CAPÍTULO 43
Alessia
Tres meses después...
Nos encontramos en una escapada de ensueño, sumergidos en la serenidad de una playa tranquila en Maui, Hawái. El sol irradia su luz sobre nosotros, pintando el cielo con un azul radiante, mientras las olas crean un ambiente relajante.
Salgo de la acogedora cabaña con un cuenco rebosante de fresas en la mano, y me acerco a Elliot. Él levanta la vista de su libro con curiosidad al verme llegar a su lado.
—¿Qué traes ahí? —me pregunta con una sonrisa, mientras me acomodo sobre él.
Con una sonrisa cómplice, le ofrezco una fresa, deleitándome al observar la expresión de placer que se dibuja en su rostro al saborearla.
—¿Antojo de fresas? —comenta, pasando la punta de la lengua por sus labios, y yo asiento sin dejar sus labios.
—A la bebé le encantan las fresas. Siente como se mueve. —murmuro tomando una de sus manos y la acomodo en el lugar donde está pateando.
Sus ojos brillan con emoción mientras deposita un beso en mis labios, marcando así nuestro momento de conexión. Se muestra más relajado que nunca, su semblante irradia la calma y la felicidad de estos momentos de tranquilidad y desconexión. Ha sido un largo camino desde aquellos días en el hospital, pero aquí estamos, más unidos que nunca, ansiosos por la llegada de nuestra pequeña.
—Estarás ahí para verla nacer, ¿verdad? —pregunto, buscando la seguridad en sus ojos.
Elliot asiente con determinación. —Por supuesto, no me perdería ese momento por nada del mundo. Estaré a tu lado, sosteniendo tu mano y compartiendo cada segundo de ese momento tan especial.
—Tendremos una niña hermosa —susurro, dejando que mi voz se pierda en el murmullo del mar.
Elliot sonríe, su mirada está llena de ternura y amor. —Será tan hermosa como su madre —responde, sus ojos brillando con una intensidad que refleja su emoción y anticipación.
—Mientras tenga tus ojos.
Elliot sostiene mi mirada con ternura, sus ojos verdes reflejando una mezcla de emoción y afecto. Una suave brisa marina juega con sus cabellos, y sus labios curvan una sonrisa que ilumina su rostro. Con delicadeza, acaricia mi mejilla con el pulgar, transmitiendo su amor en cada gesto.
—Y tu sonrisa —añade, con voz suave pero llena de convicción, mientras una mano se desliza para entrelazar nuestros dedos en un gesto de complicidad por sobre mi vientre.
Sus palabras, cargadas de promesas y esperanza, resuenan en mi corazón, haciendo que cada latido sea una melodía de amor compartido. En este momento, en este lugar idílico, sé que nuestro amor es más fuerte que cualquier obstáculo, y que juntos, seremos capaces de enfrentar cualquier desafío que el futuro nos depare.
Me aferro más a Elliot, disfrutando de la calidez de su abrazo.
—¿Te imaginas cómo será cuando estemos los tres juntos? —pregunto, dejando que la emoción inunde mi voz.
Elliot asiente. —Será increíble. Verla crecer, enseñarle todo lo que sé, ser testigos de cada uno de sus logros y compartir sus alegrías y tristezas. Seremos una familia, mi amor, y no puedo esperar a que nazca, estoy ansioso —declara, con un brillo de determinación en sus ojos.
Mis labios se curvan en una sonrisa radiante. No puedo evitar sentirme emocionada ante la perspectiva de construir una vida junto a Elliot y nuestra pequeña. Juntos, enfrentaremos cualquier desafío que se cruce en nuestro camino, fortaleciendo nuestro amor con cada obstáculo superado.
☯️
Cuatro meses después...
Las últimas semanas del embarazo han sido un torbellino de emociones y preparativos. A medida que el gran día se acerca, la ansiedad y la emoción se entrelazan dentro de mí, creando un cóctel de sentimientos difíciles de describir.
—Vete a trabajar, amor —le digo, aunque en mi interior desearía que se quedara. No he pasado una buena noche y la incomodidad se refleja en mi rostro. Apenas he dormido, el peso de la panza y las molestias no me lo han permitido. Pero no quiero preocupar a Elliot con mis preocupaciones y sé que tiene una responsabilidad que cumplir.
Él me mira con un gesto entre preocupado y dubitativo. Puedo ver la lucha interna en sus ojos, entre su deber de ir a trabajar y el deseo de quedarse a cuidarme.
—No. Llamaré y avisaré que me quedaré en casa. —responde, su voz llena de determinación mientras saca su teléfono celular de su bolsillo.
Sus palabras me reconfortan, pero también me llenan de culpa. No quiero ser una carga para él, especialmente en este momento crucial de su carrera. Pero Elliot no parece dispuesto a aceptar un no por respuesta.
—Estaré bien, amor. Tengo todo bajo control —insisto, tratando de proyectar confianza.
—¿Me estás echando, de mi casa? —pregunta, su voz ligeramente divertida mientras levanta una ceja con picardía.
—Sí, vete a trabajar. Estaremos bien. Te prometo que si necesito algo, te llamaré —afirmo, tratando de disipar sus preocupaciones.
Elliot me observa con cierta incredulidad, pero finalmente cede. Me acerco a él para darle un beso de despedida, tratando de transmitirle con ese gesto toda la gratitud y el amor que siento por él, pero en ese preciso instante, una sensación cálida y húmeda entre mis piernas me hace detenerme en seco.
Mi corazón da un vuelco en mi pecho mientras mi mirada se dirige hacia abajo, donde se forma una pequeña poza de agua en mis pies. Un escalofrío recorre mi espalda al darme cuenta de lo que está sucediendo. Los dolores que he sentido durante toda la noche cobran un nuevo significado, indicando que el momento del parto está más cerca de lo que esperábamos. La realidad de nuestra bebé decidió que era momento de llegar a este mundo, me hace sentir una alegría que jamás había sentido.
La expresión en el rostro de Elliot pasa de incredulidad a asombro y alegría. Sus ojos brillan con una mezcla de emoción y nerviosismo, reflejando mis propios sentimientos. En este momento, todo lo demás desaparece de mi mente, dejando solo espacio para la anticipación y la emoción abrumadora de lo que está por venir.
La sonrisa de Elliot se ensancha, iluminando su rostro con una mezcla de alegría y asombro. Sus ojos brillan con una chispa de emoción mientras sus labios se curvan en una sonrisa contagiosa. Es como si un rayo de luz hubiera iluminado su rostro, revelando la profunda felicidad que siente en este momento tan especial.
Vuelve a entrar en la casa, pero su paso parece más ligero, más animado. Cada movimiento irradia una energía renovada, una sensación de anticipación que llena la habitación. Me quedo observándolo, maravillada por la intensidad de sus emociones y la forma en que su alegría contagiosa me envuelve por completo.
—¿Esto fue una sorpresa? —pregunta, sus ojos brillando con un brillo de emoción que hace eco en los míos, mientras espera ansiosamente mi respuesta.
La emoción en su voz es palpable, una mezcla de alegría, asombro y anticipación que me llega directamente al corazón.
—Tu hija se adelantó —respondo con una mezcla de emoción y nerviosismo, sintiendo cómo las contracciones comienzan a intensificarse, indicando que el momento que tanto hemos esperado está a punto de llegar, aunque faltaban dos semanas según la fecha prevista.
La emoción se mezcla con la incertidumbre mientras Elliot se dirige a la habitación a buscar el bolso que había preparado la noche anterior.
Me apoyo en la pared, tratando de controlar las oleadas de contracciones que recorren mi vientre. Cierro los ojos y respiro profundamente, tratando de encontrar la calma en medio del caos que se avecina. Elliot regresa con el bolso en la mano, su rostro iluminado por una sonrisa radiante que ilumina toda la habitación.
—¡Venga, amor! debemos ir al hospital —exclama, su voz llena de emoción mientras se acerca a mí.
Me toma de la mano y juntos nos dirigimos hacia el auto, listos para enfrentar lo que sea que el destino tenga preparado para nosotros.
Subimos al auto, y cada sacudida del vehículo parece intensificar las contracciones que ya están marcando el ritmo de mi respiración. Me agarro con fuerza al asiento, tratando de encontrar algo de alivio en medio del dolor que va en aumento.
—Esto es tu culpa —le digo, señalando mi vientre abultado con una mezcla de molestia y dolor.
Elliot suelta una carcajada. —Eso que tú llamas "esto" es nuestra hija, y ¿por qué es mi culpa? —pregunta con una sonrisa traviesa, sin apartar la vista de la carretera—. Además, que recuerde, tú también lo disfrutaste.
—¿Cómo sabes que lo disfruté? —replico, tratando de mantenerme seria a pesar del dolor.
—Porque me pedías más —responde con una risa juguetona.
Le doy un golpe juguetón en el brazo cuando se detiene en un semáforo en rojo. —No es gracioso. No puedes saber en qué momento fue.
—Claro que sí, recuerdo perfectamente cuando mis "soldados" hicieron su trabajo. Vermont, año nuevo, ¿no te suena? —me mira con complicidad deteniendo en un semáforo en rojo, desatando otra risa en ambos a pesar del momento tenso.
Frunzo el ceño, pero no puedo evitar sonreír. Elliot siempre encuentra la manera de sacarme una sonrisa, incluso en los momentos más difíciles.
Una nueva contracción me golpea con fuerza y me retuerzo en el asiento, tratando de controlar el dolor. —¡Ah! Joder, esto duele como la mierda —exclamo, sintiendo cómo la tensión se apodera de cada músculo de mi cuerpo.
—No uses esas palabras. La bebé escucha todo —me reprende con suavidad, llevando su mano hasta mi vientre con una cariño.
Bufé con ligereza, observando a Elliot con una mezcla de diversión y exasperación. Desde que supo que íbamos a ser padres, se ha sumergido en una vorágine de libros sobre paternidad y curiosidades acerca de los bebés en gestación.
Mientras el semáforo permanece en rojo, Elliot dirige su atención a mi vientre y murmura con una dulzura que me hace derretir por dentro. —Hija, aguanta un poco más, estamos a punto de llegar al hospital. —Sus palabras son como un bálsamo reconfortante en medio de la ansiedad y el frenesí del momento.
—Duele, tú no aguantarías ni una patada en tus partes —le reprocho, tratando de ocultar el amor que siento por él detrás de mi enfado
Elliot suelta una carcajada suave, su mirada llena de complicidad. —Pronto seré padre —dice con una emoción palpable en su voz.
Sonrío ante sus palabras, el corazón lleno de emoción ante la idea de convertirnos en una familia. —Sí... —murmuro, sintiendo cómo las lágrimas amenazan con escaparse de mis ojos—. Sí, pronto seremos tres.
☯️
Elliot:
La luz del semáforo cambia a verde y reanudamos nuestro camino hacia el hospital. Mis manos aprietan el volante con fuerza mientras mi mente corre a mil por hora. Ver a Alessia sufrir por las contracciones es desgarrador, pero también me llena de una sensación de responsabilidad y emoción abrumadora. En solo unas horas, seremos padres, y no puedo evitar sentirme nervioso y emocionado al mismo tiempo.
—¿Estás bien, amor? —pregunto con preocupación, desviando por un momento mi atención de la carretera para mirarla.
Alessia asiente, aunque puedo ver la tensión en su rostro mientras lucha contra el dolor de las contracciones. Sus ojos brillan con determinación, pero también hay un destello de miedo que no puedo ignorar.
—Estoy bien, Elliot. Solo necesito llegar al hospital —responde, su voz entrecortada por el dolor.
Aprieto suavemente su mano, tratando de transmitirle todo mi apoyo y amor en ese gesto simple. Sé que no puedo hacer desaparecer el dolor, pero estoy determinado a estar a su lado en cada momento de este viaje.
Finalmente, llegamos al hospital y nos dirigimos rápidamente hacia el área de maternidad. El personal médico nos recibe con amabilidad y eficiencia, y en poco tiempo estamos instalados en una habitación, listos para recibir a nuestra hija.
Alessia se aferra a mi mano con fuerza mientras las contracciones continúan, y yo estoy ahí, sosteniéndola y apoyándola en cada momento. A medida que el tiempo pasa, siento una mezcla de nerviosismo y anticipación creciendo en mi interior. Pronto estará aquí entre nosotros, y no puedo esperar a ver el rostro de nuestra pequeña y sostenerla en mis brazos por primera vez.
Cada contracción parece un desafío, un recordatorio de la fuerza y la resistencia de Alessia. La observo con admiración mientras enfrenta el dolor con valentía, su rostro contraído en una mueca de esfuerzo. No puedo evitar sentirme impotente ante su sufrimiento, pero me mantengo firme a su lado, ofreciéndole todo mi apoyo y amor.
El tiempo parece detenerse mientras esperamos ansiosamente la llegada de nuestra hija. Cada minuto se convierte en una eternidad, pero estamos juntos, compartiendo este momento único e irrepetible. Las palabras son innecesarias; nuestros ojos se encuentran en silenciosa complicidad, transmitiéndonos fuerza y esperanza mutuamente.
Finalmente, llega el momento crucial. El equipo médico se prepara para recibir a nuestra hija, y yo sostengo la mano de Alessia con aún más fuerza, si es posible. El sudor perlado en su frente, su respiración entrecortada, todo indica que el momento está cerca.
El médico nos guía con calma y profesionalismo a través del proceso, dándonos indicaciones y alentándonos en cada paso del camino. Con cada empujón de Alessia, puedo sentir la tensión en la habitación aumentando, la anticipación casi palpable en el aire.
Y entonces, de repente, todo cambia. Un grito agudo irrumpe en la habitación, un sonido lleno de vida y promesas de un futuro lleno de amor. Mis ojos se llenan de lágrimas mientras el médico sostiene a nuestra hija en alto, mostrándonos su rostro rosado y lleno de vida.
Alessia solloza de alivio y alegría, y yo apenas puedo contener mi emoción mientras contemplo a nuestra hija por primera vez. Es perfecta en cada detalle, una pequeña obra maestra de la naturaleza. Mi corazón se llena de un amor indescriptible mientras el doctor se acerca a nosotros con nuestra bebé en sus brazos, acaricio su pequeña mejilla, sintiendo la suavidad de su piel bajo mis dedos.
Ahora somos una familia, unidos por el vínculo más fuerte de todos: el amor incondicional de padres hacia su hijo. Y estoy infinitamente agradecido por esta bendición, por la oportunidad de ser testigo del milagro de la vida y de compartir este momento inolvidable con la mujer que amo.
Alessia acuna a nuestra hija con delicadeza, susurrando palabras de amor y dándole la bienvenida a este nuevo mundo que la rodea.
—Es preciosa —murmura sin dejar de mirar a nuestra hija.
—Siempre las cuidaré y protegeré con mi vida si es necesario —respondo dándole un suave beso en el rostro.
Los ojos de Alessia se encuentran con los míos, destellando emoción y gratitud. En sus brazos, nuestra hija se encuentra envuelta en un aura de ternura.
—Gracias por darme el mejor regalo.
—Gracias a ti, por enseñarme a amar nuevamente y darme una familia —mi respuesta brota de lo más profundo de mi corazón, con la certeza de que esta mujer es el verdadero hogar al que siempre pertenecí.
Nuestros labios se encuentran en un beso cargado de ternura y complicidad, sellando con cada roce el amor que nos une. Al separarnos, nuestros ojos se encuentran de nuevo, y en ese momento, comprendo que no hay lugar en el mundo donde desee estar más que aquí, junto a ella y nuestra pequeña hija.
Siento un nudo en la garganta mientras observo a la mujer que amo, su belleza resplandece aún más bajo la tenue luz de la habitación. Sus labios esbozan una sonrisa cálida, y sus mejillas están ligeramente coloreadas por el esfuerzo. Me sumerjo en su mirada, atrapado por la intensidad de sus ojos, reflejando un mundo de sentimientos profundos.
—Cásate conmigo... —Las palabras escapan de mis labios antes de que pueda contenerlas, impulsadas por el deseo de sellar este momento de felicidad eterna. Mi corazón late con fuerza, y mis manos tiemblan ligeramente, revelando mi nerviosismo y ansiedad por su respuesta.
Alessia sostiene mi mirada por un momento, su rostro iluminado por una mezcla de sorpresa y alegría. Un brillo de emoción recorre sus ojos mientras asiente lentamente, una sonrisa radiante curvando sus labios.
—Sí —susurra con voz suave pero llena de convicción, y me acerco para unir nuevamente nuestros labios en un beso que sella nuestro amor y compromiso para siempre.
~ FIN ~
Holaaa!!! ✨
Con mucha nostalgia hemos llegado al fin de esta historia 🥺.
Una parte de mi no quería terminar está historia
Cuéntenme
¿Qué les pareció el final y la historia en general? 😊
Tu apoyo siempre fue esencial y especial para mi, y leí todos sus comentarios 😊
Gracias a cada uno de ustedes por ser parte de "Flavors of Desire: Sabores del Deseo" por leer y dar siempre su apoyo.
Un abrazo a cada uno de ustedes 🧡
Durante la tarde les subiere el epílogo.
Nos vemos 😉
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro