CAPÍTULO 26
Elliot
Estos días fueron de lo más intensos y candentes entre nosotros, intensidad que hace tiempo no vivía, por lo que escuchar el nombre de Sabrina, algo en mi comenzó a recorrer a través de mis venas reemplazando la sangre por enojo y frustración, cerrando mis puertas internas de un solo golpe, me sumergió en un remolino de recuerdos dolorosos vividos hace cinco años.
El amor se había transformado en un terreno minado, un lugar de dolor y desilusión al que prefería evitar a toda costa. Cada vez que alguien tocaba ese tema sensible, mi instinto era elevar barreras, encender señales de alarma y mantener una distancia infranqueable.
Ahora, mientras veo la silueta de Alessia desvanecerse tras la puerta, mi mente lucha por desenredar la madeja de sentimientos que ha revuelto en mi interior. La tristeza y la rabia compiten por el espacio dentro de mí, mientras intento reconstruir las murallas que resguardan mi corazón, buscando retomar el control y sumergirme de nuevo en la indiferencia que tan celosamente he cultivado.
Pero esas barreras parecen inútiles frente a ella. Me demostró que las tormentas no son eternas, que después de la lluvia sale el sol, y ella se convirtió en mi luz en medio de la oscuridad.
Apoyo mis codos sobre mis rodillas, mi cuerpo dividido entre la tentación de seguirla y la resistencia a dejar que esto quede así. Una batalla interna que hasta el momento está empatada.
Me levanto del sillón y camino hasta el mini-bar, sirviéndome un vaso de whisky en un intento por calmar los torbellinos emocionales que me consumen.
Alessia es mi sosiego en medio del caos. Con ella, la máscara cae, y puedo ser yo en todos mis sentidos. Su forma de ver la vida, su sonrisa, todo en ella es un bálsamo que despierta emociones que había jurado enterrar. Y, sin darme cuenta, ya me he enamorado de ella.
Me encamino hacia el gimnasio y comienzo a golpear el saco de box, liberando toda la tensión y la confusión que me agobian. El deporte, mi válvula de escape, me ofrece un respiro.
Cada impacto resuena con la intensidad de mis emociones, como si estuviera desafiando al universo a comprender la tormenta que agita mi interior.
El sudor comienza a perlar mi frente, una manifestación física de la tensión que se disuelve en el aire. Mis músculos trabajan en armonía con la furia contenida, y el sonido de mis respiraciones entrecortadas se mezcla con el golpeteo rítmico contra el saco. No sé cuánto tiempo estuve golpeando el saco de box, la alarma de mi celular me distrae, interrumpiendo mi catarsis. Dejo de golpear el saco y camino hasta tomar mi celular, presiono para apagar la alarma, pero no puedo apagar la tormenta emocional que ha desatado la presencia de Alessia en mi vida.
—Seis y media. —Murmuro.
Con el celular en manos, abro el chat de Alessia, lo bloqueo rápidamente y me dirijo al baño para comenzar mi día. El agua caliente de la ducha parece aliviar mi cuerpo tenso, pero la confusión en mi mente persiste como una sombra que no puede disiparse. Mientras el agua cae sobre mí, cierro los ojos, tratando de encontrar la claridad que se escapa entre mis pensamientos turbulentos.
Llego hasta el estacionamiento de la agencia y veo a Dylan saliendo de su auto.
—Ojalá no se dé cuenta de que acabo de estacionar. —murmuro con fastidio.
Había olvidado que hoy retoma el trabajo, luego de su luna de miel. Dylan se gira y se queda esperándome. Suelto un suspiro frustrado, completo el estacionamiento y salgo de mi auto, caminando hacia la entrada. Dylan se me acerca con una sonrisa socarrona.
—Así que tú y mi cuñada. Quién lo diría. —dice con una sonrisa.
—¿Por qué siempre tengo que cruzarme contigo? —murmuro entre dientes.
Las puertas del ascensor se abren y entramos juntos.
—¿No te despertaron con sexo matutino? Ahora comprendo muchas cosas. Cuando llegabas no gruñendo era porque tenías un buen sexo mañanero.
Cierro los ojos, exhalando con impaciencia, luchando por mantener la calma y recordando por qué aún no le he callado la boca con un puñetazo.
—Cierra la puta boca, Dylan. —Hablo apretando los dientes.
Descendemos del ascensor y avanzamos por el pasillo. Yo, enfocado en llegar a mi oficina, mientras Dylan continúa a mi lado.
—¿Qué ha pasado? ¿Han discutido? —pregunta Dylan, cerrando la puerta de mi oficina y sentándose frente a mi escritorio.
Ocupo mi silla, su mirada me escruta. Asiento levemente, sin ganas de ahondar en los detalles.
—¿Por qué?
—Eso no importa. Se fue y punto. —Mi celular se ilumina con un mensaje, y lo agarro con rapidez, esperando ver su nombre, pero al desbloquearlo, mi esperanza se desvanece al no ser ella.
—¿Y por qué no vas tras ella? —inquiere Dylan.
—Soy un agente, no un príncipe que va detrás de su princesa.
—Príncipe, desde luego que no. Puede que tengas tu atractivo, pero tu genio y carácter son de los mil demonios —le observo con cara de pocos amigos —y por eso, del príncipe encantador, caes directamente a Shrek.
Ruedo los ojos. —¿Quieres ir a hinchar las pelotas a otro? —gruño.
Dylan no parece inmutarse, más bien disfruta el juego verbal. Apoya su espalda en el respaldo sentándose con las piernas cruzadas, con el tobillo izquierdo sobre la rodilla derecha —Eres una combinación entre Shrek y un pitbull rabioso.
—Y tú eres un maldito entrometido.
—Elliot, Elliot. ¿Quién hubiera pensado que estarías tan afectado por una mujer? ¿La has perdido ya, o hay algo que puedas hacer para remediarlo?
Mis puños se aprietan con fuerza, sintiendo la rabia bullir dentro de mí.
—Esto no es asunto tuyo. —Mi voz es áspera, pero la vulnerabilidad se asoma bajo la superficie.
Dylan se inclina hacia adelante, su tono se vuelve más serio. —Lo que sea que haya sucedido, amigo, no la dejes escapar así como así. Las mujeres como ellas no se encuentran en cada esquina.
La realidad de sus palabras me golpea con fuerza. Alessia no es solo una mujer común, es extraordinaria.
La vibración de mi celular interrumpe la conversación. Miro la pantalla con la esperanza de ver su nombre, pero en cambio, es un mensaje de trabajo.
Dylan, notando mi decepción, suelta una risa burlona. —Parece que la damisela en apuros tendrá que esperar. ¿No es así, Shrek?
Mi paciencia se agota. —Ya es suficiente, Dylan.
Me pongo de pie, intentando controlar la mezcla de emociones que bullen dentro de mí. Él se levanta también, pero esta vez su expresión se vuelve más seria.
—Hablando en serio, Elliot, no dejes que esta oportunidad se escape de tus manos. A veces, el orgullo puede ser nuestro peor enemigo.
No respondo, pero sus palabras resuenan en mi mente mientras abandono la oficina. La idea de no dejar que Alessia se escape cobra fuerza, pero el desafío está en cómo cambiar las cosas después de lo que ha sucedido.
Mi mañana y parte de la tarde pasa entre juntas con la directiva junto con Burke y en la realización y revisión de informes y en intentar descifrar pistas con Rebecca, Dylan y otros dos agentes sobre un posible atraco en los próximos días.
Cada vez que mi celular suena lo miro rápidamente con la misma esperanza de siempre, y cada vez que suena Dylan me mira y hace una mueca.
Después de cuatro horas sin mucho avance.
—¡No puede ser que estemos donde mismo! —Exclamo con frustración apoyándome con mis palmas en la mesa con un golpe sordo.
—Sabes que eso no es cierto. Logramos descubrir al cabecilla de la operación. —Dice Emily.
La miro con el ceño muy fruncido. —¿Y de que nos sirve eso? ¡¿Acaso sabemos dónde están planeando todo?!
—No. Pero sabemos quien es, y sabemos que no es el primer atraco que planifica.
—Y por eso... debemos detenerlos. —respondo con rudeza.
—Tal vez si te concertaras. Avanzaríamos más rápido. —Murmura Philips.
Levanto mi vista con una ceja enarcada.
Y este cuando llego. Pienso.
—¿Perdona? Y ¿a ti quien te llamo? —le pregunto mientras me enderezo.
Phillips se pone de pie a la defensiva. —Estás pendiente de tu celular. Cada vez que lo sientes vibrar, lo miras enseguida. Apuesto a que se aburrió de ti... —su celular suena— quizás me escribió a mí. —Mira su celular y luego me sonríe con superioridad.
Aprieto mis puños con una furia contenida, sintiendo cómo la ira bulle en mi interior. Las palabras de Phillips son como chispas encendiendo un fuego que arde en mi pecho. Cada músculo tenso, cada nervio al límite. Mis ojos centellean con la intensidad de una tormenta a punto de desatarse.
Me acerco a él con determinación, mi mandíbula tensa y los músculos rígidos. La sala parece encogerse ante la tensión que se acumula en el ambiente. Dylan, rápidamente se levanta de su silla y se apresura hacia mí, como un intento de contener la explosión inminente.
—Phillips, cállate. —le advierte Dylan.
Siento unas manos sobre mi pecho con la intención de calmarme, y la sensación de ese contacto inesperado me desconcierta por un instante. La temperatura de la sala parece aumentar, y la electricidad en el aire se intensifica. Bajo la vista involuntariamente, y mi mirada se encuentra con la de Emily, cuyas manos se posan sobre mí con una delicadeza
—Ya veo por qué... —dice Phillips, mirando la escena de Emily con las manos en mi pecho.
Con un gesto rápido, quito las manos de Emily de mi pecho. —No me vuelvas a hablar de concentración o lo que sea respecto a mi vida personal. —le hablo con furia a Phillips, quien observa con atención cada uno de mis movimientos.
—Si yo tuviera la mínima atención que ella te da a ti, la aprovecharía.
Las palabras de Phillips golpean como una daga afilada, y aunque intento mantener la compostura, siento una corriente de rabia correr por mis venas. Las miradas de mis compañeros se tornan incómodas mientras la confrontación se desarrolla.
La ira se enciende en mi interior, pero intento contenerla. —No te quiero en mi equipo. Vete. —apunto hacia la puerta.
—No es tu equipo y tú no decides. —se acerca a mí con furia, desafiándome abiertamente.
—¿Ah no? ¿Quién es el que está a cargo de la unidad táctica? ¿Quién supervisa está unidad? ¿Quién es el encargado de coordinar y dirigir las operaciones en el equipo? ¿Quién? Maravíllame con tu inteligencia. —añado con sarcasmo, intentando desarmar su actitud desafiante.
Phillips bufa y camina furioso a la puerta, dejando tras de sí una estela de tensión y resentimiento.
—Exacto, yo. —Le hablo antes de que salga de la sala, reafirmando mi autoridad.
—Necesitamos a alguien del laboratorio. —murmura Rebecca que se había mantenido al margen de la situación.
Presiono el intercomunicador para llamar al laboratorio de criminalística.
—¿Si? —preguntan cuando contestan.
—Manden a Kevin, por favor, a la sala de junta número cinco.
—Sí, Agente.
Dejo de presionar el botón del intercomunicador. —Listo, tenemos a alguien de criminalística.
Cuando Kevin, el perito de criminalística, llega a la sala de junta, se sumerge de inmediato en la información disponible sobre el caso del posible atraco. El ambiente tenso y cargado de emociones se vuelve palpable mientras cada minuto cuenta, y el reloj avanza implacable hacia el momento crítico que se avecina. La incertidumbre de no saber dónde está Alessia y la presión de resolver el caso se entrelazan, formando un nudo en mi estómago que parece apretarse con cada segundo que pasa.
☯
Reviso mi teléfono con la esperanza de encontrar alguna respuesta a los mensajes que le he enviado, pero, como ha sido el patrón, no hay señal de su respuesta. La ausencia de su mensaje no me sorprende, aunque me deja con un sabor amargo del cual no se como lidiar.
Después de dos horas, tras una rutina exigente en mi gimnasio, una ducha rápida y un café fuerte que intenta avivar mis sentidos adormecidos, me dirijo hacia la oficina.
Al traspasar las puertas del edificio, el bullicio del personal de la agencia, detectives y demás funcionarios llena mis oídos, creando una cacofonía que amenaza con desencadenar un dolor de cabeza. Ignoro a Dylan, que sale de la cocina con una taza de café, y me encaminó directamente hacia la sala de juntas.
—¡Elliot! —grita, pero no le presto atención.
Rebbeca aparece rápidamente, seguido de cerca por Burke.
—Reunión urgente, señores. Sala de juntas, ahora —ordena, dirigiéndose hacia la sala donde se tomarán decisiones cruciales.
Dylan trata de hablarme, pero le lanzo mi peor mirada, esperando que capte la señal y se quede en silencio, pero como siempre está hablando y simplemente no le prestó atención a su horrible voz.
—Cuando no estabas peleado con mi cuñada, eras mucho más simpático, aunque intentabas ocultarlo. —murmura Dylan.
Respiro profundamente y me giro para enfrentarlo de cerca. —Me importa una mierda lo que pienses. No estoy de humor para tus tonterías.
—Vale. Lo capto... Definitivamente no has decidido ir por ella y por ende no la pones hace varios días. —responde Dylan, tomando un sorbo de su café.
Ruedo los ojos. —A veces me pregunto por qué sigo siendo tu amigo.
—Pues yo puedo responder a tu pregunta. —palmea mi hombro.
—No te pregunté nada. —le respondo sin mirarlo, avanzando hacia la sala de juntas.
—Igual pienso responderte. Porque sin mí, no harías nada. Soy el único que te soporta. No entiendo cómo lograste caerle en gracia a Alessia.
El nombre de Alessia vuelve a resonar en mis oídos.
—Fuiste un idiota, ¿sabes? Y cada día que decides no buscarla la alejas aún más. —Bebe un sorbo de su café.
—Ajá.
—En realidad idiota te queda corto.
Finalmente, entro a la sala de juntas y suspiro aliviado al saber que estaré un buen rato sin escuchar la voz de Dylan. La atmósfera en la sala es tensa, y los rostros de los presentes reflejan la seriedad del asunto.
—Un atraco importante está a punto de ocurrir en el centro de la ciudad. La información es limitada, pero sabemos que debemos actuar rápido. Solo sabemos que se están escondiendo en un parque de containers. —Hablo con determinación.
—Es la única información que tenemos de donde está. —Rebecca despliega un mapa y comienza a exponer los puntos y las pistas en las que estuvimos descifrando está semana.
—Enviaremos dos equipos. El equipo Alpha estará comandando por mi e iremos al centro de la ciudad. Mientras que el equipo beta comandado por Evans, se irá al parque de containers. —Comunicó con firmeza.
Mientras Burke habla sobre la misión tratando de dejar de lado cualquier distracción personal. Sin embargo, mi mente no puede evitar divagar hacia Alessia, hacia la tensión entre nosotros. La idea de no tenerla a mi lado no me está gustando para nada.
El tiempo avanza rápidamente, y antes de que me dé cuenta, estoy saliendo del edificio con mi equipo, listo para enfrentar la tarea que se avecina. Cierro los ojos por un momento, intentando apartar esos pensamientos, enfocándome en la acción que se desplegará en las calles de la ciudad. La lluvia, que ha dado un respiro momentáneo, parece reflejar el conflicto interno que experimento.
Nos movemos con precisión y rapidez por las calles empapadas de la ciudad. La lluvia persiste, añadiendo un toque de caos al escenario ya tenso. Los destellos de luces de neón se reflejan en los charcos, creando un paisaje surrealista. En el auricular, la voz de Rebbeca nos guía mientras nos acercamos al lugar donde se espera que ocurra el atraco.
—Estamos llegando al punto de encuentro. Preparen sus armas y manténganse alerta —ordeno, y todos asienten, ajustando nuestras posiciones y verificando nuestras armas.
La tensión es palpable, y el aire se carga con electricidad. Observo a Dylan a mi lado, sus ojos reflejando una mezcla de determinación y nerviosismo.
—Recuerden, seguimos el protocolo y nos comunicamos en todo momento. No tomamos riesgos innecesarios —subraya Burke antes de que nos adentramos en el área indicada.
El sonido de la lluvia se mezcla con el crujir de nuestros pasos en el pavimento mojado. Nos deslizamos por las sombras, invisibles entre la oscuridad y la cortina de agua.
—¿Piensas hablar con Alessia o seguirás fingiendo que no existe? —pregunta Dylan en voz baja, apenas audible sobre el murmullo de la ciudad.
—Yo no finjo que no existe, Dylan. Ahora no es el momento de pensar en eso. Tenemos una misión que cumplir.
—Llevan ¿cuanto? ¿una semana sin verse ni hablarse? —murmura mientras caminamos sigilosamente.
—Dylan, he intentado llamarla o enviarle mensajes y no me contesta. —Susurro.
—Amigo, así no lograrás que ella te escuche. Debes ir a buscarla.
Intento hablar pero me interrumpe.
—Sabes donde vive, donde trabaja...
—Dylan, cállate. Estamos trabajando.
El sonido de la lluvia se mezcla con el crujir de nuestros pasos en el pavimento mojado. Nos deslizamos por las sombras, invisibles entre la oscuridad y la cortina de agua.
De repente, el bullicio de la ciudad es eclipsado por el sonido de un disparo. Instintivamente, nos agachamos y buscamos cobertura. En la distancia, veo destellos de luz provenientes del lugar del atraco.
—¡Eso comenzó antes de lo esperado! —exclama Matt por el auricular.
—No hay tiempo que perder. ¡Vamos! —ordeno, y nos lanzamos hacia la escena del crimen.
La lluvia arremete contra nosotros mientras avanzamos con cautela, cada paso calculado. Al llegar al lugar, la escena es caótica: hombres enmascarados moviéndose rápidamente, gritos de pánico, y la destellante luz de las armas de fuego.
—¡FBI! ¡Al suelo! —grito, pero la advertencia se pierde entre el caos.
La acción se desata, con disparos resonando en la noche y las luces de la ciudad titilando como estrellas distorsionadas por la lluvia. Nos movemos con coordinación, trabajando como un equipo para controlar la situación.
En medio del tumulto, mi mente se enfoca en la tarea, bloqueando cualquier distracción emocional.
La escena se vuelve frenética mientras nos enfrentamos a los criminales. Las ráfagas de disparos se mezclan con el rugido de la lluvia, creando una sinfonía caótica. Nos movemos con precisión, utilizando coberturas improvisadas y respondiendo con fuego controlado.
—¡Necesitamos refuerzos en la calle principal! —grita Matt por el auricular, y siento la urgencia en su voz.
Dylan y yo avanzamos juntos, cubriéndonos mutuamente mientras avanzamos por el callejón. La lluvia hace que el suelo sea resbaladizo, pero mantenemos la compostura. Un grupo de criminales intenta flanquearnos, pero respondemos con ráfagas bien dirigidas.
—¡A la izquierda, Elliot! —advierte Dylan, y me agacho justo a tiempo para evitar un proyectil.
—¡Gracias, Amigo! —le respondo, reconociendo la importancia de tener a alguien en quien confiar en medio del caos.
La tensión en el aire es palpable mientras avanzamos hacia el epicentro del conflicto. Las luces destellantes iluminan rostros enmascarados y la lluvia dibuja líneas verticales en mi campo de visión.
—¡FBI! ¡Ríndanse! —grito mientras nos acercamos a un grupo de criminales atrapados entre las sombras de los callejones.
Algunos obedecen, tirando sus armas al suelo, mientras que otros optan por resistir. La situación se resuelve con rapidez, y nos apresuramos a detener a los delincuentes restantes.
La calle principal se aclara gradualmente, los criminales reducidos y asegurados. Nos miramos con Dylan, compartiendo un gesto de complicidad y alivio. La misión ha sido un éxito, pero la noche no ha perdido su oscura elegancia.
—Buena operación, chicos. Volvamos a la base y preparen los informes —ordena Burke, y nos retiramos del escenario, dejando atrás el eco de los eventos frenéticos.
Mientras avanzamos por las calles mojadas, el sonido de la lluvia persiste, como un testamento del caos que acabamos de enfrentar.
Llegamos exhaustos a la base, pero la tensión de la misión aún se siente en el ambiente. Nos quitamos los equipos empapados, dejando atrás las armaduras de la acción. Dylan se acerca, ofreciéndome una palmada en el hombro.
—Buen trabajo allí afuera, Elliot. —Su tono es más amigable ahora, la adrenalina de la operación disuelve momentáneamente nuestros desacuerdos.
—Lo mismo digo, Dylan. —Aprecio sus palabras, a pesar de todo.
En la sala de descanso, tomo una taza de café caliente, dejando que el calor penetre en mis manos entumecidas. Los rostros de mis compañeros reflejan el alivio y la tensión que se desvanecen lentamente. La lluvia persiste afuera, su tamborileo en el techo una banda sonora que parece acompañar nuestros pensamientos.
Matt se acerca, con una mezcla de alivio y preocupación en su expresión.
—Buena jugada allá afuera, chicos. Pero tenemos que investigar más a fondo esta banda. Esa clase de armamento no es algo que se encuentre en cualquier esquina y debemos continuar con la búsqueda del cabecilla.
Asiento. —Estaré en la sala de análisis. —Mi voz refleja la determinación, aunque cada músculo de mi cuerpo anhela un descanso.
Entro en la sala de análisis, y la luz tenue de los monitores ilumina el espacio. Mis pensamientos divagan, un respiro profundo buscando encajar las piezas de la misión en su lugar, pero es inevitable que mi mente se desvíe hacia otros recuerdos.
Entre las líneas de código y las imágenes en pantalla, un destello de la sonrisa de Alessia invade mi mente. Cierro los ojos por un momento, permitiendo que esos recuerdos florezcan.
Dylan entra a la sala interrumpiendo mis pensamientos.
—¿Te apetece ir a comer algo? —pregunta sentándose a mi lado y lee los códigos.
Niego con la cabeza.
—¿Te traigo algo, un café o un sandwich?
—No, gracias. —murmuro, sin despegar la vista de las pantallas.
—¿Y si te ofrezco una bonita chica ítaloamericana, rubia y de ojos color avellana?
Bufo. —Dylan, estoy trabajando.
Media hora después entra Emily a la sala de análisis, cierra la puerta detrás de ella y se acerca hasta mi apoyando ambas manos en mis hombros.
—Estás tenso. —susurra en mi oído masajeando mis hombros y deslizando sus manos por sobre mis pectorales.
—Estoy trabajando. —hablo molesto.
—¿Hace cuanto que no tenemos sexo? Podría ayudarte a liberar tensiones— dice repartiendo besos en mi cuello.
La apartó. —Emily. Estoy trabajando.
Emily se apoya en el escritorio a mi lado. —Vamos Elliot, descansa unos minutos. Hace tiempo que no nos divertimos un poco. —añade sentándose sobre el escritorio de manera provocativa. —Ando sin bragas. —murmura coqueta.
La observo por unos segundos y Emily sonríe triunfal.
—No, Emily. Estoy aquí para trabajar, no para tus juegos.
Ella se acerca, dejando que su perfume embriague el aire. Sus labios rozan mi oído mientras sus dedos se deslizan por mis brazos.
—Elliot, ¿no extrañas el calor de la pasión? —susurra con una voz que busca despertar deseos dormidos.
Mi mandíbula se tensa. Las imágenes de Alessia siguen rondando mi mente, pero Emily no parece dispuesta a rendirse.
—Emily, ya te dije que no. —mi voz se vuelve más firme, pero ella persiste.
Sus manos se deslizan por mi pecho, acariciando mi piel con una delicadeza que contrasta con la urgencia que intenta transmitir. Mi resistencia se debilita, pero la imagen de Alessia, con su mirada intensa, surge como un escudo protector.
—Vamos, Elliot, no seas tan duro contigo mismo. —Emily murmura, sus labios ahora recorren mi cuello, y su aliento cálido envuelve mi piel.
Intento apartarme, pero sus manos encuentran su camino hacia mi cintura, deslizándose bajo la tela de mi camiseta.
—Emily, esto no está bien. —digo entre dientes, pero ella sonríe con malicia.
Sus labios encuentran los míos en un beso voraz, y por un instante, me dejo llevar por la lujuria que ella intenta desatar. Sin embargo, no son sus labios, no es su aroma, no es su cuerpo. Ella no es mi Alesia. Vuelvo a la realidad y recordándome la conexión que aún persiste en mi corazón.
Me aparto bruscamente, rompiendo el beso. Emily me mira con desafío, pero mi determinación es clara.
—Emily, pero esto no va a volver suceder. —Mis palabras son firmes. Sin más, me alejo de la sala, dejándola atrás con su mirada de frustración.
—Eres un tonto, Elliot. —su tono se mezcla con frustración mientras se endereza en el escritorio.
Cierro la puerta tras de mí, dejando la sala de análisis atrás. La chispa de lujuria se apaga lentamente, pero la conciencia de lo que pudo haber sido persiste, pesando en mi pecho mientras me alejo.
Decido dirigirme al bar cercano para tomar algo y despejar mi mente. El ambiente es íntimo, con luces tenues. Me siento en la barra, y el barman me sirve un whisky.
Mis pensamientos se deslizan hacia Alessia, extraño su cercanía. Su presencia es como una llama que arde bajo mi piel. Cierro los ojos, recordando el roce suave de sus labios y la intensidad de su mirada. La imagen de su cuerpo entrelazándose con el mío invade mi mente, despertando mis deseos.
Saco mi celular y marco su número. Un tono.... Dos tonos y luego corta la llamada.
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Holaaa!!! ✨
Feliz Año nuevo ✨🥂 a todos ustedes!
Espero que sigan disfrutando de esta historia.
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Gracias por leer, un abrazo 🧡
Nos vemos en el próximo capitulo 🫶🏻
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