CAPÍTULO 11
Narra Elliot
Mientras escucho sus palabras siento como la pequeña burbuja de no discusión que había en el ambiente amenaza con romperse, mientras sus palabras salen de su boca.
—Esto no está bien. Tú y yo no somos así, no somos paz somos..... somos...
Claro que no somos esto, porque con ella no sentí la necesidad de insinuarle que se fuera, sino que todo lo contrario me sentí cómodo compartiendo mi vida solitaria con ella al despertar por la mañana.
—... .No estos.... —termina de decir y se encamina hacia la puerta. No sé qué expresión poner.
—Sabes dónde está la salida, chefcita. —le dije bebiendo de mi café.
Sale del departamento dejando un leve toque de su perfume en el aire. Dejo mi taza de café a medio beber y me dirijo a mi habitación, donde tomo mi placa y mi arma antes de partir hacia el trabajo. No tengo intenciones de seguirla. Ella ha tomado una decisión, y por mucho que desee que se quedara, o al menos que no se fuera de esa forma, no hice nada, solo la vi salir.
—Elliot, llegas tarde —me dijo Dylan con un tono burlón, entrando en mi oficina.
—No estoy de humor para tus chistes —respondo, molesto.
—¿Mala noche? —se acomoda en la silla frente a mi escritorio.
Le lanzó una mirada furiosa.
—Si las miradas mataran, esta oficina sería un cementerio —se ríe.
—Te he dicho que no estoy de humor para tus chistes. —Me levanto y salgo de la oficina, dejando a Dylan atónito. —Mueve tu asqueroso culo y vámonos a la reunión con Burke.
Dylan se levanta y comienza a caminar a mi lado. —Amigo, ¿qué te pasa? Sé que eres un tipo duro, un verdadero pitbull, pero hoy pareces estar peor. Tus ojos están lanzando chispas, y de tu boca solo salen gruñidos enfurecidos. ¡Guau!, ¡guau! es lo único que escucho.
Gruño, Dylan está pidiendo a gritos una patada en sus bolas.
Me detengo en seco. —¿Quieres dejar de hinchar las pelotas?
Dylan sonríe como si no le importara su integridad física, mientras sigue caminando hasta la oficina. Él y Charlotte son iguales. Ruedo los ojos y entró en la sala de juntas, donde Dylan ya está sentado al lado de Philips, tomó asiento al frente de ambos.
Esto será tortuoso.
—¿Qué tal tu cita con Ale anoche? —preguntó Dylan a Phillips.
Miro a Phillips y me siento tenso. Philips tiene una cara de estúpido adolescente enamorado.
—Increíble. Nos divertimos mucho, y estoy pensando en invitarla a almorzar.
Sus palabras me parecen tan ridículas que no puedo evitar soltar una carcajada, lo que resulta en miradas fulminantes de ambos, pero continúan con su conversación.
—Creo que le gusto, y yo creo que le gusto también.
Bufo, al escuchar sus palabras y Dylan me mira de reojo.
¿Esto era una broma, verdad? Me pregunto mientras vuelvo a reír. Además, tú no le gustas; adivina quién pasó la noche conmigo y dormimos juntos. Me hablo a mi mismo.
—¿Por qué estás tan insoportable hoy? —Dylan me mira mal.
—Es siempre así, no sé por qué te sorprendes. —Interviene Phillips.
—Como si me importara lo que opinas de mí.
La sala de reuniones se llena de un aire tenso cuando Burke entra, seguido de cerca por Rebecca. Los murmullos se acallan al instante, y todos nos sentamos en silencio, conscientes de que se avecina una reunión importante.
Burke se dirige al frente de la sala, donde una pantalla grande muestra imágenes de un sospechoso, un hombre de aspecto peligroso.
—Agentes, hoy estamos ante una situación crítica —comienza Burke en un tono serio. —Tenemos información que sugiere que el objetivo que estamos persiguiendo ha llegado a la ciudad. Se cree que está planeando un ataque terrorista en un lugar público. Nuestra prioridad es identificarlo y detenerlo antes de que ocurra cualquier tragedia.
Rebecca toma la palabra, proyectando una imagen del posible objetivo en la pantalla.
—Esto es lo que sabemos: el sujeto se hace llamar "El Fantasma". Es extremadamente astuto y ha evadido la captura en múltiples ocasiones. Tenemos razones para creer que está operando bajo una red de contactos y que puede estar utilizando una identidad falsa.
Las luces se apagan, y un mapa se ilumina en la pantalla, marcando lugares de interés y posibles áreas de actividad del sospechoso.
—Hemos asignado equipos de vigilancia en varios puntos clave de la ciudad, y hemos reforzado la seguridad en lugares susceptibles de ser objetivos —continúa Rebecca—. Cada uno de ustedes tiene un papel crucial en esta operación. La información de inteligencia se comparte en tiempo real, y necesitamos colaboración constante para rastrear al objetivo.
La tensión en la sala se siente, mientras Rebecca da las últimas instrucciones. Sabemos que no podemos permitir que "El Fantasma" cometa su atrocidad. La adrenalina corre por mis venas.
Con un gesto de su mano, Rebecca activó las imágenes en tiempo real de nuestras unidades de vigilancia. Las pantallas muestran calles concurridas, parques, estaciones de tren y otros lugares donde podríamos encontrar al sospechoso.
—Agentes, manténganse alerta. Sabemos que "El Fantasma" puede estar en cualquier lugar. —Rebecca nos recuerda la peligrosa habilidad de nuestro objetivo.
Con el objetivo en la mira y la urgencia en el aire, comenzamos a recibir instrucciones más detalladas. Cada equipo se despliega en su área designada, mientras las imágenes en las pantallas se actualizan en tiempo real con la ubicación del sospechoso.
La adrenalina recorre en mis venas como sangre mientras nos dirigimos a nuestros puestos de vigilancia. Dylan, y yo nos desplazamos hacia una estación de vigilancia estratégica en el centro de la ciudad, con órdenes de observar una estación de tren concurrida y un centro comercial cercano, lugares que han sido identificados como posibles objetivos.
Mientras mantenemos la vigilancia, nuestras radios chillán con actualizaciones constantes de otros equipos en la ciudad.
—¿Por qué estás con un humor de perros? —pregunta Dylan en un susurro.
Lo miro serio —No estamos aquí para socializar, concentrate.
De repente, una voz urgente proveniente de otro equipo resuena en nuestros auriculares: —¡Tenemos una posible ubicación del objetivo en el centro comercial! ¡Se está moviendo rápido!
Dylan y yo intercambiamos miradas, y sin perder tiempo, nos dirigimos hacia el centro comercial siguiendo las indicaciones que nos relata el otro equipo. Mientras atravesamos las concurridas calles, nuestras mentes se centran en la misión y en la necesidad de detener al sospechoso antes de que pudiera llevar a cabo sus planes.
La tensión crece a medida que nos acercamos al centro comercial, donde la seguridad se ha intensificado y las sirenas de la policía se escuchan a lo lejos. Es una carrera contrarreloj. La acción se desata en las calles de la ciudad mientras nos preparamos para enfrentar al "El Fantasma" y poner fin a su amenaza. Nos adentramos en el centro comercial siguiendo las pistas que tenemos. Nuestros corazones laten con fuerza mientras avanzamos por los pasillos llenos de tiendas y personas ajenas a la situación puesto que andamos sin nuestros uniformes característicos.
Finalmente, divisamos a un individuo que coincide con la descripción del "El Fantasma". El hombre camina con paso rápido, mirando constantemente a su alrededor. Es nuestro sospechoso, y no podemos perderlo de vista.
Dylan y yo seguimos al sujeto con sigilo, utilizando la comunicación por radio para informar de nuestra posición y la del objetivo. En un instante tenso, "El Fantasma" se percata que lo estamos siguiendo y, en un acto de desesperación, comienza a correr.
La persecución se convierte en un frenético sprint a través del centro comercial, con el sonido de nuestras zapatillas resonando en el suelo de mármol. "El Fantasma" zigzaguea entre las personas que gritan y se apartan asustadas, pero no logra escapar de nosotros.
"El Fantasma" sale del centro comercial por una de las puertas laterales y la persecución continua a través de los callejos de Brooklyn, mientras las sirenas se escuchan a los alrededores. Saltamos sobre unos botes de basura y cajas hasta que "El Fantasma" se ve acorralado en un callejón sin salida. Dylan se apresura y lo acorrala del cuello contra la pared quitando su arma, con brusquedad uno de sus brazos detrás de su espalda para ponerle las esposas.
—Bien equipo la misión se ha completado con éxito. —Habla Burke a través de la radio. —Hemos exterminado al fantasma. Vuelvan a la central.
☯
—¿Me vas a decir por qué estuviste todo el día insoportable? —me pregunta Dylan mientras caminamos hasta nuestros autos.
—No, no pasa nada.
—¿Quieres ir por unas cervezas? —propone cuando llegamos a su auto.
—Vale, vamos al bar de siempre.
Dylan saca su celular de su bolsillo. —Le preguntaré a Phillips si quiere unirse.
No pude evitar soltar un bufido de frustración.
—Si le dices a Phillips, yo ni siquiera apareceré. —Mis palabras salen más duras.
Levanta los hombros. —Está bien, nos vemos allá.
Cada uno en su auto, nos dirigimos al bar de siempre. Al entrar, ocupamos nuestros lugares habituales en la barra.
El bartender se acerca y nos mira con una sonrisa amigable.
—¿Qué van a tomar, señores? —nos preguntó.
—Dos cervezas negras, por favor. —Pide Dylan.
—En seguida.
Mientras esperamos las cervezas, noto que Dylan tiene algo en mente y su rostro refleja una curiosidad que no puede ocultar.
—¿Qué?
—¿Por qué andas con un humor de perros?
—Cosas mías, Dylan. —Bebo mi cerveza recién entregada por el bartender.
—¿Tiene que ver con Phillips?— pregunta con duda.
—No. —mi voz es tajante, pero la tensión se siente en el aire.
—Ustedes antes eran amigos, y ahora pareciera que no lo puedes ni ver —sonríe con malicia mientras toma un sorbo de su cerveza.
Ruedo los ojos, consciente de que Dylan no se detendrá hasta obtener respuestas.
—No soporto a Phillips.
Dylan suelta otra carcajada y me mira con complicidad.
—¿Y cuándo terminaron? —dijo burlándose —Hace unos días aún se hablaban. Incluso la otra noche cuando llegamos al bar, aún eran pareja.
Inhalo y exhalo lentamente, tratando de mantener la calma.
—No seas idiota.
Dylan se inclina hacia adelante, como si hubiera hecho una conexión o un descubrimiento. — ¿Te atrae Alessia?
—No hables estupideces, esa loca no me atrae, ni nada que se esté pasando por tu cabeza.
Golpea mi hombro amistosamente —No sabes cómo actuar, porque hace cinco años que no sientes nada por una mujer.
Rodé los ojos —¿Para esto me trajiste? ¿para hablar de lo que siento y lo que no?
—He visto cómo la miras, como la provocas, y me la juego diciendo que tú a ella también le atraes.
Mis pensamientos se convirtieron en un torbellino de confusión y emoción. ¿Cómo pudo Dylan notar algo que yo mismo había estado tratando de ignorar? Una avalancha de recuerdos y emociones comienza a inundar mi mente. La forma en que sus ojos se cruzaban con los míos, las conversaciones cargadas de tensión, los momentos robados de cercanía que deberían haber sido inocentes pero que se sintieron cargados de electricidad. Mi mente viaja a esta mañana en mi cama. Por un instante, me siento atrapado en un abismo de deseos prohibidos, y mi corazón late con una intensidad que no puedo controlar.
—No, Dylan. No me atrae esa mujer. No me gusta. No la soporto. —Las palabras escapan de mis labios, pero por dentro, la tormenta emocional continúa rugiendo. La atracción que siento por Alessia, aunque lo ocultara con firmeza, amenaza con hacer añicos las barreras que he construido durante años.
Hace cinco años que tomé la decisión de cerrar todo lo relacionado al amor en mi vida y no estoy dispuesto a volver a abrirlo.
Termino mi cerveza de un trago y me levanto. —Esto ha terminado, me voy.
—Elliot, antes de que te vayas y arriesgando mi integridad física. Si sientes algo por ella, inténtalo. Vuelve a vivir el amor. —lo escucho en silencio. —Es agradable despertar al lado de alguien que quieres, compartir con alguien tus días, abrazarla cuando quieras. Disfruta del amor y de lo que tiene para ofrecerte. Si no es ella será otra, pero no sigas evadiendolo.
Sin decir nada me doy media vuelta y Dylan no insistió más, sabe que estoy llegando al límite de mi paciencia. Me alejo de la barra y de la conversación que había sacudido mi mundo, aún sintiendo la mirada inquisitiva de Dylan en mi espalda.
Mis pasos me llevan afuera del bar, pero en mi cabeza sigue resonando su voz, como un eco constante. El viento frío de la noche choca contra mi rostro, pero no logró enfriar la tormenta de emociones que se agita en mi interior.
Mientras conduzco de vuelta a casa, mi mente se debate en una lucha interna. ¿Por qué no puedo dejar de pensar en ella? ¿Por qué siento que la necesito más de lo que debería? Las preguntas comienzan a responderse solas con el paso de los minutos. Y la conclusión es que me atrae aunque me niegue a admitirlo. Me ha tomado por sorpresa. Mi vida se había vuelto una rutina inmutable, sin espacio para el deseo o el amor desde hacía demasiado tiempo. Pero ahora, todo ha cambiado. La presencia de Alessia ha sacudido mi mundo de una manera que no puedo ignorar, y lo peor es que no quiero que cambie.
Paso por la calle del restaurante y veo a una silueta caminar por la acera que reconozco a la perfección. Bajo la velocidad al llegar a su lado y su expresión cambia cuando me ve bajar la ventanilla.
—¿Qué haces caminando sola por la calle a esta hora? —le pregunto.
—Acabo de salir del restaurante, ¿y tú?
—Estaba con Dylan, ¿y tú auto? ¿lo volviste a chocar?
Sonríe a medias. En su rostro y su voz muestran el cansancio y me atrevería a decir que tiene ojeras bajo sus ojos.
—A veces me gusta caminar.... Bueno, que llegues bien. Buenas noches. —Dice y comienza a caminar nuevamente.
—Sube. Te llevo.
Se detiene. —No .... gracias, puedo caminar.
—Venga, vamos. No me cuesta nada.
—Será mejor que no. Buenas noches.
—Alessia, no son horas para que andes sola por la calle.
Sonríe y me mira. —Tranquilo. Sé defenderme.
Suelto el aire. —No lo dudo, pero vamos sube. Llegarás más rápido. —me queda mirando sin saber si subir o seguir caminando. —No te dejaré aquí sola. Soy un caballero aunque no lo creas. Me bajo del auto y camino hacia la puerta del copiloto abriendola para que suba.
—Vamos, sube. Llegarás mucho más rápido y podrás descansar.
Me mira y sonríe para luego comenzar a caminar hacia el auto. —Veo que no aceptas, dos no seguidos de la misma persona.
—Seguiré insistiendo aunque todas tus respuestas sean un no. —murmuro cuando pasa por mi lado para subirse al auto.
Cierro la puerta, camino a mi lado para subirme al auto y llevarla a su departamento, me acomodo en el asiento y abroche mi cinturón..
—Me gusta tu auto. —Dice con una sonrisa.
—¿Te gusta?— pregunto.
—Sí, me gusta tu McLaren, cuando quieras me lo dejas para conducirlo.
Sonrió ante su respuesta. —No lo creo.
☯
Holaaa!!! ✨
Espero que sigan disfrutando de esta historia.
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Actualizaciones: Todos los viernes🫶🏻
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