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Capítulo II

Querido Daniel hoy intente por todos los medios devolverte tu cuaderno pero las fuerzas del destino y del karma me lo siguen impidiendo. En el recreo por ejemplo, me acerque a ti y si de por si ya se me dificulta estar cerca tuyo hablarte pareció "Misión imposible". El caso es que esa cosa que tienes por novia casi me mata al verme "hablando" contigo y no pude hacer mas que salir de allí ¡No soy cobarde sino pacifista! El caso es que esperaba que me defendieras... creí conocerte mejor.

Firma: Amelia ♡

<***>

La clase de matemáticas transcurrió con toda normalidad, al igual que el resto de mis asignaturas del día. Sasha se había pasado todo el santo día hablando de Daniel y su cuaderno, admito que incluso lo mencionó mas que yo. Estas cosas no se ven todos los días.

A la salida mi odiosa amiga y yo partimos cada cual por su respectivo camino pues vivíamos bastante distantes. Yo me fui caminando y Sasha...  bueno, ella tenía auto. Sus padres lo habían visto como una prioridad tomando en cuenta que vivía algo retirada de la zona escolar, yo por el contrario vivía relativamente cerca. Aveces Sasha me llevaba a casa pero los viernes me gustaba caminar, en especial porque  mamá no estaría en casa pues en el banco en que trabajaba como subgerente los viernes hacían el cierre de las transacciones de la semana... cosas de contabilidad, como yo misma solía decir restandole importancia al asunto.

Lo último que vi de Sasha fue la figura de su auto perdiéndose a toda prisa por la carretera. Me asusta esa forma suya de conducir.

Por suerte era viernes lo que se traducía en dormir más y estudiar menos, para mi mala suerte el brillo de mi cercano descanso se vio empañado de inmediato al recordar que pasaría con papá este fin de semana. "Todo sea por cuidar de Feli, ojalá y no deba cruzar muchas palabras con mi señor padre", pensaba resignada.

Repentinamente, cosa que ya no me sorprendía en mi, me encontré pensando en Daniel, en sus ojos, sus labios... y me sentí derribada de mi fantasía al recordar lo ocurrido tan sólo dos semanas atras cuando intente devolverle su cuaderno ¡Dorys casi me mata! Me dijo tantas cosas ácidas que nisiquiera hoy lograba entender el porque de su actitud y él se había quedado en silencio, sabía que yo no merecía ser tratada así e igual no movio ni un dedo para frenar a su novia, suerte que pude escapar de la situación porque sino ya hubiese sido historia.

Estaba sumida por completo en mis "danimientos" cuando me descubrí en una calle que no era para nada la mia, algo en ella se me hizo familiar pero no lograba identificar de que se trataba, seguí un camino entre dos edificios altos e instantes después llegue a un tranquilo residencial. El sonido de una pelota rebotando contra el suelo y de tenis rechinando llamó mi atención al instante y pude descubrir a un grupo de jóvenes jugando basketball. No lo voy a negar: Mis ojos se salieron de sus órbitas al notar que la mayoría no traía camisa y la piel de sus torsos desnudos chorreantes de sudor me causaba unos calambres extraños. Repase cuidadosamente las facciones de los chicos y note que no lo eran del todo, entre ellos había una chica castaña que hacía uno que otro ingenioso movimiento dejándolos a todos rezagados. Me sorprendió ver que la trataban como a un varón más e incluso la empujaban con igual violencia sin que ella se molestará en lo mas mínimo. Yo ya estuviera hecha una fiera o complemente añicos.

Me hubiera quedado observandolos todo el día de no ser porque entre los chicos reconocí a uno que identificaba muy bien: Daniel Roque. Salí corriendo  a toda prisa de allí como quien vio un fantasma y ni me percate cuando deje caer mi boina rosa, se que suena muy cliché pero esa prenda en especial me hacía sentir más segura de mi misma y me lamentaría después por perderla. Pude sentir a lo lejos la mirada confusa de los chicos pero cuando giré la cabeza para confirmarlo tropecé y me estampé contra el suelo, eso dejaría cicatriz, me levante y sacudí la poca dignidad que me quedaba sólo para lanzarme en mi huida al instante. Suspiré al salir del residencial y hallarme por fin en mi propio camino.

Di algunas vueltas sobre mis pies pensando lo peor ¿Y si Daniel me vio? ¿Pensará que soy una idiota? ¿Quién será la chica con la que jugaba? Como siempre me disponía a ahogarme en una tazita de agua cuando recordé que tenía deberes en casa y seguí mi camino sin dejar de pensar en lo ocurrido, ni de sobarme la parte de atrás del brazo derecho: Me había raspado bien feo.

Cuando estuve frente a mi casa me detuve en la puerta para buscar mis llaves, pues a esas horas estaba sola, pero me frene al escuchar una voz a mi espalda que me llamaba por mi nombre con un timbre suave. No podía creer de quien se trataba.

—Amelia —repitió la voz y me gire sobre mis pies al instante para comprobar si era quien yo pensaba. En efecto asi fue. Feli, mi hermanito menor estaba detrás mio todo despeinado y aún con en uniforme escolar, muy sucio por cierto, también traía las manos mojadas y cubiertas de pelo blanco.

—¿Feli? ¡Feli! —Exclame sorprendida —No se supone que deberías estar aquí ¿Y papá? —Indagué agachandome a su altura aún asombrada.

—Papá me dejo aquí —Respondió Feli encogiendose de hombros.

—¿A qué te refieres con aquí?

—Aquí Amelia, afuera de la casa. Creyó que estabas dentro y no le contradecí.

—¡¿Pero estas aquí solo desde las dos?! —La verdad es que me alarmó la respuesta de mi hermano.

No podía creer lo que oía. Con Felipe, mi "padre", habíamos quedado en que pasaría por Feli a la escuela a las dos, que es cuando él salía, y dos horas mas tarde yo me les uniría en su departamento. La verdad es que odio estar mucho tiempo en ese lugar, es tan... él, y eso lo hace insoportable, pero había entrado en ese acuerdo para poder estar cerca de mi hermano menor y poder asegurar su seguridad. Como me pesa ver que tenía razón en desconfiar de mi padre, si es que se le podía llamar asi todavía.

—No estaba solo, Peluso estaba aquí. Justo estaba con él cuando te vi llegar y corrí a tu encuentro —dijo refiriéndose a un perro callejero que frecuentaba la casa hacía rato sin que supiéramos como echarlo sin herirlo—. Papá me llevo por un helado y luego recibió una llamada al teléfono, era del trabajo. No iremos con él hoy.

Note que Feli se tornaba gris  y decidí suspender el interrogatorio al menos hasta después de limpiarlo y darle algo de comer. Quería saber los detalles y confirmar que estaba bien pero lo menos que quería era entristecerlo.

—¿Entramos a la casa? —Pregunté dándole una breve palmadita en la espalda.

—Es que olvide mis llaves —Apresuró a responder poniendo en alto los brazos.

—Feli, pero si tu no tienes llaves —reprendí entre risas.

—¡Ah! Por eso no las encontre —respondió gracioso haciendo una mueca de confusión.

Lo acompañe en una breve risa y luego entramos a casa. Mi papá tendría que responderme por esto después pero por ahora solo quería una cosa: Cuidar de mi hermano..

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