
5
Estaba más que dispuesto a propinarle aquel golpe, aquella mano que tenia en el aire se acerco a gran velocidad a la pálida mejilla de aquel muchacho que le veía con horror, Camus estaba furioso, no podía creer que... bueno, no importa, su palma estaba sólo a unos cuantos centímetros del rostro del español cuando se detuvo, bajó su mano, soltó a Shura y dio media vuelta regresando a su lugar.
Se desplomó, como peso muerto, como piedra en un río, hasta abajo, sus rodillas tocaron el suelo y de sus oscuros ojos bajaban lagrimas amargas sin algún tipo de remordimiento, se abrazó así mismo intentando calmar el horrible sentimiento que se había abierto paso en su piel; unos pasos se acercaron hasta donde estaba, las rodillas de aquel muchacho también tocaron suelo y una de sus manos tocó la empapada mejilla del español.
— ¿Quién? — Preguntó Milo, los orbes oscuros de Shura se posaron en aquel que le hizo la pregunta — ¿Quién te hizo esto?
Shura negó con la cabeza repetidas veces, senegaba a decir aquella parte de su miserable vida, temía por el bienestar de sumadre, ella era la única persona en la tierra que lo mantenía en esa mierda dehogar; ni siquiera lo vio venir, los brazos de Milo lo acunaron contra su pechoy con la delicadeza que solo conocía de su madre, le acariciaba el cabello, elrubio no supo porque lo hizo, Shura era un completo extraño que había vistosolo un par de veces con una máscara ocultando su rostro y ahora lo teníarefugiado entre sus brazos, aferrado a sus ropas sin para de llorar.
Ángelo veía aquella escena con un poco de tranquilidad, Shura estaba bien... en teoría, no le había pasado nada y eso... eso lo tenía tranquilo, debía de sacarlo de ahí a como diera lugar aunque tuviera que secuestrarlo, soltó un suspiro y se arrodillo junto a Shura poniendo ambas manos en cada uno de sus hombros.
Reconfortante, así se sentía en brazos de aquel que solo había visto un par de veces, se sentía tan seguro en ese lugar que deseaba quedarse ahí, se aferró con más fuerza a las prendas de Milo dándole a entender al contrario que no quería ser soltado, Shura había conocido solo el dolor y la desesperación combinadas con el miedo y la frustración pero ahora sentía su corazón ser sanado, su alma ser confortada y sus temores disiparse con únicamente un par de brazos.
—Lo siento. — dijo el español separándose del rubio.
Milo negó con la cabeza, le causaba una sensación extraña el ver a esa bella estatua de mármol agrietada por un ser tan tirano que no sabía apreciar la belleza escondida entre las caderas de ese muchacho, pero no solo eso, no solo sentía aquello por él, su corazón latía de manera acelerada cada que le veía moverse en el escenario y cuando vio sus ojos: profundos y oscuros como la noche misma, se prendo de ellos, quizá solo era admiración, ciertamente no lo sabía y poco le importaba saberlo o al menos eso pensaba.
Shura se levantó y salió de ahí en compañía del italiano que hacia lo posible por contenerse para no regresar a golpear a Camus, había logrado enfurecerlo con solo ese pequeño acto y seguramente si le volvía a ver no prometía controlarse; insistiría hasta que su boca quedara seca, lo convencería de ir con él y con Afrodita a Suecia, aunque tuviera que hacer lo imposible.
Milo regresó a donde estaba Camus, lo tomó del brazo y salió de aquel lugar rumbo al hotel en donde se hospedaban, ninguna palabra durante el camino, era como si entre ambos hubiese una distancia abismal, ambos estaban furiosos y a la vez sentían pena, uno de ellos estaba enojado consigo mismo por haber dejado pasar ese asunto, mientras el otro mantenía ese sentimiento para su compañero y para las acciones realizadas apenas hace un par de minutos.
En cuanto llegaron a la habitación el enojo de Milo aumento un poco más pues no entendía nada de lo que estaba sucediendo, sin embargo la curiosidad le estaba carcomiendo el alma de forma bestial y poco tranquila; en un arranque de ira empujo a Camus en contra de una de las paredes.
— ¡¿Por qué lo hiciste?!
La desconcertada mirada del pelirrojo se hizo presente, no podía asimilar aun lo que había sucedido y menos ahora que tenía al rubio fuera de sus casillas y gritándole.
— ¡Camus Sadachbia! ¡Respóndeme, maldita sea! ¡¿Por qué lo hiciste?!
—No lo entenderías, Milo. — Tenía que mantener la calma a como diera lugar, tenía que ser la razón en todo ese alboroto, no era la primera vez que Milo perdía los estribos con él, pero si la primera que le había gritado.
— ¡Si me lo dices lo entenderé!, ¡no me tomes como un imbécil que no lo soy, Camus!
—Cálmate, siéntate y podremos hablar con tranquilidad.
Bufó y se aventó sobre el sillón intentando calmarse, había sido muy impulsivo pero vamos, ¿Quién no perdería la cabeza después de presenciar una escena como esa?, Camus tomo asiento frente a él en otro de los sillones, suspiro con pesadez y se dispuso a contarle la única verdad a Milo, en esos momentos se sentía como el más vil traidor por no haberle dicho antes sobre sus amistades fuera de Grecia.
—El señor Alshat es mi amigo, lo conocí en uno de mis intercambios universitarios, ahora dirige una compañía de vino y es la más importante en España, es claramente mucho mayor que nosotros; ese joven del bar es su hijo y le conocí hace un par de años pero no sabía que él...
— ¿él, qué? — Milo lo interrumpió, esa información era necesaria como para empezar a hacerse teorías locas en su cabeza.
—Que a él le gustara bailar flamenco, no digo que este mal que lo haga solo que... bueno, el señor Alshat no creo que esté de acuerdo con eso
—Camus, me estás diciendo que posiblemente las heridas en el rostro de Shura.... No, eso no pude ser, ¿Cómo sería capaz de hacerle tal cosa a su hijo? — Milo estaba de nuevo a punto de salir de sus cabales.
—No lo sé, me habló hace un par de meses y dijo que no permitiría esas cosas en su casa y mucho menos de su hijo y cuando lo vi, yo...
— ¡¿ibas a golpearlo?! ¡Camus estás loco! ¡¿Viste cómo te miró?! — Camus negó un poco, si, definitivamente se había percatado de la mirada del español pero se hizo que no había visto nada en absoluto; Milo se levantó y tomo de los hombros al pelirrojo y lo sacudió de una manera lenta — ¡Con miedo, Camus! ¡Te vio con miedo! Como si solo conociera ese sentimiento, ¿no te das cuenta?
—Milo, ese no es asunto nuestro
Las palabras de Camus le llegaron directamente al nervio, ¿qué no era asunto suyo?, quizá no de él, pero si del pelirrojo, podía hacer algo para frenar lo que pudiese ser el problema principal, ahí estaba de nuevo el insensible Camus, apartando asuntos que le involucraban solo para no meterse en problemas, ¡por todos los dioses! Debía de hacer algo o al menos volver a ver a ese muchacho y saber que estaba bien.
— ¡¿qué no es asunto nuestro?! ¡Camus, eres un imbécil!
Las pálidas manos del pelirrojo empujaron con agresividad a Milo quien cayó de lleno en el suelo, Camus se levantó y salió de aquella habitación dando un portazo que indicaba su molestia; el rubio se quedó un poco más en el suelo y luego disponerse a dormir.
Dan R
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