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— Nada que pueda afectarte.

La respuesta del español dejó atónito al pelirrojo, esos ojos ahora estaban llenos de ilusiones y eso era una buena señal aunque la imagen de aquella noche no dejaba de atormentarlo a cada instante.

— Milo, quiero una explicación. — la expresión de Camus cambio por completo, ahora estaba enojado, desconcertado, preocupado, nervioso y hasta con un poco de miedo.

— está bien, quieres una explicación, te la daré.

Un suspiro largo y letargico salió de la boca del griego, iba a comenzar cuando la mano de Shura se posó en su hombro, esa explicación tendría que salir de su boca, sobre todo porque se sentía en esa necesidad, comenzó con la noche después de su encuentro cuando Milo le propuso su huida hacía tierras griegas y luego hizo una pausa lúgubre, como si tan sólo recordar le causara temor, como si tan sólo el pronunciar aquellas palabras le causaran el mismo sentimiento de ese instante.

— estube ahí, no tienes que decirme que fue lo que pasó, lo vi con mis propios ojos y siento mucho no haber podido hacer algo por ti. — los ojos de Milo se abrieron como platos a la par que Shura empalidecia, podría ser que Camus... no, eso no podía estar pasando, no ahora que se sentía libre, no otra vez.

— ¿Tú, tu le dijiste a papá que yo...

Camus no lo dejó terminar, negó repetidas veces con la cabeza, no, no había sido él, había llegado después de ver a otro hombre salir de la casa y por supuesto no quiso indagar.

— No, no fui yo y ahora entiendo la intención de Milo, de verdad fue una gran idea.

— No quiero ser una molestia, en cuanto pueda buscaré un lugar donde quedarme. — dijo Shura.

— no te preocupes por eso, la casa es bastante grande para los dos y me haría bien algo de compañía.

Sonrió, de verdad que el trato amable estaba ayudando a sanar sus heridas y ahora tenía un peso menos, todo era paz y tranquilidad, la tormenta había pasado y ahora solo quedaba disfrutar la paz mientras durase, mientras todo estuviese bien.

Ahora todo estaba resuelto, sin culpables de traición ni nada por el estilo, con las ideas bien claras y una meta por delante, todo ello y más, desde ahora Shura Alshat solo tendría que disfrutar de los aires helenos de por vida.

🔅🔅🔅

La noticia del regreso de Milo le hizo sonreir como nunca y más cuando se enteró que llegaba en compañía de una belleza española, de piel pálida, ojos oscuros y una  cabellera oscura que si la veías a la luz del sol, pareciera que esta tenia tientes verdosos.

Su sonrisa macabra lo decía todo, era el plan perfecto, si acaso quería recuperar la atención del griego tendría que eliminar no solo a Camus si no también al nuevo inquilino en la vida de Milo y eso... eso estaba dándole ideas descabelladas, una de ellas era, posiblemente, la mejor que se le había ocurrido, haría que aquel rubio le implorara perdón de rodillas y por si fuera poco le rogaría por su vida y por la insignificancia de las otras dos; su bulliciosa y terrorífica risa desconcertó a sus informantes pero era tan común que solo se limitaron a mirarle.

— vigilen todos sus movimientos. — dijo aquel hombre a lo que los otros dos asintieron.

Salieron de esa oficina con muchas dudas, las cuales, aparentemente, no tenían una respuesta convincente, no obstante estaban seguros que su jefe había desarrollado una terrible obsesión con Milo y ésta condición afectaba a todos, en especial a ellos dos, sobre todo porque temian por la salud metal y emocional de su jefe y amigo.

— debería olvidarse de él, no vale la pena que este así por alguien como Milo.— dijo uno de ellos luego de un suspiro pesado y lleno de pereza.

— tienes razón, tiene tantos otros que se mueren por estar a su lado pero no, tenía que obsesionarse con ese tipo.

— ya lo sé, pero no podemos hacer nada. — dijo y se encogió de hombros.— entre esos tantos que según tu, se mueren por él, ¿También te incluyes?

— no, bueno si, admito que me gusta pero eso es imposible, jamás se fijará en alguien como yo.

— no pierdas la esperanza, si logramos que entre en razón quizá puedas conquistarlo. — dijo poniendo una mano en el hombro de su compañero.

— ¿Que crees que haga? — preguntó el otro

— no tengo la menor idea pero es mejor sólo seguir sus ordenes al pie de la letra y darle la información sin modificarla, no quiero acabar como el pobre diablo de Kanon, eso aún me causa escalofrío.

Ante esa respuesta el otro muchacho solo se abrazó así mismo, tan solo recordar la suerte que tuvo su compañero le helaba la sangre y le ponía todos los pelos de punta, siguieron caminando hasta la salida dónde sus autos los esperaban para continuar con la exhaustiva misión encomendada hace algunos minutos.

Hace algún tiempo, para ser más exactos, un mes, aquel chico de cabellera azulada y ojos del mismo color, aquel que llevaba por nombre Kanon, se atrevió a desobedecer a su jefe haciendo unos cuantos movimientos de más sin notificarle y sobre todo sin pedir ningún tipo de permiso, no obstante el lider se enteró y le dio el castigo de su vida, no solo le destrozó el rostro, dos costillas y otro par de huesos si no que ni siquiera lo dejo dar una excusa o explicación pues a sangre fría y sin importarle los años de  amistad le perforó el cráneo y el corazón con una bala y por si fuera poco le incineró, arrojando sus cenizas en la costa de la isla que llevaba su nombre para que se disolvieran en el agua salada del océano.

Los dos autos aparcaron muy cerca de la casa del griego, pero procurando que nadie notara su presencia pero siempre con los ojos en su misión, sin perder detalles de las acciones del griego.

Dan R

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