
CAPÍTULO 8
Después de clases me dirigí a la biblioteca para estudiar, Nicholas me acompañó, en cambio Helen volvió a la habitación. Por suerte Lea tenía otras cosas que hacer y no nos pudo acompañar, supuestamente iría a visitar a una tía lejana que estaba enferma, sí, lo sé, la princesita es dulce y sentimental, malditamente perfecta. Así que solamente éramos Nicholas y yo, ambos callados pero sentados uno al frente del otro, conscientes de la presencia de nuestro mejor amigo, o por lo menos yo lo estaba, en cambio Nicholas miraba su libro, pero no leía, su mirada estaba perdida mientras de sus labios se escapaba cada varios minutos algún suspiro ensoñado. No necesité preguntarle en quien estaba pensando, sus ojos de estúpido me lo decían sin palabras. ¿Alguna vez habrá tenido ojos de estúpido pensando en mí?, lo dudo mucho.
— ¿Sabes? — me pregunta de repente Nicholas y yo aparté la vista de mi libró de historia del arte, obviamente pretendía ganarle a Lea en la asignatura, no permitiré que ella saque mejores notas que yo, ¡No señor! — Lea es maravillosa — una sonrisa se dibujó en sus labios, y yo sentí una punzante presión en la nuca, era la ira que se estaba acumulando en mi espalda, si sigo almacenando más broncas contra la princesita me dará tortícolis — En serio estoy enamorado de ella — y por primera vez en lo que va del día, Nicholas posó sus ojos en mí, y me miró de verdad, percatándose de mi persona, ¡Yo!, ¡Su mejor amiga está sentada junto a él!, ¡Enhorabuena por el descubrimiento!
Nicholas cerró su libro y luego me miró, posando sus ojos cafés, de un color casi miel, sobre los míos, pude ver en la seriedad de su mirada y en la tensión de sus labios que quería hablarme de algo importante y muy serio, de forma totalmente confidente. Siempre había compartido sus más profundos secretos conmigo, aquellas cosas que no puedes guardar porque sabes que son una carga de conciencia. "Diana, eres mi diario personal", me había dicho una vez, y era cierto, confiaba en mí, sabiendo que nunca lo traicionaría, siempre guardaría hasta sus más oscuros secretos.
— La amo, mucho y de verdad, pero hay algo que me tiene intranquilo— me sorprendí por sus repentinas palabras.
— ¿A qué le tienes miedo, Nicholas? — le pregunté apoyando los codos sobre la mesa e inclinándome levemente hacía él, para que compartiera su secreto conmigo.
— Es que... — dudó unos segundos, pero luego continuó hablándome, mientras bajaba el tono de su voz, cuidando que nadie más escuchara.
¿Qué quería decirme?, ¿Por qué dudaba tanto en confesarlo?, ¿Tal vez...?, ¿Puede ser que este confundido?, ¿Qué este enamorado de otra persona?, ¡¿De mí?!, NO, NO, NO, exageré un poco con la última pregunta, aunque debo admitir que por mi mente se generaba el mismo interrogante una y otra vez, ¿Algún día me amará tanto como yo a él?, me conformaría con que me ame la mitad de la mitad de lo que yo lo adoro, ¡Por dios, ni que fuera un papagayo!
— ¿Diana? — me llamó Nicholas y yo volví a la realidad — ¿Me estás escuchando?
— Sí, sí, lo siento — dije vergonzosamente volviendo mi atención al joven castaño, mientras bajaba las manos y jugueteaba con mis dedos nerviosamente.
— Decía que tengo miedo que todo se vaya por el caño — Nicholas me arrojó una mirada contristada— No sé porque, pero todas mis anteriores relaciones, todas terminaron mal, y ni siquiera sé porque, simplemente se enojaban conmigo como si les hubiera hecho algo terrible y nunca más me hablaban. No sé cuál es la razón por lo que ninguna relación duró mucho tiempo conmigo. No sé qué está mal conmigo, si tú lo sabes por favor dímelo.
— No, yo tampoco lo sé— mentí. Sabía muy bien que iba mal en sus noviazgos, yo iba mal, siempre interferí sin que él lo supiera, he arruinado cada una de sus relaciones. Posiblemente este sonando como una loca psicótica en este momento, pero quiero aclararles que no lo soy, sólo soy una chica normal que está enamorada y haría cualquier cosa por su chico, incluso alejar a las malditas zorras que se acercan a él — No tienes nada malo, ellas son el problema — y en eso no mentí. Nicholas sonrió a mis palabras y a mí se me aceleró el corazón.
Las manos de Nicholas se escurrieron por la mesa y llegaron hasta mis manos, y cerró los dedos alrededor de mi muñeca. Un escalofrió recorrió mi espina dorsal como un rayo, dejando detrás una estela de chispas que quemaba mi piel, me siento sensible bajo su tacto y no puedo evitar sentirme pequeña y nerviosa, tuve que hacer un esfuerzo inhumano para no desmayarme.
— Tienes que ayudarme. No sé qué está mal conmigo, pero esta vez no puedo perderla, en verdad la amo.
— ¿Ayudarte? — le pregunté anonadada, mi mente estaba de cabeza, me costaba procesar sus palabras.
— Por favor... — dijo con un hilo de voz — Te necesito de mi lado, que seas mi confidente, ambas son mujeres, podrías llegar a ella de una manera que yo no puedo, ya sabes esas charlas de chicas, ante cualquier indicio de que la estoy cagando tu podrás advertirme para remediarlo a tiempo. ¡Quiero hacer las cosas bien esta vez!
— ¿Me estas pidiendo de que la espié?
— ¿Qué?, no, no, nunca haría eso, sólo que estés pendiente de si notas algo que a mí se me pasó por alto. Ya sabes, un rumor, una queja, por pequeña que sea, es importante.
Lo miré extrañada, esta era la primera vez que Nicholas me pedía algo parecido. Ayudarlo a no cagarla con su nueva novia. ¿Qué debía decir?, obviamente no me agradaba la idea, yo quería que la chica se perdiera de nuestras vidas, que desapareciera, pero no podía decirle eso a Nicholas.
— Por supuesto que lo haré. No dejaré que la cagues esta vez. Para eso están las amigas — dije fingiendo una carcajada. Mi amigo me respondió con una grande sonrisa.
— Dime una cosa — dijo acercándose aún más a mí, la cercanía de su cuerpo provocó que pudiera aspirar su perfume masculino y llenar mis pulmones con su fragancia deleitante — ¿Qué está mal conmigo?, ¿Por qué siempre la cago?, ¿Acaso soy un idiota?
— No — dije con una acallada risita, mis pómulos quemaron al volver a hablar — Eres perfecto — ¿Eso podía contar como una confesión?, no lo sé, pero de lo que estaba segura era que mi cara en ese preciso momento era un semáforo.
Nicholas me envió una mirada sonriente y sus ojos se entrecerraron con ternura.
— Eres la mejor — sus palabras supieron dulces a mis oídos. El chico se levantó del asiento y me dio un casto beso sobre la frente — Ya me voy. ¿Quieres que te acompañe a tu residencia?
— No, gracias, voy a estudiar un rato más antes de irme — le dije, totalmente triste por tener que rechazarlo, pero quería estudiar de verdad, tenía una meta, y esa era demostrarle a Nicholas que yo era una mejor princesita que Lea. Si a él le gustan las estudiosas, yo también seré una, la mejor nerd de la universidad.
Nicholas me miró extrañado ante mis palabras, le sorprendió que estudiara más de la cuenta, pero no dijo nada al respecto, me regaló su última sonrisa y luego se marchó por el pasillo de la biblioteca en dirección a la puerta de calle.
Me quedé más de dos horas estudiando y cuando mi mente ya no podía procesar ni una letra más sobre la pintura y escultura del imperio romano decidí volver a mi habitación.
Salí de la biblioteca y caminé hasta mi residencia, bajo una noche todavía joven y oscura.
Entré por la puerta que chilló al girar sobre sus oxidadas bisagras. Caminé hasta el ascensor, entré a su interior y cuando me dispuse a tocar el botón número tres, unos dedos se interpusieron entre las dos puertas, impidiendo así que el ascensor se cerrara. Un joven entró al ascensor y se paró a mi lado, llevaba una mochila colgando de un hombro, una chaqueta gris y tenía un rostro, para no ser Nicholas, hermoso. ¿Esperen un momento?, ¿Yo dije eso?, era la primera vez que miraba a alguien más y me percataba de su atractivo, el joven tenía una tez pálida, cabello castaño y mal peinado, pero ese despeinado le daba un toque de chico malo, que debo decir no me desagradaba para nada, y en sus ojos había algo familiar, en su verde oliva que era como si ya los hubiera visto antes, al igual que en su expresión de pocos amigos, pero por más que intentara recordar, no podía saber quién era.
Intenté disimular su presencia candente y presioné el botón que me llevaría al tercer piso, la puerta se cerró y comenzó a ascender produciéndome un extraño movimiento de estómago.
— ¿Diana? — preguntó el chico con su voz seximente ronca. Me miró con reconocimiento en sus ojos — ¿Diana Bonho?, ¿No te acuerdas de mí?
Lo vi e intenté hallar el cajón en mi mente donde guardaba la cara de este joven, la verdad no entiendo como alguien tan atractivo pudo pasárseme por alto.
— Mmm — lo miré, y a pesar de que me era malditamente familiar no podía hallar su nombre en mi cabeza — Lo siento.
—Soy yo, Marcus Coop —dijo y embozó una sonrisa. No tengo idea como llegué a pasar de un segundo al otro de estar parada a su lado a encontrarme rodeada por sus brazos en un amistoso abrazo. ¿Yo, abrazando a Marcus Coop?, nunca se me ocurrió ni en la más extraña de las pesadillas, pero aquí estaba intercambiando un abrazo.
— Wuau — solté sorprendida cuando nos separamos, ¿Acaso esto es un mal sueño?, Marcus siempre fue un patán, ¿Y yo me dejo abrazar por él?, ¿Qué me está sucediendo?, Y aun peor, por un momento me pareció atractivo, pero al saber quién es, ese sentimiento desapareció de mi interior, e instintivamente fruncí el ceño, mientras mi alarma contra patanes se encendía diciéndome que sea precavida con él — ¿Cuánto hace que no nos vemos?
— Siete años para ser exactos. Me fui cuando tenía trece. Los extrañé mucho, chicos. Ustedes eran mis amigos, tú, Helen, incluso Nicholas — en los ojos de Marcus se escondía cierta nostalgia. ¿Acaso he escuchado bien?, ¿Dijo que nos extrañó, que éramos sus amigos?, pero fui rehacía a la idea de creerle, este no es el Marcus que yo conozco, tan sentimental y maduro. ¡Por Dios mujer, ya tiene veinte años, era hora que madure!, ¡No, no!, igual no me puedo confiar de él.
— Y... ¿Qué haces aquí? — de verdad me interesaba saber esa respuesta.
— Esta es mi ciudad, cuando me fui era un pequeño y no podía decidir dónde vivir, pero ahora es diferente, soy independiente, y decido estar donde crecí — había cierta dureza en sus ojos, que no supe interpretar si era dolor o enojo. Verdaderamente parecía que nunca quiso irse de aquí.
— Bueno, me alegro por ti — dije, aunque no muy convencida de mis palabras, no me alegraba para nada que estuviera aquí en la ciudad de vuelta y en el mismo ascensor — Y ¿Qué haces aquí, en la universidad?, ¿Estudiarás aquí? — que diga que no por favor.
— Sí — ¡Oh mierda! — Comencé ingeniería en una universidad de España, pero cuando decidí volver pedí un traslado, por suerte los programas educativos son similares entre ambas universidades y no tuve mucho problema para ingresar a la carrera.
La puerta del ascensor se abrió mostrando el pasillo del otro lado. Salí de la pequeña caja de metal y detrás me siguió Marcus.
— Bueno esta es mi habitación — dijo Marcus parándose frente a una puerta de madera con el número dieciséis en metal. Me paré junto a él en un reflejo involuntario, el cual me arrepentí de inmediato, ¿Por qué estaba siendo tan amable con él?, ¡Todavía no olvido todo lo que me hizo en mi infancia! — Nos veremos mañana, supongo — dijo encogiéndose de hombros.
Marcus se inclinó para saludarme con un beso en la mejilla, pero yo esquivé su gesto y le estreché la mano. El joven me miró sorprendido, casi desilusionado.
— Hasta mañana — le dije y me marché por el pasillo sin siquiera girar a mirarlo, cinco puertas más allá se encontraba mi habitación.
— ¡Dios, Diana!, luces como si hubieras visto un fantasma — exclamó Helen al verme entrar a nuestra habitación.
— El fantasma de un patán — le aclaré. El fantasma de un sexi patán, pensé.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro