🌿 Día 0;14 Cepillar el cabello.
—¡Cuidado hijo de puta!— gritó Chuuya antes del impacto con el peatón.
Chuuya no era una persona desprevenida cuando manejaba en su moto, porque alguien debía cuidar del vehículo. No le gustaría que alguien manchara su preciosa moto escarlata con sangre. Aunque fuesen relativamente del mismo color.
Pero esta vez la situación de salía de sus manos.
Estaba por llegar tarde a su trabajo de medio tiempo, por lo que hizo lo que prometió jamás haría. Pasó entre los autos y camiones escuchando cómo pitaban larga y tortuosamente con su claxon. Y por un descuido terminó por atropellar a un peatón.
—Oye, ¿te encuentras bien?— llamó Chuuya bajando de su moto, al notar al que se encontraba tirado en el piso sin ningún rasguño, él gruñó. —Ah, eres tú, maldito Dazai.
—Gracias, si, me encuentro bien, gracias a tu impertinencia.— dijo usando un tono sarcástico que sacó de sus casillas al pelirrojo. —Aunque no te culpo, seguro es por tu estatura que no puedes ver bien a los peatones.
—Oh, perdón, pero te confundí con una bolsa de basura.— sonrió socarrón, volviendo a su moto para no dejarla a media calle y poder estacionarla.
Su conversación duró así unos segundos más, cuando ambos tuvieron que entrar al trabajo donde ya los esperaba su jefe.
—Ustedes dos deben ser más puntuales si no quieren que los despida.—dijo parándose frente a ellos a penas entraron, señalando el reloj en la pared. —Vayan a cambiarse de una vez. Y por dios, Osamu, arregla tu cabello.
Dazai se sorprendió, pues estaba seguro de haberse peinado esta mañana. Aunque ese término no solía existir en su vocabulario, lo hacía para verse presentable y poder conservar su trabajo.
En cambio, Chuuya rió, haciendo a Dazai saber que él lo notó, y probablemente fue por el atropello de recién del descuidado pelirrojo.
—Maldito chibi.— dijo no en serio.
Desde que se conocieron en aquél trabajo en una cafetería, Dazai y Chuuya se habían vuelto uña y mugre. Aunque juraban odiarse, llegaran tarde, y sus bromas prosiguieran incluso en el horario de trabajo, el jefe no los despedía por su excelente sincronización.
Mientras Chuuya tomaba la orden, Dazai se encontraba sacando las cosas necesarias, Chuuya los vertía y mezclaba en orden, y cuando estaban listos Dazai los llevaba. Algunas veces era al revés, cuando los días lo ameritaban ambos tomaban la orden y se ayudaban mutuamente. Otros días en cambio podían manejarlo por ellos mismos dejando al contrario descansar.
Armonioso era la palabra que los definía.
—Joder, no entiendo mi cabello en absoluto.— se quejó el castaño tomando entre sus dedos algunas de sus hebras.
—¿De verdad?— bufó. —Entonces rapa tu cabello y problema resuelto.
—¿Chibi está celoso de que a mí me luce más incluso si el tuyo es más largo?
El mencionado azotó la puerta de su casillero de los vestidores. En la mano llevaba un cepillo y se acercó a Dazai.
—Te voy a enseñar cómo se luce una cabellera.— susurró casi al oído de Dazai, lo cual le hizo recorrer un escalofrío placentero. No por mucho tiempo, claro, pues su compañero lo jaló de sus despeinadas hebras para sentarlo en una silla.
Lentamente empezó a cepillar la descuidada melena castaña, aunque en cierto modo era un toque suave, aún seguía húmedo por una suposición de que había llegado recién bañado. Cuanto más pasaba el cepillo, más podía oler el shampoo del contrario; sus fosas nasales se llenaron de una exultante experiencia, porque siempre pensó que Dazai olía a basura, como el basurero en el que vivía.
Y sin pensar, se acercó llegando hasta donde podía escuchar la suave respiración que el castaño mantenía, tan calmado, como sólo pocas veces podía verlo. Fue entonces que lo entendió.
—¡Maldita sea contigo, Dazai!— gritó haciendo al otro moverse en su asiento alzando su cabeza que ya empezaba a cabecear. —¡No te vuelvas a quedar dormido mientras te cepillo, idiota!
🌿 Día 14; completo ✓
Ok, no sé qué hice, no me gustó mucho pero he cumplido.
⊙⊙← Mil gracias por leer.
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