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Capítulo 10.

¡Hola mis bonitos lectores! Hace mucho no actualizaba tan tarde, que no se pierdan mis viejas costumbres. El capítulo de hoy efectivamente lo narra Eiji, muchas gracias a las personas que se toman el tiempo y el cariño para leer.

¡Espero que les guste!

Él me extendió los pedazos de su corazón cuando los sueños se hicieron papel y soplarle a la luna fue insuficiente.

—¡Otra vez!

Me apreté el pecho frente a la línea de partida, cada respiración fue una aguja de adrenalina directo a las venas, mis yemas rozaron la pista, contuve el aliento y flecté las rodillas antes de comenzar a trotar. Impulsivo y frenético, cada paso me retumbó desde la planta del pie hasta la mandíbula, corrí sin parar antes de clavar la pértiga contra el piso y desear que esta vez fuese suficiente, sin embargo, mis zapatillas acariciaron la barra y el travesaño cayó hacia el tapete.

—¡Otra vez! —La voz del entrenador me taladró la cordura—. Si vas a dar un espectáculo tan patético mejor renuncia. —Cada músculo me quemó un infierno, la fatiga fue delirante, las náuseas se retorcieron en mis entrañas, estas prácticas intensivas eran un martirio.

Volví a correr, salté y otra vez fallé.

—Chico, esto no está funcionando. —Sin embargo, esas palabras solo erupcionaron aún más mi frustración.

Porque podía hacerlo mejor ¡sí! Estaba seguro de que era capaz de arrastrarme más lejos. Esa decadente ira me impulsó para dar el tercer intento, luego el cuarto, después el quinto. Perdí la cuenta y me abrumaron las risas. Mis hombros fueron barquitos de papel bajo el mar de la desesperanza, las mofas me hicieron demasiado consciente de mis fracasos, no obstante, debía continuar. Amaba el salto de pértiga, lo adoraba con una pasión pura e inquebrantable. Me mordí la boca, las fosas nasales me ardieron con la tierra, mis piernas parecían a punto de deshilacharse como una muñeca de trapo vieja.

—¡Ya ríndete Okumura! El título de Fly boy te quedó demasiado grande. —Estaba famélico.

—Cédele el primer lugar a alguien más. —Pero si yo me rendía ellos ganaban.

Y no dejaría que me quitasen esto.

—¡Otra vez!

Mis zapatos retumbaron contra cada grieta de pensamiento, la respiración me destrozó, la garganta se me cerró, corté el viento con esa carrera antes de extender la pértiga y clavarla en el suelo, el agujero de la cancha chirrió con la violencia del roce, como si el piso fuese de goma reboté contra la pista para alzarme en el aire. Solté la garrocha, las luces en la lejanía de la facultad fueron una sinestesia maravillosa, los latidos me hicieron eco en la tráquea, el sudor se convirtió en lluvia, sonreí, cerrando los ojos mientras las chispas me consumían. Los colores solo se deslizaron entre mis dedos mientras lo efímero de la belleza era consumido por una fotografía eterna.

Aterricé de golpe en la colchoneta. Bajé el mentón, esperando encontrar la barra en el suelo, sin embargo, el travesaño se seguía alzando con majestuosidad contra el soporte. Reí, parecía tan fácil desde este lado, mis pulmones apenas pudieron procesar el aire, me desplomé contra la gomaespuma. Fue un torbellino de emociones. Me limpié el calor con el antebrazo, volé más alto de lo que jamás creí que podría y ahora era un prisionero de la vocación fundida con centellas de adrenalina.

Esto era lo correcto.

—No estuvo tan mal, chico. —Esas fueron las palabras más amables que el entrenador Fox alguna vez me dedicó—. Si eres capaz de elevar esa determinación puedo mantenerte en el equipo.

—Gracias. —Mi voz fue una oda para la agonía, mis palmas se deslizaron contra mi vientre, mis piernas ya no se concebían reales contra la colchoneta—. Seguiré de esta manera. —Pero era una tortura tener que esforzarse tanto.

—Puedo entender por qué me sugirieron darte la beca. —La saliva se me llenó de amargura frente a esa confesión—. Puede que tengas talento, pero tenemos que explotarlo bien. —Me levanté, tratando de reprimir el candor del dolor.

—¿Usted no fue quien la propuso? —Él negó.

—Órdenes de arriba. —Su atención pendió hacia mis compañeros antes de regresar a mí—. Pero a estas alturas yo justifico esa decisión. —Aunque los demás reclutas fuesen la encarnación de la brutalidad ninguno había podido lidiar con los ejercicios extensivos de este hombre.

—¿Eso qué significa?

—Que si te sigues esforzando puedes ser la estrella de la competencia. —Bastó esa vaguedad para arrastrarme hacia el país de las maravillas.

Porque sí, esto era sumamente desgastante, las ojeras eran lagunas de demacración, las dietas una locura infernal y las burlas un martillo para la reminiscencia, sin embargo, si podía volar más alto no me importaba romperme aún más las alas. Fui hacia el camarín para asearme. Una torpe sonrisa pendió bajo el arrullo del vapor y la ternura del agua tras imaginarme la clase de expresión que mi novio me regalaría cuando le contase. El sonrojo fue inminente, no obstante, Ash Lynx era tan genial que ya no sabía qué hacer. Temía quedarme atrás. Agarré mi bolso, listo para salir de la facultad cuando un cartel promocional de Fish Bone llamó mi atención. Suspiré, cabello dorado, facciones de ángel, ojos vanagloriados por el jade. Era injusto que se viese tan guapo en una mera impresión.

—¿Te confesaste? —Dos chicas estaban conversando a mi lado—. ¿De verdad te le declaraste al lince de Nueva York? —Los latidos se me hundieron como navíos en el pecho.

—Lo hice. —Las risas se me agolparon en los tímpanos, las palmas se me empaparon de sudor—. Aunque dijo que ya tenía a alguien especial. —Una de ellas bufó, ni siquiera tuve el coraje para alzar el mentón, tan solo apreté las orillas de mi suéter, hiperventilado, esto no podía estar pasando otra vez.

—Su novia debe ser muy linda. —De repente ya no me sentía tan emocionado por irle a contar—. Aunque no me molestaría hacerle competencia. —Ni tan seguro de que debiese estar aquí.

—Que atrevida. —Lo amaba pero lo había encerrado en una fotografía.

—Es algo mucho mejor, señoritas. —Me sobresalté cuando un pesado brazo se colgó de mis hombros—. La novia de ese chico no es nada más ni nada menos que el Fly boy. —Las orejas me calcinaron—. Y no creo que puedan hacerle competencia, porque miren esas piernas.

—¡Sing! —El nombrado me sonrió de oreja a oreja.

—¿Muy lejos? ¿Debería hablarles de cosas aún más vergonzosas como sus constantes manoseos? —Ni siquiera supe cuándo las chicas se fueron—. O tal vez de lo incómodo que es salir con ustedes porque se la pasan comiéndose con la mirada. —La nariz me enrojeció—. O quizás de lo mucho que él babea cuando te ve con tu uniforme deportivo.

—Por favor ya cállate. —Él bufó, mis manos se deslizaron hacia mis bolsillos, nuestros pasos zanjaron lo sórdido de la facultad—. Me acabo de bañar y tú apestas a sudor. —Como si fuese un perro mimado, él se restregó con fuerza.

—Porque mi práctica recién terminó. —Aunque sus manos se encontraban vendadas pude vislumbrar la irritación en sus nudillos—. Asumiré que tú estás camino a ver a tu enamorado. —La indignación se me atragantó cual espina en los pulmones.

—Tal vez. —La malicia que chispeó en sus pupilas me heló la sangre.

—¿Me vas a abandonar otra vez? Pensé que éramos compañeros de almuerzo, teníamos un vínculo especial. —Rodé los ojos, fastidiado.

—Cuando te invitaba a verme trabajar me abandonabas para coquetear con Akira.

—Tienes un punto. —Sus huesos tronaron cuando él se estiró, sus dedos acariciaron la punta de los árboles, el bolso rebotó por la brusquedad—. Pero ella es muy linda, Ash ni siquiera es guapo. —El puchero que esbozó fue una glorificación para las pataletas.

—Solo estas celoso de que él te quitara a tus fans. —Él chasqueó la lengua, humillado. Que fuese orgulloso era un goce—. Aunque desearía que no las tuviese... —Mi atención regresó al piso. No pude evitar que mi corazón cayese entre las manos del lince de Nueva York, temía tanto que él lo rompiese, porque cada día pensaba más en ese hombre.

—Eiji... —Cada vez que nos encontrábamos me sorprendía amándolo un poco más—. Él no es Arthur. —Cada instante que florecía mis latidos se descarrilaban para clamar por él. Me encantaba, toda pequeña cosa sobre Ash Lynx era una mortífera adicción.

—Lo sé. —Pero el amor se marchitaba con una descorazonada inocencia—. Nadie es como Ash. —Y murmurarle a los sueños era un pozo de deseos vacío—. Por eso tengo miedo. —Estaba en una caída libre con las alas rotas.

—Realmente te gusta. —Mis dedos se crisparon contra mi vientre.

—No. —El candor tiñó mis mejillas con una infinidad de rosas—. Creo que estoy enamorado. —Esa era la primera vez que lo confesaba en voz alta.

—¿E-Enamorado? —Asentí, angustiado.

—Por eso es terrible ver cómo la brecha entre nosotros crece. —Los labios me temblaron—. Pero él es tan maravilloso, no puedo culpar a la universidad por quedar encantada con él cuando soy su mayor fanático. —La suavidad en su expresión me dejó sin aire.

—Creo que lo estás haciendo bien. —La palmada contra mi espalda fue bruta—. Además te ves mucho más animado estos días. —El estrés universitario me pareció hilarante. Poder charlar así con Sing, sonreí, realmente agradecía tenerlo como amigo.

—Es que también pusieron a mi papá en la lista de espera de una clínica y... —Mis yemas se acalambraron contra los bordes de mi suéter—. Espero que las cosas salgan bien. —Aunque mi historia familiar era una tragedia repleta de desquites y presión los amaba.

—La beca parece estarte ayudando bastante. —Asentí, relajándome bajo sus brutos consuelos de cristal—. Deberías sentirte orgulloso, te la dieron porque eres talentoso, ese mérito es tuyo y nadie te lo puede quitar.

—Tienes razón. —La confianza era una torre peligrosa—. Esto es solo mío. —Porque ante el roce más delicado esta se desmoronaba como si fuese de papel. .

Le pedí un deseo a la luna sabiendo que su corazón era ciego, me acerqué para musitarle al sol pero su esplendor me congeló.

El centro comercial era una fantasía luminosa de cinco pisos. Los estudiantes se encontraban atiborrados en cafeterías o tiendas de moda, la luz creaba un rebote curioso contra la pulcritud de las baldosas, el aroma a lavanda entremezclado con limpiador me cosquilleó debajo de la nariz, me arrastré hacia la tienda que Yut-Lung Lee me había indicado, los letreros de neón en diferentes idiomas captaron mi atención, el lugar parecía ser de alta gama, tragué, ansioso. No tuve que buscar demasiado para encontrar a mi mejor amigo suspirando en un sillón de terciopelo con el ceño tenso y una mueca constipada.

—¿Por qué la cara larga? —Me acomodé a su lado—. Pareces a punto de llorar.

—Eiji... —Él no tuvo la oportunidad de responderme, la cortina del probador se abrió para revelar al imponente Shorter Wong en mallas de cuero y licra. El azabache lloró en silencio dándole un pésame a sus ojos.

—¿Qué opinas, cariño? —El amarillo de la prenda fue tan fosforescente que forzó a los vendedores a entrecerrar la mirada.

—Si te tiñes el cabello de verde parecerás una piña. —Bones saltó por detrás con un atuendo similar en rosa—. ¡Me encanta! —Alex se abrió paso con lo que parecía ser una copia al estilo de Elton John, el volumen en su melena se hizo aún más grande bajo las luces de la tienda.

—Amigo, realmente nos vemos ardientes, las damas harán filas para arrojarnos sus sostenes. —El lamento de Yut-Lung Lee fue ignorado por los presentes, al encontrarse tan inmersos en sus propios reflejos ellos no notaron los cuchicheos a nuestro alrededor—. Pero siento que nos hace falta algo para vernos aún más geniales. —Como si hubiese estado esperando esa pregunta Kong apareció con varios lentes de botellas—. ¡Perfecto!

—Nuestras fanáticas se morirán cuando nos vean así, eres un genio Shorter. —El azabache tembló, la frustración le desgarró las venas de la frente, sus pies se crisparon contra el sofá como un intento por contenerse, sin embargo, lucía a punto de erupcionar.

—Les diría que parecen payasos pero eso sería un insulto para todos los circos. —Su voz trepido ensombrecida, él ahogó un grito contra su palma antes de frotarse el entrecejo—. ¿Por qué me están torturando así, Eiji? ¿Por qué odian tanto a sus fanáticos como para traumarlos? Tendrán pesadillas de por vida con esa horrorosa licra.

—¡Probemos con animal print! —El más joven sacó un pañuelo para limpiarse las lágrimas.

—Esto es horrible, ya no puedo soportar más este crimen. —Él me sacudió por los hombros mientras la banda seguía tonteando por la tienda, el espanto en las muecas de los vendedores me hizo reír, él se sonó con histeria.

—Y así te quejas de mi novio. —Sus ojos rebosaron humillación cuando se empezaron a probar accesorios ostentosos.

—Ese vándalo no es mi novio. —Como si fuese una oda para la coquetería él deslizó una de sus piernas sobre la otra—. No saldré con el asesino serial de la moda. —La indignación me palpitó entre las cejas.

—Yut... —Él me miró, ofendido—. Tienes un chupón en el cuello. —El sonrojo fue abrupto.

—¡Le dije que no dejara marcas!

—Ya deja de hacerte el difícil, él te gusta. —Poder contemplar al majestuoso Yut-Lung Lee rojo hasta las orejas, haciendo un berrinche, no tuve precio.

—Eiji, él puso a esos idiotas a tocar debajo de mi ventana como mariachis, ni siquiera tiene sentido, Shorter es el guitarrista más talentoso del mundo. ¿Por qué no me cantó él? —La paciencia le quemó la tráquea—. Además usaron una manguera para simular lluvia. —Contener la risa fue imposible, me apreté el vientre intentando regularlo, sin embargo, fue inútil.

—¡Eso es lindo!

—¡Claro que no lo es! —Los párpados le tiritaron con violencia—. Además, me obligó a ser su agente de imagen y ni siquiera me escucha, esto es un caos.

—¿Cariño, qué piensas? —El aludido gritó del horror cuando el moreno le mostró una chaqueta de lentejuelas arcoíris—. ¿No te verías bien con ella?

—Pídeselo de manera amable, Yut. —Él tomó un gran bocado de aire antes de sonreír, la mandíbula le crujió frente a tan falsa paciencia.

—¿Por qué no me dejan ayudarlos con eso? —Los integrantes de Fish Bone intercambiaron un mohín curioso antes de iluminarse. Apenas Yut-Lung Lee fue arrastrado hacia la sección masculina un último probador se abrió.

—Eiji. —Perdí el aliento cuando lo vi.

Ash Lynx era la definición de galantería, el oro de sus cabellos creó un contraste magnánimo para la nieve de su piel, el escarlata de la camiseta lo hizo lucir aún más feroz, tragué, siguiendo con mi mirada lo descarado del escote para detenerme en su clavícula, la chaqueta de cuero fue un poema de rebeldía juvenil, sus piernas se encontraban enfundadas en unos ajustados jeans de mezclilla. Tan sensual. Su sonrisa juguetona se grabó a fuego lento en mi palpitar, las palabras se me atoraron, la quijada me tembló. Él se deslizó con orgullo hacia el sillón, antes de que pudiese reaccionar él ya se encontraba a mi lado, con una palma contra su nuca y un brillo malicioso fulgurando en esos jades. Adoraba sus ojos. Me encantaba esa expresión. Maldición, creo que amaba cada cosa de él.

—¿Tan guapo me veo, onii-chan? —Sus yemas fueron tentación de terciopelo bajo mi mentón—. Y yo pensaba que me veía mal. —El candor fue insoportable en mis mejillas, sus caricias pintaron constelaciones doradas en mi interior.

—Eres hermoso, Ash. —La perplejidad en su rostro me atontó—. Tengo el novio más guapo de todo el mundo, soy afortunado. —Él se inclinó, su mano se deslizó desde el borde del sillón para posarse en mi cintura y acercarme. Tirité, se sintió tan bien que me tocara.

—Ese soy yo. —Nuestras narices se restregaron con suavidad—. Mi novio es absolutamente adorable. —Él besó mi frente, el tacto fue un relámpago de irrealidad. Sus labios fueron seda hacia mis pómulos, mis brazos pendieron alrededor de su cuello, la naturalidad con la que nos buscamos fue intoxicante—. Te eché de menos. —Reí, dejando que él me tomase para acomodarme en su regazo.

—Desayunamos juntos en la mañana. —Él hundió su nariz contra mi cuello.

—Demasiado tiempo sin ti. —Sus palmas me quemaron la espalda en lo efímero del éxtasis—. Si pudiera estaría pegado a ti todo el día. —Aunque él estaba escondido pude ver a sus orejas enrojecer.

—Eres lindo. —Mis dedos se enredaron a sus cabellos.

—Tú eres lindo. —Sonreí, embriagado—. Ya tuvimos esta discusión. —Mis piernas se acomodaron a los costados de su cadera para que el mundo se esfumase, el sillón se hundió frente al cambio de peso.

—Entonces acepta tu derrota, Ash. —Él alzó el mentón, su puchero fue un deleite—. Resígnate a ser el atractivo en esta relación. —¿Cómo alguien podía ser tan lindo? ¿Cómo era posible que él me gustase tanto? Esto era una adicción.

—¿Cómo te fue en la práctica con el equipo? —Suspiré, dejando que él fuese mi pilar, porque era tan fácil solo deshacerse en él. Estaba a su merced.

—Es estresante, así que necesito recargar energías. —Pude sentir su risa contra mi oreja cuando me dejé envolver por tan desmesurada calidez—. Fue raro no ver al equipo de béisbol jugando al lado, odio estos nuevos horarios.

—¿Extrañaste a tu adorado novio? —El aroma del cuero entremezclado con su perfume me resultó mortífero, hundí mi nariz en su chaqueta, necesitando de más.

—Claro que sí, sino no hubiese venido corriendo a verte. —Sus palmas se crisparon contra mi espalda.

—No estás siendo justo. —Como si pudiésemos escondernos de la realidad en este trémulo abrazo, él me acunó contra su pecho—. Se supone que yo debía seducirte a ti, no al revés. —Me aterró que él estuviese tan cerca, porque si seguíamos de esta manera él podría escuchar lo mucho que me fascinaba.

—¿Ahora iremos a tu casa? —Y qué terrible sería eso cuando yo estaba tratando de pretender calma.

—Los chicos quieren ir a comer algo pero podemos escaparnos. —Su voz se expandió como fuego lento sobre mi piel, la cordura se me erizó—. Quiero estar a solas contigo, onii-chan. —Hubo algo extremadamente coqueto en ese susurro. Me separé para mirarlo.

—¿Te me estás insinuando, Aslan? —La picardía en su sonrisa me derritió, su palma se deslizó hacia mi muslo.

—Sí. —Cada centímetro que subió más me costó respirar—. ¿Tiene algo de malo? —Reí, más ansioso que torpe para inclinarme hacia sus labios.

—¡Ni lo piensen! —Bones me tacleó para que cayese al otro lado del sillón—. Lo siento Eiji, pero él prometió comprarnos la cena y estamos muriendo de hambre. —El cuerpo del tecladista me aplastó las costillas, la fatiga me cayó como un balde de agua fría.

—Lo siento Ash, pero queremos KFC. —Shorter se encontraba cargando decenas de bolsas de papel bajo la sonrisa orgullosa de Yut-Lung Lee—. Además tengan algo de vergüenza, están en público. —El rubio apretó los puños y frunció las cejas.

—Tú tienes un montón de chupones en el cuello. —El aludido se encogió de hombros.

—Pero nosotros lo hicimos en el probador, tenemos decencia. —Desde ese día quedamos vetados de la tienda.

Las risas nos acompañaron el resto de la tarde, aunque las filas para los locales de comida rápida eran eternas fue divertido poder relajarse con ellos. El entrenamiento al que me sometía de Eduardo L. Fox era tan inhumano como desgastante, sin embargo, lo garrafal del agobio se esfumaba con una simple mirada de esos ojos verdes. Era delirante. Tenía al mundo quebrándome los hombros pero aun así me profesaba capaz de alzarlo porque lo tenía a mi lado. Ni siquiera me gustaba el pollo frito, no obstante, lo terminé disfrutando.

—¡Nos veremos realmente geniales con los trajes que eligió Yut! —El nombrado enrojeció bajo los alaridos de Bones—. Estamos listos para la competencia. —Los baldes de frituras ya se encontraban a medias sobre la mesa de plástico, una canción popular estaba resonando por los altavoces del centro comercial.

—Aún tenemos mucho que ensayar, no te confíes. —Alex le tiró la mejilla como regaño.

—Yo no me siento especialmente preocupado. —Shorter estiró sus brazos sobre su cabeza antes de tomar algunas piezas de pollo y echárselas a la boca—. Tenemos talento y cada día tocamos mejor, si seguimos así pronto seremos estrellas. —Ash trazó un camino con sus yemas alrededor de la bebida, la pajilla crujió cuando él la presionó.

—Yo estaba pensando en invitar a mi hermano mayor. —Sus movimientos cesaron—. No estoy seguro, pero...

—Deberías hacerlo. —El moreno tomó la palabra—. Él amaría verte. —Como si yo fuese el portador de la verdad, él se ahogó en mi mirada. Lindo.

—Pienso lo mismo. —Una suave sonrisa iluminó la catástrofe—. A Griffin le encantaría verte tocar en un espectáculo, te lo ha pedido varias veces. —Él bajó los hombros, aliviado.

—Tienes razón. —Sus dedos se deslizaron entre los míos—. Gracias. —Su cabeza se dejó caer sobre mi hombro, el roce fue más eléctrico que mortífero, el dorado cosquilleó bajo mi mentón—. Me gustas mucho, Eiji. —No pude respirar ante dichosa cercanía.

—Ustedes cada día se vuelven más empalagosos, es asqueroso de ver. —No pude concentrarme en la voz de Yut-Lung Lee porque el cabello de Ash olía demasiado bien y su piel se sentía realmente caliente contra la mía.

—No te pongas celoso, nosotros también podemos ser así. —El azabache alzó una ceja, ofendido.

—Shorter, nosotros no estamos saliendo. —El nombrado se atragantó con el pollo, los lentes se le cayeron durante la conmoción.

—¿No estamos? —El más bajo se frotó el entrecejo, irritado—. Pero si ya ponchamos la florcita. —Reí, sabiendo que mi mejor amigo carecía de paciencia cuando se trataba de romance.

El peso del amor inmerecido se hundió como un navío de vidrio en el mar del olvido.

El apartamento de mi novio era un lugar agradable, Max siempre nos recibía con alguna anécdota sobre su trabajo acompasada por una expresión bonachona, los bocadillos abundaban en las penurias juveniles, la calefacción era un lujo para la precariedad estudiantil, su cuarto estaba repleto de él. Eso me encantaba, cada vez que lo visitaba habían más cosas que convertían esas cuatro paredes en su hogar, alguna enciclopedia, juego o una simple fotografía, era vergonzoso que él hubiese decorado todo un muro con las instantáneas que nos habíamos tomado, sin embargo, el gesto era tan lindo que apenas lo podía soportar. Me acomodé en su cama mientras él revisaba la cajonera. Él llevaba días queriendo mostrarme algo.

—Estás siendo bastante enigmático con esto. —Mis zapatos se bambolearon sobre la alfombra, mis manos se hundieron en la manta, sonreí, sabía que él la había comprado solo porque yo era friolento y llegaba agotado de los entrenamientos.

—Es que tuve que comprar esto a espaldas del anciano o me acusaría con Griffin. —El ceño se le tensó—. Max es terrible guardando secretos, es un chismoso. —Su mirada se iluminó, él sacó una perforadora del cajón—. La encontré.

—¿Esa pistola es de verdad? —Enrojecí.

—¿A qué te refieres? —Claro que era real si la había comprado en secreto, que tonto por preguntar.

—Las pistolas reales están prohibidas en Japón. —Me rasqué la mejilla, evitando su mirada, la electricidad se extendió desde mi nariz hacia mis orejas—. Solo las pueden usar los perforadores con licencias, no son tan fáciles de conseguir. —Él se inclinó, pude saborear su aliento entre mis labios. Tan seductor—. ¿Puedo sostenerla? —El brillo que poseyó a esos jades fue feroz.

—Bien. —Él me la extendió, la herramienta era pesada y tenía un filo peligroso, él se sentó a mi lado, divertido—. ¿Te gusta? —Me limité a asentir—. Bien, porque quiero que tú perfores mi oreja.

—¡¿Q-Qué?! —No pude contener la conmoción—. No voy a hacer eso Ash, no tengo licencia, no sé cómo hacer un piercing. —Él me sostuvo las manos para adueñarse de mis latidos, de repente su expresión cambió.

—Yo... —Ese verde luminoso se llenó de tormentas—. Debo hacer esto pero quiero un recuerdo bonito si lo hago. —Y su voz se quebró. Lo tomé de las mejillas, con suavidad, buscando alguna clase de señal para poder leer semejante angustia.

—¿Tienes que hacerlo? —Su galantería fue de papel.

—Por Fish Bone, ya sabes, para verme genial. —Los hombros se me hundieron en la desolación. Él estaba mintiendo, porque cuando él mentía siempre estaba completamente calmado—. ¿Puedes? Sé que te pone nervioso y no te encanta la idea, pero... —Él estaba ocultando algo importante—. Por favor.

—¿Seguro es eso? —Pero todo lo que podía hacer era confiar en esas palabras.

—Seguro. —Suspiré, resignando.

—Con una condición. —La incertidumbre con la que se inundaron sus pupilas me estremeció—. Quiero que tú me hagas uno a mí primero. —Le entregué la pistola, determinado.

—¿Por qué? —El vientre se me llenó de pirotecnia cuando nuestros dedos se enlazaron.

—Bueno... —A veces él era así, la soledad que había empezado a manifestar era tan destructiva como una inundación, necesitaba hacerle saber que estaba cerca aunque no me pudiese contar—. Es algo así como una perforación de pareja, es lindo. —Ambos enrojecimos frente a tan penosa confesión, bajé el mentón—. Solo si quieres...

—Eiji. —Él parecía a punto de romper en llanto—. Acabas de convertir algo desagradable en un recuerdo lleno de felicidad. —Sus dedos se crisparon contra la pistola—. Gracias. —Y solo por un instante él derribó esa barrera de tempestad para caer destrozado contra mi pecho—. Gracias. —Su voz escapó empañada por la pena, lo abracé con fuerza, sintiendo cómo se hacía más pequeño con las lágrimas.

—Sabes que te amo y puedes contar conmigo para lo que sea, ¿verdad? Te apoyaré sin importar la situación, prometo no juzgarte jamás. —Él tembló, sus ojos me contemplaron como si una galaxia entera estuviese floreciendo entre nosotros dos.

—¿Me amas? —Él soltó esas palabras aturdido, solo cuando me hundí en la transparencia de ese verde comprendí el peso de mi confesión. La vergüenza me punzó el rostro en una sinfonía de rosales—. ¿Tú? —La perplejidad en su mohín fue adorable—. ¿A mí? —Él se apuntó a sí mismo, atónito.

—Sí. —Reí, en esto ambos éramos niños—. Pensé que estaba implícito. —Me quise esconder en la manta, sin embargo, él tomó mi cara entre sus manos y el mundo se me acabó, la estridencia con la que palpitó mi corazón fue tanta que nubló mi cordura.

—No lo estaba. —Sus yemas delinearon mis pómulos para llenarlos de color—. Eiji . —Mi nombre adquirió un significado sagrado entreverado con su voz—. Mi Eiji. —Su nariz se deslizó al costado de la mía—. Te amo también.

Sus labios fueron acariciar el cielo. Adictivos, suaves y calientes. Los atesoré con movimientos lentos, sus palmas se deslizaron hacia mi cintura, las mías se aferraron a su nuca, él hundió su rodilla en la cama para poder acercarse. Temblé, cada vez que nos besábamos él parecía hacerse más atrevido y audaz con sus caricias, sus yemas delinearon mis curvas bajo mi suéter, el candor fue insoportable. Su lengua recorrió sin pudor mi boca para saborear hasta el último retazo de pasión, mis dedos se crisparon contra sus cabellos, jadeé cuando él me mordió el labio inferior antes de seguir. Sofocante, peligroso e intoxicante. El cuarto se llenó de una sinfonía ansiosa. Caí sobre el colchón. Sus manos se deslizaron desde mis muslos hacia mi vientre, él encendió cada centímetro que recorrió, nuestras piernas se enredaron, un gemido fue silenciado por su lengua, me estremecí, no existió distancia entre nosotros dos. Un beso se convirtió en una promesa. Él me dejó completamente vulnerable en la obscenidad de esos toques. Me ahogué en él. Cuando nos separamos ambos estábamos hechos un desastre, solo pudimos reír mientras el rojo nos teñía.

—¿Puedes decírmelo de nuevo? —Alcé una mano para poderlo acercar, apoyé su frente contra la mía, me di coraje para abrir los ojos y musitarlo.

—Estoy perdidamente enamorado de ti, Aslan Jade Callenreese. —Sus ojos colorearon una infinidad de constelaciones en mi alma bajo tan esplendoroso esmeralda—. Aunque estaba implícito. —Él sonrió, sí, con esa clase de sonrisa que podía robarte el corazón en un instante.

—Fui yo quien se enamoró de ti cuando te vio saltar. —Elevé una ceja, divertido.

—¿Entonces fue amor a primera vista? —Él se dejó caer a mi lado en el colchón.

—Supongo que sí. —Sus palmas comenzaron a acariciar desde mi cintura hacia mis caderas en una especie de ciclo—. No te pude sacar de mi cabeza desde que te vi, incluso le pedí consejos a Max para poder hablar contigo. —Yo hice lo mismo con su silueta. Aunque el cuerpo de Ash Lynx era increíblemente masculino desprendía una suavidad adorable.

—¿Por qué no solo me hablaste? —Él bufó.

—No soy muy bueno sociabilizando con los demás. —Sus yemas perfilaron mis curvas como si yo fuese un lienzo a la espera de ser admirado—. No creí que fuese tan simple.

—Lo dice el hombre al que se la pasan confesando. —Su sonrisa chispeó con astucia luego de que los celos me rebalsaran, mis movimientos se congelaron contra su cadera—. Eso fue lo que escuché...

—Sí. —Él se acercó, como si fuésemos dos extremos del mismo imán terminé contra su pecho, demasiado juntos—. Fish Bone tiene muchas fanáticas, esto se ha vuelto común. —La garganta se me encerró, sus yemas me agasajaron la nuca para que la electricidad me golpease desde la espina dorsal hasta el corazón.

—Presumido. —Pero él no me dio la oportunidad para esbozar un puchero.

—Pero la única persona que me importa está justo aquí. —El magnetismo fue insoportable—. Dijiste que podía pasar el resto de mis días contigo, ¿no? —El sonrojo fue tan violento que podría haberme salido humo de las orejas, me traté de esconder contra la manta, sin embargo...

—Sí. —No pude dejar de vislumbrarlo—. Lo dije. —Porque mientras más lo admiraba más lo amaba y ya no sabía cómo parar.

—¿Entonces puedo tomar estas perforaciones de pareja como un compromiso? —Reí, sabiendo que era estúpido estar feliz por algo así de infantil.

—¿No es muy antes para pedirme matrimonio? —No éramos más que dos niños jugando a estar enamorados.

—Es más bien una propuesta para que te quedes a mi lado. —Pero si esto era real para nosotros dos. ¿Qué importaba? Él se acercó, con timidez, su respiración se agolpó contra mi frente para que cada poro de piel exudara pánico.

—Acepto. —Alcé la mirada, dándole un pequeño beso sobre la barbilla, él se rio, sabía que se estaba burlando por mi falta de altura otra vez, sin embargo, me dio igual—. Me quedaré a tu lado mientras ahí me quieras. —Porque este momento era perfecto.

—Eiji. —Nuestras manos se entrelazaron en el aire—. La otra semana tendré que ir a una especie de reunión para alumnos prometedores, el director eligió llevarme porque soy la estrella del equipo de béisbol y...

—¡Eso es fabuloso! —Su sonrisa me tranquilizó, era importante crear oportunidades en el mundo universitario para poder sobrevivir—. ¿Estás nervioso?

—Bastante. —Él se mordió la boca, afligido—. Pero quería saber si te podía ver cuando todo eso se acabara, sé que va a ser tarde y probablemente tengas entrenamiento al día siguiente... —Besé sus nudillos, silenciándolo.

—Seré la primera persona que verás afuera del hotel con un gigantesco ramo de flores para felicitarte. —El brillo con el que fulguró ese verde fue un campo de paz en el amanecer. Él me acarició la frente antes de tomar la pistola.

—¿Estás listo? —Asentí, sintiendo cada palpitar en la garganta mientras él acomodaba una base contra mi oreja y el filo del arma me gatillaba un escalofrío, él me dio la mano, yo cerré los ojos, con fuerza—. ¿Seguro?

—Sí. —Me aferré a él—. Esta será nuestra promesa.

Yo le extendí los pedazos de mi alma cuando las risas fueron cisnes de papel y suplicarle a las estrellas se apagó tras una sátira. Yo le entregué cada uno de mis retazos anhelando que fuesen suficientes.

¿Lo eran?

¿Por qué este fic se hace más estúpido con cada capítulo? Les juro que no sé, solo pasa, perdonen a la autora y su nula capacidad de ser seria. El siguiente capítulo creo que ya saben lo que se viene, nadie me entre en pánico hasta que sí pase algo. 

Muchas gracias a las personas que se toman el tiempo para leer, nos vemos la otra semana.

¡Cuídense!

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