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Capítulo 12.

¡Hola mis bonitos lectores! Oh my, logré terminar el capítulo a duras penas porque ciertas situaciones en el fandom me están resultando muy estresantes, por favor mantengamos un ambiente de respeto siempre. Soy una persona más susceptible de lo que  debería a estás cosas, yo dejé historias que amaba inconclusas en mi perfil, porque acabé enferma de estrés por la toxicidad que me llegó en el fandom, literalmente. Pero amo mucho a la gente bonita de acá y a banana fish, así que suplico respeto ante todo y si les gusta una obra háganselo saber al autor, nunca se sabe qué tan feliz lo hará. Fuera de eso, muchas gracias por haberse tomado el cariño para leer.

¡Espero que les guste!

En un cielo de marfil fueron sus risas las que plantaron una infinidad de pétalos dorados.

—¡Ash! ¡No seas infantil! —Pero él no se detuvo—. ¡Bájame! —Sin importar lo fuerte que patalease aquella carrera fue inevitable.

—¡Abran paso! —Lo último que supe fue que me habían arrojado a la piscina, aquella refrescante sensación caló hacia la última fibra de mi voluntad, el aroma a cloro me cosquilleó en la nariz, aún sumergido alcé el mentón, el agua poseía una impresionante claridad. Ese verde tormentoso contra las burbujas fue una oda para la beldad.

—¡Ash! ¿Por qué hiciste eso? —El nombrado me había sacado hacia la superficie con un abrazo en la cintura, la realidad me estalló en los tímpanos, sus cabellos eran un desastre dorado, una mueca divertida me robó la respiración.

—No te ibas a meter sino te ayudaba, onii-chan. —Rodé los ojos.

—¡Claro que no! Es más de media noche. —Enfoqué mi atención en el gimnasio, era curioso, de alguna manera los colores se profesaban más vibrantes bajo las luces artificiales, el contraste resultaba casi transparente.

—¡Muévanse! —No tuvimos oportunidad de reaccionar antes de que Shorter se aventase con violencia hacia agua, el salado sabor a limpiador me llenó las fosas nasales, tosí.

—¡Acababa de peinarme! —La elegante coleta de Yut-Lung Lee se vio reducida a una triste maraña azabache, el tecladista se le acercó con un flotador de cocodrilo—. ¿Qué? —La atención de Bones fue robada por esa belleza fatídica, sus pataleos cesaron.

—Realmente eres un niño. —Las mejillas le enrojecieron—. Pensé que encontraría pechos pero eres plano, que decepción. —La saña castañeó con ferocidad entre sus dientes—. ¿Puedo tocarte para comprobar? Tus pezones son rosaditos.

—¡No le mires los pezones a mi novio! —Shorter abrazó a Yut-Lung Lee con recelo—. Hombre, ten un poco de decencia.

—No soy tu novio. —El romance pereció.

—¿Entonces, puedo tocarlos? —Contuve una carcajada ante tan bizarra situación, mi mejor amigo parecía a punto de cometer un crimen de odio.

—¡Bola de cañón! —El desastre fue inminente.

Una exuberante cantidad de agua llegó con una despiadada velocidad para empujarnos hacia la orilla luego de la acrobacia de Kong. Tomé aire con fuerza antes de apretar los párpados y sentir como mi espalda chocaba contra el concreto, los brazos de mi novio forjaron un refugio alrededor de mi cintura. Tragué, constipado, las mejillas me quemaron con un calor insoportable cuando lo contemplé. Las gotas se habían adherido a sus pestañas con una delicadeza sublime, la leve capa de humedad solo le confirió un esplendor de porcelana a tan imponente silueta, aquel traje de baño escarlata se ajustaba con demasiada naturalidad a los huesos de sus caderas, mis manos se crisparon hacia mi pecho. ¿Cómo diablos tenía tan buenos abdominales si era más joven? Él era hermoso. El rocío delineó desde su clavícula hasta su vientre, el brillo perfiló sus oblicuos para perderse por el elástico de la prenda.

Oh, Dios.

—¿Eh? —Un altanero mohín ofuscó la galantería—. Parece que te quedaste embobado con mi belleza. —Cerré la mandíbula.

—No es verdad. —Pero él ya me había hipnotizado. Adoraba la divergencia que esos ojos desprendían, eran imponentes cual depredador pero tan dulces que se derretían como azúcar en mi cordura.

—Pero yo sí estoy atontado contigo. —Él se inclinó hacia mi oreja—. Te ves muy sensual con ese traje de baño de Nori Nori. —Sus dientes tiraron de mi pendiente, el calor fue insoportable.

—No me molestes. —Él me arrimó, olvidé cómo respirar al tenerlo encima.

—No lo hago. —La ansiedad congeló el tiempo—. ¿Necesito coquetearte con aún más descaro para que entiendas el mensaje? —Sus piernas separaron mis rodillas, sus toques fueron mortíferos en mi cintura, contuve un jadeo, él estaba demasiado cerca en esa inmensa piscina—. Onii-chan.

—Ash... —El rostro me calcinó bajo tan socarrona mueca, tragué con dificultad, tratando de recobrar la compostura—. ¿Te sientes nervioso por la presentación de hoy? —Esta era una terrible idea, mis pensamientos se nublaron bajo aquella tortuosa electricidad. Él sonrió, los latidos se me agolparon en la garganta.

—No lo estoy. —Sus dedos delinearon mi espalda con una despiadada lentitud, él descendió hacia mi cadera—. Porque tú estarás en el público para animarme. —Alcé el mentón, su aliento erizó mi cuello, tenerlo casi desnudo era un problema. Que por favor me tocase más.

—C-Claro. —Mis orejas humearon, aún bajo la agradable sensación del agua me derretí entre sus brazos—. Estaré en primera fila, listo para apoyarte. —Mis yemas acariciaron su pendiente, sonreí, a pesar de compartir la misma promesa a él se le veía mucho mejor. Lo amaba tanto.

—Eiji. —Él deslizó mi nombre por su lengua con una sensualidad implacable, esos ronroneos eran pecaminosos—. Me estás tentando con esa expresión. —Mis dedos se crisparon en sus hombros, sus palmas apretaron mi trasero, sus labios perfilaron mi clavícula.

—¿Qué expresión se supone que es esa? —Estaba a su merced, eso me encantaba.

—Una que pide a gritos por un beso. —Olvidé lo efímero en esa perpetuidad esmeralda.

—Entonces... —Una risita nerviosa pendió en el vapor—. Compláceme, Aslan. —La coquetería en su sonrisa fue injusta.

Sus labios se derritieron entre los míos con una impresionante dulzura, la pasión en ese beso me abrumó, enredé mis dedos en una infinidad dorada mientras dejaba que él me devorase en la ligereza del agua, él presionó sus piernas con una impaciencia violenta, sus manos ascendieron hacia mi cuello para finalmente enmarcar mi rostro, él me tocó descaradamente, una sinfonía de mariposas nos envolvió, solo flotamos. Era un adicto a este sabor. Tirité cuando él me mordió para pedir mayor intimidad, me estremecí en la profundidad de las caricias. Ni siquiera sentí el tenue sabor a sal en su lengua, él me apoyó contra la pared hasta que nuestros cuerpos se fundieron, encajábamos a la perfección.

—E-Eiji...

Su respiración resonó entrecortada, sus labios ya se encontraban hinchados gracias a nuestra sesión de besos previa, una adorable sonrisa centelleó contra el reflejo del agua, la intensidad con la que fulguraron esos jades me arrebató el aliento. No cabía duda de que el lince de Nueva York era el hombre más hermoso que existía sobre la faz de la tierra.

—Me gustas tanto. —Con una repentina timidez él dejó que su mentón reposase encima de mi hombro, fue embriagador, el agua arremetiendo contra mi pecho me volvió demasiado consciente de esos roces—. Siento que voy a enloquecer de lo mucho que te amo. —Me aferré con fuerza a su espalda, él era cálido.

—Ash. —La diferencia entre nuestras contexturas se tornó obvia en sus brazos—. Te amo también. —Pero esas palabras eran insuficientes para expresar tan desmesurado amor.

—¡No se pongan empalagosos ahora! —La mueca de Yut-Lung Lee fue pura indignación—. No quiero presenciar una escena de pornografía acá.

—¡Yut! —Pero mi novio solo se restregó de manera mimosa contra mi pecho, sus cabellos cosquillearon debajo de mi nariz, su aroma encendió chispas en mis pulmones. ¿Por qué tenía que oler tan bien?—. ¿Esto les parece una buena idea? —La banda intercambió una mueca perpleja—. Colarnos a la piscina antes del concurso.

—Claro que sí. —Shorter estaba flotando de espaldas, aquel llamativo mohicano seguía intacto gracias al fijador—. Teníamos que matar tiempo de todas maneras. ¿Qué mejor forma que irrumpir en la universidad? —Pero si nos atrapaban estábamos muerto. Suspiré, esto era una estupidez, sin embargo, fue imposible decirle que no a esa expresión de gatito herido.

—Sigue siendo un plan estúpido. —La voz de Ash se agolpó en mi cuello, la electricidad hirvió en mi sangre—. Vamos a estar cansados para la presentación.

—¿Entonces por qué aceptaste? —El rostro se le tiñó de un estridente escarlata.

—¡Solo querías ver a Eiji con traje de baño! —Ahora era yo el avergonzado—. ¡Marrano! ¡Te acusaré con Ibe!

—¡No es verdad! —Pero Bones le sacó la lengua antes de huir en su flotador de cocodrilo, él me acunó con recelo—. Me escabullí para que el anciano no se enterase de esto, sino me iba a delatar con Griffin. —Aunque la noche estaba helada, me hallaba sumergido en fuego—. Es un viejo chismoso.

—Pero él te hubiese venido a apoyar, le encantaría escucharte cantar. —El agua nos arrulló, mecerlo fue un delirio mortífero.

—¡Exacto! No quiero que mi club de fanáticos parezca sacado de un asilo. —Reí, él era un niño.

—¿Te sientes avergonzado? —La piel se me erizó ante tan adorable timidez—. Eso es lindo.

—Tú eres lindo.

—Tú lo eres más. —Las mariposas aletearon en mi estómago sin piedad.

—Gracias por apoyarme en esto, es importante para mí. —Sonreí, parándome en la punta de mis pies para alcanzarlo—. Quería que vinieras. —El suelo estaba resbaloso, aquellas luces artificiales convirtieron en estrellas las gotas en su piel, él era una galaxia excelsa, le acomodé un mechón detrás de la oreja.

—Porque es importante para ti también lo es para mí. —La conmoción fue preciosa.

—Soy tan afortunado. —Me encogí, sabiendo que yo lo era.

Estuvimos horas nadando en la piscina, Bones se encargó de darnos un paseo a todos arriba de su flotador, Kong interrumpió la calma para alardear la maestría en sus trucos, Yut-Lung Lee trató de tomar el sol durante la noche mientras el guitarrista ponía en práctica sus tácticas de seducción. Fue extraño, aunque sabía que tendría dos horas para dormir antes de mi entrenamiento chispas colorearon la remembranza y pirotecnia ahogó mi corazón, poder apoyar a Ash me hacía feliz. Sí, era tonto porque aquel desmesurado talento no precisaba de un pilar de cristal, pero aún así, en mi propio egoísmo escogí creer que lo significaba. Estaba agradecido y orgulloso de poder compartir con tan brillante y milagrosa fuerza vital.

Amarlo era aterrador.

Ambos acabamos tendidos a las afueras del gimnasio mientras los demás continuaban con la fiesta. La facultad era magnánima, frondosos e imponentes árboles se bambolearon bajo una infinidad de estrellas, aunque nos habíamos secado la humedad se hallaba impregnada entre el pasto y nuestros trajes de baño. La estridencia de mis latidos pereció bajo el cántico de las luciérnagas, este era nuestro retazo de irrealidad. Lo miré, completamente embelesado, su cabello era un cascada dorada encima de pétalos de rosas, hojas secas se le habían pegado a la piel, su nariz había enrojecido por el frío, aun así, él era la imagen más majestuosa que jamás hubiese contemplado. Él solo llegó a mi vida cuando tenía las alas quebradas para impulsarme a volar, no quería, no necesitaba de esto, sin embargo, ya no era capaz de seguir sin él. Estaba tan enamorado, anhelaba hacerme más fuerte para convertirme en un soporte inquebrantable.

—Eiji... —La bruma suspendió hacia la luna, el fulgor se enredó en su flequillo. Él se volteó, con lentitud—. ¿Te gustaría visitar Cape Cod? —La perplejidad congeló la realidad.

—¿Tu pueblo? —Sabía que su padre era una cicatriz abierta, no pretendía hacerle daño indagando más, sin embargo, era triste quedarse afuera.

—Sí. —Sus dedos se hundieron en la maleza—. Pronto será mi cumpleaños, Griffin quiere que vaya de visita. —Imité su posición para quedar de frente, el bamboleo de las flores cosquilleó contra mis mejillas, el aroma a primavera me embriagó.

—¿Quieres que esté ahí? —Él asintió, apenado.

—Es tonto, lo sé. —Nuestras manos se buscaron bajo la complicidad de la noche—. Además mi papá es insoportable, estoy asustado de que él reaccione mal a nuestra relación. —La nitidez se empañó por la congoja—. Mejor no, es una terrible idea. —Él se ahogó, si pudiese recuperarlo todo juro que lo sacaría de la marea.

—Ash. —Mis yemas memorizaron su rostro—. No me tienes que presentar como tu novio, está bien si para ellos solo soy un amigo. —Aunque aborrecía ser un secreto, no lo presionaría—. Pero quiero estar ahí para ti. —Claro que era doloroso meterse en un armario, mi alma se encontraba plagada de heridas incoloras, el despecho fue la tempestad que hundió mis sueños.

—¿Seguro?

—Sí, es una celebración especial. —Pero lo amaba—. Incluso puedo preparar natto para impresionar a mi suegro. —Y la ternura de esa sonrisa valía desteñirse por la pena.

—¿Quieres impresionarlo o cometer un homicidio involuntario? —Inflé las mejillas.

—Eres malo. —Su risa fue primavera en mi nariz, tirité cuando sus manos se posaron contra mi espalda, era abrumador profesarse tan cómodo en esta sinestesia de almas—. ¿Qué quieres de regalo? Puedes pedirme lo que sea, tengo dinero ahorrado.

—Poder verte. —El sonrojo fue imposible de disimular—. Quiero verte cada día por el resto de mi vida, ese sería el mejor regalo.

—Eso es cursi. —Me traté de ocultar, sin embargo, sus palmas ya se habían deslizado por mi mentón.

—Lo es. —Mientras más me tocaba más nervioso me profesaba—. Odio mi cumpleaños, desde que Griffin comenzó a trabajar me tuve que resignar a pasarlos solo, el viejo ni siquiera me saludaba. —Su voz trepidó—. Era doloroso, así que poder verte me hace feliz.

—Pues este año me aseguraré de hacerlo especial. —La galantería dio paso a una expresión mucho más adorable—. Te compraré el peluche de Nori Nori más grande que encuentre y te hornearé pastel de calabaza. —De mejillas sonrosadas, ojos grandes y cejas arqueadas.

—¡Eiji! —Su puchero me hizo reír—. ¿Quieres torturarme? —Apreté mi estómago con fuerza, la fricción contra el pasto me hizo cosquillas, la carcajada fue violenta.

—Tal vez. —Él chasqueó la lengua—. Le preguntaré a Griffin antes para saber si es una buena idea. —Molestarlo era mi deleite culposo—. No te enfades. —Aunque le apreté la nariz él no reaccionó. No éramos más que dos chicos idiotas completamente enamorados.

—Eres cruel, retractaré mi invitación. —Me acerqué hacia él, sus manos lo traicionaron para envolverme, la electricidad se me agolpó en la columna vertebral.

—Por favor, Ash. —Él no cedió—. Cariño, lo lamento. —Las orejas le estallaron en escarlata, la mandíbula le tembló, su pulso se disparó contra mi pecho.

—Estás haciendo trampa. —Lo sabía, no obstante, poder contemplar esta faceta del imponente lince de Nueva York era surreal.

—Tú comenzaste.

—¡No es verdad! —Estar abrazados, semi desnudos, en medio de la facultad fue especial—. Eiji... —El ambiente cambió—. ¿Cómo está tu papá? —La amargura me secó la boca, suspiré, sus yemas navegaron desde mis mejillas hacia mi mentón.

—Mejor. —La tormenta arremetió contra mi farol congelado—. No tengo muchas ganas de hablar sobre eso. —Sus hombros crujieron en una cama de hojas secas.

—¿Por qué? —Me acerqué, dejando que él me envolviese—. Lo siento, no tienes que contarme. —No quería cargarlo con mis problemas antes de la presentación, sin embargo, acá estaba.

—Mis padres se quieren divorciar. —Cayéndome a pedazos bajo la ruleta rusa del destino—. Es lo mejor, se la pasan peleando, pero... —Mis puños se crisparon encima de mi pecho, nuestras piernas se enredaron en la humedad—. Estoy asustado.

—Eiji. —Él me abrazó con fuerza—. Estoy contigo. —Y aunque era una estupidez lamentarse por esto, dejé que él me consolara.

En un océano desteñido fueron sus jades los que inmortalizaron el color.

Cuando finalmente llegó la hora de la presentación nos encaminamos hacia los camarines para alistarnos, con los atuendos que había elegido mi mejor amigo, Fish Bone fue la encarnación del rock. Nos mantuvimos ansiosos durante el trayecto, la camioneta de Shorter apestaba a hamburguesas, ropa interior se encontraba esparcida por doquier, me tuve que sentar en el regazo de Ash para que todos cupiésemos en el interior. Sus brazos forjaron un cinturón de seguridad alrededor de mi vientre, él dejó caer su mentón encima de mi hombro, me aferré con fuerza a este retazo de felicidad. Era vergonzoso anhelarlo tanto, no obstante, daba igual.

Porque se sentía tan bien amarlo.

El local del concierto era gigantesco, un imponente escenario yacía bajo una infinidad de luces estrambóticas, decenas de personas se habían acumulado alrededor de la barra mientras alzaban vasos con alcohol, el aroma del metal entremezclado con la chatarra me revolvió el estómago. Nos mantuvimos abrazados mientras las demás bandas se presentaban, el talento chispeó bajo las notas musicales, los estilos fueron un mosaico de sinestesia, las letras eran potentes, las declaraciones audaces. Ash absorbió la música con una concentración implacable, el asombro que centelleó en sus pupilas fue casi infantil, reí, sabiendo que era peligroso que me encantase tanto.

—Somos los siguientes. —Los reflectores habían bajado, sus palmas tiritaron alrededor de mi vientre, me había puesto una camiseta con el logo de la banda para apoyarlo—. No estoy listo.

—No es momento de hacer berrinches. —Pero él hundió su rostro contra mi espalda como protesta—. No eres un niño.

—Ya no quiero subir. —Me di vueltas para poderlo contemplar.

—¿El pequeño Aslan necesita mimos como motivación? —Él apretó los párpados con fuerza antes de asentir, deslicé mis brazos alrededor de su cuello, a pesar de sus burlas me alcé en la punta de mis pies—. Han ensayado sin descanso durante estas semanas, lo harán bien. —Bastaron esas palabras para que una tímida sonrisa colorease el marfil.

—Solo me concentré en los ensayos porque estabas ahí. —Rodé los ojos, apenado. ¿A quién engañaba? Adoraba que dijese esta clase de cursilerías—. Eres mi inspiración. —Él me vislumbró como si fuese la persona más importante en todo el universo.

—Ash... —Y yo se lo creí—. Te estaré grabando en primera fila para mostrárselo a Griffin. —Un tenue rubor aceleró mi corazón.

—Va a presumirme por todo Cape Cod, será vergonzoso. —Acaricié el pendiente, aquella obsidiana era un memorándum de ingenuidad—. No te pongas en mi contra.

—¿Sabes qué será más vergonzoso? —Él negó—. Que yo lo ayudaré. —Contábamos estrellas como si fuesen promesas—. Porque el talento de mi novio merece ser admirado. —Vendíamos sueños en un bazar oxidado.

—Eso debería decirlo yo. —Creíamos en finales felices cuando recién estábamos comenzando—. Tu competencia es la próxima semana, ¿verdad?

—Lo es. —Me alcé hasta que sus pestañas aletearon contra las mías—. Lo harás bien. —Su suspiro me intoxicó—. Aslan Jade Callenreese confía en ti mismo, eres la persona más impresionante que he conocido. —La estática fue deliciosa en la suavidad del primer amor.

—Pero...

—Te estoy confiando mi corazón, deberías darte más crédito. —La discrepancia de la cuerina contra tan dulce expresión me estremeció.

—Di eso otra vez. —Él coloreó pétalos de sol donde rompían las tormentas—. Me gusta cómo suena. —El quejido de la banda reventó nuestra burbuja de prosperidad.

—¡Yo también quiero que alguien me aliente así! —Bones se encontraba lloriqueando desconsolado encima de Alex—. ¡No es justo! ¡Quiero una novia! ¡También necesito amor! —El resto de la banda compartió el luto en silencio.

—No necesitamos de chicas mientras nos tengamos a nosotros. —Kong abrió sus brazos—. Somos una hermandad masculina, esto es mucho mejor. —Ellos se acurrucaron devastados.

—Mientras sea heterosexual.

—Completamente heterosexual, amigo. —Mi novio se frotó el entrecejo frustrado tras ver tan empalagoso abrazo.

—¿Dónde está Shorter? —Como si hubiese sido convocado el nombrado llegó con la ropa deshecha y el cuello repleto de mordidas, alcé una ceja, observando a Yut-Lung Lee hacer la caminata de la vergüenza, ni siquiera se terminó de acomodar la polera.

—Ya debemos subir. —Sus palabras escaparon torpes y atropelladas, definitivamente esos dos eran un desastre, él arrastró la funda de su guitarra mientras se tambaleaba—. ¡Vamos Fish Bone!

—Suerte. —Presioné un beso en su mejilla—. Puedes hacerlo Ash. —Y él solo suspiró.

—Pudiste ser más sutil. —El azabache alzó una ceja, confundido, me acaricié el cuello para hacer énfasis—. También te dejó chupones. —El sonrojo fue inminente, su cabello era un desastre, hasta el maquillaje se le había corrido.

—¡Ese idiota!

—¡Ash te amo! —Los gritos de la multitud no se hicieron de esperar cuando ellos subieron hacia el escenario—. ¡Shorter dame un hijo! —Tuve que sostener a Yut-Lung Lee de la muñeca para evitar que golpease a la muchacha, nos abrimos paso entre la multitud a empujones, el calor era infernal, las paredes estaban crujiendo.

—¡Nosotros somos Fish Bone! —Los detalles de metal fueron cegadores contra la violencia de las luces, me congelé cuando mi novio se abrió paso en el escenario para tomar el micrófono y hechizar al público.

—Esto es para ti, Eiji Okumura. —Perdí el aire cuando esos feroces jades me acorralaron, no pude apartar mi mirada de él—. ¡Un! ¡Dos! ¡Tres! —No pude moverme, tras el golpetear de las baquetas mi mundo cambió.

Fue como si me hubiese golpeado un rayo.

Cada nota que él tocó ahondó en mi cabeza para destrozar mi cordura, sus dedos chispearon electricidad entre las cuerdas, la estática me hirvió en la sangre, la tensión me explotó la razón. La boca se me secó, un escalofrío me azotó desde los pies hasta la cabeza mientras él brillaba, lucía tan inalcanzable. Su cabello fue una oda dorada contra los reflectores fosforescentes, aquella imponente silueta desprendió una sensualidad extraordinaria mientras convertía a la guitarra en la misma extensión de su razón, él cerró los ojos, tiró el cuello hacia atrás y cantó con el alma. Perdí el aliento. Yo nunca antes había conocido a alguien que solo fuese un verbo, sin embargo, cuando el lince de Nueva York dominó el escenario supe que él era la definición de pasión. Él no rasgó la canción, él incendió las notas en una declaración inquebrantable de libertad.

—Eiji, deja de babear. —Pero no pude obedecer.

—Son muy buenos. —La galantería en su sonrisa me calcinó las orejas. Él era tan talentoso, no cabía duda de que Ash Lynx era un prodigio—. Él es genial. —Aquello era un juramento de vocación—. Lo amo mucho, Yut.

—Lo sé. —Él se acurrucó a mi lado—. Me alegro por ti. —En ningún momento de esa canción él me dejó de contemplar—. Me tenías preocupado con lo del equipo de pértiga. —Sus palabras fueron buques de papel en un océano de irrealidad.

—¿Con lo del entrenador Fox? —Él se limitó a asentir, sus pestañas fueron una infinidad de matices bajo las luces, un tímido mohín resaltó su belleza ante los torpes coqueteos del guitarrista.

—Pensé que renunciarías pero las cosas finalmente parecen estar yendo bien para nosotros dos. —Las chicas nos trataron de aplastar hacia el escenario, el punzar de los tacones me golpeó los tobillos, mi vientre se estrelló contra la orilla de la baranda, perdí el aire.

—¿De dónde sacaron el dinero para comprar nuevos instrumentos? —La reluciente Fender Jaguar bajo las palmas de mi novio no pasó desapercibida—. Sé que el director les dio fondos pero esto parece excesivo. —Los gritos taladraron mis tímpanos.

—Son chicos talentosos, se lo merecen. —Las luces se encendieron tras un último rasgueo.

—Sí. —Balbuceé—. Supongo que sí. —Había un mal presentimiento retorciéndose en mis entrañas.

—¡Nos tomaremos un pequeño receso antes de la última presentación! —Retrocedí apenas Fish Bone se retiró, necesitaba aire.

Mi cabeza era un caos, sabía que Ash estaba actuando extraño, la manera en que se cayó a pedazos luego de esa presuntuosa reunión se quemó a fuego lento en la impotencia, él se hizo un ovillo debajo de mis sábanas mientras veíamos una película, sin embargo, tocar el tema era un campo minado. Era injusto que él conociese cada retazo de mi alma pero se refugiase bajo las espinas de la crueldad. Tomé un vaso de cerveza de la barra, la amargura me quemó la garganta. Hace un par de semanas estaban pensando en renunciar por falta de fondos. ¿Cómo habían conseguido tanto? No necesitaba ser un genio para saber que los instrumentos costaban más que mi crédito universitario.

—Eiji. —Mi sonrisa pereció.

—Arthur. —Él se acarició la nuca, incómodo—. Hola. —El aire me escurrió como brea por los pulmones, traté de retroceder, sin embargo, mi espalda chocó con la barra.

—Hola. —El sudor me quemó la frente—. ¿Cómo has estado? —Pero seguíamos siendo amigos.

—Genial. —Sí, acabamos en tan buenos términos que de repente quise llorar, porque todavía era doloroso verlo, sabía que no era correcto evitarlo por la facultad, no obstante—. ¿Tú? —Él no solo dejó caer mi corazón con una impresionante brutalidad, él le escupió, lo aplastó y luego lo arrojó a la basura.

—Bien. —Esto no era una conversación, era un insulto—. No sabía que eras fanático de la música. —Me hice pequeño en la esquina, la estridencia de las luces me mareó—. Nunca mostraste interés cuando estabas conmigo. —Y ahí estaba, sonreí, eso era lo que quería decirme, ¿no?

—Supongo que no. —Porque yo fui la paria en nuestra relación, aunque traté de que funcionase, yo era el villano en esta sátira quebrada. Respiré. Estábamos ajenos y perdidos—. ¿Vas a competir? —No quería continuar con esta grotesca actuación, estaba afiebrado.

—Sí, somos la última banda en subir. —Una carcajada sarcástica pendió bajo los murmullos, él sabía hacerme miserable con solo una expresión—. ¿Eres fan de Fish Bone? —Me aferré a mi camiseta, queriéndome ocultar—. No te gustaba mi banda cuando yo estaba en ella.

—Nunca fue tu banda. —Él se apoyó en la barra para disimular un insufrible trepidar, sus dedos se hundieron en su lata de cerveza, las luces volvieron a bajar.

—Le debes gustar mucho para que te haya dedicado una canción. —Me abracé a mí mismo, tratando de calmarme—. Tú y el lince de Nueva York. ¿Quién lo diría? —Quería vomitar.

—Es así. —Ni siquiera pude procesar la infinidad de emociones que él desenterró—. Estamos muy felices en nuestra relación. —Pero él se burló de este niño inseguro.

—Escuché que saltarás la otra semana —¿Cuándo creció tanto la distancia entre nosotros dos? ¿No fue este hombre quien me juró amor eterno?—. ¿Tienes una competencia? —Las promesas eran un castillo de papel bajo la tempestad. La mirada me quemó, la boca me tembló.

—Así es. —Y apenas tuvo la oportunidad me dejó afuera.

—¿Puedo irla a ver? —Los secretos eran una muerte silenciosa, cuando menos lo esperabas te estaban enterrando.

—¿Desde cuándo te interesan los deportes? Nunca me fuiste a ver a una competencia. —Sus pupilas chorrearon arrepentimiento.

—Traté de ir pero eran durante mis ensayos.

—Si claro. —Era impropio ponerme a la defensiva, sin embargo...—. No quiero hacer esto. —Esa herida seguía sangrando.

—¡Espera! —Antes de que pudiese salir corriendo él me tomó de la muñeca—. Y-Yo... —Su atención pendió desde el suelo hacia un recuerdo desteñido—. Extraño hablar contigo. —Esto fue cruel.

—No es verdad. —Las personas solían aferrarse a recuerdos de miel para torturarse—. Tengo que irme. —Yo no quería hacer esto, su amor me había dejado vacío.

—Dijiste que seguíamos siendo amigos pero me bloqueaste de todos lados. —Bajé mis hombros, sabiendo que sería de esta manera.

—Te pedí espacio pero lo único que hiciste fue acosarme. —Su carcajada fue bruta, tan humillante.

—¿Acosarte? —Sus brazos se tensaron contra su pecho—. Solo te llamé algunas veces. —Era verdad, durante un periodo de colapso emocional él me arrastró a la miseria, su consideración era impresionante—. Eres un exagerado. —Él nunca me escuchó.

—¡Sabías lo importante que eran las pruebas para el equipo! Pero de todas maneras fuiste y me armaste una escena. —La cabeza me hirvió, la crudeza del despecho me carcomió las entrañas—. Casi pierdo mi lugar como el Fly boy por tu culpa.

—No me eches la culpa por tu falta de talento. —Le era tan fácil destrozar mi corazón. Oh, pero éramos amigos, ¿verdad? La vida adulta era una mierda—. Deberías afrontar que eres mediocre.

—Me tengo que ir. —Él no se movió—. Le prometí que le daría un abrazo cuando se bajase del escenario. —Su mandíbula rechinó, esa mueca pedante me atormentó desde las pesadillas.

—¿Es una broma? —Sus yemas presionaron su frente con una violencia escalofriante—. ¿Me cambiaste por una puta? —Me congelé.

—¿Qué dijiste? —Su sonrisa me hizo retroceder.

—¿Ni siquiera lo sabes? —El presentador golpeó el micrófono—. ¿No te parece raro que tu novio tenga tanto dinero? ¿Qué pase algunas noches afuera? —Los gritos de la multitud infectaron las grietas de la inseguridad.

—Eso no te incumbe.

—Llámame cuando quieras abrir los ojos.

Me quedé estático cuando él subió al escenario.

Me mordí la boca, odiándome por ser prisionero de semejante inseguridad, no era justo para Ash, él no tenía la culpa de que hubiese salido tan lastimado luego de esa violenta caída. Mis uñas se incrustaron en mis hombros, mis piernas me arrastraron de regreso a la realidad. Me sentía mal. Arthur no dejó de mirarme durante su canción, la melancolía en las letras fue abrumadora, el gélido que esos ojos desprendieron me congeló el alma. Tal vez si él hubiese musitado con semejante ternura su dolor las cosas serían diferentes. Pero él me quebró. Puse mi corazón en sus manos y él no tardó en dejarlo caer. Una palmada en mi cabello me sacó de mis pensamientos, lo abracé antes de que pudiese contemplar tan demacrada expresión, no arruinaría su hazaña alabando las espinas.

—¿Estuve bien? —Él estaba empapado de sudor.

—Estuviste increíble. —Ni siquiera lo había grabado por la conmoción, maldición, era un fracaso—. Eso fue... —La melancolía opacó la vergüenza—. Me gustó mucho. —Tirité entre sus brazos, pude sentir la atención de Arthur clavada en mi nuca desde el escenario.

—¿Pasó algo? —Me aferré a él, desesperado. Su polera se había humedecido a causa de la intensidad de los reflectores.

—Ash... —Era imposible disimular lo hondo que había caído—. ¿Cómo consiguieron el dinero para los instrumentos? —La ternura agonizó.

—Fue el patrocinio del director. —Él me besó la frente—. Nada de lo que te debas preocupar.

—¿Seguro? —Esos jades me contemplaron como si fuese su universo entero—. Puedes confiar en mí.

—Seguro. —Pero esta vez no le creí.

En una infinidad azul fueron sus mentiras las que le despojaron el color a mis alas. 

Espero que les haya gustado, muchas gracias a las personas que se han tomado el cariño para leer y nos deberíamos ver en algunas semanas.

¡Cuídense! 

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