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Capítulo 11.

¡Hola mis bonitos lectores! Luego del fic desafío de febrero finalmente estoy de regreso con las actualizaciones normales, muchas gracias por la paciencia. Hoy es un día especial para esta señorita Miss_TakeOfLife quien por cierto acaba de sacar un fic de banana fish que su servidora sigue, así que este capítulo es para ti, no me tenía fe en terminar la actualización a tiempo pero todo se puede cuando mis dos neuronas chocan.

Dato innecesario, tengo muchas historias activas y de repente se me olvida actualizar así que si alguien esta esperando alguna tiene libertad de pedírmela, nunca me lo tomaré a mal. Ahora sí, muchas gracias a quien se toma el tiempo para leer, este lo narra Eiji.

¡Espero que les guste!

—¡Duele! —Los movimientos de la peineta cesaron, un estornudo retumbó por la habitación, la lata de fijador rodó hacia el montículo de chaquetas en el suelo.

—¿Quieres verte genial? ¿O no? —Chasqueé la lengua, mis rodillas se crisparon hacia la cama, mis zapatillas se perdieron en una infinidad de envoltorios de hamburguesas, este lugar era un desastre.

—Pero soy una persona delicada, hazlo con más cuidado. —Shorter rodó los ojos antes de volverme a tirar el flequillo con el peine, apreté la mandíbula, dejar que él me ayudase fue una condena autoimpuesta, no obstante, estaba desesperado.

—No entiendo por qué estás tan nervioso. —La boca se me secó, me quise ocultar en esa ostentosa chaqueta de cuero, sin embargo, la vergüenza me consumió—. Es solo una cita con tu novio.

—¡Exacto! —Mis yemas se deslizaron por mi oreja, un brillante pendiente obsidiana enmarcaba esa promesa, compartir las mismas joyas se profesó tan especial. Él era una ráfaga de sol en una historia de tormentas—. Es él de quien estamos hablando, quiero que salga bien. —Aunque se había ofrecido para presentarme Nueva York, este entrometido se había unido.

—No es solo eso. —Me tensé—. Hay algo más, amigo te conozco. —Tener a esa sonrisa socarrona encima no ayudó a mi poca dignidad.

—Te estás imaginando cosas. —Como si fuese una especie de consejero, Shorter usó ese montículo de ropa para sentarse y posar.

—Adelante, escúpelo. —Me mordí la boca, maldiciendo su perspicacia. ¿Por qué no podía ser más simple? Mis palmas juguetearon sobre mi regazo, mi atención pendió hacia el suelo.

—La otra noche Eiji se quedó a dormir. —Ni siquiera quería saber la mueca que había esbozado—. Las cosas subieron de intensidad y pues... —Las mejillas me quemaron, presioné mis párpados con fuerza, sabiendo que esto era escandaloso—. Besarlo se sentía muy bien y...

—¿Ash junior despertó? —La mandíbula se me cayó, la humillación me corroyó las venas.

—¡No le pongas apodo a eso! —Él se encogió de hombros, despreocupado.

—¿Por qué no? Mi pene sí tiene nombre. —La nariz me ardió—. ¿Quieres escucharlo?

—¡No! —Aunque en Cape Cod era gobernado por la soledad, sabía que esta no era una conversación normal entre amigos—. Jamás me digas eso. —El bufido de decepción que dejó escapar fue fastidioso, sus dedos juguetearon entre sus lentes, una risa divertida escapó del descaro.

—¿Y luego qué hiciste? ¿No le pediste ayuda?

—¿A-Ayuda? —Imaginarme a Eiji Okumura en esa clase de situación era demasiado sensual. ¿Cómo lucirían esos grandes ojos cafés empañados por la lujuria? ¿Cómo se escucharía cuando jadease mi nombre? ¡No! No podía estar pensando esto. Sin importar que tan obscena fuese la imagen mental yo tenía decencia.

—¿Entonces Manuela tuvo una cita con Ash junior?

—¡Shorter! —Le arrojé un cojín hacia la cara, el rubor me humeó hasta en las orejas—. ¡Esto es serio! Creo que me escuchó. —Él me lo devolvió.

—Debería sentirse halagado. —¿Cómo este hombre era tan popular entre las damiselas? Tal vez el encanto Wong era real—. Que alguien se pajeé en tu nombre es el mejor cumplido del mundo. —O quizás los ingenuos se hundían en una farsa de cuero—. Pero es tu novio, es lo normal.

—Aun así. —Me dejé caer contra el colchón, un grito histérico fue ahogado en la almohada—. No puedo ni mirar al anciano a la cara. —Max Lobo era mi cómplice contra la adversidad estudiantil, él dejaba que el japonés se quedase a dormir en el apartamento a espaldas del fotógrafo. ¡Dios! Ni siquiera le había pedido la mano a Ibe, él me mataría por corromper a su hija virgen así.

—¿Entonces tu plan es seducirlo en la cita de hoy? —Mis zapatillas pendieron encima del montículo de chaquetas.

—Algo así. —Mi atención pereció en el techo del dormitorio, el desorden entremezclado con basura lo había convertido en un campo de batalla—. Pero estoy nervioso. —Un puño tembló contra mi pecho, el aroma a Maruchan me cosquilleó bajo las fosas nasales, ni siquiera habíamos tirado los empaques luego del ensayo.

—¿Por qué no intentas haciéndole un kabedon? —Elevé una ceja, el colchón se hundió cuando él se tiró a mi lado.

—¿Un qué? —Un grito horrorizado se ahogó en su tráquea.

—¡¿Nunca has visto los dramas coreanos?! —La indignación fue grosera—. Es cuando un chico encierra a la chica dando un golpe en la pared. —Un mal presentimiento burbujeó entre mis entrañas—. ¡Eso hace que el corazón de cualquiera lata con rapidez!

—Eso es racista. —Él alzó una ceja, irritado.

—Tú eres quien lo anda llamando onii-chan. —Las orejas me cosquillearon, usando el cojín le abofeteé la cara.

—¡Es mi novio! Solo yo puedo hacerlo. —Porque el mohín que me regalaba cuando lo escuchaba era demasiado adorable: él fruncía la boca, tensaba las cejas y arrugaba la nariz para moverla como si fuese un conejito, la imagen era sublime.

—Yo soy el maestro del romance entre nosotros dos, no me faltes el respeto. —La altanería chispeó en mi pecho para borrarle esa sonrisa.

—Pero tú no tienes novio. —El golpe fue bajo—. ¿Cierto? —La humillación una victoria que quedaría grabada para el resto de la eternidad.

—Eres cruel con tu mejor amigo. —Él se estiró en la cama antes de levantarse—. Ya deberíamos irnos, los bares en Chinatown son bastante populares y no quiero hacer fila. —Una chaqueta de cuero lo hizo ver aún más masculino junto a esos lentes de sol, me paré de golpe.

—¿Por qué tenía que ser hoy? —Dino Golzine me había citado durante la noche para que fuese su acompañante en esa pomposa fiesta, mis yemas acariciaron el pendiente, estaba bien—. Tuve que guardar el esmoquin cerca del evento para poder cambiarme después. —Porque él estaba a salvo.

—Mientras no tomes alcohol el director no se dará cuenta. —Me abracé a mí mismo, sabiendo que era repulsivo tener miedo cuando Jim Callenreese había criado un hombre a base de crueldad, el niño perdido no debía llorar—. ¿Ash? —Sino callarse mientras le ofrecían billetes bajo el estruendo de un flash.

—No es nada... —Si las infancias eran nubes de azúcar. ¿Por qué mis memorias estaban rancias?

—Oye. —Si la paternidad era un pétalo de rosa. ¿Qué hacía en un cementerio de espinas?—. Si ese sujeto trata de hacer algo raro no te quedes callado. —Esas palabras fueron un faro vencido en un mar muerto.

—¿Q-Qué? —La confusión me forzó a parpadear, traté de lucir fuerte, sin embargo, mis uñas ya se habían clavado a mis rodillas mientras el aire me perforaba los pulmones—. No soy una chica para que me pasen esas cosas, ni siquiera sé de lo que estás hablando. —Oh, pero sí lo sabía.

—Solo... —Ambos lo hacíamos—. Jamás sientas vergüenza de contarme algo, no te juzgaré. —Él estrelló un leve puñetazo en mi pecho—. Eres mi mejor amigo, ¿verdad? —Esa confesión fue ínfima e insignificante, la habíamos escrito una infinidad de veces durante los ensayos de Fish Bone.

—Sí. —Sin embargo, ahogado en la desesperanza esta lo significó todo. Porque estaba asustado. ¿De qué? No lo sabía, no obstante, casi haber sido vendido a Barba Azul era una cicatriz con puntos de maltrato abierto. Sino fuese por mi hermano mayor mi recuerdo estaría flotando junto a los demás cadáveres putrefactos en ese lago.

—Vamos. —Era una suerte que el título de padre viniese por sangre en lugar de méritos, sino Cape Cod sería un pueblo huérfano—. Tenemos muchas cosas que hacer. —Negué, si ya me había jodido no permitiría que me arrebatase esta noche también.

Durante algunas horas solo quería ser el lince de Nueva York.

Mi esperanza tenía una mirada transparente cual océano pero lóbrega como la infinidad, iba descalza plantando un camino de girasoles a sus pies mientras vendía sonrisas en un bazar.

Chinatown era la cuna del desborde, cientos de puestos con artilugios se encontraban acomodados en una estrecha avenida, negocios clandestinos desafiaban la realidad con letreros de neón y gritos altaneros, los rayos de la tarde colorearon de éxtasis la juventud, el moreno arrojó una risita pícara tras reconocer a nuestros acompañantes en la entrada del club, perdí el aliento. La chaqueta que él estaba usando era de un rosado fosforescente, sus pantalones eran demasiado alegres para la ocasión, unos adorables lentes de botella habían ocultado la infinidad de sus pestañas, la idea de vestir estos atuendos era vernos intimidantes para evitar peleas innecesarias, sin embargo, su hombro desnudo bajo una camiseta sin mangas lo hacía lucir...

—Amigo cierra la boca.

Tan sexy.

Eiji Okumura era una mezcla exquisita entre sensualidad y ternura, sus clavículas eran líneas de tentación para mi cordura, aquellas pecaminosas curvas solo resaltaron con descaro en tan ajustada camiseta, enrojecí con violencia, un penoso balbuceo fue todo lo que pude musitar. Pero esa sonrisa coqueta estaba afectando mi capacidad para pensar con claridad. Si el corazón me seguía martillando de esta manera se me saldría.

—Ash. —¿Dónde diablos podía firmar mi acta matrimonial? No era justo que él fuese así de hermoso, esto debería ser ilegal—. Te ves guapo. —Pero él murmuró eso con un mohín más dulce que el caramelo y yo...

—Eres tan bonito. —Maldición, lo amaba tanto—. Te eche de menos. —Sus manos juguetearon contra su vientre—. Siento que han pasado meses desde que te vi. —Él me sedujo con un pestañeo bajo sus lentes, le acomodé el cabello detrás de las orejas.

—Yo también. —El rubor que se posó en sus mejillas fue exquisito—. No pude concentrarme en mis clases sin ti.

—¡Se encontraron en la mañana! ¡No sean tan empalagosos! —Aunque el quejido de Yut-Lung Lee debió quebrar la tensión no lo hizo, porque era esclavo de esos grandes ojos cafés.

—Te queda bien el pendiente, onii-chan. —Él me acarició la oreja, sus toques se derritieron como terciopelo contra mi piel, el vientre me chispeó con un espectáculo de pirotecnia, su perfume caló hacia mis pulmones para embriagarme.

—Me gusta más en ti. —La suavidad en su sonrisa fue una sinfonía cegadora—. El color destaca mucho más en tu piel. —Él se acercó, sus yemas fueron inyecciones de endorfinas directo a mi columna vertebral—. Eres tan bonito, Ash. —Quise llorar por lo lindo que él era. ¿Cómo era posible amarlo tanto?

—Tú más. —Esto era aterrador, mientras más alto volase, más dura sería la caída, lo sabía, era estúpido enamorarse de la libertad tras una vida en jaulas—. ¿No recibirás a tu novio con un beso? —No obstante, mi mente corría al revés desde que lo vi saltar.

—Pero te di los suficientes ayer, Ibe me regañó por andar con la boca hinchada. —Queriendo hacerme el genial golpeé la pared detrás de él para poderme inclinar, la mandíbula le trepidó ante tan implacable kabedon.

—Eres cruel, onii-chan. —Le susurré contra la oreja—. Me tienes adicto a tus besos pero me los estás negando. —Sus palmas apretaron con fuerza mi camisa, pude sentir sus latidos dentro de mi propio pecho, sus rodillas temblaron.

—Ash...

—¡Sabía que sí funcionarían mis tácticas de seducción! —La carcajada de Yut-Lung Lee me corroyó la paciencia—. El alumno ha superado al maestro, me siento orgulloso. —La frente me punzó, su risita me cosquilleó bajo el cuello—. Pero ya deberíamos movernos, pueden comerse adentro. —Acomodé mi brazo sobre su cintura, esperando que pronto esa fuese mi realidad.

El ambiente nos abofeteó apenas cruzamos una delgada cortina metálica, decenas de personas nos recibieron danzando cubiertas de sudor entremezclado con escarcha bajo luces de neón, la música aturdió el último de mis sentidos, los gritos se agolparon contra mis tímpanos, el aroma del alcohol fue más pesado que el éxtasis, fue una experiencia psicodélica, nunca había contemplado algo así en mi pueblo. El guitarrista nos arrastró hacia una mesa cerca de la barra, antes de darnos cuenta ya teníamos una torre de latas de cerveza al frente de nosotros, vacilé antes de tomarla, un solo trago no me haría daño.

¿Verdad?

—¿Qué se supone que estamos celebrando? —La voz de la víbora se empañó por el dulzor del alcohol.

—¿Qué no es obvio? —Shorter bebió una lata de golpe—. ¡Falta solo una semana para la competencia! ¡Los vamos a destrozar! —Sonreí contra la anilla, los ensayos habían sido garrafales desde que anunciamos nuestra participación, aunque el cansancio me destrozó la cordura era divertido estar en Fish Bone.

—¿Se van a enfrentar a la banda de Arthur? —Mi primer instinto fue temer, sin embargo, cuando mi mirada se conectó con la suya bajo el candoroso bamboleo del neón no pude hacer más que suspirar.

—Ese es el plan. —Porque él me estaba vislumbrando como si fuese el ser humano más especial en todo el universo—. Esa escoria no es rival para el poderoso lince de Nueva York. —Y porque esas relucientes obsidianas lo musitaron yo se lo creí—. ¿Cierto, Ash?

—Sí. —Mi mentón cayó contra mi palma, la inocencia de esa sonrisa me pareció adictiva, la mandíbula se me cayó cuando su chaqueta dejó al descubierto su hombro—. Si ganamos es porque tú me acompañaste a los ensayos. —Su sonrojo fue adorable.

—No es verdad, tú eres un cantante genial porque tienes talento. —El tintinear de las luces cubrió el anhelo—. Además, me gusta verte practicar, que te esfuerces tan duro es inspirador.

—Bones ya te hizo parte oficial de la banda como tramoyista. —Nuestros dedos se entrelazaron sobre la mesa, con un sorbo de cerveza me traté de dar valor, no obstante, estaba ahogado en estos sentimientos—. Aunque prefiero que seas mi animadora.

—Siempre seré la primera persona en apoyarte. —Aunque el aire estaba frío su tacto me quemó—. Te amo.

—¿Por qué nosotros no podemos ser así? —El quejido de mi mejor amigo consiguió que un estridente escarlata tiñese las mejillas de esa belleza fatídica—. Yo también quiero amor. —Yut-Lung Lee alzó una ceja, ofendido.

—Nosotros no somos pareja. —Un mohín penoso se ocultó bajo la lata—. Pero podrías preguntármelo luego de la competencia. —La mueca boba que trazó fue inolvidable, chasqueé la lengua, ellos eran realmente asquerosos.

—Vayamos a bailar. —Con un último brindis la noche se tornó irreal.

La pista se tiñó de terciopelo, las luces lo bañaron para que perdiese el aliento con semejante tentación, el tiempo se congeló con el compás de la canción, el mundo desapareció para que solo existiésemos nosotros dos bajo el fulgor del neón. Me empapé de adrenalina mientras guiaba sus movimientos, acomodé mis manos bajo esa descarada camiseta negra, tocar su vientre desnudo fue delicioso, su cabello cosquilleó contra mi mentón, la fricción entre nuestras caderas fue un derroche de sensualidad, su perfume me emborrachó. Las caricias fueron descaradas y placenteras, él suspiró cuando le besé el cuello, él presionó los párpados antes de echar su nuca hacia atrás y dejarse llevar, me mordí la boca, él era tan erótico. Él se robó hasta el último reflector con una risa coqueta, sus brazos se enrollaron alrededor de mi espalda, nuestras piernas se acariciaron en un ansioso bamboleo. Pero quería más.

Necesitaba mucho más de él.

—Has mejorado en esto. —Mis palmas se deslizaron por su cintura, su chaqueta cayó hacia el suelo en algún punto del manoseo, pero tocarlo se sentía tan bien—. Ahora luces como todo un profesional bailando. —Esto era peligroso.

—Mira quien lo dice. —La sonrisa coqueta que él me entregó me quemó el estómago, mis palmas descendieron hacia su cadera con hambre, ser tan sexy debería estar prohibido. ¿Cómo era posible que lo desease tanto? Mierda, él me encantaba—. ¿Quién te ayudó a vestirte?

—Yut. —Que él me mirase con tan tentadora expresión fue arrebatador—. ¿Se ve mal? —Sus toques se derritieron contra mi nuca.

—Me dejaste boquiabierto, pensé que te veías guapo con tu uniforme de pertiguista, pero... —Anulé la distancia entre nosotros dos—. Maldición, me traes loco. —Aunque ambos estábamos empapados de éxtasis esto no era suficiente.

—Lo dice quien tiene su propio club de fanáticas. —Su puchero me flechó, sus dedos juguetearon entre mis cabellos para dejarme sin aire—. Las chicas ya te están haciendo campaña y la competencia ni siquiera ha empezado. —Verlo enfurruñado fue adorable. Aunque no sabía bailar con descaro esto era mágico.

Porque era con él.

—¿Celoso, onii-chan? —Aún bajo el candor de la multitud me acerqué, nuestros cuerpos estaban tan pegados como los polos opuestos de un imán.

—Sí. —Que su piel estuviese perlada por el sudor en un atuendo ridículamente obsceno no ayudaba a mi cordura—. Pero no las puedo culpar, mi novio es realmente genial.

—Tú eres el Fly boy. —Aquel roce tuvo un sabor fogoso, la lentitud del coqueteo fue tortuosa—. También tienes tu propio club de fanáticas. —Él sonrió con altanería.

—Eso es verdad. —El orgullo en su mohín me provocó—. Más ahora que el equipo me ha reconocido como su saltador estrella.

—¿Debería ponerme celoso? —Delineé sus mejillas con suavidad—. ¿Debo ir a hacerte barra a los ensayos para marcar territorio? —Él me traía loco, cada cosa de él me fascinaba, mis dedos acariciaron el pendiente, sabiendo que esto era especial.

—Mientras no uses un uniforme de animadora puedes hacerlo.

—Ese puedo usarlo cuando estemos a solas. —Hasta las orejas le enrojecieron cuando musité aquello—. O puedes ponértelo tú para felicitarme, una falda luciría muy bien tus piernas. —El brillo pícaro que chispeó en esos grandes ojos cafés me atontó.

—Eso lo veremos si ganas, Aslan. —Mi nombre se deslizó por su lengua con un erotismo impresionante, aborrecía mi identidad porque me la puso una mujer que desapareció, sin embargo, si él lo pronunciaba con semejante cariño.

—Eiji... —Esto era inevitable, ¿verdad?—. Eres demasiado denso. —Yo estaba destinado a enamorarme de esta persona.

—¿Qué...? —Sus palabras perecieron en mi boca.

Él se derritió en lo ferviente de las caricias, él se aferró con fuerza para sucumbir en tan prohibido toque, sus manos dejaron llamas en cada retazo que coloreó, su esencia caló hasta lo más recóndito de mi cordura, era adicto a Eiji Okumura. Besarlo fue venenoso, exquisito y delirante. ¿Dónde estaban los demás? ¿Qué había pasado con el virgen que tartamudeaba? Nada de eso me importó, lo último que supe fue que él estaba apoyado en el lavamanos con sus piernas alrededor de mi cadera mientras jadeaba por el vaivén entre nuestras lenguas, sus puños se aferraron a mis hombros, apreté su trasero, desear a una persona era un sentimiento sumamente extraño. Ahora que lo había descubierto no creía poder pararlo. Lo quería todo de él.

—A-Ash... —Y anhelaba darle mi alma entera durante nuestra eternidad. Él tembló, mis palmas se colaron por esa descarada camiseta, tiré de su labio inferior con un mordisco, beber alcohol era un deleite si era de su boca.

—Creo que tomamos demasiado. —Pero la cerveza no era lo que me tenía mareado.

—Creo que sí. —Sino el brillo oscuro que chispeó en esas obsidianas, sus dedos se crisparon sobre el lavamanos, él dejó que lo acercara, no hubo piedad en el roce entre nuestras caderas—. No deberíamos estar haciendo esto. —Uno de sus tirantes se había caído, su rostro estaba completamente ruborizado, su mirada yacía perdida.

—¿No quieres hacer esto conmigo? —Él sonrió, atontado.

—Claro que sí. —Ahora eran sus manos las que recorrían con descaro mi espalda—. Pero no creo que debamos hacerlo aquí. —Y algo que se escuchaba tan complicado y penoso de hablar lo aclaramos con una impresionante naturalidad. El mundo cobraba una coherencia abrumadora cuando se trataba de él.

—Lamento lo del otro día. —Sus muslos se tensaron alrededor de mi pelvis —Lo escuchaste, ¿verdad?— El rubor se le expandió desde la nariz hacia los mofletes—. Solo... —Sus movimientos cesaron encima de mi piel.

—No te disculpes. —Él bajó el mentón, su respiración se acribilló contra mi pecho, los botones de mi camisa eran un desastre gracias a él—. Yo estaba igual. —Parpadeé, confundido.

—¿Tú? —Su ceño se arqueó—. ¿También te sientes así?

—¡Claro que sí! Mi novio es un hombre increíblemente guapo. ¿Qué esperabas? —El rostro se me incendió—. Además, esta es la primera vez que me tocan así. —La timidez en esa confesión me arrebató el aire, relajé los hombros, el tenue parpadeo de las luces le confirió un fulgor etéreo en ese baño de mala muerte.

—También la mía. —De repente ambos nos profesamos cohibidos—. Me cuesta controlarme porque me gustas mucho. —Un repentino tartamudeo mató la galantería—. ¿No he hecho nada que te desagrade? —Él negó, sus dedos se relajaron sobre mi clavícula, él me empezó a acariciar como si fuese un gatito mimoso.

—No. —El goteo del lavamanos me quitó la borrachera—. Me encanta todo lo que me haces, Aslan. —Joder. ¿Cómo diablos alguien podía ser tan tierno y sexy al mismo tiempo? ¡Esto no era justo! Mi corazón no lo soportaría, ni siquiera estaba pensando, él había chispeado la última de mis neuronas.

—Te amo. —Ambos reímos con torpeza antes de besarnos con suavidad—. Mucho.

—¿No deberías estar en la fiesta con el director? —Esa pregunta me cayó como un balde de agua fría.

—Sí... —Pero estaba bien, me había divertido esta noche, él estaba entre mis brazos, teníamos un pendiente que reiteraba nuestras promesas—. Debería. —Todo estaría bien.

—¿Ash?

—Tienes razón, voy a llegar tarde. —Me aparté, mareado—. Tengo el esmoquin guardado cerca del hotel. —Pero él me sostuvo antes de que me pudiese desmoronar, presioné los párpados, tratando de memorizar la calidez de su palma contra mi frente.

—No te ves bien. —Su padre estaba siendo atendido por una clínica de calidad, una beca deportiva le había sido conferida, él volaría más alto que nadie en esa competencia—. ¿Está pasando algo? —Eso era todo lo que importaba, mientras él fuese feliz...

—No. —Podía ser fuerte por los dos—. Todo está bien.

Mi sufrimiento tenía noches estrelladas bajo pestañas de ensueño, sus sonrisas coloreaban dulzor en un pedazo de espejo quebrado.

Ni siquiera recuerdo cómo llegué hacia aquel pretencioso hotel, el aroma a vino entremezclado con perfumes onerosos me retorció las entrañas, un ostentoso candelabro tintineó sobre el escenario, la resaca se me redujo a un putrefacto revoltijo cuando él me encontró. Aquella rancia fragancia a Old Spice aplacó el dulzor, el esmoquin que me había comprado se convirtió en una prisión, las risas me fastidiaron, mis piernas se convirtieron en cristal. Estaba afiebrado. El sudor corrió como lluvia para lavar mis pecados.

—Llegas tarde. —Él apoyó su palma en mi espalda—. Veo que te hiciste la perforación. —Cuando sus dedos se deslizaron hacia mi oreja tirité. Sí, sabía que era una estupidez porque yo era un hombre y no estaba pasando nada, sin embargo, la sensación me hizo sentir tan...

Sucio.

—El taxi se demoró. —Ni siquiera le dio importancia a mi respuesta.

—Te compré algo mucho más hermoso que esa baratija. —En medio de una multitud de pretensiones él me ofreció una pequeña caja de terciopelo, un jade se encontraba en su interior—. Póntelo. —Pero este aro de pareja era especial, si me lo quitaba...

—No. —Mi Eiji—. Esta noche no, por favor. —No soportaría si lo perdía.

—No te lo estaba preguntando. —Ni siquiera esperó a que reaccionase, él solo me arrancó el pendiente para adornarme con el jade que había comprado, como si fuese de su propiedad, su aliento chocó con mi cuello, pude sentir su sonrisa contra mi corbata—. Mucho mejor.

—Pero... —Aquel arete de obsidiana pendía en mis palmas, lo escogimos juntos camino a la universidad, me gustó porque la profundidad de la gema me recordó a sus ojos, ahora parecía tan muerto sin su otra mitad.

—¿Revisaste tu cuenta de banco?

—¿Por qué lo haría? —Su mano descendió hacia mi cintura.

—Te deposité una generosa cantidad de dinero para la batalla de bandas. —Él me arrastró por el salón como si fuese un animal de exhibición —Ni siquiera tienes una guitarra. ¿Cómo pretendías concursar? —La altanería en su sonrisa me cerró la garganta, este era el precio que debía pagar, ¿verdad? Solo debía quedarme quieto y esperar a que se terminara.

—¿Qué es lo que quieres a cambio? —El brillo que se posó en sus pupilas fue macabro, quise retroceder, no obstante, su mano había apretado la mía.

—Solo tu compañía. —Él besó mi mejilla—. Hazme lucir bien frente a los demás. —Y fue horroroso.

Sí, era una tontería porque no se estaba sobrepasando, sin embargo, no pude desconectarme más de la situación, porque este era mi cuerpo, los mofletes que Max tiraba en las mañanas para regañarme, las manos que recorrían la silueta de mi novio como si fuese un lienzo, las piernas que usaba para brillar en el equipo de béisbol, de repente todo esto era de él. Temblé, sabiendo que era un trapo inmundo. No era nada terrible, solo me estaba tocando desde la espalda hacia la cadera o presionando sus labios de manera casual en mis nudillos, no obstante, eso me dejó vacío.

Él hizo lo que quiso conmigo y yo no tuve derecho a reclamar, esa impotencia...

—Trajiste un ejemplar bastante atractivo a esta reunión. —Este era el cuerpo que utilizaba todos los días, no podía escapar por mucho que quisiera.

—Gracias, me he encariñado mucho con él. —Él pasó su mano sobre mi cabello con una paternidad escalofriante—. Tiene un grandioso futuro por delante. —Jim Callenreese se sentiría orgulloso si me viese así de quebrado.

—El último chico que trajiste armó un escándalo, la policía ha estado encima del Club Cod desde entonces. —Había otro muchacho al lado de ese hombre, él no dejaba de tiritar, su atención se encontraba clavada al piso.

—Lo sé Marvin, por eso estoy tomando medidas especiales con este. —¿Qué diablos era este carnaval de miseria? Oh, pero un profesor tenía el deber de proteger al aspirante, así que esto estaba bien, seguramente era normal y yo estaba delirando.

—Yo hago que los míos firmen un acuerdo de confidencialidad. —El aspecto de ese otro sujeto era grotesco, parecía un maldito cerdo con semejante barriga—. Nadie se enterara si puedes chantajearlos. —Sus dedos fueron témpanos contra mi columna vertebral.

—Tengo algo mucho mejor que eso. —Era verdad, porque haría lo que fuese con tal de mantenerlo a salvo—. Es emocionante poder domesticar a un lince. —Si podía ayudar a su papá en el hospital, si podía aminorar su carga con un poco de dinero, claro que lo haría. Porque lo amaba más a mi propia vida.

—Su mirada es aterradora. —Como si fuese propiedad pública ese tipejo me sostuvo del mentón—. Pero que buena expresión, si te llegas a aburrir de él me lo puedes vender. —Y otra vez era lo mismo solo que Griffin ya no estaba acá para salvarme.

—Si se porta mal lo consideraré.

Traté de abstraerme de la situación, bebí buen vino, me alabaron personas importantes, me contemplaron cual pieza de museo, la estridencia del lujo fue un contraste violento para el bar de mala muerte en donde acababa de estar, sin embargo, este mundo era tan falso que dolía. Porque bajo cada risa sabía que algo se estaba marchitando, solo quería que se acabara, estaba bien, él me dejaría ir y podría ducharme hasta quitarme su nauseabundo toque de la piel. Estaba haciendo lo correcto por él.

—Los has dejado maravillados a todos esta noche. —Traté de concentrarme en esas palabras, sin embargo, el sudor me estaba quemando—. Pero necesitas practicar tu etiqueta para el siguiente evento. —La sorpresa me perforó el corazón.

—¿Siguiente? —Me sentía famélico, el cansancio me había abofeteado ante tanto cinismo, ni siquiera podía mantenerme de pie sin su ayuda, estaba pálido, la vista se me nubló, pero lo único que había tomado era esa asquerosa champaña.

—Claro que sí. —Él apoyó su mano contra mi frente, apreté los párpados con fuerza, el tacto se profesó tan diferente al que mi adoración me regaló—. Estás ardiendo en fiebre, deja que te lleve a casa.

—No, puedo llamar a mi tutor. —Aunque sabía que el anciano se enfadaría prefería eso a someterme en la oscuridad con él.

—Tonterías, te ves terrible. —Él apoyó mi brazo sobre su hombro, ni siquiera lo pude quitar, estaba agotado, tenía mucho sueño. ¿Debí desayunar mejor? Pero no quería vomitar en el bar, sus manos me sostuvieron de la cintura como si fuese una muñeca de trapo—. Yo me haré cargo de ti.

—No es necesario. —No tuve energía para batallar, los párpados me pesaron como anclas.

—No te preocupes, tengo mi auto por acá. —Él me llevó hacia las afueras del hotel, mis zapatos se arrastraron por el pavimento para dejar un camino de cera. Necesitaba correr, no obstante, era imposible y lo sabía. Pero este era el precio que había elegido pagar, ¿no? Esto no era Cape Cod, acá no pasaban cosas malas.

—¡Ash! —Bastó escuchar su voz para que mis sentidos se agudizaran—. ¿Él está bien? —La boca me tembló, el corazón se me quebró, él me había esperado durante toda la noche con un ramo de girasoles, justo como me dijo que lo haría.

—No te preocupes jovencito, yo me lo llevaré. —Pero él no lo escuchó, él me sacó de sus brazos para rodearme con recelo, las flores quedaron aplastadas contra mi pecho.

—Mi tutor nos está esperando en el estacionamiento, agradezco su amabilidad.

—Ya veo. —Ni siquiera se molestó en ocultar su desdén—. Nos vemos pronto, joven Callenreese. —Tan solo se dio la vuelta para desaparecer.

—¿Qué fue lo que pasó? ¡Sabía que era mala idea pasar al bar antes del evento! —Lo apreté con fuerza, como si mi vida dependiese de este momento—. ¿Ash? —Pero de esa manera se sentía.

—Gracias por venir por mí. —Ni siquiera intenté detenerme cuando mis rodillas cedieron y caímos hacia el suelo, apenas pude controlar las arcadas—. Gracias.

—¿Te fue mal? —Esa ingenuidad me destrozó—. No llores por favor, habrán más oportunidades, eres muy talentoso. —Solo fui consciente de mi tristeza cuando él me limpió las lágrimas con una impresionante ternura.

—Me fue bien, gané fondos para la banda. —El ácido me quemó la garganta, mis tripas se retorcieron ante semejante impotencia, un sollozo escapó bajo una patética sonrisa—. Me fue muy bien pero comí algo en mal estado. —Las caricias contra mi espalda fueron crueles.

—¿Quieres que te lleve al hospital?

—¿No se lo puedes pedir a Ibe? —Aun con la vista nublada pude distinguir un sonrojo en sus mejillas. Él era tan hermoso.

—Mentí, él no sabe sobre esto. —Ambos permanecimos en el suelo, flotando en este pedazo de incertidumbre, estaba exhausto—. Pero parecías muy angustiado, creí que lo mejor sería intervenir. —Y aunque yo estaba usando mi último trozo de cordura para mantenerme fuerte, él había escuchado a ese niño aterrado.

—¿Entonces podemos ir a tu dormitorio a ver una película? —Retrocedí apenas él me trató de tocar—. Estoy sudando, no te quiero ensuciar. —Porque mi cuerpo, algo sagrado, ahora estaba marcado por sus manos.

Y sí, era una tontería porque no pasó nada.

—Vamos. —Pero no pude quitarme la sensación de que me había roto. 

Ahora sí, no me debería meter a hacer más fics exprés durante un tiempo, por lo que nos deberíamos ver en una o dos semanas más. Muchas gracias a quienes se tomaron el cariño para leer.

¡Cuídense! 

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