Capítulo 17.
¡Hola mis bonitos lectores! Siento que soy un caos actualizando, lo siento, ya me ordenaré pero este mes ha sido un desastre para mí. El capítulo de hoy y las imágenes que inspiraron mi imaginación fueron patrocinadas por -SoftKath_, así que te lo dedico. Tus comentarios fomentaron mi estupidez pero por mil, aún así lo hice con mucho amor.
Irónicamente odio cuando en los fics meten canciones pero esta es mi idiotez así que termine metiendo una canción, perdón. Este fue un capítulo que me costo bastante escribir porque tiene una escena bien fuerte asociada al abuso sexual o así la sentí yo, lea bajo su propio riesgo, pero les recuerdo que la mayoría de mis historias estan clasificadas para adultos por lo mismo, se tocan temas fuertes. Muchas gracias a quienes se toman el cariño para leer.
¡Espero que les guste!
—She's a, she's a lady, and I am just a boy. —Mis manos se deslizaron por su espalda, su risa se acribilló contra mi cuello, la estática fue intoxicante—. He's singing. —Esos grandes ojos cafés colorearon un bricolaje dentro de mi alma—. She's a, she's a lady, and I am just a line without a hook. —Nuestro suave bamboleo fue una discrepancia curiosa con el ritmo de la canción.
—Me gusta como cantas, Ash. —Mi nombre se derritió como azúcar en su lengua, el calor se agolpó en mis orejas, olvidé respirar—. Supongo que por eso eres tan popular. —Su puchero fue ridículamente adorable, lo acerqué.
—O tal vez sea por mi legendaria belleza. —Nos encontrábamos danzando en medio de la cocina.
—Mocoso narcisista. —Ni siquiera me gustaba , sin embargo, mientras siguiésemos atrapados dentro de esta fantasía la tonada era irrelevante. Él se hallaba en la punta de sus pies.
—Anciano amargado. —Su cabello me cosquilleó debajo de la nariz, aspiré más de lo que debería semejante dulzor—. ¿Necesitas tu andador para seguir bailando? ¿Nos estamos meciendo muy rápido? —Sus caricias fueron electricidad líquida directo a mi columna vertebral.
—¡Ash! ¡Solo soy dos años mayor que tú! —Me fascinaba molestarlo.
—Pero te comportas como un abuelo, con razón te llevas tan bien con Griffin, pueden tejer juntos en el asilo. —Él infló los mofletes y tensó las cejas—. No te preocupes, aunque te comportes como un viejo cuidaré de ti para siempre. —Él quiso bajar el mentón por culpa de la vergüenza—. Debo amarte mucho para pensar así. —Pero no lo hizo.
—Yo debo amarte más para tolerar estas humillaciones. —Y yo quise besar ese puchero hasta reemplazarlo por una carcajada.
—Tienes razón. —Así que eso hice—. ¡Necesitas un premio!
—¡Estás siendo infantil! ¡Basta! —Él se retorció entre mis brazos mientras seguíamos danzando, las cosquillas fueron implacables.
—Podría comerte a besitos ahora. —El romance una balada polvorienta—. Creo que me he vuelto adicto a ti. —Él reclamó la victoria tras presionar un beso contra mi barbilla para enredarse en mi cuello.
—Se nos va a quemar el chocolate, ¿sabes? —La olla a presión se profesó serena, el fuego estaba bajo, la alarma nos mantenía atentos—. Deberíamos concentrarnos. —Pero dichosa petición me resultaba inconcebible al tenerlo cerca. Él era pequeño, tan pequeño que había construido una casita en mi corazón.
—Tú fuiste quien quiso prepararlos, onii-chan. —Él carcajeó—. Deberías hacerte responsable. —Y diablos, qué sublime fue esa sinfonía. ¿Había algo más perfecto que este hombre? Lo dudaba.
—Tú fuiste quien me arrastró al supermercado para comprarlos. —Fingí inocencia al encogerme de hombros—. Te molestaste cuando te enteraste de esa tradición. —Era verdad, me parecía absolutamente ridículo que los japoneses preparasen chocolates caseros para el día de los enamorados cuando los vendían procesados.
—Necesito practicar para dártelos más adelante. —Sin embargo, mientras esto lo hiciese feliz no me importaría abandonar la universidad para poner una chocolatería—. Me siento presionado. —Quería juntar todas mis cosas para entregárselas—. Seguramente te dieron varios. —Pero sabía que estas jamás serían suficientes. La realidad no me alcanzaba para expresar tan vastos sentimientos.
—Es verdad. —Me tensé, sus dedos empezaron a caminar encima de mis hombros en un jugueteo—. Me dieron varios chocolates en mis días de juventud. —Contuve una risita, ni siquiera se daba cuenta pero sonaba como un anciano—. ¿Celoso?
—Ni un poco. —Presioné un beso contra su mejilla—. Solo debo prepararte el mejor chocolate que hayas probado, ¿no? —Recorrí los bordados de su delantal con una tortuosa lentitud. La estática tuvo sabor a cafeína.
—Pareces tenerle mucha fe a tus encantos. —Me incliné hacia él.
—Claro que la tengo. —Mi aliento se agolpó contra su oreja—. Si no estuvieses loco por mí no te habrías escapado de tu entrenamiento para cocinar juntos. —El rubor le quemó los mofletes, sus puños se contrajeron hacia mi camisa, las rodillas le temblaron—. Además, me estás tratando de seducir usando este bonito delantal.
—¡Tú estás usando uno igual! —Ignoré el comentario—. Son para evitar las manchas no para incitar tus fetiches. —El vapor envolvió la cocina con un dulzor embriagador, la canción de la radio cambió. Nos seguimos meciendo mientras los pájaros trinaban.
—Estás arruinando el ambiente que estoy intentando crear. —Aunque rodó los ojos él no me apartó. Nuestro bamboleo rechinó contra las tablas, la brisa mañanera se coló por la ventana, las burbujas empezaron a golpear la tapa de la olla.
—Ash... —Él bajó el mentón, apenado—. ¿Puedes quedarte a dormir antes de mi competencia? —No pude articular ningún pensamiento coherente ante esos ojos de bambi—. Yut saldrá y me gustaría pasar esa noche a tu lado. —El rostro me ardió, la mandíbula se me cayó.
—¿N-Nosotros dos? —Traté de lucir genial, sin embargo, me golpeé la cabeza con una de las sartenes colgadas cerca del mesón. Mi mueca maniática no me ayudó a disimular las ansias—. Eso me gustaría. —Metí las manos en ese ridículo delantal de Nori Nori para mitigar el pánico.
—¿De verdad? —De repente ambos nos estábamos riendo como un par de preadolescentes hormonales—. No tienes que hacerlo si no quieres.
—¡Sí quiero! —Más desesperado no pude sonar—. Yo... —Pero dio igual—. Quiero mucho hacer eso contigo, ya lo investigué. —Porque prefería quedar humillado a dar por sentado el consentimiento mutuo, me apoyé contra el mesón de la cocina, sabiendo que el niño perdido estaba tratando de regresar a su Nunca Jamás.
—Es una cita entonces. —La alarma retumbó por la cocina.
—Eiji... —Antes de que pudiese continuar la olla liberó una espuma furiosa de chocolate.
—Te dije que se nos iba a quemar. —Una grasienta cascada escurrió desde los bordes de la cacerola hasta las baldosas, contuve una arcada ante tan empalagosa pestilencia, Max me mataría si encontraba su reluciente cocina de esta manera—. Vamos a llegar tarde a la prueba de maquillaje. —Ambos nos agachamos para recoger el chocolate con paños desechables, sin embargo, fue inútil.
—Podríamos dejarlo así. —Terminamos embarrados con una montaña de pañuelos al costado, más que golosina esto parecía aceite—. El anciano sabe limpiar estas cosas, Michael es bastante revoltoso. —La plasta de cacao chorreó entre mis dedos, temblé ante tan desagradable sensación, viscosa pero densa.
—Es una lástima, tenía potencial. —Mi novio probó un poco de la mezcla con un valor admirable—. Para el segundo intento nos quedará mejor. —Llevé su palma hacia mis labios, un jadeo fue contenido cuando lamí el chocolate de sus dedos, el dulzor fue peligrosamente adictivo.
—Tienes razón. —Él estaba rojo hasta las orejas, tartamudo—. ¿Eh? ¿Qué sucede, onii-chan? —Aumenté el descaro de mis movimientos al descender hacia su muñeca con mi lengua—. ¿Te estoy provocando? —Él apretó los párpados con fuerza antes de negar. La electricidad estaba pesada, él era adorable.
—Deberíamos ducharnos para poder irnos, Yut nos va a matar. —Me incliné hacia él, ensuciar mi ropa fue irrelevante bajo la centellea atrapada en sus pupilas, de la olla seguía escurriendo espuma quemada, el piso olía a caramelo. Su aliento me erizó la cordura.
—¿Esa es una invitación? ¿Finalmente quieres comprobar si son rubios ahí abajo? —Él se mordió el labio antes de aferrarse a los bordes de su delantal.
—Podría serlo. —La mente me explotó frente a tan coqueta reacción, no pude articular ningún sonido, el corazón se me atoró en la tráquea—. Es una broma. —Hasta la punta de la nariz se me incineró—. Voy a entrar primero. —No era justo que él me engatusase de esta manera. Me quedé procesando lo que acababa de ocurrir hecho un ovillo encima del chocolate.
—Pero sí quería ir.
Eran sus caricias las ondas que vanagloriaba dentro del océano que retumbaba en mi espíritu.
El agua me despejó la mente, no pude evitar pensar que él era la musa para mis canciones. Dibujé figuras en la puerta de la ducha, aunque mi novio fuese una partitura abierta esta parecía encontrarse en un idioma indescifrable, uno cuyos símbolos no alcanzaban para expresar la vasta claridad que ocultaba su alma, este era el lenguaje «Eiji Okumura». ¿Qué tanto sufrimiento resguardaban esas composiciones de sol? ¿Qué tantas lágrimas escurrieron hacia sus hojas? No saberlo me abrumaba, sin embargo, me era imposible no atormentarme cuando Arthur estaba yendo a sus calentamientos deportivos. Aún sino podía leer completamente sus notas, eran sus cuerdas las que rasgaban mi corazón y sus acordes los que manipulaban el dolor en electrizantes toques. Haría lo que fuese por él, eso me aterraba y alentaba en partes iguales. Suspiré antes de vestirme, sabiendo que había enloquecido de amor. Grandioso. Me senté en el suelo, él se dedicó a secar mis cabellos apoyado en la cama, me hice pequeño dentro de mi camisa, tratando de calmarme. Hasta James Dean se enamoró, no era la gran cosa.
—Me gusta mucho el color de tu cabello. —Solo que sí lo era—. Me recuerda a un girasol, es bonito. —Porque era de Eiji Okumura de quien estaba hablando. Él restregó la toalla con una impresionante suavidad, la humedad me escurrió desde la frente hasta los hombros—. Eres tan bonito, Ash.
—Tú lo eres más. —Sus movimientos cesaron, alcé mi mentón para poderlo contemplar, sus piernas se habían convertido en mi respaldo, mi nuca se hallaba acomodada contra su regazo—. Me gusta tu cabello también.
—¿El mío? Pero si es tan común. —Él resopló, tratando de quitarse un mechón enredado a sus pestañas—. Además, es imposible de peinar.
—Me gusta que sea profundo y negro, igual que tus ojos. —Me di vueltas para forjar un refugio encima de sus muslos, la ternura en su mohín fue delirante, no era justo—. Las cosas oscuras solían darme miedo cuando era niño. —Él era tan precioso que me comprimía el pecho.
—Nunca me contaste esa historia. —Hablar acerca de mi infancia era un trago de absenta, crecí entre botellas quebradas y colillas ensangrentadas—. ¿Cómo fue? —Sin embargo, él me hacía creer en polvo de hadas y boletos hacia Nunca Jamás.
—Mi padre me hizo una calabaza de Jack para la noche de Halloween, la usé para pedir dulces. —Él empezó a juguetear con mi flequillo, el tacto fue intoxicante—. Fui a esconderme al bosque para asustar a mi hermano. —Esta era la primera vez que lo musitaba en voz alta—. Estaba completamente oscuro y se escuchaban ruidos tenebrosos.
—¿Entonces?
—Estaba asustado, así que me iba a casa. —Me restregué contra su vientre, buscando consuelo en esta tormenta emocional, sus yemas me hicieron cosquillas—. Pero repentinamente vi una cabeza de calabaza gigante, después me di cuenta de que era mi reflejo en el parabrisas de un auto. —Suspiré—. Odio las calabazas desde entonces, solo ver una me da escalofríos. —Él no reaccionó—. ¿Qué? —Su carcajada fue grosera, me levanté de su regazo de manera violenta—. ¡¿De qué te ríes?!
—¡Será mejor que no le cuentes a nadie! —Él se apretó el estómago con fuerza, las lágrimas se le agolparon alrededor de las mejillas, las orejas me ardieron—. ¡El líder de Fish Bone le tiene miedo a una simple calabaza! —El estrépito se tornó insoportable—. ¡Les diré a las otras bandas! ¡Les diré que dejen de ensayar y planten un jardín con calabazas en el escenario!
—¡Eiji! ¡Tú ya sabías! —Aunque le arrojé un cojín él no se detuvo—. ¡Griffin te contó!
—Pero no con tanto detalle. —Él se abanicó el rostro clamando por serenidad—. Esto es demasiado adorable. —Él usó el almohadón para limpiarse las lágrimas antes de acercarse. Lo único que pude hacer fue fruncir el entrecejo y tensar los brazos—. Vamos, no eres convincente cuando haces pucheros.
—¡No estoy haciendo pucheros! —Oh, pero en el reflejo del armario pude ver lo infantiles que eran. Él me llenó de besos en busca del perdón—. Bien, tú ganas. —Y yo me dejé consentir porque él me encantaba. Miré el brillante arete de obsidiana que pendía en su oreja, yo era un hombre afortunado.
—De todas maneras deberíamos irnos, estamos atrasados. —Lo ayudé a levantarse del suelo, éramos un desastre, ni siquiera nos habíamos terminado de secar—. ¿No vas demasiado elegante para una simple prueba de maquillaje? —Por mucho que me intentase esconder de ese monstruo debajo de mi cama, él me encontró.
—Ah... —De repente me profesé roto—. Luego debo ir a un evento con el director. —Me abracé a mí mismo, asustado. Que por favor no viese cuanta inmundicia trataba de ocultar, él me odiaría—. Es algo importante así que prefiero salir arreglado. —La ternura en su sonrisa me rompió el corazón. Dolió como el infierno.
—¿Te sientes nervioso? —¿Me amaría todavía sabiendo que me iba a prostituir? Claro que no.
—U-Un poco... —Y ahora estaba llorando.
—¿Ash? —Porque esta era una maldita traición, quería que él tuviese tanto mi cuerpo como mi alma—. ¿Qué ocurre? —Lo abracé con fuerza, escondiéndome dentro de su pecho aunque él fuese más pequeño, aferrándome a estos latidos como si pudiesen durar por siempre, impregnándome de su esencia para limpiarme. Lo lamentaba, realmente lo hacía.
—La ducha me dejó mareado. —Pero lo antepondría a mi vida las veces que fuesen necesarias con tal de preservar su felicidad, él volaba alto, más alto que nadie. ¿Quién era yo para anhelar semejante resplandor?—. Eiji... —Apreté su suéter, temiendo haberme convertido en un girasol—. Te amo mucho. —Porque él era mi sol.
—Yo también te amo, Ash. —Pero yo estaba marchito—. ¿Seguro estás bien? No tenemos que ir sino quieres, puedo llamarle a Yut. —Presioné los párpados con nervio, tratando de respirar en el fondo de esta miseria.
—Yo...
—¿Te gustaría quedarte haciendo un maratón de películas? Podemos comprar botanas y ver rebelde sin causa. —Tonto ¿no? Aún cuando lo trataba de proteger era él quien me consolaba.
—No te preocupes. —Me aparté—. Estoy bien.
La pureza de su brisa dejó huérfano mi barco de papel.
Traté de no pensar en el evento, nada cambiaría por atormentarme con ello. En lugar de perecer escogí desvanecerme, por eso apreté su mano durante el trayecto hacia la facultad. La naturaleza de nuestra conexión me resultaba inefable, si me pidiesen dispararme para garantizar su seguridad apretaría el gatillo contra mi cabeza sin siquiera pestañear, así de desmesurado era mi amor. Lo memoricé temiendo que fuese nuestra última vez, anhelando la primera. Conocerlo fue mi salto inquebrantable hacia la libertad, así que estaba bien.
—¡Ya dejen de jugar!
No tuve palabras suficientes para expresar la indignación que sentí tras ingresar al estudio, los idiotas le habían pedido a Yut-Lung Lee que los maquillase como si fuesen una copia barata de Kiss, mientras Alex presumía una reluciente estrella con brillantina en su ojo, Bones estaba tratando de que el cabello de Kong quedase esponjado con una tonelada de laca. Arrugué la nariz frente al hedor, una gigantesca valija con cosméticos había acaparado la extensión del tocador, los murmullos de la multitud fueron insoportables, los flashes cegadores. Me froté el entrecejo, sabiendo que Fish Bone no ganaría si ellos se dedicaban a tontear en mallas de cuero mientras practicaban sacando la lengua. Debí quedarme en Cape Cod, sin embargo, acá estaba. Contuve un tic nervioso, ni siquiera estaban cantando sus canciones, esa tonada le pertenecía a Nirvana.
—Dijiste que sabías lo que hacías. —Yut-Lung Lee se tensó antes de regalarme una mueca fea.
—¿Crees que esas payasadas fueron mis ideas? —Él bufó, golpeando una brocha contra una paleta de sombras neutras—. Por favor, yo hago magia. —Bastó un mero roce para que el párpado de Shorter cambiase de color, ladeé la cabeza, anonadado.
—De hecho se ve bien. —Era un maquillaje apenas perceptible, sin embargo, le confería un aura de rebeldía agradable, un fosforescente delineado morado se extendía encima de sus pestañas, su piel se tiñó de dorado bajo la estridencia de los focos. Tan cool.
—Claro que se ve bien, es mi creación. —Masculino pero intimidante, me gustaba—. Esos idiotas se pusieron a jugar con las pinturas para los niños. —Alcé una ceja antes de enfocar mi atención en el resto de Fish Bone, las crayolas se hallaban esparcidas por el suelo, los tres estaban fanfarroneando mientras se arrojaban brillantina—. Aunque no los puedo culpar, el maquillaje es divertido. —Fue extraño vislumbrar gentileza en una víbora venenosa.
—¿Quedé guapo, cariño? —Él se inclinó para presionar un beso contra la mejilla de Shorter.
—Siempre te ves guapo. —Aún bajo la base un sutil sonrojo lo coloreó—. Ahora es tu turno, vocalista. —Me senté frente al tocador, rendido. Yut-Lung Lee me arrojó el cabello hacia atrás con un cintillo esponjado y me cubrió el torso con una capa de peluquería, las brochas desprendieron un aroma empalagoso—. ¿Crees que tu novio es atractivo, Eiji?
—Claro que sí. —Ni siquiera fui capaz de soltarle la mano, me sentía como un gatito temiendo ser abandonado.
—Él quedará tan atractivo cuando termine, que esta versión te hará sentir como si siguieses saliendo con la rata de Arthur.
—¡Oye! —Me dejé maquillar, amurrado—. No tienes que usar insultos tan hirientes, eso fue cruel. —El fijador me quemó los pulmones. Con una esponja él comenzó a esparcir corrector alrededor de mis ojeras, presioné los párpados bajo el filo de un delineador, fue pegajoso e incómodo.
—Hasta sus pestañas son rubias, que curioso.
—¿Cierto? ¡Son bonitas! —La vergüenza se me agolpó en las orejas tras recordar esa infame invitación hacia la ducha, mis puños se tensaron en los bordes del taburete, debí aceptarla.
—No lo pondría así, pero tengo un punto decente de partida, pudo ser peor. —El petulante estuvo una eternidad pintándome.
—¿Por qué no solo admites que soy guapo?
—Como el mejor amigo de Eiji aborrezco intrínsecamente a todos sus pretendientes.
—¡Yut! —Con un par de rociadas de fijador él dio por finalizado su trabajo.
—Ahora sí pareces una estrella de rock. —Él me quitó la bata para que me pudiese mirar en el espejo. Fue extraño, los colores en mis párpados eran sutiles pero brillantes, mi boca fue teñida por un leve tinte rosado, el delineado era metálico, aún así me dio una impresión juvenil y galante. Tan Ash Lynx.
—De hecho luce bien. —Shorter no me dio tiempo para reaccionar al tomarme una fotografía—. Amigo, tenemos la victoria asegurada.
—Necesitamos ensayar la nueva canción, no ganaremos solo porque nos vemos geniales. —Yut-Lung Lee llamó al resto de Fish Bone para quitarles la pintura infantil con toallas húmedas.
—¿Tienen una nueva canción? —Me quité el cintillo, contemplarme de esta manera mientras usaba un traje fue una calada amarga. No reconocí al sujeto atrapado en el espejo, había un jade pendiendo en su oreja y una corbata imitando una cuerda.
—Sí... —Di vueltas la silla, encontrándome con esos grandes ojos cafés—. La compuse hace poco. —Aunque era yo al que habían arreglado su belleza me hipnotizó, nuestros dedos se entrelazaron bajo el polvo del anhelo, el tintinear de las luces fue atronador.
—¿Por qué no me dijiste? —Bones atrapó a la víbora para maquillarlo como el cuarto integrante de Kiss. Me aferré a su cintura para acomodarlo encima de mi regazo, sus caricias fueron inyecciones de endorfinas directo a mi columna vertebral.
—Porque tú eres la inspiración de la letra. —La confusión que inundó sus pupilas fue absolutamente adorable. Dios, él me encantaba tanto. Daría lo que fuese para arrancar este instante y así preservarlo durante nuestra eternidad—. Quiero que sea una sorpresa. —Pero éramos flores secas en el campo del destino.
—Me estás poniendo nervioso. —Éramos estrellas fugaces olvidadas—. Lo haces sonar como la gran cosa. —En un segundo estábamos acá.
—Lo es. —Pero al siguiente no—. Es importante. —Le acomodé un mechón detrás de la oreja con suavidad. Una risilla nerviosa chocó contra mis labios, su reminiscencia me dejó borracho—. Sin importar qué tanta fama ganemos mis sentimientos no cambiarán por ti. —El temor que aleteó en sus pestañas fue transparente, él era una partitura abierta en un idioma incomprensible, esa era la magia de su dualidad.
—Ash... —Él se aferró a mi camisa, asustado. El jugueteo con mi corbata fue torpe—. No me digas cosas que no puedes cumplir.
—No las estoy diciendo. —Llevé sus nudillos hasta mis labios—. Prometiste quedarte a mi lado para siempre, ¿verdad? —Quemamos promesas como si fuesen barcos de papel.
—Lo hice. —Anhelamos imposibles sabiendo que los dragones no eran imaginarios—. Estaré en primera fila apoyándote. —Nos amamos como lo harían las almas gemelas: con los ojos cerrados y los brazos abiertos—. Te grabaré para que después podamos presumírselo a nuestros hijos. —Y fue tonto sobreestimar esta ternura para convertirla en mi inquebrantable.
—¿Es una propuesta indecente, onii-chan? —Sin embargo, estábamos enamorados.
—No, es una propuesta para construir un futuro juntos. —Y eso era lo único que importaba—. Claro, si tú quieres.
—Claro que lo quiero.
Su esplendor se quedó sin pétalos al olvidarlos en este mar muerto.
¿Qué pasó después? Ni siquiera lo puedo recordar. Las risas de la banda continuaron retumbando como una caja musical oxidada cuando llegué a la fiesta, aunque fui el centro de los halagos no pude reconocer al joven refractado en las copas de champaña. Tenía náuseas, la corbata me estaba sofocando, el jade en mi oreja era una etiqueta de ganado. El terciopelo de esta farsa me quemó la piel, vimos a gente importante, lidiamos con máscaras gloriosas. Él me presentó como si fuese de su propiedad, sus manos alrededor de mi cintura solo confirmaron que lo era. Me profesé enfermo, pero papá dijo que estaba bien si me pagaba. No podía respirar. Tenía miedo. ¿Dónde estaba Griffin? Él odiaría saber que su hermano era una putita. Bajé la cabeza, humillado.
—El chico de este año es bastante atractivo. —Alguien me revolvió los cabellos—. Se ha lucido, monsieur. —Hablaron de mí como si no estuviese presente.
—Lo sé, le enseñaré a convertirse en una buena esposa. —Pero tal vez era de esa manera, un trapo usado que carecía de voluntad—. El lince de Nueva York es toda una belleza. —Y de pronto quise llorar, sin embargo, no lo hice.
—Claro que lo es. —No podía quebrarme en el ojo del huracán—. Podrías considerar en arrendarlo. —Sonreí, ido—. Yo pagaría una fortuna por él, se ve más delicioso que tu último protegido. —Enfoqué mi atención en el niño reflejado en el ventanal, lucía herido. Temblé dentro de ese elegante traje.
—De hecho lo estoy considerando. —Fue patético—. Todo depende de sus méritos, quiero que le dé prestigio a la universidad. —No obstante, no me pude levantar.
—¿Méritos? —La indignación me apagó los latidos—. ¿No he hecho suficiente ya?
—Hay algo que no deberías olvidar. —Él le dio un profundo trago a su copa de champaña—. Yo fui el que te sacó de la calle, recuérdalo bien. —Él me arrastró con una escalofriante nitidez hacia el infierno—. Te quiero, sweetheart. —Eso fue suficiente para que perdiese el apetito.
Ni siquiera supe cuál fue el desenlace de la velada, solo recobré la consciencia luego de recostarme en la cama del hotel. El pánico me cerró la tráquea, estaba empapado de sudor, no había aire, él me estaba aplastando. Ya sabía lo que pasaría, así que estaba bien. Él me desabrochó la camisa, sus dedos se arrastraron por el dobladillo de la tela para serpentear desde mi cadera hacia mi abdomen inferior. Tenía miedo. Tenía tanto miedo que no podía hablar, mi corazón gritaba pidiendo ayuda, pero no pude decir nada. Cuando él me desabrochó el cinturón lloré. Lloré porque no sentí nada. Presioné los párpados, supliqué desesperado para que esto terminase, Griffin me vendría a buscar después de la práctica deportiva.
¿Por qué tardaba tanto?
—Te ves exquisito. —La sensación de ser tocado tan sexualmente me erizó el alma—. ¿Te pusiste bonito para mí? —Él no me dejó voltear el rostro al inclinarse hacia la cabecera, su rodilla hundida en mi estómago no me permitió moverme.
—N-No... —La hebilla de su cinturón tintineó, sus dedos se deslizaron hacia mis piernas, fue asqueroso. Alto, alto, alto. ¡Por favor!—. Fue por un ensayo de Fish Bone. —Solo comprendí que estaba llorando cuando vi las sábanas empapadas.
—No necesitas maquillaje para encantarme. —El aroma a Old Spice me revolvió las entrañas—. He esperado esto como no tienes idea, es una noche perfecta.
—Y-Yo...
—No tengas miedo. —No tuve fuerza para luchar, tampoco tenía sentido—. El padre de tu novio se encuentra bien, recibí un informe del médico general esta mañana.
—Eiji... —El pánico llenó mi corazón, las lágrimas me nublaron la vista, lo único que había en esa habitación era oscuridad. Le solía tener miedo hasta que conocí esos grandes ojos cafés, apreté la frazada, impotente. Él me odiaría si se enterase de esto—. ¿De verdad está bien? —Apenas me escapó un hilo de voz.
—Lo está. —Sus labios presionaron mi cuello—. El Fly boy tiene el éxito garantizado en nuestra facultad. —Él me desabrochó la corbata para atarme las muñecas, pero yo ya no estaba acá—. Claro, si me mantienes entretenido. —El colchón crujió, sin embargo, lo único que había encima era una muñeca rota.
—Lo entiendo. —Él se acomodó entre mis piernas.
—Buen chico.
Mi primera vez no debería ser de esta manera, el sexo era una entrega íntima consensuada por ambas partes, no algo que simplemente se arrebatase cegado por la codicia, dejé que él me tocase todo lo que quisiese mientras sollozaba. Porque yo quería que este fuese Eiji, sus palmas eran pequeñas y calentitas, sus besos estaban cargados de una ternura meliflua, sus toques eran encantadoramente torpes y su risa bonita. Si fuese con él esto sería diferente, si fuese con él esto sería especial. Pero ahora me profesaba a punto de ser violado, porque no quería. Estaba realmente aterrado. Me sobresalté cuando él ejerció presión encima de mi entrepierna.
—¡No! —Y de repente no me sentía como un vocalista implacable sino como un niño de siete años en una cabaña muerta—. Por favor no. —Pero mis muñecas seguían amarradas y el terror no me dejaba respirar.
—¿Eres virgen? —Tirité con violencia—. ¿Qué dirá tu novio cuando se entere de que te has entregado a otro hombre? —Él se deslizó por mi pantalón, su boca presionó mi oreja—. Le parecerá asqueroso. —El miedo me nubló, mi alma se escapó en ráfagas de pánico, la cabeza me martilló—. Pero pareces disfrutarlo, eres toda una puta.
—No es verdad... —Supliqué—. ¡No lo soy!
—Que maravillosa reacción. —Entonces él trató de bajar el elástico de mi calzoncillo—. Me gusta esa cara de horror.
Contuve un alarido, aunque las lágrimas nublaron mi visión nunca podré olvidar la sonrisa petulante que él me obsequió, como si estuviese orgulloso del sufrimiento que provocaba. Relajé las muñecas, tal vez si dejaba de quejarme y permitiese que sucediera ya no sería tan malo. Los latidos me taladraron las orejas. Lo traté de soportar lo más rápido posible, pero no pude. Porque sus caricias eran bruscas y dolían, porque él me estaba marcando como si fuese de su propiedad mientras me exigía que le abriese las piernas. Quise gritar, no obstante, un lastimero sollozo fue lo único que escapó.
Esto pasaría.
Esto era real.
—E-Eiji... —Y él me odiaría pero al menos lo protegería, daría mi vida por él, no podía ser tan cobarde, no era la gran cosa—. Mi Eiji. —Sus uñas me arañaron—. Por favor perdóname. —No pude hacer más que sucumbir al horror.
—Ve a limpiarte. —Solo cuando él me abofeteó entendí que me había orinado encima—. Esto es asqueroso, contrólate si no quieres que hayan consecuencias más graves. —Él me desató antes de arrastrarme hacia el baño.
Me miré en el espejo del tocador, las marcas de la corbata me habían cortado la circulación de las muñecas, las mordidas en mi cuello eran grotescas, los arañazos en mi vientre me horrorizaron. No recordaba la mayoría de sus caricias pero ocurrieron. Quise abrazarme, sin embargo, estaba sucio, lo dejé manosearme, fue culpa mía quedar a su merced. Puta, maricón, repugnante. Me aferré a la taza del baño antes de volcar hasta mis tripas en su interior, me concebía enfermo, aunque ya no quedaba llanto los ojos me ardían. La realidad me golpeó como un balde de agua fría, ya no podía desconectarme de lo que estaba sucediendo. Porque yo estaba cubierto de esas repugnantes marcas y él estaba esperándome del otro lado de la puerta, caí de rodillas, mi cuerpo ya no se sentía mío. El ácido me quemó la garganta, las arcadas me ahogaron. Me apoyé en el inodoro, ido.
—Eiji... —No podía ser tan patético, debía salvarlo. Me hice un ovillo contra el lavamanos—. Lo siento. —Mi teléfono retumbó, ni siquiera recordaba estarlo cargando, respondí por inercia—. ¿H-Hola?
—¡Mocoso malcriado! ¡¿Qué significa este desastre en mi cocina?! —Pero no logré procesar esa voz.
—¿P-Papá? —Presioné mis rodillas contra mi mentón—. ¿E-Eres tú? —Sin embargo, eso no podía ser verdad. Crecí con un sujeto que me vendió por una cajetilla de cigarrillos, si me estaba pagando estaba bien, era un hombre así que no era abuso sexual. Tonto, ¿no? Pero fue más fácil tragarse esas patrañas a aceptar que estaba a punto de ser violado.
—¿Ash? —Oh, pero no podía ser llamado transgresión si era consensuado. Me incliné con fuerza sobre el inodoro para volver a vomitar, sin embargo, un chorro de ácido fue lo único que escurrió, ya no me quedaba nada. Estaba vacío—. ¡Ash! ¡¿Dónde estás?! —Solo debía abrir las piernas y ya, no era la gran cosa. Mi novio no se tenía que enterar.
—En un hotel. —No pasaría nada, estaba bien—. Fui a una reunión por la universidad.
—Te escuchas terrible, ¿te sientes mal? —Quise reír, sin embargo, otro lastimero quejido fue lo único que pude soltar.
—Estoy bien, no te preocupes anciano. —Debía limpiarme la orina para lucir sensual, sino lo excitaba su título como Fly boy peligraría, no obstante, mis rodillas carecían de fuerza—. ¡Ah! —¿Cuándo me había herido? ¿Me lo hizo él o me corté camino al baño?
—¿Dónde estás ahora? —Me apreté el estómago con fuerza, haciendo un esfuerzo sobrehumano para levantarme. El maquillaje se había corrido, la palidez era cadavérica. Era una muñeca bonita para un coleccionista con plata.
—En el baño de la habitación. —Tenía miedo, por favor auxilio.
—No te muevas, iré por ti. —Me pareció miserable quedarme convertido en un ovillo con los pantalones repletos de orina y la camisa chorreante de vómito, sin embargo, estaba destrozado—. Voy a rastrear tu dirección, no te atrevas a salir del baño.
—No puedes venir. —Pero él me cortó y yo me quedé ahí, tirado. Ido—. Ya no vale la pena.
Amarlo me convirtió en una caña de pescar sin un anzuelo.
Yo sé que la escena ni siquiera fue tan larga pero escribir esta clase de cosas me desgasta mucho emocionalmente así que me demoré un infierno, tuve que tomarme un largo tiempo para plasmarla, fue lo peor que leerán acá, están a salvo. Aun así, es mi deber moral informarles que a la trama no le queda mucha vida, ya los siguientes capítulos son el clímax y de ahí solo nos queda la caída al final. Muchas gracias a quienes se tomaron el cariño para leer.
¡Cuídense!
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