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25 de septiembre 2011
Abigail comenzó a preparar sus maletas, es día partiría hasta Changwon para instalarse, su padre había estado bastante misterioso el último mes, y se veía más cansado de lo normal.
A Abigail le estaba pesando en el alma dejar a su padre solo en Daegu, pero las residencias estudiantiles eran exclusivamente para aquellos que entraban en aquel instituto, por lo que no tenía muchas opciones. Era necesario dejarlo.
"Tu futuro vale mucho Abigail, no trabaje duro durante tantos años para que te doblegues por mí en la recta final"
Había escuchado tanto esa frase las últimas semanas que ya se hacía costumbre recordarlo sin sentir ningún tipo de remordimiento. Aún así, en el fondo de su corazón, Abigail solo deseaba pasar unos momentos más al lado de su padre. No practicando... tampoco estudiando para sus próximos exámenes, simplemente pasar tiempo de calidad con su progenitor.
—Abigail, ya es hora de partir. —la llamo su padre, quien está fuera de la habitación esperando para despedir a su hija.
La pequeña niña cierra su última maleta y la toma para salir de la habitación.
Salió de la casa y se dirigió hasta el auto que la esperaba afuera para llevarla al instituto que pronto se convertiría en su nuevo hogar por los siguientes años. Se detuvo antes de subir y miró a su padre por última vez.
—Deja de mirarme así hija mía, nos veremos en vacaciones, no nos estamos separando para siempre.
Oh, eso era lo que Eden pensaba.
Abigail suspiro y asintió obediente. Después subió al auto sin más que decir o hacer.
El auto arranco de inmediato, la pequeña niña solo podía ver como la figura de su viejo padre se hacía cada vez más pequeña hasta desaparecer por completo de su campo de visión.
No esperaba para nada una despedida emotiva, ni siquiera podía esperar un simple "Te quiero" por parte de su padre. Un abrazo tal vez... Pero ni siquiera eso fue lo que sucedió.
Tal vez no quería mostrarse débil ante su hija y por eso no lo hizo. Sí, eso era.
Se convenció a si misma mientras frotaba sus manos en sus piernas, saco del bolsillo de su pantalón su reproductor de música y conecto los auriculares para matar el tiempo del trayecto hasta Busan, estaría en aquel auto al menos unas dos horas. Por lo que no tenía mucho que hacer.
...
El transcurso fue largo, pero Abigail solo había estado consciente de ello los primeros treinta minutos puesto que se había quedado dormida el resto del viaje. El hombre cuyo nombre no sabía la había despertado, dándole aviso de que acababan de llegar.
La niña bajo del auto y el chofer muy amable, la ayudo a bajar sus cosas del maletero y llevarlas hasta la entrada del instituto. Dentro de este ya se encontraba el rector y la coordinadora de aquellas instalaciones, fue la última niña en llegar, todos los demás se habían ido el día anterior por el inminente clima lluvioso que haría al día siguiente, aun así el padre de Abigail decidió dejarla ir hasta el día siguiente, según él, lo mejor siempre llega al final y no era para menos pues al aproximarse a la entrada de la institución, la esperaban el rector y su esposa junto a otro chico que parecía ser al menos un año mayor que ella.
Abigail llegó hasta ellos e hizo una reverencia delante de los mayores.
—Hola, yo soy Abigail Abernathy, es un gusto conocerlos.
—El gusto es nuestro jovencita, mi esposa y yo hemos escuchado muchas cosas maravillosas acerca de ti, y nos sentimos honrados de que puedas formar parte de esta academia para desempeñar mucho mejor tus habilidades. —dijo el hombre mayor, con una sonrisa de boca cerrada.
—Es tu primer día aquí, por lo que dejaremos que te instales y mañana comenzaremos con las clases. —mencionó la mujer, llevaba puesto un elegante vestido café a cuadros—. Él es Park Jimin, será tu guía y compañero de clase durante tu estadía en los próximos años.
—Es un gusto conocerte Abigail. —el muchacho le sonrió y ella hizo una leve reverencia para él.
—El gusto es mío Park Jimin.
—Adelante querida, sigue a Jimin, él te llevara a tu residencia y te dará un recorrido por el instituto.
La niña se acercó al chico pelinegro de mejillas regordetas.
—Permíteme llevar tu equipaje. —menciona él, Abigail no muy segura de la idea, le pasa sus maletas.
Abigail iba detrás de Jimin mientras examinaba los alrededores, los grandes edificios que conformaban salones y residencias parecía ser. Pero lo que capto su completa atención no fueron las edificaciones. Fuera de estas y adornando gran parte de la institución, se encontraban arboles de cerezo enormes que tenían un color un poco más oscuro de lo normal, y eso solo hacía más presente el recuerdo de su antigua escuela en temporada de otoño.
No obstante el recuerdo no era para nada lindo, ni melancólico sino que, en cambio le traía solo aquellos momentos en los que, sus compañeras la denigraban, la agredían e insultaban por el simple hecho de tener aquel color de cabello.
...
Abigail comprimió sus manos en puños y retuvo la respiración mientras se alejaba de las tres niñas frente a ella, no estaba asustada, pero la cercanía que aquellas tres niñas le proporcionaban la hacia jadear por el acorralamiento.
—Sácalo ahora Hye-won. —la castaña asintió y se sacó la goma de mascar de su boca y se la dio a HyuRi—. ¿Tanto te gusta tu cabello? bueno yo creo que le hace falta un adorno.
Abigail quería correr pero la habían acorralado en aquella esquina donde, había un simple árbol de cerezo que no la ayudaba en nada.
—HyuRi, que asco ¡ahora la rara va tener que cortarse el cabello! —Jin Joo se burló mientras que tomaba uno de los brazos de Abigail y una castaña bajita del otro.
Abigail no comprendía nada, y a pesar de la situación en la que se encontraba, sorprendentemente en lo único que podía pensar en ese momento era en lo desconcertada que se sentía ante las sensaciones que estaba experimentando, estaba frustrada ya que sus ojos picaban y pocos segundos después comenzaron a derramar lagrimas, su respiración era entrecortada y quería saber el porqué se sentía así, era algo que nunca antes había experimentado y estaba muy confundida por ello. No tuvo ni siquiera una oportunidad de reaccionar cuando la niña que estaba frente ella estaba por pegar aquella goma de mascar sobre su cabello, solo se aguantó y cerró los ojos esperando por aquel asqueroso y denigrante acto de aquellas personas.
...
—Hey ¿Estas bien?
Una voz la hizo volver a la realidad, sacudió su cabeza repetidas veces en señal de afirmación.
—Lo lamentó, no estaba prestando atención —se disculpó y sobo la parte de atrás de su brazo.
—Aigoo no te preocupes. Te decía, este edificio de en frente son los dormitorios de las chicas —Abigail observo el lugar a donde mostraba el chico y asintió —. Y el que está al lado es de los chicos.
—¿Tengo que entrar sola?
—Pues, a menos que me disfrace de chica y la portera Oh Dan-Ah no se dé cuenta, creo que sí, tendrás que hacerlo sola. —la pelirroja sonrió de manera divertida, el chico de nombre Jimin parecía ser alguien con buen humor —. Antes de que vayas, quisiera pedirte tu número y así poder comunicarte de cualquier cosa que pase.
—No tengo un teléfono.
El pelinegro frunció su ceño y después negó.
—Está bien, bueno entonces nos encontramos aquí como en una hora, así termino de mostrarte la escuela ¿Te parece?
Abigail asintió y se despidió de Jimin agitando su mano. Luego de dar unos cuantos pasos más, llegó a la residencia femenil, dio sus datos y la portera mayor no tardó en entregarle las llaves y darle el número de la habitación que se le había asignado.
Al ya estar dentro de aquella pequeña pero a la vez espaciosa habitación, relajó sus hombros y observó que había una litera y una cama individual frente a la ventana que daba una buena vista de la entrada a la institución.
Estaba tan concentrada en la apariencia de la habitación que no se había percatado de que había alguien más dentro, hasta que esta asomó la cabeza por lo que suponía era el cuarto de baño.
—¡Hola! Tú debes ser la nueva roomie, es un gusto conocerte...
—Abigail, Abigail Abernathy.
—Eso, Abigail es un placer conocerte mi nombre es SuRi y soy tu compañera de cuarto junto con...
—Déjalo Choi SuRi, puedo presentarme yo sola.
Abigail giró su cabeza un par de grados, solo para ver a una preciosa rubia sacudiendo sus manos para limpiar cualquier residuo de lo que sea que tuviera en ellas.
—EonNi ¿Ya ha quedado libre el escusado? No quiero entrar y volver a ver eso.
—Sí sí, es todo tuyo dramática chillona.
—Uh...
Ambas chicas voltearon para ver a la pelirroja, la rubia le hizo una seña a SuRi para que entrara al baño, esta de inmediato asintió.
—Muchas gracias, y bienvenida Abigail. —sin decir nada más, se adentró al baño y poco después se escuchó el agua de la ducha caer.
—Jeon EonNi, estudiante de Artes Visuales de segundo año.
Abigail realizó una reverencia y la rubia soltó una carcajada.
—Oye, puedes tutear conmigo, no me gusta que me traten con formalidad a menos que realmente se necesite.
—De acuerdo. —la pelirroja estaba algo confundida, no estaba acostumbrada a tutear con alguien mayor a ella, ni siquiera con su padre lo hacía. La chica parecía ser algo extraña.
—Bueno ¿Y tú a qué área entraste? Te ves muy atlética y no creo que hayas entrado al edificio de literatura tampoco.
—Danzas contemporáneas, de hecho.
—Ya decía yo, así que Estarás en el área de esas niñas presumidas que también acaban de llegar, ¿Verdad? Dios, te compadezco.
—Te refieres a...
—Mon HyuRi y sus secuaces, sí, esa niña necesita unas buenas lecciones de vida para que baje de su nube de superioridad. El día de ayer se la paso incomodando a los demás y escuche que hizo que la cambiaran de habitación a una donde estuvieran sus mascotas porque la chica que iba a compartir habitación con ella no era digna. Es una mimada.—terminó la rubia y para seguido de eso lanzarse contra el colchón de la cama inferior de la litera.
—Ella estuvo conmigo en la escuela de Daegu. —musitó, no le preocupaba el hecho de que su peor pesadilla estuviera en el mismo sitio que ella, le preocupaba volver a tener esos encuentros de violencia.
—¿En serio? Creí que eras de la providencia de Seocho-Gu, los extranjeros siempre prefieren quedarse en Seúl.
—Mi padre siempre ha preferido el campo a la ciudad, los espacios son más... Tranquilos.
—Bueno pues, bienvenida a la cuidad, no es tan grande en comparación a otras providencias como las de la capital, pero es bastante decente.
—Gracias.
La habitación se quedó en silencio y Abigail se dirigió a sentarse en la única cama que quedaba desalojada, dejo sus maletas de lado y se sentó en esta, por lo menos tendría una cama individual. Sin contar que esta quedaba justo al lado de la ventana, la vista era preciosa.
La pelirroja se acercó al ventanal y observó por fuera de esta, los estudiantes iban y venían, algunos solos, otros en grupo. Pudo alcanzar a visualizar al chico que la llevo hasta el dormitorio hacia menos de veinte minutos, estaba junto a otros dos chicos y parecía estar teniendo una conversación muy graciosa por la forma en la que reían. Luego de unos minutos, los dos chicos se fueron, dejando solo al más bajito, este miraba su reloj, parecía estar esperando a alguien.
Recordó lo que había dicho, aún tenía que terminar de conocer la institución. Probablemente la estuviera esperando a ella.
Abigail se apeno, y a paso apresurado salió de la habitación, avisándole a su compañera que regresaría.
En tanto estuvo fuera de la residencia, tomó paso hasta llegar al chico, quien la miró amablemente.
—Perdona, he llegado algo tarde.
—No hay problema, de cualquier modo el día de hoy no tengo nada que hacer, claro, además de dar un recorrido contigo. El tiempo solo es un número. No te preocupes. —él la observaba de forma relajada, le parecía tierno que la niña se preocupara tanto por llegar tarde siendo que solo habían pasado unos minutos—¿Estás lista para seguir? Aún falta la biblioteca, las aulas y los espacios recreativos.
—Seguro.
...
El tiempo transcurrió rápido, entre el recorrido y la charla que le hacia Jimin a la pelirroja que a penas y contestaba con unas pocas palabras. La tarde termino, dándole paso a una hermosa puesta de sol que indicaba el pronto anochecer.
—Fue muy agradable hablar contigo. Bueno, aunque creo que yo he dicho más que tú —comento el pelinegro, avergonzado de sí mismo mientras reía un poco.
—Discúlpame, no estoy acostumbrada a nada de esto —confesó ella, mirándolo a los ojos, Jimin se sintió un poco intimidado por la mirada azulada de la chica—. La verdad es que tu compañía también es muy agradable y te agradezco que me hayas ayudado.
Jimin asintió y le dedico una reluciente sonrisa de ojos, cosa que para Abigail, fue peculiarmente bonito.
—Te he comentado que, estaremos juntos en la clase de contemporáneo. La primera clase de mañana es temprano uh... ¿te gustaría que pasara por ti para que vayamos juntos?
Abigail negó suavemente.
—No quisiera molestarte, ya has hecho mucho por mí el día de hoy.
Jimin bufo divertido.
—Que va, mi dormitorio esta atrás del tuyo, esperarte no será problema, a menos que llegues tarde. —una carcajada nasal salió de él y luego se aclaró la garganta—, Pero claro, si te incomoda eso, no tengo ningún problema tampoco.
La niña agito su cabeza.
—En absoluto.
Jimin la miro expectante y un poco nervioso, la niña le parecía muy bonita, era la primera vez que él trataba con una extranjera, normalmente los estudiantes de lenguas extranjeras eran los que trataban con los foráneos, ya que habitualmente estos no hablaban el coreano, y su ingles tampoco era el mejor. Pero cuando el rector le comento de la asistencia de una extranjera en su aula, y además de esto, que la chica también hablaba con fluidez su lengua natal. Pues bueno, Jimin acepto sin titubear para darle la bienvenida y quizá, poder crear una amistad nueva.
—¿Entonces...?
—Te veo mañana a las nueve en punto aquí mismo ¿Te parece bien?
Jimin sonrío satisfecho.
—Nos vemos mañana, Abi-ssi
—Hasta mañana.
Ambos se despidieron y cada uno se fue a su respectivo dormitorio, Abigail se sentía extraña, una nueva sensación desconocida invadió su cuerpo, sus labios se curvaron en una sonrisa traviesa sin que ella lo quisiese.
No era un malestar, tampoco sentía dolor. Simplemente una agradable calidez, una extraña y agradable calidez que había ocasionado aquel niño bajito.
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