser asesinado por la víbora es un riesgo que quiero correr por ti. —Que nuestras manos chocasen con torpeza bajo tan embriagador paisaje fue un vuelco para mi cordura. Cada matiz del amanecer danzó entre la punta de sus pestañas.
—El lince de Nueva York puede ser todo un caballero cuando se lo propone. —Fue imposible respirar.
—Supongo que sí. —Pude escuchar cada uno de mis latidos contra el pavimento—. Además quería ser yo quien te acompañara a enfrentar esto. —Era un alivio que hubiesen tan pocas personas despiertas en Nueva York para contemplar esta inocencia.
—Gracias por apoyarme, ha sido difícil tener que confrontar al equipo sabiendo que no me quieren allá. —La brisa removió sueños bajo los rayos del sol.
—¿Sigues asustado?
—Un poco. —El perfume que sus cabellos desprendieron fue una adicción, tenerlo tan cerca era peligroso, ningún edificio fue tan intimidante como la ternura de su sonrisa.
—Estoy contigo. —Sabiendo que lo correcto era subir la guardia nuestras palmas se buscaron.
—Ash... —El escarlata en sus mejillas fue una descarada tentación—. ¿Qué es esto? —Ni siquiera yo lo sabía. Mirarse al espejo se había tornado confuso desde que lo vi surcar la libertad.
—Este soy yo tratando de seducirte. —La única certeza que tenía era que me gustaba mucho más el mundo cuando estaba a su lado, era como si este fuese mi lugar.
—¿De verdad? —Asentí sin apartarme—. ¿Y quién te dio permiso para seducirme? —Chispas se fundieron cuando chocamos nuestros hombros.
—Tienes razón, he sido un desconsiderado. —Las palabras perdieron realidad bajo tan inefables ojos—. ¿Puedo seducirte, Eiji Okumura? —Su risilla fue la armonía más meliflua que jamás escuché.
—Permiso concedido. —En el fondo tenía miedo, no soportaría ser odiado por mi hermano, a pesar de haberme criado por prejuicios y moldeado por el dolor tampoco quería más veneno de ese hombre—. Aunque no pareciste necesitarlo cuando me invitaste para que me duchara contigo. —Casi pude ver al humo escapar de mis orejas al recordar aquello.
—Eiji... —Mi mirada fue tartamuda y mis palabras ciegas—. ¿Lo decías de verdad? —Él se encogió de hombros al llegar a la facultad.
—Supongo que nunca lo sabremos. —Con el mohín que él me regaló antes de adentrarse en el éxtasis de la juventud lo supe.
Él era quien me estaba seduciendo.
Shorter Wong hacía sonar al amor como un juego tan sencillo, sin embargo, yo me sentía atrapado. Jamás pensé que terminaría tan embobado por un hombre, no me hicieron saber que existía esa opción, por eso fue tan doloroso tener que aceptarlo. Desde que llegué a Nueva York he estado tratando de averiguar quién soy, he recolectado los pedazos de un espejo con la esperanza de tener una imagen completa, no obstante, aún no la veo: el guitarrista, el beisbolista, el chico enamorado, el lince de Nueva York, Ash Lynx, Aslan Jade Callenreese...¿Cuál de todos era yo? Era una persona en mil pedazos tratando de encontrarse en un mundo demasiado grande para ser real.
Pero lo único importante en este momento era apoyarlo a él.
Al Fly boy en el cielo.
El director nos recibió apenas su secretaria nos anunció. Cuando miré a Dino Golzine supe que él sería un problema, a pesar de su sonrisa agradable y su ropa de diseñador algo en su expresión me llenó la garganta de náuseas y el estómago de mariposas muertas, sin apartarme del japonés le explicamos lo que estaba ocurriendo con Eduardo L. Fox. Alguien tan brillante como Eiji Okumura debía resplandecer en la gloria, no encerrarse en jaulas para ser atrapado por la combustión. Él era como un girasol, uno que se marchitaba.
—Lo entiendo. —El golpetear de las carpetas contra el escritorio nos hizo saltar sobre el sillón—. No tenía idea de que esto estaba ocurriendo, pido perdón en nombre del entrenador. —Aunque su oficina desprendía magnanimidad esta se sentía falsa. Los diplomas estaban repletos de mentiras.
—No se preocupe. —Las manos del moreno aún se encontraban temblando sobre su regazo—. Entiendo si no puede hacer nada, pero realmente me gustaría competir. —Esa sonrisa fue escalofriante. Ridículo ¿no? Aunque nosotros no éramos nada, yo pretendía dárselo todo.
—Hablaré esta tarde con el entrenador del equipo para que te reincorpores en la competencia. —La ilusión con la que fulguraron las orbes del japonés me hipnotizó. El encanto era mortífero entre los brazos de la locura.
—Gracias. —Mi palma se acomodó sobre la suya para detener el temor.
—Si estas cosas vuelven a ocurrir por favor infórmame, eres el Fly boy después de todo, el orgullo de nuestra facultad. —El ambiente se tornó pesado tras esa confesión. Todo el cuerpo del más bajo se tensó como una seña de ayuda.
—Si, agradecemos su apoyo. —Acomodando uno de mis brazos sobre el hombro del japonés nos levanté. Quería salir de ese lugar antes de que el cinismo nos asfixiase.
—Tú eres el famoso lince de Nueva York, ¿no es así? —Fue macabra la codicia que desprendió en esa mirada.
—Lo soy, ¿algún problema?
—Ash Lynx. —Un bolígrafo jugueteó entre sus dedos—. Recuerdo haberte dado una beca por tu talento en el béisbol. —La silla crujió, sus codos se dejaron caer sobre el escritorio, la ambición paralizó el tiempo—. Me gustaría agendar una reunión contigo para discutir tu futuro. —Las entrañas se me retorcieron ante esa idea. Tenía un mal presentimiento.
—Mi agenda está bastante apretada, lo lamento.
—Quizás mi agenda también está demasiado apretada como para hablar con el entrenador Fox. —La perplejidad me hizo parpadear una infinidad de veces. ¿Acaso me estaba chantajeando? Sin embargo, él era el director, la ética no le permitía hacer eso. Negué, de seguro era mi imaginación—. Aunque puedo hacer un espacio si tú aceptas mi petición.
—Yo... —No existía monstruo más grotesco que Jim Callenreese, sin importar las intenciones que tuviese ese sujeto yo estaría bien—. Si es por mi futuro supongo que puedo hacerlo.
—Así me gusta. —Su sonrisa me provocó una arcada. Conocía muy bien esa clase de mirada, era la misma que enterré bajo un campo de béisbol y una tragedia barata—. Se pueden retirar. —Cuando la puerta se cerró el moreno me confrontó.
—No tienes que hacerlo, he escuchado rumores turbios sobre el director, no tienes que ir por mí, eso fue extorsión. —Un atontado suspiro escapó de lo más profundo de mi alma. Qué injusto era que hasta preocupado él fuese hermoso.
—Estaré bien, él dijo que quería hablar de mi futuro, tal vez me extienda la beca. —Él se mordió el labio para tragarse la angustia.
—No lo sé. —Su atención se enfocó en el piso—. No me gusta esto, no tengo una buena corazonada, Ash. —Las luces parpadearon con cansancio en el pasillo.
—Si pasa algo te lo contaré. —Mis yemas se deslizaron debajo de su mentón, el tacto fue tan delicado como inocente—. Lo prometo. —Que él me mirase con esa expresión, sí, aquella de los ojos grandes y el puchero infantil, fue un delicioso delirio—. ¿Eso te deja más tranquilo?
—Supongo. —El sosiego en la recepción fue atronador ante esos toques.
—¿Ahora irás a clases? —Él asintió, quise disimular el desencanto, no obstante, fue imposible. ¿Cuándo me había vuelto tan codicioso?
—Luces decepcionado. —Querer pasar tanto tiempo con otra persona no podía estar bien. Eiji Okumura era una inspiración que debía fulgurar en el cielo, no ser atrapada en una jaula.
—No me quiero separar de ti. —Pero el filtro entre mi mente y mi corazón se había roto y ya no me podía detener—. Es una tontería pero siento que te extrañaré, las horas se hacen largas cuando tú no estás. —Aunque la vergüenza fue omnipotente en el ambiente no nos pudimos dejar de mirar. En la infinidad de esos ojos mi nombre desapareció.
—Yo tampoco me quiero separar de ti, Ash. —Los nervios lo forzaron a acariciarse la nuca—. Shorter dijo que tenías que ensayar ahora. ¿Qué tal si te acompaño? —Cada uno de mis pensamientos fue robado por lo delicado de su belleza.
—Eso me encantaría.
Varado en un campo de espinas mis pétalos sangraron por el desamor.
El tiempo nunca era suficiente cuando se trataba del japonés, sin embargo, su voz era una adicción tan peligrosa como esos profundos ojos de insomnio. Llegamos a la cafetería en un parpadeo, aunque estaba listo para ensayar e impresionarlo mis expectativas se quebraron apenas cruzamos el umbral.
—¡Sorpresa! —Pintura y brillo me golpearon el rostro bajo las luces—. Hombre, oficialmente eres un miembro de Fish Bone. —Amarillo me escurrió por la espalda tras la palmada del guitarrista.
—¿Qué se supone que es esto? —Brillo chorreó desde mi cabello hasta el suelo, las carcajadas de mis amigos fueron un maldito fastidio. Petulantes.
—Es tu novatada. —Bones tomó escarcha de un balde antes de arrojármela a la cara—. Shorter nos dijo que nunca habías tenido una. —La sonrisa del aludido me forzó a fruncir las cejas.
—Es una experiencia universitaria que no te deberías perder. —La incandescencia de un flash me erizó la sangre, ahora la humillación se fundiría en la eternidad. Simplemente maravilloso.
—¿Viejo? ¿Fuiste parte de esto? —El nombrado tecleó nervioso su celular antes de mirarme.
—Ellos dijeron que era una tradición de la facultad. —Otro flash me forzó a presionar mis párpados—. Además Griffin amará ver esto. —Mis yemas ejercieron presión sobre mi entrecejo. Maldición, al parecer estaba destinado a hacer el ridículo frente al pertiguista.
—Si te hace sentir mejor, yo creo que te ves guapo. —El temblor en los labios del japonés delató su mentira, una estruendosa carcajada escapó de su garganta antes de que me tirase brillantina.
—¿Es así? —Él no tuvo oportunidad de huir cuando lo aprisioné entre mis brazos—. Ahora también te ves guapo. —Toda su ropa quedó empapada de pintura gracias a mí.
—Eiji, haz los honores. —Alex le ofreció un tarro de pintura para vengarse.
—¿Están de su lado? —Retrocedí al encontrarme completamente indefenso en esta ridícula situación.
—Perdón amigo, no nos podemos meter en una pelea marital.
El resto de la tarde fue un caos, la cafetería quedó como una obra de arte abstracta ante la pelea que ese balde de pintura desató, todos los presentes quedamos embarrados de colores y brillantina, las mesas se bañaron de matices, el escenario fue un tifón de tornasol, el regaño que Cain Blood nos dio fue monumental, sin embargo, no me importó. La felicidad que sentí correteando por el lugar fue indescriptible, el niño de la infancia robada me aplaudió tras el telón antes de que se cerrase la cortina. Nueva York realmente podía ser una ciudad maravillosa, no obstante, ninguno de esos pensamientos evitó que el barista nos pusiese a trapear nuestro desastre.
Varado en cuadro de grises fueron sus ojos los que me enseñaron el color.
La fragancia de la primavera removió el arrepentimiento cuando nos dejamos caer contra el escenario, las guitarras también se habían manchado con pintura, teníamos la ropa hecha un desastre, trapos sucios nos rodearon como si fuesen un refugio. Libertad y juventud. Mis manos apretaron con fuerza la aspereza del suelo, consentí que todo lo que él significaba me consumiese para borrar los rastros de temor y reemplazarlos con colores.
—Cain nos regañará otra vez por estar vagando —Era verdad, sin embargo, ambos estábamos agotados.
—Que sea de esa manera, no tengo energía suficiente para levantarme. —Mi atención pendió desde las luces del techo hacia las manchas de pintura—. Y yo que te quería enseñar mis habilidades con la guitarra. —Giré mi cabeza para encontrarme con unos ojos tan luminosos que solo podían estar hechos de oscuridad. Tanta belleza era letárgica.
—Ya me las presumiste cuando diste el concierto. —Esa mirada me carbonizó el corazón.
—Tienes razón. —Mi ceño se relajó, el aroma a diluyente no fue tan intoxicante como su fragancia—. ¿No te gustaría que te enseñara a tocar la guitarra? —Fue delirante la ternura con la que él sonrió.
—¿Puedes? No sé nada de música. —Mi mano apretó la suya—. Tendrás que ser paciente y enseñarme con calma. —Aunque la cafetería estaba repleta de risas entremezcladas con gritos, estábamos atrapados en nuestra burbuja de irrealidad.
—Puedo hacerlo. —Mi labio tiritó—. ¿Te sientes más tranquilo ahora que hablamos con el director? —Sus piernas se retorcieron con nervio al frente de las mías.
—Un poco, pero no puedo evitar sentirme incómodo con el nuevo equipo, extraño a mis antiguos compañeros. —Aunque mi cordura me suplicó para que me apartase de él, mis latidos me lo impidieron—. Además no me gusta que él te haya citado en privado.
—¿Preocupado por mí, onii-chan?
—Claro que sí. —El alma se me llenó de electricidad en la dulzura de esa confesión—. ¿Cómo no me voy a preocupar por ti si eres tan imprudente? —Fue imposible no grabar tan encantadora expresión en mis memorias.
—Eres lindo. —Mis yemas se deslizaron por los bordes de su rostro, él enrojeció—. No te preocupes, no subestimes al poderoso lince de Nueva York. —Él rodó los ojos antes de acercarse.
—Ni siquiera conoces la ciudad y te haces llamar así— Mi dedo se detuvo sobre sus labios—. Eso es un poco hipócrita.
—Entonces deberías mostrármela. —Su calidez me sofocó en esa cercanía, sus pestañas aletearon para llenar la atmósfera de magia e ilusión.
—¿Algo así como una salida de amigos? —Negué.
—Algo así como una cita donde trato de conquistar al chico que me gusta. —Su respiración suspendió como un copo de nieve en una tormenta—. No te voy a presionar para que me aceptes, pero tampoco negaré los sentimientos que tengo por ti.
—No estás siendo justo. —Sus latidos retumbaron contra mi pecho, el escenario se hizo pequeño para nosotros dos—. ¿Cómo puedo resistirme si tú eres así? Yo no quiero una relación, no es un buen momento.
—¿Pero? —Sus nervios erizaron mis poros.
—Pero cada vez me gustas más y no sé qué hacer con eso. —Un tortuoso golpeteo se adueñó de mi alma, aunque fue imposible sostener el contacto visual no pude hacer otra cosa más que mirarlo—. Es tu culpa que ahora yo sea un desastre.
—Supongo que deberé asumir la responsabilidad. —Su sonrisa fue la envidia de la beldad.
—Estás siendo codicioso.
—Supongo que sí. —Mis brazos rodearon su cintura—. Eso me asusta un poco, quererte tanto para mí. —Aunque su rostro aún tenía manchas de pintura y brillantina la imagen fue perfecta—. Sé que esto nos puede traer problemas y que quizás no te sientas listo, pero me gustaría intentarlo de verdad. —Bastaron esas palabras para que la razón dejase de funcionar.
—Si me quedo a tu lado y esto llega más lejos... —Nuestras narices se rozaron bajo las luces del escenario—. ¿Qué haremos cuando esto se vuelva incompatible con tu carrera o con la mía? ¿Qué haré cuando te canses de mí? —Mis dedos retiraron con gentileza su flequillo para dejarlo expuesto.
—¿Por qué ya estás pensando en el final sino hemos comenzado? —Sus manos temblaron contra mi pecho, sus piernas se contrajeron con ansiedad.
—Porque no conozco otra forma. —Eiji Okumura era un enigma. Mientras más trataba de descifrarlo más dolorosa era la barrera de la realidad, sin embargo, esta era la primera vez que me gustaba alguien de esa manera.
—Eiji. —Y aunque este chico podía costármelo todo, yo era un hombre hecho miles de pedazos tratando de encontrarse—. Solo tenemos una forma para averiguar eso. —Mis dedos se enredaron sobre su cabello—. No te estoy pidiendo que lo dejes todo por mí, sino que me hagas parte. —Los chiflidos a nuestro alrededor no nos importaron.
—Supongo que puedo hacer eso. —La magia en esas palabras me hizo sentir completo.
—¿Debo tomar eso como una confesión? —Su risa fue la sinfonía más dulce que él pudo pronunciar.
—¿No debería ser al revés? —Pude saborear su aliento en la tensión de lo efímero, los gritos de la banda se perdieron entre el espacio de nuestros latidos—. ¿O el poderoso lince de Nueva York se acobardó ahora que me lo tiene que preguntar? —Acaricié su nuca, mis nervios trepidaron entre mis dedos y el chirrido de mi corazón.
—¿No me rechazarás? —Este amor era tan mortificante como delicado.
—Solo tienes una manera de averiguarlo, ¿verdad? —Sus palmas se enredaron entre mis cabellos. La violencia de mi pulso fue un augurio para la tragedia, no sabía cómo lidiar con estos sentimientos ni los entendía, esto era un cóctel de frustración y terror.
—Eiji Okumura. —Sin embargo, si me iba a enamorar que mi alma fuese para la libertad—. ¿Saldrías conmigo? ¿De manera romántica? —Ambos reímos por la torpeza de esa confesión, su nariz se tiñó de un tenue escarlata.
—Te atreviste a preguntármelo. —Sus mejillas ardieron cuando lo acuné entre mis manos. Mirarlo a los ojos...
—¿Entonces me harás el honor de ser mi novio? —Fue un cuadro que deseé vislumbrar por el resto de mi historia, su parpadear fue tan tímido como su sonrisa, me incliné, cerca, tan cerca que me permití pensar que había acariciado el cielo.
—Seré tu novio Ash. —Varado una realidad demasiado desalmada para un chico hecho pedazos—. Solo no rompas mi corazón. —Él me completó.
Debo confesar que me emociona mucho el rumbo que tomará esto y quiero escribirlo, perdón tengo cero autocontrol cuando se trata de las tramas y plasmarlas.
Muchas gracias a las personas que se tomaron el tiempo y el cariño para leer, si me tiene fe de vida nos veremos en dos semanas más.
¡Cuídense!
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro