2. Desahuciado.
Eramos una pareja perfecta. Nadie podía separarnos, y era como debía y tenía planeado.
Nunca me había sentido amado, sin embargo tú supiste dar vuelta mi mundo hasta no poder darle reparo.
Eramos muy distintos pero, aún así, nos complementábamos.
Yo era un cursi sin remedio y tú terriblemente amante del sarcasmo y el orgullo.
Mientras yo pedía disculpas, tú simplemente causabas problemas.
Cuando yo era perfectamente educado tú me sacabas de esa línea límite de mi conciencia; te regalaba todas mis buenas intenciones, pensamientos y corazonadas. Tú acababas conmigo sin decir una palabra.
Y admito que todos mis amigos al contarles que salía contigo no supieron entenderme. Habías jodido mucho su paciencia y era razonable que odiasen tu comportamiento un poco rebelde que yo igualmente aborrecía; tarde o temprano me terminó gustando.
Te ganaste la envidia de muchas chicas que me pretendían, y yo, me gané el odio de todos los bravucones del colegio; poco después se vengaron como debían.
La gente se asombraba al vernos juntos y principalmente a mí, me advertían que debía dejarte lo más pronto posible, no era lógico que andara con una chica tan "fría" como tú, decían.
Pero respondía que no, que simplemente era tu fachada, siempre fuiste una chica dulce, que me llevaba al mismísimo infierno para quemarme vivo con uno de tus besos.
Eso pronto terminaría.
Como toda relación tiene fin, la nuestra no era la excepción. Me sentía culpable Nina, porque yo nunca me creí capaz de engañarte.
Una pelea tonta nos llevó a distanciarnos por cierto tiempo, te extrañaba como el perfecto desahuciado que era. En ese poco tiempo conocí a otra chica que... No lo sé, me "enamoró".
Pasé la tarde con ella, era muy entusiasta y positiva. Todo lo contrario a ti.
Me preguntaba por mis problemas y cosas que me tenían estresado, le hablé de ti y sus consejos no fueron más que ciertas frases repetitivas: "Ella no te valora", o "deberías dejarla ya". Invadido por toda esa mierda que pasaba por mi cabeza en ese momento tomé la decisión de que cuando te viera nuevamente lo nuestro terminaría.
Y era genial hasta donde yo captaba.
La conversación entre esa chica y yo transcurrió con éxito, cabe mencionar que al principio yo la traté muy mal por hablar de ti de cierta forma que me disgustaba. Criticando y yendo a toda costa en tu contra.
Debí esperar que un beso entre ella y yo haría cambiar mi manera de sentir por ti en un momento dado. La besé Nina, lo acepto. En ese momento todos mis sentimientos se borraron, ya no sentía dolor, lo que sentía era culpa. Una culpa más grande que la suma de mis emociones.
Ella sonreía y me tomaba de las manos, desesperado yo la solté y salí corriendo de ese lugar.
Tú casa estaba a una cuantas cuadras y decidí ir a por ti. Debía contarte lo sucedido pues nunca había fallado tanto a alguien en mi vida. Cuando toqué el timbre tu mamá me anunció que no te encontrabas y que habías ido a un pequeño parque solitario al que nadie iba.
Caminé hasta ese lugar muriendo de miedo por lo que me dirías. Aunque me asustaba mucho más que te diera igual.
Te vi sentada bajo un árbol, escribiendo algo en un cuaderno. Tan linda e interesante como siempre.
Sentado junto a ti te decidiste a hablarme.
-Tú... -pronunciaste con una voz titubeante.
-Tengo algo que decirte. -anuncié y no volteaste a verme, seguramente si lo hacías te hubises dado cuenta de que no era nada bueno lo que tenía que decir.
-Te hice esto... -dijiste sin darme importancia alguna. Una hoja de tu cuaderno reposaba en mis manos, era una carta la cual leí en ese mismo momento.
"Querido Ethan.
Sé que todas las personas hablan de mí como si fuese el mismísimo demonio en persona. Siempre fui arrogante y orgullosa así que no los culpo por ello.
Las peleas entre nosotros, tú defendiéndome siempre, a toda costa de aquellas personas que gustan y disfrutan de dañarme por dentro. Tú siempre proteges mi mundo y eres el único que no se ha atrevido a lastimarme.
Lamento ser tan cotilla contigo, lamento causarte tantos problemas, tú nunca me has fallado y admiró tanto tu forma de ser. Cuando todos veían oscuridad en mi, el único chico que vio mas allá de eso fuiste tú.
Él único que logra sacar mi lado más sensible y débil eres tú. Y ruego a Dios que nunca te vayas de mi lado".
Y en una esquina del papel escribía Ethan y Nina, siempre juntos.
Recuerdo haber soltado unas cuantas lágrimas que tú no lograste ver. Poco después te abracé y tú te acomodaste en mi regazo.
-¿Qué querías decirme? -citaste.
Me quedé callado un momento hasta que me decidí finalmente a abrir la boca -No he sido la mejor persona del mundo como tú piensas de mí. -alcancé a decir. Mi voz era leve y me costaba mucho dejar de suspirar.
-¿Ah?...
-Tenemos que hablar de esto. De lo que está pasando.
Te soltaste de nuestro abrazo y te situaste delante de mi. Tus ojos enrojecieron precipitándose a lo que pasaría.
-Besé a Rosie... -anuncié sin más. Rompiste en llanto y me diste una bofetada.
-Todas las personas que quiero se van de mi vida. No nací para ser feliz. -dijiste entre sollozos y corriste sin consuelo a tu casa.
-¡Nina, espera! -grité y no volteaste.
Y aún no supero toda la culpa que tuve. Al siguiente día todo el colegio hablaba de ti, todos los que te odiaban empezaron a amarte, porque nunca puedieron amar en vida a alguien. Los bravucones que te pretendían me golpearon hasta que tuvieron que llevarme al hospital. A la semana siguiente me enteré de tu suicidio Nina, pues nadie me lo había mencionado, supuestamente era por mi bien.
Sentí mi mundo entero derrumbarse.
Ahora estoy tan dañado por dentro, tanto que no me creo capaz de amar de nuevo. Todo fue culpa mía, y con miedo aceptaré mi destino. El destino que merece un desahuciado como yo.
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