
Un paso a la vez
-¡Estoy agotada!-exclamó Mirabel con dramatismo una vez ella, su hermana y su prima cruzaron el umbral del portón de Casita, las dos chicas mas mayores rieron ante la exageración y los divertidos gestos de la joven para expresar su cansancio.
-¡Qué exagerada eres! ¡Cómo se nota que has perdido la costumbre del trabajo duro!-se burló de buena gana Isabela al ver que a su hermana menor parecía salírsele el alma de la boca.
Mirabel la miró con una ceja arqueada, si su hermana supiera de la carga de trabajo que supone atender una cafetería y una pastelería no estaría siendo una bocazas...
-No deberías subestimar el trabajo que se desempeñan afuera, Isabela, querida, te puedo asegurar que tiene tralla para rato...
-Y sin embargo, eres tú la que se está quejando de lo duro del trabajo de aquí dentro.
Oh, touché, hermana sabelotodo...
-Venga, creo que tú tienes algo que hacer.-susurró Dolores con un tono de voz suave antes de entrelazar su brazo con el de Isabela para ir adelantándose con ella a reunirse con la familia, dejando a la menor atrás.
Había sido un largo día y el sol ya estaba ocultándose entre las montañas, era casi la hora de la cena, y las chicas hacia solo un rato que habían terminado su tarea en la biblioteca.
Pero aparte del agotamiento físico, si algo tenía a Mirabel era el sentirse mentalmente exhausta. El día había sido largo y se había enterado de un montón de movidas entre sus familiares que ni sabía qué pensar ni en cómo ayudar.
Primero su distanciamiento con sus padres, tal y como le había dicho Dolores antes, no pensó en pasar el día con ellos, ignorando que los pobres habían sufrido su ausencia por cinco años y ella debería haber pasado el rato con ellos dos antes que con nadie ¡pero no! Ni siquiera lo pensó y fue derechita hacia su prima mayor ¡por dios, no pensó en sus propios padres cuando ellos deberían haber sido su primera prioridad!
Por otro lado, estaba Antonio, aquel pequeño rollo de canela con el que había compartido una preciosa relación durante su infancia actuaba extremadamente tímido con ella como si no la conociera. Un hecho que a Mirabel le dolía demasiado pese a comprender que era algo inevitable por haber estado tanto tiempo ausente de su vida.
Después estaba su hermana mayor, Luisa, la cual parecía estar teniendo una vida aparte, lejos de la familia, en un trabajo que realmente no tenía claro qué papel desempeñaba. No tenía ni idea el cómo su trabajo con el granjero podría consumir su tiempo tanto como para hacerle pasar casi todas las noches fuera de casa, y que todo el mundo lo supiera o lo sospechara pero nadie le dijera nada, en especial su madre y abuela.
El siguiente que venía era la crisis en la vida amorosa tanto de su prima como de su otra hermana. Dolores perdidamente enamorada de Mariano, el ex pretendiente de Isabela, pero que se dedica únicamente admirarlo de lejos, buscando emular el estilo de su prima para llamar su atención, y soñando con que él decida cortejarla, quedando en un estado permanente de anhelo y decepción cuando se daba cuenta de que su situación no avanzaba, algo en lo que se había mantenido desde que sus ojos se posaron sobre el hombre por primera vez. Y por otro lado, Isabela, más atrevida de lo que Mirabel habría esperado, se había enamorado de un hombre que no se quería a sí mismo y con poca confianza en sus propios sentimientos hacia la primogénita Madrigal, y ella estaba haciendo todo lo posible por que él viera la forma genuina en que lo amaba pero a cambio solo obtenía que el chico huyera de ella como de la peste, negándose a la posibilidad de un futuro juntos.
Otra cosa que añadir a su ya larga lista de las preocupaciones en su familia, es la vida de indigente y dejadez de su tío Bruno, el cual estaba oculto entre la maleza y los árboles alejado del pueblo, escondido del mundo para no darle la cara a nadie, solo en compañía de sus inseparables ratas y, ahora, de aquellas lianas mágicas ¿en serio su tío quería vivir así el resto de su vida...?
Y lo peor de todo...su situación con Camilo.
Solo de pensarlo, Mirabel sintió que un escalofrío recorría el cuerpo. Camilo había estado, de alguna manera, a su alrededor desde que había llegado al pueblo, siempre tratando de que resolvieran sus problemas y ella no había hecho otra cosa que huir de él y, al final, solo había conseguido que su primo se enfadara con ella y finalmente se marchara y no volviera a molestarla. Mirabel quería poder sentirse aliviada por el espacio recibido pero la manera en que Camilo la había mirado antes de irse fue más de lo que podía soportar, si, no se sentía preparada para afrontar lo que hice, pero herir a su primo, otra vez, fue algo que no entraba dentro de sus intenciones pero parecía que era algo que no paraba de hacer. Si Camilo ya tenía suficientes motivos para estar enfadado con ella por lo que pasó hace cinco años, ahora le había dado más motivos para enfadarse aún más con ella, Mirabel sabía que si seguía por ese camino acabaría destruyendo por completo su relación con su primo para siempre.
Y todo eso había ocurrido en un plazo de 24 horas, y eso que todavía no sabía si se cocía algo más por parte de sus tíos Pepa y Félix, o ni siquiera si algo pasaba con la abuela Alma. Esa es otra...que de su abuela Alma, la principal causante de su quiebre y destrucción de su mundo es la persona con la que menos había interactuado y no sabía si había algo más con ella, pero por las palabras que le había dicho Bruno, tenía toda la pinta de que la abuela tenía más de lo que mostraba. Por dios, esperaba que no, no podía pensar en cargar con nada más y añadir más trama a este drama colombiano.
-Oh, dios, si es que al final acabaré volviéndome loca ¿Cómo pude lidiar con todo esto con solo quince años? Ah, sí, que no conocía la paz...-susurró lamentándose a sí misma al recordar que a sus quince había construido a su alrededor un muro de positivismo y entusiasmo para compensar su falta de don, y eso posiblemente la había hecho poder ignorar todos los problemas de su familia de sí misma.
Siempre peleando por ser tan especial como el resto de su familia mágica cuando ella tenia de mágica lo mismo que de monja, o sea ¡nada!
Se adentró en el hogar y enseguida el olor de la comida de su madre inundó sus fosas nasales, haciendo que instintivamente aspirara el aroma con deleite. No se cansaría nunca de pensar que como la comida de su madre no había comparación.
Cuando entró en la zona de la cocina fue donde contempló una bonita escena a sus ojos: Sus padres, con una alegría que le gustó contemplar, estaban bailando entre los fogones, mirándose a los ojos con la expresión de amor y felicidad que a Mirabel le tocó el corazón, al mismo tiempo que lo sintió retorcerse en culpa ¿ellos habían estado de esta manera durante el tiempo que ella no estuvo? ¿Se dieron la oportunidad de permitirse ser felices de esta manera aunque ella no estuviera? Escuchó a su padre susurrarle algo a su madre cerca del oído y que ella respondió con una alegre risa, haciendo que Mirabel sintiera cada vez más pena por el desplante que les había hecho al haber elegido irse con Dolores en vez de pasar el día con uno de ellos o con los dos.
Esos dos eran sus padres, ellos la criaron y la educaron. Su madre siempre la había colmado de mimos, preferencia, cariño y consejos, su padre era su torpe caballero de brillante armadura que incluso lleno de heridas por sus frecuentes accidentes era capaz de dar un paso adelante para defender su honor y que nadie se pusiera por encima de ella. Siempre la habían demostrado que la amaban, nunca la hicieron sentir menos y fueron su principal fuente de apoyo en todos los sentidos. Y a pesar de eso, no se le ocurrió estar con ellos en su primer día de regreso a pesar de ser consciente de lo mucho que debieron sufrir por no tenerla a su lado.
Pasó una mano por su rizado cabello, sintiendo vergüenza de sí misma, estaba claro que hiciera lo que hiciera, siempre estaría haciendo las cosas mal.
-¿Oh? ¿Miraboo?-preguntó su padre deteniendo su baile con su esposa al ver a su hija menor parada en el marco de la cocina.
-¡Mirabel, mi niña!-saludó Julieta, claramente contenta de verla, yendo rauda a darle un beso en la mejilla.-¿Qué tal te ha ido el día? ¿Te lo has pasado bien con Dolores e Isabela? ¿Has podido saludar a alguien del pueblo? ¡Tienes que contárnoslo todo!
Mirabel miró fijamente a su madre durante unos segundos ¿por qué su madre actuaba tan...así? No sé porque una parte de ella quería que sus padres se mostraran decepcionados o algo así, porque...ni siquiera sabía por qué...¿quizá un modo de minimizar su sentido de culpa?
"A veces, las personas que hacen cosas malas buscan formas de auto castigarse" había escuchado alguna vez en una de las clases de filosofía cuando estudiaba en San Fransokyo. Nunca había pensado en esa frase hasta ahora...que curioso.
-Ha sido un día de locos.-admitió esbozando una sonrisa, intentando dejar de lado sus caóticos pensamientos, que no la llevaban a ninguna parte.-Ya no recordaba lo que era trabajar en cosas así, el trabajo de fuera es también duro, pero es diferente al que hay aquí, y desde luego, menos recuerdo el trabajar junto a vosotros cuando ya no están los dones para facilitar el trabajo.
Julieta y Agustín rieron ante las palabras de su hija, pero parecían felices de verla integrándose de nuevo con sus familiares y con el pueblo.
-Bienvenida a mi mundo, Miraboo-dijo Agustín en tono de broma.-Cuando todos tuvimos que volver a la rutina diaria mientras reconstruíamos nuestra casa, a todos nos tocó adaptarnos el tener que tomar los trabajos sin recurrir a los dones. Bueno, tu tío y yo nunca hemos poseído un don y siempre hemos contribuido solo con el uso de nuestras manos, aunque ya sabemos que a Félix se le da mejor eso que al torpe de tu padre.-su mujer e hija no pudieron evitar soltar una carcajada ante su comentario, está claro que a Agustín no le acomplejaba nada su torpe naturaleza-Pero no puedo no admitir que fue divertido ver a los bendecidos tener que adaptarse a los trabajos como los corrientes mortales sin bendición.
-Oh, Agustín.-sonrió Julieta al ver por dónde iba el comentario de su marido, antes su divertido y dramático tono de voz.
-Y por una vez en todo nuestro matrimonio, era yo el que tenía que enseñar a tu madre lo que era vivir como una persona normal.-siguió diciendo causando que Julieta se cubriera los ojos con una mano sin dejar de sonreír.-¡Tendrías que haberla visto, Miraboo! ¡Tu madre siendo más torpecilla que yo era algo digno de ver!
-Nunca vas a dejar pasar eso ¿verdad?
-Mi amor, luego de ser siempre el torpe marido de la grandiosa Julieta Madrigal perdona que me resulte divertido verte recurrir a mis habilidades no bendecidas para adaptarse a la vida no mágica. Y ¿por qué no? poder ser yo quién te saque de apuros en vez de que sea al revés es un poco gratificante.
-¡Ay, que tonto eres!-dijo empujando a su marido en el rostro con la mano, para diversión de aquel.-Pero sabes que has sido indispensable para mí siempre, con don o sin don, mi amor.
Mirabel solo podía observarlos mientras reía, sus padres eran sin duda un matrimonio bien avenido y demasiado adorable ¡ya le gustaría a ella algún día tener una relación como la de ellos!
-¿Te preocupa algo, cariño?-preguntó entonces Julieta, al ver un atisbo de nerviosismo en la mirada de su hija.
Mirabel jugueteó con sus manos por unos segundos, planteándose si contárselo o no, pero decidida a dejar de lado sus miedos, dio un paso adelante.
-Creo que no he sido muy considerada con vosotros-Julieta y Agustín parpadearon confundidos por sus palabras.
-Cariño ¿a qué te refieres?
-No me había dado cuenta hasta esta tarde, y solo porque Dolores es la que me lo ha hecho notar, pero creo que no me he portado bien con vosotros cuando esta mañana decidí pasar el día con ella en vez de con vosotros.
Agustín y Julieta se miraron entre ellos, sorprendidos de escuchar a su hija decir eso ¿Por qué?
-¡Pero, mi niña! ¿Por qué piensas en algo así? Yo misma te animé a que eligieras a quién quisieras para pasar el día. Si hoy con quién te apetecía pasarlo era con tu prima ¡bien está! Nosotros solo queríamos que te sintieras cómoda estando de nuevo con la familia.-aseguró Julieta tomando a su hija del mentón para que la mirara y viera que ni ella ni su padre estaban enfadados con ella.
-Ese es el problema, no es que estuviera con muchas ganas de pasar el día con Dolores. Lo que pasa es que pensé que ella era el punto de inicio más neutro por el que empezar-fue duro tener que confesar eso a sus padres, especialmente al verlos mirarse entre ellos con preocupación.-Quiero a Dolores y sé que ella me quiere a mí, pero haciendo honor a la verdad, ella y yo no somos las más cercanas. Supongo que es cosa de nuestra diferencia de edad, o que en realidad ella es más cercana a Isabela...-río ligeramente-Por eso, como de los nietos ella es la persona por la que tengo menos apego es por lo que pensé que podría comenzar con ella para volver acercarme a todos pero la verdad es que si la elegí a ella fue porque acercarme a los que tengo una relación más estrecha me daba miedo.
-¿Miedo...? Miraboo ¿estabas asustadas de nosotros?-cuestionó Agustín con un hilo de voz, como padre, escuchar algo así de boca de su hija era algo que dolía más de lo que lo haría cualquiera de los accidentes a los que era propenso.
-Miedo, vergüenza, tensión...de todo-apretó los labios con nerviosismo antes de continuar.-Me he dado cuenta desde que he llegado, pero me está costando un esfuerzo titánico el poder sentirme en confianza con la familia. Os quiero, eso que no os dude. Pero hay una parte muy fuerte de mí que lo único que quiere es evitar cualquier interacción por miedo a que alguien, quién sea, me eche en cara que hubiera desaparecido hace cinco años y que me hagan entender que no debería de haber vuelto, que tal vez el poco sitio que ocupaba aquí terminó por desaparecer conmigo o con la magia en sí y...
Antes de que pudiera terminar de decir aquello, Julieta y Agustín atraparon a Mirabel entre sus brazos, estrechándola contra ellos con fuerza.
-Cariño, no importa qué, tu padre y tu madre siempre van a quererte-aseguró Agustín
-Mi amor, por supuesto que habríamos estado más que encantados de que hubieras estado con nosotros hoy pero tenemos mucho tiempo por delante para hacerlo. Yo también pensé igual que tu abuela, y que el empezaras a estar con tus primos y tus hermanas era el mejor método para que te sintieras a gusto en casa otra vez. Nosotros somos mayores y somos tus padres, habría sido inevitable que te hubiéramos agobiado porque habríamos querido estar pegajosos contigo todo el tiempo y quizá eso no te habría gustado. No sabemos realmente qué es lo que te gusta ahora o qué te haría sentir cómoda, por ello pensamos que lo mejor era que tu marcaras tu ritmo...
-Así que no necesitas agobiarte por nuestros sentimientos, nosotros somos adultos ¡y llevamos siendo adultos mucho más tiempo que tú! Y si algo de esto nos hubiera molestado o herido, te lo habríamos dicho como la adulta que ahora también eres.
-Nosotros vamos a estar aquí cuando te apetezca estar con nosotros, tu padre y yo estamos deseando que nos cuentes a detalle todo cuanto has visto.
Emocionada por lo que escuchaba, Mirabel aguantó las ganas de echarse a llorar ahí mismo. Los cálidos brazos de sus padres la envolvían, haciendo que volviera a sentirse como una niña, sana y salva con ellos.
Pero no podía dejarse llevar ahora mismo por los sentimientos, tenía más cosas que arreglar. Infinidad de cosas que arreglar, si era honesta.
-¿Habéis visto a Camilo?
A Julieta se le iluminó los ojos al escuchar a su hija nombrar a su sobrino ¡por fin su hija parecía interesarse por el estado de Camilo!
-¿Ha pasado algo con él?-preguntó entonces Agustín antes de que su mujer pudiera preguntar nada.-Ha vuelto hace un rato del ensayo con el grupo de teatro de la iglesia con un humor de perros y se ha encerrado en su habitación. Al parecer ha tenido varios errores en su actuación y quiere ensayar por su cuenta, nos ha pedido específicamente que no le molestemos para nada.
Mirabel se encogió de hombros al escucharlo ¡sí que Camilo debía de estar muy enfadado como para que eso afectara a su actuación!
-¿En serio ha hecho eso?
-No es la primera vez que lo hace.-señaló Julieta-Camilo se toma muy en serio su lugar con el grupo de teatro. Es su lugar en el mundo y fallar en ello siempre le ha puesto nervioso, cuando eso ocurre, se acaba aislando en su habitación para practicar sus líneas y nunca se detiene hasta que corrige sus errores pero...
-¿Pero...?-preguntó Mirabel, ese "pero" no le sonaba bien.
-Aunque Camilo siempre se frustra cuando falla, hoy parecía que tenía la cabeza en otro lado. No sé qué le ha pasado pero no creo que haya tenido nada que ver con su actuación en si.-comentó Julieta cruzándose de brazos al pensar en su sobrino favorito.
Aquel chico siempre le hablaba de sus problemas, nunca la dejaba sin respuesta a no ser que estuviera demasiado enfadado como para hablar en ese momento y ese es un punto difícil de llegar en Camilo. No para un chico tan risueño y positivo como él que se encargaba de darle alegría y diversión a todos los del pueblo con su gran talento para la actuación, y menos aún que, cuando ocurre, no recurra a ella en busca de consejo o consuelo como siempre había hecho.
-¿Tú sabes algo, Miraboo?-repitió Agustín, también intrigado por el comportamiento del camaleón.
Mirabel se mordió los labios, dejándole de esa manera claro a sus padres que si tenía una idea de lo que pasaba, pero no dijeron nada en ese momento, esperando que ella misma decidiera a contárselo. Ella no tardó en decidirse a hablar:
-Antes, cuando estaba ayudando a Dolores a sacar los instrumentos del aula de música del colegio, Camilo llegó junto a la banda y...
Entendiendo por donde iba la cosa, ambos progenitores torcieron sus gestos.
-¿No me digáis que os habéis vuelto a pelear?
-Oh, cariño...-susurró Julieta volviendo a tomar las mejillas de su hija para acariciarla.
-Ay, cielo ¿Qué os pasa...? Desde que has vuelto parece que no hacéis otra cosa más que pelearos-preguntó Agustín con un tono de voz de preocupación.
-¡Cómo me gustaría poder responder a eso, pá!-admitió Mirabel dando un suspiro.-Hemos tenido una enganchada en el colegio y...bueno, no me he portado bien con él, otra vez-dijo esto último con decepción.-Y sé que le debo una disculpa así que...¿creéis que me cerrará la puerta en la cara si...?
-Si te soy sincero, cariño, creo que deberías dejarle un poco de espacio...-susurró Agustín pero antes de añadir algo más, su esposa se adelantó con total seguridad:
-Pero ten por seguro que cuando se haya calmado lo suficiente y te escuche decir que quieres hablar con él, Camilo te recibirá con los brazos abiertos ¡no te haces una idea de lo mucho que tu primo te ha echado de menos y lo ansioso que está por hablar contigo!
Ni siquiera sabía el sufrimiento de Camilo por su ausencia, eso le habría gustado poder decir Julieta, pero debido a los deseos de su sobrino decidió dejar ese dato para sí misma.
Mirabel volvió a sonreír para luego asentir con la cabeza, y tras tener un par de palabras más con ellos, decidió reunirse con el resto de sus familiares en el comedor. Hablaría con Camilo después de la cena, estaba convencida que luego de comer algo estaría más receptivo.
Justo al entrar, se topó que Miguel también entraba desde el otro lado junto a Antonio que reía divertido mientras se abrazaba a la cintura del mexicano.
-Pero bueno, Superstar ¿ya has hecho un amigo en el pueblo y sin que estuviera yo presente? ¡Pero qué mayor, estoy orgullosa de ti!
Miguel, al oírla rodó los ojos, antes de acercarse a ella para darle un beso en la mejilla, ganándose una mirada de advertencia de Pepa, diciéndoles con ella que fueran discretos, aunque ninguno de los dos chicos pudo ver su gesto.
-Chistosita, Butterfly, si es que...-susurró Miguel estirándole de la otra mejilla, haciéndola reír.
Entonces el mexicano cruzó miradas con el pequeño, el cual miraba atento a la interacción entre ellos y, al ver que era observado, se medio ruborizó. Miguel hizo un gesto con la cabeza, confundiendo a Miguel, y Antonio se acercó despacio a ella, esta vez con las manos a la espalda.
-¿Toñito...? ¿Todo bien?-preguntó ante la actitud del niño.
Antonio medio balbuceó algo inentendible, antes de volver a mirar a Miguel, el cual repitió el gesto con la cabeza. El menor suspiró y, antes de que Mirabel pudiera preguntar algo más, se acercó hacia su prima y, para sorpresa de ésta, la rodeó la cintura con sus delgados brazos, estrechándose contra ella con fuerza.
Mirabel prácticamente quedó muda, sin moverse del sitio cuando sintió el menudo cuerpo de su primo menor contra el suyo. Antonio había crecido mucho desde la última vez que le vio, lo suficiente como para que su altura fuera suficiente como para que su cabeza llegara hasta los pechos de ella. Antonio, abochornado de su acto, intentaba esconder su resto en los pechos de ella para que no le mirara o se moriría ahí mismo, peor le sentaba al ver que ella no le correspondía el abrazo.
¿Acaso estaba haciendo algo fuera de lugar? ¡Solo quería que lo abrazara! ¡O esto sería algo demasiado vergonzoso para él!
Mirabel miró a Miguel, el cual le asintió más que feliz, y ella, tan suave y despacio como pudo, rodeó al menor con sus brazos y lo apretó contra ella, escuchándolo lanzar un jadeo de sorpresa.
Tímidamente, Antonio se asomó para mirarla a la cara, encontrándose con una mirada tan maternal, tan parecida a la de su propia madre, que una parte de su corazón sintió el deseo de llorar de emoción, aunque no era capaz de entender ese revoltijo de sentimientos que le embargaban al ver esa mirada de su prima hacia él.
-Estoy tan contento de verte...-fue lo único que salió de los labios del niño, salidas por inercia como surgiendo desde lo más hondo antes de volver a esconderse en su pecho y dejar escapar un sollozo.
-Parcerito...-susurró Mirabel apretándolo contra ella ¡su Toñito...! ¡Su precioso y querido niño!
Pero entonces Antonio se separó de golpe de ella, con ojos brillantes, una temblorosa sonrisa y el rostro ruborizado hasta la raíz del cabello. Claramente, el pobre había llegado a su límite con aquella interacción y la vergüenza se había apoderado de él, a pesar del sentimiento de gozo que se le había instalado en el estómago. Dio algo parecido a un chillido de emoción antes de marcharse raudo hacia su madre Pepa, la cual se había cruzado en su campo de visión, para ayudarla a poner la mesa para la cena, buscando de esa manera tranquilizarse.
Sorprendida tanto por su huida como el abrazo anteriormente recibido, Mirabel lo siguió con la mirada antes de dirigirse a su amigo.
-¿Qué es lo que le has dicho?
-Nada que le obligase hacer algo que no quisiera hacer, si es lo que te preocupa.-señaló Miguel.-Solo le he contado algunas que tu misma me has contado respecto a vuestra relación. Es verdad que ese chamaco no se acuerda de la mayor parte de su vida contigo, pero parece que le gusta saber que incluso estando fuera te has acordado de él.
-Oh...¿Toñito pensaba que me había olvidado de él?-susurró apenada Mirabel, volviendo a mirar a su pequeño primo que, fiel a su tímida naturaleza, ahora evitaba mirarla mientras se afanaba en poner la mesa.
-Si, pero no tienes que preocuparte por él. Antonio quiere volver acercarse a ti pero le da vergüenza hacerlo, nada que un poco de tiempo no pueda solucionar ¡y oye un abrazo y el decir que está contento de verte es un excelente comienzo!
Mirabel asintió vigorosamente estando de acuerdo con él, aunque su alegría se vio opacada cuando cayó en la cuenta de que su tímido primo era incluso más valiente que ella pese a ser más joven. Él solito había decidido por su cuenta dar un paso para acercarse a ella pese a que sus memorias sobre ellos eran más bien difusas, y sin embargo, se atrevió a intentar retomar el contacto.
Le daba vergüenza tener que admitir que debería tomar ejemplo de su primo menor.
-A todo esto ¿Cómo es que tu estabas con Toñito? ¿No deberías haber estado en el taller de Severiano?-preguntó Mirabel al caer en la cuenta de que Miguel no debería haber pasado tiempo con Antonio, por incompatibilidad de horarios.
Se extrañó cuando vio que Miguel fruncía el ceño y resopló enfadado.
-Vale, esa cara no me gusta ¿Qué ha pasado?
-Oh, digamos que me he estado enterando de cosas que no son plato de buen gusto oír...-siseó entre dientes el mexicano para confusión de la de gafas, pero al ver que el sitio estaba lleno de casi todos los Madrigal, decidió negar con la cabeza.-Te pondré al tanto después, hay demasiada gente y he prometido que no le contaría nada a la familia, así que cuando tengamos un momento, nos escabullimos y te cuento.
Mirabel, intrigada, asintió con la cabeza, justo antes de que la abuela Alma anunciara que era hora de sentarse a cenar.
Apenas minutos después, todos ya estaban sentados en la larga mesa, Mirabel notó la ausencia de Camilo, su silla estaba vacía. Cruzó miradas con Dolores, preguntándole sobre la ubicación del camaleón, su contestación fue solo encogerse de hombros y dar un cabeceo señalando hacia arriba, dándole entender que él seguía en su habitación ¿en serio ni siquiera iba a presentarse a cenar con toda la familia solo porque estaba enfadado con ella?
-Miguel, Severiano me ha dicho que no te has presentado a su taller ¿hay algún motivo para ello?-fue la pregunta de boca de Alma que Mirabel se olvidó de su primo para ver al aludido, el cual estaba sirviéndose un poco de ensalada en su plato.
Miguel, que ya se esperaba esa pregunta y ya tenía una ridícula excusa...
-Pues digamos que yo pensaba que recordaba el camino pero para cuando quise darme cuenta acabé fuera del pueblo.-confesó luciendo abochornado, aunque técnicamente eso no era mentira.
-¡Yo le vi desde la ventana de mi clase!-dijo Antonio casi inmediatamente, atrayendo la atención de todos sus familiares.-¡Fue muy divertido! Porque le vi que fue perseguido por un jaguar
-¡¿Por un jaguar?!
-¡PFFFF!-rápidamente Mirabel se tapó la boca con ambas manos ante el ataque de risa que estuvo por darle en ese momento al escuchar a Antonio.
-¿Te parece divertido que tu amigo fuera perseguido por un animal salvaje, Mirabel?-preguntó Alma consternada al ver la reacción de su nieta.
-¡Para nada, es que...! uf...es que pensé que era mucha mala suerte. Cuando Miguel y yo llegamos a Encanto también nos persiguió un jaguar.
-Espera ¡¿qué?!-exclamaron todos, incluso el pequeño Antonio, el cual no estaba enterado de ese dato.
-No estoy segura de sí era si era tú jaguar o si era otro,-comentó mirando a Antonio-pero cuando llegamos a Encanto nos topamos con él y nos estuvo persiguiendo hasta que llegamos al pueblo ¡uf casi no lo contamos! ¡Ese bicho parecía hambriento! No nos atrapó de milagro.
-Y parece que le tomó el gusto, porque quiso repetir.-musitó Miguel con una risita.-Aunque me alegro de que no lo hiciera, no estoy seguro de que hubiera salido bien parado si me hubiera pillado.
Alma, consternada por lo que estaba escuchando, se acomodó mejor en su asiento antes de dirigirse a su hija.
-Pepa, mañana te pido que acompañes a Miguel con Severiano, es mejor que al menos mañana alguien le acompañe al taller para que pueda recordar el camino.
-¡Por supuesto, mamá! No hay problema
-Pero tu procura no salir nunca del pueblo aunque no recuerdes el camino, pregunta siempre a la gente, nadie te mirará mal ni te dará la espalda si lo haces.-regañó Alma haciendo que Miguel se rascara la nuca con bochorno.
-Si, señora, no volverá a repetirse.-prometió con solemnidad, aunque eso le hizo tomar nota de que debía tener cuidado con sus pasos a partir de ahora, se imaginaba que doña Alma le pediría a los del pueblo que estuvieran atentos a él y si eso se daba demasiado no tendría oportunidades de volver a pasarse por la casa de Bruno, no al menos sin Antonio o sin Mirabel.
-Oye, ya que estamos, hay cosas que nos gustaría saber del exterior-dijo Félix, animado-Nuestro pueblo lleva 55 años aislados y no sabemos mucho de lo que ha pasado fuera en todo este tiempo. Dime, Miguel ¿qué cosas interesantes han pasado mientras nosotros estábamos aquí?
Todos, al parecer también interesados, miraron directamente a Miguel, el cual, confundido, sonrió de manera circunstancial.
-La verdad es que no estoy seguro de qué contar, es decir ¿política? ¿moda? ¿tecnología? Es que en solo 55 años ha habido muchos cambios ¡demasiados! Y no sabría por dónde pensar y que, de paso, no os explote la cabeza con todo lo nuevo que hay afuera.
-Pf ¡ya te digo! No veas cuando les enseñe a mis hermanas todas las cosas que podía hacer con mi teléfono.
-¿En serio fuiste tan a saco como para mostrarles el teléfono? Mirabel, que podría haberles dado algo-se carcajeó Miguel al imaginarse a las hermanas de su amiga ante ese pedazo de tecnología avanzada, algo raro de ver en unas chicas de su edad.
-¿Un teléfono? ¿Qué tiene de especial un teléfono?-preguntó Agustín con curiosidad.
-¡Es increíble esa cosa, papá!-exclamó en ese momento Luisa con entusiasmo.
-¡Puede hacer fotos! ¡Y algo llamado videos! ¡Fotos en movimiento que hacen sonido!
Miguel y Mirabel casi quisieron morirse de la risa ante las reacciones que tuvieron todas las reacciones de la familia en cuanto Isabela y Luisa se pusieron hablar a toda velocidad sobre el pequeño aparato que Mirabel les había enseñado y todo lo que podía hacer. Mirabel agradeció que sus hermanas solo estuvieran centrándose en contar sobre las maravillas del teléfono y no tanto en el contenido del mismo, no quería ni imaginar la cara que pondría sus padres, sus tíos ¡o peor, su abuela! Si llegasen a enterarse de la cantidad de novios que había tenido, y que, mas encima, tuvo intimidad con ellos que no acabó en matrimonio. No, mejor que de esas cosas no se enterasen. A veces, la ignorancia era un verdadero regalo.
Mirabel, viendo las reacciones de su familia ante lo que contaban sus hermanas, le recordaba a la forma en que ella misma reaccionó cuando Miguel y Hiro le enseñaron un teléfono por primera vez. La lluvia de preguntas que les lanzó y sus caras de desconcierto al verla dejando a un lado su timidez era algo difícil de olvidar.
-Pero ¿Cómo puede funcionar eso?-preguntó Alma consternada ante que ese aparato pudiera hacer todo.-Es decir....¿hablar desde tan lejos sin cables ni nada...?
-Oh, eso es cosa de unas ondas invisibles que hay desde estaciones telefónicas, y claro, con internet las funciones se multiplican por cien.
-¿Internet...? ¿Qué es eso?
Miguel arqueó ligeramente una ceja llamándole la atención la confusión que veía en la cara de todos respecto a internet pero encogiéndose de hombros ya que Mirabel reaccionó de la misma manera cuando la conoció, al fin y al cabo, hace 55 años no existía todavía internet, prosiguió:
-Uf, explicarlo todo creo que es muy complicado pero digamos que antes era un medio que se usaba en el ejercito para maniobras militares y temas de ubicación, pero con el tiempo, es una herramienta que pasó en manos de la población civil y tiene muchos usos, en especial el de comunicación e intercambio de información ¡no os podéis imaginar la cantidad de cosas que se ha conseguido con internet!
-Parece algo de ficción...¿algo del ejército en manos de la gente común y corriente?
-Si, bueno, la verdad es que ese tipo de cosas comenzaron a surgir conforme las comunicaciones mejoraron, especialmente cuando pudimos mandar satélites al espacio. Visto desde otro lado, supongo que todo esto comenzó desde el momento en que el hombre llegó a la Luna.
Hubo un silencio general, la cara de los miembros Madrigal se desencajaron y algunos se estaban poniendo pálidos por momentos para consternación de Miguel, el cual se quedó mirando aquellas caras como si acabase de echarles un balde de agua fría.
Mirabel, al notar la bomba que acababa de soltar su amigo se encogió en su asiento ¡oh, no! Eso era demasiada información.
-¿Que pa...?-empezó a preguntar el mexicano.
-¡¿Hemos llegado a la Luna?!-exclamó Agustín sin poder evitarlo, haciendo explotar que, en consecuencia, la familia explotara en exclamaciones y preguntas por doquier, dejando desconcertado al chico.
-¿Que...?-musitó Miguel, confundido porque no supieran ese dato.-Ems...si...¿No lo sabíais?
-¡¿Cómo íbamos a saber tal cosa?! ¡Jesús, nos hemos perdido ese histórico momento!-lamentó Pepa ¿la humanidad llegando a la luna? ¡qué locura!
-¿Tanto han cambiado las cosas ahí fuera como para que el hombre llegará a la Luna? Parece de mentira...-comentó Alma tan desconcertada pero entusiasmada como todos.
Miles de comentarios siguieron surgiendo entre los Madrigal, y Miguel no podía hacer otra cosa que mirar confundido su reacción ¿por qué les tomaba por sorpresa eso? Si sus cálculos no fallaban, la llegada del hombre a la Luna debió haber ocurrido dos años antes de que el Milagro se hiciera presente ¿Cómo es posible que ese momento tan histórico y significativo para la humanidad fuera algo que ni siquiera Alma Madrigal supiera? Por lo que le había contado en su momento Mirabel, la matriarca debería de haber tenido alrededor de 26 años cuando recibió el milagro, y el acontecimiento de la llegada del hombre a la Luna era imposible que no llegara a sus oídos y al resto del pueblo ¿por qué entonces se mostraba tan sorprendida por ese dato?
Miró a Mirabel, intentando preguntarle de qué iba todo aquello, y se sorprendió cuando pudo verla hundida en su asiento mientras miraba nerviosamente a sus familiares reaccionando de esa manera y, cuando sus ojos conectaron, algo pareció asustarla porque de inmediato apartó los ojos de él para concentrarse en beber de su copa de vino.
Uh...esto es raro...
Cuando Mirabel evitaba mirar a los ojos de esa manera es que ocultaba algo...
Miró de nuevo a los Madrigal, los cuales continuaban entusiasmados con lo que habían escuchado, incluso comenzaban hacer teorías de las formas en que el hombre podría llegar más lejos ¡como a Marte! Algo que definitivamente YA había sucedido...
Una pequeña idea surgió en la mente de Miguel antes de tensar los hombros...
No, no podía ser...
-Ems...doña Alma.-habló Miguel con un hilo de voz atrayendo la atención de la matriarca.-No estoy muy seguro pero ¿puede recordarme cuando fue que el Milagro bendijo a su familia?
Mirabel se erizó al escuchar su pregunta, mirando nerviosamente a los lados ¡oh, no! ¡No podía estar pasando esto ahora!
Alma tornó su expresión a una nostálgica, el día en que recibieron su milagro fue el mismo día en que perdió a su querido Pedro. Fue un día en el que se juntó la desgracia con la buena fortuna
-Fue en el año 1900, poco después de que mi pueblo natal fuera destruido y nacieran mis trillizos-miró con genuino cariño hacia sus hijas, y con cierta melancolía ante la ausencia de su hijo menor-y, bueno, perdiera a mi querido Pedro...
Miguel se atragantó con su propia saliva por un jadeo involuntario y apenas pudo aguantar un acceso de tos al escuchar el año con sus propios oídos.
¡¿1900?! ¡HABÍA DICHO AÑO 1900?!
Miró a Mirabel, la cual estaba con la expresión más angustiada posible confirmando las palabras de la señora Alma. Miguel estaba que le daba un telele ahí mismo.
-¿Miguel...? ¿Estás bien?-preguntó Alma al ver que el joven parecía estar a punto de desmayarse.
-Mira...bel...
-¡VOY!-exclamó la susodicha, yendo rauda a su mexicano.-Ems...familia, vamos ausentarnos un rato, creo que Miguel le ha dado un bajón de presión ¡nada que un poco de aire fresco no arregle!
-Pero cielo ¿necesita algo de medicina o...?-empezó Julieta haciendo el amago de levantarse de la silla.
-¡NADA DE QUÉ PREOCUPARSE, BYE!-exclamó a toda prisa, tomando a Miguel del brazo y arrastrándolo, prácticamente corriendo fuera del comedor, subiendo las escaleras hacia las habitaciones, dejando desconcertados a sus familiares, que solo los vieron huir a toda prisa del comedor como si les estuviera persiguiendo el diablo.
Una vez llegaron al pie de las escaleras, no entraron en ninguna de las habitaciones, pues Mirabel, consciente del bombazo que Miguel acababa de recibir, definitivamente si iba a necesitar ese aire fresco alejado de los ojos de los Madrigal. Y, bueno, estaba convencida de que tenía un par de preguntas que hacerle.
Dios ¿cómo había sido tan tonta de no recordar aquel detalle tan importante...?
-Miguel...puedo explicarlo...-gimió a duras penas angustiada de ver que a Miguel parecía faltarle el aire.
-¡¿1900?!-gritó sacudiéndose la camiseta, como si estuviera muriéndose de calor.-¡¿El maldito Encanto surgió en el año 1900?!
Nerviosa por la forma en que la miraba, la joven jugueteó con sus puños antes de asentir con la cabeza. No tenía caso de mentir luego de que su abuela hubiera mencionado la fecha.
-Si...
-Oh, mi dios...-susurró llevándose las manos a la cabeza y apoyándose en la barandilla de las escaleras.-Mirabel...¿naciste en 1935?
Cada vez más nerviosa, con lágrimas cargándose en sus ojos, Mirabel asintió temerosa con la cabeza.
Miguel, con los labios temblorosos, susurró.
-Mirabel, estamos en el año 2026...
En respuesta, la joven se cubrió la cara con sus manos.
-Eso significa que tú...
-Por favor, Miguel, no lo digas...
-¡¿Tienes 91 años?!
Mirabel lanzó un largo gemido de dolor al oírlo mientras sus manos pasaban de su cara a su cabello para enmarañarlo mientras que Miguel solo se sentaba en los escalones mientras la realidad terminaba de golpearlo.
-¡No lo sabía al principio! ¿Vale?-exclamó la joven, alterada al ver a su amigo completamente ido, apresurándose en darle unas explicaciones que ni siquiera ella estaba convencida de cómo dar sin que le explotara la cabeza del todo. Pero una vez descubierto el pastel ¡ya no había remedio!.-¡No entiendo cómo esto puede ocurrir! No sé por qué hay una diferencia de tiempo entre Encanto y el exterior. Solo se me ocurre que, de alguna manera, cuando el Milagro surgió en mi pueblo no solo lo mantuvo aislado y protegido, sino que también el flujo del tiempo pasó de manera ralentizada en comparación al resto del mundo y...y...¡Miguel por favor, dime algo! ¡no te quedes callado!
-Mi Butterfly es una anciana...
-¡MIGUEL, POR FAVOR!
-¡Por dios, eres mayor que yo! ¡Mayor que Hiro! ¡¡¡Eres incluso más mayor que mi abuela Elena!
-No lo digas así, por favor, se oye fatal...-lloriqueó la joven.
-Por eso es que esta gente no sabe nada de los descubrimientos y adelantos que ha hecho la humanidad desde hace 126 años. Es decir...la llegada del hombre a la Luna, las dos Guerras Mundiales, la vacuna contra la polio, la gripe española de 1918, la llegada de internet, los teléfonos móviles, la televisión, la guerra de Vietnam o de Afganistán, la pandemia de la COVID-19, la cura del cáncer ¡esta gente lleva perdida en la historia y avances de la humanidad desde hace 126 años!
-Por favor, Miguel...-gimió Mirabel, atrayendo la atención del mexicano que, al mirarla, se quedó congelado al verla recorrer una lágrima de sus ojos.-No quiero que ahora que sabes esto me mires de otra manera. Lo sé, sé que yo debería ser una vieja, tal vez incluso a estas alturas ya debería estar muerta pero no quiero que tú o Hiro me miréis de otra manera que no sea la que siempre habéis hecho...
-Pero...¿tú eres tonta...?-susurró Miguel, sorprendido de que ella pensara tan cosa de él o de su chico.-¿Cómo puedes llegar siquiera a pensar que nosotros podríamos...?
-¡No lo sé, Miguel! Sé que luego de contaros sobre mi procedencia ya esto no debería haber supuesto nada ¡pero maldita sea, lo es! Yo he vivido toda la vida sin magia al contrario que toda mi familia, no fue difícil para mí encajar en un mundo no mágico ¿pero sabes lo rota que me dejó la cabeza saber que incluso en el exterior era un mundo en el que no debería estar? Maldita sea, iba atrasada en absolutamente todo ¡Se supone que debería ser una vieja, pero mi cuerpo era joven y mi mente también! Pero para los de fuera, yo debería estar en una casa de ancianos o a tres metros bajo tierra ¿sabes lo que es vivir con eso mientras intentaba adaptarme a un tiempo que ni siquiera era el mío?
Miguel se pasó las manos por su morena cabellera, aun intentando encajar la noticia y, al mismo tiempo, intentando ser comprensivo con su pequeña.
-¿Lo has sabido siempre...?
-Desde el minuto en que vi el reloj digital de nuestra casa, es verdad que tuve que corroborarlo varias veces porque ni siquiera yo me lo podía creer, pero cuando confirmé que, en efecto, el tiempo del exterior era mucho mayor que el de Encanto, tuve que hacerme a la idea de que estaba en un mundo totalmente nuevo en todos los sentidos y a partir de entonces lo oculté, me aterraba pensar que mis benefactores pudieran soltarme de golpe en ese mundo que me era desconocido...Es decir, técnicamente yo soy mucho mayor que vosotros ¡soy incluso más mayor que la abuela Elena! Soy una anciana que había llegado a un mundo que era como un viaje en el tiempo hacia el futuro, y ¿de qué manera me habríais mirado si resultaba que la que vosotros creísteis que era tan solo una niña en realidad debería ser una anciana? ¡era algo muy bochornoso de decir!
Miguel, aun abrumado pero viendo que aquello realmente agobiaba a Mirabel, suavemente la tomó y la hizo sentarse con él en las escaleras de la casa, concretamente la hizo ocupar el lugar entre sus piernas para poder abrazarla por la espalda esperando que su afecto y calor pudiera reconfortarla. Ahora muchas cosas cuadraron en su cabeza, por eso Mirabel era tan ignorante en tantos datos cuando la conocieron, siempre lo achacaron a que había vivido en un pueblo aislado en donde solo los más ancianos habían nacido en el exterior y que poseían poca información física del mismo que pudieran trasmitir a las siguientes generaciones, pasando por alto detalles que sin duda deberían haberle puesto sobre aviso de que quizá el pueblo de Encanto llevaba aislado más allá de los 55 años que Mirabel decía o que aseguraba Alma.
Dios, esta pobre gente ni siquiera era consciente que en el exterior había pasado 126 años desde que ellos se aislaron, ellos creían que solo habían sido 55 años.
-Escucha, Butterfly, es verdad que esto es un shock, pero puedo asegurarte que yo sigo viendo a la misma niña que Hiro y yo encontramos y que hemos cuidado todo este tiempo. Si, no te puedo engañar, es todo un golpe saber que en realidad eres mayor que nosotros dos juntos pero que no te quepa duda que mi visión de ti no ha cambiado ni ahora ni lo va hacer después. Da igual la edad que se supone que deberías tener ahora, tienes la edad que tienes ahora, y por ello Hiro y yo cuidamos a una niña y sigues siendo nuestra niña ¿te has enterado?-conmovida por sus palabras, y sobre todo aliviada, Mirabel se apegó a él para frotar su cara en el hueco de su cuello, intentando no llorar de emoción.-Y oye ¡míralo por el lado bueno! No a todas las ancianitas de 91 años pueden conservarse tan bien como para parecer una de 20.
-¡Pero que tonto eres!-río y lloró a la vez la jovencita, dándole un golpe en el pecho a Miguel.-Pero...¿en serio estás bien?
-Voy a necesitar digerir esta noticia, pero no es algo que debas preocuparte, Mirabel, no voy a verte de otra manera que no sea la que siempre ha sido. Aunque...si es verdad que el tiempo en Encanto iba avanzando de manera mas ralentizada ¿cómo es que tus parientes han envejecido al mismo ritmo que tu lo has hecho estando fuera?
-Tal vez sea porque la magia se perdió el día en que me fui.-señaló ella como el único punto que se le ocurría-El Encanto sigue protegido por una magia menor, los restos residuales que quedan tal vez, pero ya no es tan poderoso como lo era antes como para seguir ralentizando el tiempo como tampoco sigue lo bastante fuerte como para mantener los dones de la familia. Así que, tal vez, al momento de romperse la magia, el tiempo empezó a correr de manera natural como en el exterior.
-Uf, eso es tan raro...aunque al mismo tiempo es impresionante, la de gente que se daría de guantazos solo por alargar su tiempo de vida, aunque me da que a tu familia les daría un ataque si se llegan a enterar de que, bueno, todos ellos no...dejémoslo ahí, sería desagradable decirlo cuando ambos sabemos lo que quiero decir.
Contenta de ver que todo estaba bien con él, Mirabel se relajó entre sus brazos y se acurrucó...
¿Por qué no podía hacer esto mismo con Camilo...?
El que su mente de nuevo volviera a ir donde su primo la molestó. Esa maldita conciencia suya no iba a dejarla en paz hasta que pusiera en orden sus asuntos de una vez...
-Miguel...sé que tendrás más preguntas y que acabamos de dejar a mi familia plantada en medio de la cena prácticamente con la palabra en la boca, algo que sin duda tendrá consecuencias, pero hay asuntos que debo resolver...
Curioso por su tono de voz, Miguel la miró con una ceja arqueada.
-¿Es algo que debes hacer sin mí?
Mirabel miró hacia la puerta de la habitación de Camilo, haciendo que por instinto Miguel la siguiera y, al ver donde estaba mirando, entendió.
-Oh, ya veo...-se levantó del sitio.-Entonces yo iré de regreso a la guardería, a pesar de todo necesito tumbarme un rato porque esta conversación me ha dejado algo mareado.
-Oye ¿no había algo que querías contarme?
Miguel parpadeó antes de recordar el asunto de Bruno y Antonio, estuvo tentado a contárselo en ese momento, pero sin duda ya eran demasiadas cosas por un día como para añadir una más y Mirabel al fin estaba tomando la decisión propia de ir donde su primo, no iba añadir más preocupaciones a su cabeza, no al menos esa noche.
-Es algo que puedo decirte mañana, no corre prisa, ni tampoco hay nadie que este en peligro...-aseguró-Tu vete hacer lo que tienes que hacer y ya me contarás cómo te ha ido, pero ahora, yo me voy a morir un ratito en la cama, ya si resucito hablamos.
Divertida por cómo lo decía, Mirabel le besó en la mejilla a modo de despedida antes de que sus caminos se separaran.
Miguel se adentró en la guardería, echando un último vistazo a Mirabel viéndola irse hacia la habitación de Camilo, antes de cerrar la puerta tras de sí. Apoyó su espalda en la puerta y dejó que su espalda se deslizara por ella hasta que su trasero tocó el suelo, dejando salir un suspiro.
-Por todos los santos, esto es demasiado incluso para mí, y yo que pensaba que luego de mi visita al mundo de los muerto y saber que mi chico es el super héroe de San Fransokyo ya no había nada que pudiera sorprenderme ¡Pues ya veo que ahí arriba debe haber alguien que le gusta cerrarme la boca!
Pasó su mano por su cabellera morena mientras repasaba en su mente todo por lo que había vivido desde que había llegado a Encanto junto a Mirabel. La familia de la joven no se diferenciaba demasiado de la suya, unidos, tradicionales y, siendo honesto, con una grieta debido a heridas del pasado. Era como ver a su propia familia en los Madrigal.
Sentía tristeza al pensar que Bruno sería el homólogo de papá Héctor, dos hombres que amaban a su familia pero atormentados por cosas que estaban fuera de su control y con ello lo perdieron todo, pero al menos Héctor tuvo la dignidad suficiente para pasar su no-vida por su cuenta, incluso esforzándose en guiarle a él aun cuando no sabía que era su propio tataranieto, y no el de Ernesto de la Cruz. Pero Bruno había llegado a un punto de decadencia que involucraba a un niño para mantenerse vivo a si mismo, aun si con ello hacia que Antonio faltase al colegio. Y todo por no querer darle la cara a la familia que él decía amar pero que la que temía...
Y por la cara que tuvo Mirabel al regresar a casa, su día no es que haya sido el mejor...
-Dios ¿qué es lo que puedo hacer por ella...? Vine aquí para apoyarla pero la verdad es que no sé qué debería hacer aparte de estar con ella...-alzó la mirada hacia el techo.-Mamá Coco ¿qué crees que debería hacer ahora por ella...? ¿me darías una señal, por favor?
Entonces, como si hubiera sido escuchado, un timbrazo resonó en la estancia haciéndole pegar un grito y un salto.
Miró hacia todos lados confundido ¿de dónde viene ese ruido?
Espera...
Noto una vibración en el bolsillo trasero de su pantalón, y sus ojos se abrieron como platos
¿Su teléfono estaba sonando?
-No es posible.-dijo sacándolo del bolsillo a toda prisa, en Encanto no había señal ¡no debería poder recibir llamadas!
Miró la pantalla del móvil, y la sangre se le fue a los pies cuando vio la palabra "Chino" escrito en la pantalla con letras moradas.
Hiro.
Rápidamente descolgó el teléfono, resultando ser una videollamada, sorprendiéndose en cuanto el rostro del ingeniero de la robótica apareció junto al enorme robot de asistencia que siempre le acompañaba.
-¡Miguel! ¡Al fin! ¡¿Qué coño pasa con vosotros que no contestáis al teléfono?! ¡¿Sabes lo preocupado que estaba?!
-Saludos, Miguel.-saludó Baymax alzando su mano.
Miguel solo se quedó mirando la pantalla del móvil, como si no pudiera creer que pudiera ver a Hiro en él. Sus ojos se cargaron inmediatamente de lágrimas al verle y escucharle.
Hiro...su Hiro...
-Hiro...
El aludido, al notar la forma en que le miraba el mexicano y su hilo de voz, dejó de lado su regañina para mirarlo con preocupación ¿qué le ocurría?
-Miguel ¿Qué pasa...?-susurró Hiro, sintiendo un escalofrío cuando vio a Miguel pasarse el puño por los ojos ¡¿estaba llorando?!
-Tal vez Miguel tenga algo en el ojo...-comentó Baymax ladeando su cabecita a un lado.-Le recomendaría una dosis de lágrima artificial, es posible que le haya entrado un poco de polvo y...
-¡Rivera, por todos los...! ¡¿Estás bien?!
Miguel negó con la cabeza con fervor antes de mostrar una sonrisa.
-No es nada, Hiro, es...es solo que estoy muy feliz de verte y de escucharte. Mucho, mucho...
-Miguel...
¡Dios, si ese friki de los robots supiera lo mucho que le había extrañado!
-¿Cómo es posible que hayas podido contactarme...?
-¡Eso me gustaría preguntarte! ¡¿Dónde demonios estás?!-demandó saber como si acabase de recordar que estaba enfadado con el mexicano.-¡Llego a casa y no te veo ni a ti ni a Mirabel! Os espero por si habéis salido juntos por ahí pero no aparecéis! Os llamo al teléfono y me da que no tiene cobertura ¡he tenido que usar el chip de ondas que instalé en tu teléfono para poder hacer contacto!
-¿Estás en casa...? Espera...¡¿Me pusiste un chip de ondas en mi teléfono, pendejo de mierda?!-cuestionó Miguel sintiéndose abruptamente ofendido ¿en qué momento ese chiflado había manipulado su teléfono?
-¡Si! Y me alegro de haberlo hecho porque te recuerdo que tú, intento de músico, te largaste con Mirabel a Colombia sin decirme nada ¡esas malditas horas de avión en las que estuvisteis incomunicados me dejaron en un sin vivir! Y ya no me volví a fiar de ti ni de tus fantásticas ideas cuando haces cosas a mis espaldas llevándote a la niña contigo.
-¡NO MAMES, CHINO RESENTIDO MAMÓN! ¡Eso es ofensivo! ¡Que lo sepas! ¡Eso de poner una especie de cosa rara para tenerme localizado es de locos, chino psicópata!
-Pero al menos te he contactado que, por lo que estoy entendiendo, es algo que ni siquiera tú podías hacer, y por cierto ¿Dónde está Mirabel?
Miguel, sintiéndose de golpe nervioso al escuchar que preguntaba por su Butterfly, comenzó a sudar.
-¿Y cómo es que estás tú en casa? ¿No se supone que ese proyecto iba a tenerte ocupado por varios días más?
Hiro miró sospechosamente a Miguel, conocía a su pareja, y su comportamiento era extraño pareciendo que intentaba desviar su atención a otro lado.
-Si, de hecho, ese era el plan, pero tenía muchas ganas de veros a los dos, así que le cedí parte de mis responsabilidades a mis ayudantes y me comprometí a seguir mi trabajo desde casa y estar pendientes de los avances del laboratorio a través del ordenador. Llegué ayer por la tarde para daros una sorpresa ¡pero la sorpresa me la llevé yo al ver la casa vacía!
-A Hiro le tuve que suministrar una cantidad de tila grande para tratar de calmar sus nervios cuando vio que ni tú ni Mirabel contestabais al teléfono.-apostillo Baymax.-Fue difícil de contener, no quería estarse quieto ni con sus ositos de gomita...
-Miguel, contéstame ¿dónde está Mirabel? Mejor dicho ¿Dónde estáis los dos? No me suena esa habitación en la que estás.-señaló entrecerrando los ojos Hiro al contemplar la decoración del lugar en el que estaba su pareja.-¿Y por qué no he podido localizarte con una llamada normal...?
Miguel tragó saliva, y al parecer lo bastante obvio como para que Hiro se diera cuenta pues su ceño se frunció aún más.
Ese mexicano liante le estaba ocultando algo, y ese algo era muy importante.
-Miguel Rivera, desembucha...¡ahora!-gruñó como un tigre el san fransokyota haciendo casi encogerse en el sitio al mexicano.-¿Dónde estás y dónde está Mirabel?
Nervioso por su tono de voz pero sabiendo que no podía mantener todo aquello en secreto, Miguel se vino abajo y cantó como un pajarito todo cuanto había ocurrido desde que tuvo la charla con Mirabel en casa.
Lo confesó todo.
El cómo había charlado con Mirabel con respecto a su familia, la necesidad que había de que cerrara el ciclo, su llegada juntos a Encanto, el túnel por el que llegaron se cerró sin previo aviso y sin saber cómo podían volver abrirlo para regresar, el haber sido perseguidos por un jaguar, el encuentro con Bruno Madrigal y su decadente hogar siendo protegido por lianas mágicas, el conocer a toda la familia Madrigal al completo, los problemas de inseguridad por los que estaba pasando Mirabel para relacionarse con su familia, y el susto que ambos tenían porque no sabían cómo iban a poder regresar al exterior.
Lo soltó todo de golpe, de carrerilla y prácticamente sin respirar, quedando jadeante mientras veía el rostro de Hiro que, poco a poco, a medida que iba escuchando toda la historia, iba tornándose en horror.
Hasta que bajó ligeramente la cabeza, haciendo que su cabello tapase sus ojos.
-¿Hiro...?-gimió Miguel, pero su chico no reaccionó.
-Hiro, tus niveles de ansiedad se están disparando...-comentó Baymax desde atrás.
Miguel quiso llorar al escuchar al robot ¡esto no era nada bueno!
Entonces, para sobresalto del mexicano, Hiro se levantó abruptamente de donde estaba sentado, y le vio alzar su dedo para luego dejarlo caer sobre la pantalla del teléfono.
De pronto, la imagen se tornó en negro, y se mostró el mensaje que la videollamada había finalizado.
Hiro le había colgado, sin decir nada, sin ninguna reacción, sin ningún grito.
Miguel sudó frío quedándose mirando la pantalla de su teléfono como si aun estuviera procesando lo que acababa de pasar y la reacción de Hiro.
Y solo una verdad le cruzó por la mente.
Iba a morir muy pronto, lo presentía, casi podía escuchar el lamento de la Llorona en su nuca.
-Oh, no...
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Mientras, justo después de que Miguel cerrara la puerta de la guardería, Mirabel, por su lado, se detuvo frente a la puerta de la habitación de Camilo, de madera y un picaporte dorado, como el de resto de la familia, pero sin los patrones que revelaban su don ni la luminosidad en ellos, una puerta corriente y moliente pero que en esos instantes la intimidaban más de lo que le gustaría admitir.
Pero ¡oh, vamos! No puede permitir que una puerta sea la que la haga dudar, aunque no sea precisamente la puerta la que lo haga sino la persona que sabía que estaba al otro lado.
Ojala se le hubiera ocurrido traer un plato de comida, tal vez sería un modo de aplacar a Camilo por si la recibía con hostilidad, encima eso, un Camilo enfadado y con el estómago vacío no era una buena combinación.
Suspiró antes de mirar hacia los lados, asegurándose de que no había nadie mirando, y con suavidad tocó varias veces con los nudillos de manera suave, casi como si realmente esperaba no ser escuchada.
Y parece ser que por una vez Dios la escuchaba porque ni siquiera había recibido la típica pregunta sobre quién era.
Golpeó un poco más fuerte. Mas silencio.
-¿Camilo...?
Nada.
Preocupada por no recibir contestación, Mirabel se atrevió a entreabrir la puerta, llamando a su primo pero al continuar el silencio, entró definitivamente.
Su primera impresión fue el aroma masculino que ahí se apreciaba, era evidente que aquel espacio era ocupado por completo por Camilo. No era un olor fuerte ni relacionado con suciedad, solo era la apreciación de su aroma. Para Mirabel esto fue algo curioso, cuando Camilo tenía su habitación mágica ésta nunca podía mantener el aroma del portador debido al enorme espacio, la única vez que algo así se daba era cuando Mirabel le tocaba lavar la ropa sudada de su primo. Y ese aroma nunca era agradable.
Lo siguiente era que el espacio de esta habitación estaba distribuida exactamente igual a la de Luisa. Mirabel no había tenido oportunidad de ver las otras habitaciones pero viendo la de su hermana y la de su primo, sospechaba que todas eran más o menos del mismo tamaño y misma distribución, haciendo solo la diferencia solo por los muebles y la decoración.
Miró hacia un lado, buscando a Camilo, sorprendiéndose en encontrarlo tendido bocabajo en su cama roncando como un bendito, con toda su ropa puesta y algunos papeles a su alrededor y un libreto en la mano que ahora estaba medio arrastrando por el suelo ¿en serio estaba dormido? ¿A esas horas que aún era hora de cenar y definitivamente era demasiado temprano como para dormir?
Aunque viendo el desastre de papeles y el libreto que aún se mantenía entre sus dedos, estaba claro que no se había quedado tendido en la cama enfurruñado con ella, había estado practicando sus líneas, tal y como había dicho que haría. Es posible que la interpretación fuera la mejor manera de canalizar y manifestar sus emociones sin hacer un escándalo de ello, aunque su furia parecía que también había sido un impedimento para practicar del todo bien en su horario con el grupo de teatro si era cierto eso de que había fallado en sus líneas...
Mirabel rodó los ojos, pero entonces por el rabillo pudo ver algo que captó su atención. Justo frente a ella, de la puerta en realidad, había un espejo de cuerpo entero. Algo típico si recordaba que la habitación mágica de Camilo fue un teatro lleno de espejos de todos los tamaños, era de esperar que en su habitación normal al menos tuviera uno.
Pero lo que llamó la atención fue un objeto de color rosa que se encontraba colgando en una de las esquinas del espejo.
Curiosa, Mirabel se acercó a esa cosa, pues le llamaba la atención que su primo tuviera algo de ese color, no es que el rosa fuera un color habitual en los hombres.
No tuvo que verlo demasiado detenidamente para aguantar un chillido al reconocer lo que era aquella pieza de tela.
Su mariposa rosa...
Era la mariposa de hilos rosas que ella misma se había hecho cuando era adolescente para poder adornar el vestido que llevaba en ese entonces.
Mirabel recordaba habérsela arrancado de su ropa y haberla dejado abandonada y pisoteada cerca del río el día en que se había marchado de Encanto...¿Por qué Camilo la tenía?
-¿Cómo es que esto está aquí...?-la tocó con cuidado con la punta de los dedos, notándola limpia y suave, ella que recordaba haberla incluso pisoteado cuando la dejó atrás. Camilo debió de encontrarla y recogerla y, desde entonces, parece que había cuidado esa pieza de su creación incluso cuando ella misma había intentado destruirla.
Un ronquido la hizo sobresaltarse, y al mirar en dirección en donde se dio, Camilo estaba acurrucando su cabeza en la almohada, dando un suspiro placentero ante el contacto suave de la superficie.
-Oh, Camilo...-susurró con pena mirando de nuevo la mariposa colgada en el espejo, intacta y puesta en un lugar tan concreto como puede ser en un espejo, lugar que Camilo siempre usaba para practicar sus personajes. Puesta tan a la vista que incluso era de las primeras cosas que podías ver nada mas entrar en la habitación, solo por la forma en la que el color destaca en la esquina del espejo.
Siempre teniéndola presente, de una manera u otra...
Mirabel recordó las palabras de su madre, que Camilo le había echado de menos mas de lo que ella pensaba.
Este reptil idiota...
-La encontraste y la has tenido contigo todo este tiempo.-dijo dirigiéndose hacia Camilo, que continuaba durmiendo como si nada, haciendo que Mirabel se armara de valor para arrodillarse a su lado y observarlo-Primo, eres un idiota...¿por qué te molestaste en algo así? ¡Que ganas de regodearte en la miseria!
Miró el rostro de su primo, sintiéndose conmovida de que hubiera tenido el detalle de guardar ese mariposa a pesar de que ella misma la había abandonado como si nada. A pesar de lo mal que había acabado las cosas entre ellos ese día, Camilo había recogido aquella pieza de adorno que le había pertenecido a ella y lo había guardado en su habitación.
Mirabel pensaba que él debería de enfadarse con ella, no tendría que haberla añorado...
Tal vez Camilo era de los que se aferraban a las cosas...
Mas atrevida de lo que sabía que era correcto, Mirabel llevó su mano a la mejilla de Camilo y, con suavidad, acarició la zona con el pulgar, haciendo que Camilo emitiera un sonido de gusto que la hizo reír. Aun se acordaba de que Camilo era un niño mimoso cuando era pequeño, parecido a Antonio, solo que sin la timidez que caracterizaba al más joven, pero siempre había buscado los mimos de su madre o de su tía cuando era un niño y estaba medio dormido, y por lo que veía, eso no había cambiado a pesar de que ya era un adulto ¡ver esto le hacía tanta gracia y le daba tanta nostalgia! Con mimo, Mirabel repartió su caricia por todo el rostro ajeno, apartando sus cabellos para mirarle bien sus facciones sin poder evitar que su atención fuera directamente hacia las pequeñas cicatrices que tenía repartidas por toda la cara y, recordando, que Dolores le comentó que también las tenía por el resto de su cuerpo.
-¿Qué fue lo que te pasó para que te hicieras daño de esta manera...?-se preguntó intentando adivinar qué fue lo que podía provocar heridas que dejaran esas cicatrices, eran pequeñas pero eran muchas, como si hubieran sido cientos de diminutas cuchillas que hubieran cortado su piel de manera simultánea.-¿Me lo contarías si te lo preguntara...?
Justo como si le hubiera escuchado, Camilo se movió ligeramente antes de que sus ojos se abrieran lentamente y su mirada se quedara enfocándose en ella de manera perezosa.
Mirabel le sonrió, como si le estuviera dando la bienvenida al mundo de los seres despiertos.
-Hola, dormilón-lo saludó en un susurró, intentando que no se sobresaltara por verla en su cuarto sin permiso.-¿Estas son horas de dormir? Ni siquiera has venido a cenar con todos, no tenías que renunciar a la comida de mi madre solo para que viera lo enfadado que estás conmigo ¡con lo mucho que te gusta comer, privarte de ello ha sido peor castigo para ti!
Intentó aligerar el ambiente con humor, sin embargo, Camilo no contestó. Solo la miraba, con esos ojos adormilados que parecían indicar que no estaba siendo consciente de lo que pasaba. Mirabel casi se quiso echar a reír, esa mirada adormilada de su primo era, como poco, adorable.
De pronto, la mano de Camilo, la que hasta hace unos segundos estaba sosteniendo el libreto de la obra, se movió hacia arriba, dejando caer el libreto al suelo, y se cerró con suavidad alrededor de la muñeca de Mirabel, haciéndola sobresaltarse.
-¿Camilo...?
Lentamente, Camilo guió la mano de Mirabel por su rostro, frotando su cara contra la palma para que le acariciara, como si fuera un animalito pidiendo mimos, dejando a la muchacha totalmente descolocada por su comportamiento pero ¿qué es lo que estaba pasando? ¿Camilo estaba todavía soñando? Un sonido, parecido a un ronroneo, vibró en la garganta de Camilo al momento en que frotó su cabeza contra la palma de Mirabel, con alguno de sus dedos hundidos en su cabello.
Entonces abrió los ojos y le lanzó a Mirabel una mirada tan brillante y cariñosa que la dejó totalmente perpleja. Ya había visto esa mirada antes...
La misma mirada que vio a Isabela darle a Bubo...
-Mira...-susurró Camilo aquel apodo con un tono de voz cariñoso y una radiante sonrisa que daba en su dirección, como si estuviera viendo lo más precioso que había en el mundo.
Algo que hizo que el corazón de Mirabel tuviera un fuerte vuelco.
CONTINUARÁ.
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