🌿 Día 0;21 Pelea y disculpa
Chuuya consideraba que estaba por perder el control completamente. Aunque ya había indicios de que su temperamento ha estado empeorando, más de lo usual, por una sola razón.
Desde que Dazai conoció a esos chicos en el bar Lupin, su amistad se ha quedado en segundo plano.
Y no, no era de su agrado llamar a aquello que tenían como amistad, pues su orgullo se veía herido al pensar ser amigo de un idiota como Dazai; pero no le podía poner nombre al sentimiento que crecía dentro de él.
El sentimiento de pensar ser menos importante cuando Dazai estaba con Sakunosuke, o el querer cambiar cuando se sentía una completa molestia al estar cerca de su compañero. Y esta situación lo atormentaba a mares, porque no podía creer que haya pasado tantas cosas, se haya puesto firme frente a tantas situaciones distintas para ir a tirar todas sus inseguridades en un amor unilateral.
Chuuya hace no más de una semana descubrió que sus sentimientos van más allá que el de el compañerismo, rivalidad o amistad. Fueron más de dos noches las que pasó fuera de su departamento para ir a beber a algún bar al azar para ahogar sus penas.
Chuuya no quería estar más así. Dicho de otro modo, nunca pidió estar así. Sintiéndose como la mierda por pensamientos que antes lo tenían sin cuidado, por pensar en Dazai cada vez que tenía un tiempo libre.
Hace ya varios días que Chuuya no se toma un descanso del trabajo. Pensando que su mente debería estar ocupada para no caer en estupideces, para que su alma y corazón no se doblegaran a la idea de realmente estar enamorado de un idiota.
Hace ya varios días que Dazai notó raro a su compañero. Pues él siempre presumía por conocer actividades y misiones que le corresponden al pelirrojo, tanto en su tiempo libre como en las horas de trabajo.
Pero por más que lo intentaba buscar, no lo había visto en una semana. La semana más preocupante de toda su vida.
Chuuya rondaba por los pasillos de la Port Mafia con un humor de los mil demonios, maldiciendo cada cosa que se encontraba y asustando a cada subordinado que paseaba por ahí. Hasta que sus ojos se encontraron con quien debía hablar.
-Akutagawa.- llamó Chuuya acercándose al susodicho.
-Chuuya-san.- respondió tapando inmediatamente su boca con su mano zurda. -Mori-san lo ha citado en su oficina, parece ser que tiene un trabajo para usted.
Chuuya bufó. -Bien, debiste decirlo por teléfono, Akutagawa.- respondió un poco más irritado todavía. No estaba de humor suficiente para una misión en estos momentos. Pero sabía lo que pasaba si no se obedecían las órdenes directas del jefe.
Su humor no era por mero gusto, la verdad es que debía encontrar una momia que se mofó de él con tan sólo haberse despertado.
Esta mañana, Chuuya amaneció de buen ánimo, hasta que se encontró con una irritante nota en el lugar donde siempre dejaba su sombrero.
La nota decía;
"Ven a buscar tu sombrero, Chibi.
Pero cuidado con meter a otros en este juego, aquí sólo participamos tú y yo."
-Dazai ♡
La ira que estuvo acumulando durante dos semanas estalló, siendo incapaz de controlarse salió gruñendo a todos lados cuando su celular comenzó a sonar, era Gin, una novata asesina recién graduada de su entrenamiento para las artes marciales.
Gin decía que su hermano, el Akutagawa mayor, lo estaba buscando pues tenía algo importante que decirle.
Aparentemente esto había sido una clase de teléfono descompuesto, donde Mori le encargó un recado a través de Ryūnosuke, quien a su vez le pidió el favor de comunicarlo a su hermana.
La cabeza le iba a estallar.
Una vez en el ascensor se pudo calmar, estar sólo tal vez era lo que le hizo falta todo este tiempo.
Con cuidado tocó la puerta tres veces seguidas para anunciar su llegada. Pasó un momento hasta que le abrieron las grandes puertas los guardias que se encontraban en el interior.
La silueta en el escritorio de Mori se veía de espaldas, eso le dio un mal presentimiento por alguna razón.
-¿Nos pueden dar algo de privacidad, caballeros?- pidió la voz de Mori, hablando primero rompiendo tal ambiente tenso.
Grata no fue la sorpresa de Chuuya cuando al salir los hombres, la silueta en el escritorio de Mori se girara y lo mirara con esa sonrisa socarrona que tanto aborrece, mostrando en su mano elevada una grabadora portátil. Pues no se imaginaba que Dazai estaría metido en esto, para nada. Al parecer aún era un novato cuando se trataba de las jugadas de Dazai.
Ya era raro no encontrar a Mori peleando con Elise en algún lugar de esta sala.
-Hola, Chibi.- habló serio, mas continuando con su sonrisa. -Puntual como siempre, como se esperaba de ti.
Dazai se levantó del asiento a paso delicado, caminando alrededor de Chuuya y mirándolo como quien aprecia un tesoro recién descubierto en las profundidades del mar.
-Algunos nos tomamos el trabajo en serio, caballa maldita.- continuó la conversación vigilando cada movimiento de Dazai, pues esto claramente podría ser una emboscada para él. -¿Por qué estoy aquí?
-Buena pregunta.- Dazai detuvo sus pasos y con ayuda de sus manos recargó su cabeza de manera pensativa. -Cuando teníamos quince perdiste una apuesta conmigo y dije que serías mi perro de por vida. Después de eso te uniste a la mafia para-
-Eso ya lo sé, maldita sea- interrumpió con descaro el relato que se sabía al derecho y al revés. -Me refiero a, ¿para qué me querías aquí? Hoy, en este momento.
-Bueno, has estado algo raro últimamente, Chibi.- el rostro de Dazai parecía el mismo del de un niño de cinco años después de haber sido regañado, no obstante, no daba ternura. -Quiero saber los motivos.- sus ojos rojos infestaron el alma de Chuuya sin permiso, leyendo sus intenciones y pensamientos sin arrepentimiento alguno.
-No es... nada que te incumba.- las manos de Chuuya comenzaron a sudar, pues jamás en su vida había sido testigo de esa faceta de Dazai. Hasta donde sabía, sólo aquellos que tenían la desgracia de ser torturados por el demonio podían mirar esos ojos y esa aura.
-Chuuya,- llamó con una voz ronca que hipnotizó a Chuuya por unos cuantos segundos. -todo lo que te pase a ti, es de mi incumbencia.
El corazón de Chuuya comenzó a latir con frenesí. Temió que de no poder controlarlo, su corazón terminase por salir disparado en cualquier dirección fuera de su pecho.
-No entiendo, ¿qué estás diciendo, Dazai?- la voz de Chuuya flaqueó, más de lo que le hubiera gustado, pues tal pereciera que eso sólo deleitó más al espíritu del contrario.
Dazai se acercaba a él lentamente, intentando detener cualquier impulso de idiotez que por su cabeza se asomaba, pero le era imposible. Desde el principio supo que Chuuya es un ser sublime, la belleza que irradiaba a cada ocasión era como un fruto prohibido para cualquier mortal, del cuál, él quería y estaba dispuesto a ser primero en probar.
Sus pasos lo arrastraron más y más cada vez, hasta que el pelirrojo chocó la espalda baja contra el escritorio de Mori.
-Chuuya...- llamó por segunda ocasión. Restando espacio entre los dos, Dazai estaba a escasos metros de probar el ser y el alma de Chuuya con un beso. Pero no lo haría si el otro no se lo permitía. -Te amo. Te amo tanto que verte en el estado en el que estuviste estos días me pone mal, con el simple hecho de no verte puedo decir que he sido condenado a un sufrimiento eterno.
La cabeza de Chuuya explotó en ese preciso momento. Él no era tan inocente para no saber que las palabras que le habían confesado iban más que enserio.
Se sentía en las nubes, sin saber qué decir o hacer, cómo reaccionar o responder, pues las palabras que utilizó sólo lo dejaron caer más profundo en la confesión de Dazai.
-¿Y qué... harías de ser el caso, de que sea mutuo?- el pelirrojo cerró sus ojos presionando sin mucha fuerza. Sólo no quería verse tan débil ante Dazai, pero tampoco es como si pudiera evitar sentirse a morir.
-Haría algo- Dazai se detuvo en seco, tanto su respiración como sus acciones quedaron petrificadas, dudando por primera vez en su vida, si lo que había hecho fue algo impulsivo. -pero sólo si tú me lo permites.
Chuuya volvió a abrir los ojos. Para entonces ambos desesperadamente rompieron su distancia y unieron algo más que sus cuerpos en un beso inexperto, tierno, y necesitado por el amor del otro.
Pudieron pasar minutos o quizá solo horas, pero finalmente y después de un rato se separaron.
-Entonces, ¿ya estamos bien?- preguntó con dificultad para respirar por el momento.
-¿Qué parece?- cuestionó entre irritado y feliz por la idiotez que sólo con él tenía la seguridad de mostrar.
🌿 Día 21; completo ✓
¿Esto cuenta como pelea y disculpa? Yo digo que sí¿
⊙⊙← Gracias por leer.
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