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🌿 Día 0;11 Primera vez (no sexual)

El día que Dazai conoció a Chuuya estuvo lleno de primeras veces.

Por ejemplo; la primera vez que llegó temprano a la escuela, la primera vez que veía esa escuela, la primera vez que hablaba con alguien desde el primer día.

Y también la primera vez que creyó en el amor.

No obstante, la forma en la que se conocieron, la definiría como peculiar, en todo el sentido de la palabra.

—¿En qué piensas, Dazai?— preguntó un chico poseedor del cabello cobrizo más deslumbrante que jamás vería dos veces. El chico se encontraba caminando lentamente en dirección al sillón en el que Dazai estaba sentado, en su recorrido posó su orbes en el libro que Dazai tenía entre manos. —¿Una lectura ligera?

Dazai, en ningún momento se percató de que su libro seguía descansando plácidamente en su regazo.

—Pienso en el pasado— dijo, mirando al contrario recargarse en la parte trasera del sofá. —Precisamente el día que nos conocimos.

Ante esto, Chuuya echó a reír con una sonora carcajada, pues siempre que recordaba aquellas fechas ese momento le llenaba la mente por completo.

—¿En serio?— dijo, intentando controlar su respiración. Mientras en Dazai nacía una nueva de disgusto por su risa. Pues aunque podría pasarse horas deleitando la dulce armonía de su voz, la razón por la que reía no era de mucha gracia para él.

—Sí, aunque ahora pienso que podría tratarse de una mera pesadilla.— dijo cerrando el libro sin terminar.

—Vamos Dazai, ¡era una simple araña!— decía,  intentando que su novio entrara en razón. —Ellas te tienen más miedo a ti que tú a ellas ¿sabes?— cruzó sus brazos y frunció su ceño.

—Sí claro, igual que esa iguana que vimos aquella vez en el zoológico.— se permitió bromear ya que sabía de antemano que el contrario no se enojaría. Aunque seguía siendo un golpe bajo para el orgullo que mantenía su novio.

En ese momento, el rostro de Chuuya se tiñó de rojo y sus labios temblaban intentando articular alguna palabra, mas siendo imposible. Al final terminó cerrando sus ojos.

—Ese día no fue tan malo...— su voz se hacía cada vez más delgada, lo que sorprendió a Dazai.

—¿Qué dices?— preguntó —Ese día pudo ser catalogado el peor de tus días.

—Bueno...— comentó dubitativo, no sabía si debía de continuar hablando ya que probablemente solo terminara por morir de vergüenza. Pero al diablo con eso, poco le importaba si Dazai se burlaba o le decía cursi, él no tiene la maldita razón después de todo. —Ese día fue nuestro primer beso.— lo que pensó se tornaría en vergüenza, se transformó en una sonrisa que intentó ocultar con la ayuda de su diestra.

—Ah, ya lo recuerdo.— los ojos de Dazai se perdieron en algún momento del pasado, recordando con tanta viveza todo el acontecimiento. Desde las malas cosas hasta el final del día. —Tan vívido como si hubiera pasado ayer.

—¿Seguro que no fue así?— bromeó —Podría jurar que no fue hace mucho tiempo.

—Y aún así míranos— hizo una pausa mientras extendía sus brazos para que su novio se acercara, acto que hizo sin recibir ninguna petición, casi como si fuera telepatía su forma de comunicarse. —Hemos llegado hasta aquí, juntos.

—Tienes razón.— se recargó en el pecho del contrario, dejándose llevar y cerrando por momentos sus ojos.

No hacía falta describir a ninguno de los dos, ya que la situación hablaba por sí misma, tenía ese toque de ambos, diciendo que ese era el lugar donde debían estar y donde se quedarían. Todo era tranquilo, como Dazai solía serlo la mayor parte del tiempo, sin embargo, su corazón estaba acelerado de sólo estar cerca de Chuuya, revelando la naturaleza caótica del castaño. Y a su vez, Chuuya se encontraba calmado, algo que sólo podría encontrar cerca de Dazai, y aún así, su presencia le hacía querer gritar a todo pulmón el amor que le tenía, de alguna forma brusca, hasta lastimarse la garganta.

—Pero veo que mi plan ha fallado.— Chuuya alzó una ceja divertido mientras observaba el rostro sonriente de su novio. —En todos estos años, jamás he podido deshacerme de tus horripilantes sombreros.— dijo simulando una mueca de asco mientras sacaba su lengua, simulando que estaba a punto del vomito.

—¡Idiota!— en sus labios se formó una sonrisa, una de las que matan con solo verlas. Y no en el sentido de matar con ternura por la hermosa escena de tu novio sonriendo. No, esta sonrisa era la que más miedo le daba a Dazai, cuando Chuuya sonreía con irritación y una vena sobresaliente.

—¿Broma?

Chuuya negó con la cabeza.

Dazai echó a correr.

Y ese no era ningún momento para ponerse nostálgico, pero le era inevitable no pensar en sus días de escuela, el día que conoció a Chuuya, o en el día de su primer beso.

***

Dazai maldecía todo a su paso, las plantas, el sol, el oxígeno. Todo. Su cambio de escuela fue tan repentino, y por ende difícil de aceptar para un adolescente que juraba tener su vida hecha en otra escuela.

—Con lo mucho que me tardé en acercarme a mis compañeros...— susurró con pesadez para darse confianza y entrar a su aula, aún faltaban varios minutos para que su clase empezara, y aún con eso el salón estaba repleto de alumnos. —Maldición.

Tranquilamente y sin molestar a nadie, se dirigió a una silla vacía y ahí se sentó, estaba casi hasta atrás de no ser por algunas filas que les seguían. Y no pasaron ni diez minutos cuando escuchó bullicio desde atrás. Y por lo que escuchaba, era de él de quien se trataba la conversación.

—Ve tú.

—No, hazlo tú.

—Joder, que montón de nenas, lo haré yo.

Lo último que escuchó fue alguna revista o libro ser enroscado.

—¡Chuuya con cuidado!— gritó más de uno. Mas era lo suficientemente tarde, pues la revista había estampado contra su nuca, a lo que él volteó sin quejarse del golpe —al menos verbalmente— con una real cara de indignación.

—¿Qué fue eso?— habló Dazai, quien no mostraba molestia con un ceño fruncido, sino con una radiante sonrisa, lo que tenía dominado era intimidar a otros y por lo tanto hacerse respetar, no obstante eso no funcionó con Chuuya por alguna razón.

—Lo siento, mi error.— admitió con cara de no tomarle importancia al asunto. —Es que tenías una araña en el cabello.

El tono calmo que utilizó fue culpable de que Dazai se diera cuenta tarde de lo que dijo. Pues no reaccionó hasta que vio al chico alzar de nueva cuenta la revista enroscada en su mano.

Intentando calmar su pánico, Dazai cerró los ojos esperando el golpe. Y dolió, como jamás se lo hubiera imaginado. La fuerza que poseía el chico no debía ser normal para alguien de su... complexión.

—¡Auch!— se quejó esta vez en voz alta. —Dime que al menos la mataste.

—Sí, desde luego que la maté.— dijo con seguridad. —Pero no te muevas.

Nuevamente la revista fue alzada para un golpe más. Esta vez, la víctima fue su hombro, aunque no dolía tanto ya que el golpe fue dado en diagonal, votando la araña lejos de él. Después, con la misma arma con la que intentó matarla, alzó a la araña quién por pura suerte seguía viva, y la dejó salir por la ventana del aula.

Una vez cumplida su misión, Chuuya regresó con Dazai.

—Me llamo Chuuya Nakahara.— dijo extendiendo su mano con la palma visible, indicando que quería un apretón de manos de su parte. —Me puedes decir sólo Chuuya.

—No me vas a romper la mano, ¿verdad?— Chuuya río, pero Dazai se preocupó, porque para nada estaba bromeando. Chuuya negó con la cabeza y eso le dio seguridad a tomar su mano, una suave y con apariencia delicada. —Yo soy Osamu Dazai, llámame como quieras.

***

Eso le recordaba a Dazai porqué no debía hacer enojar a Chuuya, su fuerza era de temer. A pesar de todo eso, ahí se encontraba, corriendo por su vida dentro de su casa por haber insultado los sombreros de Chuuya.

Era terroríficamente divertido.

Y Chuuya, mientras intentaba llegar a su novio para ahorcarlo con amor, recordó el viaje escolar del que hace unos momentos había hablado con Dazai.

***

El calor sofocaba a los estudiantes y maestros por igual, preguntándose ambas parte el porqué carajos habían escojido un lugar como ese para su viaje escolar. Peor aún cuando el noticiero les recordó que seguían en época de verano, cuando el calor está en la canícula.

Pero eso sólo era el mal augurio para Chuuya, quien por un momento pensó que recordaría ese viaje escolar al zoológico como el peor día de su vida.

El día siguió con caos para el cobrizo, porque de algún modo terminó perdiéndose en el gran lugar, y entró al reptiliario. Chuuya sabía que su grupo pasaría por ahí en unos momentos más, estaba en el itinerario que su profesor tan amablemente había hecho. Así que decidió sentarse en alguna de las bancas de interior que el lugar poseía.

Para su mala suerte, los animales estaban siendo alimentados, por lo que fue fácil que alguna iguana se librara de la seguridad y decidiera escapar. Eso la llevó justamente al lugar donde Chuuya tranquilamente miraba su celular con su mochila al lado, preguntándole a Dazai, su ahora mejor amigo e interés amoroso dónde diablos se encontraba. Sus mensajes eran recibidos y leídos pero no habían mensajes de vuelta.

Chuuya se desanimó al pensar que probablemente a Dazai no le importaba tanto que se haya perdido. Dejó su celular a un lado y fue cuando se encontró con una iguana verde que lo veía con detenimiento. Chuuya quedó perplejo en su lugar. Fue su error por haber supuesto que el reptiliario era un buen lugar para descansar.

Por lo que alguna vez puso atención en clases, pudo notar que la iguana estaba en posición defensiva o de ataque, alguna de las dos debía ser, pero ninguna avecinaba nada bueno para Chuuya. Así que cuando la vio acercarse saltó de su asiento y corrió a una esquina, dejando su mochila atrás. Lo cual a la iguana le pareció más curioso y decidió voltear en su dirección para revisar el contenido de ésta.

Chuuya estaba dudando si fue buena idea dejar a aquella iguana hacer de las suyas con su mochila, pues pensó que de no haberla dejado atrás o haberla intentado retirar, la iguana lo hubiera atacado en su lugar.

Sus pensamientos se interrumpieron por el sonido de una cámara sacando una foto; y para cuando volteó a su izquierda, ahí se encontraba Dazai tragándose su propia risa.

—Jamás permitas que olvide esto.— dijo mostrando su celular, donde yacía la foto recién tomada.

Y la diversión para Dazai se acabó cuando la iguana lo tuvo en la mira. Ahora el castaño se sentía intimidado y Chuuya estaba por sacar su celular y tomar una foto cuando todo fue interrumpido de nuevo.

—¡Croco!— llamó una voz desde el otro extremo del extenso corredor.

—¿Quién es Croco?— preguntó al aire el pelirrojo. Lo cual le fue respuesto por el recién llegado.

—Creo que se refiere a la iguana.

Ambos miraron al reptil, notando que empezó a caminar, y tan rápida como era su especie se movía en dirección a Chuuya.

Su mente no respondía, probablemente víctima del pánico que le producía ahora el animal, pero no fue hasta que Dazai lo jaló del brazo que comenzaron a correr juntos, agarrados de las manos para huir del aterrador animal.

En algún momento pasaron la salida del reptiliario y se dirigieron a algún otro lugar del que no tenían la intención de verificar.

—Ese animal me iba a comer.— comentó Chuuya entre miedo y diversión, haciendo burla de su propio temor a un ser que bien pudo evitar.

Aunque sus intentos de aligerar el ambiente fueron en vano, pues la mirada severa de Dazai le decía que algo más había estado pasando por su mente en ese momento.

—¿Cómo te perdiste?— preguntó el más alto, y repentinamente Chuuya se sintió más pequeño que de costumbre pero no dudó al momento de responder.

—Normalmente cuando alguien se pierde no sabe cómo lo hizo.— se mofó jugando con paciencia de la que parecía carecer su compañero en esos instantes.

—Chuuya, esto es en serio.

—Ya te dije que no sé, ¿de acuerdo?— respondió molesto, la actitud que Dazai estaba tomando le parecía una idiotez, aunque no sabía la necesidad de ser tan inútilmente persistente. Odiaba no poder odiarlo. —¿Por qué te interesa tanto de todos modos?

—¡Porque pudo pasarte algo!— gritó exasperado, no soportaba la tención que su cuerpo estaba soportando desde que aupo que Chuuya desapareció.

El rostro de Chuuya se tiñó a rojo porque le parecía un maldito hermoso detalle que Dazai se preocupara por él de ese modo.

—N-no es como si el zoológico fuese un lugar peligroso de todos modos.— dijo buscando señal del otro, sólo alzando su hombro para no sonar tan idiota.

—Claro que lo es.— dijo —¿Y si en ligar de una iguana hubiera sido una serpiente?— Chuuya lo pensó dos veces antes de responder esta vez, por lo que solamente calló y bajó su mirada, haciendo un puchero con sus labios. —Estaba muerto del miedo.— confesó, agachando su cabeza hasta mirar sus zapatos, y cuando la subió nuevamente Chuuya juraba que se lo estaba comiendo con la mirada.

—¿Dazai?

—Chuuya, yo...— Dazai estaba perdido entre dos opciones, confesar sus sentimientos a pesar de no ser el mejor ligar ni momento, o callar y solo regresar con su grupo. Lo cual fue leído con facilidad por el contrario, siendo arrastrado a un beso corto, en el que Chuuya puso todo su esmero por no arruinar a causa de la diferencia de altura.

—Sólo cállate.— dijo —Yo también te amo.

Dazai solo sonrió de lo más feliz siendo después él quien produjo un nuevo beso cuidadoso.

🌿Día 11; completo ✓
Ya lo subí, no me maten (╥﹏╥)

⊙⊙← Gracias por leer.

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