🌿 Día 0;17 Cumpleaños
Dazai, por alguna razón, siempre odió su cumpleaños, y se lo hacía saber a cada persona que conocía, para que no intentaran organizar nada para "animarlo". Pues desde que tiene memoria siempre ha habido desastres en esa fecha del 19 de junio.
Obviamente, el afectado de esos infortunios siempre terminaba siendo él. Por eso tenía miedo de que ahora, Chuuya, su actual pareja —desde hace cinco años— estuviera sospechosamente ocupado esta última semana. Trayendo y sacando cajas de cartón con cinta.
Y Dazai no era de suponer cosas, él comprobaba todo en hechos, por eso mismo estaba buscando alguna de esas cajas de sobra que hubiese olvidado en su cuarto, solo para echar un vistazo y corroborar si sus ideas de lo que tramaba su novio eran ciertas o erradas. Porque de ser ciertas, Chuuya le estaría organizando una fiesta "sorpresa", pero como estas salían mal cada año, se sentiría mal si todo el esfuerzo de Chuuya se viera gastado en su maldición.
De ser cierto, le debía poner un alto.
Pero Dazai intentó de todo, buscar un agujero en el horario de Chuuya esta semana le fue un completo fiasco. No conseguía sacarlo de su ensimismamiento hecho por la "organización de algo importante" en su trabajo. Fue hasta en la noche que pudo acercarse a él para buscar respuestas. Lo haría directo, como siempre había sido, no necesitaba encubrir nada puesto que Chuuya lo entendería al cien por cierto.
—Chuuya, ¿podemos hablar?— llamó mientras se sentaba en la cama matrimonial que compartían.
—Sabes que sí. Pero dilo en otro tono, el serio me asusta y me hace pensar que me vas a dejar.— sonrió tranquilamente Chuuya, aligerando la obvia preocupación que su novio cargaba. —Ya dime qué te sucede, estás más raro de lo normal.
—Tú sabes que yo odio que celebren mi cumpleaños, ¿verdad?— atacó de la nada con la pregunta, haciendo que Chuuya frunciera ligeramente el ceño.
—Eh... sí, es por eso es que nunca lo celebramos.— completó extrañado. —Si ya sabes que yo no haría nada que no te guste, idiota. No tienes que recordármelo este año, después de siete años de conocernos.
—Claro, tienes razón, no es nada.— dijo concentrándose en ningún punto en específico de la pared en frente suyo.
—No puede ser.— exclamó Chuuya, llamando la atención de su novio. —¿Habrás pensado que todo este ajetreo que tengo es porque te voy a festejar algo mañana?
—¿Cómo sabes?— preguntó extrañado y a la defensiva.
—Te conozco de hace años, sé que tu mente baila, haces conjeturas demasiado apresuradas.— no hacían falta palabras, la cara de Dazai hablaba por sí misma. —No pasará nada, puedes estar tranquilo.— Chuua dejó la libreta que había mantenido en su regazo toda la plática encima de su mesa de noche, y antes de apagar la luz, añadió —pero recuerda que el veinte vamos a ir a la casa de mis padres. Buenas noches.
Tras eso la luz se extinguió en la habitación y lo único que se escuchó fue un "buenas noches" siendo devuelto.
Tal como se lo prometió Chuuya, a la mañana siguiente despertó como un día más, un día normal y simple en el que desayunaron juntos, vieron TV juntos y convivieron un rato más.
Entre risas y tanto amor que recibía de su pareja, Dazai realmente podía olvidar que su cumpleaños existía, o al menos que era ese día.
Fue todavía más acojedor cuando empezó a llover y Chuuya y Dazai se vieron obligados a quedarse dentro, el más bajo preparó un poco de chocolate caliente y agarraron de sus galletas guardadas para esta clase de ocasiones. Estuvieron un rato así, jugando a las cartas, ajedrez o cada quien leyendo algún libro.
En el sillón, su comodidad era obvia, y lo era aún más teniendo sobre su regazo al amor de su vida, es e quien siempre lo entendió, lo apoyó y ayudó. En todo momento se quedaría al lado de Chuuya, pues él estaba dispuesto a quedarse a su lado.
En un instante desconocido para él, cayó dormido junto a su amado.
Cuando despertó, Chuuya ya no se encontraba en su regazo, pero él aún estaba en el sillón. Un poco adormilado se levantó, mareandose en el intento; cuando pudo finalmente recobrar la orientación, Chuuya lo esperaba en la cocina vertiendo un poco de café en una taza, por lo que podía ver, no hacía mucho que el contrario se había levantado pues fe haber sido así, Chuuya no tendría su cabello hecho un estropajo.
—Qué bien que despiertas, dormilón.— dijo Chuuya desde la cocina agarrando la taza y dirigiéndose al recién levantado dejando un beso de buenos días en su mejilla, para el cual, lo tuvo que jalar de su ropa. —Nos vamos en dos horas.
Efímero, Chuuya salió de la sala con elegancia y rapidez, demostrando que se debía dar prisa si no lo quería ver en su estado de ira.
Hizo todo lo que debía hacer para arreglarse, pues no quería ver a los padres de Chuuya hechos una furia por llegar un minuto tarde. Al ser personas ortodoxas en todo lo que hacían, más el carácter fuerte que le heredaron a su hijo, eran toda una pesadilla viviente.
Dazai fue el primero en entrar al carro, siendo el quien iba a conducir, debía esperar a que Chuuya terminase de guardar todo para prender y arrancar el carro.
El camino fue tranquilo, no había embotellamiento, el sol no quemaba tanto y los paisajes eran hermosos. Pero, al momento de llegar y estacionarse, Dazai sintió el pánico cuando vio varios autos detenidos en el frente de la casa.
—¿Chuuya?— preguntó apagando el coche.
—¿Si, Osamu?— su tono era dulcemente irónico, gozaba de una tortura por escucharlo pronunciar su nombre creyendo que encubriría el hecho de tener un plan.
—¿Qué hiciste?
—¿Nada?— dijo —Hoy es veinte de junio, ¿por qué habría de hacer algo hoy?
Entonces Chuuya se dispuso a salir del auto, mientras Dazai seguía intentando procesar lo que le había dicho, en especial las palabras que remarcó. Cuando supo que Chuuya ya había dado unas vueltas de ida y vuelta, decidió salir ahora él del auto con el propósito de ayudar en lo que sea que fuere que Chuuya tramaba.
Pero no sabía que la última vuelta sólo había sido de ida, pues no regresó por más cosas y supuso que se adelantó dejándolo a merced de su cabeza.
Caminó en dirección a la puerta de la casa vacacional de los padres de Chuuya. Mas se detuvo al no escuchar nada, ni la voz de Chuuya ni la de sus padres.
—¡Sorpresa!— gritó un montón de de gente cuando abrió la puerta.
Entre ellos estaban compañeros de trabajo, amigos cercanos, y sobresaliendo pese a su baja altura, un sonriente Chuuya le daba la bienvenida a la casa.
—Chuuya...— llamó Dazai, mas el nombrado se acercó en su dirección n para taparle la boca antes de que dijera algo más.
—Antes de que refutes algo— inició su explicación. —sé que no te gusta tu cumpleaños, pero pienso que ya es tiempo de que dejes tus traumas en el pasado. Sabía que te negarías si lo hacía el diecinueve, pero hoy es veinte y no es tu cumpleaños ya. No es una fiesta si no quieres que lo sea, es solo un festejo.
Los ojos de Dazai se cerraron; y Chuuya en su calma sintió su mano ser mojada por la saliva de su novio.
—Maldito puerco.— exclamó.
—Gracias, Chuuya— dijo calmo, su mirada reflejando sus más sinceros sentimientos de agradecimiento por su pareja.
—No fue... no fue nada, maldito Dazai.— respondió ruborizado.
—¿Y mi regalo?— Chuuya lo miró con cara expectante, no había pensado en eso porque no pensó que fuera necesario, para alguien como Dazai que no le gustan las cosas materiales, no pensó que le exigiera algo. Esto, claramente Dazai lo leyó en su mirada, sin embargo él optó por una mejor idea. —¿Lo puedo escoger yo?
Chuuya asintió. Y tan pronto como lo hizo, sus labios se vieron prisioneros por los de Dazai. En el mundo eran sólo ellos dos.
Y los espectadores que estaban evitando ser testigos de tan cursi encuentro.
🌿 Día 17; completo ✓
Notita, no tengo nada que decir
⊙⊙← Gracias por leer.
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