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Capítulo 22.

¡Hola mis bonitos lectores! Luego de escribir tanto angst consecutivo, necesitaba mi zona de felicidad. Sin querer acabe con dos au's musicales pero este es el más dulce y mi nombre es Ash Lynx el más crudo y bien adulto, son hermanitos en mi mente. Me da mucha risa cómo cada capítulo se vuelve más tonto que el anterior en este fic, perdón, ni yo conocía mis límites de idiotez. Aunque acá puse uno de mis artes del staff de mapa favoritos, so bien feliz con el capítulo. Muchas gracias por leer. Narra nuestro precioso Eiji.

¡Espero que les guste!

—¿Nombre? —Forcejear fue inútil, la celda estaba cerrada y el guardia tenía una cachiporra.

—Aslan. —Mi novio gruñó, forjando un muro con sus brazos—. Aslan Jade Callenreese. —El oficial anotó los datos en una plantilla arrugada, un horroroso chirrido retumbó cuando mis yemas se crisparon alrededor de los barrotes, el óxido se desprendió para caer sobre las colillas.

—¿Nombre? —Las llaves pendían en la pared de enfrente, el aroma a moho era insoportable.

—Eiji. —Eran las cuatro de la mañana—. Eiji Callenreese. —El policía alzó una ceja, el bolígrafo coloreó una poza de tinta tras ser presionado contra la papeleta.

—Estábamos en nuestra luna de miel antes de que nos interrumpieras. —Temblé cuando Ash me abrazó por la cintura, lo único que estábamos vistiendo eran nuestros trajes de baño, ni siquiera había alcanzado a ponerme los zapatos. Esto era un caos—. ¿Se siente satisfecho, anciano? —El aludido tensó el ceño antes de arrojar un largo suspiro.

—Iré a llamar a sus tutores, traten de descansar por mientras. —El oficial abandonó el cuarto. Éramos los únicos dos atrapados en esta estropeada celda, la peste me quemó las tripas, el gélido me destrozó los huesos.

—Espera. —Mi novio sacó de su mochila una pequeña manta—. Alcancé a tomarla para que no te diera frío. —En cuestión de segundos, él se convirtió en una persona completamente diferente, de implacable depredador a gatito mimoso—. No dejaré que arruinen nuestra cita.

—¿Alcanzaste a tomar una frazada pero no tus zapatos? —Mi amante acomodó la cobija encima del piso, era pequeña y de cuadrillé, las irregularidades del pavimento resaltaron contra las borlas—. Dejaste tus converse favoritas ahí atrás. —El corazón me latió con tanta violencia que temí que lo escuchase y supiese lo loco que estaba por él. Las palmas me sudaron.

—Tengo prioridades. —Su mirada chispeó bajo el arrullo de la luna con una nitidez arrebatadora. Adoraba sus ojos, eran verdes, bonitos e increíblemente brillantes, emanaban una pasión extraordinaria bajo las luces de los escenarios y se suavizaban con una dulzura inexplicable tras contemplarme—. ¿No vas a recostarte a mi lado, onii-chan?

—Claro que sí. —Amaba que fuesen tan líquidos cuando nos encontrábamos, eran digno reflejo de la dualidad que ocultaba su alma—. Gracias por traerla. —Las fibras de lana me hicieron cosquillas cuando me senté. Quisimos tener una cita romántica para celebrar nuestro matrimonio en la piscina de la facultad, ya nos habíamos colado antes con Fish Bone, el éxito se hallaba garantizado.

¿El problema?

Era Halloween y habían calabazas por doquier.

—¿Vas a seguir haciendo pucheros? —El rubio tensó el entrecejo ante mi comentario, sus mejillas se encontraban completamente ruborizadas e infladas. Dios, él era lindo—. Ya pasó. —Apenas nos preparamos para nuestro picnic romántico sobre el agua, mi novio arrojó un grito desgarrador frente a su enemigo natural y el guardia nos encontró.

—¿Estás enfadado? Arruiné nuestra luna de miel. —Negué, conteniendo una risita por tan adorable expresión. Me encantaba que este hombre fuese un enigma, o una rosa quizás.

—Mientras te acurruques a mi lado no me enfadaré. —Se abrazaba sobre sus propias espinas para marchitarse contra la nieve, congelaba sus pétalos en una carcasa y cortaba el carmesí desde la raíz. Él no se atrevió a poner un pie en la manta, los tenía heridos de tanto correr sobre los adoquines. Habían colillas removiéndose debajo de una banca y grafitis en los muros.

—No cabemos los dos. —Ahí, fulgurando bajo la luz plateada que se colaba hacia la celda supe que él no era una rosa sino un pequeño girasol. Me encogí en una esquina, la cobija era más pequeña que una puerta pero lo suficientemente grande para acunarnos a los dos.

—Esto no es Titanic, acomódate a mi lado. —Él carcajeó entre dientes, obedeciendo. Que nuestros hombros se tocasen desnudos envió un espasmo directo a mi cordura. Había una poza de mugre frente a nuestra manta, la banca crujió en la orilla, era de madera y parecía podrida.

—Creo que entiendo a Jack. —Él jugueteó con sus manos, ansioso—. Yo daría mi vida por ti. —Sonreí con amargura antes de encogerme contra mis rodillas. Lo sabía, este hombre me amaba con una incondicionalidad meliflua, sin embargo, me marginaba. Mis yemas se crisparon alrededor de la tela, los pedazos de mi corazón ardieron, esto era doloroso.

—Nunca me cuentas nada cuando se trata de algo importante. —Tan doloroso que de repente quería llorar. Era indescriptible la impotencia que me generaba saber que él lo estaba pasando mal con esta posible denuncia, tener la certeza de que ese hombre le hizo daño y no poder hacer más que mirar—. ¿Soy tan poco confiable?

—No. —Él me entregó una mirada descorazonada—. No es eso.

—No, lo siento. —La boca se me secó, el goteo de la mugre hacia el charco me martilló la cabeza—. Sé que no me cuentas para mantenerme a salvo. —La tormenta no cesó—. Pero me siento inútil al no poder hacer nada por ti...

—Ya haces suficiente por mí. —Bajé mi mentón hacia mis rodillas para enfocarme en esa destartalada banca.

—Supongo. —Era mentira—. Mejor dejemos el tema.

Las entrañas me palpitaron en la decadencia de la ansiedad, me aferré a mi tobillo, aunque ya casi no quedaba rastro de la lesión podía sentir al fracaso carcomiendo mi voluntad. Ash me acompañó a las sesiones de rehabilitación durante este período de inestabilidad, él me ayudó con los cuidados e incluso aprendió para darme los masajes, él me confirió su alma entera y yo...Ni siquiera entendía los cargos por los que acusaban a Dino Golzine, ser el único excluido dolía. Anhelaba protegerlo, pero no sabía cómo. Odiaba ser inútil. Y lo había escuchado tantas veces, cómo él lloraba cuando dormía, hecho una bola, como un niño. Jamás juzgaría la fragilidad de su espíritu. Me hice un ovillo, intentando detener el sangrado de mi corazón. Solo quería protegerlo. ¿De qué? Creo que del destino, del destino que se lo estaba llevando a la deriva, cada vez más lejos de mí, lo que me parecía tonto sino era capaz ni de cuidarme a mí mismo.

Al final solo era una carga.

¿Verdad?

—¿Recuerdas la noche que nos conocimos? —Sus ojos fueron jades contra la oscuridad, de resplandor cegador e iridiscencia feroz, su cabello oro sobre porcelana, sus pestañas campos de trigo al son de la irrealidad, él era hermoso—. ¿En la bodega de deportes? ¿A principio de semestre? —No obstante, la belleza destrozaba.

—Lo recuerdo bien. —Por mucho que él intentase aplacar la aflicción bajo la indiferencia—. Estaba deprimido por el cambio de entrenador. —Ya no quedaban muros a nuestro alrededor, él apretó mi mano encima de la manta, fue un roce apenas perceptible, como el aleteo de una pluma de mirlo.

—Dices que eres inútil pero cuando te vi saltar me inspiraste para convertirme en quien realmente quería ser. —Trepidé ante la dulzura de su confesión, no pude apartar mi mirada de él y me pregunté si él sabría que era un girasol—. No me has dejado de inspirar desde que nos conocimos. —Esos que simbolizaban amor incondicional y eran dignos de una eterna felicidad.

—Es lindo que lo digas. —Quizás yo siempre fui la rosa que carecía de espinas. Y tal vez Ash Lynx era mi principito, aunque sabía que existía una infinidad de otras flores él me había escogido a mí para dedicarme su vida, yo era su rosa—. Gracias. —Entonces él elevó mi mentón a pesar de ser un capullo imperfecto.

—Lo digo en serio. —Él apretó mis mejillas con suavidad—. Desde que te vi saltar nunca volví a ser él mismo de antes, yo... —Las orejas le quemaron—. Me uní a Fish Bone solo porque Shorter me chantajeó con presentarnos. —Tumbé la mandíbula, anonadado.

—¿Qué? —Me pareció inconcebible que tan sublime talento hubiese sido descubierto por semejante indiscreción—. ¿Por qué no solo me hablaste? Ni siquiera conocía tanto a Shorter.

—El Fly boy parecía tan inalcanzable para mí. —Contuve una sonrisa ante tan adorable expresión: de mejillas sonrosadas, labios tiritones y ojos grandes—. Volabas demasiado alto. —La electricidad nos envolvió, el romance chispeó en esa celda—. Quería volar a tu lado.

—Qué curioso que pienses de esa manera. —Me relajé en la manta, volviendo a respirar. Mis latidos fueron estrellas caídas y mis anhelos lienzos de azafrán.

—¿Por qué? —La luz se coló por la ventana para proyectar una galaxia completa en la pared.

—La primera vez que acompañé a Yut a un concierto quedé impresionado con el nuevo vocalista. —Lo recordaba a la perfección, él se impuso sobre el escenario con ese look con aires de Kurt Cobain y sus jeans rasgados, sin pedir permiso ni perdón—. Parecías tan absorto mientras tocabas la guitarra, como si tuvieses un millón de cosas que decir y supieses exactamente cuáles eran. —Con una vieja guitarra eléctrica humeando bajo las yemas y una polera vieja.

—Tú fuiste quien me dio el coraje para seguir en la universidad. —Nuestro agarre se tornó aún más fuerte contra la tormenta—. Y me apoyaste cuando elegí cambiarme de carrera. —El lince de Nueva York iniciaría su licenciatura en música el siguiente semestre—. Gracias a ti me di el valor de aceptar quien soy en realidad. —Fue demasiado.

—Ash... —Los mofletes me ardieron y la cordura se me destiñó, retrocedí en la manta, sin embargo, él me atrapó.

—Me mostraste cómo lucía la verdadera libertad. —Y de repente quise llorar con ganas—. Te amo más de lo que puedo explicar. —Porque a pesar de no ser suficiente para él, anhelaba permanecer a su lado. Esto era dolorosamente dulce. Tuve que cambiar de tema para no besarlo desesperado.

—¿E-Estás nervioso por la competencia? —Él se deslizó de manera juguetona por mi espalda, me derretí en esos toques, sus yemas eran increíblemente ásperas a causa de los callos, me encantaban.

—Si ganamos podemos sacar nuestro primer álbum. —Nos recostamos en la manta aunque fuese muy pequeña, tuve que encoger mis pies para no tocar el charco o la montaña de colillas—. Los chicos están emocionados. —Él los tuvo que plegar aún más. Se podía contemplar el cielo desde la ventana.

—¿Tienen un nombre para el álbum?

—¿No te burlarás si te lo digo? —Eso despertó mi interés, negué—. «Mi nombre es Ash Lynx». —Presioné mis párpados con fuerza antes de apretarme el estómago, contener una carcajada fue imposible—. ¡Eiji! —Él lució absolutamente humillado por mi reacción—. ¡Dijiste que no te reirías!

—¡Lo siento! ¡Lo siento! —Su puchero se intensificó—. Pero es tan narcisista ese nombre, me imagino las quejas de Bones. —Sin embargo, era simple e imponente, le sentaba a la perfección.

—Si fuese por mí lo llamaría de otra manera. —Alcé una ceja, intrigado. Él se inclinó como si tuviese el secreto del universo pendiendo en la punta de su lengua, su aliento me quemó los labios—. «Su nombre era Eiji Okumura» —El corazón se me paralizó.

—¿Por qué en pasado? —Él presionó un beso contra mis mejillas, galante.

—Porque ahora eres Eiji Callenreese. —Por supuesto me daría una respuesta completamente ridícula a pesar de sus 200 puntos de IQ. Lo amaba—. Mi adorable esposo. —Lo amaba tanto, paseé mis dedos por su nuca, con suavidad—. ¿Cómo está tu familia? —El romance cesó.

—Bien. —Y era verdad—. Hemos estado hablando más seguido.

El problema no era el estado de mi familia sino la presión que se hallaban ejerciendo contra mi voluntad, era cruel ser rebajado a una carga en América, pero tener que cargar con el mundo en Japón era mucho peor. Porque era el hermano mayor debía hacerme cargo del vacío que mi padre dejó durante su estadía en el hospital. Se profesaba como una condena no poder volar. Fue crudo realizar esa llamada para informarles acerca de mi lesión, jamás tuvieron una profunda comprensión acerca de mi pasión por el salto de pértiga, tampoco esperaba que la tuvieran, no obstante, que se concibiesen aliviados por mi tobillo fracturado me hirió, me hicieron considerar desertar la rehabilitación antes de empezarla, sino fuese por mi novio probablemente seguiría en cama. Y era duro siquiera pensar en saltar porque si fracasaba sabía que les daría la satisfacción de no ser especial.

El mundo se detuvo tres veces para mí esa noche.

—Eiji... —Las pupilas me ardieron y la tráquea me quemó—. ¿Realmente están bien? —Claro que lo estaban, mejor que nunca ahora que les había dado la razón. Les parecía una idiotez que un sin talento optase por esta oportunidad en América. Nadie entendía lo duro que era ser solo normal.

—Al menos mi papá está en un buen hospital, eso me deja tranquilo. —Sabía que era incorrecto comparar el sufrimiento, sin embargo, me profesé impotente. Jim Callenreese era mucho más rígido que mi familia.

—¿Él está bien? —¿Entonces, por qué se empeñaban tanto en rechazarme? Acomodé mis palmas encima de mi vientre y miré el techo.

—Lo está. —Mi madre lo engañaba, probablemente se divorciarían, tendría que cuidar a mi hermana si se desligaban. ¿Con qué dinero nos mantendría?—. Un par de semanas más y debería salir del hospital. —No me habían dejado de presionar para que volviese a Japón al ser un fracasado. Fracasado ¿eh? Bonita manera de pensar acerca de un hijo.

—Eiji... —Él se acomodó arriba mío, su cabello cayó para hacerme cosquillas en las mejillas—. Cariño. —Ese apodo increíblemente dulce me produjo una vergüenza desmesurada—. Los lazos más importantes no son los que implican sangre, sino los que haces en el camino. —Él presionó un beso contra mis nudillos, suave. El estómago se me llenó de mariposas, la cordura me brincó.

—Ash... —Me incliné, enrollando mis brazos alrededor de su cuello—. ¿Por qué alguien tan increíble como tú me ama? —Esos jades fueron despampanantes farolas para mis barquitos perdidos. Él me acarició desde la cintura hasta la espalda baja, quemó.

—Yo me pregunto eso a diario. —Estábamos tan cerca que podía escuchar a su corazón arremeter dentro de mi pecho—. ¿Por qué alguien tan maravilloso como tú me ha elegido? A veces tengo miedo de que seas un sueño. —Nuestras piernas se enredaron encima de la manta, el goteo contra la ventana fue irrelevante. De repente dejó de hacer frío aunque la brisa nos envolvió.

—¿Me estás coqueteando en una celda, Callenreese? —Entonces él me sonrió. Sí, con esa clase de sonrisa que gritaba con cada centímetro lo mucho que me adoraba.

—¿Tiene algo de malo, onii-chan? —Y yo le regresé la misma expresión—. Ese sujeto interrumpió nuestra luna de miel, creo que deberíamos retomarla. —Me crispé apenas él acarició mi vientre, sus palmas se hallaban resecas e increíblemente frías, yo las calentaría—. Podemos usar la manta para cubrir los barrotes mientras te polinizo. —Yo siempre estaría ahí para tomarlas.

—Te aprovechas de tu galantería.

Sus manos se deslizaron entre mis mejillas con una extraordinaria gentileza, él tomó todo lo que yo era para que fuese un poco más, relajé los párpados, permitiendo que él colorease una infinidad de sueños entre mis labios, mis dedos se deslizaron alrededor de su cuello, la tensión nos consumió. Me incliné, permitiendo que él profundizase el beso. Una risa ansiosa pereció entre nuestras lenguas antes de volvernos a deleitar con tan desmesurada electricidad. Besarlo era la sensación más adictiva jamás descrita. Era húmeda, reconfortante, suave pero sofocante, el calor se me extendió de pies a cabeza, mi palpitar retumbó contra las paredes de la celda. Sus caricias desataron un espectáculo de pirotecnia en mi interior. Él se apartó solo para bajar por mi cuello.

—A-Ash...

—Relájate. —Sus dedos delinearon mis piernas bajo los bordes de mi traje de baño, aunque no me encontraba desnudo me profesé completamente vulnerable frente a esos ojos—. Y trata de no gemir muy fuerte para que no nos descubran. —El rubor me hirvió en las orejas, sus dientes descendieron hacia mi pecho con una maestría impresionante. Temblé, él se coló hacia la parte interior de mis muslos con un tirón de uñas.

—¿De verdad vamos a hacer esto acá? —El corazón me martilló con fuerza y sus toques se sentían demasiado bien. Él presionó un beso contra mi clavícula, jadeé.

—Sino quieres me detendré. —Él se hizo tan pequeño al musitar aquello, fue lindo. Él siempre anteponía mi comodidad aunque la ansiedad chispease por cada poro de su alma, me incliné para presionar un beso contra su mentón, su barba fantasma me cosquilleó, sonreí.

—Yo no he dicho eso. —Quedamos deshechos arriba de la manta, la coquetería nos asfixió—. Eres tan bonito, Ash. —Me senté a horcajadas, enredándome en esos mechones de oro. Un tenue rubor coloreó sus mofletes.

—T-Tú eres bonito. —Ahí estaba, esa irreverente dualidad—. ¿Consumamos nuestro matrimonio?

—¡Ejem! —Nos volteamos con terror—. ¿Estos son tus chicos? —La mueca que Max Lobo nos entregó nos hizo desear que la celda nos tragase, él se frotó el entrecejo, despacio.

—Lo son. —La puerta se abrió—. Gracias por no hacer un escándalo, Charlie. —El policía asintió.

La primera vez que el mundo se congeló fue en la autopista de la remembranza, con las ruedas de papel y los sueños polvorientos, con el romance entre las manos y los anhelos insuficientes.

No hubo música durante el trayecto de regreso a casa, Max se limitó a crispar sus dedos alrededor del manubrio mientras mi novio y yo nos hundíamos entre las fundas de terciopelo y deslizábamos nuestros pies desnudos por las alfombrillas. Aslan me abrazó por los hombros, por muy indiferente que fuese su inmutable fachada sabía que yo tenía frío, aunque su cuerpo estuviese helado y esos ojos me arrojasen una disculpa silenciosa, no vaciló en acunar a su rosa. Lo amaba tanto. Eso era lo doloroso ¿verdad? Anhelaba convertirme en un pilar, no en una carga.

—De ti me lo esperaba, Ash. —Su voz escapó baja y rasposa—. Pero Eiji, tú eres inteligente. —Bajé el mentón y contraje mis puños hacia mi traje de baño, los postes tintinearon contra la ventana—. ¿Por qué permitiste esta idiotez? No podemos tener ningún desliz antes de la denuncia.

—¿Por qué lo culpas a él? Yo soy quien tiene la inteligencia superior diagnosticada. —El auto frenó.

—¡¿Sí?! ¡Pues no se te nota! —Si algo aborrecía el lince de Nueva York era que le gritasen, él sacaba las garras y clavaba los colmillos ante la primera falta de respeto—. ¡Mocoso idiota, casi me da un infarto cuando Charlie me llamó! —Sin embargo, una mueca apenada fue todo lo que esbozó, lo hizo ver joven, como si apenas tuviese veinte años y fuese un simple estudiante.

—Lo siento. —Pero eso era—. Solo quería darle a Eiji una cita bonita. —La expresión del periodista se suavizó. La atmósfera entre ellos dos me resultó casi paternal, fue agradable. Lo entendía porque si pudiese elegir a mi papá sería Ibe o Max.

—Tienes un cerebro que funciona como un computador, pero no eres capaz de pensar cuando tiene que ver con él ¿eh? —La pena transmutó a rabia.

—Cállate, no es asunto tuyo. —La rabia dio espacio para la risa.

—Entonces... —Max golpeteó los bordes del manubrio—. ¿Cuándo me harán abuelo?

Griffin e Ibe nos estaban esperando en el apartamento del periodista, tuvimos que sentarnos con la cabeza gacha durante una eternidad para atestiguar sus regaños. Sí, fue sumamente estúpido colarnos hacia la piscina de noche cuando apenas salimos impunes la primera vez, no obstante, no me arrepentía. Fue divertido y romántico, era curiosa la manera en que este hombre sacaba a flote fortalezas que no sabía que poseía y me impulsaba a ser yo mismo aunque ni siquiera lo intentase. Era completamente diferente al rechazo que recibía de mi familia, esto era lindo. Sentía que podía permitirme fracasar porque él no me lo recriminaría. Esta era la verdadera libertad.

—¿Entendieron? —Parpadeé, regresando a las reprimendas de mi tutor, ni siquiera nos permitieron vestirnos tras bajar del auto—. No hagan idioteces, ya es lo suficientemente complicado tener que conseguir testimonios contra Dino Golzine. —Ash arrojó la nuca hacia atrás en la silla.

—Nadie quiere declarar, todos le tienen miedo. —Desde que regresamos de Cape Cod, Griffin no se había despegado de su hermano, hasta su padre estaba considerando arrendar un apartamento cerca para resguardarlo, me alegraba—. Si hubiese más mierda sobre él sería más fácil acusarlo.

—¿Qué hay del tráfico de drogas? —Las palabras se me escaparon solas—. Sospecho que él se las provee a los equipos deportivos. —A pesar de las constantes insistencias jamás consumí, eso no quería decir que el resto se hallase limpio. Cada quien acortaba la brecha como podía.

—Mientras más tengamos en su contra, mejor. —Tarareé en silencio mientras pensaba.

—¿Sería útil hacer que el entrenador Fox declarara? Es una autoridad importante en la universidad. —Los adultos intercambiaron una mueca constipada—. No creo que sea tan mala persona. —Ibe suspiró, acomodando su palma encima de mis hombros.

—Eres demasiado ingenuo Ei-chan. —Posiblemente lo era—. Ese sujeto no tiene buena reputación. —Pero hubo apoyo genuino en nuestra relación, él pudo sacarme del equipo a causa de la lesión, él pudo desalentarme antes de la competencia, él pudo forzarme a consumir, pero no lo hizo.

—Supongo que sí. —Bien, si nadie me quería contar lo que estaba ocurriendo yo me las arreglaría a mi propia manera. No me mantendría al margen, no más, me profesaba hastiado. No era un maldito cristal que se rompería por enterarse de la verdad—. ¿Ya terminamos? Debo trabajar en la exhibición de fotografías. —La mitad de eso era verdad.

—Lo hicimos. —La otra un soliloquio perdido—. Están castigados, supongo que lo saben ¿no? —Ash apretó mi mano antes de levantarse.

—Lo sabemos, pensaremos mucho en lo que hicimos antes de acostarnos. —Caminamos hacia su cuarto.

—Alto. —Fue Griffin quien nos detuvo—. No parece un castigo encerrarlos solos en una habitación.

—¿Separarías a tu hermanito de su marido en su noche de bodas? —El mayor esbozó una mueca de dolor, como si esas palabras le estuviesen pellizcando el corazón—. Eso es demasiado cruel, siento que moriré de tristeza sino lo abrazo para pasar la conmoción de la prisión. ¡Dios! ¡Solo somos niños! Necesitamos sanar el trauma. —Entonces los adultos se miraron avergonzados.

—Tienes razón, Aslan. —Una sonrisa astuta se escondió detrás de una mueca inocentona—. Lo lamento, debieron estar aterrados en prisión. —El más joven se limitó a asentir—. Usen esta noche para reponer energías, cualquier cosa que necesiten me pueden avisar.

—Gracias.

El tramposo cerró la puerta conteniendo una risa.

—¡Ash! —Antes de que pudiese seguir reclamando un bocinazo se escuchó afuera—. ¡La fiesta de Halloween! —Ver a la camioneta de Shorter fue un balde de agua fría, prometimos asistir.

—Lo olvidé.

—Yo igual. —Jugueteé nervioso con mis manos, sin poder despegar la vista de la ventana, Yut-Lung Lee me mataría si faltaba—. Estamos castigados y sin celulares. ¿Cómo les avisamos que no iremos? —Se me heló la sangre frente a tan traviesa sonrisa, él se arrojó el flequillo hacia atrás, coqueto.

—¿Quién dice que no iremos, onii-chan? —Elevé una ceja sin moverme de la puerta—. Cámbiate lo más rápido que puedas, nuestros disfraces están en el armario.

¿Había algo más bonito que Ash Lynx?

Probablemente Ash Lynx vestido como vampiro.

Él emergió con una magnífica opalescencia desde la puerta del baño. Pantalones de tela, una camisa con cuello afilado, una capa de cuerina, botines con plataformas y un pañuelo con algunos grabados de oro, cada prenda era más negra que la anterior, la infinidad de texturas le dio un contraste galante. Un aro de metal pendió desde su oreja, esos mechones dorados se acomodaron hacia atrás dándole un aire de rebelde sin causa mezclado con Drácula. Tragué duro, este hombre era la perfección andante salida de mis sueños más homosexuales, hizo un calor insufrible, unos colmillos falsos relumbraron bajo su sonrisa y me pregunté cómo estos se sentirían contra mi cuello. No era justo tener un novio tan atractivo, a pesar de la gran cantidad de capas que componían su disfraz su silueta se marcaba a la perfección. Masculina e imponente, que por favor me sostuviese por siempre entre sus brazos. Me fue imposible mantenerme sereno mientras me terminaba de pintar las uñas. Ambos nos las coloreamos oscuras para ir a la par.

—No has dicho ninguna palabra desde que me viste salir del baño. —Estaba tan rojo que temí explotar de vergüenza. Su flequillo se bamboleó contra el viento para conferirle un brillo sagaz a esos jades, la palidez en su piel le robó el fulgor a la luna, podría armar toda una exhibición acerca de su belleza o un libro tal vez—. ¿Onii-chan? —Cerré la boca.

—Estoy bien. —Me encogí contra mi chaqueta, era negra y mullida, tenía un forro de chiporro—. Solo es raro verte así. —Él sopló mis uñas antes de ayudarme a ponerme los guantes que simulaban garras.

—¿Sabes lo difícil que es para mí tener que contenerme? —La nariz me calcinó en ese susurro, estábamos acomodados en el piso, demasiado cerca frente al otro—. Cuando te ves absolutamente apetitoso en ese traje de Gatúbela.

—¡No es un traje de Gatúbela! —Él acarició mis orejas de felpa como respuesta.

—Lo parece. —Sus dedos pendieron hacia mi colgante de hueso de pescado, aunque era un guiño para la banda él lo estaba interpretando a su conveniencia—. Además esa camisa tiene demasiado escote, me distrae. —Un sutil rubor se escondió detrás de sus pómulos cuando se inclinó para tomar el delineador.

—¿Eh? Pero si tiene el mismo corte que mi uniforme deportivo. —Tomé un poco de labial para embarrárselo desde la boca hacia el mentón, simulando sangre.

—Exacto. —Él presionó el lápiz contra mi nariz, un jadeo fue contenido antes de que cerrase sus párpados con fuerza—. Te ves tan lindo que quiero llorar. —Me miré en el espejo.

—¡Ash! —Me había dibujado bigotes de gato—. ¡Se supone que era un felino imponente, no adorable! —Para evitar confusión incluso había elegido guantes y orejas de tonos claros.

—Quiero besarte tanto. —Aquel berrinche contrastó con su galante fachada—. Pero nunca nos iremos si nos comenzamos a manosear, no creo poder contenerme. —Era verdad, no me profesaba capaz de dejarlo con esa apariencia, él presionó mi oreja, el otro pendiente de su conjunto fulguró bajo mis cabellos—. Sé que no es un disfraz de pareja pero... —Era un colgante triangular de plata.

—Me encanta. —Sonreí, conmovido—. Ahora es un disfraz de pareja. —Nos dimos la mano antes de abrir la ventana—. ¿Crees que se quedaron dormidos en la camioneta? —Fish Bone llevaba horas ahí afuera, sus ronquidos se escuchaban desde el segundo piso.

—La perfección toma tiempo. —Él me dio la mano para que me acomodase sobre el tejado.

—¿De verdad vamos a saltar? —Los niños ya se encontraban pidiendo dulces en las aceras, los postes tintineaban y el aroma a caramelos era omnipotente. Esto era Halloween, nuestro primer Halloween juntos, el primero de muchos.

—Los vampiros vuelan. —Retrocedí tras pisar una teja suelta.

—¡Pero los gatos no! —Él carcajeó entre dientes, divertido.

—No te preocupes, no es mi primera vez fugándome de la casa del anciano —Ash se inclinó cerca del entretecho para sacar una escalera plegable de plástico—. ¿Cómo crees que te visitaba estando castigados? —Con un solo tirón un camino se armó hacia el piso.

—Eres una terrible influencia, lo sabes ¿verdad? —Él bajó algunos escalones antes de darme la mano.

—Lo sé. —Un beso fue presionado contra mi espalda—. Tu trasero se ve increíble en esos shorts. —Ni siquiera me molesté en reclamar.

La segunda vez que el mundo se congeló fue entre las telarañas del ensueño, el elixir de la juventud y las risas de la iridiscencia.

La fiesta era en la casa de un jugador de béisbol, aunque se encontraba en el mismo equipo que mi novio ni siquiera lo recordaba. El ambiente nos abofeteó apenas cruzamos una cortina metálica, decenas de personas se hallaban danzando cubiertas de sudor entremezclado con brillo bajo reflectores de neón, la música me taladró los sentidos, la reminiscencia de las frituras fue más pesada que el alcohol. La casa poseía dos pisos atiborrados con estudiantes excitados, éramos demasiados. Ash me apretó la manga del chaleco, como un niño pequeño, al verse rodeado de calabazas, el esfuerzo que hizo para no gritar fue sobrehumano. Lindo. Las decoraciones crearon el ambiente festivo además de los disfraces.

—¿Dónde podrá estar Yut? —Shorter armó un traje de Frankenstein con un esmoquin de rayas viejo y maquillaje improvisado.

—No lo sé. —La iridiscencia de los adornos me encandiló—. Pero debí traer la cámara, la atmósfera es mágica. —Suspiré, la realidad se tiñó de una tonalidad diferente bajo el lente de la juventud, habría sido agradable presentar aquel retazo de vitalidad en mi exposición.

—No te deprimas. —Aún paralizado por el terror, él me consoló—. Podemos pedir un celular prestado si quieres fotos. —No sería lo mismo, lo que me gustaba de mi exhibición era la cohesión que las imágenes salvaguardaban durante el viaje, si usaba otra cámara arruinaría la experiencia.

—Gracias. —Apreté su mano—. Eres increíble. —Las luces de neón colorearon el lienzo que era su piel para hacerme cosquillas en el corazón, los matices se reflectaron entre esas pestañas, eran rubias y lacias, también era rubio ahí abajo, me ruboricé. ¿Qué diablos estaba pensando?

—¡Chicos! —Yut-Lung se abrió paso entre la multitud, aunque su vestimenta pretendía evocar magia negra, se asemejaba más a Morticia—. Estuve buscándolos toda la noche. ¿Dónde estaban? —Él alzó una ceja, repasando nuestros disfraces—. ¿De verdad? ¿Los tres chiflados?

—¡Era lo más fácil para nosotros! —Bones reclamó, amurrado—. Quería usar algo genial pero Alex no me dejó.

—No había presupuesto para comprar. —El colmillo del tecladista sobresalió en ese puchero.

—Yo creo que se ven geniales. —Su sonrisa iluminó la habitación. El lapso empezó a correr a destiempo con una canción de rock, fue estridente y agresiva, me agradó. Ash deslizó su mano de manera traviesa hacia mi cintura, por encima de la musculosa roja pero por debajo del peludo.

—Me ofende que ustedes no lleven disfraces de pareja. —Esos afilados ojos violetas chispearon indignación—. Se habrían visto extraordinarios como Sandy Olsson y Danny Zuko en «Vaselina». —Un escalofrío me recorrió la espina dorsal cuando la intensidad del agarre aumentó.

—Es cierto. —Aslan dejó escapar su voz deliberadamente baja y sensual—. Eiji se habría visto tan sexy con un leotardo ajustado. —Fue casi un ronroneo, irónico considerando que mi disfraz era el felino.

—Hablaba de él como Danny Zuko, mi chico se vería increíblemente galante con una chaqueta de cuero y con un aire de los ochenta. —Mi mejor amigo sonrió despectivo—. Tú serías Sandy por defecto, ambos son rubios, mírale el lado positivo. —Las risas lo hicieron temblar. Frankenstein carraspeó, nervioso.

—Me sorprendió que quisieras venir considerando el tema de... —Shorter tarareó, apuntando a una calabaza con la mirada—. Ya sabes. —Mi novio se encogió de hombros, pretendiendo ser cool.

—Son un trauma superado, ya no tengo cinco años. —Pero nos arrestaron en la mañana gracias a sus gritos.

—¿Cómo está el tema de Dino Golzine? —La expresión de Yut-Lung se suavizó—. He escuchado que trataste de hacer la denuncia anónima pero...

—Lo sé. —Él me soltó—. Seguramente sabe que la estoy tramitando. —Y acá estaba otra vez, esa inquebrantable barrera entre nosotros dos. Tensé los puños en esos guantes de felpa, jamás le pedí que me cuidase, nunca deseé ser marginado.

Aunque Ash Lynx me amaba lo suficiente para protegerme con su misma vida, había olvidado algo...

Que yo lo amaba lo suficiente para protegerlo con la mía.

Y estaba harto. ¿No me quería decir lo que Dino Golzine tenía en su contra? Daba igual, eso no me impediría insistir con el entrenador o con el resto de los deportistas para conseguir sus trapos sucios, podía hablar con Sing y averiguar sobre el equipo de boxeo, no me importaba exponerme porque adoraba a este hombre. Y me dolía solo sentarme a esperar mientras él regresaba con esa expresión demacrada, lo odiaba. No más. Así que cuando él soltó mi mano yo lo apreté con fuerza, gritándole con cada poro de mi ser que no estaba solo en esta tormenta.

Que aunque el mundo entero estuviese en su contra, yo siempre estaría a su lado.

—Te amo. —Fue lo único que pude decir—. Te amo, Aslan Jade Callenreese. —Tampoco necesité más para que él lo comprendiese.

—Y yo a ti. —Él besó mis cabellos con suavidad—. Eiji Callenreese. —Yut-Lung Lee alzó una ceja, indignado—. ¡Oh sí! Nos casamos en Cape Cod, lamentamos no haberlos invitado a la boda.

—¡¿Qué?! —Antes de que pudiesen reclamar.

—¡Vamos a bailar! —Todos terminamos en la pista.

Bailamos juntos por una infinidad de canciones, pasamos desde Queen hasta Metallica, desde Ricky Montgomery hasta Nirvana. El éxtasis nos empapó bajo los reflectores, nuestros movimientos fueron torpes pero energéticos, los disfraces no nos hicieron más fácil movernos, sin embargo, dio igual. El éxtasis de pertenecer a un grupo de amigos fue indescriptible. Antes de conocer al lince de Nueva York me profesaba solitario, las únicas personas a quienes les permitía entrar eran a Yut-Lung y a Sing, ni siquiera Arthur era capaz de atravesar mi coraza. Ahora me encontraba riendo a lengua suelta, tonteando con la banda mientras la fricción nos cortaba las respiraciones y arrojaban globos desde el segundo piso. Fue divertido, realmente lo fue. Y de repente me dejé de preocupar por ser ordinario, porque si estaba con ellos algo bueno debía haber en mí.

—Me gusta más bailar a solas contigo. —Ash había enrollado sus brazos alrededor de mi vientre en una canción lenta—. Pero esto también es lindo. —Sus colmillos hicieron un sonido gracioso contra mi aro de plata.

—Lo es. —Éramos un círculo bajo un candelabro de serpentinas improvisado—. ¿Te das cuenta de que esta es nuestra primera festividad como pareja? —Sus ojos se encendieron con un brillo infantil cuando musité aquello. La fricción fue candorosa.

—¿La primera de muchas? —Él lo preguntó bajito contra la música, como sino pudiese creer que esto realmente estuviese pasando.

—La primera de muchas. —Y yo se lo prometí bajito, sabiendo que era un hombre afortunado.

Lo estático despertó, las risas perecieron en una deliciosa sinestesia, el estómago me burbujeó a causa de la emoción, nos tragamos todos los dulces que pudimos encontrar, nos metimos en diferentes competencias, fue una noche de Halloween inolvidable, me hacía falta. Dejé de pensar en lo terrible que sería perder mis alas, todavía no lo había intentado, no era propio del Fly boy rendirse antes de comenzar. Podía hacerlo. Me separé del grupo para tomar agua, me tuve que quitar la chaqueta de felpa en algún lugar de la cocina, no sabía cómo el resto podía mantener sus looks impecables si el calor era insoportable.

—¡Shorter se ve guapísimo como Frankenstein! —Dos chicas se hallaban charlando junto a la mesa de botanas—. Voy a todos los conciertos de Fish Bone solo por él, lo amo.

—¿En serio? —La otra chica jugueteó con una pajilla de refresco—. Ash me parece mucho más candente, tiene un aire de River Phoenix. —Era extraño escuchar esa verdad absoluta de otra persona—. Se ve tan sexy como vampiro, quiero que me muerda el cuello. —Me sentí mal por interrumpir semejante intimidad.

—Él puso la denuncia contra el director ¿no? —El ambiente cambió—. Escuché que lo trató de abusar en reiteradas ocasiones. —Perdí el aliento.

—Sí, el director tiende a llevar a sus alumnos favoritos a esas reuniones. —Ella trazó comillas en el aire y yo dejé de respirar—. Es un viejo asqueroso, todos ellos y los miembros del Club Cod.

Reí.

No lo sabía.

Debí saberlo.

Pero no lo hice.

Ash me mantuvo al margen de este drama, las cosas que me contó fueron para minimizar el impacto, jamás de esta magnitud. Y tuvo sentido el escándalo que estaban haciendo Max y Griffin alrededor de la denuncia, tuvo sentido esa noche donde lo esperé con girasoles afuera del hotel, tuvo sentido que llorase entre mis brazos y me pidiese que no lo tocase, parecía asustado y se decía a sí mismo que se hallaba sucio. Debió ser duro atravesar por eso solo. Parpadeé, ido. Tuvo tanto sentido que quise vomitar. Agarré una cerveza para encaminarme hacia el patio. Porque debí verlo pero no lo hice, debí ser la primera persona en apoyarlo, sin embargo, me lo acababan de informar unas desconocidas por accidente. No me pude sostener, terminé siendo un ovillo contra el pasto. Este dolor fue mucho peor a la lesión de tobillo. Al final sí era poco confiable y ordinario.

La tercera vez que el mundo se paralizó fue en una maraña de mentiras, con el veneno de la inocencia escurriendo y el filo de un arma blanca contra una rosa quebrada.

—Ash... —Presioné los párpados antes de tomarme el contenido de la cerveza de golpe.

—Wow. —Tosí tras atragantarme con el alcohol, estaba caliente y era desagradable—. Nunca te había visto tomar así. —Arthur se hallaba sentado a mi lado, su disfraz era de hombre lobo, por supuesto escogería al enemigo natural de los vampiros—. ¿Pasó algo?

—Nada que te incumba. —La boca me tembló, quise llorar. Me sentí realmente estúpido por no apoyarlo mejor, no lo sabía, debí hacer más, era su novio ¡Dios!

—No tienes que portarte tan hostil conmigo, recibiste las flores que te mande al hospital. —Sonreí contra la botella, desconectado.

—Rosas. —Lo recordé, en el principito la rosa era un personaje sumamente difícil de tratar, se cegaba con su ego con una impresionante facilidad y era indiferente a los problemas ajenos. Me encogí contra mis propias espinas, pequeño—. Fueron apropiadas. —Él me acarició la espalda.

—¿Qué ocurre? —La noche tuvo sabor a culpa, a promesas que nunca llegaban y confianza que no se compartía.

—¿Por qué estás siendo amable conmigo? —La voz se me quebró en esa pregunta, me dolía la cabeza, hacía frío, estaba sentado sobre el pasto—. Arthur... —El nombrado no se movió—. ¿Por qué terminaste conmigo? —Su expresión fue un espacio en blanco, él sonrió, vulnerable.

—Porque eras demasiado bueno para mí. —Perdí el aire—. Me asusté y me empecé a comportar como un idiota. —Parpadeé, anonadado. Esa no era la respuesta que necesitaba—. Lo lamento, he estado tan desesperado por recuperarte en mi vida porque...

—¿Por qué?

—Extraño tenerte en ella, aunque sea de amigo. —La sinceridad en esa confesión me pareció violenta—. Y mientras más cerca te quiero más bruto actúo y más te alejo. —Me relajé bajo esos consuelos, me reí con el pecho todavía apretado y los ojos ardiendo. El alcohol escurrió hacia mi polera, apestaba.

—Eso es verdad. — Su cabello se encontraba ridículamente engomado, me dio nostalgia—. ¿Por qué nunca antes me lo dijiste así? —Lo conocí en el primer ensayo de Fish Bone, antes de que la mitad de los integrantes se uniesen—. Pudimos haberlo conversado. —Algunas personas se aferraban a lo bueno de las relaciones para prolongar el sufrimiento, yo hice lo imposible para mantenerme enganchado a lo malo.

—Porque ya lo había arruinado. —Cuando hubieron cosas bonitas entre nosotros dos y lo había olvidado—. Tampoco debí hablar así de tu novio, aunque lo odie. —Carcajeé entre dientes, al menos era sincero—. Debe ser duro para ti esto, que Dino Golzine use tu amor en su contra. —Palidecí.

—¿Qué?

—¿No lo sabes? —Arthur pareció genuinamente perplejo con mi reacción.

—¿Saber qué? —La vida se me fue.

—La hospitalización de tu padre, tu posición como el Fly boy, tu repentina beca deportiva. —El corazón se me quebró—. ¿Realmente no lo sabías? Ese es su chantaje. —El alma se me marchitó.

Y de repente tuvo sentido.

—N-No... —Tuvo tanto sentido que solo pude reír—. No lo sabía. —Por eso nunca me contó.

Yo siempre fui el problema.

¿Cuenta regresiva? Dos capítulos y un epilogo. Muchas gracias por haberse tomado el cariño para leer.

¡Nos vemos el otro fin de semana!

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