🌿 Día 0;05 Cafetería
Este día era especial para Chuuya y Dazai, pues era el día en que su cafetería daría las puertas al público por primera vez.
—Hemos trabajado tanto para llegar hasta aquí.- habló un adulto joven de cabello castaño. —¿No es verdad, Chuuya?
—Querrás decir que yo trabajé y tú te quedaste viéndome.— bromeó Chuuya. —Pero tienes razón. Nunca pensé que compartiría este sueño con alguien. Ah, esto es tan nostálgico.
Chuuya miraba el local antes de la apertura revisando que todo estuviera en orden, que no faltara nada, que todo estuviera limpio, y que fuera la hora adecuada.
—Ni que lo digas, es un asco sentirse así.— dijo el castaño con una mirada que vacilaba entre la amargura y la felicidad.
Felicidad porque, desde que conoció a Chuuya nunca pudo anhelar otro sueño mas que el de abrir una cafetería juntos. Y amargo porque se preguntó ¿dónde estaría si no fuera por haber conocido al amor de su vida?
Tenía una leve idea de porqué ese momento llegaba a él ahora. Se preguntaba si era el momento correcto de recordar.
Hace cinco años, Dazai Osamu, un chico universitario empezó a trabajar de medio tiempo en una oficina en el centro de la ciudad, la paga era buena, el ambiente lo era aún más, y aunque el trabajo era realmente agotador, jamás pudo quejarse en serio sobre ese trabajo en especial. Había veces en las que el cansancio llenaba la oficina entera y todos bajaban en el descanso a la cafetería local del primer piso.
El café de ahí era una de las cosas más deliciosas que Dazai había probado en su vida, junto con sus compañeros acordaban que era un local injustamente relajante para aquellos que llevan una vida tan ajetreada como los oficinistas. Es por eso que sus visitas se volvían más frecuentes incluso en sus días de descanso. Pero hubo una vez en la que tuvo que faltar al trabajo por una semana.
Curiosamente esa semana había pasado de todo, un novato se les había unido a la oficina, un amigo suyo empezó de novio con alguien desconocido para él, y mucho se hablaba del hermoso ayudante nuevo que tenía la cafetería Uzumaki.
A Dazai poco le importaba, lo único que pedía es que no arruinara el sabor del único café del que jamás se aburriría.
—Oigan, vamos a Uzumaki por un descanso.— dijo un chico de hebras azabaches mientras resbalaba sus lentes de marco negro a sus desgastados lentes. —Tanto trabajo nos podría matar. ¿No lo crees Atsushi-kun?— dijo llamando al novato, quien solo una vez tuvo la oportunidad de probar el menú del café.
—Claro Ranpo-san. Tiene razón, es muy estresante todo esto.— dijo sonriendo, no obstante apilando algunas hojas lo más ordenadas posibles.
—Aún no acaban su trabajo.— exclamó el ya conocido subjefe de la oficina. Kunikida, un rubio gruñón histérico que se la pasaba matándose ben el trabajo como si su vida dependiera de ello.
—Kunikida-kun es un aguafiestas.— dijo Dazai, quien era el único que sacaba de quicio al rubio con tan solo pronunciar una letra. —Por eso no tiene novia.— dio una risa que fue seguida por la de su amigo Ranpo. Atsushi y un pelinaranja se quedaron callados por no querer ser maleducados con su superior.
—Cállate, Dazai.— exclamó aún tecleando su trabajo en la computadora. —Tú tampoco tienes novia.
Dazai sonrió.
—Si no tengo novia será porque no puedo dejar que todas esas damas que me quieren para ellas sufran porque esté ocupado.— dijo burlón, con un tono demasidao fingido para lo que a Kunikida le hubiera gustado.
—Dejando eso de lado, Kunikida-kun, vamos a tomar un café, yo lo invito esta vez.— llegó una mujer a la que todos conocían por ser el alma de la oficina. Sin ella, las jornadas probablemente serían aún más pesadas, ya que ella, aún siendo dos años mayor que Dazai se seguía comportando como toda una adolescente en su etapa rebelde.
Kunikida suspiró. Realmente toda la oficina quería ir a la cafetería, y honestamente a él ya le empezaba a dar hambre de solo imaginar el aroma del café recién preparado.
—Está bien.— dijo, haciendo que todos salieran corriendo de su silla para dirigirse a la puerta.
Las escaleras se llenaron de gente en un minuto, aunque nadie empujaba todos estaban ansiosos poder comer o beber algo de ese local.
Cuando Dazai entró al lugar, lo primero en apreciar no fue el rico aroma del café siendo preparado que inundaba cada parte del pequeño espacio. Sino el chico de cabello cobrizo que al parecer era a quien habían descrito como "el hermoso ayudante de la cafetería." No sabía si era por su sombrero negro que le parecía una ofensa a todos los sombreros del mundo, o si pudo ser nada más que una simple atracción hacia sus agraciados movimientos y su hermosa figura que se notaba había mantenido con ejercicio constante, pero Dazai juraba que desde el momento en que lo vio, supo que quería ser algo de él. En ese momento no sabía que, si un amigo, un amante, un compañero, o ese algo más.
Automáticamente se sentó sin siquiera recordar en qué momento había escogido una mesa. Desde ahí tenía una vista amplia de todo el lugar, la barra, las otras mesas, la puerta, y sus compañeros. Pero aún así, su mirada iba y venía junto con el chico quien recibía amablemente a cada uno de los clientes.
—¿Le puedo servir algo que no sea yo?— preguntó con un tono suave disfrazado, casi tan perfectamente disfrazado que por poco no se percata de lo que le habían preguntado. De no ser por sus compañeros que se empezaron a carcajear, especialmente Ranpo, no lo habría notado.
—Oh, lo siento, creo que te has confundido.— dijo sonriendo con la misma falsedad que el otro con su comentario. —Pero me fijaba en que tienes el uniforme al revés.
Dijo en una evidente broma para sus amigos pero vergonzosa probable verdad para el mesero.
—Además, no estoy interesado en menores.— bromeó como su jaque mate, lo supo cuando en la cara del contrario había una clara rabia floreciendo.
Sus amigos no lo soportaron más y empezaron a reír.
—Lo sentimos, Chuuya-kun.— dijo el pelinaranja sentado al lado de Atsushi. —Él es Dazai, el compañero que te queríamos presentar.
—No importa, Tanizaki. Es justo como lo describieron.— sonrió sintiéndose victorioso sin ninguna razón en especial.
A los pocos minutos, después de traer los pedidos de cada quien, Chuuya había entablado una conversación tan fluida con todos los de la mesa, con todos menos con él, porque no tenía ni idea de lo que hablaban. Y no quería preguntar aún sabiendo que le podían explicar sin ningún problema, era más por lo sorprendido que estaba con la rapidez con la que el chico se pudo adaptar en tan solo una semana.
Perl aún quedaba la prueba de oro. Debía saber si su café realmente valía la pena para servir en una cafetería tan buena como esa.
Cuando dio el primer sorbo estaba listo para escupirlo, estaba demasiado dulce para su gusto, pero en un cambio drástico, ese sabor pasó a uno que prácticamente le derritió la boca por lo delicioso que estaba.
—¿Qué tal?— preguntó Chuuya, recargado a un lado suyo en los recargadores del sillón.
—¿De verdad eres un novato?— preguntó incrédulo el castaño.
—¿Y quién carajo dijo que era un novato?— respondió sonriendo. —Llevo en esto desde hace diez años.
Ni una palabra más dijo ni le permitió decir cuando se fue a atender a unas cuantas personas más.
Al momento en que debían regresar a la oficina, Chuuya se acercó a él antes de que saliera.
—Vuelve otro día a probar todo el menú.— lo miró retador con sus hermosos ojos azules. Luego dio medio vuelta, y aún sin voltear su cabeza volvió a hablar. —Y soy un año mayor que tú.
Desde ese día se encontraba persiguiendolo. Frecuentaba el café cada vez más, se conocieron mejor, Chuuya le contó sobre su sueño de abrir una cafetería aunque aún no pensara el nombre, y Dazai le propuso ayudarlo a cambio de que le diera empleo. En algún punto dejaron de ser socios y empezaron su relación más allá hasta hacerse novios. Algo de lo que ninguno de los dos se arrepentía, pues a pesar de sus personalidades opuestas, trabajaban bien juntos y les gustaban. Era ganar tanto económica como emocionalmente.
Esos bellos recuerdos los atesora para siempre. Aún estando a punto de crear más bellos recuerdos junto a Chuuya.
—¿Estás listo?— tomó la mano de su pareja quien temblaba ligeramente por nervios y lo besó justo en el dedo anular, donde un anillo de compromiso descansaba para el futuro.
—Siempre y cuando estés aquí.— respondió besando la mano contraria en el mismo lugar.
Así, las puertas fueron abiertas y en los mapas aparecería la nueva cafetería. Con un letrero gigante donde se leía "Soukoku Coffe".
🌿 Día 5; completo ✓
Ayuda, me emocioné con mi propia historia.
Realmente pude sacar más de esta historia, pero estoy agotada y ya me cansé de escribir.
⊙⊙← Gracias por leer.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro