CAPÍTULO 34
Alessia
Despierto sintiendo el roce suave de unos dedos que trazaran líneas invisibles sobre mi piel, dejando una sensación cálida sobre su paso. La luz tenue de la mañana se filtra a través de las cortinas, creando un juego de sombras que danzan al compás de estas caricias.
Giro lentamente para encontrarme con su mirada intensa, cuyos ojos reflejan una mezcla de ternura y deseo. Sus dedos se deslizan con destreza, dejando una estela de sensaciones que despiertan cada poro de mi piel. Un susurro apenas audible escapa de mis labios, un eco del deleite que sus manos provocan.
—Buenos días, mi amor —murmura Elliot, su voz resonando como una melodía ronca y sensual en el aire cargado de intimidad.
Mis labios buscan los suyos en un beso lento, un encuentro de deseos que se entrelazan en el suave juego de nuestras lenguas. Cierro los ojos, entregándome a la deliciosa sensación de su boca contra la mía.
A medida que el beso se desvanece, abro los ojos para perderme en la intensidad de los suyos. Elliot sonríe con ternura, y sus dedos acarician mi mejilla con suavidad
Mientras Elliot continúa acariciando mi espalda desnuda, me encuentro boca abajo, observando cómo los copos de nieve danzan fuera de la ventana. El roce de sus manos crea un contraste delicioso con la frescura del ambiente, generando una sensación embriagadora que me hace cerrar los ojos y sumergirme en el placer de ese contacto íntimo.
—Me encanta ver nevar. —murmuro con una sonrisa, sin dejar de admirar el espectáculo blanco que se despliega más allá del cristal. —Cuando era pequeña, cada vez que nevaba, me sentaba en un asiento junto a la ventana. Con una taza de chocolate caliente y malvaviscos, me quedaba allí simplemente contemplando la nieve. —Le confieso a Elliot, mi voz se llena de nostalgia y emoción al rememorar esos momentos. —Era algo que a mi madre le encantaba hacer, y cuando veo la nieve, no sé... siento que estoy cerca de ella. Y el chocolate caliente con malvaviscos fue una adición que hizo mi papá. —concluyo mi relato y me giro para quedar frente a él.
Elliot sostiene mi mirada con ternura, sus ojos capturando cada matiz de mis emociones. Sus dedos, aún danzando sobre mi espalda, transmiten un reconfortante sentido de complicidad.
—Vamos a crear nuestras propias tradiciones. —murmura Elliot, distribuyendo besos suaves por mi espalda, como si cada uno fuera un pacto para sellar nuestras experiencias compartidas.
Cierro los ojos, dejándome llevar por la mezcla de sensaciones que fluyen entre nosotros.
☯
Observo la pequeña colina cubierta de nieve que se extiende frente a nuestros ojos, mientras caminamos hacia el patio común del complejo de cabañas.
—¿Qué te parece si vamos a hacer snowboard? —sugiere Elliot, con una sonrisa cálida.
La idea de deslizarme por la nieve con una tabla parece un desafío bastante entretenido, pero mi nula experiencia en el tema me hace dudar.
—Nunca he hecho snowboard. —confieso con una sonrisa nerviosa mirando a los niños jugando en la nieve.
—Yo puedo enseñarte. —Elliot se ofrece tendiendome su mano.
—¿Tú sabes hacer snowboard? —pregunto mirándolo sorprendida y él asiente.
—Sí. Aprendí muy pequeño. —Dice con una sonrisa triunfadora.
La colina bulle de actividad, con niños y adolescentes correteando, riendo y deslizándose con destreza por la nieve. Adultos con expresiones de concentración se esfuerzan por mantener el equilibrio en sus tablas. La atmósfera está impregnada de la emoción del aprendizaje y el inconfundible sonido de risas resonando en el aire frío.
Elliot selecciona cuidadosamente dos tablas mientras habla con el vendedor, yo lo miro con una expresión entre curiosa y sorprendida, con el ceño levemente fruncido. La tienda de alquiler de material para snowboard está llena de personas emocionadas, todos ansiosos por disfrutar de la nieve de alguna manera. Elliot, aparentemente en su elemento, examina detenidamente las tablas, buscando las perfectas para nosotros.
—Está es la adecuada para principiantes. —Le dice el vendedor enseñando una tabla. —No es demasiado rápida y proporciona la estabilidad que es lo principal para poder aprender.
Salimos del local con todo lo necesario para nuestro día de snowboard. Elliot me entrega una de las tablas y yo la observo con cierta aprehensión.
—Vamos, te va a encantar. —Me asegura Elliot, contagiandome con su entusiasmo.
Elliot sujeta mis manos con delicadeza y nos dirigimos hacia la base de la colina, buscando un rincón apartado del bullicio de los niños que disfrutan de la nevada. La luz del sol tiñe la nieve de un blanco radiante, creando destellos que se dispersan a nuestro alrededor.
—Debes colocar tu pie dominante en la parte de atrás de la tabla. —apunta Elliot, señalando la tabla. —¿Derecho o izquierdo?
—Derecho. —respondo con una sonrisa nerviosa.
—Pon el pie derecho aquí. —Señala la posición, y con cuidado, coloco el pie sobre la tabla, sintiendo la firmeza de la nieve bajo mis botas. Elliot se agacha y ajusta las fijaciones alrededor de ellas. Comienza a darme algunas instrucciones básicas.
Mis primeros intentos son más parecidos a pasos torpes que a deslizamientos elegantes. La tabla se siente inestable bajo mis pies, y cada intento de avanzar resulta en un tambaleo descoordinado cayendo al suelo de espalda riendo. Nuestras risas se mezclan con los sonidos de las demás personas disfrutando de su tarde.
Las primeras lecciones son una combinación de instrucciones y risas. Mis primeros pasos son más parecidos a pasos torpes que a deslizamientos elegantes, la tabla bajo mis pies parece tener vida propia. Mis intentos de avanzar resultan en pasos torpes y tambaleos descoordinados que terminan conmigo riendo y cayendo al suelo de espalda.
Las risas se mezclan con los sonidos de la gente disfrutando de la tarde. Niños que ríen mientras juegan con trineos y adultos que se deslizan graciosamente por la colina. La escena se convierte en un espectáculo animado de aprendices y expertos compartiendo el placer de la nieve.
—Vamos arriba. —me anima Elliot, tomando mis manos para ayudarme a levantarme.
—Intenta flexionar un poco las rodillas —me muestra cómo hacerlo—, eso te ayudará a mantener el equilibrio.
Asiento con una sonrisa, posicionándome para volver a intentarlo. Elliot, me guía paso a paso con paciencia.
—Intentalo nuevamente, tú puedes. —Me motiva una vez más.
Comienzo a deslizarme sobre la nieve y una sonrisa se comienza a formar en mi rostro aún sobre la tabla.
—¡Ahí vas!— exclama Elliot.
La sensación es divertida, una mezcla de ligereza y cosquilleo en mi vientre me hacen reír.
—¡Siii!— grito riendo mientras levanto mis manos en forma de victoria.
Elliot, con una sonrisa se acerca a mí.
—¡Lo lograste! —dice sonriendo.
Sus ojos, intensos, se encuentran con los míos, y en ese instante, el aire entre nosotros se carga de una electricidad sutil pero palpable. Siento un ligero cosquilleo en la piel al percibir su cercanía, como una corriente de calor que me envuelve. La sonrisa de Elliot adquiere un matiz más íntimo, como si compartiéramos un secreto entre risas y deslizamientos por la nieve.
—Gracias a ti lo logré. —le respondo con una sonrisa sin dejar de mirarlo a los ojos.
—Soy un excelente maestro entonces.
—Y yo soy una excelente alumna. —añado, con una sonrisa juguetona.
—De eso no hay dudas. —murmura con complicidad, mientras la distancia entre nosotros parece disolverse.
Un beso apasionado sella el momento, sus labios encuentran los míos en una fusión de deseos compartidos. Cierro los ojos, dejándome llevar por la sensualidad del contacto, mientras mis brazos se enlazan alrededor de su cintura, buscando la cercanía que va más allá de las palabras. Sus manos enguantadas, encuentran su lugar en mis mejillas, profundizando el beso.
El beso se prolonga, y nuestras bocas se exploran con una delicadeza que habla de un deseo compartido. Mis labios responden con pasión a cada movimiento de los suyos, mientras nuestras lenguas danzan en un juego sensual que nos sumerge en un torbellino de sensaciones. La suavidad de sus guantes en mis mejillas agrega un toque íntimo, como si cada contacto fuera una promesa susurrada en la fría brisa invernal.
Elliot se separa lentamente, pero la conexión entre nosotros persiste en la mirada que compartimos. Sus ojos, ahora más oscuros y llenos de intensidad, revelan un deseo que va más allá de las palabras.
—No sé, pero creo que merecemos un descanso después de esa intensa lección de snowboard. —dice Elliot con una sonrisa pícara, rompiendo la tensión con un toque de humor.
Asiento con una risa suave, todavía envuelta en la atmósfera cálida que ha quedado después de nuestro beso.
—Una excelente idea. ¿Qué tienes en mente? —pregunto con una mirada traviesa, deleitándome en el juego de complicidad entre nosotros.
Elliot inclina su cabeza hacia la mía, su aliento cálido acariciando mi oído con un susurro que hace que mi piel se erice.
—Tal vez una habitación, tú y yo entrando en calor. —susurra, jugueteando con el lóbulo de mi oreja con una delicadeza que despierta sensaciones más profundas.
Mi aliento se entrecorta levemente, y un destello travieso ilumina mis ojos mientras respondo con una voz suave y cargada de sugerencia:
—Suena tentador. ¿Y qué haríamos para entrar en calor? —mi voz lleva un tono sugerente que se mezcla con la risa cómplice que compartimos.
Elliot me mira con ojos intensos, su deseo palpable en el aire entre nosotros. Con un toque de seguridad, desliza una mano por mi mejilla, acariciándola con delicadeza antes de responder:
—Explicaremos cada centímetro de esa cabaña, descubriendo rincones secretos que solo nosotros conoceríamos. —susurra, su aliento cálido rozando mi piel y avivando la chispa de la lujuria en mis sentidos.
Su mirada, cargada de promesas, se desliza por mi figura con una intensidad que enciende cada rincón de mi ser. La atmósfera se vuelve densa, saturada de anticipación y deseo.
—Y luego, nos perderíamos en la textura suave de esas sábanas, mientras nuestras manos se exploran con avidez, desvelando secretos que solo el tacto puede revelar. —continúa, su voz resonando con un tono erótico que me estremece.
Mis labios quedan entreabiertos, capturados por la anticipación de lo que está por venir. Elliot, con una sonrisa traviesa, se acerca, y su aliento cálido roza mi cuello. Un escalofrío recorre mi espalda mientras sus labios encuentran el lóbulo de mi oreja, jugando con él de manera tentadora.
—Imagina las sensaciones. —susurra, sus palabras acariciando mi oído como una promesa íntima. —Cada beso, cada roce, llevándonos al límite del placer, explorando los rincones más oscuros y deliciosos de nuestros deseos.
Siento mi piel erizarse ante la imagen que pinta con sus palabras, una mezcla de anticipación y anhelo que enciende la lujuria en el aire. Elliot se aleja lentamente, pero la tensión erótica persiste, creando un vínculo palpable entre nosotros.
Al llegar a la cabaña, Elliot cierra la puerta detrás de nosotros con un gesto seguro. La penumbra del lugar resalta el brillo de nuestros ojos mientras nos enfrentamos, la tensión erótica entre nosotros palpable.
Elliot desliza sus manos por mi espalda, explorando la curva de mi cintura, y su mirada ardiente se encuentra con la mía. La conexión se intensifica, y nuestros labios se buscan con ansias, desatando una pasión que se ha mantenido contenida. La ropa se convierte en un obstáculo que deseamos desechar, y cada caricia es un preludio a la exploración de cuerpos que claman por un encuentro más profundo.
La habitación se llena con susurros apasionados, gemidos que resuenan en las paredes, creando una sinfonía erótica que es solo nuestra. La lujuria se desata en una danza intensa, y la noche se convierte en un testigo silencioso de la entrega total, donde dos almas se encuentran en la vorágine del deseo, dejándose llevar por la pasión que los consume.
quedan entreabiertos, capturados por la anticipación de lo que está por venir. Elliot, con una sonrisa traviesa, se acerca, y su aliento cálido roza mi cuello. Un escalofrío recorre mi espalda mientras sus labios encontraron mi lóbulo, jugando con él de manera tentadora.
—Imagina las sensaciones, Alessia. —susurra, sus palabras acariciando mi oído como una promesa íntima. —Cada beso, cada roce, llevándonos al límite del placer, explorando los rincones más oscuros y deliciosos de nuestros deseos.
Siento mi piel erizarse ante la imagen que pinta con sus palabras, una mezcla de anticipación y anhelo que enciende la lujuria en el aire. Elliot se aleja lentamente, pero la tensión erótica persiste, creando un vínculo palpable entre nosotros.
Al llegar a la habitación, Elliot cierra la puerta detrás de nosotros con un gesto seguro. La penumbra del lugar resalta el brillo de nuestros ojos mientras nos enfrentamos, la tensión erótica entre nosotros palpable.
Elliot desliza sus manos por mi espalda, explorando la curva de mi cintura, y su mirada ardiente se encuentra con la mía. La conexión se intensifica, y nuestros labios se buscan con ansias, desatando una pasión que se ha mantenido contenida. La ropa se convierte en un obstáculo que deseamos desechar, y cada caricia es un preludio a la exploración de cuerpos que claman por un encuentro más profundo.
La habitación se llena con susurros apasionados, gemidos que resuenan en las paredes, creando una sinfonía erótica que es solo nuestra. La lujuria se desata en una danza intensa, y la noche se convierte en un testigo silencioso de la entrega total, donde dos almas se encuentran en la vorágine del deseo, dejándose llevar por la pasión que los consume.
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Nos vemos en el próximo capitulo 🫶🏻
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