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🌿 Día 0;20 Tulipanes

-Joder, me voy a cagar encima. -murmuraba para sí mismo un chico con el cabello cobrizo, mirada azulada perdida y su mente en otro universo. Su intención era mirarse en el espejo frente a él, corroborando que todo estuviera planchado y se viera bien. No obstante, no pudo.

Porque, realmente no se hacía a la idea de que estaba por comprometerse verdaderamente con la persona con la que lleva casi ocho años de relación. Estaba tan próximo a sus treinta que no pensó que fuera necesario a estas alturas una boda para unificarlos más de lo que ya debían estar.

Pero, su prometido quería algo más formal, y bueno, siendo él un romántico empedernido no podía no aceptar su petición.

-Cuida esa boca tuya. -le gritoneó su hermano, quien lo esperaba a estar listo para ser llevado al altar. -Ni siquiera en un día como este puedes mantener tu boca con moderación.

-Joder. -dijo una vez más, alzando la voz para que se note la intención en su tono. Sacar de quicio a su hermano era siempre un deleite para su humor, y dado que ahora necesitaba mantenerse en este planeta y no en la siguiente vía láctea optó por molestarlo. -¿Qué quieres que diga, Paul? ¿Pamplinas? ¿Repampanos?

Su hermano lo miró mal.

-Sabes que no se trata de eso. -aseguró mostrando la obviedad de madurez entre ellos. -¿Qué pensaría tu futuro esposo si te escucha hablar así el mismo día de su boda, Chuuya?

Chuuya bociferó una carcajada.

-Yo digo que ni siquiera le importaría, mientras nos casemos. -terminó por decir y notó la mirada hastiada en el rostro de su hermano. -Porque, me ha soportado todos estos años, no se puede echar para atrás ahora. -su hermano sonrió ante las palabras que habían parecido una declaración de amor eterno para este día especial. Aunque Chuuya tenía otros planes para esas palabras en su mente. -Porque si se atreve a echarse para atrás ahora juro que lo obligaré a casarse y después seré yo quien pida el divorcio.

-Si bueno, dudo que suceda eso. -su hermano, harto del temperamento que su hermano había sacado de quién sabe dónde, porque en su familia todos solían sacar genes serenos, le dio un empujón en la espalda para espantar los nervios. -Después de todo están hecho el uno para el otro.

Chuuya sonrió ante tal proclamo. Le hacía en verdad ilusión que otras personas además de él sintieran y vieran eso.

-¿Crees que a papá y mamá les hubiera gustado esto? -preguntó un poco más nervioso que antes. Volviendo a chequear su traje para saber si estaban listos para salir, pues hace diez minutos les avisaron que en quince empezaría todo.

-¿El qué? -preguntó sereno a sabiendas de porqué hacía esa pregunta ahora. Sus padres, de ambos, habían fallecido hace no más de un año. Su padre siguiendo los pasos de su madre, como siempre había sido. Y Chuuya comenzaba a ponerse sentimental ante el ferviente deseo de haberlos temido aquí, mirándolo en el altar frente a la persona que le juró y perdurará amor eterno. Dándoles alguna clase de bendición. -¿El hecho de que te vas a casar o que sus dos hijos salieron homosexuales de primera?

El nudo en el estómago de Chuuya se aflojó ante la broma de su hermano. No estaba seguro si lo tranquilizó o lo angustió más.

-Bueno, ahora quiero saber por las dos. -dijo.

Paul tarareó.

-Bien, yo creo que nuestra sexualidad no les importa, siempre nos dijeron que fuéramos felices aún si el mundo nos faba la espalda. -le sonrió seguro, diciéndole que no tuviera miedo, comprendiendo lo con solo ese gesto. -Y por lo de la boda, creo que también hubieran estado contentos, ya que, estás usando el saco de papá.

Chuuya casi lloró cuando su hermano le recordó eso. No por nostalgia, sino porque maldijo los genes que heredó de su padre, pues aún a sus veintinueve años seguía midiendo al rededor de los uno sesenta.

Un chirrido proviniente de la puerta los sacó de su hermosa charla.

-Chuuya, ya debes salir. -recordó un chico rubio, más alto que él para su mala suerte. Lo había conocido cuando apenas tenía catorce años y en ese entonces no les sacaba la cabeza que ahora se llevaban. El chico le dirigió una sonrisa amable. -Osamu-san está esperando.

-¿Ese bastardo te pidió que me lo dijeras?

El chico rubio asintió.

Chuuya tomó el ramo de tulipanes que habían escogido. Ambos llevarían un ramo, después con un listón lo harían uno solo, para representar lo que estaba por hacer ellos mismos. Una cursilería que a Chuuya le pareció mejor en su cabeza.

Después de todo, resultó ser una mentira piadosa.

Mientras salía de la sala donde se había estado preparando, todavía pudo alcanzar a ver la espalda de su prometido, aún no llegaba al altar, ergo, no lo estaba esperando todavía. Pero podía decir que Osamu se veía tan hermoso, incluso si solo le estaba viendo la espalda.

El castaño frente a él iba acompañado de su madre, quien después de todo un ajetreo pudo estar presente en la boda de su hijo, viéndolo convertirse en más que un hombre.
Su traje, no era tan hermoso como el de Chuuya, pero era decente, contando con un color entre negro y marrón, tal como sus ojos. Y estaba seguro de que llevaría puesto la fea camisa verde bosque que Chuuya tanto odiaba, solo para cabrearlo.

Osamu giró brevemente su cabeza, dejando que los ojos azules y marrones se encontraran. Lo supo de inmediato, con un solo vistazo supo que él estaba tan ansioso como Chuuya en sí, y que de igual forma, la presencia del otro fue lo único que los calmó.

-Joder, Paul. Dime que mi espalda se ve mejor que la de él. -exigió solo por llevar la contraria.

Su hermano se estiró hacia atrás, recargado sobre su propia espalda para ver la de su hermano.

-Me parece que va bien. -con eso dicho Chuuya comenzó a caminar jalando del brazo a Paul.

Osamu ya había llegado y ahora sí lo estaba esperando. Paul lo soltó y Chuuya ya no tuvo miedo esta vez, solo pensando que se dirigía al lado de la persona que más amaba era suficiente para sentirse seguro.

No había padre, no era un encuentro religioso por todo lo que el Japón moderno implicaba todavía. Pero estaba bien así, ellos le habían pedido ayuda a un conocido para que los casaran por el civil.

Hacia unas semanas habían firmado el papel, pero esto era su verdadera unión.

Tal como se acordó, Osamu le colocó su anillo a Chuuya y Chuuya a Osamu.

Con dos listones, naranja y café, unieron los dos ramos de tulipanes blancos que habían cargado hasta el altar. Ambos se estaban profesando un amor puro y eterno con aquellas flores, un detalle que no alcanzaba a ser descrito en palabras.

-Osamu, ¿estás listo para formar parte de la familia Nakahara?

-Está bien, siempre que tú seas la primera persona que me reciba.

Los aplausos se escucharon lejanos cuando reafirmaron ese amor con un beso dulce y apasionado. Marcando un nuevo comienzo para la vida de ambos.

Chuuya se separó, haciendo que Osamu se quejara.

-Espera, nos falta algo. -Osamu alzó una ceja, cambiando de expresión en cuanto su esposo le extendió el ramo de tulipanes que debían lanzar. -Siempre quise hacer esto.

El castaño le sonrió ante la hermosa imágen que tenía de su esposo con el ramo. Se posaron de espaldas a los invitados, tomaron juntos el ramo y lo lanzaron en perfecta sincronía.

Y el ramo de tulipanes indicó de quién sería la siguiente boda, como expresaron siempre las supersticiones.

El ramo le cayó a...

⊙☉← Holaaa.
*inhala y exhala pesadamente hasta recuperar todo el aliento perdido*
Fue duro. No sabía cómo hacer este día porque yo lo quería cambiar a las camelias, que para quien no lo sepa, es la flor oficial del Soukoku ♡ Al final no lo hice porque me llegó la idea de esto, y se veía mejor en mi mente con tulipanes.
Etcétera. Muchísimas gracias por leer. ■■

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