Capítulo 15.
¡Hola mis bonitos lectores! Yo iba a ponerme a escribir el final de what's a soulmate? pero vi todos los rollos que debo aclarar y fue como mmm, este fic se ve más bonito así que acá estamos, perdón. El capítulo de hoy lo narra Eiji.
¡Espero que les guste!
—Sabía que te encontraría aquí. —Me encogí sobre la colchoneta, permitiendo que la congoja me devorase en esta tragedia que llamábamos vida—. ¿De verdad me vas a ignorar? —Él ni siquiera esperó una respuesta para acomodarse a mi lado. El polvo fue la niebla que oxidó mi corazón.
—¿Cómo me encontraste? —Él bufó, ofendido.
—Soy tu mejor amigo. —Sus palabras fueron un penoso eco bajo los alaridos de la realidad, mi atención pendió desde mis viejas zapatillas hacia las paredes de la bodega—. Tu novio se preocupó cuando no llegaste al ensayo de Fish Bone. —Apreté mi brazalete con fuerza. Mi lengua era un nudo y mi mente una maraña de caos.
—No tenía muchas ganas de ir. —Yut-Lung Lee rodó los ojos, mentirle a la fatalidad era venderse a la desgracia.
—¿No me vas a contar? —Lo miré, teniendo miles de cosas sobre las cuales explotar.
—Estoy bien. —Sin embargo era muy tarde, era un velero de papel en una tormenta—. Solo quería aire. —Las mentiras se servían con pértigas oxidadas esta noche, traté de respirar, no obstante, había un trapo atorado en mi voluntad.
—¡Por favor! ¡Ni siquiera tú te lo crees! —Aún estaba tratando de recoger mis pedazos cuando terminé de aplastarlos, polvo descolorido pendió por la habitación—. ¿Pasó algo con la competencia? —Aunque el azabache era intuitivo había una línea que no debía cruzar. Me abracé con fuerza, batallando para mantener junta mi dignidad.
—No es solo eso. —Las lágrimas que escurrieron hacia mi mentón fueron mi calada de desdicha.
—¿Entonces?
—Mi papá empeoró. —Solo lo dije—. No se ve bien. —Y sí, era tonto lamentarse cuando los glorificados por la beldad se enfrentaban a la crudeza, sin embargo, esto me dolía. Era exagerado, histérico y casi patético sufrir por una hospitalización, debía ser fuerte, yo era el hombre de la casa—. Tengo miedo, Yut.
Pero no podía.
—Eiji... —Me hice pequeño, ocultándome en el refugio que mis rodillas forjaron.
—Es una tontería lo sé, no me llevo bien con él. —Sin embargo, estaba cansado. Desde que tenía memoria esta enfermiza sátira se repetía—. Pero igual. —La amargura me quemó las mejillas para caer sobre esa polvorienta colchoneta como si hiciese la diferente. No la hacía.
—No es una tontería. —Él me acarició la espalda, tensó—. ¿Cuándo te enteraste?
—Mi mamá me llamó hace poco. —Ni siquiera fui capaz de salir de mi entrenamiento, porque si el público clamaba por una estrella sería un pecado no arrancarla, la agonía estaba hambrienta.
—Oh...
—Él está tirado en un hospital pero ella solo piensa en divorcio. —Reí—. Creo que tiene un nuevo novio.
Claro que la entendía, el romance no debía tener sabor a alcohol y pudrirse en colillas de cigarrillos, sin embargo, él estaba agonizando en esa inmunda habitación. ¿Qué no tenía corazón? Además, mencionarlo un día antes de mi debut fue cruel, porque aunque el pájaro de las alas quebradas no debía volar quería intentarlo. Y ahora era un mártir de la falsa libertad. Era turbio, era frenesí, era espeluznante, era demasiado. De ese dulce verano en Cape Cod caí de golpe contra la realidad. No me podía concentrar, no era capaz de comer o de encararlo. Me profesé vacío. Bastó un parpadeo para que esta historia se tornase sofocante. ¡Oh! La competencia. ¿Con qué cara los miraría si fracasaba? No podía. Esto, me mordí la boca, tirando de mi flequillo. Basta.
—Sé que mi papá no es una buena persona pero no quiero que muera solo. —Eran súplicas miserables de un chico perdido—. Se supone que estaba mejorando. —Recibir esos repugnantes diagnósticos eran tajos para la reminiscencia: el chirrido del electrocardiograma, la peste del antiséptico, su huesuda mano entre la mía, el aliento de la muerte en las cuentas.
—No deberías ponerte en el peor escenario. —¿Cómo no hacerlo? Estaba agotado de estas llamadas. Era agobiante paralizarse por el miedo, temblar cuando aparecía el número de mi mamá porque sabía que podía ser la última vez.
—Pero no es solo eso. —El llanto fue violento—. Creo que le causé problemas a Ash. —No tuve las bolas suficientes para preguntarle por esa mejilla morada—. Yo... —En el fondo lo sabía, solo le daría problemas pero fui demasiado egoísta para apartarme. Amarlo me había cegado, juraba incondicionalidad, sin embargo, permití que lo rompiesen.
—¿Por qué crees eso? No seas ridículo. —Las paredes de la bodega se encogieron, el karma me aplastaría.
—Sino me hubiese conocido él saldría con una chica. —Mis dedos se crisparon en su chaqueta deportiva—. Su papá estaría más feliz así. —Me aferré con desesperación a la prenda, ni siquiera la había lavado para conservar el aroma de mi novio—. Yo lo arruiné. —Era una muñeca de trapo danzando bajo la presión.
—Odio cuando te cierras así. —Él me golpeó en la frente, frustrado—. Apuesto que no le has dicho nada de esto.
—¡Claro que no! —Alcé el mentón para perder el aire—. No puedo, Yut. —La indiferencia en esas imponentes amatistas me terminó de despedazar. No quería hacer tormentas en vasos de agua, sin embargo, ya estaba ahogado. Porque estos problemas estúpidos se sentían tan reales que no veía la salida—. Lo amo. —Él se suavizó.
—Lo sé. —Él me rodeó, asqueado, jamás le gustó el diseño del equipo de béisbol—. Nosotros no escogimos la familia en la que nacemos. —La amargura le quebró la voz, él se restregó a mi lado, como si clamase por un consuelo—. Si ese gorila es violento no tienes nada que ver con eso. —Pero lo tenía, no fui lo suficientemente fuerte para sostener su confianza.
—No lo sé... —Ni siquiera me logré alzar en este espacio en blanco—. Es demasiado. —Me froté la frente, estaba afiebrado, iba a vomitar—. Mizuno es mi rival para mañana. —La perplejidad me resultó hilarante. Me estaba desbordando, no había coherencia en este frenesí.
—¿Ese mastodonte? —Ridículo, ¿verdad?
—Sí. —No éramos rivales hasta que nos encasillaron de esa manera—. Esto ya no es gracioso. —El sujeto era japonés, medía casi dos metros y tenía más músculos que todo el equipo de boxeo junto—. El entrenador Fox me sacará cuando pierda. —Él me golpeó el hombro con brutalidad.
—¡Yo no críe perdedores! —Las mejillas me ardieron.
—¡Tú no me criaste! ¡Yo soy el mayor! —Él refunfuñó en silencio antes de darse vueltas. Éramos dos adolescentes deprimidos sobre una vieja colchoneta en una bodega abandonada—. Siempre quedo en segundo lugar cuando se trata de él. —Locos eran quienes romantizaban la melancolía, no obstante, el show debía continuar.
—No son lo mismo.
—¿Qué?
—Ustedes dos. —Él jugueteó con su cabello, el anhelo lo congeló—. Tú saltas de una manera dulce. —Aún en la oscuridad pude vislumbrar un adorable carmesí expandirse por sus mejillas—. Eres realmente hermoso allá arriba. —La mandíbula me tembló, el suelo crujió cuando él subió sus piernas hacia la colchoneta, aún estaba usando el leotardo de su facultad.
—¿Me estás alabando?
—¡Claro que no! —Sus dedos se crisparon sobre sus rodillas—. Pero no me gusta que te subestimes de esa manera. —Me relajé, de repente pude llegar a la orilla—. He ido a cada una de tus competencias, hay que estar ciego para comparar a esa bestia con mi bella. —Quise reír.
—Lo tomaré como un cumplido. —Así que lo hice—. Gracias. —Me dejé caer sobre la colchoneta, enfocando mi atención en las vigas maltrechas del techo, mis palmas se deslizaron por mi vientre, la ansiedad me escurrió por la razón. Sí, eran problemas ínfimos que devoré en un atracón, sin embargo, en este cúmulo de crueldad me concebí desfallecido.
—La familia es un dolor de culo. —Contuve una carcajada, escuchar al infame Yut-Lung Lee maldecir definitivamente era influencia de cierto guitarrista—. A ellos nunca les gustó que hicieras salto de pértiga, probablemente te estén saboteando. —Él se recostó a mi lado, extendí mi palma para acomodarle el cabello. Su belleza era arrebatadora.
—Tienes razón. —Era afortunado.
—Obviamente la tengo. —Aunque la luna se empeñaba en ocultar su fulgor plateado la verdad era cegadora—. Tu novio me enferma pero se nota que te ama. —La indignación me resultó grosera, su aliento fue una calina desvanecida—. Parecía un gatito abandonado buscándote, fue patético. —La culpa se me ancló al estómago.
—No quiero que me vea así. —Me encogí en su chaqueta, permitiendo que esa masculina fragancia me llevase hacia Nunca Jamás—. Quiero cuidar de él, necesito ser fuerte. —Antes de que él pudiese contradecirme la puerta del contenedor se abrió.
—¿Estaban teniendo un momento sin mí? —Como si fuese un cachorro mimoso él se abalanzó hacia la pila de colchonetas, los pulmones se me llenaron de polvo de estrellas—. Son crueles.
—¡Estás todo sudado! ¡Esto es asqueroso! —Eso no evitó que se restregase con anhelo—. ¡Sing! ¡Ya basta! —Me apreté el estómago con fuerza para contener una carcajada, pronto yo estaba siendo víctima de esas empalagosas caricias, la peste no se iría en días—. ¿No deberías estar con Akira?
—Me prometiste ir a comer juntos, te estuve buscando. —Su berrinche lo incitó a rodar los ojos, el papel de inocencia no le sentaba—. Pero me reemplazaste por Eiji. —El rojo fue adorable—. Aunque no te puedo culpar, él se ve bastante sexy con ese uniforme, yo también me habría abandonado por el Fly boy. —Ahora era yo el avergonzado, el aserrín fue una galaxia de olvido en esa vieja bodega.
—Sing, se te cayó. —El nombrado miró alrededor, confundido, vendas aún pendían de sus nudillos.
—¿Qué?
—La heterosexualidad. —Esbozar un puchero no fue la defensa más intimidante—. Pero sí tengo hambre, vamos a comer para celebrar. —El boxeador no se hizo de suplicar al levantarnos de las colchonetas.
Girasoles para el ingenuo que trató de quebrar la realidad.
No pude dormir esa noche.
No tuve el coraje de contestar las llamadas de Ash.
No quise responder los mensajes de mi madre.
En un parpadeo ya estaba en medio de la competencia. La peste de la goma espuma me revolvió las entrañas, el uniforme fue una camiseta de fuerza, mis palmas se hundieron en mi pecho mientras trataba de concentrarme en mis rivales. Esto ocurrió demasiado rápido, negué, en un par de horas se acabaría. Traté de respirar, aturdido, mi celular volvió a vibrar, pero no respondería. Las gradas se encontraban atiborradas de mentiras, Fish Bone había venido a animarme con una pancarta. Extendí mi mano hacia el cielo, tratando de alcanzar una nube para darme cuenta de que yacía hundido. ¿Cuándo me volví tan débil ante la presión? Me abracé con fuerza. Hasta Ibe estaba acá para tomarme fotografías. ¿No sería humillante fracasar? La realidad se profesó lejana esta mañana, como si no fuese verdad. El entrenador me ofreció una pastilla para mantenerme despierto, me la tragué, no haber desayunado fue una idea estúpida. Respiré. ¡Podía hacerlo! Cada movimiento fue doloroso, mis huesos eran vidrio molido y mis músculos pétalos marchitos, el hambre era insaciable, el cansancio garrafal.
Desde que llegué de Cape Cod intenté llenar estas expectativas cuando era pequeño.
Tanto que me rompería.
Tanto que ya lo había hecho.
—Eiji. —La angustia fue una agonía despiadada—. Te ves mal. —Alcé el mentón, conteniendo el llanto. Tenía miedo de fracasar, sino volaba, sino era el Fly boy...¿Al menos tenía sentido?
—Ash. —Pero él me abrazó con fuerza en esa roñosa banca—. ¿Qué haces aquí? —Él estaba sosteniendo un ramo de girasoles, como si mi victoria fuese un inevitable en esta mugrienta ironía. Decepcionarlo sería garrafal, él me inspiraba para que surcase la libertad, ansiaba ser su musa aunque fuese egoísta. Dios, esto era un caos.
—Te dije que te apoyaría. —Hundí mi rostro en su vientre, me aferré desesperado a su espalda, sabiendo que era patético haberlo evitado para caerme en pedazos frente a él. Me prometí convertirme en su pilar, su mejilla seguía morada. ¡Debía ser fuerte! Si fuese más valiente no le asfixiaría ser un maricón.
Fue mi culpa.
—Deberías estar con los demás. —Contuve una arcada, ese calmante me había caído mal, el sudor me goteó hacia los hombros, hacía un calor insoportable—. Esta área se encuentra prohibida para el público. —Él me acarició el cabello, cerré los ojos, suplicando por piedad. Una pulsera escarlata pendía en su muñeca.
—Pero yo no soy un espectador cualquiera. —Él se sentó a mi lado para silenciar las tormentas—. Soy el novio del Fly boy. —Su mano se acomodó en mi muslo, sonreí ante semejante descaro. Era impresionante la facilidad con la que me salvaba.
—Yo... —No tuve oportunidad ante esos despampanantes jades, perdí la cordura por él—. Lamento haber ignorado tus llamadas. —Él negó con una ternura que no merecía. No era justo amarlo tanto. Quería ser mejor pero estaba cansado. Si fuese más fuerte podría defenderlo, así confiaría en mí.
—Has estado ocupado con las prácticas. —No era solo eso—. Lo entiendo. —Él me sostuvo con suavidad, las rodillas me tambalearon, el celular vibró a mi costado, lo miré, era mi mamá. El corazón se me nubló. ¿Qué pasaba si había empeorado? No respiré. ¿Qué clase de hijo sería si lo ignoraba? ¿Qué hacía si se moría mientras competía? No, Yut-Lung Lee tenía razón, era una mera manipulación. Que asqueroso fue mi egoísmo.
—Gracias por venir. —Su mano fue mi ancla de realidad—. No me siento muy bien. —Presioné los párpados para regularme, sin embargo, estaba afiebrado.
—Ten. —Él acercó una botella—. Tómalo con calma. —No obstante, la presión me sobrepasó. ¡Podía hacerlo! Me atoré con el agua cuando el turno de Mizuno llegó. Él era tan imponente mientras que yo...
Pero amaba volar.
Más que a mi propia vida.
—¿Estás bien? —Negué, no entendía la razón de mi inseguridad—. No pareces estar concentrado. —Esto era sencillo, presioné mis preocupaciones mientras seguían hirviendo en mi cabeza. Explotaría.
—¡Que no te intimide Fly boy, lo harás pedazos! —Las porras de mi equipo no ayudaron—. ¡Eres nuestra estrella! —Cierto, ellos contaban conmigo para tener representación en la competencia nacional, batallé tan duro para conseguir la aceptación de mis compañeros, mis dedos se hundieron en la botella, no me pasó aire por los pulmones, los ligamentos se me cortarían.
—¿Eiji? —Temblé, el celular volvió a vibrar.
—¿Son para mí? —Los girasoles fueron mi excusa desesperada para escamotear, él me los entregó, apenado.
—Lo son. —Su sonrisa fue tan linda que quise llorar—. Sé que ganarás. —Esa confianza fue un balde de agua fría, tomé el ramo, angustiado. Era el Fly boy, podía hacerlo, contuve un alarido, sabiendo que me iba a desmayar. Era mucho más fácil fracasar cuando nadie creía en mí, no quería que contemplase mis grietas.
—Espero un beso de premio cuando eso ocurra. —Sus caricias fueron una agonía silenciosa. Mizuno rompió su propia puntuación en ese salto, la verdad fue una muerte sanguinaria, mis pies fueron concreto sobre la cancha deportiva, la banca crujió. Me estaba ahogando, hace mucho no me pasaba. ¿Cómo saldría hacia la orilla?
—¿Quieres uno de buena suerte? —Él era adorable, suspiré, él seguía creyendo en mí aunque me hubiese rendido.
—Sí lo quiero. —No lo defraudaría, él presionó sus labios encima de mi nariz, el estruendo del mundo dejó de importar bajo la electricidad de ese roce. Fue reconfortante, suave y dulce. Respiré—. Eres tacaño. —Él sonrió, qué imagen más sublime, su belleza era angelical, fue una calada de voluntad.
—¿Te sientes solo, onii-chan? —Asentí, dejando de lado el celular—. ¿Quieres que te mime? —Enredé mis palmas en esa infinidad dorada, sucumbí ante la tentación del marfil, me dejé intoxicar en esta violenta tempestad. No ansiaba títulos de gloria para aplacar la realidad.
—Si ya sabes la respuesta deberías hacerte cargo. —Lo único que necesitaba para volar era esa clase de mirada.
—¿Me estás tratando de seducir? —Me incliné hacia él, divertido.
—Sí. —Él me contempló como si fuese un ganador aunque ni siquiera había competido, me encandilé por tan meliflua incondicionalidad, la tormenta cesó bajo la estridencia de mi corazón. Fue impresionante la naturalidad con la que mi alma encontró sentido tras fundirse con la de él—. Por favor evita que Ibe tomé muchas fotografías, es vergonzoso. —Él negó.
—Ya le pedí la colección completa. —Inflé los mofletes, indignado.
—¡Ash! —Él coloreó una galaxia de besitos sobre mi frente—. Eres malo. —Y en ese momento lo entendí, me había presionado porque esta era mi oportunidad para impresionarlo. Estaba llevándome al límite porque lo trataba de alcanzar. Él era una estrella, vislumbrar semejante fulgor ya no era suficiente. Él estaba subiendo alto, demasiado alto, que no me dejase atrás.
—¿Te sientes mejor? —Para el lince de Nueva York mis páginas eran transparentes—. Parecías abrumado. —El presentador anunció mi turno, me levanté, sin querer soltar su mano.
—Lo estoy. —Tomé una gigantesca bocanada de coraje, memorizándolo—. Gracias por venir. —¡Al diablo si perdía! Mientras él me sonriese de esa manera no necesitaba deslumbrar a los demás.
—¡Vuelas alto! —Amaba saltar la pértiga—. ¡Más alto que nadie! —Eso era lo único importante.
Mi turno llegó.
Me acomodé frente a la pista, el tiempo se paralizó. Los flashes de las cámaras, los gritos del entrenador, las llamadas atiborradas en mi celular, cerré los ojos, acariciando la punta de mis zapatillas antes de tomar la garrocha. Sonreí ante tan gélida sensación, el corazón me retumbó en los tímpanos, el sudor me escurrió hacia la frente, aunque ya había participado en los demás tramos de la competencia, ni siquiera los recordaba, este era el evento principal. Sobrevivir o sucumbir. Volar o quebrarse. Él contemplándome desde esa roñosa banca fue lo único que me importó. Los ojos más bonitos del mundo, el mundo más bonito dentro de ellos. Contuve la respiración. Yo quería que Ash Lynx pensase que era genial porque él me había inspirado. ¿No fue tonto hundirse por eso? Daba igual. Si iba a perder ante Mizuno Kazuhiko lo haría con una pasión inquebrantable. La caída solo valdría si perecía en ella.
—¡Puedes hacerlo, Eiji! —Él creía en mí—. ¡Muestrales un vuelo de verdad!
Por eso no podía rendirme.
Mis zapatillas retumbaron contra la cancha, mi voluntad se agolpó en mi mandíbula, corrí, mis músculos me tironearon como si fuese una muñeca de papel, la garganta se me cerró, la sangre me hirvió. Clavé la pértiga en el soporte, el impacto fue violento. Me elevé por el cielo apenas solté la garrocha, mi pecho se comprimió con una dolorosa familiaridad, los colores se deslizaron entre mis dedos mientras la agonía se detenía, la electricidad me envolvió cuando traspasé la barra. Reí, el rostro de mi novio era un poema, él se había alzado, los girasoles estaban en el piso, la mandíbula se le cayó, el fulgor en esos jades fue sublime, hasta las orejas me enrojecieron ante tan adorable expresión. Él me vislumbró como si fuese lo más maravilloso del universo.
—¡Ese es mi novio! —Y yo se lo creí.
Aterricé de golpe en la colchoneta, mi palma se deslizó por mi frente, la tenía empapada y caliente, perdí el aliento tras mirar la pantalla, empaté con Mizuno por el primer lugar. El mundo volvió a cobrar sentido cuando mi novio me abrazó. Cierto, me gustaba saltar la pértiga porque era divertido. Él me alzó entre sus brazos para darme vueltas, orgulloso. Los chiflidos de Fish Bone bajo ese llamativo cartel fueron vergonzosos, Ibe estaba llorando contra el hombro de Max, la altanera sonrisa de Yut-Lung Lee me incitó a rodar los ojos. Lo olvidé, estas personas me amarían aunque perdiese, esa era la paradoja de la incondicionalidad. Él me llenó la cara de besitos sin importarle estar en plena cancha. Fue lindo semejante descaro.
—¡Eiji! —Bones se unió al abrazo en medio del caos—. ¡Eso fue impresionante! ¡Realmente volaste! ¡Quiero verlo otra vez!
—Bien hecho camaroncito. —Kong me golpeó la espalda como felicitación, el cartel era mucho más humillante de cerca—. Le dibujamos un Nori Nori para ti. —Mi novio me bajó, estábamos armando un espectáculo en plena explanada, sin embargo, la competencia había acabado.
—¡Fue idea de Ash! —El nombrado se hundió en su chaqueta frente a las palabras de Shorter—. Es un romántico cuando se lo propone, tienes suerte de que haya sido solo la pancarta, él estaba pensando en hacer uniformes de animadoras.
—¡No es verdad!
—¡Sí lo es! —Bones le sacó la lengua antes de colgarse de mi hombro, la tensión se esfumó—. Incluso te preparó una fiesta sorpresa. —Él ahogó un jadeo ante el veneno, contuve una risita—. Digo... —Mi novio frunció el ceño, colérico—. ¿Sorpresa?
—¿Tan seguro estaban de que iba a ganar? —Ash me quitó el peso del mundo con una sonrisa.
—Solo quería verte saltar. —Sus palabras fueron bajitas y penosas—. No me importaba el lugar en el que acabaras. —Fueron todo lo que necesité, apreté su mano, a salvo.
—Y ahora tenemos su cara de menso en video. —El moreno nos mostró su celular, mi pareja apareció en primer plano mientras yo saltaba—. ¡Mira! ¡Puedo ver el arcoíris detrás! —Las risas no se hicieron de esperar.
Sí, esto era la felicidad.
Girasoles para el ingenuo que vanaglorió al amanecer en una historia de tinieblas.
Los chicos cayeron rendidos apenas llegamos al apartamento, sin embargo, eso no aplacó la magia. Brillantes decoraciones se encontraban extendidas desde el ventanal hacia el comedor, torres de botanas se hallaban acomodadas en la mesa, Fish Bone se hizo un ovillo en el suelo mientras Yut-Lung Lee usaba el pecho de Shorter como almohada. Mi novio no tuvo vergüenza al arrastrarme hacia su habitación, contuve el aliento cuando vislumbre las fotografías que pendían en su pared, él trato de colorear estrellas con nuestras memorias, lindo. Acepté que él me prestase una de sus camisas para usarla como pijama, su perfume fue un deleite pecaminoso, nos cubrimos con la sábana aunque no teníamos sueño, mi cuerpo aún se encontraba procesando el cansancio acumulado, mi celular se había perdido en un barco de melancolía mientras él trazaba círculos en mi espalda. La oscuridad fue una bruma de terciopelo, su respiración se acribilló en mi nariz, saboreé nuestra cercanía, él parecía nervioso, no, ese era yo.
—¿No puedes dormir? —Enrojecí el recordar que él solo estaba usando ropa interior, esto era un problema. ¿Por qué mi novio era tan sensual? Hice un esfuerzo sobrehumano para no mirarlo, sin embargo, él me atrajo a su pecho con una ternura abrumadora.
—Eiji... —La estática fue un rayo ante tan adorable mohín—. ¿Te pasó algo antes de la competencia? —Su cabello fue un desastre contra la almohada, me relajé, sabiendo que no podía esconderle nada a tan perspicaz ingenio.
—Sí. —Él era esta clase de persona—. Mi papá empeoró. —Fue inevitable caer embelesado por tan indomable voluntad. Mis palmas se crisparon contra su espalda, tragué duro, el aire estaba caliente—. Me siento inútil, permití que esto me sobrepasara, odio eso de mí. —Me dejé envolver por tan chispeante pasión.
—Amo eso de ti. —Él me encontró en esa cama deshecha—. Preocuparte por los demás no te hace débil. —Nuestras piernas se enredaron debajo de las sábanas, esos ojos verdes centellearon con una claridad surreal bajo tan densa oscuridad—. Eres la persona más maravillosa que he conocido, Eiji Okumura. —Su corazón arremetió dentro de mi pecho, estaba ansioso.
—¿Cómo supiste que estaba actuando raro? —Él bufó, indignado.
—Eres terrible guardando tus emociones. —El calor se me agolpó en las mejillas—. Supongo que plaza sésamo no te enseñó a mentir, onii-chan. —El colchón se hundió en un forcejeó.
—¡Ash! —Él decoloró la pena, mi cara quedó sobre la suya, un intenso palpitar inundó la habitación—. ¡No es gracioso! —Suspiré, dejándome seducir por tan galante sonrisa, tanta belleza era peligrosa—. Prepararé natto de desayuno como castigo. —Su puchero me llenó de satisfacción, acaricié su mentón, memorizando lo efímero en una promesa.
—Ojala a nuestro hijo no le guste el natto para que no lo puedas cocinar. —La vergüenza fue desmesurada—. Pero hablo en serio, estaba preocupado. —Los ojos de Ash Lynx eran tan intensos como el cielo pero tan nítidos como el mar. A través de ellos pude vislumbrar la clase de persona que anhelaba ser. Alto, más alto que nadie.
—Lo siento. —Él presionó un beso contra mi frente.
—No lo dije como un regaño. —Me detuve en el moretón de su mejilla. Confiaba en él, necesitaba preguntárselo.
—¿Te traje problemas en Cape Cod? —La angustia fue el verdugo de la veracidad—. Lo sabía.
—No fue tu culpa. —Antes de que pudiese perecer él me acunó—. Mi papá es así, solo estaba buscando una excusa para pegarme. —El fulgor plateado le confirió un aura etérea, su flequillo se enredó en la almohada, su nariz estaba roja, ese moretón fue una grieta desfallecida.
—Ash. —Mirarlo me rompió el corazón—. De verdad lo siento. —Esta vez él me mordió —. ¡Oye! ¡Eso duele! —Me cubrí la boca, atontado. Ibe me mataría cuando viese semejante herida.
—Deja de encerrarte en tu cabeza y escúchame. —Me derretí bajo esos toques de seda, tracé un camino desde su espalda hacia sus hombros, era extraño tocarlo con tanta confianza, sin embargo, sentía que nuestros cuerpos encajaban a la perfección—. Griffin lo aceptó, eso es lo único que me preocupaba.
—Oh... —Cierto, se supone que era un secreto—. ¡Qué sorpresa más grande!
—¡Lo sabías! —Él me pellizco la mejilla, enfurruñado—. ¿Desde cuándo?
—Desde que Max nos invitó a comer. —Él enrojeció con violencia—. Incluso me dio una charla de hermano mayor protector. —Él trató de aplacar la humillación al gritar contra la almohada, suspiré. ¿Por qué tenía que ser tan lindo? Estaba embriagado por este amor. Me incliné sobre él para acariciar esa matita dorada, su respiración me erizó el cuello.
—¿Por qué no me dijiste antes? —Alcé una ceja, divertido.
—¿Por qué no me dijiste que querías hijos? —El carmín se intensificó—. No tengo nada en contra, pero al menos avísame. —Él me golpeó con la almohada.
—¡Eiji! —Apreté mi vientre con fuerza, tratando de contener una carcajada—. ¡No me molestes! —La vida era tan fácil a su lado. Buscábamos excusas para comprar tiempo, anhelábamos la libertad en un romance desteñido.
—Te amo tanto. —Vendíamos mentiras para desafiar al destino. Sería profano negar la ferviente conexión entre nuestras almas—. Me gustaría que nuestro hijo se pareciese a ti, así sería guapo. —Y sí, esto era sumamente estúpido, estábamos coloreando infinidad donde pendía polvo.
—Me gustaría que fuese como tú. —Hacíamos planes como si fuesen promesas—. Eso me haría feliz. —Dibujábamos botes de sábanas en medio de la tormenta, la electricidad en el ambiente me mareó, él era abrumador. Amarlo era un deleite en el que clamaba por perecer.
—Ash... —¿Tenía sentido?
—¿Sí?
—Gracias por venir a la competencia. —Que su presencia me hiciese profesarme tan completo era desastroso—. Sino hubieses aparecido no habría podido saltar, estaba demasiado angustiado por todo. —Él me sostuvo con una impresionante suavidad. Aunque estábamos casi desnudos contra el otro no existió nada más que ternura incondicional.
—Siempre te encontraré. —La sábana se deslizó hacia el piso, su fragancia caló por las grietas de mi alma para que me empapase de él—. Me enamoraré de ti en cada una de nuestras vidas, es una promesa. —Esa confesión fue tan cursi que pude haber reído, sin embargo, quise llorar. Ni siquiera yo entendí la razón.
—Aslan. —Tal vez ser querido con semejante intensidad me parecía irreal—. ¿Entonces me irás a apoyar a la competencia nacional? —Quizás él era demasiado bueno para mí y por eso lo trataba de impresionar.
—Haré que todo Fish Bone se vista como animadora. —Contuve el horror frente a la imagen mental.
—El único que se vería lindo sería Yut. —Él infló los mofletes, celoso—. ¡Oh, vamos! ¡Sabes que es verdad! —Pero el terco se negó a mirarme.
—Me has roto el corazón con esto.
—¿Qué tal si te compenso con una cita? —Él lució tan emocionado cuando le pregunté aquello, su respiración se congeló—. ¿No vas a aceptar mis intentos de coqueteo? —Las orejas me quemaron frente a la ferocidad en sus pupilas, él se inclinó arriba mío, no pude retroceder al chocar con el cabezal. Algo en mis palabras lo provocó.
—Claro que los aceptaré. —Él no tuvo piedad al atraerme hacia su pecho—. Aún no hemos tenido la oportunidad de estar en el cine a solas. —Mis piernas temblaron, él se dejó caer encima de mi vientre, la boca se me secó, el alma me trepidó. Era ridículo profesarme nervioso frente a mi novio, no obstante, lo estaba.
—Es verdad. —Enredé mis palmas en sus cabellos—. ¿Sabes? La otra semana cumplimos medio año juntos. —Él no me permitió bajar el mentón ante tan torpe confesión, la tensión me quemó, el roce fue mortífero.
—¿Llevas la cuenta? —Asentí, tímido—. Yo también. —Esto era diferente a mi primera relación. Subir tan alto era aterrador, la caída era inminente, ya lo sabía.
—¿Lo quieres celebrar? —Sin embargo, al pájaro de las alas heridas ansiaba seguir volando—. Nunca antes lo he hecho. —Maticé estrellas en su piel—. Pero sería lindo. —Mientras más cerca estábamos más fuerte lo quería sostener, no tenía sentido, sin embargo, la realidad carecía de coherencia cuando había perdido el corazón por él.
—Me encantaría. —Ash Lynx era mi salto inquebrantable de libertad, él era la melodía que mantenía a la inspiración fulgurando y la musa por quien suspiraba—. Voy a alquilar un auto para llevarte a un lugar bonito.
—¿De qué estás hablando? No tienes edad suficiente para conducir. —Una sonrisa astuta se grabó en la galantería.
—Pero tengo una licencia falsa. —La mandíbula me tiritó, antes de que pudiese quejarme él se restregó contra mi pecho como si fuese un gato mimoso, suspiré, sabiendo que contradecirlo era inútil—. Estás haciendo pucheros, eres tan infantil.
—¡Tú eres más joven! —Él negó.
—Tengo una licencia de conducir, ¿quieres verla?
—¡Ash! —Oh, pero ya estaba entre sus brazos. El ambiente cambió, mis yemas se crisparon alrededor de su cuello, tragar fue imposible bajo tan hipnótica mirada—. Ahora que lo pienso, me prometiste más besos si ganaba. —Me levanté, él me sostuvo por la cintura, la sábana cayó.
—Es verdad. —Cerré los párpados—. Felicidades por el primer lugar, onii-chan. —Antes de perecer.
Girasoles para el inocente que vendió su libertad creyendo que el tiempo se podía congelar.
El rival de Eiji de verdad es su competencia en el extra de Fly boy, amo demasiado ese bendito extra, creo que se nota, ya saben, cuando respondo comentarios es porque en la tarde hay capítulo, pero esta vez me pase haciendo spam con este fic, ahora si no molestare tanto. Muchas gracias por haber leído.
¡Cuídense!
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