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🌿 Día 0;09 Beso en la frente

Dazai y Chuuya llevaban mucho tiempo trabajando juntos. Y aunque hubo momentos en los que pensaron se separarían, jamás fue por mucho tiempo.

Chuuya siempre estaba para Dazai, y Dazai siempre estaba para Chuuya.

Incluso cuando Dazai se convirtió en el jefe de la port mafia, nunca se separaron. No importaba lo tarde que Dazai saliera de su trabajo, Chuuya siempre lo esperaba para volver al departamento donde vivían, aunque quedase en la misma sede y el castaño pudiese llegar por su cuenta. Chuuya aseguraba que era peligroso dejar al jefe rondando solo y sin seguridad por un edificio tan grande. A Dazai poco le importaban desmentir sus excusas, siempre y cuando pudiese gozar la presencia de su amante, esas eran puras pequeñeces.

—¡Eres un idiota, Dazai!— gritó alguien colérico.

—Yo también te amo, Chuuya.— dijo una segunda voz junto al sonido de unas hojas revoloteando en la pasta de un libro.

Eso era lo que escuchaban los guardias encargados de vigilar la entrada del personal a la oficina del jefe. El trabajo más duro de toda la Port Mafia, decían, ya que no solo se trataba de cuidar la puerta sino de escuchar cómo ambos líderes de mayor rango se profesaban amor el uno al otro, von gritos y peleas de por medio.

La relación de los superiores no era un secreto ni mucho menos, pues a Dazai poco le importaba lo que dijeran de él, nadie se atrevía gracias a su reputación, siendo que su expediente dicta trabajos retorcidos a en todo el sentido de la palabra.

—Entonces, ¿Tokyo?— dijo Chuuya mirando un papel con su manos izquierda recargado en el escritorio de su pareja con la otra.

—Si, tal parece que alguien que una persona peligrosa se escapó de Yokohama con mucho de nuestro dinero.— Dazai calmo, miraba con detenimiento el rostro de su pareja.— Solo te puedo confiar esta tarea a ti, Chuuya. Aunque no me guste mandarte a esta clase de misiones.

La habitación entró en un aura pesada.

—¿De qué hablas, idiota?— trató de hablar con sorna, sonriendo. —Yo haré lo necesario para protegerte a ti a a este lugar.

Chuuya, quien se encontraba parado, agachó su cabeza hasta dar con la frente de Dazai y depositar un dulce beso ahí. El castaño se relajó más después de eso, realmente no lo tenía previsto, realmente amaba tener el control de todo, a menos que fuera Chuuya, le gustaba que le sorprendiera de esas maneras tan cálidas como solo él sabía serlo.

—Además— el cobrizo se reincorporó y lo miró a los ojos. —Soy yo quien va, será una misión de dos días cuando mucho.

—Tienes razón, por eso fue que te lo encomendé.— Dazai rio levemente.

Y realmente estaba tranquilo, de no ser porque era el tercer día y aún no tenía respuesta del retorno de su amado Chuuya. No podía ni concentrarse en su trabajo, pues le preocupación que sentía era extrema, a un nivel que jamás había sentido. Dado que a lo largo de todos esos años, él siempre trabajó con Chuuya, y poco se separaban, ni siquiera un día.

Y Dazai no dependía emocionalmente de nadie, pero la angustiar floreció cuando sus mensajes no llegaban al celular contrario. Estaba a punto de tomarse el día e ir a buscarlo él mismo, pero su teléfono vibrante iluminó su angustia, no tardó mucho para contestar.

—¿Chuuya?— preguntó, esperando un poco por la respuesta del ojiazul.

—Hola, Dazai.— dijo, no obtante a Dazai le disgustó el quejido que salió de su boca poco después de hablar. —Voy a pasar primero al... departamento.

Su respiración se vio agitada y un golpe estrepitoso se escuchó, supuso que Chuuya estaba cerca de una pared y terminó por dejarse recargar en ella.

—Voy contigo ahora mismo.— Dazai se levantó de su escritorio y emprendió su camino a la puerta, escuchando como su pareja se negaba.

Chuuya era un orgulloso sin remedio, lo último que le gustaba era parecer débil ante los demás, incluso ante Dazai. Es por eso que temió estuviera herido de batalla y que fuera grave, si era así tendría que llamar a una conocida para curarlo por completo.

Su angustia no se calmó en cuanto vio un poco de sangre en la pared con dirección a su departamento, a la altura del estómago. Aunque, ésta desaparecía con cada paso que daba.

—¡Chuuya!— gritó a penas entró a la habitación.

—Hey...— saludó él desde el sofá del departamento compartido. Sosteniendo su pierna.

Por el contrario, Dazai miró directo al saco donde yacía sangre. Corrió en su dirección para tocar en el lugar.

—¿Te—

—No, esa sangre no es mía Dazai.— dijo Chuuya sonriendo a duras penas mientras sujetaba más fuerte su pierna. —Misión cumplida.

—¡Por dios! ¡No me espantes así tarado!— exclamó con un tono juguetón, aunque ambos sabían que era una amenaza de verdad.

—¡Eres tú quien saca ideas estúpidas, idiota!— respondió, siendo así su personalidad.

—Eso es porque daría todo para mantenerte a salvo, Chuuya.— dijo acercándose mientras bajaba su cabeza para depositar un beso en su frente. —Ahora curemos tu pierna Chu.

Las mejillas del contrario se tiñeron de rojo, compitiendo con las tonalidades de su cabello y aún así Dazai juraba estar viendo un ángel.

—Idiota...— se limitó a responder escuchando la sonora carcajada que Dazai dio.

—¡Chuuya, qué tierno!

—¡Cállate maldito!

🌿 Día 9; completo ✓
Me gustó, fin.

No tengo ni idea de qué poner
⊙⊙← Gracias por leer.

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