Chào các bạn! Vì nhiều lý do từ nay Truyen2U chính thức đổi tên là Truyen247.Pro. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền mới này nhé! Mãi yêu... ♥

CAPÍTULO 8

Narra Alessia

Estoy en mi departamento sentada en uno de los sillones de mi casa admirando el amanecer con una humeante y agradable taza de café. Estoy despierta desde las seis con treinta, por más vueltas que me di en la cama no logré conciliar el sueño nuevamente, después del sueño que tuve con Elliot fue imposible volver a dormir, bueno no fue un sueño, técnicamente mi subconsciente se empeñó en revivir cada sensación y emoción que experimenté durante ese encuentro. Cada detalle, cada caricia, se ha desplegado en mi mente, tan vívidamente que podía jurar que está ocurriendo todo de nuevo.

Desde que descubrí que él fue el protagonista de ese encuentro tan candente y ardiente, no he podido sacarlo de mis pensamientos. Su voz sigue resonando en mi cabeza, su toque sigue electrificando mi piel y de su cuerpo perfectamente esculpido continuó sintiendo su calor en mis manos.

Miro el reloj y compruebo que ya son las ocho con quince. El tiempo parece evaporarse cuando tus pensamientos están dominados por recuerdos tan vívidos y sensuales como los que compartí con él. Afortunadamente, tengo el día libre en el restaurante hasta mañana por la noche, lo que me brinda la oportunidad de poner mi departamento en orden, aunque no es que esté desordenado, pero siento la necesidad de volver a acomodar todo.

Mientras la música ambiental llena el espacio, me sumerjo en la tarea de organizar cada rincón de mi departamento. Tomó un paño y limpio meticulosamente las superficies, devolviendo cada objeto a su lugar designado. Cada movimiento me ayuda a despejar mi mente y a encontrar un poco de paz mental. Recojo los objetos dispersos por la habitación y organizó los libros en mi estantería. Cuando finalmente terminó de poner mi departamento en orden, me siento en el sofá y contempló el resultado con satisfacción. Siento un alivio al verlo todo en perfecto equilibrio y armonía, como si el espacio físico refleja mi estado de calma mental.

—¿Por qué no me avisaste que vendría Don Arrogancia? —pregunto, dejando que un toque de desagrado resonara en mi voz. —Ya es la segunda vez que haces esto. —La miró frunciendo el ceño. —Puedo soportar tener que aguantarlo en tu día de bodas, y lo haré con una sonrisa en el rostro, llena de alegría porque es tu día y nada ni nadie tiene el derecho de estropearlo. Pero, por favor, no vuelvas a ponerme en esta situación. Entiende, amiga, que no soporto a este tipo.

Charlotte se encogió de hombros con una sonrisa, como si nada. —No te preocupes, Ale, vendrá con Maya, así que no te causará problemas, ni siquiera notarás que está aquí.

Y, ¿quién diablos es Maya?

Una extraña emoción se removió en mi interior, como un nudo en el estómago.

«No estarás celosa, ¿señorita no soporto a este tipo?». Habla mi subconsciente.

Tragó con fuerza, negándome a aceptar la idea, pero la duda se sembró en mi mente , y no puedo ignorarla.

—¿Su puta de turno? —inquiero, tratando de cambiar el rumbo de mis pensamientos.

Charlotte ríe —Podríamos decir que sí —me mira con una sonrisa.. —Quiero presentarte a otro amigo de los chicos.

—Genial otro energúmeno que se hace llamar agente —ruedo los ojos, y Charlotte rió a carcajadas.

—No es un energúmeno, es un amor y espero que te caiga bien. Su nombre es Philips; es profesor en la academia y también un experto criminalista. —Charlotte señala hacia un hombre que camina detrás de Dylan.

Sonrío; es bastante atractivo, nariz recta, labios delgados, tez blanca, ojos... No puedo seguir describiendo porque mi vista se desvía hacia el otro individuo con aires de agente.

Mi boca se seca tragando con dificultad.

Joder, se ve más que guapo, se ve extremadamente sexy. Una sensación entre un escalofrío y un rayo que te atraviesa y a su paso quema todo lo que toca. Mi respiración se acelera y mi corazón late a punto de estallar. Ahí está él. Vestido con una camisa gris con los tres primeros botones desabrochados dejando a la vista una pequeña zona de su pecho mostrando levemente su buen cuerpo y que mis propias manos habían recorrido, junto con un pequeño colgante, con unos pantalones color crema jodidamente ajustados a sus piernas bien trabajadas, un reloj en su mano izquierda, mano que había recorrido todo mi cuerpo, y está perfectamente peinado y bronceado, y con una barba sexy de unos tres días.

¿Comenzó a hacer calor o soy yo que me estoy quemando en el infierno?

Y a su lado la pelirroja de plástico, provocándome una mueca y una sensación de malestar que no puedo evitar.

—¡Vaya! La abeja Maya ha llegado. —Dije en un susurro con ironía, poniendo los ojos en blanco. Charlotte me mira extraña ante mi expresión.

—Hola amor, hola Ale —Saluda Dylan con un tierno beso en los labios a Charlotte y a mí me da un abrazo.

Chefcita, es un placer saludarla. —Elliot me saluda con una mirada coqueta y un tono arrogante.

—Quisiera decir lo mismo, policía— dije con una sonrisa burlona.

Dylan y Charlotte sueltan una carcajada y Elliot cambia el gesto a uno inexpresivo.

—Agente me gusta más.

Miro a la pelirroja de plástico que está colgada de su brazo sonriendo con una sonrisa de superioridad.

—Woooo, ¡agenteeee! —me burlo.

—¿A ti te gustaría que te llamen cocinera o chef?

Suelto una carcajada y miró. —¿En serio eres de esos cuyo orgullo de machito se ve herido cuando lo llaman policía?

Elliot bufa —No se trata de eso.

—¿De qué se trata, entonces? —preguntó curiosa. —Mira, a mí me da igual si me llaman cocinera o chef. Yo soy Alessia. Sé perfectamente quién soy y lo que me gusta. Y con trabajar en lo que me apasiona y facturar haciendo lo que me apasiona, me vale.

Después de las presentaciones y un par de miradas desafiantes de Elliot, que por el bien de mi salud mental decido ignorar, nos sentamos todos alrededor de la mesa. Elijo sentarme al lado de Philips, manteniéndome lo más alejada posible de Elliot y su acompañante. A pesar de mis esfuerzos por evitarlo, nuestras miradas se cruzan de vez en cuando.

La tensión en el ambiente es palpable. A pesar de mi intento de mantenerme distante, los ojos de Elliot me siguen como imanes, y su mirada intensa y provocadora parece taladrar mi piel. Maldigo en silencio mi reacción a su presencia, mientras intento mantener la compostura y centrarme en la conversación en la mesa.

La cena avanza en medio de conversaciones animadas y risas, pero la tensión entre Elliot y yo persiste a pesar de mis esfuerzos por mantener una actitud cordial. Intento concentrarme en Philips, quien resulta ser un caballero encantador, y nuestras conversaciones fluyen de manera agradable. A pesar de mi determinación por mantener mi distancia con Elliot, noto que su actitud se torna aún más gélida y desafiante.

—Ale, me han dicho que eres una chef increíble. —me habla Philips.

Apartó la vista del juego de miradas desafiantes que mantenía con Elliot, este me da una sonrisa desafiante, el entrecierro los ojos y miró a Phillips con una sonrisa contento—Lideró la cocina del Le Château de Luxe.

Empiezo a relatar mi pasión por la cocina y cómo heredé ese talento de mi madre, además de las razones que me impulsaron a convertirme en chef. Mi razón principal es honrar el sueño frustrado de mi madre, y cada palabra que comparto parece generar una mirada penetrante de Elliot. Cada palabra que pronunció parece provocar un gesto desafiante a mi persona y una mirada de odio a Philips cada vez que me pregunta algo o se acerca más a la cuenta.

La pelirroja, que parece estar acostumbrada a jugar con Elliot, se le acerca y murmura algo en su oído, provocando risas compartidas. La incomodidad crece dentro de mí, como si fuera un respiro necesario, me disculpo y me levanto, dirigiéndome al baño.

Dentro del baño, cierro la puerta con un suspiro de alivio, pero no puedo evitar mirarme en el espejo. La imagen reflejada muestra a una mujer en conflicto, con una serie de emociones que la agobian. ¿Por qué la presencia de Elliot me afecta tanto? ¿Por qué su mirada me hace arder por dentro?

La puerta del baño se abre y se cierra.

—Está ocupado. —digo sin mirar quién entró.

—Lo sé. Estás tú, y por eso vine. —dice con un tono seductor que hace que mi cuerpo se tensó de inmediato.

Una intensa corriente eléctrica parece recorrer mi columna vertebral con una rapidez asombrosa. Cada centímetro de mi piel reacciona a la cercanía de Elliot, como si estuviera siendo hipnotizada por su presencia magnética.

—Este es el baño de mujeres, pervertido. —mi voz suena ronca.

—Lo sé. —responde, poniendo el cerrojo a la puerta y caminando hacia mí de manera provocadora.

Mi respiración aumenta.

—¿Qué haces aquí? ¿Dejaste a tu chica sola? —pregunto, dándome la vuelta tratando de mantener mi voz firme.

Elliot sonríe con una confianza abrumadora. —Ella se quedó en buenas manos con Philips. ¿Y tú? ¿Estás disfrutando de su compañía?

Su pregunta y su cercanía me sorprenden, y sus manos en el lavabo me dejan sin escapatoria. Mi respiración se acelera, pero me esfuerzo por tratar de ocultar las sensaciones que comienzan a despertar en mi.

—Mira Blackwood, preocúpate de tu abejorro y yo me preocuparé de mi acompañante.

Me mira curioso y sonríe de lado —¿Abejorro?

Asiento con una sonrisa —¿Acaso no viniste con la abeja Maya?

Elliot suelta una carcajada ronca y sexy que parece resonar en el pequeño espacio del baño, al mismo tiempo que mis bragas siguen estropeado. —No te pongas celosa, mi atención siempre está puesta en ti.

Hice una mueca. —Eres un cerdo engreído —lo empujo— apártate idiota, que tengo que ir a salvar a mi acompañante de tu abejorro.

Elliot no se mueve, al contrario apega su cuerpo más al mío. Su proximidad es abrumadora, y mi corazón late con fuerza en mi pecho mientras su mirada intensa se clava en la mía.

—No me gusta que me ignores, Chefcita. —Susurra, y su aliento rozando mi piel envía escalofríos por mi espalda.

Trago saliva, luchando contra la atracción que siento hacia él. Yo a él no lo ignoro, solo que para mí, él es un desconocido, entonces no puedes ignorar a alguien que no conoces.

—Elliot, no...

Antes de que pueda protestar más, su boca se encuentra con la mía en un beso apasionado y desenfrenado. Sus manos se aferran a mi cintura, atrayéndome hacia él con una urgencia ardiente. Nuestra lengua danza en un juego sensual y desenfrenado, como si intentáramos explorar y saborear cada rincón de la boca del otro.

Mis manos encuentran su espalda, y los dedos se hunden en la musculatura tensa de su torso. El calor entre nosotros aumenta con cada instante, e intentó reprimir un gemido cuando siento su erección presionando contra mi vientre.

Elliot se separa de mis labios por un instante, sus ojos oscuros y cargados de deseo clavados en los míos. El aire se carga de electricidad mientras su aliento agitado y su mirada hambrienta solo avivan mi propia necesidad. Con voz ronca y lujuriosa, murmura:

—Me deseas y yo te deseo. Vente conmigo a mi penthouse y quitemos esto que deseamos.

—Eso no es cierto. No te deseo, al contrario. Te detesto. —contestó con un hilo de voz antes de volver a besar sus labios con más pasión.

Elliot responde a mi beso con un deseo igualmente ardiente, sus labios son el fuego que aviva el mío, y su lengua explora cada rincón de mi boca con una pasión me consume. Introduce sus manos bajo mi camiseta, acariciando mi vientre con firmeza, su contacto eléctrico envía descarga de placer a través de mi piel.

—¿Segura? ¿Si toco aquí, tus bragas estarán secas? —susurra, su aliento ardiente acariciando mi oído, mientras su mano se desliza con atrevimiento bajo mi falda hacia mi entrepierna.

Mi respiración se acelera mientras sus palabras provocadoras se deslizan por mi piel como una caricia ardiente. Su mano encuentra el camino hacia mi entrepierna, y un gemido que intento con todas mis fuerzas controlar, se escapa de mis labios cuando sus dedos rozan la tela húmeda de mis bragas. La necesidad crece dentro de mí, y mi deseo se intensifica cuando con una de sus rodillas separa un poco mis piernas y comienza a correr lentamente la fina tela que separa sus dedos de mis pliegues, que clama por ser tocada por él de nuevo.

—Ahora, ¿sigues tan segura? —Murmura en un tono seductor, sus labios rozan mi cuello.

Sus dedos acarician mi húmeda intimidad, y mi cuerpo se arqueó involuntariamente hacia su contacto, anhelando más,

Su boca vuelve a encontrar la mía en un beso ardiente y apasionado, su erección crece aún más, presionando contra mí, revelando su deseo incontenible.

La lujuria y el deseo se entrelazan, y mi mente lucha por mantener la resistencia. Sé que debo apartarme, y alejarme de Elliot, tengo que retomar el control de la situación, pero su toque, su pasión desenfrenada me está nublando el juicio. Nadie nunca me ha tocado como lo hace él, solo con sus dedos siento que estoy al borde del orgasmo.

Con un esfuerzo sobrehumano, rompo el beso y me aparto de su alcance, dejándolo con una mezcla de frustración y deseo en sus ojos ardientes. Mi cuerpo sigue ardiendo, pero la necesidad de resistir fue por unos segundos más fuerte.

Elliot se queda mirándome con una mirada que se vuelve más fría por segundos. Sus ojos oscuros, que antes irradiaban deseo, se vuelven profundos y gélidos.

—Tú tomas decisiones muy rápidas, Alessia. —Su voz es cortante, y su rostro se endurece. —Primero me deseas, luego me rechazas. ¿Qué juego estás tratando de jugar?

Le hago frente, desafiante, aunque su mirada intensa intenta socavar.

—Nunca dije que te deseo —Le respondo con firmeza. —Fuiste tú quien vino al baño y me buscó. Yo no lo hice.

Un gruñido de frustración escapa de sus labios, y su mandíbula se tensa, pero no le doy la oportunidad de responder. Termino de acomodar mi ropa y  quito el cerrojo para abrir la puerta del baño con decisión, dejándolo atrás, salgo por la puerta y la cierro tras de mí de forma contundente. La tensión entre nosotros no hace más que aumentar, y mientras camino lejos de la seducción de Elliot, siento que mi corazón late con la mezcla de deseo y determinación. El sonido de la puerta del baño cerrándose tras de mí es como una barrera que separa la lujuria y el deseo de la razón y la cordura. Mientras camino por el pasillo, mi mente sigue luchando contra la intensa atracción que siento por Elliot, una tormenta de sensaciones y emociones que amenaza con desbordarse.

Vuelvo a la mesa, donde Charlotte, Dylan, Maya y Philips continúan su conversación, ajenos a la tormenta que acaba de desatarse en el baño. Mi pulso aún late rápido, y mi cuerpo sigue vibrando por la tensión sexual que acabamos de compartir y un orgásmo sin acabar. Elliot finalmente se une a la mesa, pero su expresión es fría y distante. El juego de miradas desafiantes y las palabras cargadas de insinuación han dado paso a una tensión incómoda.

La cena transcurre en medio de una atmósfera pesada y silenciosa. La elección de cada palabra y el roce de nuestras miradas se convierten en un campo minado de emociones no resueltas.

—¿Estás en pareja? —pregunta Philips.

Charlotte me mira con una sonrisa pícara, pero Elliot suelta una sonrisa irónica.

—¿Quién podría aguantarla, si es insoportable?

Mi mirada se cruza con la de Elliot, y aunque sus palabras son duras, no puedo evitar responder con sarcasmo.

—Bueno, prefiero ser insoportable, que un arrogante sin cerebro. —Respondo, clavando mis ojos en los suyos.

Elliot aprieta la mandíbula, y sus ojos se tornan más fríos si es que eso es posible. Charlotte y Philips intercambian miradas incómodas, sintiendo la tensión en el aire. Su mirada gélida me atraviesa como una cuchilla.

—¿Tienes siempre respuestas tan ingeniosas para todo, Alessia? —Su voz es cortante, y sus palabras caen como hielo, pero mi nombre lo pronuncia con una sensualidad que derrite todo ese hielo —¿O solo a mí me das ese privilegio?

No puedo evitar soltar una sonrisa sarcástica estuve a punto de responder, pero Charlotte me da un codazo y Dylan intenta aliviarla con una risa forzada.

—Bueno, bueno, amigos, ¿qué les parece si cambiamos de tema? No quiero que la noche termine en un campo de batalla. —Dylan hace un gesto con la mano, intentando distraer la atención de la tensión entre Elliot y yo.

Charlotte asiente, aunque su sonrisa revela que disfruta del espectáculo. La conversación cambia, pero mi incomodidad aumenta, y siento la necesidad de alejarme de la mesa. Me levanto, miro a Charlotte regalando media sonrisa e inclinando mi cabeza hacia el bar ella asiente comprendiendo lo que quise decirle. Me dirijo a la barra del bar, necesitando un trago para sobrellevar la tensión que flota en el aire.

La barra del bar se convierte en mi refugio temporal, y pido un whisky para distraerme de la incomodidad y tensión que siento en mi cuerpo. Mientras el camarero trabaja en servir mi bebida, mi mente da vueltas tratando de entender todo lo que me esta sucediendo

De repente, siento una presencia detrás de mí y mi cuerpo se tensa cuando me giro, y encuentro a Elliot de pie, con un vaso de whisky en la mano.

—¿Me sigues? —inquiero con exasperación, preguntándome si está tratando de hacerme perder la calma a propósito.

Elliot bebe un sorbo de su whisky, se sienta a mi lado y me mira con frialdad.

—Solo vine por un trago. No es mi culpa que eligieras este lugar para refugiarte.

—Mira. Por qué no te vas con tu abejorro y me dejas en paz. —Más que una pregunta, fue como una sugerencia, o más bien una orden.

—Me gusta estar más acá, si tanto te perturba mi presencia vete tu con tu acompañante, yo me quedo aquí.

Lo ignoro y bebo mi trago sin quitarle los ojos de encima, su mirada es fría e indiferente, pero aun así no me quita la vista de enfrente.

La mirada de Elliot se vuelve más intensa, y su voz adquiere un tono más bajo y peligroso.

—No sigas haciéndote la dura y larguémonos de aquí.

Trato de tomar aire, se acerca más a mi, su mirada intensa penetra la mía, nuestras narices están casi rozándose.

Siento una corriente eléctrica que recorre todo mi cuerpo cuando apoya una de sus manos en mi muslo, pero rápidamente me alejo de él recuperando la compostura.

—Tal vez solo necesitas a alguien que te haga sentir viva, alguien que te saque de esa fachada de indiferencia.

—¿Y ese alguien eres tú? ¿tú, hablando de indiferencia? Mírate Blackwood, eres el señor de la indiferencia y la arrogancia.

Me queda mirando sin expresión alguna. —Solo intento evitar lo inevitable.

—¿Lo inevitable? —pregunto sorprendida. —¿Y qué sería lo inevitable, según tú?

—Que tú y yo volvamos a tener sexo.

Su tono de voz y su mirada intimidante me hacen sentir un escalofrío, pero me mantengo firme.

—Blackwood..., si quisiera sentirme viva, buscaría emociones reales, no meros juegos de seducción barata. No soy tan fácil de impresionar por ti, y no estoy interesada en tus juegos sucios. Y si quisiera tener sexo con alguien... —lo miro directamente a los ojos —tú no estas en la lista.

Una sonrisa torcida aparece en el rostro de Elliot, y su mirada se llena de diversión.

—Nunca he conocido a alguien tan decidida a retarme, Alessia. Eres una mujer intrigante y realmente sexy, y eso me gusta.

Nuestro enfrentamiento verbal parece estar en un punto muerto, y aunque no puedo negar que Elliot me intriga, no estoy dispuesta a ceder tan fácilmente. La atracción y la tensión entre nosotros son innegables, pero no pienso dejar que él tome el control de la situación.

—Intrigante, sexy... todo lo que tu quieras, pero no a tu alcance. —Mi tono de voz sale con una lastima y pena fingida.— Así que mejor vete a jugar con tu abejorro, o lo que sea que te guste o haces en tu tiempo libre.

Sin decir una palabra más, me doy la vuelta y vuelvo a centrar mi atención en mi whisky, dejando a Elliot en la barra.

Elliot recoge su trago, anota algo en un papel y, antes de marcharse, se acerca a mí y susurra cerca de mi oído con voz ronca.

—Sabes que deseas esto tanto como yo. Te espero en mi penthouse hasta las once de la noche. Aquí tienes la dirección y el código de acceso al edificio.

Mi respiración se detiene mientras observo el trozo de papel en mis manos. El pedazo de papel se quema en ellas, y una lucha interna comienza a liberarse dentro de mí. Elliot se aleja, dejando un rastro de tentación en el aire.

Durante el transcurso de los minutos miro el trozo de papel y repito esa dirección como Dory repite una y otra vez P. Sherman calle Wallaby 42 Sidney.


Holaaa!!!

Ya somos 1k de vistas 🧡🥳🎉

Quiero dar las gracias a todos ustedes por leer y disfrutar de esta historia. 🧡

Espero que sigan disfrutando de esta historia.

¿Qué les parece?

Tu apoyo es esencial para mi, así que no olvides comentar y votar 😊

Gracias por leer, un abrazo 🧡

Actualizaciones: Todos los viernes🫶🏻

Millones de gracias nuevamente a todos. 🥳🎉

Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro