CAPÍTULO 2
Narra Elliot
Me encuentro en el interior del auto, con la mirada fija en el oscuro almacén frente a nosotros. La lluvia cae sin piedad, y la tensión es palpable en el aire mientras el equipo se prepara para la acción. Lucy, nuestra experta en tecnología, revisa su portátil; Alex y Dylan mantienen sus armas listas. Mi rostro refleja la seriedad de la misión.
No hay margen para errores. La información es sólida, y tenemos certeza de que esta organización criminal está al borde de cometer un crimen de gran envergadura. La lluvia sirve como testigo silencioso mientras salgo del auto y me ajusto el chaleco antibalas, manteniendo una calma que contrasta con la tensión del momento..
Avanzamos en sincronía perfecta hacia la entrada del almacén. La lluvia convierte el suelo en una superficie resbaladiza, pero nuestros pasos son firmes y silenciosos. En la puerta, detengo el equipo y les miró con determinación. No podemos permitir errores. Levantó la mano, dando la señal.
—¡Equipo, prepárense! —ordenó en un susurro cargado de tensión, pero con una determinación inquebrantable—. Recuerden las reglas: seguridad en todo momento y sigan mi liderazgo.
Lucy asintió, Alex y Dylan aseguraron sus armas antes de tomar sus posiciones.
Me acercó sigilosamente a la puerta del almacén. Llegué a la entrada y me recuesto contra la pared, inhalando profundamente antes de dar la señal para atacar.
Con un gesto rápido, empuño mi HK416, Dylan derriba la puerta y gritó con autoridad: —¡FBI! ¡Salgan con las manos en alto!
La respuesta no se hace esperar. La puerta se abre de golpe, y hombres armados emergen de la oscuridad, sus rostros reflejando sorpresa y alarma. La adrenalina se dispara mientras evaluó la situación.
Cada segundo cuenta.
—¡Armas en el suelo! —ordené con voz firme y autoritaria, mis ojos fijos en cada uno de los hombres.
Las balas zumban a mi alrededor, pero mi entrenamiento y mi instinto de supervivencia se apoderaron de mí. Me desplazo de una cobertura a otra con agilidad, disparando con precisión mortal mientras mantengo a raya a los criminales.
Las ráfagas de disparos destrozan cajas, creando un caos a mi alrededor. El eco de las armas de fuego y los gritos de los criminales llenan el espacio, y la tensión es palpable. Mantengo a raya a los atacantes, avanzando hacia la posición de un hombre armado que se resiste con ferocidad. Nuestros ojos se encuentran en un instante, y en ese fugaz contacto visual, sé que él no se rendirá fácilmente.
Un pulso de adrenalina se dispara a través de mis venas mientras aprieto el gatillo, y una bala certera impacta en el blanco. El hombre cae al suelo, su arma resbalando de sus dedos inertes. Cada segundo parece una eternidad en esta batalla, donde la vida y la muerte se disputan en un juego de supervivencia.
Lucy, Alex y Dylan se mueven como una unidad bien entrenada, asegurando cada uno de los criminales derrotados y despojándolos de sus armas con precisión quirúrgica. Mi mirada escruta cada rincón, mis sentidos alerta ante cualquier movimiento sospechoso.
Después de un tenso minuto que parece una eternidad, doy la señal a mi equipo de que el área está segura. Hemos completado con éxito la operación y hemos desmantelado por completo esta red criminal. El alivio y la satisfacción se mezclan con la lluvia que empapa nuestra ropa y nuestros cuerpos exhaustos..
Mientras observo a mis compañeros subir a los detenidos al auto, mi mente se sumerge en una sensación de deber cumplido. Cada operación exitosa nos recuerda por qué elegimos este camino, a pesar de los riesgos y las tensiones constantes que conlleva. La adrenalina aún bombea en mi sistema, pero el resultado es una victoria inquebrantable.
Cuando el último de los criminales es llevado fuera del almacén, me encuentro solo en la penumbra, observando cómo la lluvia cae implacable. El suave olor a lluvia mezclado con el aroma de la victoria llena el aire, y me sumerjo en un momento de reflexión en el que la satisfacción y la determinación se entrelazan en mi interior.
—Excelente trabajo, equipo —les elogió, mi voz reflejando gratitud y admiración mientras nos reunimos en el exterior del almacén—. Todos demostraron su valía hoy.
Lucy asintió, su expresión sería a pesar de la lluvia que le empapa el cabello—. Todo gracias a un buen trabajo en equipo y a tu liderazgo, Elliot.
Con el trabajo de campo concluido, nos dirigimos a nuestros vehículos y pusimos rumbo a la oficina del FBI para comenzar la preparación del informe detallado de la operación. La lluvia había cesado, al igual que la tensión.
Lucy trabajaba con eficiencia en su portátil, registrando meticulosamente cada detalle relevante, mientras Alex y Dylan se encargan de la revisión y el mantenimiento de nuestras armas y equipos. Yo redacta el informe, detallando minuciosamente cada aspecto de la operación.
Una vez completado el informe, lo enviamos a nuestra superior, la directora Burke, nuestra superior, una mujer conocida por su habilidad para tomar decisiones acertadas y rápidas en situaciones de alto riesgo. Mientras esperábamos su respuesta, reflexioné sobre la misión. Cada operación exitosa representaba un paso hacia adelante en la protección de la sociedad y en la captura de criminales peligrosos. Sin embargo, la necesidad de mantenernos alerta y perseverantes nunca desaparecía.
Mientras esperamos su respuesta, aproveché para responder unos correos. Cada misión exitosa era un paso más hacia la protección de la sociedad y la captura de criminales peligrosos. Pero también sabía que no podía permitirme bajar la guardia.
Finalmente, llegó la respuesta de Burke, aprobando nuestro trabajo y felicitándonos por la exitosa operación. Con el deber cumplido, mi equipo y yo decidimos celebrar en un restaurante llamado Le Château de Luxe, uno de los lugares más sofisticados de Manhattan, donde podríamos disfrutar de una merecida cena y distender nuestras mentes después de la tensión vivida.
Una vez en el restaurante, Dylan y yo avanzamos hacia la mesa donde se encuentran nuestros amigos, todos ellos agentes del FBI con los que he compartido innumerables misiones. Aunque la atmósfera es relajada, mi seriedad innata persiste, como si llevara un escudo de acero que me separa de la distendida charla de los demás.
—¡Elliot, bienvenido! —Emily me saluda con una sonrisa coqueta, una agente con la que he compartido no solo misiones, sino también me la había trabajado en constantes ocasiones. —. Espero que estés preparado para disfrutar de la cena.
Mi mirada se posa en Emily por un momento, notando cómo su sonrisa coqueta se intensifica al verme. Aunque disfruto de su compañía en ocasiones, esta noche ya tengo otros planes.
—Por supuesto, Emily. —Mi voz es profunda y dominante..
El camarero se acerca a nosotros, educado y eficiente. Su presencia, impecable y profesional, agrega un toque de solemnidad a la velada.
—Buenas noches y bienvenidos a Le Château de Luxe, ¿Puedo tomar su orden? —pregunta con cortesía, y el murmullo de nuestras conversaciones comienza a desvanecerse ante su presencia.
—¿Cuál es la sugerencia del chef? —pregunte sin mirar al camarero.
Mantuve mi mirada fija en algún punto distante mientras escuchaba sus sugerencias. La sugerencia del chef, el filete étoile, suena tentador. El camarero continuó describiendo el plato con entusiasmo, destacando cada detalle que lo hacía especial.
—... El filete se cocina a la perfección, sellando los jugos en su interior mientras se dora la parte exterior para crear una crujiente capa dorada. La carne se sazona con una mezcla secreta de especias y hierbas frescas, que realzan su sabor natural y le confieren un toque mágico.
Asentí con aprobación, sin dejar de mirar hacia el horizonte antes de responder.
—Perfecto, tráeme ese plato y el filete a término medio. Gracias.
La conversación continuó, y aunque mi mente está en otra parte, mi presencia física no pasa desapercibida. Cada gesto, cada movimiento, irradia dominio y autoridad. Soy un hombre de pocas palabras, pero mi presencia habla por sí sola.
Nuestros platos llegan, mi equipo habla de trivialidades, como el partido de los Lakers versus los Bulls. Mi cuchillo corta a través de la carne, y un rápido vistazo me dice que algo no está bien. Levanto mi mano para llamar al camarero, quien se acerca apresuradamente.
—Pedí mi filete a término medio, y este no está en término medio. —le hablo con el ceño fruncido y un tono seco.
La carne en mi plato no alcanza la cocción perfecta que espero, y mi estándar es alto, como en todo lo demás en mi vida. Mi mirada se encuentra con la del camarero, y mi expresión seria comunica mi expectativa de un servicio impecable. La tensión se eleva en el aire mientras el camarero, con una mirada de disculpa en sus ojos, recoge el plato con cuidado y asiente apresuradamente antes de retirarse.
Dylan ríe, tratando de aligerar el ambiente—. Elliot, ¿era necesario? Intimidas a ese pobre chico.
Me encogí de hombros con indiferencia—. Solo espero que aprendan a cocinar adecuadamente. Si esto se repite demasiado, comenzarán a bajar de nivel.
El camarero regresa con el plato corregido y lo coloca en la mesa, pero no ha realizado ningún cambio.
—Pero, este es el mismo plato. No cambiaste nada —le señaló con frialdad.
El camarero mantuvo su profesionalismo mientras intentaba explicar la situación, con un poco de nerviosismo. —Señor, la chef corroboró el plato con lo que usted solicitó y está tal cual lo pido.
Negué con ironía, sin estar dispuesto a aceptar una respuesta que no cumple con mis estándares—. Si estuviera exactamente como lo pedí, no estaríamos teniendo esta conversación.
Fue entonces cuando Emily intervino—. Elliot, por favor. Tu plato está perfecto. Come —dirigió su mirada al camarero—. Está perfecto, gracias. Puedes retirarte.
La miré con los ojos abiertos de asombro y un destello de enojo por su forma de hablar, como si fuéramos más que colegas en ese momento. La relación entre Emily y yo es siempre profesional, y sus palabras me tomaron por sorpresa.
☯
Salí del restaurante con la intención de regresar a mi departamento antes de encontrarme club échange, con Cloe, una mujer de fuego que sabe cómo encenderme. Morena de largas piernas, buen culo y folla increíble.
Tomé las llaves de mi McLaren 720S Coupé negro, un auto que disfruto tanto como cualquier otra de mis posesiones, y me dirigí al échange, deleitándome con la velocidad y el rugido de su motor.
La música suave me acompañaba en el camino, mis pensamientos están centrados en la velada que me esperaba. Pero la serenidad se rompió abruptamente cuando sentí un ligero impacto en mi auto. Mi ceño se frunció de inmediato mientras me orillo con cuidado.
—Genial, ahora a las locas también les dan la licencia —gruñí con frustración mientras me bajo del coche, preparado para enfrentar a la culpable de este desagradable incidente.
Del otro auto negro, se bajó una mujer que inmediatamente capturó mi atención. Es una visión de pura sensualidad, y sus curvas desafiantes me dejaron sin aliento. Su cabello rubio caía de manera provocativa sobre sus hombros, y su ropa ajustada destacaba sus curvas de manera espectacular. Su mirada, llena de sorpresa e indignación, me desafió abiertamente. Hubo algo en su postura desafiante que me intrigó profundamente.
Mis ojos recorrieron su figura de arriba abajo, apreciando cada curva, cada detalle que la hace excepcionalmente atractiva. evidente que sabe cómo llamar la atención, y en ese momento, logró capturar completamente mi interés. Su mirada chispeante se encuentra con la mía, y no pude evitar sostener su mirada con firmeza, un desafío silencioso en juego.
Ella, con su mirada chispeante de sorpresa e indignación, me enfrentó con valentía. Parecía estar hirviendo de rabia por dentro, y esa furia solo la hacía más intrigante a mis ojos. Su actitud desafiante era un claro desafío que no podía ignorar.
—¿Perdona? ¡Tú me chocaste! —su voz resonó con una mezcla de incredulidad y determinación, desafiando abiertamente.
—Por eso las mujeres no deberían tener licencia— mi respuesta fue rápida, cargada de sarcasmo y un toque de rudeza que resalta mi personalidad inquebrantable.
Ella me desafió con la mirada, y yo respondí sosteniendo su mirada, dejando claro que no me retractaría fácilmente. La tensión en el aire es palpable, como una tormenta que se avecina, y yo no estoy dispuesto a ceder terreno.
—¿Disculpa es la única palabra que conoces? —pregunte con una sonrisa socarrona.
—No voy a pagar por la reparación de tu coche, no fui yo quien causó el choque —afirmó con una determinación que hacía temblar el aire, negando con la cabeza antes de extraer una tarjeta con mis datos, ofreciéndola con un gesto brusco—. Tú puedes llamar a mi abogada y resolver esto.
La chica estiró su mano para entregarme su tarjeta y la desafié con la mirada, de manera rápida, guardó su tarjeta en el bolsillo de mi saco y dio dos palmadas en mi pectoral izquierdo.
Antes de que ella pudiera alejarse, la detuve sujetándola del brazo con la dureza que me caracteriza. El contacto de su piel con mi mano envió una extraña sensación a través de mi cuerpo, una sensación que no recuerdo haber experimentado antes. La atraje hacia mí, quedando a una distancia mínima. El aroma de su perfume inundó mis fosas nasales llenando mis sentidos. En ese momento, me di cuenta de que esta mujer no era como las demás; tenía algo que me intrigaba profundamente. Sus ojos chispeaban de furia, y su actitud desafiante solo avivaba más mi interés.
—Tú vas a pagar el arreglo, fue tu culpa por no saber usar las luces intermitentes —mis palabras resonaron con firmeza y desafío, como si estuviera interrogando a un criminal. Había una dureza en mi voz que dejaba en claro que no iba a ceder terreno.
Ella me sostuvo la mirada con determinación, desafiando mi agarre de una manera que solo la hacía ver aún más seductora y enigmática.
—¿Quién te crees para hablar de esa manera? —me espetó con desprecio.
—Elliot Blackwood, agente del FBI —respondí, extendiendo mi mano con un gesto seguro y arrogante. Mi nombre salió de mis labios con firmeza, una declaración de identidad que transmitía mi autoridad sin reservas.
☯
Llegué al club échange y me encontré con Cloe, quien me recibe con una mirada coqueta y una sonrisa traviesa. No perdimos tiempo y nos dirigimos al área privada del lugar, los dos tenemos claro a lo que venimos y lo que buscamos. La tensión sexual entre nosotros es palpable, y en cuanto estuvimos a solas, no me resistí más.
Mis manos ansiosas recorrieron cada centímetro de su cuerpo, deslizándose por su piel suave como la seda. Cloe respondió con un gemido ahogado mientras mi boca encontraba la suya en un beso ardiente y apasionado. Nuestras lenguas se entrelazaron con una lujuria desenfrenada, y su respiración entrecortada alimentaba aún más el fuego que ardía en nosotros.
La dominación era mi segunda naturaleza, y lo demostré al arrancar con ansias su ropa, revelando un cuerpo que invitaba a la lujuria y el deseo. Sus gemidos de anticipación llenaron el espacio mientras la acorralaba contra la pared.
Mis manos continuaron explorando el cuerpo de Cloe con ansias insaciables, deslizándose sin restricciones por su piel caliente y suave. Cada curva, cada ángulo de su anatomía era objeto de mi deseo ardiente, y yo no tengo intención de dejar ningún rincón sin adorar.
Cloe, atrapada entre la pared y mi cuerpo implacable, tiembla de excitación, su piel erizada como un lienzo en blanco esperando mis marcas. Sus gemidos se vuelven más intensos. Me desnude con rapidez, liberando mi cuerpo de cualquier prenda que pueda estorbar en estos momentos. La giro para tenerla de espalda a mi, atrapada entre la pared y mi cuerpo, sin darle tregua para escapar de mi control. Sus gemidos reflejan una mezcla de entrega y deseo, y yo me siento en la cúspide de la excitación al verla así. Me introduzco en ella de una sola embestida, provocando que Cloe suelte un orgasmo, me muevo con una ferocidad controlada, embistiéndola con un deseo que no conoce los límites, mientras su espalda se arquea y sus manos buscaban apoyo desesperadamente. Cada embestida, cada gemido, me sumerge en un abismo de placer que me envuelve por completo. No hay espacio para la contención ni la moderación; era un alma perdida en la vorágine del deseo. Controlar cada movimiento, cada caricia, como si estuviera forjando una obra maestra de lujuria y dominación.
—Elliot, más r-rápido... —susurró, su voz cargada de súplica y anhelo.
Mis manos descendieron con avidez hasta su intimidad, mis dedos explorando cada centímetro de su humedad sin dejar de embestirla con una intensidad que roza lo salvaje. Cloe responde con gemidos ahogados, sus caderas moviéndose al ritmo de mis embestidas, buscando más, suplicando por una liberación que se acerca con cada roce.
La habitación se llenó con el sonido de nuestros cuerpos chocando, un eco de lujuria desenfrenada. Mis movimientos eran precisos, calculados para llevarla al límite, y su respuesta era un torbellino de pasión que no conocía freno.
—Elliot... —gimió mi nombre con un tono que mezclaba desesperación y deseo.
Mis labios encontraron los suyos en un beso ardiente, devorándome con la misma ferocidad con la que la poseía. No había espacio para la contención ni la moderación en este encuentro, solo la búsqueda desesperada de la satisfacción que nos eludía. Sus paredes internas se contraen en torno a mí, anunciando el inminente clímax que ambos deseábamos.
La tensión en el aire llegó a su punto máximo, y juntos nos precipitamos hacia el abismo del placer, gritó mi nombre en un coro de éxtasis. Cada músculo de mi cuerpo se tensó en el momento culminante, y me dejé llevar por la oleada de satisfacción que me envolvió.
Sin una palabra, comencé a vestirme, sin preocuparme por Cloe. Soy un hombre de instintos, y una vez saciados mis deseos, no tengo tiempo para los sentimientos ni el romanticismo. Cloe era solo una más en la larga lista de conquistas que había dejado en mi rastro, y no tengo intención de cambiar eso, y eso ella lo tiene más que claro.
Mis acciones eran impulsadas por el egoísmo y la frialdad que me caracterizan. Las emociones son un lujo que no puedo permitirme, y mis relaciones se basan en el placer efímero sin compromiso alguno. Sin mirar atrás, me alejé de ella en ese rincón oscuro del club, dejándola.
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