🌿 Día 0;07 Pareja enferma
—Realmente pensaba que los idiotas no se enfermaban.— dijo Dazai hastiado.
—Pues ya ves, sí se enferman.— respondió Chuuya tomando la frente su cabeza en su mano izquierda. Tanto era su cansancio que no se dio cuenta de lo que dijo hasta que Dazai le sonrió burlón para después toser. —Quiero decir... eso digo yo.
Dazai y Chuuya se encontraban sentados en la sala de la casa del cobrizo esperando a que sus padres llegaran para comer juntos.
Aunque Dazai no era parte de la familia, pasaba más tiempo en esa casa que en la propia, es por eso que era un hábito —tal vez un poco malo— de pasearse por la casa como si fuera suya, entrando y saliendo a una hora a placer propio; quedándose a veces más de una semana. Pero esta vez era porque práctica sus padres le habían echado de la casa por su resfriado.
Y parecerá una idiotez, porque realmente lo era, perl su madre sufría de misofobia¹, algo que hizo que Dazai jamás se hubiera enfermado hasta sus quince años gracias a su amigo Chuuya.
Su madre no era un amala persona, pero sabiendo que podría ser recibido en otra casa mientras su enfermedad se curaba, pidió un favor a la familia del cobrizo para que cuidaran de él. Lo que, a Dazai más que pesarle el hecho de que casi lo corrieran de la casa, le enojaba el tener que estar enfermo, como nunca pasó una enfermedad se sentía como si fuese a morir, como si su cuerpo pesara, su nariz se tapaba de mocos a penas se limpiaba, y su garganta estaba tan irritada que juró podría hacerle competencia a un chile.
Mientras tanto, Chuuya, quien se había enfermado incontables veces a lo largo de su niñez —por no ser tan precavido— se paseaba por la casa en una ida y vuelta por lo que necesitaba, buscaba las medicinas, cobijas, vasos de agua, trapos húmedos para su dolor de cabeza y parecía no pesarle sino como si estuviera acostumbrado.
—Recuérdame nunca volver a ayudarte a parar una pelea en medio de la lluvia.— dijo Dazai con los ojos cerrados y el cuerpo en posición fetal sobre el sillón intentando mantener su calor corporal, a lo que, a los cinco minutos ya se moría de calor nuevamente.
—Nadie te lo pidió.— una vez más, Chuuya se levantó del sillón y fue a un lugar al que el contrario no puso atención. A los pocos minutos regresó con un tubo de vidrio en la mano mientras lo agitaba. —Toma, ponlo en tu axila.
Dazai hizo una mueca de asco.
—Solo hazlo.— le obligó mientras le levantaba el brazo y colocaba en termómetro en su lugar, dejó caer el brazo de Dazai e hizo presión. —Déjalo así unos minutos, ahorita te lo quito.—
Dazai se estaba mareando por todas las vueltas que su amigo había hecho en un periodo de media hora. Cinco minutos después Chuuya regresó con otro vaso de agua y una caja de pastillas. El cobrizo se acercó a Dazai y le levantó el brazo para retirar el termómetro, pero no fue así de fácil, porque luego de esa acción Dazai sintió un horrible bochorno.
Chuuya leyó el termómetro y en seguida puso una cara de asombro. Dazai pensó que se trataba de una broma para asustarlo.
—¿Qué sucede?— dijo él.
—¡Joder, Dazai! ¡Tienes fiebre!— dijo Chuuya mientras le pasaba el termómetro donde se leía un perfecto treintena y nueve punto tres de temperatura.
Mala suerte para Dazai que no sabía leer esa cosa.
—Si bueno, ¿qué se hace ahora?— el cobrizo respondió rápido y levantó el vaso con agua y sacó una pastilla de la caja las cuales anteriormente había traído. —Está muy grande esa pastilla ¿no crees?
—¿Prefieres una inyección?— Dazai pasó de una cara disgustada a una asustada, tomando la pastilla y el vaso para pasarlas juntas. —Bien, ahora duerme un rato, será mejor si no te tapas con las cobijas.— dijo arrebatando cada una de las telas que anteriormente había traído.
Dazai hizo caso después de quejarse durante diez minutos lo frío que era la casa de Chuuya, y su sillón, pero no más que su corazón, según él.
—Chuuya, ¿Ya has pensado en lo que te dije?— soltó de la nada una vez dejó de bromear.
—Aún no.
—Puedo esperar lo que sea, pero procura no herirme en el proceso.— Dazai lo sabía, estaba pidiendo demasiado al pedir no salir herido por un amor, que él pensaba, era unilateral.
—Lo sé.
Dazai quedó dormido en el sillón a los pocos minutos mientras el contrario estaba en el piso sentado del lado de la cabeza de Dazai, Chuuya lo notó apesar de no estar viéndolo a la cara, pues la rítmica respiración del castaño en esos momentos era algo que sólo haven las personas dormidas.
Al mismo tiempo, el ojiazul inundaba su cabeza con los recuerdos del día en que su resfriado empezó.
Hace dos días, Dazai le había citado después de la escuela en un lugar al que no solían frecuentar.
Sorprendente y no tan sorprendente fue cuando Dazai se le confesó en ese mismo momento, al son de la lluvia, él estaba por corresponder a sus sentimientos sin siquiera pensarlo dos veces. No obstante, algo se interpuso.
—Chuuya, me gustas desde hace mucho— comentó el castaño mientras miraba a los orbes zafiro del contrario. Empezando a llover, las gotas fueron ignoradas por ambos ya que estaban en un lugar techado de la escuela.
—Dazai, yo— su voz fue interrumpida por la de alguien más que llamaba su nombre. Cuando descubrió al dueño de la interrupción de su amado momento, su ira se sembró y comenzó a explotar. —Shirase, ¿qué carajos haces aquí?
Ese chico cuando se le acercaba, jamás le traía fortuna sino todo lo contrario.
—Ven a pelear conmigo, todavía tenemos cuentas pendientes tú y yo.
—No voy a pelear en esta lluvia, idiota.— Chuuya sonaba severo, y eso hizo temblar a Shirase un poco.
Pero era demasiado terco.
—¡Joder, deja de esconderte ya, Nakahara!— gritó esta vez.
—Dijo que no pelearía contigo, mierda.— una voz algo gruesa espantó a ambos presentes, Chuuya por mera sorpresa que cambió en un instante a fascinación, y el contrario por lo intimidante que le resultó.
Por mera idiotez, Shirase empezó a atacar queriendo golpear primero al castaño, siendo detenido con un puño del cobrizo. Para este entonces una batalla en la lluvia había sido desatada entre Shirase y Chuuya la cual intentaba ser detenida por Dazai, quien al final no pudo hacer nada hasta que el ojiazul noqueó a su oponente.
Después de eso Chuuya y Dazai se miraron cómplices mientras echaron una carrera para que nadie los siguiera ni los acusara de lo que había pasado.
Chuuya volvió a la realidad cuando un gruñido proveniente del sillón le despertó. Se trataba de Dazai, quien con ese cabello, esas facción, esa personalidad, sus ideas, pensamientos, todo de él dejaba embelesado a Chuuya.
Pero desde ese día sus inseguridades habían aumentado.
Pero Chuuya sólo quería una cosa.
Con cuidado, Chuuya se fue acercando más lentamente a Dazai, específicamente a su rostro, a sus labios. Quería saber lo que sentía besar a alguien de quien sabía encontraba un amor correspondido. En un para nada duradero toque sintió los labios de su amigo, si así le podía llamar ahora.
Chuuya debatía con sus emociones acerca de lo que había hecho. La travesura, la emoción, la satisfacción, la culpa y una tremenda comodidad. Tanto fue su debate que no notó que Dazai había abierto los ojos desde el momento en el que se acercó.
—Oh, Chuuya.— al hablar, Dazai llamo la atención del contrario. —Si querías un beso soll debías pedirlo.
Dazai, en un fino movimiento, pasó su mano detrás de la cabeza del muchacho y unió sus labios en un inexperto, pero significativo beso.
🌿 Día 7; completo ✓
Me dio muchos problemas esta parte, pero al fin pude.
⊙⊙← Gracias por leer.
P. D. Quiero agradecer a todos los qu están leyendo y votando, que aunque son pocos han llevado a esta historia al primer lugar del hashtag Octubre. \(^o^)/
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