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"Señor Brooks ¿Qué cree sobre Vince McCarthy? Usted es el mejor comentarista sobre boxeo ¿Cree que pueda recuperar el título que defendió durante tantos años?"
¿Vince McCarthy? ¿Es una broma? Desde que perdió el título su estado mental se tambalea en una cuerda floja. Actualmente lo único que puede hacer es quedarse en su casa y gastarse los millones que le quedan.
"¿No está siendo demasiado duro?"
No, no lo creo, nadie quiere a un boxeador que no sabe levantarse y Vince es uno de esos. Me alegra que haya entrado en razón y dejado el ring, sus peleas han sido tan humillantes.
Vince apagó el televisor con un gruñido, malditos comentaristas, sólo sabían criticar y criticar sin saber lo que era estar de pie en un ring de boxeo. Con todo el malhumor que había dejado ese estúpido comentarista se levantó del sofá y tomó su abrigo.
Contrario a lo que pensaba el puto comentarista no se quedaba a gastar sus millones en casa, lo hacía fuera, rodeado de personas que pudiesen admirar su genialidad.
Aún no estaba acabado como todos creían.
El viento gélido golpeó su rostro en cuanto salió, un estremecimiento lo sacudió de pies a cabeza, esta noche estaba terriblemente fría, eso lo hizo agradecer tener la iluminación para tomar el abrigo en primer lugar.
¿Por qué tendría que quedarse en casa escuchando a ese estúpido comentarista al que le pagaban por despellejarlo cuando podía aprovechar la noche?
Ciertamente el boxeo se le estaba dando a horrores estos últimos meses, pero las chicas eran otra historia, Vince era bastante famoso con ellas, incluso se peleaban al verlo pasar.
Demonios ¿A quién pretendía engañar?
Eso fue antes, cuando tenía el título de campeón, cuando todos querían ver lo que hacía, sin hacer el ridículo, sin defraudar a nadie, aquella época cuando todavía tenía una prometida y ni siquiera se molestaba en mirar a otras, en ese momento le había parecido una pérdida de tiempo.
Nadie podía imaginarse cuanto se arrepentía de sus decisiones, por perder el tiempo en una mujer como esa.
Si hubiese adivinado lo que le esperaba en el futuro habría disfrutado más de sus beneficios ya que últimamente ni las mujeres se le daban bien y no era por su bajón en el deporte, su falta de interés en absolutamente todo lo tenía en ascuas.
Completamente apático. Un ser tan alejado de sí mismo que a veces se asustaba de sentirse tan vacío.
Su falta de interés no vino después de perder el título pese a lo que pensaran todos, sobre todo ese comentarista que no sabía absolutamente nada de su vida.
A ellos sólo les importaba su rendimiento, no importa si su vida personal era un completo desastre, todo esto fue a raíz de su incidente con Bea tres semanas antes de perder su título.
Vince aún podía recordar cada detalle como si estuviese reviviendo el momento una y otra vez, luego de cancelar su entrenamiento se había dirigido a casa con la intención de sorprender a Bea en el aniversario.
De más está decir que sí que la sorprendió una vez abrió la puerta, estaba emocionado porque pronto tendría una pelea pero aún así recordó el estúpido aniversario que Bea siempre lograba recalcar olvidaba por completo.
A ella no parecía importarle tanto, simplemente cenaban en algún lugar caro, compraba regalos y pasaban una buena noche, parecía suficiente para ella.
Que equivocado estaba.
Ese fatídico día la había encontrado en el sofá, su cuerpo se paralizó por completo y las llaves en su mano cayeron al suelo haciendo un ruido que aún no lograba sacar de su cabeza, el ruido metálico y los gemidos delicados de Bea.
La sangre de sus venas se había helado por completo viendo la escena, Bea lo miraba completamente sorprendida desde su posición encima de su mejor amigo, la mano de Gerard que estuvo acunando sus senos bajó y giró la cabeza hacia él con la misma sorpresa impregnada en su rostro.
¡Dios Santo! Le había pedido matrimonio a esa mujer no hace más de dos días y él incluso aceptó ser su padrino, el cuchillo de la traición siguió enterrándose poco a poco.
Ninguno de los tres logró moverse hasta que Bea se puso de pie dejándole ver la desnudez de Gerard, él tuvo la decencia de cubrirse con un almohadón, sin embargo Bea no fue tan amable.
— ¿Qué haces aquí? — preguntó en su momento con tanta simpleza que incluso Gerard parecía nervioso.
Vince simplemente se echó a reír como un loco, el sonido roto salió de su garganta y aunque estaba riéndose su corazón se apretujó e hizo algo extraño en su pecho.
No podía parar de reírse y Bea comenzaba a mirarlo como un jodido loco, y no se equivocaba.
— ¿Qué hago aquí, aún tienes el descaro de preguntarme algo como eso?
— Vince...
Su nombre fue dicho por Gerard, Vince lo fulminó con la mirada, hubiese podido aceptarlo si sólo fuese Bea, pero Gerard lo conocía desde hace diez malditos años, era su mejor amigo.
¡Dios! No sabía qué hacer con todo esto.
— Fuera de aquí — gruñó con toda la voz que pudo reunir, ninguno se movió o hizo algún gesto, Vince apretó la mandíbula — He dicho ¡Fuera!
Gerard fue el primero en reaccionar levantándose del sofá y buscando su ropa, Vince agarró a los dos traidores y los jaló hacia la salida, Bea fue revolviéndose y tratando de evitarlo pero él no la dejó soltarse de su agarre.
— ¡No puedes hacerme esto! Estoy desnuda y toda mi ropa está aquí.
— Te sorprendería toda la mierda que soy capaz de hacer — gruñó empujándolos más allá de la puerta, Bea colocó una mano sobre su pecho y lo fulminó con la mirada.
— Te merecías todo esto, te lo buscaste al no prestarme atención, sólo te importa ese maldito boxeo tuyo — Vince tragó, cogió la camisa de Gerard del suelo y se la arrojó para que se cubriera.
— ¿Cuánto tiempo han estado haciéndome esto?
Bea se echó a reír agarrando la camisa y colocándola contra su cuerpo.
— Seis meses, Vince y no me arrepiento de un maldito día.
Vince cerró la puerta con fuerza no sin antes ver el rostro arrepentido de Gerard, demasiado tarde, demasiado, su corazón ya estaba completamente destrozado.
Una vez logró calmarse mirando la puerta volvió a la sala de estar, miró el maldito sofá y su estómago se revolvió.
Joder, si iba a ponerle los cuernos podía ser en cualquier motel fuera de la ciudad no en el sofá donde veían juntos el televisor y también cogían.
Qué asco, Vince nunca miraría los sofás de la misma forma, ese mismo día quemó el maldito mueble junto a la ropa de Bea y puso la casa en venta.
No quería saber de ninguno de los dos traidores luego de eso, ojalá que les fuese muy bien follando en los sofás ajenos, pero definitivamente muy lejos de él.
Para él estaban muertos.
Fue ahí donde su estado mental se había ido a pique, no lo negaba, después de todo había pruebas sólidas recogidas en cintas de video.
Desgraciadamente sí que habían sido humillantes como decía el comentarista, fue lo peor de su carrera como deportista, sus fans no querían ni verlo, su entrenador apenas le hablaba luego de portarse como un idiota.
Luego de que dejase de interesarle todo.
Con un suspiro subió a su auto y comenzó a conducir, lo mejor era dejar de pensar en esos traidores o acabaría accidentándose gracias a ellos. Luego de conducir por unos minutos se detuvo frente a un club, las luces neón de su nombre brillaban con fuerza y Vince no pudo aguantar la curiosidad.
¿Cómo era que no conocía este lugar? Probablemente era un lugar de mala muerte que terminaron abriendo recientemente, sin embargo, decidió entrar.
Sacó unos cuantos billetes de su bolsillo cuando le pidieron el peaje y los colocó en la mano del guardia, no era económico así que esperaba fuese bueno, al menos a primera vista no se decepcionó, el oscuro lugar estaba exclusivamente alumbrado por las luces parpadeantes y los canalillos con iluminación estroboscópica usados actualmente por dos bailarinas.
Todavía era temprano así se sentó en la barra y pidió un trago mirando a las señoritas, eran bonitas y tenían un buen cuerpo, al parecer terminaría gastando un poco de dinero en ellas, total, lo usarían en algo más útil que él.
Después de regalar un poco de su dinero se iría a casa, ciertamente su ánimo era una mierda, a pesar de estar en este lugar viendo a dos hermosas mujeres moverse como un sueño no sentía nada.
Debió hacerle caso al comentarista y quedarse en casa, así sólo lograría arruinar la noche de los demás.
Vince arqueó una ceja y miró hacia el sonido de algunos gritos femeninos en la esquina del establecimiento que lo sacaron de sus depresivos pensamientos.
Al parecer tendrían un gran show del otro lado teniendo en cuenta a las cinco chicas haciendo escándalo, las emocionadas mujeres animaban a una tímida chica sentada en el medio, sus camisas ya adornos de penes en la cabeza no dejaban dudar de que se tratase de una despedida de soltera, la prometida se veía bastante nerviosa sólo con estar sentada ahí.
Dejó que se divirtieran y volvió a su bebida, la stripper más cercana era bonita y pechugona, si fuese el antiguo Vince ya estaría realmente interesado y teniendo en cuenta la mirada de la mujer tendría diversión asegurada toda la noche.
Pero nada, absolutamente nada lograba hacer algo por él, era como si estuviese todo el día entumecido y comenzaba a preocuparse, él no era este tipo de persona. Solía ser entusiasta, provocativo y bastante tontorrón cuando se trataba de alcohol y mujeres.
Las solteronas gritaron esta vez con más energía que antes obligándolo a mirar, lo que hasta ahora había sido una fiesta sólo de mujeres, se convirtió en algo más al sumarse otra persona a la pequeña fiestecilla.
El chico que caminaba directamente hacia ellas desde el fondo de la plataforma entró disfrazado de policía, su paso era seguro y definitivamente un poco creído, una gorra policial recogía casi todo su cabello negro, sólo podía ver el flequillo a nivel de la nuca y aún no estaba seguro de que fuese de ese color.
Los brillantes ojos verdes miraban con diversión la situación, una sonrisa ladeada hacia las chicas hizo los gritos más fuertes.
El muchacho se detuvo y tomó el tubo con su mano derecha, con la otra tomó la visera de la gorra con un movimiento provocativo, Vince siguió cada uno de los movimientos, incluso el arqueo imperceptible de una de sus cejas.
Vince se sorprendió disfrutando del espectáculo, al menos no sexualmente lo que estaba relajándolo un poco.
El chico no utilizó el tubo contrario a lo que todos pensaban, en cambio, bajó los pocos escalones que lo separaban de las mujeres y rodeó a la prometida, esta se encontraba estratégicamente separada de las otras en una silla individual, ella se veía, bueno, la verdad parecía estar perdiendo los nervios.
El muchacho se sacó la gorra dejándole ver con más claridad el largo pelo negro y le sonrió a la mujer de forma coqueta, lentamente comenzó a mover las caderas al compás de la música, lenta y pausada como la mano que se dirigía a los botones de su camisa oscura.
Se quedó viéndolo mientras soltaba uno a uno, mirando intensamente a la temblorosa novia, ella estaba con las mejillas rojas y Vince se echó a reír por la cómica escena.
El stripper dejó caer su camisa al suelo y se acercó a ella, sólo una fina camiseta cubría su pecho, Vince se sorprendió a sí mismo aguantando la respiración por alguna extraña razón, el pelinegro tomó las manos de la chica y las puso sobre sus pectorales, ella jadeó y el chico se burló prácticamente moviendo las caderas sobre su regazo.
La mujer miró asustada a sus amigas, ellas sonrieron con picardía, al parecer no obtendría nada de ayuda con esa situación, tendría que arreglárselas ella sola.
El bailarín la sacó del asiento y sin dejar de frotarse contra ella rompió la camiseta que traía, la piel canela brillaba bajo el hechizo de las luces parpadeantes, un cuerpo bien trabajado fue débilmente alumbrado bajo la poca luz qu lograba concentrarse en él.
Vince arqueó una ceja sorprendido, su interés logró mantenerse por más de un minuto en este chico, eso estaba bien, terriblemente confuso, pero bien, últimamente parecía tener algún trastorno de déficit de atención.
El muchacho se frotó contra ella todo lo que pudo, sus manos nunca fueron más allá de la cintura o su espalda, los toques eran impersonales, pronto en lo único que quedó fue en una tanga bastante reveladora logrando que las mujeres se revolviesen aún más si es que eso era posible a esas alturas.
Más tarde, cuando la música acabó y las chicas lo habían llenado con billetes de un dólar se marchó dándoles una sonrisa y recogiendo toda su ropa.
¿Quién era ese chico?
A Vince no le importaba, pero si lograba mantener su atención por más de un minuto quería ver qué más podía hacer.
Al menos se sentía como una persona viva cuando le veía y aprovecharía eso.
No dejaría escapar a la única persona que definitivamente había logrado hacer que sintiese algo.
Lo que quiera que significase ese algo, tendría que definirlo en el proceso.
......
Cole caminó a casa del colegio lo más rápido que podían sus pies, las clases habían resultado más tediosas de lo normal e incluso se extendieron, por lo que ya iba treinta minutos tarde.
La imagen de la casa frente a él lo heló, el lugar ya no se sentía como casa desde hace muchísimo tiempo, estaba exhausto y a veces simplemente quería dormir un día entero, lástima que no pudiese hacerlo, estaba demasiado ocupado.
Entró y luego de dejar su mochila fue directo al baño, trató de evitar la estancia demasiado tiempo bajo el agua fría y se vistió con lo mejor que encontró y estuviese limpio, tampoco tuvo tiempo de encargarse de su ropa.
Luego de caminar al hospital pasó por todos los pasillos correspondientes llegó a la habitación de Chiara, su madre le sonrió desde la cama de hospital, se veía tan diferente a como era habitualmente que dolía verla.
En su cabeza donde solía haber un exuberante pelo negro simplemente estaba un gorro blanco que contrastaba contra su piel canela, los ojos negros y las facciones griegas todavía la hacían ver como una belleza a pesar de la leucemia con la que luchaba cada día.
El hijo de puta de su padre se había marchado luego del diagnóstico, Cole odiaba al maldito cobarde con todo su ser.
— ¿Cómo te va hoy? — preguntó besando su mejilla.
Chiara le sonrió como solía hacer y le acarició el pelo, era tan negro como el que una vez había tuvo ella, lo único diferente eran sus malditos ojos verdes, resultado de su padre.
— Mejor que ayer.
— Me alegra escuchar eso, he traído algo para ti — mientras rebuscaba en su mochila, Chiara le colocó una mano en el hombro y negó, se veía preocupada.
— Cole, no es necesario, estás malgastando dinero y sabes que no puedes permitírtelo.
— Está bien — murmuró enseñando el libro que tanto trabajo le había dado comprar, pero su madre lo merecía, joder, merecía más, simplemente no podía dárselo — Compré el libro que tanto querías leer, fue el dinero que sobró después de pagar todas las cuentas.
Innegablemente era una mentira y su madre no se la perdió. Cole no sólo tenía que pagar las cuentas del hospital que no eran nada baratas, a eso también se agregaba el monto de su matrícula, las facturas de la casa y la comida.
Chiara no tenía por qué saber que no había pagado la corriente o el gas este mes, Cole podía vivir bañándose con agua fría y comiendo algunos bocadillos diarios.
— Bebé, odio esta situación, siento darte tantos problemas.
— ¿Te estás disculpando por enfermar? — Rió, su madre achicó los ojos, él le dio otro beso en la mejilla y colocó el libro en su regazo — Mamá, estamos bien de dinero, se me está pagando bien, mis jefes son muy considerados, simplemente acepta mi regalo.
Chiara finalmente miró su regalo y luego sus ojos volvieron a él, estaban húmedos, su sonrisa no podía ser más hermosa. Sólo por ver esto valía la pena romperse la espalda cada día, las noches de insomnio y estar a punto de contraer neumonía.
Nada de eso importaba ahora mismo.
— ¿Quieres que lo lea para ti?
— No, lo leeré yo para ti.
— Lo que quieras.
— ¿Recuerdas cuando solíamos hacer esto? Eras tan pequeño y ya eres un hombre — Cole resopló.
— Mamá, sólo tengo veintitrés.
— Ya lo sé, saliste a nuestra familia, eres tan parecido a mi padre — musitó acariciando su mejilla.
Cole apretó la mandíbula, había visto fotos de los abuelos que no conocía, ciertamente se parecía, pero no podía evitar odiarlos un poco. Una vez Chiara se casó con su padre cortaron toda comunicación porque repudiaban a su padre.
Cole también los odiaba por abandonarla con un hombre que no la merecía.
— ¿Los extrañas? — Chiara suspiró y le acarició la mejilla.
— No, no me arrepiento de haberlos dejado, pude tenerte de esa forma.
— Pero...
— Escúchame, no importa lo malvado que haya sido tu padre, me dejó algo muy importante — Cole no pudo evitar el gruñido que salió de su garganta.
— Deberías odiar al maldito.
— No, tampoco deberías hacerlo tú, eso sólo te hará daño.
— Está bien, lee para mí.
Chiara sonrió y abrió el libro, en cuanto leyó las primeras cinco palabras del libro su celular sonó, era un modelo viejo que le sorprendía que aún funcionase, a parte del hospital y su matrícula era lo único que se permitía pagar, necesitaba saber cualquier emergencia respecto a su madre y en sus trabajos a veces necesitaban personal extra y lo llamaban.
Cole no estaba en posición de rechazar nada.
— Lo siento, tengo que contestarlo.
Chiara asintió y Cole le prometió a su jefe que estaría ahí para algo que ni siquiera hacía, su compañero solía encargarse de eso.
— Mamá, debo ir a trabajar, pero te prometo que mañana estaré aquí para ti.
— No te preocupes, haz lo tuyo y ten cuidado.
— Lo tendré, llamaré más tarde para hablar contigo.
— Vale, no vayas preocupado o podrías equivocarte de pedido — Cole odiaba engañarla, pero tampoco le diría que trabajaría hoy de stripper, el trabajo de camarero era también dos días a la semana, Cole los alternaba, trabajaba seis días a la semana y se quedaba uno con su madre.
— Como si pudiese ocurrir — resopló y se despidió con un beso.
Llegar a su trabajo le tomó veinte minutos a pie, su jefe lo saludó en cuanto entró y sin más demora se preparó para la ocasión con el traje de policía que habían pedido las damas. Estos tipos de show no era lo que Cole hacía ocasionalmente, él sólo bailaba pool dance, pero si lo querían para una despedida de soltera no se negaría, estaba bastante estricto de dinero.
La chica era muy tímida y para su sorpresa se divirtió viendo sus reacciones, luego de una generosa propina se retiró dándoles una sonrisa. No había estado tan mal, bien podía seguir haciéndolo si hacía falta.
Guardó el dinero en su mochila y salió de ahí luego de despedirse del jefe, no tenía un sueldo fijo por lo que únicamente vivía de las propinas, por suerte, estas eran mejores que en su trabajo como camarero, eso sólo en días generosos.
Cole caminó por el oscuro callejón que daba a la puerta trasera y sintió la paranoia recorrerlo, los rudos pasos a su espalda lo hicieron sudar. Debió fijarse bien antes de salir, no podía darse el lujo de que un matón le quitara el dinero, pero si eso era lo que le hacía falta para dejarlo con vida se lo daría sin duda alguna, sólo trabajaría horas extras. Chiara no podía quedarse sola por un poco de dinero que podía conseguir nuevamente.
Cole aceleró su paso y su perseguidor también lo hizo, pronto estuvo contra una pared y un hombre encima de forma amenazante, aguantó el aliento esperando.
Cole se removió asustado luego de un minuto en la incómoda posición.
— Shsh, tranquilo, no te haré daño — susurró el hombre suavemente, el pelo marrón estaba un tanto largo y los ojos color miel con algunos sectores en verde, lo hacían fácilmente reconocible, Cole lo conocía, imposible no hacerlo.
— ¿Qué quieres? — peguntó tragando su nerviosismo.
— Quiero que hagamos un trato.
— ¿Qué?
— Quiero que bailes para mí.
Cole lo miró con todo el pánico que pudo reunir, no podía creer que acabara de escuchar eso, su cuerpo se relajó al saber que no estaba a punto de ser robado o amenazado con un arma, no era que a este tipo le hiciera falta, sus puños hablaban por él.
Vince McCarthy, el luchador de boxeo que hacía sólo cinco meses había perdido su título de campeón, Cole lo conocía, no por sus habilidades o que fuese su seguidor, sino por todos los posters en la ciudad.
Su rostro estuvo fijado en cada rincón de la ciudad, y ahora le estaba diciendo que quería verlo bailar.
Debía haber un error ¿verdad?
La situación era más difícil de interpretar de lo que su cabeza podía, probablemente era alguna especie de broma.
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